Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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viernes, 16 de mayo de 2008

"No pegues a los animales..."


Aquí me tenéis, “como un San Francisco entre jarales”, que diría San Manolo García, hablando de bichillos. El que sea muy ecologista o animalista o zoófilo –lo advierto ya- que deje de leer el post porque no le va a gustar. No pretendo aquí sentar cátedra ni convencer a nadie, simplemente reflexionar un poco: ¿por qué me la sudan los animales?

Estos días vivimos una ofensiva medioambientalista sin precedentes. A lo mejor es verdad que el planeta está en peligro y que deben de sonar las alarmas, y que todo esfuerzo es poco para concienciarnos. Pero es que no pasa día en que no tengamos noticias de algo relacionado con biocombustibles, efecto invernadero, trasvases de agua, cambio climático, etc, y, dígamoslo ya: empiezo a estar bastante aburrido del tema. A lo mejor por saturación se está produciendo en mí el efecto contrario, en lugar de concienciarme me estoy insensibilizando.

Yo estoy en contra del maltrato a los animales “porque sí”, pero más lo estoy del de las personas. Y hay cosas con las que la gente se indigna que a mí me parecen igual. ¿Nosécuántos mil euros de multa por abandonar a un perro? ¿Se nos ha ido la cabeza? Está claro que el problema lo tengo yo, porque voy contracorriente. Ya lo decían Samuel, Chorrica y otros personajes embrionarios de La Hora Chanante: “No pegues a los animales, no pegues a los perricos. No pegues a los animales, ellos son tus amigos”. Riquísimo.

Por razones que ahora no vienen al caso me veo obligado a ver por las mañanas episodios antiguos de David el Gnomo (pero no de los de nuestra época, sino de esa especie de remake absurdo y colorista que se realizó hace poco). Menos mal que los puedo ver en inglés –al menos saco algo- porque si no me suicidaría. Estos episodios, formulaicos hasta decir basta, constituyen un inexorable panfleto ecologista en el que cada día se nos alerta sobre las bondades de alguna especie en peligro. Hoy eran los bichos del Parque de Yellowstone, ayer los tigres de Bengala y lo mismo otro día le toca el turno al somormujo calvo o al pez leche.

Todos los episodios son iguales. El sapientísimo David (no hay más que ver cómo viste, de John Galliano para Dior) se entera de que tal o cual especie se halla amenazada en tal o cual rincón del mundo y allá que con su silbato en forma de amanita faloide llama a sus colegas los gansos voladores low cost y se planta donde sea en un pis-pás. Una vez in situ, David y su estomagante cuadrilla de gnomos desfacen el entuerto de turno (no sin antes sermonear al espectador) y logran su objetivo de salvar a los animales y de hacer reflexionar al ser humano malvado y culpable de sus males, en lo que constituye una anagnórisis más falsa que un euro de queso Cheddar.

Y así todos los días, me veo rodeado de movidas eco-zoológicas por todas partes. Hasta los de Iberdrola, que se han hecho millonarios comerciando con energía ahora resulta que son los más benefactores del medioambiente. “Lo hemos hecho bien”, es el lema de los colegas. Enriqueceros, desde luego, hijos de puta: eso lo habéis clavado. Y podría seguir dando ejemplos: esta misma mañana he propiciado sin querer en el trabajo un debate sobre el vegetarianismo, y no ha faltado quien diga que no hay que hacer daño a los animales comiendo su carne, etc, etc. Tampoco ha faltado quien ha dicho directamente que los vegetarianos son idiotas (no he sido yo), y eso tampoco me parece plan.

La última ha sido a cuenta de unas entradas gratuitas para los toros que al final no voy a poder conseguir, y se ha desatado de nuevo a mi alrededor el sempiterno debate “toros sí-toros no”, en torno a la conservación como especie del toro de lidia, el sufrimiento del animal (que sufre, y mucho), el arte del toreo, las tradiciones… A mí que me dejen comerme tranquilo mi filete y ver mi corridota de toros (siempre que sea de balde) y que se vayan a salvar al lince ibérico los de Iberdrola. En realidad los animales me encantan… ¿dónde estaría -por poner un ejemplo- la factoría Disney sin ellos?
 
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