Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

Mostrando entradas con la etiqueta George Orwell. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta George Orwell. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de septiembre de 2009

GH11: Bizarría en grado extremo



-“Yo tengo unas braguitas Calvin Klein y son más monas que to las cosas”
(Saray, concursante de Gran Hermano 11)





Al principio de la novela de Umberto Eco El nombre de la rosa (1982), un anciano Adso de Melk apenas acertaba a recordar las espantosas cosas que les habían sido dadas a contemplar con sus viejos, cansados y pecadores ojos. El Siglo, ya se sabe, que es muy tentador. Esta noche vuelvo de entre una bruma mezcla de estupefacción y bochorno ajeno para escribiros un post. Soy vuestro enviado especial en el infierno: yo me adentro en el corazón de las Tinieblas para que vosotros no tengáis que hollarlo.

“El infierno son los otros”, dejó dicho el fantoche de Sartre. En este caso concreto, el Infierno es un programa de televisión: Gran Hermano 11. Servidor es fan de la telebasura, de hecho me considero un auténtico connoisseur, pero tal vez por ser tan purista ya con la edad se me está poniendo la boquita muy fina. Telebasura, sí, pero con clase. Los hermanos Matamoros dizque peleando cual pareja de novios sacada de una obra de los Quintero, tiene un pase. Jimmy Arnau yendo en silla de ruedas a hablar con Jorge Javier, canela pura. Pero lo que estoy viendo ahora en la presentación de esta nueva edición de Gran Hermano es tan atroz que no tiene nombre.


No tiene Teología ni Geometría, que diría el clásico, es un atentado, no ya al buen gusto, sino a toda nuestra percepción del mundo. ¿Se trata de otra señal del Apocalipsis? Un botón de muestra, extraído del vídeo-presentación de una concursante al azar. Rubia bajita y tetona, gallega cual vaca. Ella tiene mucho pecho (lo cual en sí no es ni malo ni bueno) y atención amigos porque lo quiere enseñar. “Saray. 27 años: binguera”. Trabajo en un bingo de El Ferrol, vendiendo cartones y cantando los números. Me apasionan el fútbol y los coches tuning. Estoy soltera y entera para quien yo quiera. Por donde paso, siempre arraso. A los nueve años fui Mamachicho (sic) y hace dos quedé tercera en Miss Eurocopa (ambos méritos acompañados de sendas evidencias audiovisuales).

Soy hija única pero no soy caprichosa ni mimosa (esto lo escuchamos en off mientras le vemos prácticamente comerse la boca con su ultramaquillada me-resisto-a-envejecer-y-además-hoy-ha-venido-Telecinco-a-casa mamá). Nada intrínsecamente malo ni censurable en el currículum de esta chica, salvo que está saliendo en la cadena líder de audiencia del país, y usted, señora, y yo (y millones de españoles) la estamos viendo. En mi caso, desde la fascinación atónita.


El elenco lo completan una serie de beldades meridionales (“¿Os habéis dado cuenta? ¡Somos todos del sur!” -¿por qué será, amiga?) que no desentonarían en un videoclip de El Tito MC. Por ejemplo, una gimnasta rusa de 19 años, una malagueña con padre de Bombay (“Tengo descendencia india”, anuncia ufana a la vez que nos confirma su desconocimiento del léxico)… Hay incluso un minusválido para dar la nota de color (espero sinceramente que no la del morbo).

Y toda esta ceremonia de la confusión, conducida (valga el oxímoron) por la siempre inclasificable Mercedes Milá, sobre la que no tengo ni fuerzas para escribir esta noche.

Si me dieran un euro cada vez que me he encontrado por la calle a un ex concursante de GH… tendría cuatro euros. La primera edición del concurso la seguí como el que más: experimento sociológico, etc. Incluso recuerdo estar enganchado, y verlo religiosamente todos los miércoles junto a mi amiga yanqui. Aquella primera vez la cosa tenía cierta gracia, todo resultaba novedoso, los concursantes eran entrañables… Luego las ediciones se fueron sucediendo, y –como siempre pasa- incluso los ganadores fueron cada vez más anónimos. Últimamente, sé que han tenido que recurrir a gimmicks cada vez más bizarros, meter a los habitantes de la casa junto a animales de granja (incluida una capea), hacerles pasar penurias…



Un primo hermano trabajó en la producción de GH1 y 2, y aunque siempre discreto, dejaba insinuar muchos chanchullos… Fue él quien me anunció, en el 2001, que mientras hubiese ingresos publicitarios, por miserables que fueran, habría Gran Hermano. Y que veríamos evolucionar el perfil de los concursantes hasta hacerse cada vez más homogéneo: jóvenes musculitos y jacas petonas, bastante atractivos y con follabilidad entre sí (buscando atraer la audiencia joven, la más consumista, se entiende).

Hastiado por tamañas barbaridades, aparto la vista del programa, cambio de tercio. Pero –voyeur impenitente- no puedo resistirme a mirar una vez más, pasadas dos horas. En la pantalla, el logo de Telecinco y un par de jembras en biquini pavoneándose ante los desnudos y tatuados torsos de sus compañeros de casa de Guadalix de la Sierra. El concurso no lleva ni dos horas y ya están semidesnudos en el jacuzzi. La guerra ha comenzado: ay, si George Orwell levantara la cabeza!!!

jueves, 26 de junio de 2008

V de Vendetta


Hace más de dos años me encontraba en Bruselas con el amigo Kike (Radio Alma) y una noche decidimos ir al cine. “Vayamos a ver V de Vendetta, y fuimos. “¿De qué va?” No teníamos ni idea, pero había dos cosas seguras: era en inglés y salía Natalie Portman. La peli nos encantó, recuerdo que yo salí del cine muy tocado, es de esas cosas que te deja pensativo y dándole vueltas a lo que has visto durante horas (días, semanas…). Pasó el tiempo y no la he vuelto a ver, sin parecerme obra maestra ni siquiera una “gran peli”, recuerdo V de Vendetta (2006) con muchísimo respeto, como mínimo porque está hecha para entretener y hacer pensar, el binomio clave de Estatuas Verdes.

Luego me enteré de que estaba adaptada de un cómic “serio” (algo muy en boga ahora: Sin City, 300, etc) y la verdad es que me daba miedito leerlo por varias razones. Primero porque soy muy esnob y me resistía a leer una traduccionzurria de medio pelo. Segundo porque guardaba tan buen recuerdo de la peli que no quería mancillarlo con otra versión de la historia (paradójicamente, la original). Y tercero porque para mí leer cómics modernos supone un esfuerzo comparable a leer una novela en un idioma que desconozco, nunca me entero de nada.

La semana pasada, el buen Grillo Solitario, ávido lector de cómics y fan de Alan Moore me prestó por fin el libro que recopila toda la historia de V de Vendetta (1982-88). Tengo que decir que el tebeo me ha encantado, aunque por perpetuar un debate estéril, la película me causó muchísima más impresión. Conocéis la historia, ¿no?, es simple. Por intentar resumir: en unos años 90 paralelos, el mundo ha sufrido una Tercera Guerra Mundial nuclear, y en Gran Bretaña se ha establecido un siniestro poder totalitario de corte fascista (ultranacionalismo, racismo, culto al líder, estado policial). En este contexto aparece “V”, un anarquista revolucionario disfrazado de Guy Fawkes (el nota que en siglo XVII trató fallidamente de volar el Parlamento inglés, efeméride que se conmemora todos los 5 de noviembre).

El cómic es obra del guionista Alan Moore (el mismo de La Liga de los Caballeros Extraordinarios, Watchmen o Desde el infierno) y del dibujante David Lloyd. Los dibujos de Lloyd no me han gustado un pelo. El colorido es impactante: muchos contrastes expresionistas, muchos tonos pastel pensados para dar miedito… pero el dibujo para mí ha sido el constante punto débil de lo que por otra parte es una monumental novela gráfica. Trataré de explicarme. Este Lloyd solo sabe pintar tres personajes: hombre delgado, hombre gordo y mujer. Todo lo demás son variaciones sobre el mismo tema y la poca consistencia de las facciones de los personajes entre unas viñetas y otras hacía que su reconocimiento fuera a veces difícil, lo que resultaba irritante.


¿Este es Creedy o Ally? ¿Almond no había muerto? ¿Evey es una niña de 16 años o un anciana de 85?, es el tipo de preguntas que uno no debería nunca tener que hacerse mientras lee un cómic pero que yo no podía apartar de mi cabeza. Salvando este no pequeño detalle, el guión de V de Vendetta me ha parecido bastante bueno. La abundancia de subtramas y personajes secundarios (que la peli simplifica, lo que acaba agradeciéndose) entiendo que está pensada para dotar de credibilidad al fresco de una apocalíptica Inglaterra rendida al fascismo y sus posibles consecuencias. Sin embargo, la idea principal del cómic (libertad individual, elogio de la Cultura y el librepensamiento…) se podía haber llevado a término de un modo menos errático, supongo que ese será el precio de una saga que duró tantos años y tuvo, por fuerza, que dar muchos bandazos.

Sobre la traducción, mejor me callo (confundir “celda” con “célula” –cell- o “visitar” con “llamar” –call-). Cierto es que a veces es un poco mamarrachera pero también que en otros momentos soluciona con brillantez difíciles papeletas como la de tener que mantener la gracia de que todos los capítulos comiencen por la letra “v” (por cierto, amigos traductores: valedicción no es una palabra en español).


Entonces, ¿qué le ha gustado a Porerror de V de Vendetta? Pues casi todo. El poderoso personaje de V, tan atractivo pese a ser un sinvergüenza. El personaje de Evey, que sufre una verdadera transformación. Toda la premisa de una Inglaterra nazi (mmmmmm…), el mundo feliz mitad Orwell mitad Huxley mitad Batman. Las constantes referencias culturales, lo mismo a Shakespeare que a Orson Welles que a Cole Porter o los Rolling Stones. El hecho de que sea un cómic pensado, según sus autores, “para gente que no apaga las noticias”. Por eso no voy a criticar aquí su calado pseudofilosófico o su flojito componente político. A fin de cuentas es un cómic, no se le puede acusar de ingenuo porque todavía hay que dar gracias de que un tebeíto trate estos temas.

jueves, 12 de junio de 2008

Miembras


Como bien decía Jaime Urrutia en una de sus canciones, “la vida te lo da”. A veces, a mí me lo da para Estatuas Verdes, desde luego. Cuando comencé este blog me propuse dos temas que no iba a tratar, el fútbol y la política. Ambas fronteras han caído, ya se ha hablado aquí de politiqueo y de fútbol, siempre en pequeñas dosis. Ayer la nueva ministra del nuevo Ministerio de Igualdad nos regaló una perla imposible de dejar pasar. Tras su cagada (errare humanum est, ¿eh?) la ministra ha seguido la doctrina del “sostenella y no enmendalla”, con lo cual ya sí que se ha ganado este post de tirona.

Aun a riesgo de que esto se parezca al Planeta Cúbico, vamos a entrar a analizar las palabras de la ministra. Ella se refirió, aparte de a “los ministros y las ministras” (clásicos y clásicas, ya) a “los miembros y las miembras de la comisión”. Que la palabra “miembra” no existe es algo que no creo necesario explicar aquí. Lo buenísimo del tema es que la ministra, como quiera que mucha gente –entre ellos los miembros y miembras de la RAE- le han afeado la conducta y le han corregido, en lugar de admitir su error o de tomarlo a la ligera jocosamente, ha perseverado en él de la forma más contumaz.

“La ignorancia es osada” dice el refrán popular. La ministra Bibiana Aído se ha embarcado en una especie de cruzada ortolingüística de índole feministoide, y ha dicho, sin un ápice de modestia, que si el tal palabro (y palabra) no existe, habría que inventarlo. Igual que dijo Voltaire sobre Dios. Y que si el término (y la términa) no aparece en el diccionario, pues es que el diccionario está mal y habría que ir pensando en cambiarlo. “Es que en Sudamérica se dice así” (¿Y nosotros estamos en Sudamérica, chocho?). “A lo mejor en el futuro vemos la palabra miembra en el diccionario” (Pues a lo mojó…). A mí, el hecho de que una palabra venga o no en el diccionario me da exactamente igual, la verdad, pero esta prepotencia lingüística no la veía servidor de ustedes desde las novelas de un tal George Orwell.

“La ministra se ha enfadado con la prensa”, cuenta el ABC hoy. La ministra está triste, ¿qué tendrá la ministresa? Los petardos se escapan por su boca de fresa. Cómo estará el patio que al jolgorio general y a la crítica seria o jocosa que se le ha hecho a esta mujer no solo se han sumado los derechonis habituales y la caverna periodística de la Derecha. No, no, no. El propio diario El País le dedicaba hoy un crítico editorial a las sandeces de la ministra y a su pataleta de género (gramatical).

Pero de entre todas las voces que se han alzado, yo escucho –cual Machado- solamente una. Valga la semicita machadiana, porque me estoy refiriendo al ex-presidente del gobierno y orador extraordinaire Don Alfonso Guerra. Este hombre, autor de perlas tales como que él era un descamisado o que la gente de Izquierdas no sabía utilizar la pala para el pescado (y mi favorita: “Cuando los socialistas salgamos del gobierno, a España no la va a reconocer ni la madre que la parió”). Pues el Guerra, que daría para un blog él solo y no hay aquí ni pizca de ironía, ha dicho que las declaraciones de la ministra que “son una pérdida de tiempo”.

Y el Guerra no se ha remontado al sexo de los ángeles ni a la filosofía de género, ha sido el único que ha hablado con cabeza y demostrando un ápice de conocimientos de lingüística. Ha dicho que “a la lengua hay que dejarla vivir sola (...) es un error garrafal tanto prohibir su uso como potenciar que se hable”. Y también que “la RAE no cambia nada sino que recoge lo que habla la gente. Que yo sepa, no se dice miembra en la sociedad española”. Y punto. En realidad, la palabra “miembra” tampoco es creación de la ministra Aído; ya hace más de un año, Juan Manuel de Prada (otro genio con el lenguaje) escribió en ABC un artículo cachondeándose del feminismo marxista, que se titulaba “La miembras viriles”.

Recuerdo que hace diez años, durante la carrera, me encontré a una compañera y actual lectora de este blog a la que vi trabajando en una biblioteca. Le pregunté qué estaba haciendo, y me contestó que un trabajo sobre el lenguaje sexista. Yo le respondí: “Qué suerte tienes, ese trabajo se escribe en doce segundos: El lenguaje sexista no existe, la que es sexista es la gente. Obras Consultadas….” Creo que a mi amiga no le hizo ni pizca de gracia mi ironía pero lejos de retractarme, diez años después estoy cada vez más convencido de lo que dije. Hoy por poco me mareo al leer el editorial de El País y encontrar que estaba al 100% de acuerdo con él. Y allí se decía, resumiendo, ministra, déjese usted de atender a payasadas y recuerde que en España las mujeres y los hombres a igual trabajo no cobran lo mismo. Eso sí es un escándalo. Eso sí que hay que cambiarlo.
 
click here to download hit counter code
free hit counter