Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

miércoles, 6 de enero de 2010

Cuando los discos se fabricaban como churros


Siempre me ha encantado la faceta comercial e industrial del pop. Veréis, hace tiempo me di cuenta de que las canciones (los discos) pop tienen una doble finalidad: para el público, crearles ganas de bailar y/o follar; para todo el personal involucrado en su producción, ganar dinero. Y no hay más, que no os cuenten otra cosa. Estoy hablando del pop, no de otros estilos. Por eso me resulta tan fascinante que un producto tan comercial, tan explotativo, sea fuente de intensísimas emociones íntimas y personales, que una canción pop te pueda hacer sentir tantas cosas en tan poco tiempo.


Está claro que aquí hay un engaño fortísimo, de muy grueso calibre. Igual que el cine engaña al ojo humano y le hace ver imágenes en movimiento, el disco pop engaña al cerebro humano y le hace percibir amor, excitación, ilusiones, ganas de fiesta, rabia, juventud, risa incluso… todo a base de cuatro rudimentos musicales y de trucos de estudio. Una industria incipiente proviene de una labor artesana, y eso era el pop a finales de los años 50 y primeros 60, mi época favorita con diferencia.

Antes de la llegada de artistas “autocontenidos” (Beatles, Dylan), gente que aunaba más o menos talento para cantar, tocar y escribir sus propios temas, las canciones las componían una serie de personas, las interpretaban otros y las cantaban otros aun. Nadie lo ha descrito mejor que Ken Emerson, creo, en este párrafo: “Por toda América (y buena parte del resto del mundo) es muy probable escuchar una canción escrita por un notable grupo de compositores hacinados en cubículos a un par de manzanas de distancia en el centro de Manhattan a finales de los 50 y principios de los 60.”


¿Quién era esta gente? Jóvenes criados escuchando rock and roll, casi todos judíos de Brooklyn de clase media, que interiorizaron a la perfección las reglas del Tin Pan Alley (la música popular de toda la vida, la pastelosa) pero que supieron insuflarle la vitalidad de los nuevos estilos negros. Prueba de ello es que, pese a escribir principalmente pop, muchos de los intérpretes fueron negros, y algunos cruzaron con timidez al R&B. Y dieron en la clave de los gustos del público joven, que es el que escucha la radio y compra discos (o se los hace regalar).

A veces se utiliza el apelativo “sonido Brill Building como paraguas para esta suerte de estilos de pop adolescente, doo-wop descafeinado, baladones y música de negros bien peinados. Esto es debido al Edificio Brill, sito en en 1619 de Broadway (hubo otros edificios igualmente importantes en la misma Broadway) y donde se localizaron en los 60 centenares de empresas relacionadas con el mundo de la música. Una especie de incipiente industria musical integral, en la que se podía en un día escribir un tema en un cubículo al piano, grabar una maqueta, presentarla a una editorial, grabarla profesionalmente y fabricar los discos para su venta.


Sorprendentemente (o no), muchos de estos escritores de canciones a sueldo dieron luego el salto a California y se hicieron nombres propios como cantautores, caso de Paul Simon o Neil Diamond, megaestrellas que empezaron jovencísimos escribiendo para otros. Algunos nombres además, han quedado como hitos de la producción discográfica, como el maldito Phil Spector (y su peculiar sonido perfeccionista), el exitoso Quincy Jones o los “falsos negros” Leiber y Stoller (también compositores de genuino rock and roll).

Hay que admitir que como todo producto de consumo, la canción pop (pensada para singles de 45 r.p.m., pensada para ser sustituida por un recambio a los dos meses) ha dado una notabilísima cantidad de morralla. Pero en la criba salen decenas y decenas de pepitas de oro. Podíamos hacer aquí una lista de temas de éxito surgidos en Manhattan entre 1960 y 1966 y os caeríais de espaldas. ¿Quién no ha bailado “It’s My Party” de Lesley Gore, “The Loco-Motion” de Little Eva, “Tell Him” de los Exciters (o la versión de Luis Aguilé), “Do-Wah-Diddy” también de los Exciters? ¿Quién no recuerda “Be My Baby” de las Ronettes, “Will You Love Me Tomorrow” de las Shirelles, “Chapel of Love” de las Dixie Cups? ¿Quién no ha querido ser novio de las Crystals, de las Shangri-Las o de Neil Sedaka?


La anécdota riza el rizo si sabemos que, además de los Leiber-Stoller, Sedaka, Bert Berns, Spector, había tres tríos compositivos de un peso enorme que encima eran matrimonio en la vida real. ¿Cabe mayor fantasía? Dos de ellos acabaron como el rosario de la aurora, pero cuando estuvieron juntos nos dejaron canciones como puños, se ganaron su pan de manera prosaica, entre tazas de café, pianos sudados y cigarrillos a deshora para que la juventud de su época tuviera un reflejo de sus propios sueños. Estos matrimonios de compositores eran Barry Mann y Cynthia Weil (que siguen casados), Ellie Greenwich y Jeff Barry (casi los mejores) y mis favoritos, Gerry Goffin y Carole King.

Sí, Carole King la que luego se dejó el pelo largo y se hizo famosa como cantautora en los 70. He hablado con los Reyes esta noche y sé que me van a dejar un par de CDs antológicos con colecciones de temas de Greenwich-Barry y Goffin-King. Son casi 50 canciones, seguro que alguna aburridísima, pero seguro que la mayoría me ponen los pelos de punta. Si no conocéis esta música, ya os está haciendo falta en vuestras vidas, lo que pasa es que hasta hoy no lo sabíais.

sábado, 2 de enero de 2010

Guapifeas


-“No es creíble la pérdida de cabeza por esa chati.”
(Migue)





Feliz Año 2010 a todos, amigos. Y esto no sería Estatuas Verdes si no empezáramos el año injuriando a alguien. O a varias personas. Creo que ha sido la visión de Natalia Verbeke anunciando zapatos brillantosos en el telediario de Antena 3 lo que ha terminado por decidirme a acometer este post que llevaba rumiando hace días. Hoy os brindo un nuevo concepto que me he encontrado por Internet, no conocía la palabra pero ¡a fe mía que es de utilidad!


Guapifea es la persona que sin ser fea, no resulta guapa del todo. O sin ser guapa, no puede decirse en modo alguno que sea fea. Yo os lo voy a ilustrar con ejemplos de jamelgas, pero estoy muy interesado en conocer a los guapifeos, y espero para eso colaboración de mi lectorado femenino. Guapifeas, son esas caras que agradan, pero no acaban de encajar. La noche y el alcohol les son propicios, y siempre hay un raro en la pandilla que salta “¡Pero si es guapísima!” Todo el mundo tiene su público, amigos, y algunas guapifeas cuentan con auténticos clubs de fans.

Una guapifea de libro sería, por ejemplo, Eva Amaral. Lo que la muchacha tiene es la juventud, buen tipo y el desparpajo que da el ser cantante (y “el pelo largo, que luce mucho” –según Cuidadora). Pero guapa no es. ¿Sigo? Estos días vemos mucho un anuncio de colonia protagonizado por Audrey Tautou. Todo el mundo la recuerda haciendo de Amelie, y otros esforzados papeles en los que aprieta la boquita y pone así como ojos grandes, pero la buena Audrey no pasa (bien mirada) de ser una clásica guapifea.


Si he sacado a colación a Natalia Verbeke en el primer párrafo ahora ya sabéis por qué es. Esa mujer fue una auténtica musa, hasta el grupo La Costa Brava le sacó una canción. Su atractivo es innegable, y sin embargo, no puede uno decir que sea guapa y quedarse con la conciencia tranquila. Supongo que muchas de estas actrices, cantantes y mujeres de la tele deben mucho de su estatus a su apariencia física, y que en eso invertirán gran parte de sus sueldos. En aceites, afeites, maquillajes, gimnasios, peluquería, vestuario y calzado, digo, en lucir bien. Otras directamente lo tienen de oficio cada vez que aparecen delante de una cámara.

La edad joven y el buen tono físico son valores en alza en esta sociedad, de caprichoso canon de belleza. Por un lado se ensalza la delgadez, por otro de fomenta el atiborre. Disney saca a una princesa negra, Dreamworks a una verde, triunfan las bellezas exóticas. Y todas las guapifeas que no encajan en el canon clásico de guapura se benefician de este estado de la cuestión. Si no, ¿alguien se explica que una mujer como Leonor Watling sea considerada una sex symbol contemporánea?


La nómina es cuasi infinita: Tina Fey (la de Rockefeller Plaza), Malena Alterio (la de Aquí no hay quien viva), Sandra Daviú (la que presenta ahora El Diario… ya no de Patricia), Sandra Oh (la de Anatomía de Grey –aunque “en Entre copas tenía su aquel”, según Fran G. Matute). Y si nos vamos al submundo indie –tan caro a este blog- creo que la cosa se dispara: cantantes como Isobel Campbell (Belle & Sebastian), Tracyanne (Camera Obscura), actrices como Maggie Gyllenhaal o Chloe Sevigny (las de… bueno, vosotros lo sabéis).

¿Entonces, Porerror… quiere esto decir que ya has encontrado, tras años de búsqueda, el término adecuado para encasillar a tu execrada Sarah Jessica Parker? ¿Es una guapifea? No, señora, eso es otra categoría. SJP es fea fea de cojones.

martes, 29 de diciembre de 2009

¿Qué son los animales?


-“No pegues a los animales, no pegues a los perricos, ellos son tus amigos, no les faltes al respeto.”
(La Hora Chanante)




Cuando una realidad nos desafía y no sabemos bien cómo atacarla, una técnica muy socorrida es la llamada “definición negativa”. Yo no sé lo que es esto, pero sí sé lo que No es, y así me lanzo a decirlo. Muchos ejemplos de esto se encontraron en las historias de los primeros europeos en América, desde Bernal Díaz del Castillo al Capitán John Smith. Hoy me había propuesto hablaros de los animales, esos seres, pero como no sé lo que son, me acerco al tema desde varios ángulos negativos: sepamos primero qué no son. Gracias.


Los animales no son objetos. Las paredes del metro de Madrid están empapeladas de anuncios de determinado circo (¿es ese de Las Ventas, al que ha ido Aznar?) en los que figuran con profusión los animales. Tigres, leones, (“todos quieren ser los campeones”), ligres, elefantes… en sus coloridas estampas llaman por igual a niños y mayores, salvo que también han llamado a no sé qué grupeto ecologista que se ha dedicado a enmoquetar los anuncios con pegatinas que rezan “Los animales no son objetos.” Gracias por recordárnoslo, sobre todo si al lado aparece otro anuncio gigante de los DVD Nevir, utilizando a un león gigante para vender aparatos electrónicos.

Y al otro lado hay un anuncio de un cine absurdo que proyecta una película de ballenas y delfines “en 3D total!”. Más animales como reclamo publicitario. Cuenta la leyenda que ha sido visto un desaprensivo joven (no tan joven) con barba y un bonito abrigo “tuneando” las pegatas ecologistas: “Los animales no son objetos.” “¿Ah, no?”. Y que al día siguiente el diálogo continuaba: los ecologistas habían raspado de las pegatinas los comentarios del joven y su rotulador.


Los animales no son payasos. Acudo al banco a hacer complicadas gestiones y me encuentro en una mesa el colorista calendario de un sindicato con el eslogan “Los animales no son payasos.” Que las imágenes acompañantes movían a la pena está por demás decirlo. Vaya! Y yo que pensaba que los animales eran payasos… Siempre que veía esas escenas recientes de Ángel Cristo domando elefantes no sabía con qué reírme más, si con los paquidermos o con el supuesto domador.

Ya el buen Miliki supo ver, en su seminal “Circo del Arte” que no convenía confundir los conceptos “payasos” y “animales”, y evitó en su espectáculo los proverbiales números de fieras. Él lo vio claro en los 90, pero esto no quita que podamos –en un momento dado- reírnos con los animales, y si no que se lo digan a un colega mío que hace quince días trataba –entre risas flojas- de explicarle a una italiana quién era Félix Rodríguez de la Fuente y en qué consistía su programa.


Los animales no son personas. La frase es una perogrullada, pero parece que conviene traerla a colación. Ya lo dijo Sarah Palin: “Si Dios no quería que comiésemos animales… ¿por qué los hizo de carne?” De carne también era el Maestro de Golpe en la pequeña China (1985) y no nos lo comíamos, podría argumentarse. Imposible olvidar otro alegato pro-animal, el que hizo Chris Peterson en Animales de zoo sobre ruedas (vedlo, por favor!!!). Pero todas estas consideraciones –amigos- se desmoronan cuando alguien pone por delante un buen plato de caña de lomo y otro de gambas, como ha ocurrido hoy.

No ha mucho acudí a otra comida navideña en la cual exigí a la anfitriona que pidiera perdón públicamente a las gambas antes de cocerlas, en homenaje a Avatar (2009) y su efervescente espíritu de Mama Tiera, deudor de San Franciso de Asís. En Avatar los cazadores Na’vi piden perdón a los cervucios que cazan, precisamente por haberlos cazado. No sé vosotros, pero yo lo veo claro: ahí hay un cartel, o un calendario, o lo que sea. Con un supereslogan, “Los animales no son personajes de animación de cine en 3D.”

viernes, 25 de diciembre de 2009

Camino de ida: El libro que todos queremos leer


-“Si hay miseria, que no se note”.
(Carlos Salem)




Decía un anuncio no sé si de condones o de neumáticos (en definitiva: de gomas) que “la potencia sin control no sirve de nada”. Algo parecido se le podría aplicar a esta producción literaria postmodernoide del nocillismo (véase un buen ejemplo), que parece hablar de tú a la peña de la generación de Naranjito, valiéndose de sus mismos códigos. Os pongo un suponer: mi nueva novela trata de que Mayra Gómez-Kemp secuestra el cadáver de Paquirri para llevarlo a dar un último paseo a bordo del Coche Fantástico (todo con banda sonora de Edith Piaf, Torrebruno y Jeff Buckley). Irresistible, ¿eh? Ahora solo me falta escribirla, y que tenga sentido.

Si os digo que Camino de ida (2007) trata de que un funcionario catalán al que su mujer se le acaba de morir emprende –durante un mundial de fútbol- un viaje de autoconocimiento por Marruecos junto a un timador argentino y un hippy que quiere matar a Julio Iglesias (todo con banda sonora de Carlos Gardel) es posible que también os suene irresistible. La buena noticia es que ya está escrito, excelentemente además, por Carlos Salem. Y que este es el libro que todos queremos leer. Al menos yo.


De nada sirven unas premisas superguays (ya sea en lo cultureta o en lo freak) si luego las promesas no se cumplen. Lo que en inglés se llama “deliver”. Es muy fácil trufar una historia con referencias, lo difícil es que estas no sean un pegote, o un ardid para distraernos del humo que se nos trata de vender. Camino de ida es una novela ligera (digámoslo), hoy me ha sorprendido un amigo al calificarla de “negra”, yo no la he visto así, pero por qué no. Yo diría más bien que se trata de una novela de aventuras, pero ¡qué aventurones, amigos!

Los personajes, de bien construidos, resultan entrañables, e imposibles de olvidar. Personajes bien construidos no quiere decir que no tengan algo (o mucho) de arquetipos, sino que están perfectamente caracterizados y cumplen de maravilla su función. La trama es episódica, en cuanto que se vertebra a base de situaciones picarescas con poca relación entre sí, pero sí que hay una supertrama que arranca desde el principio y que persigue a los personajes hasta el mismo final de la novela. Y pese a estar basada en parte en tópicos (mafiosos sudamericanos, el tango, la huída, las casas de putas, el revolucionario cínico, la bohemia hippy) todos ellos en lugar de lastrar la novela le dan alas, de lo bien contada que está.


Hay que decir que con todo, el mayor disfrute de Camino de ida lo he encontrado en el lenguaje (algo muy interesante, tratándose de un artefacto de papel blanco manchado con simbolitos negros). Pienso que Carlos Salem tiene un raro talento para la frase lapidaria, para la cita, para esas líneas que lees y tienes que volver a releer, como si te hubieras tropezado, porque te han dejado sin habla. Como ejemplo pondré dos, que son el mantra de los personajes, “Si hay miseria, que no se note” (toda una declaración ética y estética) y “Todo el camino es de ida”, de donde saca su título la novela. Más allá de la boutade, estas dos afirmaciones informan el credo del libro y sirven para explicarnos muchas cosas.

Es verdad que Camino de ida no es un libro para estudiarse en la Facultad de Filología, pero tampoco lo es para ser vendido en kioscos. Es literatura popular, sólida y solvente (en cuanto a lo que promete y lo que entrega, ya digo). Y decía que es el libro que todos queremos leer porque resulta entretenidísimo, a mí me ha tenido enganchado. Su estructura en capitulitos de 7 u 8 páginas lo hace muy recomendable además en estos tiempos de prisas y de lecturas fragmentadas. Me he reído un montón leyéndolo, y me he hartado de pensar (mis dos actividades favoritas). Y no me enrollo más, como no se enrolló Carlos Salem al escribirlo. Parece que después de todo, hay esperanza en la novela postmoderna: en vez de Nocilla comeremos dulce de leche.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Lo más grande desde el chicle!!!/Se rieron de mí...

-“No descansaré hasta que Conchita sea lectora de Estatuas Verdes.”




Todo el que ha hecho el Camino de Santiago sabe que la etapa más difícil es la de Villafranca del Bierzo a O Cebreiro. Fue en el momento de iniciar la última subida, la parte más difícil de lo difícil, que le conté a mi amigo Kike la novedad: “¿Sabes que acabo de poner en el blog una foto de Conchita diciendo que no descansaré hasta que sea lectora?” Como soy tan guasón mucha gente lo tomaba a broma; la dichosita foto se ha llevado ahí seis meses, parecía que para nada. Pero hoy se ha obrado el mirlo blanco, queridos lectores.

El reto de O Cebreiro se coronó, como se ha coronado este. Cuando puse la foto no lo hice a locas. Hubo quien me preguntó que cómo lo iba a lograr, otra gente pensaba que se trataba de un cachondeo, ya lo he dicho. Hombre, mi blog ya se sabe que tiene un tono jocoso, pero los que me conocéis, siquiera de leerme, sabéis que nunca bromearía con una cosa así. Que me gusta Conchita no es un secreto, que tengo sus discos y canto sus canciones. Antes de que me lo echéis en cara admitiré que la primera vez que la escuché me recordó más de la cuenta a Nena Daconte, pero eso son cosas del pasado.


Estaba seguro de que Conchita iba a dejar una señal en el blog, sabía que el buen Neruda o algún otro de sus patrones iría a interceder. Y también he de confesar que conozco a dos personas que conocen a la cantante en persona, con lo que contaba con esa ayuda. Pero las gestiones anduvieron paradas durante muchas semanas, tanto que no ha más de un mes me entró una pequeña crisis y estuve dudando si quitar la foto y desestimar toda la empresa como una payasada. Hubo quien me dijo que no, que aunque no tuviera esperanza la dejara, que ya era un símbolo de Estatuas Verdes, como una seña más de identidad.

Bien pensado, pero esa no era la intención del manifiesto. Verdad es que dejar la foto ahí no me costaba esfuerzo alguno (nada comparable a, digamos, una huelga de hambre), pero tampoco pretendía que se eternizase. Entonces resolví secretamente –y creo que no se lo conté a nadie, al menos sobrio- que me fijaba el plazo límite de Fin de Año. Si para el 31 de diciembre del 2009 no conseguía prueba documental de la relación entre Conchita y Estatuas Verdes, quitaría la foto y publicaría un post que ya tenía preparado, por título “Desisto del Conchitismo”.


También tenía ya pensado, o fantaseado, o medio escrito, un post en caso contrario, el que se ha dado. Pero la emoción me ha hecho olvidarlo y empezar uno de nuevo, de estos improvisados que se escriben del tirón. No ha media hora que me llegó la foto y ya he tenido llamadas y comentarios en Facebook. El buen Migue me decía “¡Qué guapa sale en la foto!” -¿Cómo te atreves, blasfemo? Sale como ella es…

Sólo me queda agradecer a las personas que han hecho posible este divertido regalo de Navidad, que me llega en un momento difícil pero supone una amplia sonrisa. No voy a desvelar el mecanismo conducente al éxito porque sería destrozar la magia, pero sabed que todo lo rocambolesco que os imaginéis es poco. ¿Qué no haría Porerror para cumplir sus promesas ante vosotros lectores?


Se rieron de mí (la última vez hace 48 horas): “¿De verdad te gusta la música de esa tía…?” La marca del fan es el estoicismo, no era la primera vez que aguantaba un chaparrón a cuenta de Conchita. La ilusión se ha visto recompensada con una divertida foto que excede mis pretensiones más optimistas. A partir de ahora habrá que buscar nuevos retos (tranquilos, que esto no se va a convertir en Caiga Quien Caiga), porque este de Conchita ya está CONSEGUIDO.

Y sí, amigos, Estatuas Verdes, la cuna del sarcasmo y del humor cruel se baja del burro por una vez para hacer una concesión al buenrollismo. Gracias a Almu, a Luis, y sobre todo a Conchita por haberse prestado. Y gracias a todos los que seguís creyendo día a día en este sueño verde de bronce. Ahora voy a descansar.


lunes, 21 de diciembre de 2009

Lotería de Navidad: ¿El gran fraude? 2009


Fiel a mi promesa de dedicarle cada año un post a ese acontecimiento social que es el sorteo de la Lotería de Navidad en España, heme aquí de nuevo este diciembre. La lotería, ¿eh? Es la antesala de la Navidad, ese fenómeno colectivo de hipnosis y encantamiento tan típicamente nuestro y que tanto fascina a los extranjeros. El pasado viernes escuché en Carlos Herrera que el diario económico Financial Times dedicaba un artículo a nuestra querida Lotería de Navipeich.

Había datos sorprendentes: de un lado, que los españoles no somos -ni de lejos- el país más jugador, y aun así nos jugamos en lotería cada año un 1% de nuestro P.I.B., lo mismo que se dedica a I+D+I (impresiona, ahora que han recortado esta cifra y hay protestas y eso). El jueves 17 ya estaba Antena 3 o Telecinco calentando motores sacando un ensayo de los niños de San Ildefonso: que si este año habrá dos tercios de niñas cantoras, que si el chaval que cantó el Gordo el año pasado ahora tiene ricitos... todo fascinante.


Todo fascinante y todo conducente al gran espectáculo colectivo. Ríase usted de cualquier otro sorteo. La web de Telecinco dedicaba el viernes un apartado a la historia del soporte de esta ilusión: los décimos, "haciendo cultura desde aproximadamente los años 60", (como ha dicho Josto Maffeo, el venerable italiano que anuncia los titulares a las 8 de la mañana). Tras el repaso a titulares, Maffeo y el presentador han intercambiado las gracejadas loteras de rigor . ("A ver si nos toca", "No tengo ninguna duda", ja, ja, ja, JA).

Paseando por Cádiz hará cosa de un mes encontré en la Plaza de San Antonio una placa conmemorativa (soy fan de estas cosas, de joven las fotografiaba todas) de que allí se celebró el primer sorteo de la Lotería Nacional tal y como la conocemos hoy, no la Primitiva que se inventó Carlos III. Mucho ha llovido desde el 1812 del primer sorteo, lo único que no ha variado es la ilusión de los españoles por jugar.


Los medios de promoción del Sorteo Especial de Navidad sí que han variado, diría que han caído en picado en los últimos años. Lejos quedan los entrañables anuncios del calvo inglés, con su magia y su bailable música sinfónica. El del año pasado fue un mojón, con unos juguetes gigantes y unos inmigrantes absurdos. La canción la sacaron de un muerto de hambre americano que se postulaba por YouTube. Pupi. Y el anuncio de este año, sinceramente, ¿alguien lo recuerda? Sé que lo he visto pero ahora mismo no soy capaz de conjurar absolutamente nada de sus imágenes o su música.

Así y todo, este sorteo se sabe que no necesita publicidad. Mucho me sorprendería que estas navidades no se hubiese vendido más papel que nunca, a pesar de la crisis (o a lo mejor precisamente por ella). ¿Y tú, Porerror, juegas? Como todos los años, señora. ¿Quién se priva? Juego con mi empresa, con mi madre, intercambio décimos con gente de otras provincias... la semana pasada estuve en la Gran Ciudad y compré un un décimo: ¿mira que si toca en la provincia donde trabajo y yo lo he dejado pasar? Y no creáis que se me olvida la frase clave de este post: lo siento, amigos, pero este año tampoco os va a tocar la lotería.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Apocalipsis (Now) en la Aldea Pitufa


-“Macho, cómo me gustaste en esta película que hacías de Pitufo, que estaba también Ricardo Darín. Me encantaste.”
(Joaquín Reyes)

-“La Tierra no pertenece a nadie. Salvo al viento.”
(José Luis Rodríguez Zapatero)





Bueno, bueno, bueno! Amigos, he tardado casi 48 horas en ordenar mis ideas para poder plasmar aquí el caos de sensaciones y pensamientos que me suscitó el viernes el visionado de la peli Avatar (2009: aunque dicen que llevaban doce años haciéndola). Ha sido necesario el coloquio con mis amigos más cinéfilos, y una estricta dieta de mensajes cruzados en Facebook. ¿El veredicto? Id corriendo a ver Avatar, la mejor comedia de todos los tiempos. ¿Ah, que la peli iba en serio? :( …..Glups!

Nunca había visto una película en 3D (técnica que todo el mundo finge que se inventó el año pasado, cuando es algo más antiguo que la tos), y por ver Avatar de esa manera renuncié a verla en inglés. Sin caer en el esnobismo, creo que el doblaje ha sustraído parte del encanto de la cinta, sobre todo en el ridículo acento de los aliens… pero vayamos por partes. Digámoslo ya: ver Avatar en 3D ha sido una de las experiencias más impactantes de toda mi vida cinematográfica (y no porque antes de entrar me regalaran 20 tarros de Bocadelia).


En la pantalla no dejaban de suceder cosas chulísimas, había momentos en que ver la peli era como sumergirse en un cuadro de Dalí o un documental de Cousteau. Esto es lo mínimo que le pedía a una peli que ha tardado 12 años en gestarse, puntera en tecnología y con un presupuesto de 200, 300 ó 400 millones de dólares. Mi mayor miedo eran los muñequicos azules –a los que cariñosamente llamaré “Pitufos”-, los aliens, los Na’vi. Eran mi mayor miedo y tengo que anunciar que son creíbles. Increíblemente creíbles, si me permitís el retruécano. Esto no es una peli de Pixar o esa fantochada de Final Fantasy (2001).

Tampoco es el Gollum moviéndose a pellizcos, no. Esto son criaturazas que por momentos se te olvida que están pintadas. Y lo mismo digo de todo el concepto gráfico de Pandora (el planeta o luna donde se desarrolla la historia): chapeau. Un universo nuevo y autocontenido, en plan saga de Star Wars (1977), que incluye flora, fauna, geología, y unos cacharros científicos y armamentísticos para dejarnos con la boca abierta. James Cameron, el director, ha dicho tener pretensiones de dar con Avatar un campanazo en la ciencia ficción, que según él había caído en un escapismo absurdo por culpa de Star Wars (¿alguien le ha hablado a este hombre de Distrito 9, 2009?)


Y aquí, amigos, comienzan los problemas. La ciencia ficción “seria” nos ha legado obras maestras como 2001: Una odisea en el espacio (1968) o Blade Runner (1981), inolvidables en lo visual (igual que Avatar, give you that) pero también –y aquí está la clave- imprescindibles en lo ideológico. Con qué sutileza nos avisaba Kubrick sobre el origen y el destino de la Humanidad. Cómo metía de rondón Ridley Scott el problema de la naturaleza humana, la identidad y la bioética. Eran todas reflexiones a alto nivel pero elegantísimamente envueltas en papel de regalo. Y por eso nos calaron.

Ahora llega Avatar, donde unos marines malos malos malos con armas poderosas llegan a un planeta de árboles gigantes, habitado por bichos ecologistas. ¿Se podía ser más burdo? (Por cierto, que los Na’vi son la venganza poética de los Pitufos y los congéneres de David el Gnomo, por una vez su estatura dobla a la de los humanos). El tono de la peli es lo que falla, lo que le impide pasar de cuento infantil, lo cual es un problemón para una obra con pretensiones de dar el campanazo no solo en lo artístico sino en lo ideológico. Y encima la historia se toma a sí misma demasiado en serio.


La trama es simple: un marine parapléjico es enviado a un planeta donde se explota un valiosísimo mineral con la misión de conducir un avatar. Es decir, de manejar un muñequico alien, meterse en él en sueños y penetrar en el mundo Pitufo para ganarse su confianza. La misión estaba destinada a su gemelo, pero la toma él (idéntico genéticamente), y representa un importante conflicto de intereses. Por un lado, se trata de un espectacular avance científico y de una oportunidad de tomar contacto con unos aliens, por otro, supone una oportunidad única de recabar información con fines militares para controlar y expulsar a la población Pitufa, abusando de su confianza.

No quiero espoilear más aún la película, pero todos sabéis que en su fondo hay una historia de amor, un dilema moral (“¿Has olvidado para qué equipo juegas?”) y un panfleto ecologista. Esta faceta de Avatar es la que más me costó tragar, será por mis creencias antiecologistas. Todo ese rollo del amor a los árboles, pedir perdón a los animales que se mata para comer, conexiones neuronales con la Madre Tierra, etc, etc. Estoy dispuesto a aceptar de buen grado cosas en una peli que me sean ajenas o contrarias, pero solo si se hace con elegancia y sutileza, y Avatar no lo hace así, sino de forma maniquea e infantiloide.


No puedo demostrar con ejemplos esto que acabo de decir porque no quiero destriparos la experiencia única de ver la película, pero si la veis os acordaréis de mí. El maniqueísmo y la obviedad hacen previsible a la peli, y restan cualquier credibilidad a las crisis éticas de algunos de sus personajes. En concreto me irritó sobremanera el personaje del Coronel malo malo malo, caricatura del militar patriotero, que ofrece cervezas a sus pilotos por acertar misilazos en el blanco.

El Coronel Kilgore de Apocalypse Now (1979) también lo hacía, pero él sin darle importancia, y él bombardeaba un pueblo al son de Wagner porque le apetecía hacer surf. Eso sí que es brutal y sí que da miedo. No este coronel, que parece que va a invadir Irak en nombre de Bush, Jr. y luego se cree un Transformer. Grotesco. Como grotesca es la identificación de los Pitufos con los indios americanos, con sus plumas, sus caballos y sus arcos y flechas. “Esto es una peli de indios y vaqueros” –dijo una de mis acompañantes. Y tenía más razón que una santa.


¿Entonces hay que verla o no, Porerror? Sí, amigos, el balance es que hay que verla, porque se echa un buen rato si uno logra sumergirse en Pandora y consigue apartar de su mente los tópicos y clichés que el guión constantemente le lanza (lo cual resulta imposible en, al menos, media de las casi tres horas que dura la peli.) Verla en 3D supone una experiencia maravillosa. Y además, Macaco (cuya manera de pronunciar el español siguen los Pitufos) nunca va a realizar un videoclip tan espectacular en defensa de la Matre Chiera.

 
click here to download hit counter code
free hit counter