Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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domingo, 14 de diciembre de 2008

Palabra


Publico aquí este texto como favor a un amigo, que es su autor:




Hola, amigos. Mi nombre no importa, tampoco otros detalles de mi filiación. Baste decir que soy un ciudadano del mundo virtual –como gustan de decir los cursis-, mi vida es la red de redes (otra cursilada) o lo que viene a ser el Internismo.

Perdonad mi pobre expresión plagada de tópicos del lenguaje: es impropia de mí (será que se me está pegando al leer casi a diario Estatuas Verdes). Digo que es impropia porque mi estilo de escritura es mucho más excelso, podría decirse que soy poeta. Bueno, qué caray, serlo lo soy, otra cosa es que se me reconozca como tal. Soy amigo de Porerror, mi nombre no lo revelaré pero sabed que él suele a referirse a mí como “el buen XXXXXXX”. Leo con asiduidad Estatuas Verdes, pero también soy un fijo de Almanaque de Otoño, Critícamelo, Auditorio Ryman, Siete Piezas, Baile Cadera, Planeta Cúbico, La Hora Frisky, Orphangirl, Boys Just Wanna Have Fun, No te perdono…, Doin' the POP, El Gallo Verde, El Perro Lunar y muchísimos otros blogs que resultaría aquí tedioso listar.


Menciono esto porque para mí es de suma importancia la blogosfera, igual que yo lo soy para ella. Yo os leo a vosotros a diario, pero lo que hasta hora no sabíais es que vosotros también me leéis a mí. ¿Cómo así? ¿Tienes un blog? No, no, no… mi obra es más evanescente, más transitoria, es poesía de guerrilla urbana. Mi obra es como esa palabra obscena de la pintada en el metro de aquel tema de Paul Simon (por hacer un símil friki-cultureta a lo Porerror). Mi obra son las palabras, pero nunca obscenas. A diario la leéis casi sin reparar en ella: soy el autor de las palabras de verificación que Blogger os exige para dejar un comentario. ¿Sorprendidos? ¿Acaso pensabais que estas pequeñas palabrillas las generaba automáticamente un ordenador?

¿No habíais detectado en ellas el hálito de la poesía? Son pequeñas gemas, perlitas destiladas en las horas febriles de la creación poética: la madrugada, los atardeceres, determinadas noches de tormenta. Debo producir millares al día, Blogger me las reclama. En ocasiones las Musas me visitan y no doy abasto, por ejemplo hace un mes llegué a inventar más de 18.500 en un solo día. Sin embargo, ¡el aciago día del 24 de septiembre no se me ocurrió ninguna! En tales duros momentos hay que tirar de las reservas…


En cuanto a mi obra: no me engaño, la mayoría de la gente no presta la merecida atención a mis humildes creaciones. Pero ando en conversaciones con una importante editorial para publicar una antología de estas “greguerías electrónicas”, y si no, ya me caerá por ahí alguna subvención de la Junta de Andalucía. El negocio de las palabras de verificación es un poco lento: verdad es que se precisan miles y miles de estas palabras al día, pero también lo es que el género cuenta con unas estrictas reglas. Por ejemplo, deben evitarse las formas que resulten malsonantes, e incluso las parónimas con algún vocablo existente.

Mi obra maestra, la palabra de la que estoy más orgulloso es “reozois”, aunque no desdeño otras creaciones inspiradas como fueron “pirdaut”, “staliget” o “unymptiv”. Mi sueño –no lo oculto a nadie- es convertirme en un creador de éxito, de los de verdad. Para lograrlo, me estoy preparando las oposiciones a “Bautizador de operaciones policiales”, con la esperanza de algún día ponerle nombre, cual autor vicario, a alguna de las obras del Juez Garzón. Como poeta, suplico vuestra benevolencia. Y mientras tanto (“ovansu”, “delroi”, “extyeh”, “pseatade”, “etholob”, “promav”, “untwort”, “nochenc”, “aeming”, “subwhin”…), no paro de crear.

jueves, 4 de septiembre de 2008

De Hitler, Garzón y girasoles


Sabéis la última de Garzón, ¿no? Ahora le ha dado por hacer un censo de todos los muertos (del bando republicano solamente, claro) de la Guerra Civil, y anda pidiendo listas a los ayuntamientos, parroquias y obispados. Un pavo comete la mayor barbaridad y le cae la mínima, pero claro, “como se le juzgó con el Código Penal antiguo…”. Otro pavo roba o asesina hace X años (menos de setenta, seguro) y no le pasa nada porque “ya ha prescrito”. De 1936 y 1939 hubo una guerra y entre Sherlock Holmes, Garzón y la Memoria Histórica la van a dictaminar ahora.

Este es el contexto en el que ve la luz Los girasoles ciegos (2008), última película de José Luis Cuerda, con guión a medias entre el director y nuestro recordado Azcona. La idea de la peli está sacada del libro homónimo de Alberto Méndez (1941-2004), obra que me encantó leer, y además don Cuerda es uno de mis directores españoles favoritos. Esto lo tenía a favor, pero también he de reconocer que la cosa me daba bastante miedito. Todo esto enlaza con el párrafo anterior porque tanto el libro como la peli se desarrollan durante la primerísima posguerra.


Si queréis un juicio de la peli os diré que es correcta, en palabras de un amigo, “no aporta mucho al género”. Y es que vista así, la peli entretiene y catartiza, hace hincapié en los aspectos más sórdidos de la historia, y en líneas generales está correctamente narrada y presentada. Desgraciadamente, carece casi por completo de la profundidad poética o filosófica del libro en que está inspirada. Se trata de una peli más sobre la Guerra Civil/represión, con sus curas cantando “Cara al sol”, sus falangistas bravucones, sus fachas de bigotito y pistola Astra… lo de siempre, vaya.

Sumémosle a esto retratos de Hitler, seminaristas que adoran a Onán, referencias a que Antonio Machado era “bueno” y José María Pemán era “malo”, y ya tenemos un producto listo para hacernos salir corriendo… o casi. En realidad, la historia está bastante bien, y no carece de sutileza, aun abundando en el tópico. Los diálogos son muy sólidos (y fieles al libro, por cierto) y las interpretaciones muy muy meritorias.

Lo que a mi juicio le sobra a la peli ya lo he dicho, lo que le falta es la poesía, que salió por la ventana en el momento en que a las cuatro historias de Los girasoles ciegos (libro, de 2004) se les amputaron dos. Me explico: el libro es una ¿novela? o un conjunto de cuatro relatos largos levemente hilvanados, y para la peli se han cogido solo dos, y uno de ellos tan solo anecdóticamente. El que queda, el de más carga moral y fuerza dramática, está rodado de manera notable. La pena es que falten muchas cosas que a mi entender hubiesen dotado a la peli de ese punto especialísimo de que carece.


Por ejemplo, de las “dos Españas” se ven reflejadas en la peli de la siguiente manera: la Nacional, como algo sórdido, autoritario y dogmático, el bando vencedor. La Republicana, como lo humillado, lo negado, los vencidos, criminalizados. Y esto es correcto pero incompleto. Resulta maniqueo. ¿Dónde está el resto de España? Los nacionales con escrúpulos y humanidad repugnados ante la carnicería de Franco, los republicanos capaces de mentir para salvar la vida… todo esto no sale en la película, sospecho que porque no interesa, pero sí en el libro. Es mucho mejor sacar a un religioso putero y un comunista abatido a tiros por la espalda.

Y la poesía, siempre la poesía, ausente, la primera víctima de esta Guerra Civil de celuloide. En fin, yo solo espero que el juez Garzón no vaya a ver la película, porque si no capaz es de abrir un sumario del caso de la falsa viuda y el diácono rijoso.
 
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