Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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sábado, 18 de julio de 2009

Ronaldo III, el Cristiano


(Este post fue escrito el pasado 6 de julio en Madrid)




Apenas estoy en Madrid el tiempo de un cambio de trenes, pero me da lugar a acercarme al Bernabeu, siempre atento a la época que me ha tocado vivir. Ya el otro día el buen Susu desenmascaró que en realidad Estatuas Verdes lo escribe Cervantes, y es sabido que en su día Cervantes se dio un garbeo por el túmulo de Felipe II para ver in situ en qué habían quedado tanto poder en vida y tanta gloria.

De similar modo, yo hoy me acerco a ver ese circo de dinero y sudores ajenos que alguien dio en llamar “fútbol”. Este espectáculo tiene también su anfiteatro máximo, en este caso el estadio Bernabeu, donde esta tarde los leones se van a comer a un cristiano. Desde varias manzanas antes distingo una auténtica riada de personas vestidas de blanco y/o morado: con el calor afloran camisetas y equipaciones más o menos oficiales de todas las temporadas habidas y por haber.


A medida que voy andando solo por la Castellana (joder, me siento Rosa León), la gran riada va haciéndose más compacta. Aparecen camisetas de la selección de Portugal (C. Ronaldo 17); veo a preadolescentes “princesas” madridistas que se han rotulado en el brazo idéntica leyenda: CR9, salpimentada con corazones, estrellitas y signos de admiración; hasta veo a una chica con muletas, ¿esperará que el buen C. Ronaldo le imponga las manos y la saque de su dolencia?

Me permito esta broma porque veo que no es minusválida, solo accidentada. Pero hay algo de acertado en mi conjetura, este Cristiano es más que un futbolista para esta gente, es un mesías. Sus ojos te lo dicen: esperan el milagro de los títulos tras una temporada de sequía especialmente dolorosa. Son la nación madridista, convertida en masa al nuevo cristianismo. Hoy consagran en su templo a Cristiano Ronaldo, el “deseado”. ¿Le harán abjurar del Barça, de su pompa y de sus obras (por si acaso)?

Yo no me burlo ni los desprecio, ojo: con lo friki que soy, si me fuera algo en ello seguramente sería el primero en acudir a un ritual así. Las inmediaciones del campo del Madrid hierven de camisetas, puestos de bufandas, banderolas y medios de comunicación: cuando llego a dieciséis unidades móviles dejo de contar. La gente hace cola (la entrada al acto de presentación del jugador es gratuita), se apelotonan contra los vomitorios, aúllan, rugen y braman: es el paroxismo de la tribu.


Los luminosos del estadio me informan de que la presentación del jugador será a las 21:00, con apertura de puertas a las 19:00. Miro el reloj y son las cinco y media: aún faltan más de tres horas para que dé comienzo el carnaval, y esto ya está que rebosa. No me da tiempo a quedarme, además ya tengo material de sobra para el post. Me largo a una cafetería cercana a escribirlo en caliente, así en crudaco, como se hacen estas cosas. Con lo que he visto, me voy del Bernabeu espantado (en el sentido portugués de asombrado). En buena hora se sacie la sed de esta gente, sea presentado Cristiano Ronaldo, el cani, el atleta, ultraman, el futbolista destinado a acabar con todos los futbolistas. Así sea.

lunes, 11 de mayo de 2009

Castilla me la pone dura


Creo en Castilla. Castilla me ha dado mi cultura. Decidí tener una educación castellana, pero aprendí a no deshonrar nunca a mis coloristas paisanos de Despeñaperros para abajo. Leí El Lazarillo, leí El Quijote, admiré a Felipe II, me emocioné con Machado, con la Catedral de Burgos… Aprendí a no distinguir al pronunciar entre la “b” y la “v”, pese a que lo hacían los cantantes argentinos de moda….

Creo que más o menos así comenzaba la monumental película El Padrino (1971), cuya escena inicial tenía lugar en una boda. El destino y mi inquieta imaginación han querido que este fin de semana me haya acordado de este discurso, pues he tenido la suerte de asistir a otra boda, celebrada en Valladolid. Esto me ha servido para constatar una tendencia de mi mentalidad que venía latente desde hace tiempo pero que es irrefrenable: admiro Castilla, la envidio. De hecho, salvo el clima, se lo envidio todo.

Pese a lo que tres décadas de delirios autonómicos nos hayan intentado hacer creer, Andalucía no es ni Marruecos, ni Cuba, ni “la California de Europa” (Pepote, vuelve!). Andalucía, para bien o para mal, es el sur de Castilla. Claro que hay muchísimas cosas diferentes, España seca vs. España húmeda, allí saben hablar y aquí no (es bromita: en realidad ocurre al revés, pero eso lo dejo para otro post), supuesta gracia andaluza frente a sequedad castellana… lo que ustedes quieran. Pero en el fondo, gracias, venimos de lo mismo.


A mí me parece maravilloso que en Córdoba, Sevilla o Granada haya numerosísimos restos árabes/musulmanes. También los hay romanos, pero que yo sepa Canal Sur todavía no ha decretado que andaluces e italianos seamos “misma cosa”. Llamadme cafre o lo que queráis, pero yo cuando transito por Andalucía lo que veo son iglesias, conventos, palacios, etc… iguales que los castellanos. Hace poco una amiga me contaba de sus deseos de casarse en la Capilla Real de la Catedral de Sevilla, donde por cierto, reposan los restos-mojama del Rey Fernando III el Santo. Este buen rey (re)conquistó lo más grande en el siglo XIII, y el otro día me emocioné al ver una placa en la Plaza Mayor de Valladolid, contando que allí había sido coronado en 1217.

Treinta años después, Fernando III bajó al “extranjero”, al Valle del Guadalquivir, y la lió parda. El mismo rey. Y desde entonces, somos la misma cosa que Burgos, Zamora y Salamanca (bueno, Granada desde los Reyes Católicos, ya se sabe).


Una de las cosas que más coraje me da es que se llame “castellano” a la lengua española, y es una violencia que está ratificada a nivel político, pese a ir en contra de la base científico-académica. Menos mal que fuera de España nadie hace caso, y nuestra lengua se conoce como español (incluso en Nueva York, tengo entendido). Pese a todo, y pese a no reconocerme en el habla castellana, me gusta saber que lo que yo hablo, el latín de ahora, sí me viene del castellano. Y me emociona ver las glosas silentes y emilianenses, leer con esfuerzo el Mio Cid, El conde Lucanor, El libro de buen amor…

Por ceñirme a la cultura escrita, sigo con Manrique, La Celestina, Garcilaso, Cervantes, Calderón, Lope (el convite de la boda tuvo lugar en el pueblo de Olmedo, no os digo nada…), Góngora (y él era de Córdoba, ¿no?), Quevedo... Tampoco voy a hacer aquí un listín telefónico, pero ya sabéis, se podría seguir. Casualmente la semana pasada me dio por comprarme un par de libros de Machado, entre ellos Campos de Castilla (1912), a cuyos poemas no me acercaba desde la infancia. Machado fue el primer poeta que leí de niño, por esa razón le tengo muchísimo cariño pero también por eso creo que nunca lo llegué a entender del todo. Es una figura que, aparte su obra, me encanta porque ejemplifica perfectamente la comunión entre Castilla y Andalucía: Sevilla, Madrid, Soria, Baeza, Segovia… Y en su poesía ya se sabe: lo mismo te critica la Semana Santa sevillana que te habla de un meandro del Duero.



No me quiero ir sin desterrar de este post cualquier atisbo de tentación nacionalista, que sé que –como lectores míos que sois- sois muy malpensados. Normalmente hacéis bien, pero hoy os digo que no hay persona más alejada del nacionalismo que yo, del andalucista, del castellano, del español o del que sea. Ya lo dijo Bunbury: “los nacionalismos, qué miedo me dan”. Y además, ¿a cuánta gente conocéis que haya ido a por la camiseta del Barça a El Corte Inglés de Valladolid?

lunes, 15 de diciembre de 2008

Un día en la vida de un inspector de la SGAE


Estatuas Verdes presenta hoy en rigurosa primicia un documento de excepcional importancia: se trata de fragmentos del todavía inédito Diario de un inspector de la SGAE.





22 de noviembre (Santa Cecilia, patrona de la Música)

7:15- Comienza la jornada con desayuno en un bar. Café y porras. De fondo, el odioso programa de Jiménez Losantos en la COPE (¡qué fastidio!) –Más allá de su envenenado mensaje, detecto en prosa locutor/doberman rítmica cadencia rayana en lo musical. Nota: mirar si se le puede cobrar por esto.

8:35- A la puerta de un colegio sorprendo a un niño de la E.S.O. silbando “Como un lobo” de Miguel. Amonestación verbal, colleja y aun le saco 37 céntimos que llevaba en el bolsillo (en concepto de canon).

9:30- Cita con el odontólogo.- Un empaste nuevo y se me ha movido el puente. La broma iba a salir por 250 euros pero al final se ha quedado en 50 (a mi favor), que el dentista me deja a deber por las canciones del hilo musical de la sala de espera.


11:17- Llamada de Teddy.- Me intereso por ver cómo va lo de la Feria de Sevilla. Me dice que va bien, pero que falta dejar atada la cuota por interpretación del “Pobre de mí” en los Sanfermines de Pamplona..

12:13- Escucho el tono Nokia por la calle. Enorme reprimenda.- El infractor no llevaba suelto y lo dejo marchar a cambio de escribir 100 veces “No reproduciré gratis música de la que no soy autor”.

14:45- Almuerzo de trabajo con Ramoncín. Pollo frito y botellines de El Águila (robados por él)- Hablamos de su último libro (un ciclo de novelas sobre el origen del Universo narrados en monólogo interior). A los postres, surge la chispa: El teatro barroco del Siglo de Oro se representaba salpimentado de canciones. ¿Sería posible meter pezuña ahí? Nota: localizar herederos Lope, Cervantes, Calderón, Rojas Zorrilla, etc.


16:13- Ideea geniaal (posible fruto de la siesta). Sirenas de la policía: ¿pagan por algún lado? En España debe haber miles de coches patrulla, sumando Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado + Autonómicos y locales.- Extensible a ambulancias/bomberos/protección civil?

17:25- Encontronazo con una vieja en plaza pública. Le saco 100€ entre lágrimas (suyas)- ¿y si le llega a dar por comprarse un iPhone y lo utiliza para reproducir música descargada ilegalmente? Nunca se sabe!


18:00- 1er encargo del día: boda en Parroquia de San Dimas (el Buen Ladrón). Ave Maria de Schubert, padrenuestro de Simon & Garfunkel, Marcha Nupcial de Mendelssohn y jotas extremeñas (consultar autoría).-
-Disfraz de amigo gay de la novia: éxito total. Convite pasable: aperitivos de pie (ibéricos y fritos), vinos, cup, cerveza y refrescos.
-El cura silba un fragmento de zarzuela que no me da tiempo a identificar!!!!
Ensalada tibia de aguacataes y langostinos. Sopa de marisco. Sorbete de limón y cava (para cambiar la palatalidad), Solomillo al beicon con champiñones. Tarta nupcial (bizcocho mal descongelado).
Marqués de Cáceres y Martín Códax. Café y copa de Bailey’s.
-Amigos del novio interpretan coplilla bufa de contenido obsceno (la madrina abona 5€).
--Barra libre primeros intérpretes: Bisbal, Shakira, Chayanne, Alejandro, Rosariyo, “Follow the Leader”, “Sufre mamón”, Los Rodríguez, Alaska… (calcular importe para Teddy); antes me tomaré un gin tonic más, solo uno solo-

4:37- …..Te-ddy….. di-ne-roooooo……..



miércoles, 19 de noviembre de 2008

Barceló: el burlador que fizo el paño


“Yo so çiego, o vos desnuyo ides”.
-Don Juan Manuel




Agradecido y emocionado, como decía Lina Morgan en la canción, por vuestra cálida respuesta de ayer, regreso a esto de dar el callo con el post diario. Y hoy lo hago con ganas porque voy a tratar un tema que cuando llegó a mis oídos juré que no iba a hablar de él aquí. Pero como soy tan jodidamente influenciable, y más por la prensa, al final la presión mediática ha podido más. Me estoy refiriendo a la novena maravilla del mundo, lo mejor desde el chicle de canela, amigos: la cúpula que Miquel Barceló ha perpetrado en la sede de la ONU en Ginebra.

La hemos pagado usted y yo, al menos en parte, y eso parece que nos da un cierto derecho a opinar. No voy a entrar en la polémica politicoide de la financiación, eso me da igual. No me da igual, pero no es el objeto de este post. Hoy me apetece hacer un poquito de demagogia a costa del arte moderno. ¿Habéis visto la obra? El OBRÓN, diría más bien. Pues pienso que se explica sola. A menos que seamos Dámaso Alonso, no debemos caer en la tentación de explicar las obras de arte como si estuviésemos interpretándolas con una clave cifrada.



Pero ahora viene Miquel Barceló y se pone a explicarnos que su “criatura” es un mar-cueva (¡Acabáramos!): una absoluta unión de contrarios surgida de unas experiencias alucinatorias que el hombre tuvo con espejismos en el desierto. Vaya por delante que admiro muchísimo a Miquel Barceló (prefiero a su hermano, el del ron, pero eso es otro tema). Y lo admiro no por su obra, que me parece espantosa, sino por ser capaz de cobrar 20 millones de lerus por decorar un techo a gotelé.

“La Capilla Sixtina del siglo XXI” no sé, ahora, la mayor socaliña de dinero desde el que inventó lo de echar moneditas en las fuentes. He estado investigando y veo que el litro de Titanlux ronda los 25-30 euros. Este pavo ha usado 35 toneladas de pintura, teniendo en cuenta el peso específico (1l no pesa 1 kg) y haciendo una cuenta penca pero generosa, la broma ha costado unos 150.000 €. Pongamos el doble. Pongamos diez veces el doble, entre andamios, gafas de protección y lo que sea. ¿A cuánto podría ascender la cosa, a 3 millones de euros? El truco está en que “la mano de obra” del artista sale entonces por 17 millones de euros, no está mal, ¿eh? Se cotiza bien el chaval.


Ahora es el momento de que todos penséis: “¡Qué ingenuo, Porerror! El valor del arte es incalculable”. El valor, que no el precio, que se calcula diariamente en millones de transacciones. Leí por ahí que la demagogia residía en pensar que molaba más Van Gogh muriéndose de hambre que Barceló embolsándose estos trillones por su sublime creación. No podría estar más en desacuerdo: a mí me mola mucho más lo de Barceló, en eso estriba su genialidad: ¡qué cojones, es mi ídolo!

Ay, Miquel, truhán… a mí me da la impresión de que tú lo que estás es haciendo méritos para que te saquen de “Celebrity” en la tercera temporada de Muchachada Nuí.

Antes de que me tachéis de indocumentado os contaré que no soy de los que suelen despreciar el arte contemporáneo (sobre todo el abstracto) con un “Eso lo pinta igual mi sobrino de seis años”. Mis artes favoritos son el medieval y el del siglo XX y dos de los pintores que más admiro son Jackson Pollock y Mark Rothko: no cabe mayores autores de “mamarrachos” en el sentido convencional.



“Doctores tiene la Iglesia” del Arte para dar su dictamen sobre si la cúpula esa es una obra de mérito o no. Según Carlos Herrera, nosotros no lo vamos a ver, pero dentro de 50 años aquello se valorará como la Gran Cosa (y lo decía sin ironía, ¿eh? creo que andaba mareado). Yo desde mi ignorancia pienso que aquí encontramos un clarísimo caso de “El traje nuevo del emperador”. Conocéis el cuento, ¿no? Hasta Sinéad O’Connor sacó un single con ese título (no siempre estaba rompiendo fotos del Papa). Creo que se trata de una historia oriental recopilada por Hans Christian Andersen, aunque yo prefiero las versiones patrias, como El retablo de las maravillas de Cervantes o el exemplo de El Conde Lucanor (siglo XIV) “De lo que contesçió a un rey con los burladores que fizieron el paño”.

Se supone que, quien no ve la maravilla del retablo o la exquisitez del traje nuevo del emperador es un cornudo, un malnacido, un judío converso o un hideputa. En el cuento de Don Juan Manuel, solo un negro (un paria, sin nada que perder) tiene los huevos de desenmascarar que el rey no lleva ropa… ¿será Barack Obama el destinado a denunciar que la cúpula de Barceló es una puta mierda?

jueves, 23 de octubre de 2008

Lo estabais esperando


Por petición popular, Estatuas Verdes habla de Falete. Conste que no pensaba hacerlo, pues el buen Grillo ya nos regaló un post magistral sobre el tema hace tres días, pero es que siento que si no escribo hoy sobre este personaje, su espíritu va a estar persiguiéndome de por vida, atormentándome, cantándome al oído temas de Manuel Alejandro. Falete, Falete, Falete. Los dientes se rozan con el labio inferior al decir su nombre, para acto seguido lamernos el paladar y terminar con una explosión dental. Fa-le-te. Para ciertos periodistas era Don Rafael, para el Gran Wyoming su nombre derivaba de “falo”, para mí –con su mantón de Manila al atardecer- era simplemente “Fale”.

Falete. ¿Hombre o mujer? ¿Ángel o diablo? ¿Genio o farsante? ¿Montajista? Dios nos libre de llamárselo aquí, dice Falete que es lo peor que podría decirse de su persona. ¿Qué se esconde detrás de esta figura, cruce de María Dolores Pradera y Rocío Jurado? Falete: ¿Error de Dios? Relación, si la hubiera, con el Mani. Desde que saltó al candelabro hace cuatro años con su aclamado (y corto: solo nueve canciones) Amar duele, Falete se ha ido convirtiendo en un tópico muy socorrido para hacer chistes de gordos. Decenas de guionistas de todas las cadenas de radio y televisión deberían pagarle derechos de autor por tenerlo constantemente en la boca, hasta un punto que ya no hace gracia. Cuando algo es muy grande, “es más grande que Falete”. Cuando alguien come mucho, “come más que Falete”. JA… Ja… ja.


Más allá de haberse convertido en un personaje-pimpampúm de repertorio, comodín para los chistes fáciles (como lo es Aznar), lo cierto es que Falete es cantante. Le pega al bolero, a la copla, sospecho que al flamenco. Él desprecia el pop por parecerle una mariconada, no está a su altura. Manuel Alejandro le compuso un disco entero, igual que en su día hizo para Raphael, Rocío Jurado, la Pantoja, Julio Iglesias, Plácido Domingo o “El Puma”. ¿Está Falete a la altura de estos monstruos? No digo que sí, pero el dato no deja de ser significativo. Yo solo tengo y escuché hasta la saciedad su primer disco, que es una obra maestra.

Enseguida vi que Falete el personaje público era enorme, mayor de lo que nunca sería el artista, no digamos el cantante. Y el cantante dejó de interesarme, la verdad. Maquillaje, uñas postizas, joyas, mantoncillos, peinetas… todo en el exterior de Falete grita “femenino”, pero parece que el buen hombre viene de serie con una dotación cromosómica XY. Falete: todo un desafío para los estudios de género. Otro dato no casual. No puede olvidarse que a Falete lo apadrinó en un principio y lo lanzó Jesús Quintero, el cazador de frikis. El Quintero tiene un gran ojo para el arte verdadero, lo sublime y la poesía, pero también capta como nadie lo canalla, lo bizarro y lo circense.


Cuando Falete se lanzó al mercado, fue una fuerza de la naturaleza. Escuchar una entrevista suya era recordar las que concedía en 1973 Freddie Mercury: no era absolutamente nadie, pero hablaba como si fuese la mayor superestrella del firmamento musical. Y eso mola. Corría el tormentoso año 2004, los puestos del Top Manta en los mercadillos bullían con copias de Amar duele, que se vendían como churros. ¿Quién era esta especie de hombre epiceno (permítaseme la licencia), este nuevo hermafrodita, este Tiresias de Sófocles u Orlando de Virginia Woolf? Como reseñé en otra parte, cuenta la leyenda urbana que había profesores en Sevilla que les decían a sus alumnos que si no les gustaba Falete no podrían aprobar su asignatura.

Después de Amar duele (2004), Falete sacó Puta mentira (2006) –el de Manuel Alejandro-, luego otro disco y hoy ha editado uno nuevo (o al menos lo ha presentado ante los periodistas). Pero no es por eso por lo que Falete lleva copando las páginas de la prensa y los minutos de la tele en las últimas semanas. La historia del falso secuestro de su novio es tan grande que excede los límites de Estatuas Verdes. Bizarría, charanga, pandereta y metaficción se dan la mano en una trama costumbrista digna de los hermanos Coen. ¿Pantalones de chándal verdes? ¿Muñecos de El Fary? ¿Uñas de los pies largas? Me planto. Ahí está la hemeroteca para glosar un episodio que a buen seguro moverá a la hilaridad a la gente hasta dentro de mucho tiempo.


Como dijo el buen Cervantes ante el túmulo del rey Felipe II, “miró al soslayo, fuese, y no hubo nada”. ¿De verdad que Falete solo va a quedar para esto? ¿En qué momento del camino se torcieron las cosas? ¿Qué se fizo del andrógino prodigio de la canción española, del mejor intérprete de Rocío Jurado? ¿Por qué llevo cuatro días acabando los posts con una pregunta retórica?

lunes, 18 de febrero de 2008

El gran fraude de la historia inglesa


Estoy hasta las narices. Veo en el telediario de Antena 3 (¿dónde si no la agenda de espectáculos?) que nos llega la enésima película histórica ambientada en el Renacimiento inglés. En este caso la excusa son las hermanas Bolena (Ana y “la otra”) y su supuesta rivalidad para lograr los favores del joven y apuesto príncipe Enrique, futuro rey Enrique VIII. Esta peli se suma a otras como Elizabeth: La edad de oro (2007), Matar a un rey (2003), Elizabeth (1998), Shakespeare In Love (1998), Restauración (1995) y a las series de TV Enrique VIII (2003), La Reina Virgen (2005) o Elizabeth I (2005).

Estas representaciones culturales de la realeza y la historia inglesas son todas iguales: infernales. Pero hay que reconocer que los británicos (espoleados por el entusiasmo y la ignorancia norteamericanas, lo digo con todas las letras) se las pintan como nadie para sacarle partido a su historia y a su patrimonio. ¡Cómo te lo venden los mamones! Solo hay que realizar un tour guiado por la Torre de Londres, antiguo castillo normando de Guillermo el Conquistador, luego palacio real y prisión de –entre otros- Ana Bolena para ver cómo la visita a un monumento puede convertirse en un divertidísimo paseo repleto de anécdotas atractivas (a base de morbo y topicazos pero, ¡hey! no es un congreso de historiadores). Todo esto teniendo como guía a un sargento de los Beefeaters (los de la ginebra –y no hablo de la esposa del Rey Arturo) ataviado con el típico uniforme de gala.

Imagínense ahora cualquier visita guiada (si es que las ofrecen) a un palacio o monasterio del Patrimonio Nacional español. Sería la funcionaria malencarada de turno, vestida de azul marino y largándote una turra de datos y fechas que el 99% de los visitantes no es capaz de asimilar. O el tipo gris que habla para el cuello de su camisa y se dedica a detallarte una por una las autorías de todos y cada uno de los objetos que hay en todas y cada una de las salas (“aquí, tapiz de la escuela flamenca, de 1568, realizado en el taller de Van der Fulanitje”, “frescos de estilo italiano atribuidos a un discípulo del Maestro de la Virgen del aguamanil, activo en Génova entre 1617 y 78”…). Esto es así váyase a Madrid, Toledo, Sevilla, Córdoba, Cáceres, El Escorial o San Millán de la Cogolla.

El pasado verano tuve la suerte de visitar el palacio de Hampton Court, situado a la orilla del Támesis (por cuya entrada, por cierto, me clavaron 30 euros). La verdad es que el palacio me interesaba muchísimo: primero perteneció al poderoso Cardenal Wolsey, quien luego cayó en desgracia y se lo regalo a Enrique VIII. Allí no había tour guiado como tal: directamente se trataba de un sainete en el que una troupe de actores y actrices (todos vestidos de época) dialogaban entre ellos y con el público, y así te iban entreverando las perlas de información. También había otras visitas temáticas, tomando como excusa la dieta de palacio (y las comilonas de Enriquito Octavo), los supuestos fantasmas que lo habitan o los instrumentos musicales de la época, con demostraciones en vivo incluidas.

Otra cosa que pude ver fue una falaz exposición acerca del joven Enrique VIII (sí, el tipo repulsivo de los cuadros… ¡pues lo casaron seis veces!), donde lo pintaban como el típico caballero del Renacimiento: apuesto, galante, poeta, músico, cazador, consumado guerrero, deportista, que lo mismo era capaz de asediar una plaza en Francia que de componer una delicada pieza musical. Al pobre Enrique lo retrataban como un hombre aquejado de una vitalidad y una pasión extraordinarias, que poco menos que no tuvo más remedio que aceptar los requiebros de Ana Bolena. Traducción: estaba casado con Catalina de Aragón, gracias, y como esta era incapaz de darle un heredero varón pues la tiró como un kleenex y se fue con su amantona. Verdad es que luego se casó con la Bolena, como también es verdad que más luego todavía la mandó matar cuando se hartó de ella.

Pero… ¡cuán atractivo queda todo bien expuesto, con la selección y disposición adecuada de los contenidos! Hablo de paneles informativos, de objetos, documentos y piezas históricas que contribuyen a crear ambiente y a meterte en la época. Hablo de iluminación y de ambientación musical; hablo de cartelitos en las vitrinas lo suficientemente claros e interesantes… No dudo de que la historia inglesa es apasionante, a mí me apasiona desde luego. Pero tanto o más lo hace la española, y aquí no sabemos sacarle partido a nuestra mejor etapa (los Siglos de Oro), ni a nuestros personajes: Cervantes, Carlos V, Santa Teresa… Al final tenemos que aguantar que los extranjeros nos tachen de ignorantes por negar que el primero que dio la vuelta al mundo en barco fue Francis Drake (al que por supuesto ellos consideran un caballero y no un pirata). Ahora que lo pienso, a lo mejor lo que tengo es envidia. Sí, la tengo, pero no de su historia sino de su manera de divulgarla.

miércoles, 6 de febrero de 2008

El día en que el Mineralismo llegó (y IV)

Cuarta y última entrega de la crónica de mi experiencia pánica y patafísica en el congreso Factor Humano:


Fernando Arrabal nos contaba su entrevista con Grigori Perelman, excéntrico y huraño matemático ruso que resolvió hace dos años la Conjetura de Poincaré pero rechaza todos los galardones que por ello le han concedido (incluidas jugosas mordidas).

Arrabal: -¿Cuánto gana usted en la Universidad de San Petersburgo?

Perelman: -Mucho, el equivalente a 100 $ al mes. Pero yo no rechazo los premios, es que no me aportan nada. Ahora voy a dejar de hacer matemáticas.


Arrabal: -Pero Perelman, P-P-P… usted no puede dejar de hacer matemáticas, ¡el mundo le necesita! Hay nueve conjeturas, bueno, con la suya ocho (y otra les he dicho que la voy a descubrir yo), pues quedan siete todavía.

Perelman: -A partir de ahora me voy a dedicar solamente a tres cosas: a escuchar ópera interpretada por solistas, a analizar partidas de ajedrez y a ir al bosque a recoger setas.

Arrabal: -¡Olé!

Perelman: -Lo que yo he descubierto es una cosa obvia: un tubo, al ser cortado por la mitad, ¿crea dos hemisferios? Es evidente que sí. Es evidente en 2 dimensiones. Pues en 3, en 4…

“Y así,” –explicó Arrabal- “creó la Topología”. Tras esta informativa anécdota sobre Perelman y las matemáticas (reiterando que la matemática, el ajedrez y la poesía eran lo mismo -por algún motivo excluyó de este Olimpo la búsqueda de setas-), el orador se dispuso a dispensar otra perla de su peculiar sabiduría. Entró sin ambages a defender la cualidad de la imaginación (común a todas sus amadas disciplinas), “¡la imaginación al poder!” –le faltó decir. Pero en cambio, sí dijo:
“Imaginación no es lo que os han enseñado en las escuelas, Imaginación es un avatar de Mimesis
, la Memoria. Porque Imaginación es, simplemente, el arte de combinar los recuerdos”.

De aquí se pasó a otra serie de anécdotas (incluyendo algo sobre la historia del ajedrez en España durante la Edad Media), pero enseguida quedó claro que la “almendra” de la conferencia ya había sido impartida. Lo avanzado de la hora (habían pasado unos setenta minutos desde el comienzo) así parecía indicarlo también. Y aún así quedaba tiempo para otra gracieta. Tras expresar lo a gusto que se había sentido (entre poetas, ya se sabe…), don Fernando finalizó exclamando:
“Señoras y señores: si estuviéramos solamente en compañía de señoritas y yo, les contaría la historia de una orgía –la única- en la que participé con Dalí. Sin embargo, al haber aquí tantos caballeros, seguramente no podrían soportarlo, así que tendrá que quedar para la próxima ocasión”.

Tras la sonrisa y los aplausos de rigor, solo restaba que una señora de la mesa del estrado, que ostentaba un carguillo en la universidad, reiterara las gracias de todos los presentes por la lección magistral, etc, etc… alocución que Fernando Arrabal prácticamente interrumpió para dar las “de nadas”:
“Muchas gracias a… esta señora que ha hablado, que debe ser muchísimo más importante que mi novia, porque mi novia solo es catedrática de La Sorbona (hemos sido novios durante 50 años, novios formales)… ahí está,” [se puso en pie y saludó] “pero ella solo es catedrática de La Sorbona, y esta otra señora es Di-rec-to-ra… del Ser-vi-cio… ¡aquí hay un oxímoron! Aquí hay un oxímoron, sí, una contradicción. Aquí pone “Servicio de Promoción Cultural”, y eso no puede ser: no puede ser cultural si es de promoción”.

Y con esto Arrabal, en palabras de Cervantes (cuyo premio le cuelga de la nariz), “miró al soslayo, fuese y no hubo nada”.
 
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