Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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miércoles, 10 de diciembre de 2008

Lenguaje


“¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno?”
-Lamentaciones de Jeremías




“Hay una cosa que se llama lenguaje, amigos. Esta simple aseveración se ha convertido –podría decirse- en uno de los axiomas que rigen mi existencia. El resto no os los digo, porque están sacados todos de la serie Búscate la vida (1990-1991) o de películas de los Hermanos Marx. Tamaña perla de sabiduría (la del lenguaje) nos fue impartida a otro colega y a mí en nuestra época universitaria, y no precisamente por un profesor.

En la universidad, lo más importante era las películas que se veían y los libros que se leían, nunca la materia de los estudios. Para ver películas había un organismo que prestaba videoproyectores o cañones de vídeo o cosas con pantallas y cables colgando. Como veis, no soy experto en la terminología de la electrónica/imagen y sonido (ya lo dijo C3PO: “No me vengas con tecnicismos”). Mi amigo tampoco lo era, y el día que fuimos al Servicio de Promoción Cultural de la uni a pedir “un cable de esos adaptador, con tres pinchos”, el chupatintas de turno nos soltó, “Eso se llama salida RCA. A ver si pedimos las cosas por su nombre: ¿sabéis? Hay una cosa que se llama lenguaje…” Gracias, señor Electroduende, le pido mil disculpas.


La verdad es que a mí el nombre de los cables y los cachivaches “me importa un vatio” (como cantó Alaska), y yo pensaba que RCA era la compañía discográfica de Elvis Presley. Siempre he desconfiado de los supuestos árbitros o puristas de la lengua (el lingüista americano Steven Pinker los llamaba “Jeremías del lenguaje”, en alusión al profeta Jeremías, siempre quejándose y anunciando catástrofes). Para que me entendáis, siempre he considerado la saga de El dardo en la palabra de F. Lázaro Carreter como libros de humor (UUuuuuuuuuuuuuhhhh! Perdón, don Carreter, que “saga” no es una “serie” sino la “historia de una familia”… ¿vendrá usted a atormentarme esta Navidad?)

Hablo con esta soberbia de temas lingüísticos porque puedo (con perdón), soy profesional del tema y tengo estudios. Esto lo digo no por irme de sobrado sino para que comprendáis que me suda el ojjj… la opinión de los demás porque he podido formarme una propia (no me ocurre en casi ningún otro campo del saber, en que soy muy papanatas). Entre los mayores terroristas del lenguaje se encuentra la RAE o Academia de la Lengua Española, cuya sola mención hace que me lleve la mano a la cartuchera. La RAE, amigos, viene a ser la SGAE de la lengua: ellos dicen lo que está bien y lo que está mal, hasta el punto de que los jueces a menudo acuden al diccionario de la RAE para dirimir puntos del lenguaje que podrían dar lugar a diferentes sentencias.

Nada que objetar a esta labor descriptiva de la RAE (que, recordemos, “Limpia, fija y da esplendor”), lo malo es cuando se echa encima otras que no le atañen, llamémoslas prescriptivas: dictar “lo que se debe decir y lo que no”. Acabáramos. Como todo el que mantiene una milonga autosostenida, (religiones, farmacéuticos, psicólogos…), la RAE pretende convencernos de que son imprescindibles. De que si ellos no existieran todos moriríamos, perderíamos la facultad del lenguaje y se nos caería la lengua. Porque sin ellos, amigos, la lengua se corrompería!!!!! Iííííííííí!!!! Afortunadamente, no todo el mundo en la profesión lingüística seria piensa así .


En la carrera asistí a conferencias enteras dedicadas a burlarse de lo mal hecho (desde el punto de vista lexicográfico) que está el diccionario de la RAE. Y si no me creéis, mirad en el DRAE por ejemplo la palabra “jilguero” y partíos el ojete. También fui a conferencias de “papones” de la RAE que clamaban ora por la buena salud, ora por la desintegración de la lengua española. Y despreciaban a la bárbara lengua inglesa, que se permite –oh pecado- no tener una Academia de la Lengua, y por lo tanto Dios la está castigando, Nueva Babel, con la ininteligibilidad mutua de sus hablantes. (Esto es rigurosamente cierto, el pavo ponía como ejemplo que un británico y un americano apenas eran ya capaces de entenderse en inglés… ¿no sería más bien que él era incapaz de entenderlos a ambos?)

Las Academias son cosas de mucha seriedad y no hay que burlarse de ellas: ahí están la Academia de Platón o su émulo, la Academia de Vili del libro Los estados carenciales (2002) de Ángela Vallvey. En otra ocasión, a mi colega el cinéfilo y a mí un borracho nos pidió con mucha dignidad compartir una litrona. Como no accedimos, el hombre nos disciplinó con una perla filosófica, diciendo “Todo es de todos”. Seguimos sin darle cerveza pero mi amigo y yo automáticamente bautizamos a aquel tipo como “el Académico” (por su sapiencia). Los saberes del Académico bien pudieran aplicarse a la RAE, para recordarles que el lenguaje no es de su propiedad. Todo es de todos, ¿no?


En esto creía hasta el día de hoy, en que he visto el anuncio de la nueva campaña del gobierno para que la juventud use condón. “Tronco, yo no corono rollos con bombos”, etc. ¿Quién ha escrito ese rap, la abuela de El Chojín? ¿El ministro Bernat Soria? ¡Viva la RAE! Lázaro Carreter, ¿por qué nos has abandonado!

jueves, 19 de junio de 2008

Vacío de poder en el pop español


S.O.S. La situación es grave, amigos. Vacío de poder en el pop comercial español. ¿Caos? ¿Apocalipsis? A los hechos me remito. En el último mes nos hemos desayunado con dos (¿terribles? ¿bizarras?) noticias musicales. 1) Leire Martínez, concursante que fue de Factor X, será la nueva cantante de La Oreja de Van Gogh, ya que Amaia Montero abandonó el grupo el año pasado. 2) Lydia, representante de España que fue en Eurovisión, será la nueva vocalista de Presuntos Implicados, puesto que Soledad Giménez dejó el grupo en el 2006.

Amaia Montero, Sole Giménez, casi nadie, ¿sabéis? Más allá de gustos personales (a mí me molan las dos como cantantes) es innegable que son dos de las voces de más éxito comercial y más reconocibles de todo el panorama musical español. Y Leire… canta muy bien, pero ni siquiera ganó Factor X (casi mejor, ahora que lo pienso). En cuanto a Lydia… fue a Eurovisión en 1999 (en Jerusalén, el año antes había ganado Dana Internacional, sabéis de lo que hablo, ¿no?), quedó la última (con un solo punto, que nos dio Croacia). Y eso, a pesar de lucir un preciosísimo modelito de Ágatha Ruiz De la Prada.

Estas nuevas vocalistas llamémoslas sustitutas tienen ante sí una ardua tarea. Ojo, no tiene por qué irles mal, ¿eh? Mirad lo que pasó cuando Marta Sánchez sustituyó a Vicky Larraz en Olé Olé. Mirad a dónde ha llegado Marta: musa de las Fuerzas Armadas en la Guerra del Golfo, musa (contestada) del orgullo gayer, megafan de Kylie Minogue… últimamente creo que sale en un anuncio de Ono o de Telefónica.


Pero hay más señales preocupantes. La de Amaral se ha tatuado un horrendoso dragón gigante en la espalda (¿solo para promocionar un disco?)… esperemos que solo sea una calcomanía. Los de El Canto del loco ahora resulta que van de maduros. Mientras tanto, los últimos trabajos de Deluxe, Sidonie o Iván Ferreiro están cogiendo polvo en las estanterías de las tiendas disqueras. A Calamaro se le ha ido la olla, como en su día se le fue al líder del (pen)último grupo Guadiana español: me refiero a Bunbury, el de Héroes del silencio.

Ahora resulta que vuelven Tequila, la banda de mi adorado Ariel Rot y de un tal Alejo Stivel. ¿Cómo son Tequila en su nueva andadura? Os lo diré esta noche cuando los vea en su aparición estelar en Buenafuente. Mientras tanto, otras viejas glorias resucitan por doquier, con desigual fortuna. Dignísimo el retorno de Hombres G, aunque ya se les ha acabado el gas. La Guardia también andan por ahí de vuelta, y desde aquí vaticino que Gabinete Caligari están al caer.

Anoche mismo asistimos en Muchachada Nui al desenmascaramiento (una vez) más de la añoranza borrosa de la Movida. La parodia de Alaska y Fangoria nos confrontó con toda la estupidez y el esnobismo que aquejan al pop español en los últimos quince años. Y como toda buena sátira, deforma para hacer reír, pero no tanto que el objeto de la crítica no sea reconocible.



¿Estaremos asistiendo en España a una crisis musical comparable a la que hubo en USA a finales de los cincuenta cuando Elvis se fue al ejército, Little Richard a la iglesia, Chuck Berry a la cárcel y Jerry Lee Lewis cayó en desgracia por casarse con su prima menor de edad? Menos mal que por lo menos en España siguen quedando grupos que hacen cosas interesantes, como los anteriormente mencionados o Lori Meyers, a los que he visto esta tarde en acústico y me han vuelto a dejar flipado.

martes, 29 de enero de 2008

Vuelve Miqui


“Yo quiero ser normal… ser estrella del indie nacional…” –cantaba hace un par de años la chanteuse Bel Divioleta. Algo parecido debió pensar un joven Miqui Puig hace veinte años, en una versión modernita de aquel “mamá: quiero ser artista”. Corría el año 1992, y un grupo muy vitaminado de nombre Los Sencillos se encumbraba al número uno de la lista de Los 40 Principales con el pegadizo tema “Bonito es”, extraído de su álbum Encasadenadie. A este éxito habría que sumar otros como “Mala mujer”, “Phutbol” o “Doctor Amor”. Tardíos para ser considerados integrantes de la “Movida”, trataron de reciclarse en un grupo de pop-art, llegando incluso a editar un disco titulado Bultacos y Montesas (1997).

Su líder y cantante, Miqui Puig, trató de hacer fortuna en solitario con discos más o menos comerciales o indies, y probó a colaborar con Alaska, a grabar en inglés, a salir en la radio cantando el “Gloria” de Umberto Tozzi… Todo esto convirtió a Miqui en un personaje entre lo retro, lo friki y lo bizarro (fue jurado del programa de Antena 3 Lluvia de Estrellas, de donde surgieron artistas como Tamara o Deluxe, conviene recordarlo), aunque siempre respetado por el sector indie del público musical. No en vano el tipo se ha hecho un nombre como DJ en festivales modernitos del calibre del Sonar y el Primavera Sound.

Y hete aquí que, cuando nos habíamos resignado a tener a Miqui Puig por una curiosa figura del pasado (en la onda de Martirio o Álex de la Nuez) este proteico personaje reaparece en la primera plana de los medios mutado en el Petronio de lo cool, haciendo el papel de bruja mala en el jurado de Factor X. Esto sucedió el año pasado, por entonces aún no había echado a andar Estatuas Verdes, si no os garantizo que el programa se hubiera llevado más de un post. Allí Miqui dio toda una lección de esnobismo, o lo que el grupo de power pop Octubre llaman “la insoportable levedad de lo cool, conduciendo un Mini Cooper, llevando chalecos de rombos, gafas de pasta, gritándole a un dúo de calvos que habían osado preguntarle si él sabía lo que era el doo-wop… y en ese plan.

Factor X tuvo su boom, como tantas otras movidas, le llegó su turno, tuvo sus quince días de gloria y a otra cosa. Como ya dije hace unos días, la fiebre de los castings en España se encuentra en su apogeo y, lejos de remitir, los programas de talentos invaden la parrilla cual indigestos chuletones. Anoche estaba cenando y quiso la suerte que mis cansados ojos se posaran en uno de estos variados nidos de bizarría, en concreto Tienes talento (en Cuatro). Cuál no sería mi sorpresa cuando descubro que en el jurado de este programa TAMBIÉN se encontraba Miqui Puig (Miqui, tío, esto empieza a convertirse ya en una carrera profesional). Ni que decir tiene que dejé quieto el mando y me dispuse a tragarme el programa, y debo constatar que Miqui realiza exactamente el mismo papel que le dio notoriedad en Factor X. Cómo sería la cosa que, cuando vino al casting un megafriki con pinta de tarado a bailar breakdance, los otros dos miembros del jurado se levantaron y fueron a decirle a Miqui al oído “no seas muy malo con él, por favor”.

El programa mejor ni comentarlo: acróbatas dislocados, magos disfrazados del Capitán Garfio con loros al hombro, un niño que hace malabares con fuego, bailarines de muy diverso pelaje, cantantes al borde del sonrojo (propio y ajeno)… y la habitual nómina de caricatos, imitadores y cantamañanas. A todo esto, Miqui seguía desplegando su críptico lenguaje crítico consistente en juicios del tipo “no sé de qué vas pero te compro”, “no me creo nada de lo que haces” o “vais a estar en la puta final, ¿me oís?”.

Admito que viendo esta bazofia me distraje y entretuve como el que más, pero también me asaltó la incómoda sensación de que estaba siendo testigo de un freak show en toda regla. ¿Y no piensan que la palabra “freak” ha aparecido ya demasiado en este post acerca de Miqui Puig? Pues ese es el problema, que no se puede mantener una carrera seria en el indie, con credibilidad, y a la vez asociar uno su nombre a productos tan innobles como los realities de cazatalentos. Miqui, o cantas en el Sonar ante 10.000 personas o le dices a Silvia Padilla que has llorado con “Ponte el cinturón”. ¡Las dos cosas no, que no eres Alaska! ¿O sí?

“Yo quiero ser normal…”
 
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