Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

viernes, 30 de noviembre de 2007

Me quito la careta: me gusta Prince


Rectifico: me encanta Prince. Lo estoy escuchando mientras escribo esto y me estoy volviendo loco. Lo sorprendente no es decir que Prince sea un genio o su música muy buena, la noticia aquí es que hasta hace pocos meses yo no podía verlo a él o escucharla a ella ni en pintura.

La mayor parte de la música que me gusta está basada en la melodía y se hace con guitarras y armonías vocales. Pero como me pasó anteriormente con el blues, el soul, el hip hop y el jazz (por ese orden), ahora me ha dado por Prince, que es un género musical en sí mismo. Mezcla de pop, funk, rock, psicodelia, tecno, rap, y todo eso sobre tacones.

Hará cosa de un año un amigo me grabó un CD recopilatorio de Prince, jurándome que representaba su lado más guitarrero, pero no me impresionó. Su escucha conjuraba las noticias más bizarras: aquel videoclip que hizo con una cortinilla de cadenas tapándole la cara, sus payasescos cambios de nombre (incluido ese símbolo imposible en forma de pistola o trompeta), su etapa como Testigo de Jehová predicando puerta a puerta, sus discos triples, cuádruples…

Y sin embargo…. en la Rough Guide del Soul y el R&B no escatiman elogios para con su obra, en especial entre 1980-1991. Algo tenía que tener. La casualidad ha querido que escuchara hace poco algunas canciones suyas que desconocía, y entonces se ha desatado la locura en mi cerebro. Por ahora solo he comprado cuatro de sus álbumes, que pasan por ser los mejores: Dirty Mind (1980), Purple Rain (1984), Sign ‘O’ the Times (1987) y Diamonds and Pearls (1991), y ya estoy fascinado.

¿Y qué decir de las letras? Hablan sobre todo de amor, del tipo de amor que hay que recoger luego con fregona, como dijo uno. Lo mismo le canta al sexo oral que al incesto, a los ménages à trois, o a hacerlo en el coche de su padre. Pero no solo: también habla de la lluvia púrpura, del llanto de las palomas o del SIDA, “una enfermedad grande con un nombre pequeño”.

Ignoro qué hará ahora Prince, y la verdad es que me da igual. El amigo que me grabó aquel CD lo vio en directo en Las Vegas el pasado año y me dijo que fue impresionante. Su último disco lo regalaba un periódico dominical inglés este verano. Posiblemente el hombre ya esté acabado, en el sentido de que su contribución relevante a la historia del rock ya está hecha. No me preocupa. Mi mayor duda respecto a Prince es, “¿Qué disco suyo me compro el próximo?”

2 comentarios:

franmatute dijo...

Creo que el próximo debería ser "1999"... yo también haré lo propio, pues reconozco ser un enganchado tardío al bueno de Roger Nelson...

Como curiosidad: en recientes entrevistas a Nick Lowe y Tom Waits, ambos afirmaban ser fans acérrimos de Prince. Quizás fue el único que sacó lustre a esa década ominosa que fueron los 80...

Porerror dijo...

Estupendo, franmatute, pienso que tenías razón. Por lo que a mí respecta ya estamos otra vez en el año "1999"!

 
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