Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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lunes, 4 de mayo de 2009

Está bonita Sevilla, la jodía


“¿Qué sería de nosotros los astronautas si no nos dijeran los astrólogos o los astrónomos cómo son las cosas?”
-Alfredo Sánchez Monteseirín, alcalde de Sevilla







Una lectora clásica de Estatuas Verdes (que se identifique ella si quiere) deja un mensaje conmovedor en su perfil de Facebook, que reza tal que así. “Sevilla empieza a ser una ciudad en condiciones!” La verdad es que hoy tenía pensado escribir sobre otra cosa, pero también es verdad que he estado últimamente en Sevilla varias veces y ya tenía ganas de escribir alguna cosilla sobre lo que se está cociendo en la “muy noble, muy leal, muy etc” ciudad.

“Quien no ha visto Sevilla no ha visto maravilla”, dice un antiguo adagio favorito mío, y a tenor de lo que se está viendo últimamente, va a haber que darle la razón. Lo primero que hice cuando puse el pie en la capital andaluza fue preguntar en dónde estaba la calle Pilar Bardem, a la que insoslayablemente quería rendir tributo. Grande fue el chasco cuando se me informó de que la tal calle todavía no existe, aún no le cambian el nombre a otra que hay para ponérselo a la gran mujer. Transité por las pocas calles que quedan en Sevilla sin peatonalizar, y tengo que decir que la ciudad está preciosa.


Lamentablemente, todo lo que hay bonito en Sevilla tiene al menos 200 años de antigüedad, con lo que no parece de recibo atribuirle el mérito a la PSOE. Del buen tiempo y la luz primaveral, pues parece que tampoco. Confieso que la otra razón poderosa que me ha movido hoy a escribir este post es que en el anterior se ha dignado a dejar un comentario (muy certero) el actual alcalde de Sevilla. Signor Monteseirín es de siempre un ídolo mío, el calibre de sus ocurrencias daría para varias Celebrities: ¿soy el único que recuerda que en el año 2000 dijo que iba a convertir Sevilla en la Las Vegas de Europa? A lo mejor se estaba refiriendo al poblado chabolista de Las Vegas, que desde luego está ahí.

Caminando por Sevilla me siento un Melendi de la vida: me entero de que el centro de la ciudad lo gobierna Izquierda Unida, y me llama la atención que es el único distrito en que mi vida no corre constante peligro (hablaré de esto más tarde). Tampoco me voy a ir aquí de zumbón: la deresha gobernó Sevilla durante un par de mandatos hace una década y tampoco hizo nada por la ciudad. Pero soy injusto, el mérito de Signor Monteseirín no se lo da su filiación política sino que es algo innato, genético. Las únicas siglas que trazan los designios de Don Monte son ADN. Tamaño nivel de genialidad no se improvisa ni se estudia.


Monto en el Metro, flamante metro que hoy por hoy es un Centímetro pero que verdaderamente cuando esté acabado va a ser la bomba para esta ciudad. Me deslumbra la tupidísima red de carril bici, excavada a base de quitarle acera a los peatones, pero who’s counting? El sistema de préstamo de bicis tiene en Sevilla un éxito increíble. Incluso han colocado en ciertas intersecciones un sistema de semáforos que no se entiende nada, pero que queda precioso. Mis contactos sevillanos me urgen a que me saque el bono y también haga yo uso de esas bicicletas, pero pienso que total, para el tiempo que voy a estar en la ciudad del Guadalquivir…

Esa no es la razón de negarme, a vosotros os lo puedo contar. La razón es que no quiero convertirme en un ASESINO, como los centenares de biciclistas que transitan por las anteriormente-conocidas-como-aceras. Sufro diversos atentados mientras camino por Sevilla, los ciclistas me arrollan, y encima se enfadan (será porque no han acabado con mi vida). Hay que decir en su defensa que peatones y conductores hacen caso omiso de la nueva señalización del carril bici, acaso por falta de costumbre, pero no seré yo quien lo diga.


Después me llevan a varias plazas emblemáticas del centro (único distrito que parece libre de la tiranía de los ciclistas), recientemente peatonalizadas: admito que mola que no haya coches, pero su acabado deja bastante que desear. Sevilla-cateta, Sevilla-pueblo, Sevilla-ojete. Y no lo digo yo, lo dicen mis amigos arquitectos, y ellos han estudiado, ¿no? Me comentan también que el alcalde quiere peatonalizar la calle principal del barrio de la Pantoja y Fran Rivera, una de las vías comerciales de más éxito de la ciudad. Me parece bien, siempre y cuando también le cambie el nombre, claro.

Esta vez no me monto en el tranvía porque ya me monté en otra ocasión. Transita por una larga avenida recientemente peatonalizada también. Constato que en Sevilla hay FNAC: punto a favor. Veo la maravillosa Catedral, donde corren rumores de que el año que viene se casa una amiga del alma. Veo a los famosos gorrillas de los que siempre habla el telediario de Antena 3, veo con arrobo el termómetro de al lado de la Universidad donde siempre sacan en la tele que hace 45 grados en agosto, veo las ruinas aztecas…


En una palabra, amigos, todo maravilloso: como para quedarse a vivir.

miércoles, 4 de junio de 2008

Con el Maestro


En aquel tiempo, Risto subió a la planta primera de una tienda FNAC y atrajo allí a una muchedumbre ansiosa por ser instruida. La multitud hizo cola ordenadamente para presentarse ante el Maestro, pero un grupo de zelotes de la “Academia de Artistas” fue iluminado por el espíritu de la Picaresca y tuvo a bien saltarse la formación a la torera y ocupar las mejores localidades. Un subalterno hizo la presentación del Maestro, y entregó un micrófono al público para que escuchara la palabra y luego la discutiera.

Un modernote con gomina preguntó: “Maestro, soy artista. ¿Qué es más fácil de sobrellevar, el éxito o el fracaso?”. A esto Risto respondió: “Aleluya, hermano, yo el fracaso lo llevo de puta madre. El éxito cuesta mucho más. En verdad os digo que en mi vida he fracasado tropecientas veces y solo así he aprendido”.

Una chica de barrio alzó la voz, “Maestro, ¿compensa la fama?” “En verdad, en verdad os digo que la fama no compensa. El éxito lo tenemos todos si hacemos las cosas bien, mientras que lo difícil de alcanzar es el reconocimiento de los demás. Hay gente que vive pendiente de la opinión de los demás y os digo que esa gente son en verdad muy pobres”.

Dióse el turno de palabra a un joven picado de acné, que planteó la siguiente cuestión. “Maestro, tú nos has enseñado que además de insultar a gente por la tele te acuestas con muchas mujeres. ¿Significa eso que también eres un ser tierno?” Risto se mesó la incipiente calva y contestó… “Todas nuestras relaciones sentimentales son un fracaso salvo la que mantenemos actualmente. Yo no puedo decir que por mi cama han pasado muchas hembras, sino más bien que yo he pasado por las camas de ellas”.

Entonces, una chica de colegio religioso que pasaba por allí retó al Maestro. “Maestro, tú has dicho que en el sexo, como en los negocios, improvisar es mejor que planificar. ¿No es necesario entonces prepararse? Risto entonces le contestó con una parábola: “En verdad os digo que la preparación es importante pero que corren malos tiempos para los estudiantes de Publicidad. Conoced la historia del publicista y jurado de un concurso de talentos que concertó una cita amorosa con una modelo de Los Ángeles. Un guapo publicista y jurado de OT con fama de mala leche recordaba a cierta modelo maciza de California, quedó con ella por email y reservó una suite de lujo con la cama en forma de corazón para agasajarla.

Henchido de tensión sexual, el hombre alquiló un Hummer amarillo, compró un gran ramo de rosas y fue a recoger a la modelo. Al verla resultó que la chica llevaba seis meses sin trabajar y se alimentaba con una dieta a base de McDonald’s y Häagen Dazs. En verdad os digo que aunque yo no tenga nada contra el sobrepeso, mi líbido sí. De este modo, el hombre guapo y con mala leche evitó todo contacto íntimo con la modelo con la excusa del cansancio y de salir a pasear. En última instancia, flirteó con el camarero de un bar gay de San Francisco para parecer invertido a los ojos de la no-tan-atractiva modelo. Desde aquel entonces, la mujer le dejó en paz y ahora ambos son solo amigos”.


Entonces se levantó una petardilla y se dirigió al auditorio. “Maestro: mi nombre es Raquel y doy el tiempo en el canal autonómico público de esta región. Ruego al auditorio me permita colarme y a ti que me firmes tu libro porque si no no llego a tiempo de dar la previsión de esta noche, y se me caen el pelo y el tiempo”. La multitud enfervorizada montó en cólera, y reprochaban a la mujer su indecencia. Algunos decían “Si tanto te preocupa el talento, Risto, ¿qué haces en OT?”, y otros clamaban por la multiplicación de los autógrafos.

El Maestro tomó entonces la palabra para apaciguarlos y dictó sus cuatro mandamientos. “En verdad os digo, hermanos, que lo importante no es ser un buen artista sino ser un producto. Para lograrlo es imprescindible ofrecer algo nuevo, sorprendente, mejor que lo que había, y que sea percibido por la gente como una necesidad”. Muchos asentían con la cabeza, pero una chica de la ESO increpó al maestro de nuevo.

“Tú enseñaste que cantar un tema de Nirvana en Operación Triunfo es como montar una orgía con los Teletubbies. ¿Estás en contra del rock alternativo?” Risto entrecerró los ojos y le dijo: “Hermana, aunque a todos nos pese, los días del rock independiente han pasado. Ya no hay compañías indies como Subterfuge que sacaban cada semana grupos indies como Dover para triunfar. Quedaos con esta frase: en verdad crecer significa aprender a despedirse cada vez mejor de las cosas y de las personas”. La multitud asentía, y una muchacha dijo “Maestro, en lo que dices hay verdad y hay sabiduría”.
Es Palabra de Risto.
 
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