Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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miércoles, 6 de febrero de 2008

El día en que el Mineralismo llegó (y IV)

Cuarta y última entrega de la crónica de mi experiencia pánica y patafísica en el congreso Factor Humano:


Fernando Arrabal nos contaba su entrevista con Grigori Perelman, excéntrico y huraño matemático ruso que resolvió hace dos años la Conjetura de Poincaré pero rechaza todos los galardones que por ello le han concedido (incluidas jugosas mordidas).

Arrabal: -¿Cuánto gana usted en la Universidad de San Petersburgo?

Perelman: -Mucho, el equivalente a 100 $ al mes. Pero yo no rechazo los premios, es que no me aportan nada. Ahora voy a dejar de hacer matemáticas.


Arrabal: -Pero Perelman, P-P-P… usted no puede dejar de hacer matemáticas, ¡el mundo le necesita! Hay nueve conjeturas, bueno, con la suya ocho (y otra les he dicho que la voy a descubrir yo), pues quedan siete todavía.

Perelman: -A partir de ahora me voy a dedicar solamente a tres cosas: a escuchar ópera interpretada por solistas, a analizar partidas de ajedrez y a ir al bosque a recoger setas.

Arrabal: -¡Olé!

Perelman: -Lo que yo he descubierto es una cosa obvia: un tubo, al ser cortado por la mitad, ¿crea dos hemisferios? Es evidente que sí. Es evidente en 2 dimensiones. Pues en 3, en 4…

“Y así,” –explicó Arrabal- “creó la Topología”. Tras esta informativa anécdota sobre Perelman y las matemáticas (reiterando que la matemática, el ajedrez y la poesía eran lo mismo -por algún motivo excluyó de este Olimpo la búsqueda de setas-), el orador se dispuso a dispensar otra perla de su peculiar sabiduría. Entró sin ambages a defender la cualidad de la imaginación (común a todas sus amadas disciplinas), “¡la imaginación al poder!” –le faltó decir. Pero en cambio, sí dijo:
“Imaginación no es lo que os han enseñado en las escuelas, Imaginación es un avatar de Mimesis
, la Memoria. Porque Imaginación es, simplemente, el arte de combinar los recuerdos”.

De aquí se pasó a otra serie de anécdotas (incluyendo algo sobre la historia del ajedrez en España durante la Edad Media), pero enseguida quedó claro que la “almendra” de la conferencia ya había sido impartida. Lo avanzado de la hora (habían pasado unos setenta minutos desde el comienzo) así parecía indicarlo también. Y aún así quedaba tiempo para otra gracieta. Tras expresar lo a gusto que se había sentido (entre poetas, ya se sabe…), don Fernando finalizó exclamando:
“Señoras y señores: si estuviéramos solamente en compañía de señoritas y yo, les contaría la historia de una orgía –la única- en la que participé con Dalí. Sin embargo, al haber aquí tantos caballeros, seguramente no podrían soportarlo, así que tendrá que quedar para la próxima ocasión”.

Tras la sonrisa y los aplausos de rigor, solo restaba que una señora de la mesa del estrado, que ostentaba un carguillo en la universidad, reiterara las gracias de todos los presentes por la lección magistral, etc, etc… alocución que Fernando Arrabal prácticamente interrumpió para dar las “de nadas”:
“Muchas gracias a… esta señora que ha hablado, que debe ser muchísimo más importante que mi novia, porque mi novia solo es catedrática de La Sorbona (hemos sido novios durante 50 años, novios formales)… ahí está,” [se puso en pie y saludó] “pero ella solo es catedrática de La Sorbona, y esta otra señora es Di-rec-to-ra… del Ser-vi-cio… ¡aquí hay un oxímoron! Aquí hay un oxímoron, sí, una contradicción. Aquí pone “Servicio de Promoción Cultural”, y eso no puede ser: no puede ser cultural si es de promoción”.

Y con esto Arrabal, en palabras de Cervantes (cuyo premio le cuelga de la nariz), “miró al soslayo, fuese y no hubo nada”.

sábado, 2 de febrero de 2008

El día en que el Mineralismo llegó (I)

Ver seguidas dos pelis tan intelectualmente exigentes como Los crímenes de Oxford y John Rambo me ha dado jaqueca. Por eso me pongo un disquito de jazz brasileño de Sérgio y Odair Assad y cierro los ojos. Entonces me acuerdo de lo que mencioné el otro día: esa conferencia de Fernando Arrabal a la que tuve la suerte de asistir, hace cosa de un año. Fue algo tan grande que recuerdo que me inflé de tomar notas (¡ojalá hubiera tenido una grabadora!), pero hasta ahora no se lo había contado a nadie. Siento que se lo debo al mundo, no me lo puedo guardar para mí, de modo que he decidido hacer una serie en Estatuas Verdes acerca del importante evento cultural. Lo que viene a continuación es la crónica deslabazada y sin ningún afán de imponerle significado de la conferencia de Fernando Arrabal titulada: “La condición humana. Las voces pánicas y patafísicas, fuera de tiempo”.


Muchos fueron los que me dijeron que me acompañarían, pero a la hora de la verdad (cuatro de la tarde del viernes nueve de marzo de 2007) me encaminé solo al salón de actos de la Escuela de Ingenieros de mi ciudad. ¿Motivo? Para escuchar una conferencia de Fernando Arrabal, ex niño prodigio, dramaturgo, pensador y celebrity de YouTube gracias a su memorable intervención en un programa de Sánchez Dragó a propósito del Milenarismo. Cuando llegué, la sala estaba de bote en bote pero hábilmente logré colocarme en primera fila. Iba a tener al maestro lanzando perlas a menos de tres metros.

A mi alrededor se congregaba la clase de público que abarrota estos foros: 50% de intelligentsia universitaria con barba ellos/pañuelo de colores ellas (todos con gafas) y 50% estudiantes que no saben ni el nombre de pila del conferenciante pero que andan ávidos de los créditos (1 crédito = 10 horas lectivas) que la asistencia dispensa. La conferencia de Arrabal se enmarcaba en un congreso de inspiración humanista llamado Factor humano: Voces de nuestro tiempo, que había contado con la presencia de, entre otros, el poeta Carlos Edmundo de Ory, el cantautor Luis Eduardo Aute, el científico Manuel Toharia, el historiador Santos Juliá, o los filósofos José Antonio Marina, Javier Sábada, Agustín García Calvo y Fernando Savater.

Ahora, en la clausura, el turno era para Arrabal, pero pasaba media hora de las cuatro de la tarde y el buen señor seguía sin aparecer. En la fila de atrás, dos profesores con chaqueta de pana repasaban anteriores conferencias y reflexionaban:

Profe A: Esta gente nos instala en la sospecha. Por ejemplo, García Calvo: si todo es falso, ¿por qué lo que él dice no?

Profe B: Hay una quiebra aparente entre lo que se hace y lo que se dice (lo que nos gustaría hacer).

Profe A: Es como la distinción entre lo “cultural” y lo “natural”, que citó. Matar ostras, si lo hacemos por crueldad está mal pero si lo hacemos por placer está bien: eso es cultural. Lo mismo podría decirse de los toros, ¿no? Yo se lo iba a decir al final.

Profe B: Me gustaría hacer una pregunta pero me faltan tablas, me siento inseguro.

Profe A: Es que aquí tenemos la dialéctica profesor-alumno reproducida en el estrado: conferenciante-público. Juegan contigo, se pueden reír de ti.

Profe B: Aquí vienen a lucirse. Ya han demostrado todo lo que tenían que demostrar.

Profe A: De todas maneras, a García Calvo no se le entiende. Savater es más didáctico.

Profe B: Es como lo que dijo sobre la Play Station 3 y su valor didáctico… Fernando Alonso admite haberla usado para aprender.

Profe A: Como pedagogo, yo no creo que sea una necesidad…

Profe B: Es lo que decían: “Enséñele usted primero a coger el lápiz y el cuaderno y a usar un libro…”

Profe A: Aquí venimos a ampliar nuestros horizontes y a escuchar reflexiones para poder nosotros construirnos nuestras propias ideas.

Una ovación silenció esta y todas las conversaciones del auditorio. Sobre el estrado aparecía un hombrecillo vestido de vivos colores que, tras besar con respeto la bandera se llevaba a los labios un micrófono. Después de comprobar que no funcionaba, dijo en voz alta “Y tras este momento de demagogia y besos…”. Había llegado Fernando Arrabal.
 
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