Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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sábado, 27 de junio de 2009

Transformers 2: nuestros amigos secretos del espacio


Ahora que estamos recordando a Michael Jackson conviene recordar aquel monumento a la bizarría que constituyó el vídeoclip de 1992 para su tema “Remember the Time”. El vídeo, de tema egipcio, era un verdadero cortometraje de más de nueve minutos dirigido por John Singleton y en el que actuaban, amén de Jackson, nada menos que Eddie Murphy, Magic Johnson y la modelo Iman. El tratamiento que del Antiguo Egipto se hacía era tan hollywoodiense que visto hoy (y hace un mes estuve en una boda donde lo proyectaron 8 veces!), nos hace añorar el rigor histórico de las cajas nilóticas de Playmobil. Esto era lo más desfachatoso que se había rodado sobre Egipto hasta que…


Sin más rodeos, amigos, ayer fui a ver Transformers 2 (2009). Dejad de gritarme. La verdad es que los Transformers fueron uno de los puntales jugueteros de mi infancia, tanto los muñequicos como los tebeos. Y ahora estas pelis que han hecho… su “moderna estética” (por citar a Machado) me echa un poco para atrás, los roboles de ahora son mucho más chiripitifláuticos que los de mi época, meros acúmulos de cubos, cilindros y prismas cuadrangulares, de colores chillones. Los nuevos Transformers son una especie de robots cromados infinitamente más proteicos, más multiformes, entiendo que más chulos, salvo porque no son los de mi época. Pero siguen siendo los Transformers y además en la peli sale Megan Fox, need I say more?

El autor de la peli es Michael Bay (el de Bad Boys, The Rock, Armageddon o Pearl Harbor), como se ve por su curriculum especialista en pelis de acción. Pienso que con Transformers 2 el buen Bay ha intentado hacer la última peli de acción. “Última” en el sentido inglés de ultimate (definitiva), pero también será la postrera porque verdaderamente después de esta me da que ya no quedan en el mundo coches, excavadoras, aviones, carros de combate, helicópteros, hovercrafts, submarinos ni portaaviones que destruir en la pantalla grande. Como me dice un colega, a partir de ahora, cualquiera que quiera hacer una peli de acción espectacular tendrá que tener un ojo puesto en Transformers 2.


Y lo fascinante de esta peli exagerada, abrumadora, que Fotogramas ha calificado de “la hipérbole de la hipérbole” es que resulta que no se agota en el género de acción, sino que aglutina homenajes a otros, lo cual resulta bastante refrescante dentro del exceso continuado. Vemos así retazos de peli universitaria, comediota familiar, peli con mascota, aventura gráfica à la Indiana Jones, intriga, cine de catástrofes, hazañas bélicas… Esto es posible gracias a unos secundarios de muchísima risa, como son John Turturro, el coche-robot Bumblebee, la madre del protagonista y su roommate hispano, que pese a que lo hacen muy bien no tengo ganas de mirar cómo se llaman.

Obviando el injurión de que Bumblebee es un Chevrolet Camaro y no un VW “Escarabajo”, de que el nuevo Megatrón (el jefe de los malos) no se parece al clásico, de que no salen ni Soundwave ni Shockwave (los mejores Decepticons), he aquí una peli que realiza un más que meritorio esfuerzo por entretenernos. Sí!: a base de pasear gratuitamente a Megan Fox y de mostrar vehículos explosionando. ¿Y qué más queréis, cabrones? Un amigo que se niega a verla argumenta: “En esa peli solo hay una tía buena y armamento”. ¿Acaso no decía Jean-Luc Godard que esos, precisamente, eran los ingredientes necesarios para hacer una película?


Transformers 2: la peli destinada a revitalizar la renqueante industria automovilística yanqui (jamás vi tantos coches Chevrolet o General Motors en pantalla a la vez) es a la vez un publirreportaje de las Fuerzas Armadas USA. Que si aviones espía, que si comandos de asalto en paracaídas, que si acorazados en el Golfo Pérsico…. de hecho, esto nos lleva al temario geográfico, que creo que es donde la peli más deja que desear.

¡Qué purista de mierda eres, Porerror! ¿Qué más te da que la peli dé a entender que las Pirámides y la Esfinge de Giza están en medio de un desierto, junto a Karnak y a la ciudad jordana de Petra, y que los tres yacimientos se encuentran a tiro de piedra de Akaba, en el Mar Rojo? Pues porque he estado en todos esos sitios, señora, y no puedo evitar fijarme. Es más, en un momento dado, no me hubiera extrañado ver aparecer por ahí a Magic Johnson de ujier anunciando a Optimus Prime o a Michael Jackson marcándose un Cybertron walk con alguno de los Constructicons


A fin de cuenta, amigos, la peli es un cómic y como tal hay que tomarla –y un cómic de risa, además. Es solo una enorme excusa publicitaria para vender juguetillos, aquellos maravillosos robots (algún friki había en el cine que llevaba un Optimus de juguete en el bolso), aquellas cositas con las que nos pasábamos horas jugando… ¡qué época! ¿os acordáis? Remember the time?...

sábado, 6 de junio de 2009

Tutankamón, o: Caretas a 2 eurillos


Una vez más, Estatuas Verdes deudora de la realidad informativa, que deforma mis sueños hasta límites insospechadamente grotescos. En esta ocasión, diversas son las fuentes de las que me nutro, igual que el Padre Nilo se nutre de varias fuentes antes de donarnos Egipto (ya sabéis: Herodoto, etc). De un lado el telediario de Telecinco (se consolida día a día como una poderosa fuerza de la naturaleza bizarra). De otro, las increíbles anécdotas escolares del buen Harvest, el profesor resignado. Por último, el mundo de los juguetes, tamizado por el blog El testigo ocular.

Hechos: En el siglo XIV a.C. Tutankamón, faraón de la XVIII Dinastía egipcia, muere “a los diecinueve años de un estacazo en la cabeza” (Espabileta, alumno de 1º de ESO, dixit). Su fastuosa tumba, encontrada en 1922 por el arqueólogo inglés Howard Carter, constituye el más perfecto y completo ejemplo de culto a los muertos que nos ha legado la egiptología. Hace poco, la buena Cuidadora –con su saber histórico-artístico- nos dejaba en su blog una reflexión sobre tumbas y monumentos funerarios, remontándose a la pirámide escalonada de Zoser. La tumba de Tutankamón, el “faraón niño”, no era una pirámide sino un hipogeo, enterramiento subterráneo a base de túneles y cámaras, encontrado en el Valle de los Reyes, frente a Luxor.


Creo que todo el mundo conoce la máscara funeraria de Tutankamón: una joya de oro y piedras preciosas (lapislázuli sobre todo) custodiada en el Museo de El Cairo. Esta pieza me cautiva desde que vi su foto de chico en un folleto sobre una exposición de reproducciones del tesoro de Tutankamón que mis padres habían visitado en Berlín. Hace dos años tuve la inmensa suerte de ver la máscara en directo, la auténtica. Es la pieza más bonita que he contemplado en mi vida, y os lo dice uno que algún que otro museo lleva a las espaldas.

Entre el desgüeve y la desesperación, el buen Harvest me cuenta que uno de sus alumnos, mirlo blanco por su interés en la cultura clásica, le preguntó por la tumba de Tutankamón.
-Espabileta: “¿Es verdad el cuento ese, maestro?”
-Harvest: “¿Te refieres a que si existió Tutankamón?”
-Espabileta: “Sí, y que hubo un viaje gente que entraron en la tumba y se murieron tos después, el Karmabobo y to los bichos”.
[TRADUCCIÓN: “¿Es acaso cierta, oh dilecto profesor, la leyenda de la maldición de Tutankamón que se dice responsable de la muerte de Lord Carnarvon y varios de sus colaboradores?”]



Lord Carnarvon fue el noble mecenas de la expedición de Carter, y murió en Egipto en extrañas circunstancias solo meses después de excavarse la tumba. Cuando Harvest les contó que sí, que eso de la maldición se comentaba y que el tesoro funerario de Tutankamón era fabuloso, otro de sus alumnos (el Zambombín) soltó: “¡Vamos! Eso vas tú ahí al Egipto ese y te compras una careta de esas de Tutankamón por un par de eurillos…”. A lo que Espabileta replicó:
-“¿Tú estás loco, illo?, ¡Si eso tiene cuatro mil años y además es de oro puro, socio!”
-Zambombín: “Bueno… pues por un millón de euros, entonces, pero eso te lo venden los moros esos, hombre, ¡si están muertos de hambre!”

Creo que en aquel preciso instante les pitaron los oídos a Tutankamón, a Howard Carter, a Karmabobo, a Hosni Mubarak y al actual director del Museo Británico.

Al día siguiente de contarme Harvest esta anécdota veo:

a) Por la mañana, en el telediario de Telecinco, que se abre en Barcelona una exposición sobre la tumba y tesoro funerario de Tuntankamón, expo que trata de recrear con la máxima fidelidad posible el estado “original” en que se los encontraron en 1922 Howard Carter y sus compinches.

b) Por la tarde, en una juguetería de la Gran Ciudad, la serie de Playmobils del Antiguo Egipto, de la que primero tuve noticia a través del blog del buen Luis Manuel Ruiz. Me consta que Luis Ruiz es un apasionado del mundo egipcio, sus novelas El ojo del halcón (2007) y Tormenta sobre Alejandría (2009) así parecen atestiguarlo.


Los juguetes egipcios de los clicks son, como todos los Playmobils, entrañables. Se me antojan una migaja menos rigurosos históricamente que sus predecesores romanos (estos de Egipto incluyen momias fosforescentes, tesoros absurdos y alacranes gigantes), y de tener yo veinte años menos se me hubiesen antojado… para jugar. Veo que en su diseño no se ha escatimado en licencias: la Esfinge de Giza presenta un “frontal extraíble” y cobija en su interior fluorescentes momias de la Universal y fabulosas riquezas. Todo sea por la diversión. El sacerdote de Anubis (¿o es Anubis en persona?) se codea con un Karmabobo de plástico, recién salido de la Universidad de Cambridge/Playmobil.

Quiera Dios (y, ejem, Osiris) que estos muñequicos sirvan para divulgar la cultura egipcia entre nuestras más jóvenes mentes, o al menos para alertarlas de su existencia. Ya de un poquitín más mayores, iniciativas como la exposición de Barcelona pueden servir para afilar su incipiente apetito por la egiptología. Y si no, por un par de eurillos, ya sabéis, por poco más de lo que cuesta un porro, los nenes siempre podrán acudir a los moros por una caretita dorada de Tutankamón.

jueves, 3 de enero de 2008

Carla et Sarko: ils s'amusent


Como sé que este blog lo lee mucha gente conectada con el país galo (que viven en Francia, que enseñan francés, que van de vacaciones a las Ardenas, que comen queso…), voy a tratar un tema que me tiene fascinado estas Navidades. Me refiero al amorío del presidente Nicolas Sarkozy con la ex modelo y cantautora Carla Bruni.

La pareja pasea estos días su amor por Egipto: han estado, a lo que se sabe, en Luxor y Karnak, el Valle de los Reyes y Gizah (donde la Esfinge y las Pirámides). Esto está muy bien traído, pues cuando me enteré del idilio lo primero que pensé fue en el golpe de efecto propagandístico que supondría para el recién divorciado primer ministro francés. Me explico, en el Antiguo Egipto, Faraón debía participar en unas pruebas físicas durante la ceremonia de heb-sed, para demostrar su vigor y juventud. Lo mismo que ha conseguido Sarko al ligarse a una top model de gran palotismo como Carla Bruni.

Sin embargo, leo en la prensa (ABC) que, lejos de un auge en su valoración, la publicación de esta aventura le ha costado a Sarkozy una caída de popularidad del 11%, sobre todo entre los franceses mayores de 65 años. Si bien es cierto que el 89% de los encuestados opina que el asunto es cosa exclusiva de los amantes y su vida privada. Estos días les he preguntado a un par de franceses por el tema y no me han transmitido la impresión de que en el país vecino se ejerza el clintonismo de unos, digamos, Estados Unidos. Es decir, que al tipo tampoco lo van a crucificar (ya que parece que una medalla no le van a poner).

Quizá, lo más morboso de este asunto, más allá de la profesión de la Bruni y las fotos que en su día pudiera hacerse, o más allá de que Sarkozy lleve divorciado solo unas semanas, sea el curriculazo amatorio de la italo-francesa. Sabido es que Carla Bruni se ha pasado por la pierre, entre otros, a Eric Clapton, Mick Jagger, Vincent Perez, Kevin Costner, Donald Trump… ¡hasta dicen que al ex primer ministro socialista francés Laurent Fabius! La mujer es abierta defensora de la poliandria, y dice que “la pasión solo dura tres semanas”. A todo esto, su madre declara que “vería muy bien a mi hija como Primera Dama de Francia”. ¿Dará tiempo?

Pero no escribo este post para llamar guarra a Carla Bruni, ¡olé ella y su felpudo! La chica no es lerda, ¿eh?, fue modelo de prestigio hasta 1997, ha salido en un par de pelis y últimamente ha tenido un éxito disparatado en los países de habla francesa con sus discos. Del Quelq’un m’a dit (2002) salió el tema del anuncio de Nescafé (¿lo recordáis?), en su último álbum (No Promises, de 2007) los textos son de poetas en lengua inglesa como W.H. Auden, W.B. Yeats, Emily Dickinson o Christina Rossetti. Ella lo vale, y junto a Sarkozy se lo está pasando pipa.

El siguiente paso (me lo vais a permitir) sería hacer un poco de ficción y fantasear con una equivalencia patria de este romance. Con permiso de Sonsoles, ¿os imagináis que Zapatero se fuera a liar con una vieja gloria mediática todavía de buen ver? ¿Quién podría ser… Bárbara Rey? ¡Uff! No mola…
 
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