Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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viernes, 24 de octubre de 2008

Suelo de historias


Por sorpresa en el email me llega una invitación para pasar un fin de semana en el campo extremeño el mes que viene. ¿Irás, no Porerror? Mmmmm… hoy es uno de esos días en los que he tenido que reducir a segunda para no atropellar a una oveja, o a una cabra, como vosotros queráis. Pero sí, iré. No me gusta el campo, no es una sorpresa, y vivir en Cosica no lo está mejorando. Pero ir a Extremadura es diferente. Llevaba unos días rondándome por la cabeza el escribir sobre esta región, a cuenta de la nueva campaña para promocionar su marca que estamos viendo en los medios últimamente.

Hablemos de Extremadura. ¿Por qué está tan agraviada en el conjunto de España? Conozco todas las autonomías españolas salvo Murcia y Baleares, y esta región es de lo mejorcito que hay. ¿Qué fama tiene? Caciquismo, retraso secular, incultura, vagancia, pobreza… ¿Está usted hablando de Andalucía? No, señora, por el estilo pero casi peor. Esta leyenda negra de Extremadura es resultado del tópico, la injusticia histórica, la mala información y la pereza. Es cierto, la región es de las más débiles económicamente de España, con paro, falta de industria… pero a veces no interesa saber por qué son así las cosas. Y sobre todo, no interesa cambiar los esquemas mentales y ver qué es lo que va cambiando para mejor.


He ido bastante por allí en los tres últimos años, incluyendo dos visitas al festival ContemPOPránea, y me fascina una cosita que les tengo que reprochar a los extremeños. ¿Cómo es que teniendo los tesoros que tienen (yacimiento tartésico de Cancho Roano, la Mérida romana, Monasterios de Yuste y Guadalupe, el casco antiguo de Cáceres, Plasencia…)? ¿Los parajes naturales (dehesa, Monfragüe, la Vera…)? ¿Los productos gastronómicos (carnes y chacinas ibéricas, quesos, verduras…)? ¿Cómo es que teniendo todo eso apenas lo publicitan? Con todo el respeto, ¿cuántas veces habremos de ver en la tele anuncios sobre los campos de golf y las playas de Valencia? Pero Extremadura, cortito de anuncios.

Podrían presumir de cultura, ahora que se reivindica lo irreivindicable. Tuvieron a Arias Montano, Carolina Coronado y Espronceda. Luego Felipe Trigo, Luis Chamizo, Francisco Valdés, Delgado Valhondo… sí, señora, son nombres de segunda fila, pero eso es precisamente porque nadie se ha encargado de decirle a usted lo buenos escritores que eran. ¿A que sí se había enterado de que Josep Pla o Rosalía de Castro eran genios? Pues eso. Contemporáneamente están teniendo bastantes nombres mediáticos: Luis Landero, Dulce Chacón (RIP), Javier Cercas… y Félix Grande, uno de los mejores poetas de España, también son de allí.


Es posible seguir con Los Chunguitos, Extremoduro, el torero Talavante, la gimnasta medallista Nuria Cabanillas, con peña de siglos pretéritos… pero tampoco es cuestión de hacer aquí un Who’s Who de Extremadura. Yo no, pero a lo mejor sus autoridades sí, y parte del problema radica en que no le dan suficiente difusión a sus logros, sus hijos ilustres y su patrimonio. Ahora con el rollo de la Marca Extremadura están empezando a hacer mucha propaganda, y eso está bien. Cultura, modernidad, ciencia, ideas, solidaridad, bienestar, son algunas de las ideas-fuerza que presiden esta campaña.

En los anuncios de la tele salen extremeños y extremeñas del candelabro como el novelista Sánchez Adalid, el baloncestista Calderón, el actor Alberto Amarilla, Berta Collado (La Sexta), Raquel Sánchez Silva (Cuatro) o Soraya OT. Y dada esta nómina cabe lícitamente hacerse una pregunta: ¿son todas las mujeres extremeñas guapas, graciosas y con talento? No, amigos, ahí está la cant…, la actr…., ahí está Bebe para atestiguarlo.


Esperemos que esta campaña (exagerada, como todas las publicitarias, pero igualmente lícita) sirva para algo y que la cosa no quede en un simple reclamo turístico: sé de lo que hablo, provengo de la “otra” región pobre y cateta de España. El turismo es un gran recurso pero no la panacea. Pero por algo se empieza. Y de paso, a ver si algún señor de la Junta de Extremadura llega a leer este post y le da por mandarme un lomo ibérico, siquiera cien gramitos liados en papel de plata, hombre.

martes, 16 de septiembre de 2008

Absurdo como... por soleares


“Deja que adivine en qué ciudad de Bélgica vivías: en Brujas, ¿a que sí?”
-Ana Corbalán en Física o química


Ahora que estoy en “todo lo contrario a Bélgica” voy a hablar de Bélgica, mire usted por donde. Habría tanto que decir… para empezar, yo siempre voy ahí comentando la leyenda urbana de que Bélgica (lo que es el país) es más pequeño que la provincia de Badajoz, cosa que no es cierta pero que sirve para dejar callado a cualquiera. Ojito, Badajoz es como más de dos tercios de Bélgica, con lo que si alguien os lo refuta pues decís que “es más pequeño que Extremadura” y entonces ya ganáis por goleada.

¿A qué viene esto, Porerror? ¿Te está afectando el siempre adocenante aire de Cosica? No, señora, viene a que yo soy mucho de Bélgica, me declaro fan de este país, y recientemente este sentimiento se ha actualizado al haber coincidido el sábado con varios residentes de la patria de Tintín y las papas fritas. Primer detallazo: ser la cuna de Tintín o las papas fritas ya sería, en solitario, motivo para encumbrar a una patria al rango de “cultura superior”. Pues bien, en Bélgica no solo crearon estas dos cosas sino que también inventaron los bombones. Y más cositas…



Pero vayamos por partes. El sábado pasado estuve en la boda de unos amigos, ocasión siempre agradable hasta que no se demuestre lo contrario (os debo un post revolucionario: a favor de las bodas), y resulta que uno de mis mejores amigos –invitado también-lleva varios años viviendo en Bruselas. Había en la cena otra chavala que también estaba viviendo allí, luego mi novia estuvo de Erasmus en Gante y yo he ido de viaje a Bélgica en varias ocasiones, igual que otros amigos… total, que ya la teníamos liada.

Bélgica mola, yo ya le pedí fecha a mi colega para volver a ir a visitarlo en primavera. ¿Y qué tiene Bélgica? Tintín es impalpable, y sus tebeos se pueden leer en tu casa, ídem comerte unos bombones o unas patatas fritas. Hablemos de una cosa belga que, si bien también la hay fuera en pequeñas dosis tiene allí sus mejores expresiones: el arte flamenco. La historia belga mola mogollón. Como país, son un invento revolucionario liberal del siglo XIX, pero llevaban dando caña desde hace siglos. Quien no me crea, que lea Astérix en Bélgica. Su Edad Media es chulísima, ese Franconato de Brujas, esos duques de Borgoña, y culmina con Caiser Karel (o sea, Carlos V), que nació allí.

Yo lo siento mucho, pero a mí me pone un montón ir a Yuste y ver retratos de Carlos V, ir a Gante y también, ir a Palermo y tres cuartos de lo mismo. Además, el arte flamenco medieval y renacentista es uno de mis favoritos, en concreto me chiflan los pintores llamados “Primitivos”, como los Van Eyck, Van der Weyden, Hans Memling, Dirk Bouts, sus cuadritos así, chicos, quiero decir, muy detallados, pintados al óleo, me parecen una perfecta expresión de su sociedad. Siempre andan llenos de objetos de lujo: ahí, joyazas, ricas telas, objetos suntuarios, que se vea bien que aquí estamos forradísimos. Y además rezamos, claro, a tope.


Mi cuadro favorito es la Adoración del Cordero Místico de los Van Eyck, que está en la iglesia de San Bavón en Gante (por eso se le llama también el Políptico de San Bavón). El matrimonio Arnolfini (National Gallery) o la Virgen del Canciller Rolin (Louvre) tampoco son mancos. Pero el Cordero Místico… para cajarse en las brajas. Cada vez que tengo la suerte de contemplarlo me paso más de una hora delante, y no es exageración (hay que decir que la audioguía se tarda casi tres cuartos de hora en explicarlo, tampoco tengo tanto mérito).

Me se va la olla hablando de los Primitivos Flamencos. En Gante, Ypres, Brujas, Bruselas, tenemos ejemplos de este arte a punta pala. Pero Bélgica también ofrece otros atractivos: un clima idéntico al de Gran Bretaña, numerosos locales turcos de kebab… es broma. Otro supuesto atractivo es el de ser centro político y administrativo de la Unión Europea, y otro más su bilingüismo beligerante, con el bello francés y la siempre divertida e ininteligible lengua flamenca (dizque “neerlandés”).

Como Bélgica es tan chica y tan modernota, se encuentra muy bien comunicada con autopistas alumbradas con dinero público, puntuales y frecuentes trenes de cercanías… Yo ya lo he dicho: he puesto plan de volver antes de que el país se desintegre, ahora que las comunidades flamenca y valona andan a la gresca.
 
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