Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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jueves, 28 de mayo de 2009

Un día perfecto en Cosica


El buen Lou Reed lo cantó con la desgana que le caracterizaba: “No es más que un día perfecto, beber sangría en el parque, dar de comer a los animales en el zoo y luego una película también”. Pues así me sentí yo ayer más o menos, aunque ni bebí sangría en el parque (yo no hago esas cosas), ni alimenté a ningún animal (no quiero chistes) ni vi ninguna película. Pero tuve experiencias interesantes, algunas irrepetibles, eché unas risas de campeonato –de Europa- y me quedé ronco cantando.

¿Qué fuiste, Porerror, a un concierto? No señora, en todo caso a un recital de la Vida, con mayúsculas, que diría un cursi (nunca yo). Mi día empezó trabajando honradamente, que no hay cosa más bonita, salvo quizás ganar dinero honradamente sin trabajar. “Otro día, otro dólar”, reza un proverbio yanqui. Tras mi jornada, confirmé la noticia de que venía a verme a Cosica un amigo pelirrojo. Corrí a mi casa a adecentarla un poco (¿estáis familiarizados con la metáfora “ratones de pelusa”?), y tras fregonchear como la Ratita Presumida me dispuse a cocinar para mi amigo.



Mi colega llegó ya empezado el telediario de Antena 3, que a la sazón hablaba de no sé qué partido de fútbol que creo que había ayer. La comida estaba asquerosa: salada como los perros. Mis horas de esfuerzo (Mercadona mediante) a los fogones resultaron un estrepitoso fracaso, empiezo a preocuparme. “¿Cómo se te ocurre echarle sal Y AVECREM?” Yo qué sé, amigos, dejad de gritarme… A mi amigo al final lo que más le gustó fueron las esponjitas congeladas con chocolate negro del postre, y el Rioja que ingerimos en cantidades inmoderadas.

El café que íbamos a echar se convirtió en una sesión de pseudokaraoke de más de tres horas (jamás vi a mis vecinos tan contentos, pero, hey! yo al menos rebuzno en horas cristianas de sol, no como los simpáticos burritos-despertadores de mi calle). Desvariando llegamos a la conclusión de que la música es lo que más capacidad tiene para evocar los recuerdos, ni magdalenas (que dirían Proust y Daniel Ruiz) ni leche migada. Cantamos por Wilco, Jayhawks, Neil Young, Pearl Jam, Black Crowes, Black Sabbath, Bowie, Lori Meyers, Sidonie, La Habitación Roja… a Lou Reed lo llamamos pero estaba bebiendo sangría en el parque y no quiso venirse. Y luego llegamos a Maga, punto y aparte.


A eso de las ocho de la tarde mi amigo se tenía que ir, pero ya me estaba llamando uno de mis compis de trabajo cosiqueses, desde su piso, indignado. “¿No íbais a venir a mi casa a ver la previa del partido?” Oír esto y ponerme la camiseta blaugrana fue todo uno [Por cierto que aprovecho para desmentir esos rumores de que circulan por Facebook fotos mías con la camiseta del Barça leyendo El País. Cuando todo el globo sabe que yo solo leo el ABC, El Mundo y La Razón].

Lo que vino después… se me quedan cortos los sufijos aumentativos en vuestro idioma: locurón, aventurón, la flipada padre… PRETTY F**KING AMAZING! Mi dulce e inocente mente no estaba preparada para la inmensa ola de alegría y respeto que invadió el pueblo de Cosica cuando EL BARÇA SE ALZÓ CON SU TERCERA COPA DE EUROPA y TERCER TÍTULO DE LA TEMPORADA. He de confesar que durante el partido (que vimos en un bar que frecuentamos) llegué a tener las pulsaciones a 120. ¿Serían los caracoles? ¿El tinto con naranja? Todo se relajó cuando el buen Messi marcó ese golazo de cabeza suspendido en el aire, volando, “la cabeza de Dios” (Daily Mail dixit), que parecía directamente sacado de un partido de Oliver y Benji.


Tras el partido, el frenesí: caravana de decenas de vehículos pitando por las calles de Cosica, con banderas, bufandas, trompetas y gritos de desafuero, petardos y coheticos (delante de la Plaza de la Virgen, of course)… incluso he oído decir que un grupo de golfos se dedicó a hacer botellona en medio de la calle para celebrarlo (un miércoles, a esas horas…). Yo no sé mis compis y yo a qué hora acabaríamos: en el Canal Plus del bar hacía rato que estaban poniendo Shine a Light de Scorsese y los Rolling, mientras un amable señor con un megáfono se dedicaba a destrozar lo que quedaba de nuestros tímpanos con sus consignas pro-Barça y anti-Florentino. Os juro que por unos instantes barajé hacerme del Real Madrid.

Yo no sé a qué hora acabaríamos, pero mi maltrecho cerebro sí que lo ha sabido esta mañana cuando ha sonado el despertador a las siete en punto. Y ya me pregunto, recordando al buen Quique González, si “cada día puede ser un gran día, pero hay días más grandes todavía”, ¿qué sorpresas me deparará el destino hoy? ¿Acaso me haré fan de Miguel Bosé? ¿Empezaré a ver Cuatro?

“It’s such a perfect day…”

viernes, 18 de abril de 2008

Shine a Light


Me había prometido no escribir esto hasta haber terminado una cosa del trabajo pero ¿quién se priva? En realidad es que las imágenes y los sonidos me rondan por la cabeza desde que el pasado jueves noche fuera al cine a ver Shine a Light (2008).

La última entrega del cineasta rockero Martin Scorsese es la grabación de un concierto de los Rolling Stones en su pasada gira “A Bigger Bang” (donde promocionaron el exitoso disco del mismo título). En realidad la película –documental rock- es un montaje de dos conciertos, realizados ex profeso para la filmación en el Beacon Theatre de Nueva York. ¿Nueva York más Rolling Stones más Scorsese? Tranquilos que esta peli no la habéis visto ya, aunque pueda parecerlo.

De hecho, como jocosamente dijo el propio Mick Jagger, “creo que esta va a ser la primera película de Scorsese en la que no suene “Gimmie Shelter” en la banda sonora”. Admito que yo acudí al cine con bastante prevención, la misma sensación que encontré en todos los fans de los Rolling Stones y Scorsese a los que invité a acompañarme y que dijeron que no. Uno de mis amigos dijo algo que suscribo “yo es que los Rolling Stones hace años que hago como si no existieran”. Yo también. Su repertorio, por lo que a mí respecta, termina en 1978. Otro amigo dijo “es que me da un poco de miedo”. Comprensible.

Aún más comprensible si empezamos a comparar esta Shine a Light con aquel The Last Waltz del que hablamos aquí. Aquello era The Band en la cúspide de su poder, más Bob Dylan, Neil Young, Van Morrison, Eric Clapton… esto son los Stones en 2006, y comparten escenario con Buddy Guy, el nota de White Stripes , Christina Aguilera y… Bill Clinton. ¡Seguid leyendo, no os asustéis!

Las comparaciones, estamos de acuerdo entonces, han de ser evitadas, porque no se trata de El último vals II, sino de otra cosa diferente, algo así como 1) ¿Qué pueden aportar los Rolling Stones cuarenta años después de haber pasado por el mejor momento de su carrera? 2) ¿Siguen siendo relevantes musicalmente? 3) ¿Siguen siendo capaces de ofrecer un cojonudo (no solo digno) espectáculo sobre el escenario, o 4) se han convertido en una parodia de sí mismos 5) y en una máquina de hacer dinero?

Tras ver Shine a Light, la respuesta a estas preguntas es, a mi entender: 1) Entretenimiento y la emoción de estar en presencia de unas leyendas, 2) No, 3) Sí, 4) No y 5) Sí. El comienzo del documental me dio bastante mala espina, presentando la falsa dicotomía Scorsese = maniático del control contra Rolling Stones = bohemios anárquicos. Luego empezó el espectáculo propiamente dicho y todos mis temores se disiparon. Así, sin más. Como los Rolling Stones son uno de mis grupos favoritos disfruté muchísimo con el concierto que me pusieron por delante.

El repertorio me pareció muy inteligente: no tocan ni una de su último disco, gracias a Dios. Hay clásicos inexcusables (“Satisfaction”, “Sympathy for the Devil”, “Brown Sugar”, “Start Me Up”, “Jumpin’ Jack Flash”), clásicos ocultos para los muy fans (“Connection”, “Live With Me”, “You Got the Silver”, “As Tears Go By”) y algunas sorpresas. Entre ellas, las versiones de “Just My Imagination” de los Temptations, o “Champagne and Reefer” de Muddy Waters. Y no solo de música negra vive el hombre: también tocaron “Faraway Eyes” o “Loving Cup” en plan country, para demostrar que son el mejor grupo americano de fuera de los USA.

Geniales las colaboraciones de Buddy Guy (por descontado), Jack White (de White Stripes y The Raconteurs), e incluso de Christina Aguilera, en serio. Y tranquilos, que Clinton no canta ni toca el saxofón en “Brown Sugar” –como yo me temía.

Si la película/concierto me llamó la atención por algo fue por el deliberado intento de los Rolling Stones de borrar cualquier huella pop de su pasado. Incluso “As Tears Go By”, la más pop que interpretaron, la hicieron con un aire country. Y aquí la celebración fue la del blues, el R&B, el country, el rock and roll… nada de pop. Nada de “Paint It, Black”, de “Out of Time” o de “She’s a Rainbow”. Bueno, me parece torpe negar esa importante parte de su herencia (la que a mí me cautivó hace años como fan suyo). Después de todo, como dijo Bob Segarini, “hay que tener pop”. Pero da igual. Id a ver Shine a Light, de verdad, que es muy bonica.
 
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