Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

martes, 19 de octubre de 2010

¿Quién es el mayor terrorista lírico del pop español?


Muchos son los llamados y pocos los elegidos, igual que para la Gloria. Ya se ha hablado aquí de las singulares dotes líricas de autores como Alejandro Sanz o Macaco (cada uno da nombre a un nada desdeñable efecto). Hoy estaba tentado de bautizar un nuevo "efecto", y ha sido en la duda de cómo darle nombre cuando me he dado cuenta de que el asunto requería un post. También me he dado cuenta de que hay que ser sensatos: el fenómeno sobre el que yo quería llamar vuestra atención ya tiene nombre en español. Se trata del ripio, vulgo: rima facilona.

A mi modesto entender, dos son sobre todos los autores de canciones en español que han sobresalido en su uso (
y abuso), a saber: José María Cano y Ariel Rot.Vaya por delante que a los dos los admiro por diferentísimas razones, Mecano me encantan, con su tecnopop "para adultos"... y Rot ha escrito una imprescindible página del rock estoniano en España, en solitario y con las bandas en que ha militado. Pero los dos exhiben una enfermiza tendencia a la rima consonante, al ripio, a esa rima fácil que da vergüencita ajena. ¿A que "gato" rima con "zapato"? La mayoría de autores no lo incluiría en sus canciones, pero ellos sí.


Empecemos al azar por la obra de Cano. Uno de sus clásicos reza: "Cuando tomo una decisión/ soy peor que Napoleón/ y aunque no me gusta el avión/ soy un hombre de acción". Dejando aparte la pseudorreferencia histórica, podría tacharse la estrofa de simple, pero es que en la misma copla encontramos "Un fundido en negro y después/ plano picado al revés de rascacielos/ y yo allí dispuesto a triunfar/ como San Juan de la Cruz en el Carmelo". (¿He oído "el colmo del rebuscamiento?" Bingo, señora!)

El estribillo de "No hay marcha en Nueva York" no deja lugar a dudas: nos encontramos ante una cumbre del ripio. No cualquiera sería capaz de rimar "Nueva York" con "jamón de York" (
¿rimar no era poner algunos sonidos parecidos?) con "explorador" con "Fundador" con "Henry Ford" con "actor". Vaya! Ya he expuesto el caso de José María Cano y solo he hablado de una de sus canciones. Pero habría tantas... Solo os dejo con dos perlas más: "O hay un Espartaco/ que entre a saco/ y esto cambia/ o tos pa Gambia" y "En tu paleta mezclas/ místicos ascetas/ con bayonetas y con tetas".


Ariel Rot tampoco es inocente en este carnaval de rimas fáciles. Pese a su postura auténtica, el argentino ha mantenido siempre un lado lúdico que ha resultado su perdición. Paladeemos esta golosina extraída de la primera canción de su último disco: "Yo no tengo secretarios/ ni contrato mercenarios/ ni abogados desalmados/ ni una corte de pescados/ a mi lado". Quizás la cima de la rima en Rot se encuentre en su clásico tema "Bruma en La Castellana". Oigámoslo:

"Con la gasolina justa/ la ciudad siempre te asusta/ y la aguja en la raya/ ya te avisa que algo falla". O bien "Del Bernabeu vas derecho,/ vas derecho hasta tu lecho/ y en la torpe madrugada/ ladra un perro en la Vaguada". Vamos a ver, soy consciente de que muchas de estas rimas darían el pego tomadas individualmente, lo que asusta (y lo que causa el "efecto") es su acumulación. Y su gratuidad. Soy consciente también de que rimar hay que rimar y de que la consonancia es un recurso bien lícito para los poetas. Pero sucede que a veces la rima aparece forzada, como si el autor no hubiera sabido qué poner y resolviera el tema con calzador. Por ejemplo, Rot nos comenta que hay "un anónimo asesino/ que ametralla a todo chino". Y por si quedaba algún género de duda, se nos aclara que "la ciudad se desparrama/ desde Chueca hasta El Jarama"...


A medida que releo el post me invade una sensación, no sé si la misma que a vosotros... ¿No parece que la contienda se dirime sola? Diríase que no hay competencia, de hecho. Diríase que José María Cano es el rey indiscutible del ripio... Ja, ja, ja, JA, JA!!! Lo supe desde un principio, solo pretendía embromaros. Es solo que esta mañana camino del trabajo he ido escuchando a Rot y algunas de sus rimas me han dado bocaítos en las orejas. Pero no hay color: larga vida al "Efecto José María Cano"! Y otro día hablaré sobre su hermano.

domingo, 17 de octubre de 2010

La bondad de los extraños, o: La jodida Blanche DuBois sin un portátil


-“Siempre he contado con la bondad de los desconocidos.”
(Arthur Miller)






Me había jurado que no iba a hablar del tema, pero al final me veo que están corriendo los días y no puedo publicar, y vaya, que esta vez no se trata de sequía, falta de ganas o bloqueo del escritor: escribo poco desde el mes de julio porque se me ha roto el portátil. Lo llevé a que me lo arreglaran, pareció que sí, y de ahí la sarta de posts que hubo a finales de septiembre. Pero… ¿a qué hacerse ilusiones? Se me ha vuelto a romper, y de lo mismo.

No quiero que el post de hoy vaya de eso, ni de un planto en plan “Mis problemas con los ordenadores”. No iba a contarlo porque no me parecía interesante y tampoco quería hacer un post pidiendo perdón. Ahora me doy cuenta de que mi acceso a Internet se va a ver restringido de nuevo, y que puede que no escriba en el blog con la regularidad que me apetecería, así que voy avisando. Cuando estoy sin portátil solo me queda la opción de confiar en la bondad ajena… pero en la de los seres queridos, no la de los extraños.


Aun así, la frase que Arthur Miller hace decir a Blanche DuBois en Un tranvía llamado deseo (1947) siempre me ha parecido absolutamente genial. Si no recuerdo mal, tuvo su eco (como tantas otras cosas de la obra) en la almodovariana Todo sobre mi madre, unos 50 años más tarde. La verdad es que nunca he confiado en la bondad de los extraños, por más que el concepto sea atractivo. Pero sí en la de los conocidos, casi siempre con estupendos resultados.

Restarle valor a la ayuda de los familiares y amigos por el simple hecho de que lo son me parece absurdo: vale que a lo mejor están en cierto modo obligados a socorrerte en los momentos difíciles, pero a mí nunca deja de admirarme y de hacerme sentir gratitud, porque en este dichoso mundo hay tantas cosas que deberían ser de una manera y luego no lo son… Tampoco me parece bien la postura radi de no esperar nunca absolutamente de nadie, “Soy una roca”, etc.. etc.. Con permiso de Paul Simon, yo soy más de John Donne: “Ningún hombre es una isla” (y lo tengo comprobado).


Hay veces en que la gente hace cosas buenas por los demás, sin esperar nada a cambio. O por el puro placer de ayudar o por sentirse bien, de acuerdo, pero si eso puede ser tachado de egoísmo, pues ¡bendito egoísmo! A mí este verano un amigo de un amigo -que apenas me conocía- me socorrió dándome un techo cuando me encontraba tirado en la calle en Edimburgo, algo que jamás le podré devolver. A diario la gente que me quiere y/o aprecia hacen cosas por mí o me hacen favores, y yo procuro portarme bien también con ellos.

Lo de la bondad de los seres queridos venía a cuento porque solo gracias a ellos puedo moverme por Internet en estos días. Descontando el trabajo, donde no tengo tiempo para escribir el blog (y además estaría feo), he de depender de que un amigo me deje mirar el email en su casa o de que mi madre o mi tía me presten su portátil durante una horita para estos menesteres. Solo un ejemplo tonto, pero a mí me da la vida. Últimamente estoy recibiendo muchísima ayuda –en diferentes formas- de parte de amigos, tíos, mi novia y mis padres. Ellos no lo saben, claro, pero me están llevando en volandas.

domingo, 3 de octubre de 2010

V3


-“Gracias sean dadas al Hacedor.”
(C-3PO, androide de protocolo)





Vinieron de los cinco continentes, amigos (los cuales Bono ama todos por igual), para presenciar el prodigio. Una nave espacial aterrizó en Sevilla el pasado día 30 de septiembre con el objetivo de acolapsar Sevilla. Sus tripulantes: The Edge, Adam Clayton, Larry Mullen, Jr. y Bono, ese alienígena peludo con un humor cáustico (como Alf o Ray Walston). No fue en la Palmera, no fueron fans del Betis, fueron 80.000 criaturitas fans de U2 los que acudieron a rendir pleitesía al grupo irlandés.

B.O.N.O. (el mejor acrónimo desde V.O.M.I.T.Ó.N., ¿eh?) vino a nuestro planeta con un firme propósito, el de enseñarnos a amar. No faltaron sus gafas oscuras, sus chaquetas de cuero… lo que gracias a Dios sí faltaron fueron sus llamadas por teléfono a Helmut Kohl. Si de verdad queréis una crónica del concierto, yo no puedo hacerlo mejor que este periodista, a excepción de que equivoca los nombres de los futbolistas. Lo que ocurrió de verdad fue que Bono presentó a The Edge como “Iker Casillas”, a Larry Mullen como “Fernando Torres”, a Adam Clayton como “Xavi Hernández o Iniesta” (a elegir) y él se pidió ser Sergio Ramos.


Lo demás, fue como estar viendo la MTV a toda potencia en una tele de 40 pulgadas: y eso, salvo que seas mis padres, mola cantidad. Mi asiento estaba en una grada, no muy cerca pero sí lo bastante como para ver perfectamente a esos muñequitos que decían ser U2 evolucionar por el escenario, y también para que una especie de segurata zangolotino nos acosara a mi acompañante y a mí por ponernos de pie cuando había otras 78.998 personas que también estaban de pie y a ellos no les decía nada.

Al final opté por ponerme de rodillas, sobre todo en las dos canciones que me emocionaron: “Sunday Bloody Sunday” (brutal interpretación, aunque Daniel Ruiz ha comentado con acierto que su dedicación a Irán la desvirtuó) y “One” (pastel sucré por excelencia que apetecía dedicar a tu chica especial). La pantalla gigante de nosécuantosmil LEDs se movía, lo que resultaba guay, sobre todo porque permitía ver con detalle lo que hacían los U2, las caricas que ponían… eso cuando no se estaban proyectando absurdas –bien que espectaculares- imágenes de mapamundis, Teherán, Aung San Suu Kyi o Desmond Tutu.


La verdad es que ver el careto gigante de Desmond Tutu presentando “One” fue lo más estupefaciente desde que Miliki anunciaba Micromachines en Antena 3 (y juro que ocurrió, no fue efecto de los gin-tonics de Gordon’s con tónica Hacendado, como insinúan las malas lenguas…) Qué ilusión me hizo escuchar “Miss Sarajevo”, “Until the End of the World”, “Mysterious Ways”, “Beautiful Day”, “Elevation”, “With Or Without You”, “I Still Haven’t Found What I’m Looking For” y “Where the Streets Have No Name”, además de las dos ya citadas. Y varias del nuevo que me gustaron mucho, como “I'll Go Crazy If I Don't Go Crazy Tonight”, “Get On Your Boots” o “Magnificent”.

Del repertorio no me puedo quejar, si hasta subieron al escenario al son de Bowie y se bajaron al de Elton John! (También hicieron una versión de Frankie Goes to Hollywood, pero esto mejor me lo callo.) Por cierto, que el escenario era muy espectacular: redondo –de ahí el ingenioso nombre la de la gira “360º Tour”, una estupenda estratagema para vender más entradas. U2! ¿Eh, amigos? Los Beatles de ahora… bueno, los Beatles molaban más, claro. Pero sus conciertos se escuchaban peor.

jueves, 30 de septiembre de 2010

T1


“Sí, sí, ‘Bono’, que viene de ‘bueno’: Bono... ¡bonísimo!”
(Muchachada Nuí)





De entre todos los personajes que pretenden haber inventado el chicle, pocos me resultan tan chocantes como Bono (el de U2, no el consuegro de Raphael). Suele ocurrir con estos dioses del rock que llenan estadios que tienen egos del tamaño de estadios. Lo mismo me pasaba con John Lennon o Jim Morrison: que no los aguanto. Menos mal que a Thom Yorke no le hace caso nadie, que si no…

Nunca he sido fan de U2 y sin embargo desde 1992 sigo con curiosidad su carrera (desde lejos). Sus piruetas comerciales, sus intentos por reinventarse y sobre todo, sus esfuerzos por continuar en el candelabro a toda costa. Sus cimas artísticas pocas, la verdad, pero eso hoy es lo que menos importa. Me caen mal desde que oí a Bono agradecer el Premio MTV al Mejor Grupo 1995 diciendo: “Vaya, y eso que este año no hemos sacado disco ni hemos dado conciertos... a lo mejor ahí está el truco!”


Y sin embargo sería un mentiroso si no admitiera que esta gente tiene (al menos) una docena de canciones que me emocionan y otras tantas que me dan subidón. Pero yo no voy a verlos por eso, sino para formar parte del circo. Esperemos que esta noche a Bono no le dé por llamar al Papa desde el escenario. Esta noche acudiré –Dios menguante- al concierto que dan U2 en Sevilla, lo más grande musicalmente (y circensemente) que se ha visto en la capital andaluza, y recuerdo que en dos años llevan Madonna, Depeche Mode, Bruce Springsteen, Héroes del Silencio y AC/DC.

Desde que me enteré que U2 tocaban quise ir, pese al exorbitado precio de las entradas (“¡Y luego dicen que la ópera es cara!” –comenta el profesor de música del insti de Harvest), pero el papel se ha vendido a un ritmo tal que a los dos días ya se había agotado lo que yo me podía/quería permitir y me quedé a dos velas. Tampoco era el fin del mundo, aunque confieso que tenía a todo el que quisiera escucharme sobre aviso para que me consiguiera una entrada. Porque sospechaba que iba a ser una ocasión memorable.


Luego por lo visto ha habido entradas “baratas” para dar y regalar, por lo del cambio de fecha y tal (en principio el concierto estaba fijado para ayer, día de la huelga). En una carambola del destino un amigo y lector me ha ofrecido una que su hermano no iba a querer, o sea que se va a obrar el mirlo. He querido dejar constancia previa al concierto de mi estado de ánimo y expectativas, no sea que mañana me dé por escribir a) un post ditirámbico en loa de unos genios del rock, o b) un post cáustico y malalechoso para cagarme en unos estafadores.

Tengo bastante ilusión en el concierto, y no tengo más porque hace poco que me enteré de la disponibilidad de la entrada. Mi estado de ánimo es expectante/favorable con unas gotitas de escepticismo y una rodaja de ironía. No me he repasado la discografía de U2, ni he escuchado su último disco, ni sé cómo lleva el bigote ahora The Edge, ni nada de eso. Me limitaré a acudir y a cerrar los ojos tratando de dejar que la música me llegue. Y rezaré para que tiren de grandes éxitos…

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Copita de bienvenida


Recuerdo con envidia que en los años de facultad mis colegas de la ídem de Derecho tenían a principio de curso una especie de sarao, barrilada o lo que fuese ingeniosamente intitulado “Bienvenida por lo legal”. En mi facultad te daban la bienvenida con una patada en el culo, y eso si había suerte. Siempre he pensado que dar la bienvenida a alguien (lo mismo que despedirle with grace, como dicen en USA) es un paso fundamental en las dinámicas de los grupos. Fundamental, sí, pero a menudo pasado por alto –será que la gente no lo ve tan importante-.

Mañana tengo en mi nueva oficina una “copa de bienvenida”, un invento que tendrá lugar en el bar de enfrente y que, independientemente de en lo que consista, me parece una espléndida idea. Sé que va a estar de puta madre, además, porque percibo un clima grato de trabajo entre compañeros. A lo mejor me estoy precipitando y luego resulta que aquello es un avispero, pero por lo poco que llevo en el nuevo sitio ya podía haber sido testigo de bastantes bastedades, y hasta el momento todo ha sido cortesía y buen rollo para conmigo.


Esto que os cuento no es moco de pavo, porque conozco a varias personas que han cambiado de trabajo este verano/otoño y no a todos les ha ido tan bien ni han tenido tan buena acogida por parte de sus compañeros. Me dicen varias amigas “A ver si cuentas algo de tu nuevo trabajo, mamón!”, y tienen razón, apenas cuento nada, ni por el Facebook ni aquí en Estatuas Verdes. Como dice el proverbio inglés, “No news is good news” y en mi caso es verdad: si no cuento nada podéis estar tranquilos de que no estoy teniendo sobresaltos.

Hasta ahora me he ido con pena de todos los sitios donde he trabajado, y creo que eso es una bendición. Pero queramos o no hay que adaptarse a lo nuevo, los cambios son buenos, ¿no?: lo explicaba un libro con la palabra “queso” en el título y eso por fuerza debía ser verdad. Una máxima de mi educación ha sido que hay que marcharse de los sitios siempre “dejando las puertas abiertas”, porque “la vida da muchas vueltas y uno nunca sabe cuándo se va a volver a encontrar con las mismas personas” (otra máxima de mi educación). Y es que mejor irse con y dejar un buen sabor de boca, ¿no creéis?


Aparte de que me encanta jalar, beber y festejar (siempre desde el respeto), invariablemente hago un esfuerzo extra por integrarme en las reuniones de compañeros, porque las considero inmejorables oportunidades de fortalecer unos lazos como mínimo profesionales, que con suerte devienen en lo personal, y tengo comprobado que si las cosas van bien en este plano el trabajo resulta muchísimo más fácil y gratificante. De Cosica me fui de buen rollo, con pena (sí, sí… shshshshshhsshh!), y lo mismo de las tres anteriores oficinas.

Los comienzos siempre son difíciles, pero las reuniones de bienvenida (siempre copas, barbacoas o similar: bendita España!) los convierten en más llevaderos. Mañana ya digo, tengo este copetín con los nuevos compis de trabajo, empiezo una nueva andadura llena de ilusiones. De momento los clientes parecen razonables, entendidos e interesados por los productos que vendemos. A ver que tal se da la cosa y tal, ya os iré contando.

lunes, 27 de septiembre de 2010

ANTI-EVERYTHING


Sé que a vosotros os gusta: no lo neguéis. Pero para mí, eso que hacer la gente normal: ordenar, clasificar, tirar cosas, supone un tormento. Lo odio, lo execro, lo abomino, lo detesto (no debieron regalarme el diccionario de sinónimos, por citar a Chris Peterson). Prefiero pillarme los güevos con la tapa de un piano que ordenar un armario. Y cuando no tengo más remedio que hacerlo lo paso mal: lo llevo en los genes.

Mi mente no estaba preparada para la inmensa ola de alegría que supuso pasarme lo mejor de la tarde y la noche del viernes y el domingo ordenando cajones y tirando papeles. Ante mí desfiló mi vida: trabajos escolares de plástica, innúmeros souvenirs de otros tantos viajes, libros, CDs, libros, CDs, libros, CDs, libros, CDs, papeles, libros, CDs... No contento con colapsar mi cerebro de recuerdos infantojuveniles (
os juro que por cada cajón que ordeno necesito una hora de recuperación mental en una habitación cerrada), el destino me tenía reservada otra broma cruel: la mudanza.


"Vio Dios que el hombre gozaba de tiempo libre durante el fin de semana y dijo: Démosle algo más que hacer." Así nacieron las mudanzas amateurs, de las que llevo dos en tres meses. No se lo recomiendo a nadie, ni a mi peor enemigo. Lluvia de ideas: aparcamiento lejano, montañas de cajas, montañas de bolsas, lámparas, cuadros, un joven sepultado bajo una pila de abrigos, bufandas de marca rodando por el asfalto, imprecaciones... "D'you get the picture? Yeah, we do!" (como decían las Shangri-Las).

A veces pienso que mi vida no es sino una sucesión de escenas en las que estoy sujentando la puerta de un ascensor, piso o portal.
Y lo mejor de mudarse/ordenar es lo gratificante que resulta, la satisfacción que da. Ja, ja, jajota. He estado a punto de prenderle fuego a mis viejos muebles para no tener que enfrentarme a ellos.


Entendedme: sé que en la vida no todo es ocio y diversión, que hay obligaciones y cosas desagradables que es necesario hacer, pues yo las hago. En este saco meto actividades como trabajar, limpiar, tender, lavar la ropa, pagar las facturas o ir a IKEA (planchar, ¿no? No, señora, planchar no). Pero nunca he sido partidario de sufrir por sufrir, y no sabéis la tortura mental que me supone todo el rollo de ordenar las cosas. Por eso nunca lo hago si puedo evitarlo. Por eso me he propuesto en serio ser más organizado en el día a día, para así no tener que llegar a extremos de desorden tales que me obliguen a montar una "ofensiva del Tet" cada equis tiempo.

Últimamente vengo teniendo la misma pesadilla recurrente. Sentados a una mesa de comedor de
IKEA están Miguel y Bimba Bosé, Melendi, Bebe y Ana Blanco, descojonándose vivos mientras me ven por una bola de cristal sujetando la puerta de un ascensor. Es fin de semana, estoy solo y en ese momento se apaga la luz del rellano. En una mano llevo una bolsa de basura que contiene -triturados- 32 años de recuerdos, en la otra una caja con 5 kg de libros. Consigo salir a la calle y en ese preciso instante se pone a llover. O yo estoy llorando, no se ve muy claro.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Corazón, corazón, corazón, corazón de cemento


“A veces siento que no tengo compañeros. A veces siento que mi única amiga es la ciudad en la que vivo…”
(Red Hot Chili Peppers)




Amigos, creo que ya en cierta ocasión, hablando de mis escapadas a la Gran Ciudad, expresé aquí mi aversión al campo. Ahora trabajo en un pueblito a escasa media hora en coche de Miciudad, no sabría deciros cómo es la vida allí y, con un poco de suerte, seguiré sin saberlo. Pero día tras día que pasa sí constato un claro fenómeno: soy un animal de ciudad.

¿Quién (que tenga un alma) no recuerda aquella seminal película con Paquito Martínez Soria intitulada La ciudad no es para mí (1965)? Pues yo lo digo al revés: LA CIUDAD ES PARA MÍ (GRACIAS). No me voy a poner a enumerar los múltiples defectos y carencias que la vida rural/de pueblo presenta para mi estilo de vida, sería ocioso –además de poco ético- y fácilmente rebatible. Allá “los pocos sabios que en el mundo han sido” y su “descansada vida” lejos del “mundanal ruïdo”. Pero sí voy a remachar las ventajas de la vida en ciudad.


Igual que esas personas que se llenan de energía y salud paseando por el campo, oliendo una flor o viendo un pino (o levantando una piedra y sacando a la luz un gallipato –existen, os lo juro), yo revivo y me fortalezco entre edificios y asfalto. A lo mejor espero inconscientemente toparme a la vuelta de la esquina con Sterling Hayden y Marilyn Monroe, no lo sé. Pero hay algo en esa mezcla de semáforos, contenedores, gente con prisa y pasos de cebra que decididamente me pone.

Yo, al contrario que esos clásicos, reniego del “menosprecio de corte, alabanza de aldea”. Lo noto cuando estoy en Madrid o Londres, vaya, pero esto podría achacarse a un embelesamiento transitorio. También me molaron las cataratas del Niágara y por nada del mundo viviría allí. En las ciudades sí me mola vivir, y no me hace falta una superoseamegalópolis, cualquier cosa con catedral me vale. :) Estos días paseo por Miciudad, o no paseo, simplemente voy de un punto a otro, andando, en coche, en autobús o en metro y me doy cuenta de cómo la iba necesitando.


Dejad de gritarme: estos dos años pasados me venía los fines de semana pero no es lo mismo. Ahora sé que lo tengo a mano, entre semana, un cine, una exposición, un policía nacional, un Opencor. Ahora me cruzo con presentadoras del telediario regional y con famosos raperos. Y es la gloria. Mi buena madre se horroriza cuando le digo estas cosas, ella que es muy de naturaleza y se pirra por el campo, las flores, los paisajes… francamente no me dicen nada. Está claro que a uno le gusta lo que conoce y en mi caso me pesa el haberme criado entre coches, comercios y vallas publicitarias.

No conocer a los vecinos no ya de tu calle sino de tu edificio, ¡qué maravilla! Ser un ciudadano anónimo más, maltratado por el alcalde… En la ciudad también se usan la solidaridad, la buena amistad, el amor. Solo que no ocurren necesariamente entre personas que viven a cinco minutos andando. En la ciudad el Hombre le ha ganado la partida a la Naturaleza, la ha domesticado. En una palabra, amigos, en la ciudad ya no me siento un bicho raro.
 
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