Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

jueves, 24 de abril de 2008

Sé las narices (que tocasteis)


-"¿Has leído El corazón de las tinieblas, chata?"

-"¡Jarl!"

Constato un fenómeno. Tendencia, llamadlo como queráis. Sabido es que hace aproximadamente un año las parrillas televisivas españolas tocaron techo de saturación en lo que a programas rosa se refiere. Ahí andaba el Tomate, liderando la franja de la siesta, y un sinnúmero de otros espacios a todas horas cuyos nombres no recuerdo pero vosotros sí. Entre todo esto resistía, ahora y siempre al invasor el programa de Boris (Channel nº4), autoerigido en fanzine del glamour de andar por casa.

Para dar caña no al famoseo, ni siquiera al mundo rosa sino a los periodistas del corazón, creó La Sexta el inteligente espacio de humor Sé lo que hicisteis la última semana, presentado por Patricia Conde y Ángel Martín, más Miqui Nadal y otros. En este espacio se burlaban con muchísima gracia de todo aquello que de risible hay (o de miserable) en el periodismo del colorín, sacaban vídeos y citas –a veces fuera de contexto pero nunca tergiversadas- que hacían parecer a sus protagonistas como auténticos imbéciles. Eso, con suerte, cuando no los hacían parecer directamente malos o mezquinos (caso sobre todo de Jorge Javier & co).

Se podrá decir que Sé lo que hicisteis... es un espacio parásito, que se nutre del trabajo de los demás. Sí señor, exactamente igual que todos los programas de zapping que en el mundo han sido (incluyendo Homo Zapping) y el 99% de los magazines, talk shows o como se les llame actuales (léase Boris, Ana Rosa, García-Campoy, etc). Sin embargo Sé lo que hicisteis... logró un gran éxito (extrapolado a la modesta repercusión de La Sexta) y se apuntó un tanto no solo regurgitando material ajeno sino realizando verdaderas creaciones de humor al más alto nivel. Tanto es así que les han llovido trillones de premios, y que el espacio, de semanal, pasó a diario (cambiando su nombre simplemente a Sé lo que hicisteis…) y luego de sesenta minutos se alargó a noventa, fichando a nuevos colaboradores.

Mi tesis es que, igual que en la Baja Edad Media el Verlag o mercader independiente se cargó el tradicional sistema de gremios, el programa Sé lo que hicisteis… es en gran medida responsable de la desaceleración por la que están atravesando últimamente este tipo de programas del corazón, y muy especialmente el Tomate. No tanto por robarles la audiencia (el Tomate se canceló como invicto líder, aunque con menos espectadores) sino por aportar una nueva mirada a este mundo, de modo tal que una vez expuestas las miserias y la ridiculez de los periodistas rosas, nadie en su sano juicio puede volver a tomárselos en serio.

El problema, a mi entender, de Aquí hay tomate es que lo que empezó siendo un programa ligero, con una mirada nueva, cargado de humor y mala leche (¿os suena?) se convirtió en una temida institución inquisitorial que lo mismo te sacaba a Franco pescando atunes que al monaguillo de la Comunión de Lola Flores. Hizo daño y se hizo odiar. Sé lo que hicisteis... lo supo denunciar, y le hizo perder prestigio (entre comillas). El problema es que cuando se va de cruzados por la dignidad o de vengadores es muy difícil que a uno no se le vaya la cabeza y no se convierta en un émulo de lo que precisamente buscaba denunciar. El humor de Sé lo que hicisteis… es muy inteligente pero se basa en burlarse de los demás, ponerles motes, y un poquito en insultar, y eso es muy divertido, sí, pero a la larga siempre pasa factura. O te sabes reír de ti mismo -cosa dificilísima- o la has cagado, amigo.

Conste que para mí Sé lo que hicisteis… sigue siendo un gran programa (menos desde que dura hora y media y desde que colocaron en él a Dani Mateo, muy gracioso en casi todo lo demás que ha hecho pero insípido aquí). Le debo grandes horas de consuelo cuando estuve con lo mío del esguince, pero últimamente estoy detectando que se están convirtiendo en unos chicos un poco malos, y los demás programas están reaccionando ante ellos de dos maneras: 1) haciéndoles la pelota para caerles en gracia, cosa que no consiguen (aquello de “mientras más te agachas…”) o 2) enfadándose con ellos, cosa que los del Sé lo que hicisteis... solo saben encajar desde la burla personal, exactamente igual que hacía el Tomate con los famosos que no atendían a sus reporteros.


Esta semana en varios actos de promoción, su reportera Pilar Rubio ha sido amonestada o directamente increpada por otros periodistas del cuore, lo que solo ha servido para que en plató se cachondearan de los susodichos. Esta semana El Programa de Ana Rosa ha repasado el ranking de petonas de la revista masculina FHM, y ha sacado que si a Angelina Jolie, que si a la Pataky, que si a Amaia Salamanca… pero ha omitido las menciones a Patricia Conde, que estaba entre las 10 más cañoneras y a Pilar Rubio, que estaba nada menos que ¡la primera! ¿Casualidad? Más bien venganza, pues como dijo Ángel Martín, “es muy llamativo que comentes un ranking y no digas quién ha quedado en el primer puesto”.

Pienso que Sé lo que hicisteis… debería tener cuidado porque se está repitiendo y lo que es peor, se está haciendo antipático. El mundo gira, ahí está Fama en Cuatro captando la atención de la juventud, ahí está el culebrón de La Primera Amar en tiempos revueltos, hasta los espacios del corazón se están trocando en magazines tipo el difunto Channel nº4, que supo retirarse a tiempo. Pero claro, no todos los programas tienen la suerte de que los presenten literatos de la talla de Boris Izaguirre.

miércoles, 23 de abril de 2008

Visita a la casa de Rafael (y III)


Lo segundo que me ha llamado la atención es la extrañeza de Alberti. Quiero decir que su obra le resulta cada vez menos familiar a los andaluces jóvenes de hoy. No pretendo hacer de Jeremías de la educación, pero esto es así. El mundo de Rafael, del muchacho fascinado por el Museo del Prado, del devoto fervoroso de Góngora, del respetar a sus mayores, del compromiso político, está cada vez más lejano. Gracias hay que dar, dirán algunos, porque los niños de ahora no tengan como él que aprender las letanías del comunismo, la república, el fascismo. Pero es que ni siquiera los ángeles (a los que él dedicó un libro entero) están de moda.

Me doy cuenta de que Alberti pertenece al mundo de lo que Carlos Monsiváis llama “las alusiones perdidas” y me entristezco. Me doy cuenta de que cada vez menos niños entenderán esas portadas de libros suyos en las que la bandera estadounidense ondea sobre todo el continente americano, o esos emblemas con una hoz y un martillo que aparecen en las de otros libros. ¿A qué se refiere cuando llega a Argentina y tilda al océano Atlántico de peligroso, “infestado de submarinos con sus cruces gamadas”? Ya no sé quiénes son esos señores que salen con Rafael en la foto. Hay uno muy repeinado, otro con boina, leen manifiestos y saludan con ¿puños cerrados? ¿Qué hace Alberti sentado en un camión blindado? ¿Y por qué se fue de España, dices?

Con suerte Alberti pasará a ser una foto pintarrajeada en un libro, de un señor con gorrilla de marinero y larga melena blanca. ¿Cómo le quedarían a este tío un par de bigotes?

Definitivamente, no podemos permitir que esto pase, sería una pena. Sería un éxito de la pobreza. Mientras voy repasando mentalmente mis poemas favoritos de Rafael Alberti (también soy un poco sentimental, y esto es así: hoy veo la casa y esta noche antes de acostarme seguro que cojo un libro suyo) pienso que él a mí no me da de comer, pero sí de vivir. Por eso le quiero dar las gracias, y lo mismo debería hacer todo al que le pase lo mismo. Esperemos que los escolares andaluces, españoles, de más sitios, puedan al menos decidir si lo quieren leer o no, señal de que lo conocen.

Mientras expreso este deseo, el gobierno autonómico de la región donde nacieron Séneca, Herrera, Góngora, Machado, Juan Ramón y medio 27, utiliza para el comentario de texto en sus exámenes públicos una canción del dúo gaditano Andy y Lucas (otra vez los nombres de pila). Con todo el respeto hacia estos muchachos de esforzado éxito, creo que habría que preguntarse como hacía su paisano hace 50 años, ¿qué cantan los poetas andaluces de ahora?

Oigo decir a un tío mío que incentiva a sus hijos adolescentes para que se aprendan poemas de memoria y los reciten. A lo mejor se empieza por ahí.

martes, 22 de abril de 2008

Visita a la casa de Rafael (II)


A los que como yo soñamos mucho y tenemos tendencia a divagar nos viene muy bien una explicación organizada, razonada y cronológica de las cosas. A lo mejor debería hacerme profesor, pero ya estoy divagando. El comentario anterior viene a cuento de la maravillosa exposición permanente que recorre la vida de Alberti en forma de friso sincrónico lleno de fechas, textos, dibujos, fotografías, recortes de prensa y cápsulas de información biográfica.

Y así llegamos a la última parte del eslogan “creación viva”, porque la obra de Alberti se enmarca en una trayectoria vital arrolladora, irrenunciable, y aunque suene a tópico (lo es), vida y obra son aquí inseparables. Que me perdonen los críticos literarios que censuran las lecturas de las obras a la luz del candil de las vidas de los autores. Que me perdonen todos los que me dieron clase en la facultad y señalaban con el dedo la “falacia biografista”. Tampoco es este el caso. Seguramente esa gente no ha tenido en cuenta un exilio, una Guerra Civil, una ruptura tal… circunstancias cuyo impacto es aún hoy imposible de calibrar.

De modo que si la obra de Alberti es interesante no lo es menos su vida, una novela en sí para el que quiera pararse a verlo. Él mismo quiso unir literatura y vivencias en los libros de su Arboleda perdida, pero la vida de Alberti que hoy pretendo reivindicar no es la que él evoca, tamizada por sus recuerdos y llamémosla “interna”. Yo me refiero a esa otra “externa”, pública, que si existe es propiedad de todos y que se reconstruye con las fotos, los titulares y los libros de historia. Alberti gana el Premio Nacional de Literatura en 1924 y don Antonio Machado dice que su librito es el de más mérito. Rafael se marcha a galopar con el Quinto Regimiento.

Tanto y tanto galopa que al final se pasa de largo y se va a Argentina y a Uruguay y a Roma. Por no hablar de sus viajes por Europa, la Unión Soviética, por Chile, por Cuba, hasta por China. Rafael se hace fotos con la jet-set de las letras rojas: Altolaguirre, Lorca, (perdón, Federico), Ilya Ehrenburg, Neruda, Nicolás Guillén, Miguel Ángel Asturias, Ernesto Sábato, Benedetti… y otros que no son literatos: brigadistas, toreros, cantautores… acá está Pepe Díaz, camaradas, acullá Carrillo. Aquí el cantautor Paco Ibáñez, la actriz Nuria Espert; vemos llegar al bailarín Antonio Gades. No se olviden de Fidel Castro, otro que va camino del centenario…

Como el fantasma del comunismo que él mismo proclama, Rafael Alberti recorre no ya Europa, sino el mundo entero con un mensaje que va trocándose de revolucionario en universal, para llegar a ser simplemente humano. Y allá a donde no llega a ir él en persona viajan sus libros. Vemos también en la casa-museo un amplio muestrario de sus traducciones: al alemán, al italiano, al inglés, al francés… ¡y pensar que empezó siendo un niño que pintaba en su pueblo y le cantaba a la playa!

Rafael niño, joven, adulto, le vemos crecer en vida y en sabiduría, y deducimos que también en intuición, a juzgar por sus poemas. En todas las paredes leemos recordatorios de su obra: son lo familiar de Rafael, se equivocó la paloma, nunca fui a Granada, si mi voz muriera en tierra, ¿dónde los hombres?... Le vemos enamorarse y coger talla pública y política. Le vemos levantar el vuelo, tanto que pierde contacto con la realidad y se pone un antifaz para recitar una cosa sobre “la pájara pinta”. Todo esto después de los honores, los premios (incluido el oximorónico “Lenin de la Paz”), de haber vuelto a España “con la mano abierta” a pesar de haberse marchado “con el puño en alto” (¡qué gran lección, y qué gran publicista!) para presidir las primeras Cortes democráticas junto a –ejem- la Pasionaria.

Pero Dolores Ibárruri es ya una anciana blanca, igual que Rafael, dejémosla en paz. Rafael es ahora nombrado alcalde perpetuo de El Puerto de Santa María, alcalde de las salinas, de las bodegas, del mar, y ahora soy yo quien se ha metido de lleno en el topicazo. Como todo el mundo sabe, Rafael Alberti falleció en Canal Sur un triste día de 1999, D.E.P.

lunes, 21 de abril de 2008

Visita a la casa de Rafael (I)


Por “petición popular”, incluyo aquí mis impresiones sobre algo que pasó a finales de septiembre del 2007. Como el texto es largo, voy a publicarlo en 3 entregas, espero que os guste:


Hoy he visitado la casa de Rafael Alberti, la Fundación que lleva su nombre en el Puerto de Santa María. Esperaba encontrarme con el tópico: el mar, la mar, los salineros, pero he encontrado algo más bonito y profundo, que acaso ya venía conmigo. El mar y la mar estaban allí, lo mismo que la paloma y la arboleda perdida. Lo mismo que a galopar y las fotos con la Pasionaria, pero eran en todo caso adjetivos del poeta, no sus sustantivos.

Lo primero que me ha llamado la atención es la familiaridad de Alberti. Quiero decir que a un andaluz culto de mi edad toda su obra le resulta familiar. Sucede igual que con una parte de la Generación del 27. Ya desde la infancia nos metían por los ojos a la lagarta y al lagarto (con delantalitos blancos). Imposible sustraerse al marinero en tierra y al compadre que venía sangrando verde, que te quiero verde.

Y me ha gustado comprobar cómo en el imaginario del 27, lo mismo que en el mío, precisamente los poetas más sobresalientes son Alberti y Lorca. Esto lo sé porque siempre se alude a ellos por su nombre de pila. ¡Rafael! ¡Federico!...

Curiosamente, nadie dice “estaban Luis y Salvador” sino “Buñuel y Dalí”, el norte (con perdón) es otra cosa. Sin embargo, “¡qué bien tocaba el piano Federico!” Se entiende, ¿no?

Pero hablábamos de Rafael Alberti, su vida, su obra. “Cien años de creación viva”, como reza el eslogan acuñado en su centenario y omnipresente en la casa. Se me antoja muy acertado este eslogan en todas sus palabras. Los cien años son indiscutibles, pura aritmética inexorable. Lo de creación… me gusta de la Fundación el hecho de que recoge una parte de la obra gráfica de Alberti, no son meros dibujillos.

He aquí un niño burgués según sus propias palabras “venido a menos” (sospecho que esto lo diría el poeta de sí mismo para que no lo excomulgaran del Partido Comunista) que iba para pintor, que vio el Museo del Prado y que lo salvó de una guerra, que expuso en Madrid y que años más tarde, privado de sus Goyas, sus Velázquez y sus Zurbaranes soñó en el exilio ese museo imaginario que componen sus poemas dedicados A la pintura. Hasta aquí la faceta de artista plástico, ensombrecida hasta la insignificancia por su obra literaria.

Es lo que tienen los gigantes, que a su lado todo parece pequeñito.

sábado, 19 de abril de 2008

Lori Meyers: enormes

Sí, sí: ¡que os creíais que iba a hablar de fútbol!


Me saqué el carnet de conducir con un profesor de autoescuela muy musical, cada día las clases prácticas eran un festival de escuchar a la buena vida, Pearl Jam, The Go-Betweens o The Posies. A aquel hombre le gustaban los mismos grupos que a mí pero con una diferencia: él además los había visto en directo. Para mí hasta los 18 años la música en directo no dejaba de ser una curiosidad, ajena al verdadero disfrute, que yo cifraba en los discos. Yo hasta entonces solo había ido a ver a Celtas Cortos, Duncan Dhu (dos veces), No me pises que llevo chanclas y pare usted de contar.

La cosa es que a mi profesor de autoescuela me lo sigo encontrando en todos los conciertos a los que voy, y tengo que agradecerle que me hiciera ver que, si no ibas a los conciertos, te perdías (por lo menos) la mitad de la diversión. Es el caso que me ha ocurrido con el último disco del grupo indie granadino Lori Meyers, y su actuación que vi anoche.

Soy fan de Lori Meyers desde que salieron, y siempre he seguido con atención sus lanzamientos discográficos. El último (Cronolánea, 2008) confieso que tras un par de escuchas me había dejado un poco frío, sobre todo comparándolo con aquel perfecto Hostal Pimodán (2005; edición extendida en 2006) con el que se santificaron en los altares indies de toda España. Pero Lori Meyers venían a mi ciudad, tenía la fecha en mi agenda desde hace meses, y eso no me lo podía perder. Los había visto en directo presentando cada uno de sus anteriores discos, y temía que este concierto se basara exclusivamente en el Cronolánea, que como digo no me había dejado tan impresionado.

Fuimos un pandillón al concierto, la sala regular, pero el espectáculo: impresionante. Y lo que es más, unas canciones que en estudio no me habían dicho tanto tomaron cuerpo en el directo de tal modo que me dejaron alucinado. La mayoría de los que venían conmigo ni siquiera habían escuchado el Cronolánea, pero como dijo un amigo, “esta gente son comerciales en el buen sentido, tienen la virtud de que las canciones te entran muy bien a la primera escucha”.

¡Qué frenesí, amigos! Siempre he pensado que Lori Meyers serán un grupo pop melódico (coordenadas sixties, Brincos, Byrds, pop underground, psicodelia suave) pero que en directo le pegan al rock que no te veas. Ayer ampliaron la familia (al parecer en toda la gira), y de cuatro que yo conocía se presentaron seis: un guitarra y un percusionista más. Y no te veas cómo sonaba aquello. Tocaron el disco nuevo casi íntegro (se dejaron una), y la peña coreaba los estribillos que llevan un mes en la calle como si fuesen clásicos de Mecano. Algunas canciones las hacían con tres eléctricas, o dos y una acústica, o dos guitarras y teclado, o dos teclados y una guitarra… frenesí. Todo ello adobado con sus portentosas armonías vocales y sus riffs à la Pete Townsend.

Noni canta como Los Ángeles (chiste intencionado), ha ampliado su registro vocal, pero ahora para algunas le cede la voz principal a Alejandro, que sonó regulero, hay que decirlo, pero que está muy bien en el disco. Volviendo al disco, ahora me doy cuenta de lo bueno que es (y no se trata solo de que me suenen más las canciones), tal vez su pegada no sea tan inmediata pero sus arreglos están curradísimos y se nota una enorme progresión con respecto a sus anteriores trabajos. Por hacer un símil, si el primer disco fue de 1964-65 y el segundo de 1966-67, en este último nos movemos ya por 1968-69, abrazando la psicodelia en detrimento de los rocanroles.

En el concierto tampoco faltaron sus canciones de siempre, las que les han hecho convertirse en el mejor grupo de guitarras español del momento. Caso de “El dilema”, “Aprendiz” (frenesí en ambas), ese apoteósico “La pequeña muerte” (digno de Oasis) o el par que dieron en los bises: “Tokio ya no nos quiere” y sobre todo “Viaje de estudios”. De los nuevos temas destacaría “Luces de neón”, “Luciérnagas y mariposas”, “Alta fidelidad” y “Funcionará”.

Qué alegría da ver crecer a un grupo de guitarras tan enorme, y además siendo españoles. Ellos no vienen de la nada (se confiesan devotos de Teenage Fanclub; Noni ayer sacó en el bis una camiseta de Bronco Bullfrog), han colaborado con gente de Pernice Brothers, Velvet Crush y Wilco, versionaron a Juan y Junior… pero ahí radica su grandeza. Tampoco se piensan que han inventado la pólvora (como otros alfabéticos cantantes de Granada), reclaman la tradición del pop underground pero para enriquecerla. Si con Viaje de estudios (2004) sonaban un poquito a Los Planetas y con Hostal Pimodán recordaban a Los Brincos, en Cronolánea suenan a Lori Meyers, lo que estábamos esperando. Y en directo ya, la leche.

viernes, 18 de abril de 2008

Shine a Light


Me había prometido no escribir esto hasta haber terminado una cosa del trabajo pero ¿quién se priva? En realidad es que las imágenes y los sonidos me rondan por la cabeza desde que el pasado jueves noche fuera al cine a ver Shine a Light (2008).

La última entrega del cineasta rockero Martin Scorsese es la grabación de un concierto de los Rolling Stones en su pasada gira “A Bigger Bang” (donde promocionaron el exitoso disco del mismo título). En realidad la película –documental rock- es un montaje de dos conciertos, realizados ex profeso para la filmación en el Beacon Theatre de Nueva York. ¿Nueva York más Rolling Stones más Scorsese? Tranquilos que esta peli no la habéis visto ya, aunque pueda parecerlo.

De hecho, como jocosamente dijo el propio Mick Jagger, “creo que esta va a ser la primera película de Scorsese en la que no suene “Gimmie Shelter” en la banda sonora”. Admito que yo acudí al cine con bastante prevención, la misma sensación que encontré en todos los fans de los Rolling Stones y Scorsese a los que invité a acompañarme y que dijeron que no. Uno de mis amigos dijo algo que suscribo “yo es que los Rolling Stones hace años que hago como si no existieran”. Yo también. Su repertorio, por lo que a mí respecta, termina en 1978. Otro amigo dijo “es que me da un poco de miedo”. Comprensible.

Aún más comprensible si empezamos a comparar esta Shine a Light con aquel The Last Waltz del que hablamos aquí. Aquello era The Band en la cúspide de su poder, más Bob Dylan, Neil Young, Van Morrison, Eric Clapton… esto son los Stones en 2006, y comparten escenario con Buddy Guy, el nota de White Stripes , Christina Aguilera y… Bill Clinton. ¡Seguid leyendo, no os asustéis!

Las comparaciones, estamos de acuerdo entonces, han de ser evitadas, porque no se trata de El último vals II, sino de otra cosa diferente, algo así como 1) ¿Qué pueden aportar los Rolling Stones cuarenta años después de haber pasado por el mejor momento de su carrera? 2) ¿Siguen siendo relevantes musicalmente? 3) ¿Siguen siendo capaces de ofrecer un cojonudo (no solo digno) espectáculo sobre el escenario, o 4) se han convertido en una parodia de sí mismos 5) y en una máquina de hacer dinero?

Tras ver Shine a Light, la respuesta a estas preguntas es, a mi entender: 1) Entretenimiento y la emoción de estar en presencia de unas leyendas, 2) No, 3) Sí, 4) No y 5) Sí. El comienzo del documental me dio bastante mala espina, presentando la falsa dicotomía Scorsese = maniático del control contra Rolling Stones = bohemios anárquicos. Luego empezó el espectáculo propiamente dicho y todos mis temores se disiparon. Así, sin más. Como los Rolling Stones son uno de mis grupos favoritos disfruté muchísimo con el concierto que me pusieron por delante.

El repertorio me pareció muy inteligente: no tocan ni una de su último disco, gracias a Dios. Hay clásicos inexcusables (“Satisfaction”, “Sympathy for the Devil”, “Brown Sugar”, “Start Me Up”, “Jumpin’ Jack Flash”), clásicos ocultos para los muy fans (“Connection”, “Live With Me”, “You Got the Silver”, “As Tears Go By”) y algunas sorpresas. Entre ellas, las versiones de “Just My Imagination” de los Temptations, o “Champagne and Reefer” de Muddy Waters. Y no solo de música negra vive el hombre: también tocaron “Faraway Eyes” o “Loving Cup” en plan country, para demostrar que son el mejor grupo americano de fuera de los USA.

Geniales las colaboraciones de Buddy Guy (por descontado), Jack White (de White Stripes y The Raconteurs), e incluso de Christina Aguilera, en serio. Y tranquilos, que Clinton no canta ni toca el saxofón en “Brown Sugar” –como yo me temía.

Si la película/concierto me llamó la atención por algo fue por el deliberado intento de los Rolling Stones de borrar cualquier huella pop de su pasado. Incluso “As Tears Go By”, la más pop que interpretaron, la hicieron con un aire country. Y aquí la celebración fue la del blues, el R&B, el country, el rock and roll… nada de pop. Nada de “Paint It, Black”, de “Out of Time” o de “She’s a Rainbow”. Bueno, me parece torpe negar esa importante parte de su herencia (la que a mí me cautivó hace años como fan suyo). Después de todo, como dijo Bob Segarini, “hay que tener pop”. Pero da igual. Id a ver Shine a Light, de verdad, que es muy bonica.

jueves, 17 de abril de 2008

Por las mañanitas


Yo no sé vosotros, pero a mí me encanta escuchar la radio por las mañanas. Recién levantado, nada termina de despertarme e insuflarme el ánimo necesario como la voz del locutor de turno y las cancioncillas mañaneras. Cada equis meses me aburro de que pongan tanta publicidad en la radio –y tantas desconexiones locales- y opto por escuchar CDs de música, pero no es lo mismo. (Un inciso: ¿os habéis fijado en lo absurda que es la publicidad radiofónica? Laxantes, crecepelos, bebidas alcohólicas… parece el gueto de lo que da vergüencita sacar por la tele).

En mi casa abominaban de esta costumbre mía de poner la radio de buena mañana (igual es que la ponía un pelín muy alta), y aunque admito que algunos locutores marchosos y ciertas canciones de lo que dan ganas es de tirar el transistor por la ventana, en general son necesarias altas dosis de estridencia para que la radio a esas horas pueda cumplir su función, análoga a la del café.

La música de los morning shows es bastante lamentable: suelen ser éxitos de ayer, hoy y siempre pensados para despertarte. Ahí son los campeones Bisbal, M-Clan, David De María, Alejandro Sanz, Papito… o bien The Rasmus, Evanescence, James Blunt y Anastacia. José Antonio Abellán, cuando no está hablando de fútbol en sus programas, tiene la atormentadora costumbre de enfilar proa hacia un artista o canción y repetir todos los puñeteros días hasta en dos o más ocasiones (caso de El Barrio, Madonna o Shakira & Wyclef Jean).

Espantado por este panorama, una temporada emigré a Radio 3 y entonces comprendí por qué la radio a esas horas tiene que ser tan machacona: probad a escuchar post-rock, lo-fi o country alternativo entre las 7 y las 9 a.m. y después me contáis… si seguís despiertos.

Lo verdaderamente grande de la radio matutina son sus locutores, y aquí basculo entre dos polos opuestos: la información y el humor. En el primer campo he escuchado la SER (¡Iñaki, vuelve!), la COPE y Radio Nacional, mientras que en el segundo destacaría a Gomaespuma, el Arús, Abellán y últimamente Atrévete de Cadena Dial. Polos opuestos, información y humor, pero como los extremos siempre se tocan ahí tenemos en medio al gran amalgamador de ambos: Federico Jiménez Losantos.

Empecé a escuchar a Federico el mismo día que a Iñaki: el 11 de marzo del 2004. De ahí para arriba. La verdad es que no aguanté más de media legislatura con las tertulias de la COPE y de la SER, tal era el clima de mala baba y ponzoña que exudaban por igual ambos programas, La mañana y Hoy por hoy. Admito que Federico, con ser más gracioso, es mucho más amigo del insulto y la descalificación que Iñaki y Francino luego. Estos el respeto te lo faltan más sibilinamente, con talante. Una burla al bigote de Aznar por aquí, unos obispos por allá. Federico te lo suelta sin tapujos, como la barbaridad que dijo esta semana sobre la embarazada Ministra de Defensa, de que “no hay que confundir la bomba con el bombo”.

Por eso esta mañana casi me he mareado de la incredulidad cuando he escuchado a Carlos Herrera hablar del gobierno bien y mal, alternativamente, según fuera justo. Llevo unos días desayunándome con Herrera en la Onda (Onda Cero), a instancias de la recomendación de varias personas a quienes considero muy ecuánimes. Y me he encontrado con que este hombre no insulta a nadie (salvo a la ETA) y que da caña al gobierno por sus cagadas en un tema para acto seguido aplaudirlo por sus aciertos en otro. En la España actual, que queréis que os diga, un mirlo blanco (con bigote negro).
 
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