Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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jueves, 24 de septiembre de 2009

El catenaccio del amor


-“Cuando paso por el puente Triana,
contigo vida mía, Triana,
contigo vida mía,
con mirarte solamente, Triana,
me muero de alegría”

(Manuel Pareja Obregón)





Bueno, bueno, bueno! Por petición popular, intervengo en un tema sobre el que a priori no pensaba hablar, pero los últimos acontecimientos me han hecho cambiar de opinión. Voy a hablar (y a opinar) sobre Triana, un conocido barrio de Sevilla sobre el que todo el mundo se siente con derecho a sentar cátedra, cuando pocos son los realmente oriundos de allí.

Será que el otro día la nombraron en Sálvame, pero el caso es que tengo ganitas de parafrasear a Jane Austen, en concreto el comienzo de su novela más famosa, y exclamar que “es una verdad universalmente reconocida que algo que aparece en el telediario de Antena 3 debe ser cierto”. Y el otro día allí se desayunaban con un hecho insólito: al parecer se ha puesto de moda que las parejas pongan candados en los barrotes del puente de Triana, una obra decimonónica de piedra y hierro que es Monumento Nacional. Las parejas ponen estos candados para sellar su amor, ¿motivo?: imitar lo que se hace en Roma en el Puente Milvio.


Esta moda o costumbre se ha generalizado a raíz de su aparición en las novelas del escritor Federico Moccia, si la pareja cierra el candado y tira la llave al río, ese amor nunca se romperá. Pero esto –que sin duda se ha disparado en Roma y otros lugares debido a los libros- no es nuevo. Ya se hacía hace años en el Ponte Vecchio de Florencia, yo lo he visto en farolas y puentes de Nápoles y estoy seguro que Fede Moccia lo sacó de la realidad. Hasta aquí todo bien: una extravagancia con tintes románticos que llama la atención por su popularidad.

La noticia subsidiaria viene cuando esto se hace en Sevilla, esa ciudad que tanto gusta de mirarse el ombligo y que, cual Narciso, corre el riesgo de morir ahogada en su propio ensimismamiento. Sevilla, la muy Noble, la muy Leal, la Ciudad de las Personas, la Ciudad del Deporte, la Ciudad de la Música, la Ciudad de la Movilidad Sostenible… menos mal que para contrarrestar todas estas patochadas del Alcalde existe en la otra orilla del Guadalquivir el barrio de Triana.


Pero hete aquí que los trianeros, antaño marineros, artistas, flamencos, toreros, buscavidas, ahora gente trabajadora pero siempre un poquito heterodoxa, no acaban de ver bien la dichosita costumbre de los candados, se van en este asunto de conservadores. Que si afea el patrimonio… que si es un injurión… que por qué van a tener que arraigar aquí las costumbres italianas… eso lo dicen los mismo que luego van a comer al restaurante San Marco de la calle Betis (un italiano del barrio).

Yo personalmente –como no vivo en Triana ni en Sevilla soy un observador imparcial- no veo dónde está el problema. ¿Sevilla no era la patria de las innovaciones? ¿De los tranvías, del metro, de las setas gigantes? Sinceramente me pregunto: ¿qué daño hacen los jodidos candados? Lo que más me ha chocado ha sido que en Sevilla es proverbial el ojo para el negocio del turismo, y en esto los sevillanos son maestros en inventar tradiciones postizas. A un pavo se le ocurre una tapa de chanquetes fritos, u otro espabilado pergeña mezclar el Seven Up con manzanilla, y ya son tradiciones de toda la vida, mi arma!

Por eso me sorprende tanto la oposición de los autóctonos (que ha salido en prensa, que ha movido al Ayuntamiento a retirar los candados del puente: cuando al Ayuntamiento de Sevilla le suda la polla lo que digan los ciudadanos), pese a que podríamos encontrarnos ante el nacimiento de una nueva “costumbre de toda la vida” en Sevilla. El sector de las ferreterías ya se estaba frotando las manos. Sevilla, la Ciudad del amor (“Y jugar a ser paloma que cruza Triana” –Arturo Pareja Obregón; “Me enamoraré de una niña de Triana” –Siempre Así; “Desde la India a Triana/ desde Triana a Sevilla” –Pata Negra;“El corazón que a Triana va, nunca volverá” –Papito Bosé…)


También me ha chocado un montón –no lo voy a negar- que varios amigos míos nacidos o residentes en Sevilla y Triana se hayan opuesto virulentamente al tema de los candados. Sobre todo porque es gente bastante moderna y progresista en un montón de temas estéticos y culturales. La verdad es que no logro entenderlo. ¿Que se trata de una chorrada? No os quepa la menor duda, pero aún no alcanzo a ver el perjuicio que ocasiona (como para secundar campañas anti-candado en Facebook), mientras que sí veo parte del beneficio: consolidación de Sevilla como destino de turismo romántico, enriquecimiento de las absurdas tradiciones de la ciudad, etc.

Por otra parte, considero positivo el hecho de que, por una vez, en Sevilla se haga algo inspirado por un libro que no sea la Biblia o Carmen de Merimé. Menos mal que tengo otro amigo que sí está a favor, lo veré pronto, y promete llevar candados en la mochila. Yo, ni tengo pareja ni voy a ir a Triana próximamente, pero le pediré que ponga uno en el puente por mí.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Estoy hablando de respeto


“Si tú respetas, yo respeto. Si tú no respetas, po yo no respeto”. Hasta en eso se equivoca el cómico rapero sevillano el Tito MC. (Otras cosas en las que yerra son, por ejemplo, el hecho de que Los Remedios no es un barrio gangsta o que “el clásico Frank Sinatra” no era negro). Pero eso del Respeto, esa palabra talismán de canis, alumnos de instituto y raperos de poca monta, está de capa caída en lo que a programación televisiva se refiere.



Si Otis Redding o Kiko Veneno levantaran la cabeza! (Otros que en su día le cantaron al Respeto). Pero hoy quisiera hablar precisamente no del respeto sino de the lack of thereof. La falta de respeto rampante a la que las cadenas televisivas nos someten a su sufrido público sin que verdaderamente podamos hacer nada, bien pensado. El botón de muestra que os traigo hoy concierne al reciente estreno en Antena 3 de la serie comédico-aculebronada Somos cómplices (2009), adaptación de la exitosa chilena Cómplices (2006).

La serie (por si no la habéis visto) fue estrenada el pasado martes 15 de septiembre a eso de las 4 de la tarde, viniendo a sustituir al programa de Mariñas y la Patiño, cancelado por su baja audiencia. Pero Somos cómplices no ha sido algo improvisado, desde julio venimos teniendo noticias de la serie, el estreno se anunció a bombo y platillo (en ese modo blitz, saturante, con que nos castigan las televisiones), adobado con el morbosote cameo del septuagenario Larry Hagman: sí, amigos, el que hacía de J.R.

La historia de Somos cómplices es (como se suele decir por aquí) simple: unas timadoras de poca monta se enteran de casualidad de una antigua tragedia familiar, y deciden montar un timo por todo lo alto en plan El golpe (1972), a base de hacer creer a un multimillonario yanqui nacido en España que ellas son su familia biológica. La idea, es que, acongojada por la culpa, la familia yanqui que acogió al bebé vierta una lluvia de millones sobre la supuesta familia de verdad, en compensación.



La trama se complica con el hecho de que el yanqui se presenta en España para conocer a su “familia” antes de tiempo, y lo que era un plan elaborado con actores contratados, etc, se convierte en un frenético slapstick de improvisación, equívocos y falsas identidades (ponen de hermano a un pizzero que pasaba por allí, y en esa onda). A que mola, ¿eh? Pues si os interesa verla, os digo ya que no podéis. Os digo que ya no podéis. La serie se estrenó el pasado martes 15 de septiembre y se canceló el jueves 17, después de solo dos capítulos. Al parecer la audiencia (en torno al 5%) fue la peor de un estreno en toda la historia de Antena 3.

Yo la verdad es que vi los dos episodios emitidos y quedé completamente enganchado. La serie me pareció graciosa, inteligente, culebroncilla pero llevadera, y el trabajo de los actores de lo más meritorio. Además, se rescataba a figuras de segunda fila de la ficción nacional que me gustan mucho, como Cristina Peña y Bruno Squarcia. Sin embargo, está claro que Somos cómplices no contó con el favor del público, pero coño, ni siquiera ha tenido una oportunidad. Según la web La Caja Tonta, “lo cierto es que estaba todo muy mal aprovechado, las interpretaciones no eran nada creíbles y su humor tenía de todo menos gracia”. Yo opino absolutamente lo contrario, pero ya nunca sabré el final de la serie.


La semana anterior, Cuatro estrenaba otra novedad-plato fuerte: Los exitosos Pells, que, irónicamente ha sido un fracaso absoluto, con lo que el chiste queda asegurado. Cancelada tras una semana, creo, el dineral invertido se ha ido al garete por los crueles designios de la caprichosa audiencia. ¿Quién decide estas cosas? Nos encontramos en una era del “aquí” y “ahora” absolutamente implacable, que a mí me resulta descorazonador. No ha mucho comentaba con amigos la desvergüenza de cambiar de día y hora ciertas series, o de emitirlas a base de chorrocientos capítulos seguidos para quitárselas de encima: ha pasado con 24, Eli Stone, Los 4400 o Vientos de agua. ¿Cómo quieren que las series tengan éxito y fidelicen un público, si los espectadores que quieren verlas han de hacer de detectives?

Al final, me quedo sin ver Somos cómplices, cancelada tras dos días sin previo aviso: he aquí la mayor falta de respeto que se le puede tener a los telespectadores, que vemos su jodida cadena, que nos comemos sus largas pausas publicitarias… y que además, estamos esclavos de sus decisiones. Yo no voy a dejar de ver Antena 3 como castigo: si aplicara esta política de veto, en una semana dejaba la tele y me ponía a hacer ganchillo. Seguiré viendo esta cadena, igual que el resto, eso sí –con más penita. Y desde luego, yo respeto sus decisiones (no me quedan más huevos), pero ellos a nosotros no nos respetan ni medio pimiento.

lunes, 4 de mayo de 2009

Está bonita Sevilla, la jodía


“¿Qué sería de nosotros los astronautas si no nos dijeran los astrólogos o los astrónomos cómo son las cosas?”
-Alfredo Sánchez Monteseirín, alcalde de Sevilla







Una lectora clásica de Estatuas Verdes (que se identifique ella si quiere) deja un mensaje conmovedor en su perfil de Facebook, que reza tal que así. “Sevilla empieza a ser una ciudad en condiciones!” La verdad es que hoy tenía pensado escribir sobre otra cosa, pero también es verdad que he estado últimamente en Sevilla varias veces y ya tenía ganas de escribir alguna cosilla sobre lo que se está cociendo en la “muy noble, muy leal, muy etc” ciudad.

“Quien no ha visto Sevilla no ha visto maravilla”, dice un antiguo adagio favorito mío, y a tenor de lo que se está viendo últimamente, va a haber que darle la razón. Lo primero que hice cuando puse el pie en la capital andaluza fue preguntar en dónde estaba la calle Pilar Bardem, a la que insoslayablemente quería rendir tributo. Grande fue el chasco cuando se me informó de que la tal calle todavía no existe, aún no le cambian el nombre a otra que hay para ponérselo a la gran mujer. Transité por las pocas calles que quedan en Sevilla sin peatonalizar, y tengo que decir que la ciudad está preciosa.


Lamentablemente, todo lo que hay bonito en Sevilla tiene al menos 200 años de antigüedad, con lo que no parece de recibo atribuirle el mérito a la PSOE. Del buen tiempo y la luz primaveral, pues parece que tampoco. Confieso que la otra razón poderosa que me ha movido hoy a escribir este post es que en el anterior se ha dignado a dejar un comentario (muy certero) el actual alcalde de Sevilla. Signor Monteseirín es de siempre un ídolo mío, el calibre de sus ocurrencias daría para varias Celebrities: ¿soy el único que recuerda que en el año 2000 dijo que iba a convertir Sevilla en la Las Vegas de Europa? A lo mejor se estaba refiriendo al poblado chabolista de Las Vegas, que desde luego está ahí.

Caminando por Sevilla me siento un Melendi de la vida: me entero de que el centro de la ciudad lo gobierna Izquierda Unida, y me llama la atención que es el único distrito en que mi vida no corre constante peligro (hablaré de esto más tarde). Tampoco me voy a ir aquí de zumbón: la deresha gobernó Sevilla durante un par de mandatos hace una década y tampoco hizo nada por la ciudad. Pero soy injusto, el mérito de Signor Monteseirín no se lo da su filiación política sino que es algo innato, genético. Las únicas siglas que trazan los designios de Don Monte son ADN. Tamaño nivel de genialidad no se improvisa ni se estudia.


Monto en el Metro, flamante metro que hoy por hoy es un Centímetro pero que verdaderamente cuando esté acabado va a ser la bomba para esta ciudad. Me deslumbra la tupidísima red de carril bici, excavada a base de quitarle acera a los peatones, pero who’s counting? El sistema de préstamo de bicis tiene en Sevilla un éxito increíble. Incluso han colocado en ciertas intersecciones un sistema de semáforos que no se entiende nada, pero que queda precioso. Mis contactos sevillanos me urgen a que me saque el bono y también haga yo uso de esas bicicletas, pero pienso que total, para el tiempo que voy a estar en la ciudad del Guadalquivir…

Esa no es la razón de negarme, a vosotros os lo puedo contar. La razón es que no quiero convertirme en un ASESINO, como los centenares de biciclistas que transitan por las anteriormente-conocidas-como-aceras. Sufro diversos atentados mientras camino por Sevilla, los ciclistas me arrollan, y encima se enfadan (será porque no han acabado con mi vida). Hay que decir en su defensa que peatones y conductores hacen caso omiso de la nueva señalización del carril bici, acaso por falta de costumbre, pero no seré yo quien lo diga.


Después me llevan a varias plazas emblemáticas del centro (único distrito que parece libre de la tiranía de los ciclistas), recientemente peatonalizadas: admito que mola que no haya coches, pero su acabado deja bastante que desear. Sevilla-cateta, Sevilla-pueblo, Sevilla-ojete. Y no lo digo yo, lo dicen mis amigos arquitectos, y ellos han estudiado, ¿no? Me comentan también que el alcalde quiere peatonalizar la calle principal del barrio de la Pantoja y Fran Rivera, una de las vías comerciales de más éxito de la ciudad. Me parece bien, siempre y cuando también le cambie el nombre, claro.

Esta vez no me monto en el tranvía porque ya me monté en otra ocasión. Transita por una larga avenida recientemente peatonalizada también. Constato que en Sevilla hay FNAC: punto a favor. Veo la maravillosa Catedral, donde corren rumores de que el año que viene se casa una amiga del alma. Veo a los famosos gorrillas de los que siempre habla el telediario de Antena 3, veo con arrobo el termómetro de al lado de la Universidad donde siempre sacan en la tele que hace 45 grados en agosto, veo las ruinas aztecas…


En una palabra, amigos, todo maravilloso: como para quedarse a vivir.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Marisol, sol, sol...


¡Qué os gusta! Sé que muchos lo estabais esperando. ¿Cómo iban a echar por la tele una biopic sobre Marisol y tú no comentarla, Porerror? Es correcto, señora. Ayer concluyó en Antena 3 (¿dónde si no?) la miniserie o TV movie sobre la vida de Marisol, emitida el lunes 23 y el martes 24. ¿El veredicto? Notable bajo. Pero vayamos por partes.

La vida de Marisol se nos presenta de manera episódica a base de viñetas, el hilo conductor parece ser De Marisol a Pepa Flores, como el título del libro en que está libremente inspirada. La peli la dirigió Manuel Palacios y a la niña la interpretan tres actrices en sus tres edades: Marisol niña (Ana Mena), Marisol adolescente (Elsa Pinilla) y Marisol adulta/Pepa Flores (Teresa Hurtado de Ory). El elenco lo completan Roberto Álvarez (Ana y los siete), Remedios Cervantes (Miss España 1986) o Rafael Amargo (Carnaval de Gran Canaria 2007).

La historia es simple y por todos conocida: una niña malagueña muy salerosa es descubierta en Madrid y a su familia se le propone convertirla en una all-singing, all-dancing actriz infantil prodigio. Resultado: éxito total y la niña se convierte en la gallina de los huevos de oro para los Goyanes, la familia de acogida. Don Manuel Goyanes es su severo y pesetero representante, Carlitos Goyanes el hijo pollo pera, palotizado hermanastro de la estrella, que acabó siendo su primer marido.


Marisol, icono teen del Franquismo (enorme la escena en que la niña imita al Caudillo), luego salió rana y se hizo supercomunista. Pero eso no sale en la serie, eso pertenece a una turbulenta vida posterior que solo se insinúa al final, cuando comienza su relación con el bailaor rojo Antonio Gades. Esta miniserie se centra en los traumas de la infancia y en la lucha de Marisol, criada entre algodones (no siempre dulces), por tomar las riendas de su vida y su carrera y por alcanzar la felicidad personal. Esto me ha resultado muy interesante y pienso que en esta obra se han realizado verdaderos esfuerzos por pintarnos a Marisol como una persona, más allá del personaje, sobre todo a partir de su adolescencia.

Lo que, a mi juicio, lastra esta miniserie es su carácter excesivamente episódico. Parece que la historia está narrada “a pellizcos”, se dan saltos enormes en el tiempo, se desarrollan ante nuestros ojos una serie de “cuadros” o “escenas” que no se sabe muy bien a qué vienen. (Las bicicletas son para el verano -1986- también es así, pero todo aparece en escena por un motivo). Quiero decir que, en una obra que tanto comprime y resume, si te muestran algo es porque debe ser muy relevante o porque hace avanzar la trama. Aquí Marisol canta, se mira al espejo, llora o se baña en una piscina, ¿y?... y simplemente van pasando los años. Si la tesis era que Marisol fue víctima de explotación infantil, eso está bien reflejado, pero creo que el tema era más bien la lucha de una personalidad por salir y por librarse del rígido corsé afectivo y contractual que la oprimía. La idea se entiende pero no está todo lo bien contada que debiera (seguro que la tijera ha hecho estragos en la sala de montaje).


La interpretación de las “Marisoles” es bastante buena. Sin parecerse nada entre ellas, las tres tienen un notable parecido físico con su modelo original. La debutante niña Ana Mena, muy bien con el repipismo y las histrionadas de la Marisol que recordamos en las pelis de Luis Lucia como Un rayo de luz (1960) o Ha llegado un ángel (1961). Elsa Pinilla (sí, la de Al salir de clase, la de Tess) hace de adolescente, la etapa menos representada. Ella lo hace bien, y además debe superar el trago de una Marisol encamándose con su compañero de reparto Antonio “El Bailarín”. El prodigio aquí nos lo ha dado Teresa Hurtado de Ory (Astronautas, No me pidas que te bese porque te besaré), con su interesantísima interpretación de una Pepa Flores obsesionada por la maternidad y asumiendo nuevos retos: plantar cara, casarse, desligarse del género ñoño en lo artístico, follisquear, hacerse fotos en porreta…

He aquí la Marisol más madura, compleja e interesante. La que se obsesiona hasta la histeria con ser madre, la que sufre un aborto natural, la que padece el rechazo y el desprecio de su marido el Goyanes, la que se lanza al “adulterio” (una vez separada: el divorcio no existía) con su nuevo amor Antonio Gades, quien finalmente le daría los tres retoños que ella tanto ansiaba. Una lástima que los dictados de las audiencias y la lógica del feroz mercadeo televisivo hayan hecho que esta historia tan rica y compleja se tenga que contar de manera poco cuidada. Todo montado a trozos, a pellizcos, un final que sabe a poco…


La serie no nos descubre la pólvora, ya sabíamos que Marisol fue una niña prodigio trocada en sex-symbol, una estupenda cantante, una actriz regulera…, pero ayuda a poner en orden tantas impresiones como hay sobre el personaje. Como ella misma dice: “Las películas me han dado una vida pero me han quitado otra”. Da mucho que pensar. La actual Pepa Flores no se deja ver en el “candelabro”, opino que hace bien (el bloguero Nico Rey la llama “la J.D. Salinger coplera”). Pero la pregunta es: ¿fue tan mágico todo aquello o se exagera con la nostalgia y el paso del tiempo? Diréis lo que queráis sobre Marisol, pero al menos nos supo arrancar una sonrisa, muchas veces a costa de la suya.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

La mejor noche del año 2008


Acabo de inventarme otra tradición para Estatuas Verdes: desde ahora, todos los posts del día 31 de diciembre se titularán “La mejor noche del año”, en honor del bello telediario de Antena 3. Pero tranquilos, que hoy no voy a volver a hablar de los cotillones y demás, algún otro año puede que vuelva a caer el tema, pero no este.

De hecho esta Nochevieja no creo ni que vaya a salir, no me apetece lo más mínimo, por diversos motivos que sería aquí tedioso de contar. Pero es la última noche del último día del año y eso de algún modo hay que celebrarlo. O por lo menos dejar constancia, conmemorarlo para que no pase sin más. La Nochebuena, por ejemplo, en una ciudad lejana, la hizo especial mi madre a base de jamón serrano, caña de lomo y turrones, yo que pensaba cenarme un whopper del Burger King (nada de patetismo aquí, ¿eh?, yo estaba encantado y descojonado con la idea). Pero al final no hubo quien nos librara del mensaje de S.M. el Rey y del especial de ¿humor? a cargo de Josema Yuste y Florentino Fernández.


Acaba el 2008, amigos, habría tanto que decir, ¿eh? Anoche en el programa nuevo de chusco-zapping de Antena 3 hicieron un chusco-villancico del año con unos dibujitos animados con lo más previsible: Viva Rafa Nadal, viva Joan Laporta, viva Solbes… A mí este año me ha caído medio bien, gracias a Dios la crisis no me ha afectado, a lo mejor es por eso. Pero constato en la peña una especie de inquina, una saña desconocida por cazar al 2008 cual chivo expiatorio de todos sus males, cazar al año, digo, y ¿meterlo en la cazuela para la cena de Nochevieja quizás?

Yo este año lo recordaré con cariño, si me apuras. Me ha traído marronas, si queréis, como mi traslado a Cosica y mi gélido exilio rural, pero también me ha permitido (ahora que no nos oye nadie) viajar a Portugal, Jordania, Italia, Irlanda y Londres (dos veces). Este año no se me ha muerto nadie (gracias a Dios, tengo gente cercana a la que sí) y aunque es verdad que ha habido experiencias duras, ¿qué año no las ha habido? Ha sido un año interesante de lecturas y estímulos culturales en el que he visto publicados mis primeros poemas. He tenido oportunidad de trabar contacto con personas interesantes, retomar viejas amistades y afianzar otras nuevas. Y en lo profesional me ha reportado más satisfacciones que disgustos (esto lo digo ahora que estoy en casita, calentito, etc, sabéis).

Y sin embargo, hoy recibo un mail de un amigo felicitando el año y diciendo algo así como “a ver si tenemos un feliz 2009 porque el 2008 ha sido una puta mierda”. Si tú lo dices… Luego va el hombre del tiempo y suelta: “El último día del 2008 habrá nubes, será un día gris como lo ha sido el resto del año”. Entiendo que es una clara referencia a la crisis, pero claro, de la crisis nos acordamos ahora, no cuando hubo que votar o el día que España ganó la Eurocopa.


Pero vaya, que si la moda es poner verde al 2008 estas Estatuas os prestan un poco de su verdor para que pintéis con él si queréis al año 2008 en vuestras imaginaciones, y lo pongáis a caer de un burro (uno de esos pollinos que no me dejan dormir en Cosica, for example). En cualquier caso os deseo a todos un muy feliz año venidero 2009, y a ver si este resulta mejor para todos, en especial para los bancos, que con todo y crisis no dejarán de tener beneficios. Ah! Se me olvidaba… y recordad: antes de las campanadas vienen los cuartos… ¡no os atragantéis!

miércoles, 17 de diciembre de 2008

El castigo de Antena 3: ¿Cal o arena?


No finjáis, que vosotros también lo visteis. Parece ser que lo vio media España, me refiero a la miniserie El castigo (2008), dirigida por Daniel Calparsoro, que emitió Antena 3 entre este lunes y este martes pasados. Fue el espacio de ficción más visto del 2008. Voy a entrar a analizar y valorar la serie o telefilme, habrá spoilers, pero si no la visteis pienso que ya da igual (aunque todavía puede verse en la web de Antena 3).

La trama es simple: en el Pirineo leridano funciona una granja-reformatorio regentada por unos sádicos que con métodos brutales pretenden re-educar a una pandilla de mocosos pijos y odiosos. Uno de ellos es el más gallito del corral, y logra protagonizar un intento de fuga exitoso. Al parecer, la serie está basada en hechos reales destapados hace un par de años.


En principio la serie ofrece algo para todo el mundo: he leído en una crítica en El País que es imposible empatizar con los brutales cuidadores, con los niñatos o con sus padres. Esto es falso. El que escribió la crítica parece ofendido por el hecho de que los terribles acontecimientos tuvieran lugar en Lérida y se esmera en decir que es una provincia de puta madre. Enhorabuena, ¿y? ¿Vio usted la serie, maestro? Como digo, la serie ofrece algo para todo el mundo: los equívocos chavales, jovenzuelos perversos, pueden actuar como modelo alternativamente positivo o negativo para la juventud actual, sedienta de emociones fuertes. Los padres inhibidos o simplemente “en la parra” que, no habiendo sabido enfrentarse a los problemas a tiempo optan por enviar a sus hijos esta institución no del todo legal, pueden hallar eco en muchísimos progenitores de hoy en día, desorientados ante las barbaridades de sus retoños. Ojo, no digo que toda la juventud sea así, es minoría, pero hay mucho con lo que sentirse identificados, a distintos niveles.

Tal vez los únicos con los que resulte imposible la identificación o la empatía del espectador sean los “guardianes”, mitad educadores mitad torturadores. Su maldad y crueldad no deben ser atractivas para el espectador medio, pero no dejan de estar retratados de forma no grosera sino más o menos sofisticada. La gobernanta, sádica, con toques de sadismo sexual incluso, tiene detrás una historia de frustración y venganza por un hijo que le mataron unos niñatos. El marido sumiso, bailando al son que ella le marca y un tercer guardián, que representa el brazo ejecutor y la fuerza bruta, pero también cuestiona la idoneidad de los métodos de “castigo” de la jefa, que él mismo implementa.


Los jovenzuelos son sometidos a todo tipo de castigos y vejaciones, auténticas torturas físicas y psicológicas: duermen en jaulas, son encadenados, mal alimentados, realizan absurdos trabajos forzados, tienen restringida la higiene y el acceso al cuarto de baño, son apalizados, colgados boca abajo, sufren torturas de asfixia, humillaciones vebales, y un latgo etcétera. Todo con el objeto de “reeducarlos”: quebrarles la voluntad y hacer de ellos buenos muchachos sumisos, obedientes y respetuosos.

¿Y qué han hecho estos angelitos para merecer (o no) semejante trato? Los padres ignoran la realidad de la granja, solo les interesa el “producto acabado” de sus niños reformados, pero los han enviado allí porque algún que otro plato sí que han roto. Ejemplos de cositas que habían hecho los chavales: conducir sin carnet y a toda leche el coche de papi (cogido sin permiso) y matar a un hombre, drogarse y beber sin cuento, en el caso de las niñas zorrear como poseídas (incluso hacer estriptis por dinero), insultar a sus padres, grabarles mientras mantenían relaciones sexuales, todo esto bajo el manto de sus caritas de ángeles y sus uniformes de colegios de pago.

Es un hecho innegable que lo que les hacen a estos jóvenes (edades entre 18 y 19 años) es una salvajada y no se justifica (en cuanto los padres tienen conocimiento los sacan de allí y se procesa a los responsables). Pero también es cierto que estos mocosos son unos hijosdeputa de marca mayor y que se les habían ido a sus padres de las manos. Y ahora, ¿quién le pone el cascabel al gato? No digo que ningún chaval que haya visto la serie se vaya a poner a atropellar gente pero… ¿y a conducir sin carnet fumando un porro mientras le tocan la pirola? ¿Y que una niña le diga a su padre “Te odio, eres un cabrón”? Tampoco es ciencia ficción, amigos, abramos los ojos.


La miniserie (que considero correctamente rodada, estupenda en lo narrativo –intercalando presente e historias del pasado, en plan Perdidos-, con la suficiente caracterización psicológica de todos los personajes, con su poquito de intriga) plantea un problema que está en nuestra sociedad, y no podemos mirar para otro lado. A menudo se clama que la mala educación de hoy hará que mañana se caigan los puentes y sean ineptos los doctores. Creo que eso es una tontería. Lo que sí hará la mala educación de hoy (ya lo está haciendo) es que los jóvenes adultos sean unos desaprensivos, ultrahedonistas, carentes de empatía, egocéntricos y que se crean con derecho a todo.

Al final (debo contarlo, lo siento), los chiquitinos quedan libres (incluida una que no duda en planear follarse al primero que pilla –literalmente- para quedarse embarazada y largarse del reformatorio). Han sufrido mucho, un castigo desproporcionado. Está claro que algo había que hacerles, merecían un escarmiento, pero ¿les ha servido para algo? Aparentemente han vuelto felices al redil, son hijos cariñosos, responsables y modélicos, han aprendido la lección. Jóvenes de hoy, atractivos, de buena familia, perfectamente integrados. La última escena (homenaje a La naranja mecánica, 1971) nos devuelve a la brutal realidad: los jóvenes quedan en pandilla para dedicarse a apalizar indigentes.


Era solo una miniserie, pero ojo, amigos, estos son los que queman luego los cajeros con gente dentro.

jueves, 20 de noviembre de 2008

"Españoles..."


“Españoles: Franco… ha muerto”. Hoy 20-N parece que el tema es obligado. El juez Garzón parece que se enteró ayer, yo soy más del famoso clip de Arias Navarro. Dejando a un lado el hecho de que la muerte de Franco fuera una buena noticia (mirad a Pilar Rahola, que lo celebró con cava, pese a ser menor de edad), pocas veces he visto a una persona más compungida que a ese presidente del gobierno. Supongo que para él la muerte de Franco sí que fue una triste noticia en lo personal y en lo profesional. Y eso que el pavo continuó siendo presi hasta el año siguiente, y luego no escapó mal: fue marqués de Arias-Navarro y Grande de España (no es coña…).

Antena 3 y sus telediarios también tienen mucho que decir en este embrollo (¿cuándo hay boda sin la tía Juana?). De momento, anoche nos plantificaron el consabido reportaje sobre la muerte de Franco y su contexto, con locución de Victoria Prego. Cierto que este hecho o acontecimiento llamémoslo “histórico” hay que presentarlo dentro de su contexto político, económico, social y cultural. Cierto es que al Régimen Franquista parece que lo miró un tuerto en la segunda mitad del año 1975 (ejecuciones de dos etarras y tres del FRAP, Marcha Verde, esperpéntica enfermedad y agonía del Caudillo…) pero, ¿es necesario que siempre se nos narre con el mismo reportaje?


Por cierto, que si queréis cabrear a un franquista id a decirle que la fecha de la muerte de Franco es el 20-N porque al pavo lo mantuvieron como una marioneta (si no muerto ya) hasta ese día para que “casualmente” su deceso coincidiese con el del protomártir José Antonio Primo de Rivera, caído por Dios y por España el 20 de noviembre de 1936 en Alicante, donde fue fusilado. ¿Seremos tan malpensados?


Hoy estrena Antena 3 el telefilme 20-N: Los últimos días de Franco (2008), que no hace falta explicar de qué trata. Pese a ser historiador amateur no sé yo si voy a verlo, ¿eh? me da un poco de miedo. Si os digo la verdad, lo que más me atrae del asunto es ver a mi admiradísimo actor Manuel Alexandre haciendo de Caudillo. ¡Qué actorazo, verdad? Aparece en dos de mis pelis favoritas, si os fijáis en la lista de la izquierda del blog. La supuesta novedad radica en poner al nota que hacía de Tino (el contratista gay de Manos a la obra) en el papel de Rey Juan Carlos. Justo cuando pensábamos que el mayor logro de este hombre era el haber popularizado en España la expresión “fashion, fashion” (el mayor logro del actor Fernando Cayo, no del Rey)… va y nos sale con esto.

Lo que más gracia me hace es cómo nos venden este producto como si fuese la primera película que se hace sobre el asunto (“y rodada en escenarios originales: el Palacio del Pardo”… ¡uuuuuuuuuuuhhhhh!), cuando hace solo cinco años Els Joglars nos entegaron la graciosísima ¡Buen viaje, Excelencia! (2003). Huelga decir que la peli de Els Joglars trataba exactamente sobre lo mismo y estaba rodada…. en el Palacio del Pardo. ¿Por qué nos toman por tontos? De acuerdo que aquella peli era de humor, humor negro, pero no le faltaba un perejil con respecto a los hechos históricos: la flebitis, Franco transportado dentro de una alfombra enrollada, la operación en un garaje bajo los faros de coches en marcha por falta de quirófano adecuado, el yerno sinvergüenza…


Cuando pienso en la muerte de Franco, además de “Españoles, Franco ha muerto” siempre se me vienen a la memoria (Histórica) dos frases lapidarias: “El equipo médico habitual” (que firmaba los partes médicos) y “Atado y bien atado” (como se suponía que el Caudillo lo había dejado todo en España a su muerte, según su testamento político). Cuando pienso en el 20-N, sin embargo, no me acuerdo de la muerte de Franco, sino de la efeméride más importante del día: el nacimiento de un tío mío. ¡Feliz cumpleaños, tío Manolo!



P.D.: Lo de Doraemon es para quitarle un pelín de mal rollo al post, ¿sabéis?


miércoles, 2 de julio de 2008

Limonada



“Son limones, ¿entiendes? LI-MO-NES”.
(Sylvester Stallone en Rocky)


Antena 3 y su ameno telediario nos lo sirvió en bandeja ayer, amigos. Los limones son el producto de alimentación que más ha subido de precio en lo que llevamos de año: en concreto un 63%. Exprimamos la noticia y saquémosle su jugo.

Esta tarde me he mareado al ir al supermercado y comprobar lo muchísimo que valía una birria de bandeja con tres limoncetes. El otro día hablando, una compañera de trabajo me recordaba aquel anuncio de Fa, ¿os acordáis?, aquel en que sacaban una rubia en tetas mientras comentaban el maravilloso “frescor de los limones del Caribe”. Hoy dicho anuncio no es que estuviera prohibido, es que resultaría prohibitivo (por el precio de los limones, se entiende).

Pocas veces me he reído más viendo Muchachada Nui que con el testimonio de Bono (¿cómo olvidar eso que decía de que cuando iba a la ONU le pedían que se quedara para hacer merienda-cena?). Bono, perpetrador de aquel atentado al buen gusto en forma de canción llamada “Lemon”, comentaba –su doble chanante comentaba- que le encantaban los polos, sobre todo los de lemoooooooon… Impagable (como los limones).

Tengo que decir que para mí el limón nunca ha sido un artículo de primera necesidad, más allá de esa fruta absurda cuyo zumo a veces se echaba por encima del pescado frito o la paella. Mi más querido limón fue Citronio, el injustamente ninguneado colega de Naranjito. Sin embargo, en el último par de años me he aficionado a dos ricas bebidas –fundamentales ambas para el sostenimiento del Imperio Británico- que necesitan absolutamente del concurso de limones: el gin-tonic y el té.

La tarde que se estrenó la nueva peli de Expediente X, perdón, de Indiana Jones, además de Nespresso tomé helado en casa de un amigo. Mi colega compró helado de limón, gesto que a mí me chocó por ser este el último sabor que yo hubiese elegido. ¡Gran error! Aquella tarde comenzó mi idilio con el helado de limón, amigos. Qué cosa más rica. Últimamente lo he vuelto a tomar un par de veces, en ocasiones especiales, en casa de mi madre, la última vez hoy. Auguro que este veranito el limón va a caer más de una vez en forma de helado.



El mundo musical, tan caro a Estatuas Verdes (casi tanto como los limones), nunca ha sido ajeno al cítrico amarillo. Aparte de la mencionada “Lemon” de U2, se me vienen a la memoria “Here We Go Round the Lemon Tree” de The Move, el tema “Green Tambourine” de The Lemon Pipers o el inconmensurable niño-cantor-yonqui Frankie Lymon (este con trampa pero, ¿quién se privaba de nombrarlo?).

Ya en español cómo olvidar la “Danza de los 40 limones” de Juan Antonio Canta, el grupo Los Limones, la copla “La niña de Puerta Oscura” (con la Piquer o la Jurado cantando aquello de “Limonar, mi limonar”), el cantante panameño Basilio con “Mi limón, mi limonero, entero me gusta más…” o aquel exquisito “Dame estrellas o limones” de los nunca suficientemente recordados Family. Con respecto a esta última canción, he de decir que siempre me cautivó su sugerente título. “Dame estrellas o limones” -pues al precio que van, xulo, casi prefiero que me vayas dando los limones.

martes, 12 de febrero de 2008

Física o Química


Física o Química… o Historia del Arte, o Gimnasia, o Filosofía… ¿el mismo año? ¿Qué curso estudian estos niños? Exacto. Ninguno legal en España.

Tras dos episodios de la nueva serie de Antena 3 sobre la vida de un grupo de profesores y alumnos de instituto ya me siento cualificado para opinar de ella.
Frases al azar:

Profesora A: ¿A dónde vas tú con un chico de 17 años que además es alumno tuyo?
Profesora B: Es solo sexo.

Director: Fulánez! Usted límitese a dar clase de Historia del Arte, porque para dar lecciones sobre la vida todavía le falta mucho.

Alumno A’: ¡Vaya subidón con las pastis, no?
Alumna B’: ¡Ya te digo!

Alumno C’ [a propósito de La Celestina]: El Calixto ese, mucho hablar de amor, mucho hablar de amor, y al final lo único que quiere es trajinarse a la Melibea, y por eso contrata a la vieja esa, para que le ayude con los potingues: vamos, ¡que con eso mojas fijo!

Director [al claustro]: Su cometido consiste en impartir una asignatura. No tienen ustedes que salvar ni redimir a nadie. Si entienden esto, ya habrán adelantado más del 50% de su trabajo. (Lo que queda, el 25% es mandar a callar y el otro 25% corregir exámenes, añado yo).

Aventuras, desventuras y aventurillas de los habitantes del “Colegio Zurbarán”, centro docente al que en la serie se refieren indistintamente como colegio o instituto. En el primer episodio comienza el curso, y hay menciones a que están en el mes de septiembre, pero por algún motivo todo el profesorado y el alumnado acuden a clase con jersey de lana de cuello vuelto y abriguito largo. Aparecen en escena un curioso grupo de profesores (¿seis o siete para todo el centro?): la novata pardilla, el novato enrollado, el de Educación Física buenorro, la de Inglés cascarrabias, uno con barba que no se sabe bien qué asignatura imparte… y el director dando caña a diestro y siniestro entre la severidad y el buen rollazo. Mención aparte merece el papel de profesora de Filosofía que (¿interpreta?) la impresentable Blanca Romero.


Los alumnos (y alumnas) tampoco les van a la zaga: la jipi ecologista, el emigrante, el chico-problemático, el deportista, el gracioso, la niña mona y buena (papel que hace Angy, la falsa grunge -o lo que sea- que cautivó a algunos en Factor X), la descarada ([a una profesora] Blanca, ¿tú a qué edad perdiste la virginidad?), el mariquita…

El segundo episodio ha potenciado lo peor del primero, mostrándonos a una profesora dibujando una poya en la pizarra, a un alumno chino al que insultan llamándolo “chinito de mierda”, una fiesta petting (lo que es una orgía)… pero sin sacar nada de lo bueno que tuvo el estreno. A mi parecer, el primer episodio –con ser una fantasmada completa-tuvo un atisbo de intento de reflejar la realidad de las aulas, como cuando varios alumnos se cachondean de la profesora novata de literatura y ella se ve obligada a expulsarlos. Tampoco estuvo mal, aunque pecó de exceso de sensacionalismo, el tratamiento de los problemas de drogas y movidas mentales (que condujeron a un suicidio) de algunos de los chavales.

Para mí lo más basto es la premisa de la serie: una profa de 27 tacos (el personaje estelarizado por Blanca Romero) que se encama con un pipiolo alumno suyo de 17. Me niego a debatir sobre si esto es o no posible o deseable: baste decir que SÍ creo en el amor y en todo lo que ustedes quieran, incluso en las parejas con diferencia de edad, pero que la relación de amor (o lo que sea) profesor/alumno no me parece ética. El asunto se salva explicándonos que la cosa comenzó en septiembre, antes de que ambos supieran que iban a coincidir en el colegio (un ligue y ya). Todo lo que queráis, pero en la serie el affair continúa (¿dónde el morbo si no?), y un día hasta va la madre del chico preocupada a hablar con la tutora de su hijo, que es quien se lo está pimplando.

En fin, igual tras leer esto vais a pensar que no tengo criterio (tranquilos, hay muchos que ya lo piensan: ¡con lo que yo he sido!), pero lo cierto es que a esta serie le voy a dar otra oportunidad. Tengo curiosidad. Veré el capítulo de la semana que viene (lunes a las 22:30) para ver si la serie levanta el vuelo o se termina definitivamente de hundir en el fango cual repetidor al que le quedan todas las asignaturas.

lunes, 31 de diciembre de 2007

La mejor noche del año


Veo en el telediario de Antena 3, ese auténtico zoco donde se da cita lo más bizarro, que la agencia de viajes Neyzen (término turco que significa “maestro de la interpretación”) ofrece paquetes de lujo para que sus elitistas clientes pasen la Nochevieja de la manera más exclusiva. Las posibilidades incluyen viajar al Polo Norte, conducir un Fórmula 1, pilotar un avión de caza o ver la tierra desde el espacio, por no nombrar lo más “trillado”: playas privadas, safaris o excursiones de submarinismo.

Estos mismo días, hemos visto en el telediario lo de todos los años: cotillones, cenas con orquesta en hoteles, macrofiestas, barra libre primeras marcas, servicio de guardarropa, asegúrense de que la fiesta tiene licencia… todo se conjura persiguiendo un único objetivo, hacer de la noche del 31 de diciembre al 1 de enero no solo la última sino la mejor noche del año. A priori no estoy en absoluto en contra de esta formulación, lo malo es que esto haya de ser así por cojones. Y la realidad nos dice que, queramos o no, la de Fin de Año no suele ser la mejor, sino una noche más.

Todo el que haya visto Memorias de África sabe cómo puede ser una Nochevieja que no mola, y para evitarlo parece que es obligatorio celebrar a lo grande el paso al nuevo año. Este imperativo a mi juicio alcanzó su paroxismo en la Nochevieja de 1999, con el tan temido “Efecto 2000” (por cierto, recomiendo el tratamiento de este tema en las series Padre de familia y Me llamo Earl). Había gente que de verdad pensaba que el mundo se iba a sumir en el caos, ¿os acordáis? Menos mal que estaba ahí Jennifer López con sus videoclips para explicarnos que no fue así.

Sé que ahora sueno como un Scrooge del Fin de Año, y muchos de los que me leéis sabéis que yo he festejado esa noche como el que más, llegando incluso a organizar fiestas. He probado de todo: cotillones, fiestas privadas, reuniones con amigos, salir de bares, botellonas en pisos, y he pasado la Nochevieja en familia, en pareja, solo, con poquita gente, rodeado de peña… bailando, cantando, bebiendo, pinchando música, jugando al Trivial… por eso sé de lo que hablo. Como diría F. Scott Fitzgerald, yo hablo del fiasco de la Nochevieja “con la autoridad que me concede el fracaso”.

Nunca la cosa resulta tan buena como se la espera, pero creo que el problema no es de la festividad en sí, ni siquiera de las celebraciones, sino de las desmesuradas expectativas que uno le pone. En la adolescencia (bueno, hoy día sé de buena tinta que hasta los niños de doce años alquilan locales para hacer fiestas, pero en mi época era otra cosa) y en la primera juventud supongo que Fin de Año tiene un componente especial, que lo da la novedad, el ir arregladitos, ellas con sus vestidazos y nosotros de traje y corbata (salvo un amigo mío que iba en chándal), salir y quedarse por ahí toda la noche.


También ayuda que el ambiente es de fiesta oficial, todo el mundo va a lo mismo, hay ganas de juerga, se bebe y se baila con desenfreno. Pero claro, si uno va y se arregla, sale, bebe y baila con desenfreno casi todos los fines de semana, y resulta que no tiene hora de volver a casa, pues ya me diréis dónde reside el encanto o la magia de esta noche en concreto. Al revés, la Nochevieja puede convertirse en una de las noches más incómodas del año, con esas colas interminables para barras/servicios/guardarropa, ese frío si vas de ruta de bares, esos tacones, esa proverbial falta de taxis… ¡brbrbrbrbr!

Continuando con las referencias audiovisuales, hay un capítulo de Cómo conocí a vuestra madre que ejemplifica a la perfección esto de lo que estoy hablando. El protagonista alquila una limusina y organiza para sus amigos una maratón de fiestas de Fin de Año planeada al minuto para que todo resulte perfecto. Al final, todo acaba siendo un desastre y terminan charlando y comiendo perritos calientes. En esa línea, yo este año todavía no tengo plan, pero me veo en mi queli comiendo uvas y tarareando la canción de Mecano “Un año más”. ¡Feliz año a todos!

 
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