Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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martes, 9 de diciembre de 2008

Discos ocultos: Sabrina


Hoy tomo prestado el título de una sección del blog Almanaque de otoño para traeros todo un clásico de la música popular. Mucho me temo que al buen Fran G. Matute se le va a pasar por alto un disco tan excelso como este, me refiero a Sabrina (1987) de la artista italiana Sabrina Salerno.

El género de este álbum podría encuadrarse dentro del pop discotequero, o Eurobeat, que tan de moda estuvo durante la década de los 80. Artistas como Bananarama o Kylie Minogue fueron los máximos exponentes de este estilo bailongo que tanta grima daba a gente como Mark Knopfler (se burlaba en su canción “Twisting By the Pool”). Las máximas armas de Sabrina, empero, no eran las musicales, y antes de que os pongáis a hacer chistes de tetas ya los he pensado yo todos.


El tetazo de Sabrina en TVE1, ¿eh? Habría tanto que decir… Nochevieja del 88, Martes y Trece… a lo largo de estos años he leído tantas y tantas sandeces acerca de aquel pechonal momento televisivo. Que si fue el verdadero momento de la Transición en España… la llegada de la Democracia… nuestro punto álgido de libertad de expresión… A Sabrina se le salió una tetica y se vio en la tele… simbólico, ¿eh? Todo el que se acuerde, que levante el pubis.

Volviendo a la música en sí, el álbum Sabrina nos ofrece una serie de temazos, mezcla de originales y de versiones, como hacían los propios Beatles (y ellos fueron famosos, ¿no?). Megahits como “Sexy Girl”, el mencionado “Boys” o “Hot Girl” hicieron de la estrella italiana una celebridad mundial (Número 1 en Europa, nos recuerda la simpática pegatina que acompaña al disco). Sabrina fue muy famosa, a mí me cogió pequeño para palotizarme con ella, pero entiendo que fue un gran sex symbol para toda una generación. Cómo sería que llegaron a sacar un chicle “de Sabrina” que traía pegatinas con fotos de la chorba (mirad bajo los pupitres de mi colegio, a ver qué encontráis).


A partir de 1989 la carrera de Sabrina ha ido un poco lenta, podría decirse. Podría decirse que ya solo se la escucha en el gimnasio de Cosica. Podría decirse todo eso, pero en aquel disco del 87 no se atisbaba ni la más mínima señal de agotamiento. Junto a esos originales de baile, Sabrina (o sus productores) escogieron exquisitos temazos para versionarlos con las tetas fuera (permítaseme la expresión). Así, en este disco encontramos power pop (“My Sharona”), el funk de Prince (“Kiss”), rock clásico setentero (“Da Ya Think I’m Sexy”) o sonido disco (“Lady Marmalade”). Ante tamaña panoplia de estilos, la gran Sabrina logra lo imposible: cargárselos todos o peor aún: hacer que suenen iguales.

Soy desde hoy el orgulloso poseedor de una valiosísima copia de tamaña joya. Según he leído en un blog, “el valor de este disco es incalculable”. Pero no su precio. Me ha costado 2 euros en una liquidación de la única tienda de discos que había en mi barrio. Al verlo, comprenderéis, no he podido resistirme. Ha sido bizarro: Sabrina, el LP, pero más bizarro aún ha sido cuando mi novia me ha insistido en que hoy tenía el deber moral de escribir sobre este tema. Por fin un post de música en el que podéis comentar, ¿eh, enanos viciosos? Boys, boys, boys…
 
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