
“¿Qué sería de nosotros los astronautas si no nos dijeran los astrólogos o los astrónomos cómo son las cosas?”
-Alfredo Sánchez Monteseirín, alcalde de Sevilla
Una lectora clásica de Estatuas Verdes (que se identifique ella si quiere) deja un mensaje conmovedor en su perfil de Facebook, que reza tal que así. “Sevilla empieza a ser una ciudad en condiciones!” La verdad es que hoy tenía pensado escribir sobre otra cosa, pero también es verdad que he estado últimamente en Sevilla varias veces y ya tenía ganas de escribir alguna cosilla sobre lo que se está cociendo en la “muy noble, muy leal, muy etc” ciudad.
“Quien no ha visto Sevilla no ha visto maravilla”, dice un antiguo adagio favorito mío, y a tenor de lo que se está viendo últimamente, va a haber que darle la razón. Lo primero que hice cuando puse el pie en la capital andaluza fue preguntar en dónde estaba la calle Pilar Bardem, a la que insoslayablemente quería rendir tributo. Grande fue el chasco cuando se me informó de que la tal calle todavía no existe, aún no le cambian el nombre a otra que hay para ponérselo a la gran mujer. Transité por las pocas calles que quedan en Sevilla sin peatonalizar, y tengo que decir que la ciudad está preciosa.

Lamentablemente, todo lo que hay bonito en Sevilla tiene al menos 200 años de antigüedad, con lo que no parece de recibo atribuirle el mérito a la PSOE. Del buen tiempo y la luz primaveral, pues parece que tampoco. Confieso que la otra razón poderosa que me ha movido hoy a escribir este post es que en el anterior se ha dignado a dejar un comentario (muy certero) el actual alcalde de Sevilla. Signor Monteseirín es de siempre un ídolo mío, el calibre de sus ocurrencias daría para varias Celebrities: ¿soy el único que recuerda que en el año 2000 dijo que iba a convertir Sevilla en la Las Vegas de Europa? A lo mejor se estaba refiriendo al poblado chabolista de Las Vegas, que desde luego está ahí.
Caminando por Sevilla me siento un Melendi de la vida: me entero de que el centro de la ciudad lo gobierna Izquierda Unida, y me llama la atención que es el único distrito en que mi vida no corre constante peligro (hablaré de esto más tarde). Tampoco me voy a ir aquí de zumbón: la deresha gobernó Sevilla durante un par de mandatos hace una década y tampoco hizo nada por la ciudad. Pero soy injusto, el mérito de Signor Monteseirín no se lo da su filiación política sino que es algo innato, genético. Las únicas siglas que trazan los designios de Don Monte son ADN. Tamaño nivel de genialidad no se improvisa ni se estudia.

Monto en el Metro, flamante metro que hoy por hoy es un Centímetro pero que verdaderamente cuando esté acabado va a ser la bomba para esta ciudad. Me deslumbra la tupidísima red de carril bici, excavada a base de quitarle acera a los peatones, pero who’s counting? El sistema de préstamo de bicis tiene en Sevilla un éxito increíble. Incluso han colocado en ciertas intersecciones un sistema de semáforos que no se entiende nada, pero que queda precioso. Mis contactos sevillanos me urgen a que me saque el bono y también haga yo uso de esas bicicletas, pero pienso que total, para el tiempo que voy a estar en la ciudad del Guadalquivir…
Esa no es la razón de negarme, a vosotros os lo puedo contar. La razón es que no quiero convertirme en un ASESINO, como los centenares de biciclistas que transitan por las anteriormente-conocidas-como-aceras. Sufro diversos atentados mientras camino por Sevilla, los ciclistas me arrollan, y encima se enfadan (será porque no han acabado con mi vida). Hay que decir en su defensa que peatones y conductores hacen caso omiso de la nueva señalización del carril bici, acaso por falta de costumbre, pero no seré yo quien lo diga.

Después me llevan a varias plazas emblemáticas del centro (único distrito que parece libre de la tiranía de los ciclistas), recientemente peatonalizadas: admito que mola que no haya coches, pero su acabado deja bastante que desear. Sevilla-cateta, Sevilla-pueblo, Sevilla-ojete. Y no lo digo yo, lo dicen mis amigos arquitectos, y ellos han estudiado, ¿no? Me comentan también que el alcalde quiere peatonalizar la calle principal del barrio de la Pantoja y Fran Rivera, una de las vías comerciales de más éxito de la ciudad. Me parece bien, siempre y cuando también le cambie el nombre, claro.
Esta vez no me monto en el tranvía porque ya me monté en otra ocasión. Transita por una larga avenida recientemente peatonalizada también. Constato que en Sevilla hay FNAC: punto a favor. Veo la maravillosa Catedral, donde corren rumores de que el año que viene se casa una amiga del alma. Veo a los famosos gorrillas de los que siempre habla el telediario de Antena 3, veo con arrobo el termómetro de al lado de la Universidad donde siempre sacan en la tele que hace 45 grados en agosto, veo las ruinas aztecas…

En una palabra, amigos, todo maravilloso: como para quedarse a vivir.
“Quien no ha visto Sevilla no ha visto maravilla”, dice un antiguo adagio favorito mío, y a tenor de lo que se está viendo últimamente, va a haber que darle la razón. Lo primero que hice cuando puse el pie en la capital andaluza fue preguntar en dónde estaba la calle Pilar Bardem, a la que insoslayablemente quería rendir tributo. Grande fue el chasco cuando se me informó de que la tal calle todavía no existe, aún no le cambian el nombre a otra que hay para ponérselo a la gran mujer. Transité por las pocas calles que quedan en Sevilla sin peatonalizar, y tengo que decir que la ciudad está preciosa.

Lamentablemente, todo lo que hay bonito en Sevilla tiene al menos 200 años de antigüedad, con lo que no parece de recibo atribuirle el mérito a la PSOE. Del buen tiempo y la luz primaveral, pues parece que tampoco. Confieso que la otra razón poderosa que me ha movido hoy a escribir este post es que en el anterior se ha dignado a dejar un comentario (muy certero) el actual alcalde de Sevilla. Signor Monteseirín es de siempre un ídolo mío, el calibre de sus ocurrencias daría para varias Celebrities: ¿soy el único que recuerda que en el año 2000 dijo que iba a convertir Sevilla en la Las Vegas de Europa? A lo mejor se estaba refiriendo al poblado chabolista de Las Vegas, que desde luego está ahí.
Caminando por Sevilla me siento un Melendi de la vida: me entero de que el centro de la ciudad lo gobierna Izquierda Unida, y me llama la atención que es el único distrito en que mi vida no corre constante peligro (hablaré de esto más tarde). Tampoco me voy a ir aquí de zumbón: la deresha gobernó Sevilla durante un par de mandatos hace una década y tampoco hizo nada por la ciudad. Pero soy injusto, el mérito de Signor Monteseirín no se lo da su filiación política sino que es algo innato, genético. Las únicas siglas que trazan los designios de Don Monte son ADN. Tamaño nivel de genialidad no se improvisa ni se estudia.

Monto en el Metro, flamante metro que hoy por hoy es un Centímetro pero que verdaderamente cuando esté acabado va a ser la bomba para esta ciudad. Me deslumbra la tupidísima red de carril bici, excavada a base de quitarle acera a los peatones, pero who’s counting? El sistema de préstamo de bicis tiene en Sevilla un éxito increíble. Incluso han colocado en ciertas intersecciones un sistema de semáforos que no se entiende nada, pero que queda precioso. Mis contactos sevillanos me urgen a que me saque el bono y también haga yo uso de esas bicicletas, pero pienso que total, para el tiempo que voy a estar en la ciudad del Guadalquivir…
Esa no es la razón de negarme, a vosotros os lo puedo contar. La razón es que no quiero convertirme en un ASESINO, como los centenares de biciclistas que transitan por las anteriormente-conocidas-como-aceras. Sufro diversos atentados mientras camino por Sevilla, los ciclistas me arrollan, y encima se enfadan (será porque no han acabado con mi vida). Hay que decir en su defensa que peatones y conductores hacen caso omiso de la nueva señalización del carril bici, acaso por falta de costumbre, pero no seré yo quien lo diga.

Después me llevan a varias plazas emblemáticas del centro (único distrito que parece libre de la tiranía de los ciclistas), recientemente peatonalizadas: admito que mola que no haya coches, pero su acabado deja bastante que desear. Sevilla-cateta, Sevilla-pueblo, Sevilla-ojete. Y no lo digo yo, lo dicen mis amigos arquitectos, y ellos han estudiado, ¿no? Me comentan también que el alcalde quiere peatonalizar la calle principal del barrio de la Pantoja y Fran Rivera, una de las vías comerciales de más éxito de la ciudad. Me parece bien, siempre y cuando también le cambie el nombre, claro.
Esta vez no me monto en el tranvía porque ya me monté en otra ocasión. Transita por una larga avenida recientemente peatonalizada también. Constato que en Sevilla hay FNAC: punto a favor. Veo la maravillosa Catedral, donde corren rumores de que el año que viene se casa una amiga del alma. Veo a los famosos gorrillas de los que siempre habla el telediario de Antena 3, veo con arrobo el termómetro de al lado de la Universidad donde siempre sacan en la tele que hace 45 grados en agosto, veo las ruinas aztecas…

En una palabra, amigos, todo maravilloso: como para quedarse a vivir.


