Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

martes, 1 de enero de 2013

No tengo ganas de verte cocinar. De nada.


(Dedicado al buen Primo Antonio, entusiasta lector de los que soplan bajo las alas de este blog)




Ya lo cantaban nuestros admirados Hombres G: “Por eso no, no, no, no te quiero ver” y García Lorca: “¡Que no quiero verla!” Hay cositas que no queremos ni debemos ver, al menos obligatoriamente. Usted quiere presenciar una operación de quirófano? Me consta que hay gente que se las pone en YouTube, sobre todo si les van a hacer a ellos la misma, para informarse/espeluznarse. Pero es voluntario, lo mismo que un parto, algo que a mí no me parece terrible pero hay gente que al verlo se desmaya. Acaso es usted de los que mira por detrás los tapices? De los que abre los ordenadores para ver cómo son por dentro? Salvo que se sea profesional, eso es lo raro, la verdad. Incluso aquellos simpáticos relojes de pulsera Swatch transparentes que enseñaban las tripas no pasaron de ser una novelty, porque una cosa así se puede contemplar un minuto y hace gracia, pero… de verdad se la quiere usted pasar mirando ruedecillas y engranajes si no está viendo una película de Chaplin?

Las cosas tienen dos partes, a saber: la de dentro y la de fuera. Y la de dentro (o de detrás) no se ve, gracias. Pero Estatuas Verdes, siempre a la vanguardia de la chorrada lleva unos meses constatando con preocupación una turbadorísima tendencia: los restoranes con cocina a la vista de la clientela. “Ja, ja, ja, ja! Qué buena idea!” …O no.

Ya sé lo que me vais a decir: “Se llama show cooking”. Sí, sí, sí, ya lo sé, señora: yo también veo el telediario de Antena 3. Y también sé que una cosa es que en un momento determinado –como novelería- pueda tener cierta gracia ver cómo preparan tal o cual plato, o ver cómo te fríen a la plancha lo que sea pero por lo general, cuando la comida llega a mi mesa me suele gustar que ya esté terminada, mucha gracias. Igual que me pongo un traje o me leo un libro y no soy el jodido Funes el Memorioso, no necesito imaginar ni mucho menos ver cómo se ha cultivado el algodón, se ha hilado la tela, se han cortado los patrones, se ha cosido la sisa, etc. o lo mismo para el símil del libro, que ahora no me apetece completar, pues de igual manera digo que cuando me llega una elaboración a mi puesto de comensal no quiero saber cómo ha sido elaborada.

Y si lo quisiera, ya me enteraría de la receta, o buscaría en internet las técnicas culinarias, o vería un programa de cocina en la tele, que son cojonudos y me encantan, con la posible excepción de que no estoy yo allí delante sentado esperando a que Arguiñano termine para zampármelo. Si Dios permitió que en la evolución natural la cocina y el comedor sean dos habitaciones diferenciadas, por mucho open concept, cocina americana y el programa ese de Divinity donde derriban paredes a la hora de la siesta, qué infame bromista urdió la idea de que a los clientes de un bar o restorán les apetecía ver cómo les preparaban las cosas? Sin duda, uno que no vio el episodio de Chris Peterson en el que nuestro chico se hacía Inspector de Sanidad y se le caían los ojos al suelo…

Porque una cocina no es bonita, amigos. Y lo sabéis. No es vuestra madre pelando guisantes con cariño, o un calvo venezolano preparando con sumo cariño una brunoise, como en la tele. La gente en las cocinas de verdad saca las cosas de tupperwares trasparentes, echa las salsas desde esos infames biberones que los de mi generación asociamos al kétchup y la mostaza de feria y cuando emplatan algo, lo hacen con la prisa, desgana y poca gracia de quien está trabajando, que es precisamente –oh, sorpresa- lo que están haciendo los que cocinan en bares y restaurantes a los que usted acude como cliente.

Los llamados “gastrobares” están haciendo mucho daño, digámoslo ya. Su sola existencia ha provocado cataclísmicos cambios en nuestra forma de consumir el papeo. Ahí están si no para atestiguarlo los famosos platos cuadrados o esos recurrentes debates en la radio local sevillana acerca de la “muerte de la tapa”. A algún genio debió de ocurrírsele que, si ver a cocineros orientales preparando un wok con energía o enrollando sushi mola (y ha podido molar exclusivamente por lo exótico, no nos engañemos), lo mismo molaría ver untar una tosta de paté. Pero no. Asistir a un flambeado mola, amigos, pero ver cómo un bigardo que a lo mejor no lleva las manos todo lo limpias que nos gustaría coge verde de un tupperware y nos la echa en un bol para luego regarlo con un biberón de vinagreta, pues no me apetece contemplarlo en directo a dos metros de mí, gracias.

Llamadme nazi (de hecho, lo hacéis a diario) pero este año me ha llegado a ocurrir que fui a un restorán a comer en el trabajo, me pedí salmorejo, uno de mis platos favoritos, imposible de hacer mal, y como estaba sentado enfilado con la puerta (abierta) de la cocina pude ver cómo la cocinera, con sus santos cojones, me llenaba el plato con un cucharón gigante ahondando en una tarrina de dos litros de salmorejo prefabricado. 9 euros vale el menú del día en ese sitio. Recientemente también, en un por otra parte excelente gastrobar de Miciudad, de esos de platos cuadrados de pizarra, vi –por estar la cocina al aire, detrás de la barra- cómo el cocinero recogía de la mesa unas migas de tartar de salmón que se le habían caído en la mesa en el trasvase del tupperware al plato cuadrado, y las ponía en el plato, oiga, con asaz desparpajo (“Nadie me ha visto” –vous comprenez, salvo que tu cocina no tiene paredes, chulo, parece que la ha diseñado Hillary, la decoradora del canal Divinity).

Y no es que uno sea un ingenuo y piense que en las cocinas de los bares y restoranes reina la paz como en las canciones de los Payasos de la Tele, ni que las gastrotapas las preparen los ángeles mientras los cocineros levitan (como en un jodido cuadro de Murillo); veo el programa del Chef Chicote (Respec’!) y me doy cuenta de cómo rula la cosa. Pero precisamente por eso, amigos restauradores, gastrofamilia, es que me gusta la fantasía y la alegría de que me traigan a la mesa o barra una cosita rica donde antes no había nada, es parte del encanto, que se rompe si tengo que ver a vuestras cocineras con zuecos de goma y el dedito amarillo de nicotina. Mantengamos la ilusión, no? Será todo mucho más agradable: los Reyes Magos, el Ratoncito Pérez, la extra de Navidad, las cocinas armoniosas y creativas: hay cosas que no existen pero da calorcito creer en ellas. De modo que acabo este post sobre la cocina de los locales como el clásico acababa su poema:  “¡Yo no quiero verla!”

 

martes, 18 de diciembre de 2012

Segunda Edad de Plata del pop morralla


Hasta los más instruidos de entre vosotros me consta que andáis revolucionados con el tema del Apocalipsis maya; sabéis que a mí eso me suda el ojjj… porque me parece una ordinariez. Todavía si fuera maya-tolteca… Pero es cierto que la peña anda motivada con el temita, y no hace falta que la NASA venga a desmentirlo, es que los lectores de Estatuas Verdes hace tiempo sabemos leer las señales del Fin del Mundo sin (casi) inmutarnos. Pudiera achacarse a dicho fin de los tiempos el éxito de un programa como La Voz en Telecinco, o la proliferación de éxitos de pop bailable y sencillote pero altamente satisfactorios que satura el espacio audiovisual últimamente.
Soy un nazi de la música, dejad de gritarme. Me gustan los Beatles, el power-pop, el doo-wop, los Beach Boys, etc, pero hasta yo sé que hay que trabajar una migajita la música pegadiza y fácil porque es lo que suena en la radio, lo que ponen en los bares y en las fiestas. En otras palabras, sé que no puede uno pretender ir a una boda y que en la barra libre el DJ pinche a los Beatles, los Stones, los Kinks, David Bowie, Elvis Presley, Antonio Machín o Pulp. Mola la musicota onda Europa FM, y en las últimas semanas, una esforzada escucha de esta emisora y del programa Top 20 Downloads de MTV me ha hecho caer en la cuenta de que nos encontramos ante una maravillosa ola de éxitos basura como no recuerdo en más de una década. Y he puesto música en bodas.


Los G.R.A.N.D.E.S. del pop meloso se han puesto de acuerdo para sacar exitazo este otoño: ahí va en cabeza Pitbull, con su “Don’t Stop the Party” (obvio las colaboraciones y los feat., que eso daría para capítulo aparte), Juan Magán que no deja de proporcionarnos alpiste, David Guetta contraataca con temazo nuevo: “She-Wolf”, por la banda se destaca Robbie Williams con su espectacular número uno “Candy”, Ke$ha y su “Die Young” prometen darnos tardes gloriosas de cubateo estas navidades, Will.i.am –el talentoso de Black Eyed Peas- se sale de la pelleja con “This Is Love” y ahora saca una colabo con Britney Spears, quien a su vez ha cortado el bacalao este año consagrándose como la mujer mejor pagada del showbizz.
Sigo. Carly Rae Jepsen aún triunfa con su “Call Me Maybe”, Taylor Swift ha dado el sorpasso con su adolescente “We’re Never Ever Getting Back Together”, por no hablar del adelanto del  nuevo álbum de Enrique Iglesias “Finally Found You” o del último llenapistas del imprescindible Flo Rida: “Whistle”. A Jennifer López parece que le han dado cuerda, con o sin Pitbull sigue arrimando candela con su “Dance Again”, “Papi” y otra que ahora no me acuerdo y no me apetece mirar (desde el respeto). Y Bruno Mars y su nuevo “Locked Out of Heaven”? A Nicky Minaj y su “Starships” también le queda partido, lo mismo que al “Drive By” de Train o al “Stereo Hearts” de Gym Class Heroes.


Podría seguir, pero me entra jaqueca, tal es la avalancha de temazos imposibles de no bailar, y como miremos atrás dos años la cabeza nos explotaría estudiando la cantidad de canciones de Shakira, Juan Magán, David Guetta, Jennifer López, Paulina Rubio o Pitbull que nos hemos zampado. Todo me gusta excepto Jason De Rulo, porque a mí no me gusta el pollo (como al del chiste). Ante tamaña playlist no es posible negar la evidencia: nos encontramos sin lugar a dudas ante una Edad de Plata del pop basura. Ah, y “Gagnam Style” tampoco me gusta. De nada.
Y por qué “edad de plata”, Porerror? No sería –acaso- mejor decir edad de oro, con la ventaja añadida de que es el oro el metal precioso señero de Estatuas Verdes? Pues señora, pongo plata porque me da la gana, porque el símbolo químico de la plata es Ag, porque en inglés se dice silver, porque plata rima con Afrika Bambaataa, porque puedo… hacen falta más razones?

 

martes, 20 de noviembre de 2012

Hay que ver lo que gusta en España una gorrilla de obrero, cojones!!!


A estas edades, uno tiene que cuidarse más, y lo mismo que las resacas son más peligrosas y que debemos consumir menos colesterol, grasas o lo que sea, se hace palmaria la necesidad de proteger nuestros paladares audiovisuales frente a la ingente cantidad de atentados que se nos lanzan desde las ondas, y por una vez no me estoy refiriendo al Follonero. Por si acaso –y hablando de todo un poco-, mejor no os cuento lo que he comido y bebido durante este fin de semana.

Pero vayamos al tema que te quema. Entre documentales sobre desahucios y películas sobre vampiros, constato en la tele española una tendencia firme, no diré preocupante pero a lo mejor vosotros sí lo queréis decir. Al lorito con las series “de época”, en las que los protagonistas lucen (cómo no, las cosas se hacen bien o qué?) ropajes “de época”. De qué época? Ahí está el truco, señora! La cosa es que no sea la de ahora. Parafraseando a nuestro admirado Elvis Costello, “no sé qué época será, pero estoy seguro de que la mía no”.

 
Es un hecho universalmente aceptado que los productos audiovisuales deben estar decorosamente ambientados, y no me refiero a que no se vean tetas (desde el respeto al busto femenino), decoro es que las cosas sean como deben de ser. Usted estuvo en la época romana para decir que Gladiator (1999) estaba de puta madre ambientada? Ya ya ya: shshshshshsh!!!! Pero nos lo tendremos que creer, y en alguna ocasión he dejado caer por aquí ejemplos de obras cuya época ni usted ni yo hemos vivido de primera mano pero que nos la hemos creído por digna (la última, la peli del Garci).
 
Entonces, a qué viene este rollo, cuál es el problema? El problema es que al parecer la moda audiovisual, cuyo origen quiero cifrar arbitrariamente en Downton Abbey (2010- ), es que ahora triunfan las series de época, de principios de siglo XX, o finales del XIX, o vaya usted a saber. Amar en tiempos revueltos (2005-2012 ), for example, no trataba de la Guerra Civil? (Cómo no?). Entonces, por qué la última vez que la vi salía Franco junto a Eisenhower? A lo mejor ya va por el baño de Fraga en Palomares… (Ahora me acuerdo que un amigo mío solía hacer la broma de que llegaría el momento en que el eje cronológico de Amar en… alcanzaría el momento en que empezó Cuéntame, serie de 2001-2012, ambientada en 1968, y ambas series implotarían).

 
Por ahí han campado o campan Bandolera (2011- ), El secreto de Puente Viejo (2011- ), Tierra de lobos (2010- ), La señora (2008-2010), 14 de abril. La República (2011- ) o Gran Hotel (2011- ), todo con tal de que las hembras luzcan encajes, moños y sobre todo…. que los varones se pongan gorrilla. Digo “varones” y “hembras” porque estoy hablando de otras épocas, estamos…? Esa gorrilla de obrero o campesino, esa gorrilla que se aplasta sobre el cráneo, que en inglés se llama flat cap y es símbolo en Gran Bretaña del norte minero y astillero, esa gorra que no duda en trocarse marinera en los carnavales de Cádiz, como imprscindible atributo de las comparsas con trasfondo social… otrora símbolo de pertenencia a la clase trabajadora, por no decir “baja”, frente a los sombreros que llevaban los señoritos. Era otra época, durante los siglos XIX y XX, antes de que se impusiera la moda conocida como “sinsombrerismo”.
 
En estos tiempos revueltos (lo digo por la economía, la política, el Betis…), asistimos a grandes prodigios televisivos. La semana pasada, en la presentación de una novela, me entero de que termina en TVE 1 Amar en tiempos revueltos, pero pasa a Antena 3 bajo la denominación de Amar es para siempre (2012- ), y por si esto fuera poco ayer en TVE 1 veo antes de El tiempo (inequívoco espacio para los publirreportajes de autobombo) un publirreportaje de autobombo de la añorada serie La señora. Significa esto que van a reponer La señora? Nos encontramos ante un nuevo Verano azul (1981)?

 
Alguien me susurra entre la emoción y el miedo: “Vuelve La señora, una temporada nueva”. Entonces por qué he visto en los anuncios a Adriana Ugarte, si al final moría? [SPOILER ALERT]. Vuelve y no vuelve: vuelven a ponerla repetida, acaso aprovechando el actual tirón de Rodolfo Sancho, del que también fui cumplidamente informado por unas féminas el jueves pasado. Pero tú dijiste que La señora molaba, Porerror! Ya, ya, ya, ya: shshshshshshsh…

miércoles, 31 de octubre de 2012

Wilco: Will Comply



Es apenas dos semanas después que mis cansados ojos y oídos (y mi infectada faringe) me dan tregua para permitirme testificar sobre lo MÁS GRANDE, que me fue dado presenciar el pasado 18 de octubre en Sevilla, a cuyo Auditorio Rocío Jurado me desplacé hace casi dos semanas. Lo MÁS GRANDE? Id est: un concierto de Wilco, señora. Mi aparente mutismo y/o desidia a la hora de actualizar Estatuas Verdes no me impedirá –ahora que se acerca el 5º aniversario de un blog que al que solo los más fieles seguís atentos- contaros que el pasado jueves 18 en Sevilla conocí la canela.

Un concierto de Wilco es como si todos los planetas se alinearan, como si los edificios altos temblaran, como si yo fuera el hombre que te quiere. Ya tuve la suerte de verlos en el Territorios 2009, un set mucho más corto aunque igualmente edificante, pero miento: este concierto último ha sido infinitamente mejor. Es que Wilco son mejores ahora? Puede que sí, señora, aparte de que desde entonces han sacado un discazo nuevo (The Whole Love, 2011), el curioso fenómeno personal que se ha producido en estos años es que yo me he dedicado a escuchar su música como si la fuesen a prohibir (ya sabéis lo que puse aquí del Yankee Hotel Foxtrot, 2002).


“Wilco? No los conoce nadie!” –me decían varias personas cuando les contaba acerca de una ilusión que me duraba desde que compré la entrada en el mes de julio. “Ya ya ya ya: shshshshsh!!!” –era siempre mi respuesta, de nada valía que yo explicara que cada vez que vienen a España salen en el telediario de TVE 1 (y lo que dice Ana Blanco es importante, verdad?). O que tratara de describir su estatus de critic darlings como probablemente la banda alternativa más respetada del mundo (con permiso de Radiohead). A mí me daba igual porque Wilco son, han sido y serán “Nº1 en mi casa”, por rescatar esa expresión que acuñé en la adolescencia para hablar de aquellos grupos musicales que me flipan pero que a la peña parecen no importarles.

Pues así aconteció que, teniendo en mi poder toda la discografía del grupo de Chicago, habiéndola escuchado intensivamente, habiendo petado mi perfil de Facebook de fotos de Jeff Tweedy en traje Nudie y con los arañazos todavía de envidia a los que disfrutaron de su triunfante actuación en el pasado Primavera Sound de Barcelona, acudí a ver a Wilco. Ah, y también me había estudiado sus más recientes setlists de los conciertos de Barcelona, Madrid, Bilbao, y dos en Italia, por ver si averiguaba por dónde irían los tiros del repertorio sevillano (no llego a los niveles del buen Mojaquero, que se estudia las letras antes de los conciertos, pero esta vez quería ir preparado). 


Difícil, porque los setlists varían mucho en composición y extensión, cada concierto es una sorpresa.
El concierto en sí: en inmejorable compañía (bueno, solo me faltó saludar al buen Fritanga, que andaba por allí también, amén de no menos de seis miembros del afamado blog literario Estado Crítico), Wilco aparecieron puntuales a las 22:15. Lo que ofrecieron a continuación durante dos horas fueron 25 bofetadas para la conciencia o 25 cucharadas de jarabe para el alma, según se prefiera. Al decir de los mayores wilcólogos que conozco (con permiso del buen Malatesta, de quien confieso me acordé durante todo el concierto), la banda lo bordó, tocaron cojonudamente, todos dimos gracias por haber coincidido en el espacio/tiempo con Nels Cline -el Guitarrista que bajó de los Cielos- y el repertorio nos satisfizo por completo (mejor que el de Madrid, Barcelona y Bilbao).

El sonido no fue de 10, también hay que decirlo, hubo un pelín de saturación o no sé si es que yo me encontraba demasiado cerca de los altavoces, pero la voz de Jeff Tweedy se escuchaba perfectamente, y cuando tocaban con tres guitarras me parecía estar viendo a Buffalo Springfield después de ir al gimnasio (en palabras del buen Fran G. Matute, quien también estaba allí, “Suenan cojonudos!”). Todos hicieron su gracia, no solo Tweedy y Cline: Glenn Kotche se puso de pie tocando la batería, Pat Sansone tocó hasta las maracas y Jorgensen y Stirratt también estuvieron estupendos a los teclados y el bajo, respectivamente. Mi recuerdo del concierto es un frenesí detrás de otro (para diversión y asombro de mi novia), y el mejor recuerdo con el que puedo dejaros es plantificar aquí el setlist.


Nunca lo hago (nunca lo he hecho, en verdad), pero nada de lo que diga o las pinceladas que dé sobre tal o cuál canción podrán ni empezar a transmitir mis sentimientos al escuchar esta música. Mmmmmmm….. Parafraseando a vuestro admirado Lopico de Vega, ¡esto es Wilco! Quien lo probó lo sabe...

1. Dawned On Me
2. War On War
3. I Might
4. Ashes of American Flags
5. Born Alone
6. Spiders (Kidsmoke)
7. Misunderstood
8. Art of Almost
9. Standing O
10. Via Chicago
11. Impossible Germany
12. Jesus, Etc.
13. Hate It Here
14. Handshake Drugs
15. Shouldn’t Be Ashamed
16. Whole Love
17. Heavy Metal Drummer
18. I’m the Man Who Loves You
BISES:
19: California Stars
20: You and I (a dúo con “my good friend Elena”, según Jeff)
21: The Late Greats
22: Monday
23: Outtasite (Outta Mind)
24: Hummingbird
25: A Shot In the Arm

(Fuente: wilco.net … que servidor no es tan freak!!!)

jueves, 4 de octubre de 2012

La commedia è finita


Woody Allen: Exceso de tragedia? Ja, ja, ja, ja, ja, jajota. Woody Allen… habría tanto que decir… el cultureta, el denostado, estuvo de moda, ahora no, a todo el mundo le gustó Match Point (2005)… ahora resulta que es un genio, ahora resulta que es un mierda… este debate me aburre, de modo que zanjémoslo de una vez por todas: Woody Allen es un genio. De nada.

Que Woody Allen es uno de mis G.R.A.N.D.E.S. es algo que ya he contado en varias ocasiones (me da hasta pereza buscar los links donde he hablado de él). Como director de cine será así o asao, pero para mí va más allá, es un crack como creador de historias, de personajes, como pensador, como agitador cultural, como bufón… me encantan sus discos de monólogos y sus relatos y obras de teatro, además de sus películas. Cada año hace una, está claro que no todas puede ser maravillosas ni obras maestras pero es necesario verlas porque como mínimo suelen estar entretenidas.


A mí Midnight In Paris (2011) me pareció un prodigio, a la altura de sus grandes obras, sinceramente qué puede tener de malo una película tan maravillosa y vitalista. Que es una fantasía? Que no es real? Señora…usted se ha dado cuenta de que estaba viendo figuras de colores en movimiento sobre una sábana blanca? Se llama ficción cinematográfica, gracias. Ahora nos llega A Roma con amor (2012), la última del G.R.A.N.D.E., rodada en… precisamente (aquí otra salva de críticas: que si Allen es un pesetero, que si se va a rodar a donde le dan dinero, sea Oviedo, París, Roma o Londres… Exacto. Y…?) Lo que si debiera ponernos en guardia acerca de esta película es que en ella participa el siempre chocante Roberto Benigni, algo que sin duda es motivo de que muchos nos llevemos la mano a la cartuchera. Y Penélope Cruz, otra que tampoco es santo de la devoción de muchos de vosotros.

La buena noticia es que tanto uno como otra están correctos en la peli, es más, están cómicos, que es lo que se pretendía, de modo que por ahí, genial. Sabido es que Allen siempre utiliza para sus producciones a los anti-actores (desde el respeto): por ejemplo Owen Wilson, el Bardem, el nota de American Pie, Leonardo Di Caprio, Will Ferrell, Scarlett Johansson, etc… Aquí, además de los citados aparecen el propio Allen, Alec Baldwin o el nota de La red social, amén de decenas de actores italianos que nadie conoce (A excepción de Ornella Muti, en su mejor papel desde Flash Gordon, 1980).


La historia es simple: se trata de cuatro historias diferentes no entrecruzadas, mira por dónde una novedad. No existe ninguna absurda maleta ni habitación de hotel que proporcione la débil excusa para entrelazar los cuentos. Son cuatro historias de amor cómicas con el único denominador común de desarrollarse en Roma. No quiero desvelar demasiado de la trama, digamos que en las cuatro historias, enmarcadas por una especie de narradores absurdos, aparecen elementos inexplicables o fantásticos (onda Cortázar, no onda Tolkien). Estos elementos, que por pueriles u obvios no dejan de funcionar, proporcionan la fuerza cómica detrás de la película, al servir de estímulo para que se desarrollen unas tramas que de otro modo no tendrían interés.

Tampoco faltan los chistes ateos y macabros, el palotismo sexual y los comentarios culturetas de rigor: sus citas de Rilke, Ezra Pound, W.B. Yeats y lo que se ponga por delante, pero imbricados en la trama de una de las historias de manera muy graciosa y eficaz.  Si no, no es una peli de Woody Allen, eso se sabe.


De las cuatro historias quisiera destacar especialmente dos: la de Roberto Benigni (dejad de gritarme), una fábula sobre la fama que nos recuerda mucho al experimento que realizó hace poco un pavo anónimo que se hizo seguir por unas cámaras en Times Square (es un caricato y se llama Brett Cohen, ved la cosa en YouTube: merece la pena) y la del propio Allen, quien hace de suegro de una chica americana que se promete con un italiano y ambas familias deciden conocerse. Esta última historia me hizo reír tanto que no me podía creer lo que estaba viendo en pantalla, no voy a contaros por qué para no fastidiaros, pero baste decir que son las mejores escenas de ducha desde Psicosis (1960), y las mejores versiones del Pagliacci (1892) de Leoncavallo desde Queen…


Con estos mimbres no podéis dejar de ir a ver A Roma con amor, no os voy a mentir, no se trata de una de las mejores películas de Woody Allen, ni es una obra maestra, pero es entretenidísima, a ratos graciosísima. A mí eso me basta, y me sirve para conjurar todas esas críticas de mal rollo que me estaban llegando sobre esta peli. Si os da coraje Woody Allen, lo que digo siempre: no la toquéis ni con un palo. Pero si sois personas normales, acercaos a verla, hombre, y no os arrepentiréis.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Compañeros. Buenos.

Hace casi ocho años empecé en una empresa en la que a día de hoy continúo trabajando (toquemos madera). Aunque estuve un cuatrimestre de prácticas en una oficina de Miciudad, mi auténtico bautismo en la compañía tuvo lugar en 2006, cuando me incorporé a una sucursal de un cercano pueblo, a tan solo 3 km de donde vivía. Allí empecé a aprender de verdad el trabajo que aún hoy desempeño, y aunque decía León Felipe que “no sabiendo los oficios los haremos con respeto”, debo decir que mientras más aprendo más me doy cuenta de que menos sé y cada vez le tengo más respeto a mi profesión, casi tan denostada por la sociedad como la de entrenador de fútbol.

Casi ocho años después trabajo mucho más por mucho menos sueldo y (lo que me irrita e entristece a partes iguales) en mucho peores condiciones laborales. Esto me irrita y entristece porque yo cada año se supone que soy mejor profesional, que lo hago mejor, que sé desenvolverme con más soltura, que he dejado atrás las inseguridades y los titubeos iniciales. A veces recuerdo mis comienzos en aquella primera oficina: me encontré con un grupo de compañeros de talla excepcional, muchos de ellos en mi misma situación de novato, y puedo decir con orgullo que a día de hoy algunos de ellos se cuentan entre mis amigos. Hemos ido juntos a bautizos, bodas, funerales, hemos hecho viajes, hemos compartido cuitas y alegrías, y estamos bastante al tanto de la vida de los otros, más allá de las típicas cervezas a la salida del curro.


Además de estos amigos, 4 ó 5, imposible que fueran más, guardo un excelente recuerdo de los demás compañeros, cada uno con sus peculiaridades me enseñó algo y me hizo crecer como trabajador y –por qué no decirlo- como persona. En total seríamos unos cuarenta y tantos, de la mayoría me acuerdo bien. Mis amigos de entonces y ahora y el resto de compis teníamos una relación envidiable, la verdad es que ya por aquella época éramos algo conscientes de estar viviendo un momento especial, pero no podíamos calibrar del todo el impacto que aquellos dos primeros años formativos iban a tener en nuestras vidas. Todavía no hace 25 años de aquello ni nada por el estilo pero, me creeríais si os dijera que anoche, por un segundo, sentí esa emoción de la que siempre abjuro: la nostalgia?

Uno de aquellos compañeros, con los que más estrechamente colaboré, era un hombre bueno “en el buen sentido de la palabra”, que diría Machado. Hace varios años enfermó de cáncer y aunque la preocupación se nos dibujó a todos en el rostro él lo llevaba con admirable entereza. Fuimos a visitarlo cuando se dio de baja, sufrió los cambios físicos de la enfermedad, pero nunca nos negaba su sonrisa y su bonhomía, porque sé que suena a buenrrollismo barato, pero pocas veces me he encontrado con una persona tan buena sin aristas, sin una agenda oculta, tan generoso y entregado. Se llamaba Gaspar.



Supe de él, tras mi traslado a Cosica, que parecía haber remontado, que se había vuelto a incorporar al trabajo, cosa que me dio mucha alegría. Hará cosa de un año lo vi por la calle y estuvimos hablando. Este pasado mes de julio me encontraba en Lieja, visitando iglesias y comiendo kebabs, cuando me llegó una noticia por wasap que me obligó a sentarme en un banco público: mi compañero Gaspar había fallecido. Me dio una pena inmensa, os confieso que en su día, años atrás, incluso le había dedicado un poema (que nadie ha leído). Me afectó mucho la noticia. 

“No somos nadie”, etc., pero es que en realidad no somos nadie. Pasó el verano y unas emociones fueron sepultando a otras, hasta que ayer al mediodía recibí la sorpresa de una convocatoria a misa en recuerdo de nuestro compañero Gaspar. Por supuesto que acudiría, en seguida continué la cadena de avisos, y por la tarde-noche asistí al acto, emotivo y triste, como corresponde. Pero Dios me perdonará si digo que salí de la iglesia contento. Contento de ver a tantas caras conocidas, compañeros de la primera época que (mejorando lo presente) son los mejores que he tenido. Contento de ver cómo personas a las que hacía años que no veía y de las que no sabía nada se alegraban de verme, rememoraban viejos tiempos, protestaban porque nunca nos reuniésemos los que coincidimos durante aquella época. Las típicas promesas se hicieron en voz alta, yo sé que eran sinceras igual que sé que difícilmente se cumplirán. 


Pero ese es el rito del contacto humano, fuimos compañeros, guardamos buenos recuerdos los unos de los otros, ya es mucho. Durante la misa, entre los bancos de la iglesia descubría tal o cual cara y esta me retrotraía a una determinada anécdota. Estaba en un estado de franca emoción, luego a la salida me pasé más de media hora saludando, dando abrazos y besos. Una de mis compañeras, de las que ahora son amigas, me espetó semiperpleja: “Te puedes creer que estoy sintiendo nostalgia, tío?” (Como queriéndome decir “que soy gilipollas?”) Tan solo pude contestarle la verdad, claro: “Y yo también.”

martes, 25 de septiembre de 2012

Holmes & Watson. Madrid Days: Jelou?

-“Hooostia. Pero, ¿por qué?”
(Luis Manuel Ruiz)

Queridos lectores, tras un paréntesis estival más largo de la cuenta del que pensaba regresar con otros temas, gravísimos acontecimientos me obligan a escribir este post, a saber: EL GARCI HA ESTRENADO UNA PELÍCULA SOBRE SHERLOCK HOLMES. Ba, ba, ba, ba… ahora resulta que todos lo sabíais, que todos habíais visto las portadas de ABC con Gallardón figurando de Albéniz (shshshshshsh!!!), etc… pero lo que más me ha dolido es que se me hubiera ocultado que el encargado de interpretar a Sherlock Holmes no es otro que Raymond Douglas Davies, el afamado cantante de los Kinks. O eso, o era Gary Piquer.

Hace dos semanas voy en mi coche camino del trabajo, circulando por una afamada recta en la que es notorio que multa la Guardia Civil, cuando me quedo paralizado al volante. Frío. Motivo? José Luis Garci es invitado al programa de Carlos Herrera (ese que me gustaba tanto, recordáis?) para promocionar su última obra: una peli “postal” (Nacho Camino dixit) decimonónica sobre aquel Madrid que se nos fue, galdosiano, barojiano, previo al 98, ese “prisionero en la Arcadia del presente” (por citar a vuestro admirado Antonio Machado)… ese Madrid de los cocidos de Lhardy, las porras en la Chocolatería San Ginés, el agua, los azucarillos y el aguardiente. 


Hasta ahí, todo normal. Garci, el grande. Garci, el gran director de cine cuya mejor obra fue un programa de televisión. Garci, el del Oscar. Garci, el amigo del Prada, de Torres-Dulce, del Cuenca… el retratista de esa España en sepia, el nostálgico mal que le pese de los Años Bárbaros del Franquismo. El devoto de Howard Hawks, John Ford y Frank Capra, por poner tres ejemplos. Lo novedoso, lo que cuaja la sangre, es que también al parecer es Garci el holmesiano. Y no se le ha ocurrido otra cosa que ambientar una aventura de Holmes en Madrid, algo por supuesto apócrifo y ajeno al canon de Arthur Conan-Doyle. Pero de Holmes ya se ha dicho de todo. 

Si hasta se dejó entender que era maricón! Si Holmes puede ser un zorro de dibujos animados, o un fantoche con teléfono móvil, o Robert Downey, Jr. disfrazado de sofá, si hasta Billy Wilder (otro santo de la devoción de Garci) se atrevió a hacer una peli sobre Holmes en la que creo recordar salía un submarino… por qué no iba a poder recrear a Holmes nuestro director de cine más clasicón? Holmes & Watson. Madrid Days: lo sé. Solo el título debería ser constitutivo de delito, pero aún así servidor de ustedes acudió a verla. ¿Por qué? Si de verdad necesitáis que os responda a esta pregunta no sois lectores de Estatuas Verdes.

Yo no leí todo el canon holmesiano y vi de chico El secreto de la pirámide para esto! Como también he leído a Baroja y a Galdós y he escuchado a Albéniz (bueno, a los Doors, al menos…) tenía que ver esta peli. Voy a verla y paso un estupendo rato. Poden ustedes los vicios del Garci, excesivo recreo en un preciosismo que puede llegar a aburrir, diálogos largos y complicados (eso sí, muy bien pensados)… y lo que tienen es una dignísima película no me atrevería decir que de acción ni de aventuras, pero sí que pasan cosas, oiga, y están interesantes.


Y hay misterio. Y está rodada con tanto gusto y tanto mimo que es imposible burlarse de ella. A excepción de las postales sepia coloreadas que sirven para separar escenas. O de Alberto Ruiz Gallardón con un gato por barba haciendo de Isaac Albéniz. O de un Londres de guardarropía recreado en el Parque de El Capricho. Pero maldades aparte, el esfuerzo de documentación y de recreación es muy notable… yo no sé qué aspecto tenían Lhardy o la consulta de un médico en el siglo XIX, pero veo esta peli de Garci y me lo creo. También alabo la apuesta lingüística de esta película: entre ellos, Holmes, Watson y todos los personajes británicos hablan un correctísimo español, convención a la que estamos más que acostumbrados en el cine USA, en el que dando igual de qué país se sea todo el mundo se expresa en inglés. Así y todo, por mor de un cierto decoro, cuando Holmes y Watson están en España se menciona que los dos saben hablar español, y Watson comete algunas incorrecciones para recordarnos que no se está expresando en su lengua materna.


La época fin de siècle que Garci ha querido retratar la doy por bien retratada: de hecho, uno de los temas de la película es la sensación de que el futuro se nos viene encima, de fin de una etapa y comienzo de una modernidad brutal y complicada, al menos para los que se habían criado en otra cosa (entre los que se incluyen los protagonistas). Holmes y sus monografías absurdas sobre puros contra el Marqués de Salamanca. El violín Stradivarius contra el ferrocarril. Etc. Otro gran tema es el amor, en cuanto a que se supone el único gran aspecto del alma humana en el que Holmes nunca llegó a penetrar (salvo que, con Billy Wilder, creamos que era mariquita). Aquí el love interest de Holmes es Irene Adler, cómo no, la socorrida aventurera yanqui de “Escándalo en Bohemia” y más allá. Sobre el tratamiento de este tema no estoy tan seguro, aparte del “amor” de Holmes están el de Watson por su esposa –aunque le ponga más una falda que a un tonto un lápiz- y el de un gacetillero por una cupletista, interpretados estupendamente por Víctor Clavijo y Macarena Gómez…pero creo que no está tan conseguido como el otro tema de la decadencia. 


Por lo demás, lo de siempre: guión a cuatro manos con Torres-Dulce, cameos de Chencho Arias y Luis Alberto de Cuenca, chistes sobre toreo y formol… Para, para, para, Porerror! Es que no piensas decirnos por qué cojones viajan Holmes y Watson a Madrid a investigar? Para eso vaya usted a ver la película, señora, que se la recomiendo. Holmes & Watson. Madrid Days, eh? Ya lo dijo Ray Davies: “Thank you for the days…”
 
click here to download hit counter code
free hit counter