Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

lunes, 7 de septiembre de 2009

GH11: Bizarría en grado extremo



-“Yo tengo unas braguitas Calvin Klein y son más monas que to las cosas”
(Saray, concursante de Gran Hermano 11)





Al principio de la novela de Umberto Eco El nombre de la rosa (1982), un anciano Adso de Melk apenas acertaba a recordar las espantosas cosas que les habían sido dadas a contemplar con sus viejos, cansados y pecadores ojos. El Siglo, ya se sabe, que es muy tentador. Esta noche vuelvo de entre una bruma mezcla de estupefacción y bochorno ajeno para escribiros un post. Soy vuestro enviado especial en el infierno: yo me adentro en el corazón de las Tinieblas para que vosotros no tengáis que hollarlo.

“El infierno son los otros”, dejó dicho el fantoche de Sartre. En este caso concreto, el Infierno es un programa de televisión: Gran Hermano 11. Servidor es fan de la telebasura, de hecho me considero un auténtico connoisseur, pero tal vez por ser tan purista ya con la edad se me está poniendo la boquita muy fina. Telebasura, sí, pero con clase. Los hermanos Matamoros dizque peleando cual pareja de novios sacada de una obra de los Quintero, tiene un pase. Jimmy Arnau yendo en silla de ruedas a hablar con Jorge Javier, canela pura. Pero lo que estoy viendo ahora en la presentación de esta nueva edición de Gran Hermano es tan atroz que no tiene nombre.


No tiene Teología ni Geometría, que diría el clásico, es un atentado, no ya al buen gusto, sino a toda nuestra percepción del mundo. ¿Se trata de otra señal del Apocalipsis? Un botón de muestra, extraído del vídeo-presentación de una concursante al azar. Rubia bajita y tetona, gallega cual vaca. Ella tiene mucho pecho (lo cual en sí no es ni malo ni bueno) y atención amigos porque lo quiere enseñar. “Saray. 27 años: binguera”. Trabajo en un bingo de El Ferrol, vendiendo cartones y cantando los números. Me apasionan el fútbol y los coches tuning. Estoy soltera y entera para quien yo quiera. Por donde paso, siempre arraso. A los nueve años fui Mamachicho (sic) y hace dos quedé tercera en Miss Eurocopa (ambos méritos acompañados de sendas evidencias audiovisuales).

Soy hija única pero no soy caprichosa ni mimosa (esto lo escuchamos en off mientras le vemos prácticamente comerse la boca con su ultramaquillada me-resisto-a-envejecer-y-además-hoy-ha-venido-Telecinco-a-casa mamá). Nada intrínsecamente malo ni censurable en el currículum de esta chica, salvo que está saliendo en la cadena líder de audiencia del país, y usted, señora, y yo (y millones de españoles) la estamos viendo. En mi caso, desde la fascinación atónita.


El elenco lo completan una serie de beldades meridionales (“¿Os habéis dado cuenta? ¡Somos todos del sur!” -¿por qué será, amiga?) que no desentonarían en un videoclip de El Tito MC. Por ejemplo, una gimnasta rusa de 19 años, una malagueña con padre de Bombay (“Tengo descendencia india”, anuncia ufana a la vez que nos confirma su desconocimiento del léxico)… Hay incluso un minusválido para dar la nota de color (espero sinceramente que no la del morbo).

Y toda esta ceremonia de la confusión, conducida (valga el oxímoron) por la siempre inclasificable Mercedes Milá, sobre la que no tengo ni fuerzas para escribir esta noche.

Si me dieran un euro cada vez que me he encontrado por la calle a un ex concursante de GH… tendría cuatro euros. La primera edición del concurso la seguí como el que más: experimento sociológico, etc. Incluso recuerdo estar enganchado, y verlo religiosamente todos los miércoles junto a mi amiga yanqui. Aquella primera vez la cosa tenía cierta gracia, todo resultaba novedoso, los concursantes eran entrañables… Luego las ediciones se fueron sucediendo, y –como siempre pasa- incluso los ganadores fueron cada vez más anónimos. Últimamente, sé que han tenido que recurrir a gimmicks cada vez más bizarros, meter a los habitantes de la casa junto a animales de granja (incluida una capea), hacerles pasar penurias…



Un primo hermano trabajó en la producción de GH1 y 2, y aunque siempre discreto, dejaba insinuar muchos chanchullos… Fue él quien me anunció, en el 2001, que mientras hubiese ingresos publicitarios, por miserables que fueran, habría Gran Hermano. Y que veríamos evolucionar el perfil de los concursantes hasta hacerse cada vez más homogéneo: jóvenes musculitos y jacas petonas, bastante atractivos y con follabilidad entre sí (buscando atraer la audiencia joven, la más consumista, se entiende).

Hastiado por tamañas barbaridades, aparto la vista del programa, cambio de tercio. Pero –voyeur impenitente- no puedo resistirme a mirar una vez más, pasadas dos horas. En la pantalla, el logo de Telecinco y un par de jembras en biquini pavoneándose ante los desnudos y tatuados torsos de sus compañeros de casa de Guadalix de la Sierra. El concurso no lleva ni dos horas y ya están semidesnudos en el jacuzzi. La guerra ha comenzado: ay, si George Orwell levantara la cabeza!!!

jueves, 3 de septiembre de 2009

El Cuadro


“Después de esto, vi que había una multitud tan grande que nadie la habría podido contar. Eran gentes de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas. Permanecían de pie delante del trono y delante del Cordero”
(Apocalipsis de San Juan: 7.9)




Os voy a dar una primicia: existe una técnica artística consistente en coger tablas de madera y mancharlas con pinturas a base de aceite para recrear el mundo. Os doy otra: la gente que pinta se llaman pintores, los ha habido en todas las épocas, de hecho, se puede estudiar su evolución de manera histórica: hay miles de ellos. Hay miles de pintores que pintaban tablas, lienzos, frescos….. y luego estaban los hermanos Van Eyck.

Al espacio más o menos confinado que se recubre (o no, modernamente) de pintura se le llama cuadro. Al políptico que representa la Adoración del Cordero Místico de los Van Eyck yo lo llamo simplemente el Cuadro. Veréis, el Cuadro (que no tiene título, unos lo llaman El Cordero Místico, otros el Altar de Gante o el Políptico de San Bavón –en alusión a la catedral donde se encuentra) es mi obra de arte favorita de todos los tiempos. Con diferencia.


Soy un flipado de la Edad Media, y la Edad Media flamenca es otra galaxia (ellos iban siglos por delante). El arte medieval me encanta porque además de ser bonico servía para algo, muy comúnmente para rezar, y esa idea me parece cojonuda. Los pintores primitivos flamencos son mis favoritos: su técnica al óleo, el rico detallismo de sus interiores domésticos (en que reflejan las calidades de telas, joyas, muebles, etc…) y exteriores, ora urbanos ora rurales, con sus edificios, su vegetación… ¿qué queréis que os diga? Es lo más bonito que he visto nunca (y me dejo los retratos, que también son la repanocha).

El Cuadro es un políptico (muchas tablas, además tiene dos lados: abierto y cerrado) pintado en 1432 por Jan y Hubert Van Eyck (sobre todo Jan, la verdad) que representa en 24 tablas un pasaje del Apocalipsis pero es mucho más: su rico simbolismo y complejo programa iconográfico dan para una explicación en audioguía de más de tres cuartos de hora. Pero yo no soy experto en arte, solo aficionado, y mi intención con este post no es explicar el Cuadro, sino llamar la atención sobre él.


El devenir histórico del Cuadro ha sido también flipante. Normalmente se mostraba cerrado, abriéndose solo en ocasiones muy solemnes. En el siglo XIX el puritanismo hizo que las tablas originales de Adán y Eva (que los representan en porretas) fueran sustituidas por unas copias en que nuestros primeros padres tenían las partes pudendas completamente cubiertas de vello, cual jodidos osos. Los nazis lo robaron durante la ocupación, con el propósito de exponerlo en un delirante Museo de Arte Ario que jamás se llegó a materializar. El Cuadro se recuperó, pero hubo otros robos, y una de las tablas menores se ha perdido para siempre, lo que nos queda es una copia.

Como he dicho antes, el Cuadro se encuentra en la ciudad belga de Gante, y yo cada vez que voy a Bélgica no perdono una visita para contemplarlo extasiado. He tenido la suerte de hacerlo cuatro veces en doce años, y pido a Dios que esta última (latest) vez –hace dos semanas- no sea la última (last). Los turistas se arremolinan en la sala o capilla donde se expone: detrás de una cabina de grueso cristal de seguridad. Al observarlos observar el Cuadro, nunca puedo olvidarme de las palabras de San Juan: “Vi que había una multitud tan grande que nadie la habría podido contar. Eran gentes de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas. Permanecían de pie delante del trono y delante del Cordero. Así sea.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Lecturas veraniegas (II): Las aventuras íntimas de Belle de Jour


Si os interesan los zorros que hablan, ved la nueva peli de Lars Von Trier. Si os interesan las zorras que escriben, seguid leyendo Estatuas Verdes.

Como parte de mi agitado programa de lecturas veraniegas adquiero en una prestigiosa librería londinense (en la sección de “Sexo”, como si fuera un puto pervertido) un curioso librito titulado Las aventuras íntimas de Belle de Jour (2005). Se trata de un diario escrito por una prostituta de lujo, primero en forma de blog y luego (en contra de la admonición de algunos), de libro. En Gran Bretaña ha constituido un pequeño fenómeno, puesto que ya hay segundo volumen de estos diarios, y una adaptación televisiva de éxito protagonizada por la “fea” Billy Piper.

Belle de Jour es el buñueliano pseudónimo de esta putica de lujo, que es ya una auctoritas en la blogosfera (ved su bitácora, si gustáis) y las columnas de opinión. La chica exhibe una vasta cultura, de hecho diríase que se esfuerza más de la cuenta por dejar muy claro que ha ido a la universidad, que es culta y leída, etc, cualidades –qué duda cabe- de gran utilidad en el mundo del puterío. Aunque quizás no sean esos los talentos más celebrados por sus clientes (vaya por Dios!), empeñados en valorar más otros relacionados con la mecánica de fluidos y los distintos orificios de su cuerpo lozano.


Sea como fuere, detecto en el relato de Belle (un diario que abarca aproximadamente ocho meses de putición) un claro tono apologético. ¿Apología de la prostitución, Porerror? Pura y dura, señora, sin ningún miramiento. Y es lógico, hasta cierto punto, que si la chiquilla se dedica a follar por dinero lo vea como una actividad aceptable, lícita, moral y hasta saludable. Pero es que esta Belle acaba haciéndote sentir culpable por no salir corriendo uno mismo a prostituirse: estamos perdiendo dinero, amigos! ¿Cómo así? Lo explicaremos.

De acuerdo con la lógica de la joven licenciada Belle (a juzgar por sus temas de conversación y su desempleo, carrera de letras), si una quiere vivir en Londres, al precio que van los abonos de transporte la única opción posible para vivir con desahogo es hacer de puta. La chica cuenta en su diario un rosario de currículos entregados y entrevistas de trabajo infructuosas, como queriendo demostrar que ella no es que quisiera ser putica, es que no le quedó más remedio.


Una vez establecido que fueron las Moiras del destino quienes la empujaron, para Belle prostituirse supone lo más maravilloso del mundo: le encantan el maquillaje y la lencería, (y, por lo que se lee entre líneas, calentar a los tíos), y cobra cantidades astronómicas por hacer algo que le resulta incluso divertido. Según Belle, todos los clientes son hombres atractivos y refinados que le ofrecen vino y le hablan de pintura italiana mientras se la meten por el culo. La verdad, al principio no me creía la mitad de la mitad, pero luego dudé porque recordé dos cosas: 1) que yo nunca he sido puta y por tanto no sé cómo está el patio, y 2) que ella se mueve en el selecto mundo de la prostitución de superlujo.

Belle de Jour, la putica que cita lo mismo al novelista Martin Amis que a la peli Cuando Harry encontró a Sally (1989), pasa por alto decirnos (pero quedan implícitos) dos detallitos que hacen de su puta vida algo bastante fácil. Por un lado, que la zagala debe estar cañonera, y por otro, que le gusta más un rabo que a un tonto un lápiz. Sin ambas características no se explicaría cómo la pava puede andar tan feliz de la muerte yendo de hotel en hotel, de zotaina sado en lluvia dorada, contentísima con los fajos de billetes que recibe y sin ningún sentimiento de degradación ni escrúpulo moral.


Pero no creáis que estas Aventuras íntimas... de una call girl londinense son una lectura porno o libertina. Material de catequesis tampoco son, pero no debemos olvidar que suponen, ante todo, el diario de una mujer. Lo de poner que es puta es para darle más morbo, pero el 60% del material del libro lo constituyen los enredos sentimentales de la chica, que si mi novio tal, que si tengo una cita con cual, que si mamá y yo vamos de compras, que si he visto un bolso monísimo en esa tienda. Algo más parecido a Sexo en Nueva York que a La Venus de las pieles, vamos.

Me gusta especialmente una reseña del libro de la revista femenina Heat: “Más Bridget Jones en un burdel que Catherine Deneuve vestida de Chanel”. Se pilla por dónde va la cosa, ¿no? El estilo es desenfadado y un poco déjà vu, la verdad: listas jocosas à la Nick Hornby, lamentos inseguros à la Bridget Jones, y en general esa fina ironía como de alguien postmoderno-que-está-de-vuelta-de-todo que detecto últimamente en toda la prensa británica. Sólo que esta que lo escribe, además es putica. Después de todo, el libro es entretenido y se deja leer, pero aviso: no es apto para mojigatos.

martes, 1 de septiembre de 2009

Arkham Asylum

(Una vez tenía escrito esto me entero de que acaban de sacar un videojuego –al parecer, espectacular- con el mismo título y tema que la novela gráfica de la que hablo aquí. Que quede claro que ambos productos tienen poco o nada que ver, sobre todo en lo que a gráficos se refiere).





Amigos, el mundo del cómic anda alborotado, ahora que se ha sabido que la Disney va a comprar a la Marvel. Me dice Fran G. Matute que ahora Kevin Smith ya no podrá hablar de la churra de piedra de La Mole sin pagar derechos a Disney, y yo he pensado que tal vez la saga superheroica House of M haga un crossover con el exitoso programa de Mickey House of Mouse. Los cómics, ¿eh? Sin duda alguna, el Noveno Arte… pero ¿cuál fue el octavo, que me lo perdí?

Leyendo el blog del podcast
La Buhardilla 2.0, hace un mes y pico conocí una novela gráfica que recomendaba el buen Abraham, gran conocedor de cómics. Se trata de Arkham Asylum (1989), escrito por Grant Morrison y pintado por Dave McKean. Investigo y me entero de que este tebeo es un clásico absoluto, hasta 2004 seguía siendo la novela gráfica más vendida de todos los tiempos (ahora tal vez Watchmen la haya superado?), y a la vez que esencial para los fans de Batman también resulta una anomalía dentro de la saga del caballero oscuro de Gotham.


La premisa es la siguiente: el día 1 de abril (el de los Inocentes en USA), los internos del manicomio Arkham (donde están encerrados todos los villanos que Batman ha derrotado) hacen un motín y toman rehenes exigiendo una condición: que Batman entre en el manicomio con ellos. El Joker está detrás de toda esta trama, pero también aparecen otros villanos como Dos Caras, el Sombrerero Loco, el Espantapájaros, Máscara Negra, Maxie Zeus, Killer Croc, Cara de Barro… dejad de gritarme, sé que esta nómina de supermalvados puede tal vez mover a la risa más que al miedico, pero entendedme, en inglés os aseguro que todos esos nombres suenan mejor (y sobre todo, menos ridículos!)

Leo Arkham Asylum: A Serious House On Serious Earth con una devoción casi religiosa, espero encontrar en sus páginas el secreto de la pólvora y sí, la historia es francamente atractiva pero amigos: visualmente se entiende menos que un zorro parlante en una película de Lars Von Trier. ¿Dónde está el problema (claramente mi problema, puesto que el resto de la humanidad ha decretado que esta novela gráfica es lo mejor desde el chicle)? No estoy tan acostumbrado al medio del cómic como a otros medios narrativos o artísticos, pero es que este es raro incluso desde el prisma de las reglas del cómic: rompe moldes.


Los dibujos, el arte gráfico de Dave McKean rompen con toda la imaginería anterior de Batman y del tebeo en general: son más como cuadros, a veces un poco abstractillos, y también se echa mano por ahí de técnicas híbridas como el fotomontaje o el collage. Conclusión: escenas muy bonitas (o muy impactantes) pero que en poco o nada ayudan a contar la historia. Mi progresión al leer (o mirar) Arkham Asylum fue del entusiasmo a la perplejidad, a la duda, a la incredulidad, a la irritación. El tebeo acaba, creo entender que entiendo lo que ha ocurrido y me digo “¿Y ya está?” ¿Esta es la novela gráfica que cambió el mundo?

Al leer Watchmen me quedó tal sensación de plenitud y perfección que le perdonaba todas las chorradas (la pseudofilosofía, etc). Pero Arkham Asylum, con tratar una materia potentísima, me parece que la despilfarra queriendo abarcar más de la cuenta. Un ejemplo: porque en una viñeta se nombre a Carl Jung no se puede pretender que el tebeíto contenga referencias jungianas o que alcance un alto grado de profundidad psicológica. Afortunadamente, la edición que compré de Arkham Asylum es una reedición conmemorativa de 2004 que incluye –entre otras cosas- el guión completo original. O sea, lo que el escritor (Grant Morrison) le entregó al artista (Dave McKean) para que lo plasmara.


Y Morrison es bastante detallista y específico a la hora de describir sus viñetas. Cuando quiere dejar libertad a McKean dice expresamente “esto píntalo como tú quieras”. ¿Y qué hizo el geniaaal artista gráfico? Pues pintó lo que le dio la real gana. Ejemplo, donde en el guión pone “Vemos el rostro atribulado del Comisario Gordon, un reloj de pared que marca las diez menos cuarto y a Batman acurrucado sobre una mesa con gesto ambiguo de preocupación”, en realidad vemos una semiviñeta gigante que ocupa media página en la que predomina un manchurrón negrucio que, tras cinco minutos de escrutinio, resulta ser el sobaco izquierdo del Hombre Murciélago. Oiga, ¿y el reloj? ¿Y la expresión de Batman, que tanto ayudaría a explicar la historia, y el Comisario Jim Gordon? ¿Y lo bonica que ha quedado la página, señora?

Llamadme cateto o desconocedor del lenguaje del cómic, pero sólo mediante la lectura del guión pormenorizado he podido (gracias a las pedantes y ambiciosas acotaciones de Morrison, todo hay que decirlo) entender realmente de qué va la historia de Arkham Asylum, que Dave McKean pintó de manera sin duda atractiva pero poco o nada clara. Y es un fastidio, porque como ya he dicho, la historia realmente merece la pena, está cargada de simbolismo mitológico/psicológico más o menos relevante y supone un verdadero desafío al concepto clásico del personaje de Batman. Moraleja: en lo sucesivo seguiré buscando clásicos del héroe de Gotham pero me cuidaré muy mucho de tocar una página garrapateada por el bueno de Dave McKean!

sábado, 29 de agosto de 2009

The soul of man under capitalism


-“Un fantasma recorre Europa…”
(Karl Marx y Friedrich Engels)




Estoy tomando café en la planta 36 del edificio Citigroup, en el distrito de Canary Wharf (en Londres), cuando me sobreviene una revelación. Yo nunca formaré parte de ese otro mundo. Hay otro mundo, se yuxtapone a este pero no es este, del cual no formo y nunca llegaré a formar parte. Pese a que hoy lo tengo al alcance de la punta de mis dedos, puedo tocarlo, el vidrio, el acero, los grabados abstractos de edición limitada que cuelgan hasta de las paredes de los cagaderos del Capital.

Había oído hablar del “Cuarto Mundo”, una suerte de submundo de pobreza y necesidad que se abre aquí delante de nosotros, en nuestras ciudades desarrolladas, no hace falta irse a África… Pero lo que hoy os presento es algo nuevo, yo lo bautizo como Mundo Cero, ya que se encuentra más allá del Primer Mundo, aun estando contenido en él. Los bancos de inversión, las aseguradoras, los mercados de valores: para esto es para lo que se han construido los rascacielos en Canary Wharf, en La Défense, las Torres de Madrid, el Bajo Manhattan…


Entonces, desde lo alto del rascacielos, la Ciudad me revela sus tripas, deja entrever un poco su secreto: Londres, que si en tiempos de Borges parecía un laberinto hoy puede contener y contiene al Mundo entero: un nuevo Aleph. Allí, junto a un ejecutivo de Citigroup, me siento un poco como un Rorschach de la vida, como el Diablo Cojuelo, como Batman. Desde arriba se ven las costuras de Matrix, se ve un mundo hecho a base de unos y ceros, de billetes de libras esterlinas, de euros, de dólares.

Pestañeo y la Ciudad me regala otra faceta de sus entrañas: el mudo y laborioso collage del tráfico, de los bloques de viviendas sociales, las torres de las iglesias de Christopher Wren, los muelles con sus mástiles, nervaduras de ferrocarriles, y el Río: una herida abierta y supurante que parte a Londres en dos, pese a la sutura infructuosa de sus treinta y cuatro puentes. Otro secretazo me es revelado: en Londres ya no quedan indigentes, todos han cogido el Eurostar para marcharse a Bruselas. A cambio, todas las putas de lujo de Europa han abierto consulta al norte del Padre Támesis: otra vez el dinero.


Esa misma noche escucharé hablar a gente con éxito, que sí pertenece a este Mundo Cero. Su alquiler en Londres les cuesta diez veces lo que el mío en Cosica. Dos veces lo que yo gano en un mes. Charlaré trivialmente sobre cosas que no comprendo con personas amables que sí saben del tema: la banca JP Morgan, fusiones de empresas, la “Crisis del 90”, el mercado americano… Pero antes la Ciudad me tiene reservada una ordalía. Abandono el distrito financiero de Canary Wharf en un ferrocarril urbano de superficie, próxima parada el Hades. Me bajo en una estación del East End rodeada de gente pobre, que viste pobre, con tiendas pobres, con viviendas pobres. Y sucias. También esto es Londres, y no se comprende una parte sin la otra.

(Si me tomo un gin tonic a lo mejor caigo en la demagogia de exclamar que ambas mitades se necesitan mutuamente para temerse y odiarse).


La mañana anterior había sido soleada, un domingo de agosto que arrastra a oradores y curiosos a cierto rincón de Hyde Park. A sólo unos metros, “el bazar occidental que solían llamar Oxford Street” (Costello dixit). En el parque, un hombre mayor, enrojecido, con fuerte acento cockney, habla desde una tribuna endeble en la que puede leerse “PARTIDO SOCIALISTA”. “Para que el Socialismo pueda llegar a implantarse” –dice- “son necesarias tres condiciones. Uno: contar con los medios técnicos y materiales para erradicar la pobreza. Los tenemos. Dos: una fluida comunicación entre los seres humanos. La tenemos. Y tres: concienciación y voluntad de cambiar la sociedad”. ¿He dicho ya que lucía un sol espléndido en Hyde Park?

Amigo socialista (de los de Marx, no de los de Gordon Brown y ZP), tú y yo sabemos que lo que predicas en el tiempo libre que te deja tu profesión de albañil nunca va a llegar. “Todos los hombres somos hermanos: lo demuestra el Proyecto Genoma. Tú rechazas ser comparado con un sacerdote, pero en el fondo prometéis lo mismo. Y a los dos os hacen el mismo caso: poquito. “¿No os dais cuenta? El 70 u 80% de nuestros recursos económicos no se emplean en producir riqueza, bienes o comida, sino en perpetuar y proteger nuestro sistema financiero: banca, impuestos, seguros, aduanas, jueces, policía, ejércitos…”

* * * * *


“Aquel es el rascacielos de Lehman Brothers –me dice mi contacto en Canary Wharf, la joven y exitosa persona que me ha abierto esta puerta interdimensional. “Cuando quebraron, íbamos todos a la hora del almuerzo a verlos salir con las cajas de la mudanza y a descojonarnos de ellos”. No soy tan iluso de pensar que viviríamos mejor bajo el auspicio del Socialismo, pero hay días en que…

Amigo ejecutivo y amigo socialista, mi trabajo tampoco produce riqueza directamente, ni comida, pero al menos produce algo. Y aunque sé que nunca me haré rico también sé a ciencia cierta que nunca seré el responsable de la explotación de nadie, ni de que engorden mes a mes las hermosas filas del paro. Dormid en paz los dos.

martes, 18 de agosto de 2009

Nuevo replanteamiento del canon Oro


(Dedicado al buen Nando, asceta escribano en París y proveedor de la nueva foto oficial del blog)





Soplan vientos de cambio, eso ya es cosa sabida. Desgraciadamente, se nos acumulan los Personajes Pupita pero no es menos cierto que también para poder ser Personaje Oro hay cola, como en las oficinas de empleo.

En esta ocasión, Estatuas Verdes viene a desfazer un tuerto (ya sabéis que esto lo escribe Cervantes), de manera que se eleva hoy a los altares áureos de la máxima dignidad personajil a un hombre que debería haber figurado en ellos desde primerísima hora. Si no lo hizo, no fue por falta de méritos, sino porque el mundo cruel del colorín y el famoseo a veces sepulta en la invisibilidad a las personas de valía por el simple hecho de no estar en el candelabro. Me estoy refiriendo, claro está, a Chiquito de la Calzada.

Él, que podía haber sido el protopersonaje Oro, ocupa ya por derecho propio su lugar, habiendo sido además el clarísimo ganador de la última encuesta en la que habéis votado (la de más éxito hasta ahora). No engaño a nadie si revelo que, independientemente del resultado de la encuesta, era Chiquito el llamado a estos honores. Pero veo que en esta ocasión tampoco me habéis fallado. Sobre Chiquito poco se puede añadir, quien no conozca su obra debería apresurarse a conocerla.


Me alegro de su presencia de nuevo en los medios: anuncios de Burger King, imitaciones en El Intermedio, trailer de Spanish Movie, entrevista en Buenafuente, programa de Juan y Medio…. Hace un par de meses, el buen Nota nos alertaba de este fenómeno en su blog, y lo hemos seguido muy de cerca. Sé que igual que ahora sale bastante mañana no saldrá, pero siempre lo tendremos presente.

Respecto a los otros candidatos… me alegra mucho ver que habéis votado a Robert Downey, Jr. Pronto tendremos ocasión de verlo en la peli de Guy Ritchie sobre Sherlock Holmes, una cinta que a juzgar por su trailer promete ser un maravilloso despropósito. En cuanto a Conchita, quedo a la espera de que lea Estatuas Verdes para hablar sobre ella. Muchas injurias he tenido que soportar este verano (anoche mismo, sin ir más lejos) por declarar en público que soy su fan: todas las aguanto con estoicismo.


Y si entra Chiquito, ¿quién deja de ser Personaje Oro? No ha sido una decisión fácil, amigos, es algo que me duele en el alma, y sé que va a causar sorpresa. Quito del Oro a una persona que, siendo de oro puro, últimamente no ha estado a la altura y por tanto merece un correctivo. Fernando Arrabal, David Trueba, Joaquín Reyes y Meryl Streep continúan tan férreos como siempre en la clasificación, entonces…… sí: es Elvis Costello. ¿El máximo personaje oro de Estatuas Verdes, Porerror (cito tus palabras)?

Así es, señora. Al buen Costello parece que últimamente se le ha ido la olla, como ya se anunció aquí, pero la gota que colmó el vaso ha sido su último y nuevo álbum, Secret, Profane & Sugarcane (2009), que es OTRA VEZ un disco de country. El mundo necesitaba otro disco country de Elvis Costello como La Ilíada necesita 100 versos más sobre Agamenón. Para colmo resulta que ahora el nota se va de gira con Jim Lauderdale (otro gurú country)… ¿quién le elige a este hombre las amistades? ¿Dónde quedó la época en que era colega de Paul McCartney?


De manera que la cosa queda así: Elvis Costello queda relevado como Personaje Oro hasta que componga, grabe y edite un disco pop-rock como Dios manda (y sólo él sabe). A todo esto, alguno se preguntará a qué venía poner en la encuesta y las fotos del blog a Megan Fox… no os falta razón, amigos, pero ¿a quién no le gusta un Imperio Romano del siglo primero?
 
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