Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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domingo, 11 de enero de 2009

El Follonero: ¿Genio o sinvergüenza? Sinvergüenza, sin duda


El pasado día 22, el del Gran Fraude de la Lotería, hubo una historia que me conmovió bastante. Se trataba de una señora, Maricarmen, que contaba que le había tocado el segundo premio del sorteo de Navidad pero había tenido la mala suerte de que había lavado el décimo premiado dentro del bolsillo de una bata, con lo que el papelito había quedado destrozado. Con los trocicos del décimo irreconocible, la buena señora acudió entre lágrimas a la administración de lotería contando su historia: “Ay!, ay!, ay! Era para mi hijo que está en el paro, su mujer está preñada, etc, etc…”. “No se preocupe usted, señora, que el Organismo de Loterías y etc, etc, se lo va a comprobar fetén y tendrá usted su dinerito”.

Digo que esta historia me conmovió porque en verdad fue para mí una catarsis: me dio terror y piedad. Y todo es porque en esa señora Maricarmen me vi a mí mismo (sin pechos y con 40 años menos, ya me entendéis), soy tan despistado, tan de dejarme billetes en bolsillos de pantalón, tan de irme de casa y dejarme las llaves dentro, que os juro que si algún improbable día me llega a tocar la lotería, probablemente perderé el décimo. Me sentí identificado con la tal señora, la compadecí (soy humano, gracias), y si en el párrafo anterior narré su caso con cierta sorna, es por lo que sigue.

Hoy descubro, entre el asco y el desprecio, que la historia de la señora Maricarmen es todo un montaje, una farsa perpetrada por el equipo del programa Salvados (La Sexta). Una bromita, todo: JA, Ja, ja. Jajota. El programa en cuestión es comandado por un tal Jordi Évole, más conocido por “el Follonero”, afamado caricato de dizque “humor inteligente”, cuya inteligencia es tal que a mí me cuesta llegar siquiera a empezar a atisbarla. ¡Jajota! A nadie le gusta quedar por tonto, pero cuando te hacen una broma, si caes, pues es de persona noble y lista reírse de la propia cagada. Pero, en el caso de esta bromita del Follonero… ¿con quién se ha quedado exactamente? ¿Con los que nos creímos la noticia? ¿Con los periodistas que la transmitieron? ¿Con toda España?


Yo tengo por costumbre fiarme de las noticias que veo/leo en prensa si vienen de medios fiables, valga la renfunflancia. Si Antena 3, TVE1, Cuatro, ABC, etc, me informan de que una señora está en tal o cual predicamento, ¿por qué voy a dudar? ¡Guau, don Follonero! Es usted un genio del humor, ¿eh? Crea una noticia falsa y los demás nos la creemos. ¿Quiénes son sus maestros de periodismo, Goebbels? ¿Stalin? Ya dio usted muestras de su genial humor e inteligencia superior cuando se dio a conocer en el programa de Buenafuente haciendo el papel de espectador “espontáneo” que la liaba parda (de ahí lo de “follonero”). No veía algo tan original desde… hace más de 25 años, cuando lo hicieron Los Morancos.

Ajeno a esta noticia del falso décimo (y ojito, porque no fue el único “infiltrado” del Follonero et al. en aquel día de la lotería: otros premiados bizarros también eran cosa suya), hace un par de semanas un buen amigo me decía: “El Follonero ese no tiene ni puta gracia, ¿no?” Y comentábamos que su modus operandi era crear noticias falsas para que estas se difundieran y luego descojonarse viéndolas con sus colegas. Todo muy de 3º de la ESO, como puede verse. Los reporteros graciosillos post-Caiga Quien Caiga al menos intentan estar donde ocurre la noticia, modificándola un poco si queréis (que si gafas al Rey, que si a tal o cual político lo ponen en un aprieto) pero este Follonero se las da de demiurgo de la actualidad.

Y debe resultar graciosisísimo, porque hasta nuestro bienamado presidente ZP se avino a sus patochadas, cuando en un mitin electoral llegó a nombrar sin venir a cuento a Javier Bardem solo con tal de caerle bien al Follonero, que se lo había pedido “como reto”. ¡Vaya! Tenemos un presidente con un par de cojones, ¿eh? No se achanta ante un cómico de segunda que le propone una chorrada.

Querido Follonero: yo te deseo lo mejor en la TV, y que yo no lo vea. Corre a mandarle a Lula una mulata con la camiseta de Ronaldinho, o lo que quiera en lo que emplees tu valioso tiempo mientras los demás trabajamos. Y enhorabuena a los premiados.

domingo, 21 de diciembre de 2008

El tiesto del cosa este de la Navidad


“Ya llegó la Navipeich, aquí en Chiquitistán…”
-Lucas Grijander






Quería empezar el post de hoy diciéndoos que lo siento. ¿El qué? Pues que este año tampoco os va a tocar la Lotería de Navidad.

Así empecé el post de hace justo un año, y creo que todos los años este día lo voy a empezar así. Pero tranquilos, que hoy no voy a hablaros de “El gran fraude de la Navidad” (vulgo “lotería”). De lo que sí vengo a hablar hoy es del Navidismo. La Navidad, ¿eh? Habría tanto que decir que no sé por dónde empezar. Navidad y Religión; Navidad y Compras; Navidad y Turrones; La Navidad: ¿Error de Dios?; Navidad: Relación (si la hubiera) con la Felicidad.

Ahora está de moda meterse con la Navidad, meterse por meterse, y yo podría sumarme a esa moda fácilmente pero no voy a hacerlo. Tampoco entiendo a esa gente que utiliza estas fechas como pim pam pum para sus chistes de repertorio (el cuñado en la cena de Nochebuena, etc..). Para mí la Navidad, hasta hace un par de temporadas, era mi época favorita del año, simple y llanamente. Recuerdo haber tenido discusiones con una persona muy cercana a mí que odiaba la Navidad, y haberle reprochado su cinismo y falta de entusiasmo. Para esa persona, la Navidad y toda la parafernalia que acarrea representaban todo lo que más odiaba: la familia, los niños, la felicidad obligatoria, la conformidad con los gustos de la mayoría. Yo no lo entendía, y sin decir que ahora odie la Navidad, sí puedo decir que ya lo entiendo.


A veces pasan en la vida cosas malas que te hacen replantearte un montón de otras cosas, a veces esto te toca los pilares mismos que te sustentan: familia, amor, relaciones, expectativas, el sentido de la vida. A mí me han ocurrido cosas así de malas, me ocurrieron hace tres años, y vaya esto no como una queja sino como una constatación de que es posible cambiar el punto de vista sobre muchas cosas “esenciales” en un espacio de tiempo relativamente corto. La Navidad, por lo que conlleva de familia y felicidad obligatoria, es una de esas cosas que puede dejarte tocado si no andas fuerte.

Ayer mismo estuve tomando café con un amigo de la infancia que también lo está pasando mal y me decía: “La Navidad para mí ha pasado de ser una fecha para disfrutar a ser una fecha para recordar. Y nunca se acuerda uno de ‘¡Coño, qué buenas fueron las navidades de tal año!’: siempre se acuerda uno de lo malo”. ¿Exagerado? Tal vez, pero un buen pellizco de razón creo que no le falta. Entonces, yo no excluyo la posibilidad –incluso mayoritaria- de que la Navidad resulte fantástica para mucha gente, solo digo que ya entiendo por qué no lo es para mucha otra, y no me parece que se trate de la Navipeich en sí, sino de las cosas a las que la asociamos.

Yo intento poner buena cara, y aunque estoy lejos de amargarme, deprimirme o similar, admito que voy teniendo poquísimo espíritu navideño. Dicen que la Navidad son los niños, y claro, como yo no tengo y ya dejé de ser uno, esa dimensión se me escapa lejísimos. Ni mi lugar de trabajo, ni el pueblo de Cosica ni mi vida en general exhiben demasiado ambiente para esta época, con lo que mi estado de ánimo podría calificarse como “anavideño”.


Es probable que estéis leyendo esto el mismo día 22, el de la Lotería de Navidad, y que este añito tampoco nos haya tocado (yo llevo decenas de euros, ¿qué creíais?) Para quitarme de encima el lastimoso escenario de una Navidad pupita en casa me voy de viaje unos diítas, estaré de vuelta el fin de semana, pero seguramente no habrá más posts hasta entonces. Y ya solo me queda desearos Feliz Navidad a vosotros, y lo digo sin una pizca de mal rollo. Para mí la Navidad será medio feliz –espero-, pero me alegrará mucho que para vosotros lectores resulte feliz del todo, y que seáis de los que todavía le veis el punto. Lo dicho.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Lotería de Navidad: ¿el gran fraude?


Quería empezar el post de hoy diciéndoos que lo siento. ¿El qué? Pues que este año tampoco os va a tocar la Lotería de Navidad.

Pero no hay que preocuparse: siempre nos quedará la ilusión, somos millonarios en ilusión, ya saldrán los telediarios que abrirán con La Bruja de Oro de Sort, burlándose con su escoba mágica del dineral que nos hemos gastado en lotería sí o sí este año también. Por nuestras pantallas desfilarán rostros sonrientes de gente manchándose las manos con espuma de cava, el locutor dirá que el premio ha estado “muy repartido”…. Y ¿adivinan en qué se van a gastar el dinero los afortunados? Pues “en la hipoteca” y “en tapar unos agujerillos”. ¡No pasa nada! En realidad todos nos alegramos de “que caiga donde haga más falta”, y además ya está ahí el Sorteo del Niño para acabar de perder el reintegro que cobramos en el de Navidad.

El Gordo lo habrán dado unos Niños de San Ildefonso cada vez más políticamente correctos, que cantarán premios imposibles en euros. “¡Mil euros!” ¿Qué es eso?, si parece que se están recochineando del sueldo de algunos… (“Mil euros”, eso es lo que cobráis, panolis). ¡Por favor! Me parece estupendo que ahora los niños sean chinos o ecuatorianos pero por lo que no paso es por que se haya abandonado aquel mítico “¡125.000 pesetas!”.

Menos mal que perviven auténticas tradiciones como esos transistores con retahílas interminables de números en los puestos de trabajo (este sorteo es muy de taxis, conserjerías, oficinas… ¿no?). Ahora bien, frikada máxima la retransmisión del sorteo por la radio, pero más aún por televisión. El Pulpo de Cadena 100 con orejas de Shrek fingiendo un infarto porque finge que le ha tocado, la pareja con el traje de botones en plan pearly king & queen londinenses, el señor con la chaqueta confeccionada a base de décimos del año pasado, uno disfrazado de troglodita…

¿Y qué decir de esos anuncios para la lotería? ¿Cómo estaban aquellos anuncios con el entrañable Calvo de la Lotería y la sintonía de Dr. Zhivago? Como dijo Buenafuente la otra noche, “antes ponías al Calvo soplando purpurina y ya tenías hecho el anuncio”. Pero se ve que el Calvo (un actor inglés) cometió un pecado de hybris u orgullo desmedido: quiso cobrar más y lo echaron. Los anuncios de los dos últimos años… ¡nada que ver! Unos personajes absurdos haciendo cosas sin sentido, y de fondo un tema de Cinema Paradiso. ¡Que vuelva el Calvo! Los anuncios navideños, señoras y señores, no hay que cambiarlos. Miren si no ese del turrón que vuelve a casa por Navidad vestido de recluta cuando la mili la quitó el PP en el año 2001.

Los extranjeros se quedan flipados con nuestro Sorteo Extraordinario de Navidad, y no es para menos: este año (según ABC) los españoles nos hemos gastado 2.713 millones de euros en lotería, poco menos será lo que se reparta (he aquí la palabra clave) en casi 25.000 premios, las ventas para el 22 de diciembre suponen el 50% de toda la lotería del año, los décimos para este sorteo se empiezan a vender en agosto…

Si me tocara la lotería yo no dejaría de trabajar… más que nada porque no podría. No, en serio, no lo dejaba. Y es que también yo este año llevo lotería por varios miles de las antiguas pesetas. He comprado, he regalado y he recibido… pero lo único seguro es que no me va a tocar.
 
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