
Señores, se van a cargar Radio 3. Con la coña del ERE (Expediente de Regulación de Empleo) de RTVE, el año pasado se le dio un buen hachazo a algunos de los mejores espacios radiofónicos de esta singular cadena, algunos de los más acrisolados. Así, nos dijeron adiós El Bulevar de Chema Rey y el Diario Pop de Jesús Ordovás. No concibo mi afición a la música (alternativa) actual, a la música indie, sin estos dos programas. Supongo que no resultaban interesantes.
Año 1995, otoño de C.O.U. Exterior de instituto, día.
-Me gustan Oasis, Blur, Elastica, Supergrass, Sleeper, Wannadies, Spin Doctors, Pearl Jam…
-¿Y no escuchas De cuatro a tres?
Así empezó mi idilio con esta emisora, cuando un compi me recomendó un programa en el que sonaban todos esos grupos que a mí me gustaban, sobre los que leía en Internet y en el New Musical Express que me compraba de importación a precio de oro pero que nunca sonaban en Los 40 ni en Cadena 100. De cuatro a tres, presentado por Paco Pérez-Brian, lo echaban los sábados y domingos de cuatro a seis de la tarde, y fue responsable de que los fines de semana no hiciera los deberes. Recuerdo haber llamado al programa y haber hablado con el locutor para pedirle alguna cara B de Oasis, o el nuevo single de Northern Uproar, sobre el que había leído pero que ni siquiera sabía cómo sonaba.
Luego descubrí el programa Pioneros, el cual consistía en el huevo de Colón: un jipi recitaba la traducción de grandes letras de la historia del rock, mientras sonaban las canciones de fondo. Cuando leían la letra entera ponían la canción de nuevo para que se escuchase bien. Así me di cuenta de lo buenísimas que eran las canciones de Bob Dylan, Lou Reed, los Doors o Leonard Cohen. Corrí a comprarme el disco Highway 61 Revisited (1965) de Dylan tras escuchar la traducción del tema “Tombstone Blues” (“El blues de la lápida”).
Estos años, ahora que la Movida (un día le dedicaré un post para desenmascararla) queda lejana, Radio 3 se había convertido en el refugio pecatorum de toda la música alternativa española, y no olvidemos que en ella sonaban, además de Los Planetas, Astrud o Nacho Vegas, gente como Amaral, Los Piratas, Bunbury, Estopa y Manolo García. No solo había espacio para la música pop-rock, también tenía la cosa su programa de cine (cuyo nombre no recuerdo), de blues (Tren 3), músicas del mundo (Diálogos 3, con el Trecet), música folklórica (Trébede), de jazz o lo que se terciase (Discópolis).
Yo tuve una época que escuchaba Radio 3 durante casi todo el día (mientras estudiaba), empezaba por la mañana con la repetición de Peligrosamente Juntas (de 7 a 8), luego Música es… 3 (de 8 a 10), Siglo 21 (10 a 12), El Bulevar (12 a 1), El Ambigú (1 a 2) y Discópolis (2 a 3). Luego por la tarde, hasta las 5 había un programa de cine, a las 5 el Diario Pop, a las 6 El Ambigú (se lo cambiaron de hora al enorme Diego Manrique) y a las 7 La Ciudad Invisible. Y capaz era luego de plantarme a la una de la madrugada a escuchar Flor de Pasión (con el locutor erudito/insoportable Juan De Pablos) y su cóctel de música sixties, surf, pop, doo-wop, soul, etc… hasta quedarme dormido.
Hoy leo en El País la noticia de una reforma radical de la programación y el personal de Radio 3 con el objetivo de “acercarse a otros públicos”. Traducción: carpetazo a Diálogos 3 de Ramón Trecet, Disco Grande de Julio Ruiz (aquellos sábados y domingos de 4 a 6 de la tarde… incluido ver el programa en directo en el Festival ContemPOPránea) o Discópolis de José Miguel López. A cambio, habrá nuevos programas con Constantino Romero, Andy Chango o Manel Fuentes (nadie ha imitado al Rey como él: de hecho, nadie ha imitado al Rey). Una pena. Está claro que se trata de nombres populares que esperan supongo conseguir más audiencia, pero a costa de cambiar la emisora y reformarla hasta que no la reconozca ni la madre que la parió. Ni el chico que la escuchó.
Año 1995, otoño de C.O.U. Exterior de instituto, día.
-Me gustan Oasis, Blur, Elastica, Supergrass, Sleeper, Wannadies, Spin Doctors, Pearl Jam…
-¿Y no escuchas De cuatro a tres?
Así empezó mi idilio con esta emisora, cuando un compi me recomendó un programa en el que sonaban todos esos grupos que a mí me gustaban, sobre los que leía en Internet y en el New Musical Express que me compraba de importación a precio de oro pero que nunca sonaban en Los 40 ni en Cadena 100. De cuatro a tres, presentado por Paco Pérez-Brian, lo echaban los sábados y domingos de cuatro a seis de la tarde, y fue responsable de que los fines de semana no hiciera los deberes. Recuerdo haber llamado al programa y haber hablado con el locutor para pedirle alguna cara B de Oasis, o el nuevo single de Northern Uproar, sobre el que había leído pero que ni siquiera sabía cómo sonaba.
Luego descubrí el programa Pioneros, el cual consistía en el huevo de Colón: un jipi recitaba la traducción de grandes letras de la historia del rock, mientras sonaban las canciones de fondo. Cuando leían la letra entera ponían la canción de nuevo para que se escuchase bien. Así me di cuenta de lo buenísimas que eran las canciones de Bob Dylan, Lou Reed, los Doors o Leonard Cohen. Corrí a comprarme el disco Highway 61 Revisited (1965) de Dylan tras escuchar la traducción del tema “Tombstone Blues” (“El blues de la lápida”).
Estos años, ahora que la Movida (un día le dedicaré un post para desenmascararla) queda lejana, Radio 3 se había convertido en el refugio pecatorum de toda la música alternativa española, y no olvidemos que en ella sonaban, además de Los Planetas, Astrud o Nacho Vegas, gente como Amaral, Los Piratas, Bunbury, Estopa y Manolo García. No solo había espacio para la música pop-rock, también tenía la cosa su programa de cine (cuyo nombre no recuerdo), de blues (Tren 3), músicas del mundo (Diálogos 3, con el Trecet), música folklórica (Trébede), de jazz o lo que se terciase (Discópolis).
Yo tuve una época que escuchaba Radio 3 durante casi todo el día (mientras estudiaba), empezaba por la mañana con la repetición de Peligrosamente Juntas (de 7 a 8), luego Música es… 3 (de 8 a 10), Siglo 21 (10 a 12), El Bulevar (12 a 1), El Ambigú (1 a 2) y Discópolis (2 a 3). Luego por la tarde, hasta las 5 había un programa de cine, a las 5 el Diario Pop, a las 6 El Ambigú (se lo cambiaron de hora al enorme Diego Manrique) y a las 7 La Ciudad Invisible. Y capaz era luego de plantarme a la una de la madrugada a escuchar Flor de Pasión (con el locutor erudito/insoportable Juan De Pablos) y su cóctel de música sixties, surf, pop, doo-wop, soul, etc… hasta quedarme dormido.
Hoy leo en El País la noticia de una reforma radical de la programación y el personal de Radio 3 con el objetivo de “acercarse a otros públicos”. Traducción: carpetazo a Diálogos 3 de Ramón Trecet, Disco Grande de Julio Ruiz (aquellos sábados y domingos de 4 a 6 de la tarde… incluido ver el programa en directo en el Festival ContemPOPránea) o Discópolis de José Miguel López. A cambio, habrá nuevos programas con Constantino Romero, Andy Chango o Manel Fuentes (nadie ha imitado al Rey como él: de hecho, nadie ha imitado al Rey). Una pena. Está claro que se trata de nombres populares que esperan supongo conseguir más audiencia, pero a costa de cambiar la emisora y reformarla hasta que no la reconozca ni la madre que la parió. Ni el chico que la escuchó.
