Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

martes, 18 de diciembre de 2012

Segunda Edad de Plata del pop morralla


Hasta los más instruidos de entre vosotros me consta que andáis revolucionados con el tema del Apocalipsis maya; sabéis que a mí eso me suda el ojjj… porque me parece una ordinariez. Todavía si fuera maya-tolteca… Pero es cierto que la peña anda motivada con el temita, y no hace falta que la NASA venga a desmentirlo, es que los lectores de Estatuas Verdes hace tiempo sabemos leer las señales del Fin del Mundo sin (casi) inmutarnos. Pudiera achacarse a dicho fin de los tiempos el éxito de un programa como La Voz en Telecinco, o la proliferación de éxitos de pop bailable y sencillote pero altamente satisfactorios que satura el espacio audiovisual últimamente.
Soy un nazi de la música, dejad de gritarme. Me gustan los Beatles, el power-pop, el doo-wop, los Beach Boys, etc, pero hasta yo sé que hay que trabajar una migajita la música pegadiza y fácil porque es lo que suena en la radio, lo que ponen en los bares y en las fiestas. En otras palabras, sé que no puede uno pretender ir a una boda y que en la barra libre el DJ pinche a los Beatles, los Stones, los Kinks, David Bowie, Elvis Presley, Antonio Machín o Pulp. Mola la musicota onda Europa FM, y en las últimas semanas, una esforzada escucha de esta emisora y del programa Top 20 Downloads de MTV me ha hecho caer en la cuenta de que nos encontramos ante una maravillosa ola de éxitos basura como no recuerdo en más de una década. Y he puesto música en bodas.


Los G.R.A.N.D.E.S. del pop meloso se han puesto de acuerdo para sacar exitazo este otoño: ahí va en cabeza Pitbull, con su “Don’t Stop the Party” (obvio las colaboraciones y los feat., que eso daría para capítulo aparte), Juan Magán que no deja de proporcionarnos alpiste, David Guetta contraataca con temazo nuevo: “She-Wolf”, por la banda se destaca Robbie Williams con su espectacular número uno “Candy”, Ke$ha y su “Die Young” prometen darnos tardes gloriosas de cubateo estas navidades, Will.i.am –el talentoso de Black Eyed Peas- se sale de la pelleja con “This Is Love” y ahora saca una colabo con Britney Spears, quien a su vez ha cortado el bacalao este año consagrándose como la mujer mejor pagada del showbizz.
Sigo. Carly Rae Jepsen aún triunfa con su “Call Me Maybe”, Taylor Swift ha dado el sorpasso con su adolescente “We’re Never Ever Getting Back Together”, por no hablar del adelanto del  nuevo álbum de Enrique Iglesias “Finally Found You” o del último llenapistas del imprescindible Flo Rida: “Whistle”. A Jennifer López parece que le han dado cuerda, con o sin Pitbull sigue arrimando candela con su “Dance Again”, “Papi” y otra que ahora no me acuerdo y no me apetece mirar (desde el respeto). Y Bruno Mars y su nuevo “Locked Out of Heaven”? A Nicky Minaj y su “Starships” también le queda partido, lo mismo que al “Drive By” de Train o al “Stereo Hearts” de Gym Class Heroes.


Podría seguir, pero me entra jaqueca, tal es la avalancha de temazos imposibles de no bailar, y como miremos atrás dos años la cabeza nos explotaría estudiando la cantidad de canciones de Shakira, Juan Magán, David Guetta, Jennifer López, Paulina Rubio o Pitbull que nos hemos zampado. Todo me gusta excepto Jason De Rulo, porque a mí no me gusta el pollo (como al del chiste). Ante tamaña playlist no es posible negar la evidencia: nos encontramos sin lugar a dudas ante una Edad de Plata del pop basura. Ah, y “Gagnam Style” tampoco me gusta. De nada.
Y por qué “edad de plata”, Porerror? No sería –acaso- mejor decir edad de oro, con la ventaja añadida de que es el oro el metal precioso señero de Estatuas Verdes? Pues señora, pongo plata porque me da la gana, porque el símbolo químico de la plata es Ag, porque en inglés se dice silver, porque plata rima con Afrika Bambaataa, porque puedo… hacen falta más razones?

 

martes, 20 de noviembre de 2012

Hay que ver lo que gusta en España una gorrilla de obrero, cojones!!!


A estas edades, uno tiene que cuidarse más, y lo mismo que las resacas son más peligrosas y que debemos consumir menos colesterol, grasas o lo que sea, se hace palmaria la necesidad de proteger nuestros paladares audiovisuales frente a la ingente cantidad de atentados que se nos lanzan desde las ondas, y por una vez no me estoy refiriendo al Follonero. Por si acaso –y hablando de todo un poco-, mejor no os cuento lo que he comido y bebido durante este fin de semana.

Pero vayamos al tema que te quema. Entre documentales sobre desahucios y películas sobre vampiros, constato en la tele española una tendencia firme, no diré preocupante pero a lo mejor vosotros sí lo queréis decir. Al lorito con las series “de época”, en las que los protagonistas lucen (cómo no, las cosas se hacen bien o qué?) ropajes “de época”. De qué época? Ahí está el truco, señora! La cosa es que no sea la de ahora. Parafraseando a nuestro admirado Elvis Costello, “no sé qué época será, pero estoy seguro de que la mía no”.

 
Es un hecho universalmente aceptado que los productos audiovisuales deben estar decorosamente ambientados, y no me refiero a que no se vean tetas (desde el respeto al busto femenino), decoro es que las cosas sean como deben de ser. Usted estuvo en la época romana para decir que Gladiator (1999) estaba de puta madre ambientada? Ya ya ya: shshshshshsh!!!! Pero nos lo tendremos que creer, y en alguna ocasión he dejado caer por aquí ejemplos de obras cuya época ni usted ni yo hemos vivido de primera mano pero que nos la hemos creído por digna (la última, la peli del Garci).
 
Entonces, a qué viene este rollo, cuál es el problema? El problema es que al parecer la moda audiovisual, cuyo origen quiero cifrar arbitrariamente en Downton Abbey (2010- ), es que ahora triunfan las series de época, de principios de siglo XX, o finales del XIX, o vaya usted a saber. Amar en tiempos revueltos (2005-2012 ), for example, no trataba de la Guerra Civil? (Cómo no?). Entonces, por qué la última vez que la vi salía Franco junto a Eisenhower? A lo mejor ya va por el baño de Fraga en Palomares… (Ahora me acuerdo que un amigo mío solía hacer la broma de que llegaría el momento en que el eje cronológico de Amar en… alcanzaría el momento en que empezó Cuéntame, serie de 2001-2012, ambientada en 1968, y ambas series implotarían).

 
Por ahí han campado o campan Bandolera (2011- ), El secreto de Puente Viejo (2011- ), Tierra de lobos (2010- ), La señora (2008-2010), 14 de abril. La República (2011- ) o Gran Hotel (2011- ), todo con tal de que las hembras luzcan encajes, moños y sobre todo…. que los varones se pongan gorrilla. Digo “varones” y “hembras” porque estoy hablando de otras épocas, estamos…? Esa gorrilla de obrero o campesino, esa gorrilla que se aplasta sobre el cráneo, que en inglés se llama flat cap y es símbolo en Gran Bretaña del norte minero y astillero, esa gorra que no duda en trocarse marinera en los carnavales de Cádiz, como imprscindible atributo de las comparsas con trasfondo social… otrora símbolo de pertenencia a la clase trabajadora, por no decir “baja”, frente a los sombreros que llevaban los señoritos. Era otra época, durante los siglos XIX y XX, antes de que se impusiera la moda conocida como “sinsombrerismo”.
 
En estos tiempos revueltos (lo digo por la economía, la política, el Betis…), asistimos a grandes prodigios televisivos. La semana pasada, en la presentación de una novela, me entero de que termina en TVE 1 Amar en tiempos revueltos, pero pasa a Antena 3 bajo la denominación de Amar es para siempre (2012- ), y por si esto fuera poco ayer en TVE 1 veo antes de El tiempo (inequívoco espacio para los publirreportajes de autobombo) un publirreportaje de autobombo de la añorada serie La señora. Significa esto que van a reponer La señora? Nos encontramos ante un nuevo Verano azul (1981)?

 
Alguien me susurra entre la emoción y el miedo: “Vuelve La señora, una temporada nueva”. Entonces por qué he visto en los anuncios a Adriana Ugarte, si al final moría? [SPOILER ALERT]. Vuelve y no vuelve: vuelven a ponerla repetida, acaso aprovechando el actual tirón de Rodolfo Sancho, del que también fui cumplidamente informado por unas féminas el jueves pasado. Pero tú dijiste que La señora molaba, Porerror! Ya, ya, ya, ya: shshshshshshsh…

miércoles, 31 de octubre de 2012

Wilco: Will Comply



Es apenas dos semanas después que mis cansados ojos y oídos (y mi infectada faringe) me dan tregua para permitirme testificar sobre lo MÁS GRANDE, que me fue dado presenciar el pasado 18 de octubre en Sevilla, a cuyo Auditorio Rocío Jurado me desplacé hace casi dos semanas. Lo MÁS GRANDE? Id est: un concierto de Wilco, señora. Mi aparente mutismo y/o desidia a la hora de actualizar Estatuas Verdes no me impedirá –ahora que se acerca el 5º aniversario de un blog que al que solo los más fieles seguís atentos- contaros que el pasado jueves 18 en Sevilla conocí la canela.

Un concierto de Wilco es como si todos los planetas se alinearan, como si los edificios altos temblaran, como si yo fuera el hombre que te quiere. Ya tuve la suerte de verlos en el Territorios 2009, un set mucho más corto aunque igualmente edificante, pero miento: este concierto último ha sido infinitamente mejor. Es que Wilco son mejores ahora? Puede que sí, señora, aparte de que desde entonces han sacado un discazo nuevo (The Whole Love, 2011), el curioso fenómeno personal que se ha producido en estos años es que yo me he dedicado a escuchar su música como si la fuesen a prohibir (ya sabéis lo que puse aquí del Yankee Hotel Foxtrot, 2002).


“Wilco? No los conoce nadie!” –me decían varias personas cuando les contaba acerca de una ilusión que me duraba desde que compré la entrada en el mes de julio. “Ya ya ya ya: shshshshsh!!!” –era siempre mi respuesta, de nada valía que yo explicara que cada vez que vienen a España salen en el telediario de TVE 1 (y lo que dice Ana Blanco es importante, verdad?). O que tratara de describir su estatus de critic darlings como probablemente la banda alternativa más respetada del mundo (con permiso de Radiohead). A mí me daba igual porque Wilco son, han sido y serán “Nº1 en mi casa”, por rescatar esa expresión que acuñé en la adolescencia para hablar de aquellos grupos musicales que me flipan pero que a la peña parecen no importarles.

Pues así aconteció que, teniendo en mi poder toda la discografía del grupo de Chicago, habiéndola escuchado intensivamente, habiendo petado mi perfil de Facebook de fotos de Jeff Tweedy en traje Nudie y con los arañazos todavía de envidia a los que disfrutaron de su triunfante actuación en el pasado Primavera Sound de Barcelona, acudí a ver a Wilco. Ah, y también me había estudiado sus más recientes setlists de los conciertos de Barcelona, Madrid, Bilbao, y dos en Italia, por ver si averiguaba por dónde irían los tiros del repertorio sevillano (no llego a los niveles del buen Mojaquero, que se estudia las letras antes de los conciertos, pero esta vez quería ir preparado). 


Difícil, porque los setlists varían mucho en composición y extensión, cada concierto es una sorpresa.
El concierto en sí: en inmejorable compañía (bueno, solo me faltó saludar al buen Fritanga, que andaba por allí también, amén de no menos de seis miembros del afamado blog literario Estado Crítico), Wilco aparecieron puntuales a las 22:15. Lo que ofrecieron a continuación durante dos horas fueron 25 bofetadas para la conciencia o 25 cucharadas de jarabe para el alma, según se prefiera. Al decir de los mayores wilcólogos que conozco (con permiso del buen Malatesta, de quien confieso me acordé durante todo el concierto), la banda lo bordó, tocaron cojonudamente, todos dimos gracias por haber coincidido en el espacio/tiempo con Nels Cline -el Guitarrista que bajó de los Cielos- y el repertorio nos satisfizo por completo (mejor que el de Madrid, Barcelona y Bilbao).

El sonido no fue de 10, también hay que decirlo, hubo un pelín de saturación o no sé si es que yo me encontraba demasiado cerca de los altavoces, pero la voz de Jeff Tweedy se escuchaba perfectamente, y cuando tocaban con tres guitarras me parecía estar viendo a Buffalo Springfield después de ir al gimnasio (en palabras del buen Fran G. Matute, quien también estaba allí, “Suenan cojonudos!”). Todos hicieron su gracia, no solo Tweedy y Cline: Glenn Kotche se puso de pie tocando la batería, Pat Sansone tocó hasta las maracas y Jorgensen y Stirratt también estuvieron estupendos a los teclados y el bajo, respectivamente. Mi recuerdo del concierto es un frenesí detrás de otro (para diversión y asombro de mi novia), y el mejor recuerdo con el que puedo dejaros es plantificar aquí el setlist.


Nunca lo hago (nunca lo he hecho, en verdad), pero nada de lo que diga o las pinceladas que dé sobre tal o cuál canción podrán ni empezar a transmitir mis sentimientos al escuchar esta música. Mmmmmmm….. Parafraseando a vuestro admirado Lopico de Vega, ¡esto es Wilco! Quien lo probó lo sabe...

1. Dawned On Me
2. War On War
3. I Might
4. Ashes of American Flags
5. Born Alone
6. Spiders (Kidsmoke)
7. Misunderstood
8. Art of Almost
9. Standing O
10. Via Chicago
11. Impossible Germany
12. Jesus, Etc.
13. Hate It Here
14. Handshake Drugs
15. Shouldn’t Be Ashamed
16. Whole Love
17. Heavy Metal Drummer
18. I’m the Man Who Loves You
BISES:
19: California Stars
20: You and I (a dúo con “my good friend Elena”, según Jeff)
21: The Late Greats
22: Monday
23: Outtasite (Outta Mind)
24: Hummingbird
25: A Shot In the Arm

(Fuente: wilco.net … que servidor no es tan freak!!!)

jueves, 4 de octubre de 2012

La commedia è finita


Woody Allen: Exceso de tragedia? Ja, ja, ja, ja, ja, jajota. Woody Allen… habría tanto que decir… el cultureta, el denostado, estuvo de moda, ahora no, a todo el mundo le gustó Match Point (2005)… ahora resulta que es un genio, ahora resulta que es un mierda… este debate me aburre, de modo que zanjémoslo de una vez por todas: Woody Allen es un genio. De nada.

Que Woody Allen es uno de mis G.R.A.N.D.E.S. es algo que ya he contado en varias ocasiones (me da hasta pereza buscar los links donde he hablado de él). Como director de cine será así o asao, pero para mí va más allá, es un crack como creador de historias, de personajes, como pensador, como agitador cultural, como bufón… me encantan sus discos de monólogos y sus relatos y obras de teatro, además de sus películas. Cada año hace una, está claro que no todas puede ser maravillosas ni obras maestras pero es necesario verlas porque como mínimo suelen estar entretenidas.


A mí Midnight In Paris (2011) me pareció un prodigio, a la altura de sus grandes obras, sinceramente qué puede tener de malo una película tan maravillosa y vitalista. Que es una fantasía? Que no es real? Señora…usted se ha dado cuenta de que estaba viendo figuras de colores en movimiento sobre una sábana blanca? Se llama ficción cinematográfica, gracias. Ahora nos llega A Roma con amor (2012), la última del G.R.A.N.D.E., rodada en… precisamente (aquí otra salva de críticas: que si Allen es un pesetero, que si se va a rodar a donde le dan dinero, sea Oviedo, París, Roma o Londres… Exacto. Y…?) Lo que si debiera ponernos en guardia acerca de esta película es que en ella participa el siempre chocante Roberto Benigni, algo que sin duda es motivo de que muchos nos llevemos la mano a la cartuchera. Y Penélope Cruz, otra que tampoco es santo de la devoción de muchos de vosotros.

La buena noticia es que tanto uno como otra están correctos en la peli, es más, están cómicos, que es lo que se pretendía, de modo que por ahí, genial. Sabido es que Allen siempre utiliza para sus producciones a los anti-actores (desde el respeto): por ejemplo Owen Wilson, el Bardem, el nota de American Pie, Leonardo Di Caprio, Will Ferrell, Scarlett Johansson, etc… Aquí, además de los citados aparecen el propio Allen, Alec Baldwin o el nota de La red social, amén de decenas de actores italianos que nadie conoce (A excepción de Ornella Muti, en su mejor papel desde Flash Gordon, 1980).


La historia es simple: se trata de cuatro historias diferentes no entrecruzadas, mira por dónde una novedad. No existe ninguna absurda maleta ni habitación de hotel que proporcione la débil excusa para entrelazar los cuentos. Son cuatro historias de amor cómicas con el único denominador común de desarrollarse en Roma. No quiero desvelar demasiado de la trama, digamos que en las cuatro historias, enmarcadas por una especie de narradores absurdos, aparecen elementos inexplicables o fantásticos (onda Cortázar, no onda Tolkien). Estos elementos, que por pueriles u obvios no dejan de funcionar, proporcionan la fuerza cómica detrás de la película, al servir de estímulo para que se desarrollen unas tramas que de otro modo no tendrían interés.

Tampoco faltan los chistes ateos y macabros, el palotismo sexual y los comentarios culturetas de rigor: sus citas de Rilke, Ezra Pound, W.B. Yeats y lo que se ponga por delante, pero imbricados en la trama de una de las historias de manera muy graciosa y eficaz.  Si no, no es una peli de Woody Allen, eso se sabe.


De las cuatro historias quisiera destacar especialmente dos: la de Roberto Benigni (dejad de gritarme), una fábula sobre la fama que nos recuerda mucho al experimento que realizó hace poco un pavo anónimo que se hizo seguir por unas cámaras en Times Square (es un caricato y se llama Brett Cohen, ved la cosa en YouTube: merece la pena) y la del propio Allen, quien hace de suegro de una chica americana que se promete con un italiano y ambas familias deciden conocerse. Esta última historia me hizo reír tanto que no me podía creer lo que estaba viendo en pantalla, no voy a contaros por qué para no fastidiaros, pero baste decir que son las mejores escenas de ducha desde Psicosis (1960), y las mejores versiones del Pagliacci (1892) de Leoncavallo desde Queen…


Con estos mimbres no podéis dejar de ir a ver A Roma con amor, no os voy a mentir, no se trata de una de las mejores películas de Woody Allen, ni es una obra maestra, pero es entretenidísima, a ratos graciosísima. A mí eso me basta, y me sirve para conjurar todas esas críticas de mal rollo que me estaban llegando sobre esta peli. Si os da coraje Woody Allen, lo que digo siempre: no la toquéis ni con un palo. Pero si sois personas normales, acercaos a verla, hombre, y no os arrepentiréis.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Compañeros. Buenos.

Hace casi ocho años empecé en una empresa en la que a día de hoy continúo trabajando (toquemos madera). Aunque estuve un cuatrimestre de prácticas en una oficina de Miciudad, mi auténtico bautismo en la compañía tuvo lugar en 2006, cuando me incorporé a una sucursal de un cercano pueblo, a tan solo 3 km de donde vivía. Allí empecé a aprender de verdad el trabajo que aún hoy desempeño, y aunque decía León Felipe que “no sabiendo los oficios los haremos con respeto”, debo decir que mientras más aprendo más me doy cuenta de que menos sé y cada vez le tengo más respeto a mi profesión, casi tan denostada por la sociedad como la de entrenador de fútbol.

Casi ocho años después trabajo mucho más por mucho menos sueldo y (lo que me irrita e entristece a partes iguales) en mucho peores condiciones laborales. Esto me irrita y entristece porque yo cada año se supone que soy mejor profesional, que lo hago mejor, que sé desenvolverme con más soltura, que he dejado atrás las inseguridades y los titubeos iniciales. A veces recuerdo mis comienzos en aquella primera oficina: me encontré con un grupo de compañeros de talla excepcional, muchos de ellos en mi misma situación de novato, y puedo decir con orgullo que a día de hoy algunos de ellos se cuentan entre mis amigos. Hemos ido juntos a bautizos, bodas, funerales, hemos hecho viajes, hemos compartido cuitas y alegrías, y estamos bastante al tanto de la vida de los otros, más allá de las típicas cervezas a la salida del curro.


Además de estos amigos, 4 ó 5, imposible que fueran más, guardo un excelente recuerdo de los demás compañeros, cada uno con sus peculiaridades me enseñó algo y me hizo crecer como trabajador y –por qué no decirlo- como persona. En total seríamos unos cuarenta y tantos, de la mayoría me acuerdo bien. Mis amigos de entonces y ahora y el resto de compis teníamos una relación envidiable, la verdad es que ya por aquella época éramos algo conscientes de estar viviendo un momento especial, pero no podíamos calibrar del todo el impacto que aquellos dos primeros años formativos iban a tener en nuestras vidas. Todavía no hace 25 años de aquello ni nada por el estilo pero, me creeríais si os dijera que anoche, por un segundo, sentí esa emoción de la que siempre abjuro: la nostalgia?

Uno de aquellos compañeros, con los que más estrechamente colaboré, era un hombre bueno “en el buen sentido de la palabra”, que diría Machado. Hace varios años enfermó de cáncer y aunque la preocupación se nos dibujó a todos en el rostro él lo llevaba con admirable entereza. Fuimos a visitarlo cuando se dio de baja, sufrió los cambios físicos de la enfermedad, pero nunca nos negaba su sonrisa y su bonhomía, porque sé que suena a buenrrollismo barato, pero pocas veces me he encontrado con una persona tan buena sin aristas, sin una agenda oculta, tan generoso y entregado. Se llamaba Gaspar.



Supe de él, tras mi traslado a Cosica, que parecía haber remontado, que se había vuelto a incorporar al trabajo, cosa que me dio mucha alegría. Hará cosa de un año lo vi por la calle y estuvimos hablando. Este pasado mes de julio me encontraba en Lieja, visitando iglesias y comiendo kebabs, cuando me llegó una noticia por wasap que me obligó a sentarme en un banco público: mi compañero Gaspar había fallecido. Me dio una pena inmensa, os confieso que en su día, años atrás, incluso le había dedicado un poema (que nadie ha leído). Me afectó mucho la noticia. 

“No somos nadie”, etc., pero es que en realidad no somos nadie. Pasó el verano y unas emociones fueron sepultando a otras, hasta que ayer al mediodía recibí la sorpresa de una convocatoria a misa en recuerdo de nuestro compañero Gaspar. Por supuesto que acudiría, en seguida continué la cadena de avisos, y por la tarde-noche asistí al acto, emotivo y triste, como corresponde. Pero Dios me perdonará si digo que salí de la iglesia contento. Contento de ver a tantas caras conocidas, compañeros de la primera época que (mejorando lo presente) son los mejores que he tenido. Contento de ver cómo personas a las que hacía años que no veía y de las que no sabía nada se alegraban de verme, rememoraban viejos tiempos, protestaban porque nunca nos reuniésemos los que coincidimos durante aquella época. Las típicas promesas se hicieron en voz alta, yo sé que eran sinceras igual que sé que difícilmente se cumplirán. 


Pero ese es el rito del contacto humano, fuimos compañeros, guardamos buenos recuerdos los unos de los otros, ya es mucho. Durante la misa, entre los bancos de la iglesia descubría tal o cual cara y esta me retrotraía a una determinada anécdota. Estaba en un estado de franca emoción, luego a la salida me pasé más de media hora saludando, dando abrazos y besos. Una de mis compañeras, de las que ahora son amigas, me espetó semiperpleja: “Te puedes creer que estoy sintiendo nostalgia, tío?” (Como queriéndome decir “que soy gilipollas?”) Tan solo pude contestarle la verdad, claro: “Y yo también.”

martes, 25 de septiembre de 2012

Holmes & Watson. Madrid Days: Jelou?

-“Hooostia. Pero, ¿por qué?”
(Luis Manuel Ruiz)

Queridos lectores, tras un paréntesis estival más largo de la cuenta del que pensaba regresar con otros temas, gravísimos acontecimientos me obligan a escribir este post, a saber: EL GARCI HA ESTRENADO UNA PELÍCULA SOBRE SHERLOCK HOLMES. Ba, ba, ba, ba… ahora resulta que todos lo sabíais, que todos habíais visto las portadas de ABC con Gallardón figurando de Albéniz (shshshshshsh!!!), etc… pero lo que más me ha dolido es que se me hubiera ocultado que el encargado de interpretar a Sherlock Holmes no es otro que Raymond Douglas Davies, el afamado cantante de los Kinks. O eso, o era Gary Piquer.

Hace dos semanas voy en mi coche camino del trabajo, circulando por una afamada recta en la que es notorio que multa la Guardia Civil, cuando me quedo paralizado al volante. Frío. Motivo? José Luis Garci es invitado al programa de Carlos Herrera (ese que me gustaba tanto, recordáis?) para promocionar su última obra: una peli “postal” (Nacho Camino dixit) decimonónica sobre aquel Madrid que se nos fue, galdosiano, barojiano, previo al 98, ese “prisionero en la Arcadia del presente” (por citar a vuestro admirado Antonio Machado)… ese Madrid de los cocidos de Lhardy, las porras en la Chocolatería San Ginés, el agua, los azucarillos y el aguardiente. 


Hasta ahí, todo normal. Garci, el grande. Garci, el gran director de cine cuya mejor obra fue un programa de televisión. Garci, el del Oscar. Garci, el amigo del Prada, de Torres-Dulce, del Cuenca… el retratista de esa España en sepia, el nostálgico mal que le pese de los Años Bárbaros del Franquismo. El devoto de Howard Hawks, John Ford y Frank Capra, por poner tres ejemplos. Lo novedoso, lo que cuaja la sangre, es que también al parecer es Garci el holmesiano. Y no se le ha ocurrido otra cosa que ambientar una aventura de Holmes en Madrid, algo por supuesto apócrifo y ajeno al canon de Arthur Conan-Doyle. Pero de Holmes ya se ha dicho de todo. 

Si hasta se dejó entender que era maricón! Si Holmes puede ser un zorro de dibujos animados, o un fantoche con teléfono móvil, o Robert Downey, Jr. disfrazado de sofá, si hasta Billy Wilder (otro santo de la devoción de Garci) se atrevió a hacer una peli sobre Holmes en la que creo recordar salía un submarino… por qué no iba a poder recrear a Holmes nuestro director de cine más clasicón? Holmes & Watson. Madrid Days: lo sé. Solo el título debería ser constitutivo de delito, pero aún así servidor de ustedes acudió a verla. ¿Por qué? Si de verdad necesitáis que os responda a esta pregunta no sois lectores de Estatuas Verdes.

Yo no leí todo el canon holmesiano y vi de chico El secreto de la pirámide para esto! Como también he leído a Baroja y a Galdós y he escuchado a Albéniz (bueno, a los Doors, al menos…) tenía que ver esta peli. Voy a verla y paso un estupendo rato. Poden ustedes los vicios del Garci, excesivo recreo en un preciosismo que puede llegar a aburrir, diálogos largos y complicados (eso sí, muy bien pensados)… y lo que tienen es una dignísima película no me atrevería decir que de acción ni de aventuras, pero sí que pasan cosas, oiga, y están interesantes.


Y hay misterio. Y está rodada con tanto gusto y tanto mimo que es imposible burlarse de ella. A excepción de las postales sepia coloreadas que sirven para separar escenas. O de Alberto Ruiz Gallardón con un gato por barba haciendo de Isaac Albéniz. O de un Londres de guardarropía recreado en el Parque de El Capricho. Pero maldades aparte, el esfuerzo de documentación y de recreación es muy notable… yo no sé qué aspecto tenían Lhardy o la consulta de un médico en el siglo XIX, pero veo esta peli de Garci y me lo creo. También alabo la apuesta lingüística de esta película: entre ellos, Holmes, Watson y todos los personajes británicos hablan un correctísimo español, convención a la que estamos más que acostumbrados en el cine USA, en el que dando igual de qué país se sea todo el mundo se expresa en inglés. Así y todo, por mor de un cierto decoro, cuando Holmes y Watson están en España se menciona que los dos saben hablar español, y Watson comete algunas incorrecciones para recordarnos que no se está expresando en su lengua materna.


La época fin de siècle que Garci ha querido retratar la doy por bien retratada: de hecho, uno de los temas de la película es la sensación de que el futuro se nos viene encima, de fin de una etapa y comienzo de una modernidad brutal y complicada, al menos para los que se habían criado en otra cosa (entre los que se incluyen los protagonistas). Holmes y sus monografías absurdas sobre puros contra el Marqués de Salamanca. El violín Stradivarius contra el ferrocarril. Etc. Otro gran tema es el amor, en cuanto a que se supone el único gran aspecto del alma humana en el que Holmes nunca llegó a penetrar (salvo que, con Billy Wilder, creamos que era mariquita). Aquí el love interest de Holmes es Irene Adler, cómo no, la socorrida aventurera yanqui de “Escándalo en Bohemia” y más allá. Sobre el tratamiento de este tema no estoy tan seguro, aparte del “amor” de Holmes están el de Watson por su esposa –aunque le ponga más una falda que a un tonto un lápiz- y el de un gacetillero por una cupletista, interpretados estupendamente por Víctor Clavijo y Macarena Gómez…pero creo que no está tan conseguido como el otro tema de la decadencia. 


Por lo demás, lo de siempre: guión a cuatro manos con Torres-Dulce, cameos de Chencho Arias y Luis Alberto de Cuenca, chistes sobre toreo y formol… Para, para, para, Porerror! Es que no piensas decirnos por qué cojones viajan Holmes y Watson a Madrid a investigar? Para eso vaya usted a ver la película, señora, que se la recomiendo. Holmes & Watson. Madrid Days, eh? Ya lo dijo Ray Davies: “Thank you for the days…”

viernes, 29 de junio de 2012

21 días sin Facebook


-“…cuando en mi moneda salga cruz…”
(Dúo Dinámico)




Es un pájaro…? Es un avión…? Algunos no os habéis dado ni cuenta pero otros bien que sí. Porerror ya no escribe en Facebook!” –era el grito angustiado que imaginaba acurrucado en mi camita en posición fetal, tapado con unas sábanas “de Pirineo” y pasando más calor que Pingu en Écija (Almudena Power dixit). Era “el grito de guerra de una canción, cuando nadie se preocupa por gritar” –por citar a Duncan Dhu, que ya sabéis que citar y tergiversar frases hechas son las dos cosas que más me gusta hacer en este blog (bueno, y cantar mientras escribo, pero eso no lo veis…) Sí, sí, sí, sí: muy bien, Porerror, pero vayamos al tema que te quema… Cómo le gusta a usted meter el dedo en la llaga, señora…!

Porerror ya no escribe en Facebook y se ha llevado 1,2,3,4,5,6,7,8,9,10,11,12,13,14,15,16,17,18,19,20 y 21 días íntegros sin publicar nada en su muro ni en el de los demás, y no ha sido casualidad, es que he estado siguiendo la dieta estricta de Samanta Villar, nuestra socióloga más reputada, ya que ella estableció como es sabido que 21 días es la cantidad de tiempo justo –“ni más ni menos”, por citar a Los Chichos- para cogerle el tranquillo o experimentar algo. “21 días sin Facebook”: resulta tan fuerte como suena, habida cuenta de mi supuesta adicción a dicha red social, supuesta por quienes desconocen la red social, mis hábitos y básicamente mi vida en general. No ha mucho una amiga me comentaba: “Tú es que utilizas Facebook como si fuera Twitter y dio la real clave de algo que mucha gente ha entendido pero que otros siguen sin apreciar.


Motivo? Porque en Twitter solo tengo 83 seguidores (y bajando) y no me echa cuenta nadie: pocas menciones, retuits y menos FAVs. Y no es que en Facebook sea alguien, pero es verdad que tengo una red de amigos, unos 200, que me aseguran el jolgorio y la tralla cuando suelo escribir algo, publicar un vídeo o expresar un estado cual si fuera un tuit, que es lo que últimamente hago. Si veis que os peto el murete, lo tenéis muy fácil: como me dijo en confianza un colega el pasado enero en una fiesta, “Macho, te he ocultado en Facebook porque estás todo el día escribiendo cosas.” ENHORABUENA A LOS PREMIADOS. Entonces pensé “Cómo sería la vida de la gente en Facebook sin mí?”, y me imaginé como en esa peli de Frank Capra, Qué bello es vivir (1946), cuando el protagonista desea no haber nacido nunca y le es dado contemplar cómo hubiera sido el mundo sin su huella: un lugar peor.

Hace exactamente 21 días una mañana de 8 de junio de 2012 leí varios comentarios en mi muro y se me cruzaron los cables, y pensé “Será verdad que soy un coñazo? Escribo un montón, lo sé… aburriré a la gente?” Tengo trabajo fijo, varias aficiones y “una gran vida social” –por citar a Alaska y los Pegamoides-, os aseguro que no paso en Facebook ni la mitad del tiempo que se me atribuye, pero sí es cierto que paso una considerable parte de mi ocio pensando ocurrencias ingeniosas para colgar en mi muro y que la gente se ría. A propósito de una noticia, un post, un tuit que leo, a propósito de cosas que me pasan en la vida real… siempre intento darles ese punto extra, ese toque que pienso que les puede hacer gracia a mis amigos de Facebook (a menudo cuelgo cosas con gente específica en mente, de ahí que usted no lo entienda, señora: limítese a ignorar esos posts).


Onda Samanta debería revelar cuál ha sido mi peor momento, el más duro, ese en el que estuve a punto de desfallecer y volver a la red social antes de tiempo. Porque esa es otra: qué tiempo? Hasta el 8º día no se me apareció Samanta Villar a predicarme que tenía que pasar 21 días de abstinencia como penitencia por ser tan pesao, y llegué a dudar si mi marcha de Facebook habría de ser definitiva e irreversible, como la de algunos de mis amigos en su día (esta última opción no me la creía ni yo, en verdad).

El pasado sábado 23 de junio a las 4 de la mañana leí por Facebook la muerte de Juan Luis Galiardo, y me faltó el canto de un duro para romper mi silencio y comentar. Otros momentos especialmente difíciles: cuando el buen Grillo colgó una canción de Pulp o cuando el buen Nacho Camino colgó el documental Inside Pop: The Rock Revolution, ese que Leonard Bernstein presentó en 1967 para dar a conocer al gran público USA cómo era la nueva música de esos jovenzuelos alocados… Y en general, cada vez que alguien ha tocado un tema de los que me llegan, que son casi todos, porque “mis dos nortes son la ilusión y la curiosidad” –por citar a Manolo García…


Pero no todo ha sido mierda ni barro, no! Durante estas tres interminables semanas (sería un adicto, después de todo?) ha habido mucha gente que me ha dado ánimo y me ha pedido y/o exigido que volviera a Facebook, bien vía mensajes privados, vía wasap o en conversaciones cara a cara. Especial agradecimiento a mis colegas el buen Migue y el buen Nievas, a las Vainas Locas (Rocío y Almudance), a los buenos Grillo y Malele, a la buena Ana Belén, a las buenas Corredoras (Piluca y Carmen)...

Y a mis compis de trabajo las buenas Cristina Dickens y Susana Eurovisiva, quienes me han petado el muro de indirectas musicales, directamente dedicadas a mi vuelta a los ruedos: temazos de Mocedades, El Dúo Dinámico, Chavela Vargas, Sergio y Estíbaliz o las innombrables carrachas de Muñequita Sally (solo aptas para gourmets de lo bizarro…). Mención aparte merece la buena Mariwave, quien me escribió un emocionante mensaje onda “sin ti no soy nada” –por citar a Amaral- en Facebook que me hizo ver que todavía puedo seguir repartiendo sonrisas con mis chorradas.


De modo que ya lo sabéis, juventud, hoy 29 de junio vuelvo al tema que te quema, vuelvo a Facebook –como Miguel Ríos volviera a Granada- y a seguir dando caña, a la brecha (ayer escribí un tuit sobre Enrique V y la buena Macky Chuca me lo ha FAVeado… tal vez sea el comienzo de una nueva racha). En cualquier caso, aquí estoy de nuevo, esta era la razón de que durante tres semanas no haya escrito y, again, enhorabuena a los premiados. O –por citar a Chavela Vargas- “me muero por volver”.

lunes, 25 de junio de 2012

Vuelvo a la Ladera


Sin duda que vosotros recordáis mejor que yo aquella afamada chirigota del Carnaval de Cádiz 1996 por nombre Los astronautas españoles. Tenían una presentación hilarante, basada en la versión rumbera que Albert Pla hizo del “Walk On the Walk Side” de Lou Reed, y antes de acabar cantaban (era la época de Apollo XIII también): “Houston, Houston… ya estoy yo cantando en Cádiz!” Desde aquel invierno dicha frase ha sido mi grito de guerra cuando me disponía a hacer algo de manera inminente, fuese o no cantar y desde luego sin tener nada que ver con la Tacita de Plata. Esto viene a que por fin estoy en disposición de gritar a los cuatro vientos que “Ya estoy yo cantando en Alburquerque!!!”

Traducción para los que seáis menos freaks que yo (pronúnciese como dos sílabas españolas “ea”), quiere decir que estos próximos 19 al 21 de julio acudo de nuevo al Festival de la Escena Indie de Alburquerque, vulgo: ContemPOPránea. Llevaba 3 años sin ir al Contempo, había ido las tres ediciones anteriores, y durante el año debo decir que mi mayor preocupación respecto a este festival es encontrar a gente con la que poder ir. Soy freak, pero aún no he llegado al nivel de plantarme solo en un festival con mi tiendita de campaña y una nevera llena de suministros del Mercadona. En 2010 me quedé sin Contempo pero a cambio tuve la oportunidad de acompañar a una pareja amiga al Sonorama Ribera, en Aranda de Duero: cartelazo, organización muy buena pero infraestructura lamentable. En 2011 fui con los mismos (benditos sean!) al Low Cost de Benidorm: cartelazo again, bien organizado y Benidorm, mezcla de un relato de Cortázar y una novela de Rafael Chirbes, hizo que se me cayeran los ojos al suelo (hasta un post tenía pensado dedicarle, pero no tuve huevos).


Todos festivales muy meritorios y dignísimos, igual que el Eutopía de Córdoba (el cartelito de 2009 potente y muy cuco), el Territorios de Sevilla, al que acudo regularmente desde 2007, cuando mutó de orgía del buenrrollismo a sarao modernete: cartel bueno pero irregular y organización estupenda, o el South Pop, al que también he ido varias veces (otro potente y cuco). Pero a mí lo que me gusta es mi ContemPOPránea, coño, su viaje en coche y su entrada en Alburquerque cantando a voz en grito, su programa de Radio 3 en directo, su piscineo con su tinto y sus libros para culturetas, su tienda de campaña al solano a las 9 de la mañana, sus poperos y poperas disfrazados (madre mía, menudo concurso de camisetas modernas/irónicas), sus cacheos de la Guardia Civil, y cómo no… sus conciertazos en la Ladera del Castillo de Luna, y que no decaiga!!!!!! El Contempo ha coqueteado con la escena internacional (cómo olvidar a Teenage Fanclub, Camera Obscura, The Wedding Present…?) pero como se ha consagrado es como el gran festival de la escena indie española. Indie es lo que vosotros llamáis indistintamente “modernos” o “poperos”, para que nos entendamos.

El personal que solía acudir lo componían puristas del pop, gente muy escuchada y nada casual: sus camisetas, sus looks, lo que escuchaban y lo que tocaban en sus guitarras en la piscina municipal de Alburquerque así lo atestiguaba (en el hilo musical de dicha piscina sonaban no ya Los Planetas sino Hidrogenesse… ese es el nivel). Espero que nada de eso haya cambiado, porque yo cuando me pongo también soy muy purista y muy estúpidillo. En el Contempo todo el mundo lleva camisetas de risa o de grupos indies, allí no os vais a encontrar a nadie con camisetas de Mägo de Oz, para entendernos, ni de Guns N’ Roses (salvo la que lleva Porerror, claro). El cartelazo de este año es para meter miedo: Cooper, La Habitación Roja, Sidonie, La Casa Azul, Ellos, Maga, Dorian, Sr. Chinarro, Niños Mutantes, Rusos Blancos, Klaus & Kinski… ejem... Amaral... a casi todos los he visto ya en directo, a casi todos los he visto ya en directo en la Ladera del Castillo de Luna pero… who’s counting?


Este año: la gran polémica, tras un disputado debate acerca de la más conveniente forma de alojamiento para el festival, mis compañeros y yo habemos optado por la tradicional tienda de campaña Quechua, ahí a tope, porque aunque uno va teniendo ya una edad y es verdad que las incomodidades y los servicios limitados cada vez apetecen menos, nada se compara al espíritu romántico y festivalero de una acampada pop (o eso o es que el camping gratis viene incluido en el precio del abono), por no explicar que en el Contempo la zona de camping está paredaña con la piscina municipal del pueblo, con evidentes efectos beneficiosos para nuestra salud material y espiritual (siestas, neverita, lectura, tertulias, etc.)

Ya iré informando un poquito de la jugada, y seguro que habrá posts cuando llegue el momento, pero como en anteriores ocasiones, he querido hacer uno para calentar el partido. Creo que tengo que ir a comprarme una camiseta nueva de Guns N’ Roses, porque la que tengo (de 2004, por la que estuvieron a punto de pegarme en Bruselas) ya anda un poquito hecha polvo. Sin tener nada que ver con nada, aprovecho para felicitar a El Gallo Verde, Fanzine Digital de Música Independiente y blog oficial del festival, por su reciente 5º Aniversario (y no digáis que lo hago porque hace unos años el buen Tesorero me prometiera invitarme a margaritas con hielo…). Este año vuelvo a la Ladera, vuelvo a dar caña, ya venden Tanqueray en el Mercadona, los planetas se alinean, yo he vuelto al pop tras una época de mi vida un tanto oscura, el sol vuelve a brillar, vuelvo a sonreír… Viva! VIVA!! VIVA!!!!!

miércoles, 20 de junio de 2012

The Pasadena Beotch Project


-“Oh fuck it, I’m gonna have a party!”
(Nada Surf)




Es un hecho universalmente aceptado que las comedias instituteras me vuelven loco. Esto ya lo he explicado varias veces, pero como cualquier género, el disparate teen avanza, evoluciona y cambia con los tiempos, como cambian los tiempos. Por eso se esperaba con gran expectación Project X (2012), comedia de Nima Nourizadeh saludada como un gran revulsivo del género. “De los productores de Resacón en Las Vegas (me encanta esa forma de promoción tan casposa!), la peli viene avalada por unas críticas espantosas, de modo que a verla que fui. Confieso también que el buen Kike me la encareció hasta el ditirambo, y eso siempre lo considero una garantía (viniendo del hombre que tras ver Malditos bastardos, 2009, exclamó: “Por fin una peli de nazis fiel a la verdad histórica!”).

Project X, la historia es simple: un grupo de amigos pardos de una high school USA pretenden montar un fiestón legen… wait for it… dario, a fin de elevar su estatus de (im)popularidad. La excusa? El cumpleaños de uno de ellos, que se queda solo en casa, y entra en escena la figura del amigo canalla-hipersexuado-ansioso-por-ser-cool, quien organizará una fiesta que se les acabará yendo de las manos (por decirlo suavemente). Hasta quí todo estupendo, el problema es que hasta aquí es justo hasta donde llega la película, ni un paso más allá. La “F.I.E.S.T.A.” (igual que el baile de Graduación) es todo un tropo en la comedia juerguista, nunca faltó en Fuera de onda (1996), Alguién como tú (1999), las de John Hughes o la saga de American Pie… pero hacer girar toda una peli en torno a este evento es mucho más complicado. Se consiguió en El guateque (1968, y dicen mis amigos que esa es graciosa, no?), Despedida de soltero (1984) o Aquellas juergas universitarias (2003), pero Project X, con estar muy bien, no me ha parecido que alcance las cotas de la excelencia.


Un ejemplo: me reí más con la escena en que unos tíos mean desde un balcón en American Pie 2 (2001) que en todo Project X, y eso no es buena señal. Dicho esto, creo que sé dónde está el problema y voy a tratar aquí de descomponerlo para general ilustración. Cualquier peli de estas características descansa sobre varios pilares, a saber: personajes carismáticos (la pandilla protagonista sobre todo), trama bizarra (episódica, mientras más jevi mejor), diálogos graciosos (y a ser posible ingeniosos) y credibilidad cool (esto lo explico ahora).

-Personajes carismáticos: ellos llevan el peso de la película, si no te caen bien o no te interesa lo que les pasa, la peli te va a aburrir. Gloriosos ejemplos los tenemos en la saga de American Pie, o recientemente Resacón en Las Vegas (2009, 2011) y Supersalidos (2007). Project X presenta una pandilla y unos secundarios masculinos correctos, aunque el protagonista es tan pardo que tiene menos carisma que un bajista indie. No mola. Acuéstate ya, chaval, y deja de dar por culo. Por el contrario, el hallazgo de la peli: el personaje de Costa, ese amigo gañán y canalla que nos hace meternos en líos, como era Phil en Resacón. Él es el catalizador, el que consigue que todo se ponga en marcha. Estupendo Oliver Cooper, habrá que seguir su carrera.


-Trama bizarra: no faltan acontecimientos bizarros en Project X, admito que no me dejó de sorprender y eso es clave: cosas que no pasarían en TU fiesta. Lluvia de ideas: gnomo de jardín, perro volador, horno, lanzallamas… Imposible superar el valor de choque de Resacón en Las Vegas (2009), pero mucha imaginación es la que tienen los guionistas de esta peli, para estar ambientada casi exclusivamente en una casa durante una fiesta. Muy bien de anécdotas de gamberradas, sexo, drogas, bizarría… cuando veo una peli así busco que me enseñen lo que yo jamás podría encontrarme en una fiesta a la que fuera, y os aseguro que alguna que otra guaracha pisé cuando estuve viviendo en USA…

-Diálogos graciosos: para mi gusto, es donde la película hace aguas. Lo atribuyo en parte a haberla visto en su versión doblada, lo que la convierte en irritante (insoportable, por momentos). Tarantino a su lado sería Gloria Fuertes, tal es la acumulación de insultos y palabrotas que pueden soltarse por esas boquitas en Project X. “Puta, putita, chocho, chochete, zorra, zorrita…” –ese es el nivel, amigos. El hecho de que se trate de un supuesto documental casero rodado cámara al hombro (debería ser todo natural y espontáneo) vuelve aún más penoso el uso artificial del lenguaje, onda “¡Joder, tío, quieres coger el jodido teléfono de una jodida vez, mierda?” Quién habla así, por Dios!? Uffffffff!!! Supongo que en inglés todo sonará más natural, pero yo, que queréis que os diga, nunca me acostumbraré a escuchar cosas como “Esta noche vamos a follarnos a unos jodidos chochitos, tronc!”.


-Credibilidad cool: hacer un chiste sobre rabos puede resultar un recurso patético o una genialidad, como demostró la peli Supersalidos, en la que pese a la acumulación de groserías que presentaba los personajes emergían investidos de una dignidad nunca antes vista. De ahí surgió la fama de Judd Apatow y una supuesta manera de hacer comedia 2.0 políticamente incorrecta. Project X recoge el testigo de un subgénero muy denostado pero sagrado para mí, que no conviene tomarse a la ligera. En ese sentido está puesta al día, los chavales se comunican por redes sociales, perpetúan la gran tradición de la Fiesta Americana, dan una vuelta de tuerca al problema de conseguir drogas, sacan mujeres besándose, etc… pero a mi juicio, esta peli, que apunta al Olimpo de la Comedia, se queda a medio camino y por tanto la califico como fallida. Podría argumentarlo más si espoileara el final pero no voy a hacerlo, claro.

Por último, la cosa que creo más me ha defraudado de Project X (y no vayáis a pensar ahora que no me reí mucho viéndola) es la simpleza del tratamiento de los personajes, purititos arquetipos. Costa el gañán, perfecto como arquetipo, pero poco más. Gordo Genérico #1, en su job description lleva todo lo que se puede decir del personaje y el abúlico protagonista (cuyo nombre ni recuerdo, pese a que en un momento de la peli es coreado por miles de personas) ni está ni se le espera. Los padres son siluetas recortables de cartón, tienen más carisma los de la serie Lizzie Maguire, por favor (dónde está ese padre de American Pie cuando se le necesita?).


Y las zorritas? El protagonista tiene dos love interests, Angelica y Kirby, una morena y otra rubia (como en la zarzuela) y poco más puedo contar de su contribución a la película salvo que una se quita el sujetador y la otra no. Dónde quedaron Michelle con su flauta, Nadia la extranjera o la madre de Stifler de American Pie? Dónde los papelazos femeninos que hacían Rebecca de Mornay o Molly Ringwald en los ochenta? El resto de mujeres de Project X es un desfile indistinguible de jamelgas con (o sin) biquini que, francamente, esconde una falta de historia. Y no me digáis que la peli iba de juerga de machotes porque también lo iban las de Resacón en Las Vegas y ahí las mujeres de ellos tienen personalidades perfectamente definidas.

Conclusión: id a verla si (como yo) sois fans impenitentes del género teen, pero bajad vuestras expectativas y así a lo mejor resulta que os hará más gracia. Si no sois personas de chupitos de tequila en el cuello, pardillos priápicos con los cristales de las gafas empañados o carcajadas fumando un petardo… mejor meteos en otra salita del cine, anda.

miércoles, 13 de junio de 2012

Haciéndole boquetes al cartón


En cierta ocasión alguien me dijo que yo nunca estaba triste, ni de bajón, y fue algo que me dolió muchísimo, porque era como decir “No te conozco”. Yo puedo ser el alma de la fiesta, el que choca esos cinco con sus clientes, el que enchufa un vídeo de reguetón en la sala de juntas, el que se marca un chiste a costa de una calamidad pero –muchas gracias- no soy el jodido Charlie Rivel. A lo mejor sí estoy triste pero no lo parece, aunque tampoco soy uno de esos personajes de las canciones de Smokey Robinson o Duncan Dhu ni como Mary Jane la novia de Spiderman. Solo un tipo normal –gracias, again- que sí admite que suele intentar verle el lado positivo a las cosas.

¡Basta de negatividad por la negatividad, señores! En otra ocasión un buen amigo habló de mi interés por “ese mundo fantástico que se entrelaza con el cotidiano a través de signos no visibles” y ahí sí que acertó de pleno porque desde siempre me he esforzado por que esa fuera una de las claves de mi vida. Ver y hacer ver ese otro mundo para hacer la vida más agradable a los demás, quitarles daño, conseguir que se rían: es el combustible de mis propias sonrisas. A cambio solo pido que me hagáis reír ustedes a mí el día que esté nublado. Esto no es tan difícil de entender, y qué gozada cuando se encuentra uno a personas en sintonía con esta manera de pensar y de sentir. Que te hacen la vida más fácil a base del bálsamo del bienestar, que descompongo en dos elementos: la risa y la belleza.


Poco a poco me doy cuenta de que en el mundo hay dos tipos de personas (según este criterio): las que levantan obstáculos y las que los retiran. Desde los 14 años, intento conscientemente pertenecer al segundo grupo. Un ejemplo: ¿Cuántas veces no habremos visto a peña ahogarse en un vaso de agua, sucumbir ante catástrofes inexistentes y elevar a proporciones gigantescas los asuntos más nimios? Se me ha roto una uña: el Apocalipsis. Ese tipo de gente, con todos los respetos, lo tiene muy difícil para ser feliz. Todo son dificultades, todo escollos, y si no hay ningún problema ellos los crean con su inflexibilidad, impaciencia, dogmatismo e intolerancia a la frustración. También os digo que tengo comprobado que mucha gente que piensa (vive) así es porque le va la caña.

Pensad ahora en en esas otras personas a las que ha visitado la desgracia en gordo: pérdida de familiares, minusvalías, enfermedades graves, reveses fuertes de la vida. Y ahí siguen. En lugar de revolcarse en el dolor de manera perpetua (porque el luto o una pena todos lo tenemos que pasar, y tiene su tiempo pero “Exceso de tragedia = comedia”), escogen poner al mal tiempo buena jeta y digo escogen porque en esto algo hay de voluntario. Otra parte no, se ve que hay gente que viene mejor equipada “de fábrica” para lidiar con la calamidad y otros lo tienen más difícil, pero hasta el que está en desventaja puede pedir ayuda y mejorar, algo de lo que precisamente me ha estado hablando un compi de trabajo que sabe algo sobre coaching. Llegar tarde cinco minutos a una peli y es el Fin del Mundo; quedarse sin trabajo y pensar que no pasa nada. Dos actitudes ante la vida.


Hay un truco para sobrellevarlo todo: la gran medicina frente a la desgracia es el humor. Los que lo practicamos a diario entendemos que es un arma poderosísima. En la carrera me inflé de hacer trabajos titulados: “El humor como manera de enfrentarse a los horrores en (LIBRO TAL)”, desde Kurt Vonnegut a Jaroslav Hašek. ¿Quién podría verle la gracia a las dos Guerras Mundiales? Ved Charlot soldado (1918) y El gran dictador (1940) y tendréis la respuesta. Otro truquito es estar alerta para capturar la belleza de las cosas. Solo hace falta graduarse la vista con las gafas adecuadas, estar en una sintonía del dial que te permita captar las ondas de bizarría, humor, absurdo, belleza y ternura que emite la realidad a nuestro alrededor. Si nos quedamos solamente en la superficie, chungo. ¿Habéis visto lo guarro que está todo por la calle? Por eso se hace imprescindible acudir más allá, al revés de la trama, a la trastienda.

En un momento dado, la realidad puede estar hecha de cartón pintado, útil, puede resultar hasta bonita… pero hay que trascenderla. Hace falta ejercitarse para ver los signos no visibles de “ese mundo fantástico que se entrelaza con el cotidiano” para poder perforar el cartoncito de la realidad y dejar que pase la luz a través de los boquetes. Solo así podremos vivir en la admiración. La risa y la búsqueda de la belleza son estupendos modos de hacer estos agujeros -nunca el fin último- son un medio para estar bien con uno mismo, paso imprescindible para llegar a estar bien con los demás. La gente que retira obstáculos es porque sabe que merece la pena, porque ha visto la luz a través de la cartulina. Para todo lo demás… el Fin del Mundo.

lunes, 4 de junio de 2012

Pop nutritivo con Ken Stringfellow


En ocasiones se alinean los planetas, y lo que parece que va a ser una mierda resulta ser una experiencia maravillosa, un diamante salido del carbón, como en aquella escena de Superman III (1983). Planetas? Diamantes? No irás a hablar de Ken Stringfellow, no, Porerror? Shshshshshsh! Usted limítese a atender, señora. Me entero por Twitter de que el domingo 3 de junio va a haber un concierto “privado” de Ken Stringfellow en el restorán cordobés El Astronauta. El evento incluye un gastro-menú de moderneo y el conciertito vespertino para un reducido grupo de personas. Quiero ir.

Ken Stringfellow, ustedes lo conocéis mejor que yo: uno de los dos cerebros de los Posies (
junto a Jon Auer), afamado miembro de la reconstrucción de Big Star y ocasional militante de R.E.M., entre otros varios grupos en que ha colaborado. También tiene varias cosas en solitario, y este octubre saca nuevo álbum solo: Danzig In the Moonlight, que esperamos con ansia. En principio no iba a ir porque aunque juré que sería capaz de ir hasta solo, no sería capaz, pero afortunadamente tenía muy cerca a una bella y encantadora acompañante que al final se mojó, lo que posibilitó la excursión.


En la puerta del local se daba cita lo mejor del poperismo cordobés: gafas de pasta, vestiditos estampados, chapas, barbas, camisas de cuadros de H&M… todo muy acertado. Ayudaba al tono del evento la decoración de El Astronauta, mentiría si dijera que en Miciudad no hay locales así, pero no cuando digo que me da envidia que no haya este en concreto. La comida muy bien: su sorbete de gin & tonic con gelatinita, su sopa fría de melón y yogur, su pollito tailandés, su cuajado de chocolate con sopa de frutos rojos, todo riquísimo, divertido y muy bien presentado, lo cual se agradece en un acto que está diseñado exclusivamente para el deleite de los sentidos. Cuando el dueño nos dio la entrada (una llamativa cartulina amarilla con los datos del almuerzo-concierto) nos advirtió: “No sirve para nada, pero es bonita”.

Creo que a día de hoy no se me ocurre mejor definición del pop
indie: “No sirve para nada pero es precioso”. Tras la comida y los digestivos (“A las 5 de la tarde, una hora que en mi país es casi la de la cena pero aquí vosotros estáis terminando de almorzar”) venía el turrón de almendra: la música de Ken Stringfellow. El pavo (de 43 años) se presentaba solo, alternando guitarra eléctrica sin distorsión y órgano, sobre una tarima que abandonó en media docena de canciones para ponerse más cerca de su público, nosotros, que tuvimos ocasión de tocar el borde de su manto y de sanar así de todas las enfermedades del mal rollo. Curiosamente, Ken tenía a su disposición un par de micrófonos pero apenas hizo uso de ellos, prefirió cantar a pelo e incluso susurrar sus letras cargadas de imágenes sobre planetas y diamantes.


El sonido era bueno, estábamos muy cerca del artista y eso proporciona una calidez que yo no conocía salvo cuando he ido a ver actuar a mis colegas en bares. Allí Ken Stringfellow era el colega de todos, habló bastante, ponderó la historia de Córdoba y su riqueza arqueológica, reflexionó sobre el papel insignificante del ser humano en las grandes ciudades, habló de la crisis y lanzó mensajes de optimismo contra los agoreros que nos amargan la vida… Uno de los momentos más chulos fue tras una introducción acerca de las trampas de las historias y de cómo cada historia tiene siempre varias versiones. Pidió para la siguiente canción la colaboración de una joven del público, “con que no esté muerta me vale” y salió una chica que cantó con él un dueto muy simpático, aunque se trataba de una trágica canción de amor onda Pimpinela indie.

Para el resto del repertorio, Ken advirtió que iba a centrarse en su futuro álbum
Danzig In the Moonlight, y las piezas que allí desgranó desde luego que fueron absolutamente impresionantes. También tocó algo de The Disciplines (“Mi banda noruega”) y del último disco de los Posies, como el precioso tema “Licenses to Hide”. En un momento dado (cuando llevaba casi dos horas de una actuación que duró dos y media, con 5 minutos de descanso), el cantante anunció que estaba fácil y que tocaría las peticiones que se le hiciesen. Así tocó su mini hit “Down Like Me” (de Touched, 2001) y “Solar Sister” (de Frosting On the Beater, 1993). A mí se me ocurrió pedirle “Chainsmoking In the USA” de los Posies, y me dijo que NO. Dio la razón de que esa era de Jon Auer (“el otro”) y que solo tocaría las de su parte del repertorio. Uno, en su fraudulencia indie, no sabe distinguir cuál es de quién de entre las de los Posies y me llevé un planchazo del copino.


En conjunto, la experiencia, el concierto, el viajecito a Córdoba, -la compañía…- se aliaron para configurar un domingo inolvidable. La música era esto, amigos! Un señor al que admiras desde hace 16 años cantándote casi al oído. Un popero cuarentón reencarnado en cantautor americano, cóctel de Todd Rundgren, Jonathan Richman, Neil Young y James Taylor. Cóctel de ginebra con gelatina, etc.

jueves, 24 de mayo de 2012

Te sobreviviré una década

(Dedicado a la buena Silvia, gran lectora de este blog y gran rockera indie).



Espeluznado y espoleado por la reciente lista del NME con las “100 mejores canciones de los 90”, me da por reflexionar sobre el paso del tiempo y la acumulación de disco tras disco tras disco. En este contexto, qué lejos quedan los años 90! Pienso y me decido a efectuar un poco de criba y ofrecer, a modo de ejercicio abierto a la polémica, mi propia lista de los mejores discos de la década pasada, la década del 2000, “the noughties”, como se les llama en inglés. La inclusión o no en esta lista y la clasificación dentro de ella obedecen a varios criterios: gusto personal, influencia percibida e importancia dentro de mi biografía. Me ciño a discos de pop-rock, por ser los que más conozco, y ya sin mayores preámbulos, he aquí los que en mi soberbia opinión son:


LOS MEJORES DISCOS DE LA DÉCADA DEL 2000



1. Kid A. Radiohead (2000). Cuando salió en septiembre del año 2000, Kid A enfureció a casi todos los fans de Radiohead, y a muchos críticos. Tal vez porque la anticipación que creó ser el heredero de OK Computer (1997) fuera demasiado, y no estuvo a la altura. Pero Kid A –número 1 en USA y en UK, tal vez debido a esta anticipación- no era la continuación de nada: era la música de las esferas. Para los que no habíamos escuchado jazz abstracto o la música tecno de Aphex Twins este disco fue como un martillazo en la cabeza: gracias a él aprendí el adjetivo “mindblowing”. En septiembre del año 2000 yo vivía en Inglaterra y aprendí que una banda de guitarras no tenía por qué sonar siempre igual. Nada de un segundo “Creep” o “Paranoid Android”, pero 12 años después si Kid A no encabeza la lista de los años 2000 es porque estará en el número 2. No ha habido grupo indie de los últimos 15 años, desde Muse hasta Maga, que no haya emulado a Radiohead.


2. Is This It? The Strokes (2001). En 2001 nadie daba un pimiento por el rock de guitarras, en parte por cosas como el Kid A. Pero The Strokes llegaron capitaneando una nueva ola de rock dizque “de garaje”, en la que también militaron gente como, The White Stripes, The Vines o The Hives. Decir que The Strokes salvaron el rock ellos solitos sería una fantochada, pero como este blog va un poco de eso, me atrevo a decir que ellos devolvieron a los rockeros melenudos su dignidad. De repente, llevar camisetas de The Ramones volvía a estar de moda. De repente, gente como yo tenía posters de The Strokes en sus habitaciones, y los miembros de la banda eran gente cool, árbitros de la moda indie. Con el filón del britpop más que agotado y el rock alternativo americano convertido en una broma pesada, Is This It? Supuso lo que los críticos de rock gustan llamar “un soplo de aire fresco”. Más de una década y 4 discos después The Strokes siguen en la cresta de la ola indie, y si alguien los critica ahora es para añorar este disco de debut con el que convulsionaron la escena mundial.


3. Yankee Hotel Foxtrot. Wilco (2002). Ya dediqué una entrada a este disco, pero no por eso iba a obviarlo en esta lista. Quisiera centrarme en su influencia, y matizo la aseveración sobre Radiohead: si algún grupo indie de los últimos 15 años no ha intentando emular a los de Oxford es porque andaban tratando de sonar como Wilco. Puede argumentarse que la década pasada ha sido la del alt.country, Americana o folk rock con raíces. Jamás el country ha tenido tanto prestigio, se recuperó a figuras como Johnny Cash, Loretta Lynn o Wanda Jackson con discos à la mode. Todos los grupos americanos citaban en sus influencias a los popes del country y a todo el mundo le dio por el género, desde Nick Lowe a Elvis Costello, pasando por Cerys Matthews o Lily Allen. Wilco tienen la culpa de mucho de esto, porque ni Uncle Tupelo ni The Jayhawks salen en el telediario de TVE 1, pero Wilco sí. Y de entre toda la obra del grupo de Chicago, Yankee Hotel Foxtrot sobresale como ese faro, como ese monumento icónico en el que tanta y tanta música se sigue mirando hoy en día.


4. Elephant. The White Stripes (2003). Recuerdo comprarme el Elephant porque The White Stripes estaban muy de moda (ya tenía un par de discos suyos). Recuerdo ponerlo a sonar por primera vez antes de meterme en la ducha y cagarme encima al escuchar “Seven Nation Army”. Recuerdo que pensé “Ya están aquí los Rolling Stones de esta década”. Elephant es una bofetada sonora desde la primera a la última canción, y su influencia no ha hecho más que agigantarse a medida que las caretas musicales han ido cayendo para revelar a Jack White como el mayor talento musical de esta generación. Lo siento, Thom Yorke y Jeff Tweedy, para mí Jack White os gana a todos por su versatilidad y su profundo conocimiento del vocabulario del rock and roll. Él no está interpretando unas cancioncillas, él está creando rock. Es como esos toreros noveles de los que se dice que son “niños sabios”. Es como esos artistas de verdad que se pasaban los géneros (rock, folk, country, blues, soul, pop…) por el forro de los cojones, como hacían Elvis Presley o Bob Dylan. White ha seguido con y sin The White Stripes, con otros grupos y este año en solitario, pero con Elephant dio un golpe en la mesa que lo catapultó al Olimpo del R.O.C.K.


5. Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not. Arctic Monkeys (2006). Justo cuando parecía que Franz Ferdinand y su debut homónimo de 2004 iban a ser el triunfo británico de la década, llegaron Arctic Monkeys y les hicieron pipí en la cabeza. ¿El truco? Llevar más allá el “rock con caderas” injertándole todo el punk y la new wave que el resto de artistas de la década habían dejado orillados. ¿Qué inventaron Arctic Monkeys? No inventaron nada, está claro. ¿Cómo suenan? Lo más divertido que ha escuchado usted en décadas, señora! Tampoco Nirvana inventaron nada y ahí está su cartelazo. Pero Arctic Monkeys –sin copiar- bebieron de The Jam, Undertones, The Clash, etc, insuflándoles nueva vida en esta sociedad postindustrial, desde un Sheffield en el que internet contaba más que el acero inoxidable de sus siderurgias. Sus letras son un reflejo perfecto de la vida de niñatos ingleses, con furgonetas de la policía, sudaderas con capucha, vandalismo y puticas en la noche, y también dieron lugar a una amplia pléyade de emuladores. El gran Diego Manrique lo dijo hace seis años, “Por una vez, la nueva sensación del pop británico es sencillamente eso: sensacional.” Ahora se han ido a USA, se han vuelto serios y aburren. Pero en el año 2006 no los había mejores.


6. Back to Black. Amy Winehouse (2008). El caso de Amy Winehouse podría resumirse en la frase “se veía venir”. Favorita de Estatuas Verdes, ya sabéis que le dediqué varios posts y en uno de ellos deseé de corazón que no acabara muerta antes de tiempo por culpa de las sustancias. El talento de Amy Winehouse es fácil de poner en solfa, y las comparaciones con Aretha Franklin o con muchos artistas clásicos a duras penas se sostienen. Cierto. Pero también lo es que los Beatles o Led Zeppelin no inventaron (casi) nada y sin embargo fueron capaces de galvanizar a toda una generación. El soul pop –o como se quiera etiquetar- de Amy abrió la puerta al megaéxito de Adele, y logró hacer soñar de nuevo a una generación de niñas que soñaban con ponerse pañuelos en la cabeza y de niños que soñaban con tirársela. Posiblemente Back to Black haya sido el disco de la década anterior que más veces haya escuchado, y a su éxito comercial se sumó la lluvia de galardones y parabienes críticos que cosechó en su lento pero seguro ascenso a la categoría de clásico. La voz de Amy transmitía lo que otras ya quisieran, sus letras hacían daño y su carisma como artista será recordado mientras la gente ponga discos.


7. Want Two. Rufus Wainwright (2004). Confieso que a Rufus Wainwright llegué tarde… y me fui pronto. Pero lo de enmedio… madre mía, qué prestigio! Want Two era la segunda parte de su díptico Want, que había empezado el año anterior. Pero aunque ambos discos se complementan y tal y tal, la profundidad, ambición y capacidad turbadora de Want Two no la tiene el One, ni ningún otro disco de la década. Recuerdo la primera vez que lo escuché: ese comienzo en latín (“Agnus Dei”) y yo corriendo por la casa de lo nervioso que me puse. No me podía estar quieto porque estaba asistiendo a un prodigio: la música que haría el hijo de Brian Wilson y Elton John, si hubieran podido procrear. Creo que no me turbaba tanto el comienzo de un disco desde el Kid A o el Deserter’s Songs de Mercury Rev (1998). Turulato, me hice fan ipso facto de Rufus Wainwright, cumplí el sueño de verlo en directo (el único de esta lista, junto a Wilco), me compré toda su obra pero el entusiasmo ha ido decayendo con el paso del tiempo y sus sucesivas fantochadas: discos en directo, imitaciones de Judy Garland, etc. Pero Want Two era maravilloso, perfecto, sus letras nos llevaban a un mundo que yo no conocía y del que ya no se puede volver igual. Leí en el folleto interior que Rufus pretendía ser una especie de Bob Dylan o Brian Wilson de su generación, y que no lograrlo lo apenaba. Al final no ha llegado ni al Arthur Brown de su generación, pero siempre nos quedará su música de aquellos años.


8. Vampire Weekend. Vampire Weekend (2008). A este grupo lo conocí gracias al estupendo blog musical El Perro Lunar. Que si lo habían escuchado en USA, que si el disco solo te solucionaba una pinchada en una fiesta… solo con esas coordenadas corrí a comprarlo y la verdad es que fue una sorpresota por la que nunca les estaré suficientemente agradecidos. Decir Vampire Weekend es decir niñatos pijos onda anuncio de Tommy Hilfiger. Ellos fueron la demostración de que los pijos también tenían derecho a ser indies, y además consiguieron lo que no logró en su día Peter Gabriel ni Paul Simon: hacer divertida la música africana. Evidentemente su enfoque es de indie rock, sus toques africanos son anecdóticos, pero cómo me ha quedado la frase, eh? Del debut homónimo de Vampire Weekend me quedo (aparte de con sus camisas) con unos temazos pegadizos con letra inteligente, con unas melodías que era verdad, son pinchables en una fiesta. Me lo compré en CD y me lo tuve que comprar luego en vinilo (dejad de gritarme!), igual que el Back to Black y el último de esta lista, porque nunca tenía suficiente dosis de Vampire Weekend en mi vida. Este año sacan nuevo disco, ya sacaron otro hace dos años, esperemos que los neoyorquinos vuelvan a dar en la diana y repitan éxito.


9. Funeral. Arcade Fire (2004). En enero de 2005 (antes de que se editara en Europa) me llegó un paquete con un disco, de parte de un amigo desde Carolina del Norte. Fue Jonathan, el mismo amigo que me hablaba del Yankee Hotel Foxtrot. En la carta me explicaba: “Esta gente están partiendo el bacalao en USA esta temporada: se llaman Arcade Fire, son de Canadá”. El resto es historia. Mucha gente ha aclamado The Suburbs (2010) como el mejor disco del grupo pero cómo olvidar el impacto que hace años supusieron en nuestras vidas canciones tan alucinantes como “Neighborhood #1 (Tunnels)” o “Neighborhood #3 (Power Out)”? Leo en Wikipedia que ya en 2005 U2 versionaron a Arcade Fire y desde entonces su influencia y su credibilidad indie no han hecho sino crecer. Los canadienses demostraron que se podía ser comercial sin renunciar a la seriedad y el rigor, porque sus temas no eran precisamente facilones pero ahí está “Rebellion (Lies)”, que fue Top 20 en listas de ventas. Desde que salió, Funeral se ha convertido en un fijo de este tipo de listas de “lo mejor de…” (el año, la década) y Estatuas Verdes no iba a ser menos...


10. In Rainbows. Radiohead (2007). Cuando la década enfilaba su recta final, y las radios indies echaban humo con los temazos breves y concisos de unos Arctic Monkeys, van Radiohead y dan otro golpe de mano. Otra colleja musical, otro intento de “reinventar” el rock. El problema es que desde Kid A lo han hecho con todos sus discos, pero esto es algo que se agradece, siempre he dicho que los Beatles de ahora serían por un lado U2 (por relevancia mediática, éxito comercial y mesianismo de sus componentes) y por otro Radiohead, por su incesante búsqueda de nuevos sonidos y su exigencia de entregar cosas diferentes cada vez al público. Recuerdo que se lo presté a un compi de trabajo y me lo devolvió desilusionado. Recuerdo que un amigo me regaló un single promocional (“Jigsaw Falling Into Place”) porque no aguantaba este tipo de música. Radiohead no es para todos los públicos, pero será porque los públicos no quieren, solo basta acercarse: ellos ya no pretenden alienar a nadie. Conviene recordar también que In Rainbows fue el primer disco de la historia sin precio fijo, se colgó en una web con la consigna de “Paga lo que quieras”. Dicen que la media fue de una 4 libras por compra, muchísima peña se lo bajó de gratis… lo único cierto es que pocos años después este se ha convertido en posiblemente el tercer disco favorito para los fans de Radiohead, y ha engendrado un clásico f
ijo en su repertorio como es “Reckoner”. Pese a la patraña de su supuesta “gratuidad”, In Rainbows fue número 1 en USA y en UK, descontadas las descargas, o sea que hubo MUCHA gente que se lo compró. Y que es canela, vaya.


 
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