Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

lunes, 21 de julio de 2008

¿Cielo azul en Marte?


“Que cuanto place al mundo es breve sueño”
(Francesco Petrarca)


De buen rollazo, hoy no vengo en son de paz. “Vengo buscando pelea”, por hacerle una cita-homenaje a ese rockero sevillano que fue Silvio. Sé que entre los lectores de Estatuas Verdes hay acérrimos defensores de Los Serrano, y sé también que hoy no van a estar contentos. Esta noche no sabía si hablar aquí de Philip K. Dick, de William Shakespeare, de Pedro Calderón de la Barca, de Sigmund Freud o de Martin Luther King, Jr. y me he dicho “pues vamos a hablar de Los Serrano.

Sabéis por dónde voy, ¿no? Os voy a contar una anécdota. Cuando erais pequeños echaban en la tele un culebrón yanqui llamado Dallas (1978-1991), en el que salía un señor muy malo malísimo llamado JR. JR era un magnate del petróleo, aunque con el tiempo descubrimos que lo que le gustaba era la botella de destilado más que los barriles de crudo. Llego a ser tan famoso que hasta Pepe Da Rosa le dedicó una inmortal canción (“Del Cabo de Gata hasta Finisterre, hay que ver la gente cómo está con Jotaerre”).

Pues bien, en esa serie, se daba la circunstancia de que el personaje de Bobby moría atropellado por un coche. Al final de la temporada siguiente, el pavo volvía a parecer vivito y coleando (se ve que volvieron a contratar al actor), nada menos que en la ducha. ¿Cómo solucionar esto? Pues “simplemente” diciendo que TODA la temporada anterior, durante la que Bobby no salía por estar más muerto que Carracuca, había sido un sueño de su mujer. Sabéis por dónde voy, ¿no?


Este truquito de guionista ha pasado a la historia como una de las mayores chapuzas de la historia no ya de la televisión, sino de la narración de historias, junto al momento en que alguien se le ocurrió que un mini-alien verde visitara a Los Picapiedra. En América, de hecho, esto de la “temporada soñada” ha quedado como síntoma proverbial de mala calidad televisiva, y se hizo tan famoso que a lo mejor lo habéis visto referenciado últimamente en Padre de Familia.

No hay embrollo del que no nos puedan sacar las tres mágicas palabras “todo fue un sueño”. Creo recordar que el truquete también hacía las delicias de pequeños y mayores en la peli Desafío Total (1990), con Sharon Stone y Sorsenaguer. Todo fue un sueño, amigos, qué maravilla. Ya sabéis que en este blog no suelo opinar de lo que no conozco de primera mano pero hoy una amiga y lectora me ha contado en qué consistió el tan cacareado “gran final sorpresa” de la serie Los Serrano y por poquito no me cago de la risa.

Todo fue un sueño del Resines, pues vale. No, de eso nada. No lo permitiré. Es cierto que dejé de ver Los Serrano hace varios años, pero las tres primeras temporadas me las zampé religiosamente (o mejor, anticlericalmente: dado el tenor de la serie) y siento que me debéis algo. A todos los espectadores, que os han seguido fielmente durante todo este tiempo. A todas esas criaturitas que fueron a las rebajas de El Corte Inglés porque así se lo decía Fiti, Guille o Teté. A todos los que debimos sufrir en la radio la música de Fran Perea y de Santa Justa Klan.


Empecé con Silvio y con Silvio acabo. El “rockero del elevatore” se hizo inmortal cantando una de Pomus y Shuman con letra bastarda dedicada al Betis. El tema original, “His Latest Flame (Marie’s the Name)” lo cantó en su día don Elvis Presley como nadie (con permiso de Del Shannon). Precisamente Elvis Presley, en su especial de 1968 para la NBC, se fue de Martin Luther King cantando esa monumental barbaridad que algunos llaman canción titulada “If I Can Dream”. Y ya, para rizar el rizo, termino citando a No Me Pises Que Llevo Chanclas: “Despiértame”. Señores guionistas de Los Serrano: nos deben un final digno para la serie, así que pónganse a escribirlo.

domingo, 20 de julio de 2008

Frikada Nui: juegos de guerra


¡Madre mía! ¿Quién se acuerda de aquella peli tan divertida que se titulaba Juegos de guerra (1983)? En ella actuaban Matthew Broderick y Ally Sheedy, eran unos pipiolos, y recuerdo que tuvo un exitazo enorme. Trataba de un chavalín picado de los ordenadores, que mediante un módem (¿un qué?: 1983) se dedicaba a hackear empresas y así, hasta que descubría unos supuestos jueguecitos de guerra y se ponía a jugar del lado de la URSS, cuando lo que en realidad estaba haciendo era desencadenar la III Guerra Mundial, para espanto del Mando de Defensa Aerospacial Norteamericano (NORAD).

“Juegos de guerra” en realidad los hay de muchos tipos, tanto es así que la palabra wargaming se ha convertido en un hobby muy popular entre las capas frikis de la sociedad, y no tan frikis. Bien mirado, el propio ajedrez es un wargame, también el Hundir la flota, el Stratego o el Risk. Los hay más complicadotes, auténticas simulaciones de batallas a muy distintos niveles de detalle. Los hay con figuritas, con fichas de cartón, los hay que van desde una escaramuza a nivel de pelotón hasta recrear la 2ª Guerra Mundial enterita.


Mis favoritos son estos últimos, los de tablero (el típico con una retícula hexagonal) y fichitas de cartón que representan a las unidades de combate. De pequeño tuve dos o tres, y lo flipaba jugando con mi padre o contra amiguetes, aunque siempre perdía. En la actualidad tengo algunos más modernos y molones, bastante más complicados, juego con algunos amigos, y sigo perdiendo. Hasta cuando juego solo pierdo contra mí mismo, pero me da igual, yo me lo paso como los indios.

Esto de jugar solo no es tan raro como parece: la mayoría de los juegos te indican por fuera en sus cajas si son o no apropiados para un solo jugador, ya que tampoco es que este hobby lo comparta todo el mundo, y los juegos no son precisamente baratos como para comprarlos y no estrenarlos siquiera. Confieso que alguno tengo sin estrenar siquiera, dada su complejidad. Hay uno llamado Avance sobre Moscú, del ataque nazi a Rusia en 1941, que es increíblemente largo y complicado de jugar. Tengo otro titulado Operación Caníbal, del control de Birmania (1942-43) entre Japón y el Imperio Británico que promete ser sonado pero todavía no ha visto su bautismo de fuego.

Sí he jugado al Operación Mercurio, del asalto alemán a Creta (1941), también megacomplicado, y al que más he jugado es a mi favorito: El golpe de revés de Von Manstein, sobre una ofensiva alemana en Ucrania a principios de 1943 (como veis, aquí se puede ser todo lo frikanco y específico que uno quiera: hay barcas p’a seguir, que decían Martes y Trece). Yo es que muevo esas fichitas por ese mapa, las pongo adyacentes, tiro los dados y me imagino las columnas de carros, los combates encarnizados… Este juego que os digo de Ucrania es cojonudo: simula aspectos tan detallados como el fanatismo político en ambos bandos (nazi y comunista), los partisanos soviéticos, la superioridad técnica de las SS o el apoyo aéreo y artillero.


Últimamente me ha dado por rescatar del armario el último que me compré, hace dos años. Se llama Extraña derrota y trata de la invasión de Francia (+ Bélgica + Holanda + Luxemburgo) por Alemania en mayo-junio de 1940, incluida la jarilla que recibió la Fuerza Expedicionaria Británica. Se da la circunstancia de que el título de este juego está sacado de un libro del francés Marc Bloch (escrito en 1940 y publicado póstumamente en 1944), historiador de la “Escuela de Annales”, resistente antinazi que fue fusilado por la Gestapo.

El juego es muy bueno por varias razones: es de tamaño reducido, bastante simplificado de reglas sin perder realismo, es muy jugable (quiere decirse que se tarda pocas horas, que los turnos son ágiles y la resolución de los combates no es demasiado farragosa)… el tablero es pequeño y el número de fichas no muy elevado (140, frente a otros con más de 400), baratito de precio… en definitiva, el juego ideal para iniciarse en el hobby. He visto que han sacado en la misma serie de juegos pequeños y manejables otros sobre el desembarco aliado en Sicilia (1943) y la batalla por Malasia y Singapur (1941-42). Será cuestión de mirarlos.

Por jugar a estos juegos he llegado a levantarme temprano los sábados para ir a casa de un amigo donde dejábamos todo el tablero montado para seguir jugando de semana en semana. Ahora mismito tengo en el salón desplegado el Extraña derrota a medio jugar, con una partida que empecé el viernes pasado con otro colega. Probablemente pierda (juego con Alemania, pero ya veréis cómo soy repelido), mas no me importa. ¿Por qué, a pesar de gustarme tanto, seré tan torpe con estos juegos, amigos? A lo mejor es porque mientras muevo las fichitas estoy imaginando las “vanguardias blindadas del Reich” (como decía Borges), no logro concentrarme y se me va el tanque al cielo.

viernes, 18 de julio de 2008

La música, las tiendas, el tinto, las minifaldas



Solo queda una semana para mi acontecimiento del verano: el festival ContemPOPránea. Tal y como se decía en aquel anuncio del turrón de chocolate Suchard, “llevan un año esperándolo”. El año pasado tuve la suerte de acudir por primera vez a este festival de música “independiente” que se celebra en Alburquerque (Badajoz) y la verdad es que me quedé flipado. Lo comentaba el otro día con un amigo y lector, “En nuestra época de universitarios no había estas cosas”. “Sí las había, lo que pasa es que nosotros no íbamos”.

¿Quién era tan indie en 1996 como para plantarse en medio de Extremadura con una tienda de campaña e ir a ver a la buena vida, o quien quiera que actuasen allí ese año? Plantarse en medio de la provincia de Castellón con una tienda de campaña, eso era distinto. Pero el ContemPOPránea… demasiado nivel, dude.

Como decía, el año pasado tuve la suerte de ir, y cual si de los títulos de crédito de una peli de James Bond se tratase, nada más terminar me juré a mí mismo que volvería el año próximo. El cartel de esta edición (la treceava, que diría el ex ministro Narcís Serra) la verdad es que mete miedo: Teenage Fanclub, Camera Obscura, Emma Pollock (ex de Delgados), Deluxe, Lori Meyers, Sidonie, La Casa Azul, Lagartija Nick, Niños Mutantes, Facto Delafé, Tachenko, LKan, Deneuve, Montevideo, Germán Coppini & Maga…

Si no os mola la música pop indie, la lista anterior igual no os dice nada. Bueno, pues lo traduciré a dos idiomas. Idioma 1: Casillas, Puyol, Sergio Ramos, Fábregas, Iniesta, Güiza, Marcos Senna, David Villa, Fernando Torres… Idioma 2: José Tomás, El Juli, Sebastián Castella, El Cid, Javier Conde, Morante de la Puebla… Especial Idioma 3 para ese lector “anónimo” que siempre escribe todo en mayúsculas: Luke Skywalker, Han Solo, Ojos de Serpiente, Sombra, Optimus Prime, Tintín, el Capitán Haddock, la 101 División Aerotransportada…

El finde que viene estaré en el festival, así que no podré escribir durante un par de días, pero esperad con ilusión los posts de la semana siguiente porque serán buenos, o al menos jugosos. Para ir abriendo boca, os dejo con un TOP 10 “Momentos ContemPOPránea 2007” que me dejaron marcado. Espero que este año la cosa sea igual o mejor.


1. La pandilla con la camiseta que decía “Yo no quiero más tinto con Casera, lo que quiero es comerme a una popera”.

2. J (el de Los Planetas y Solynieve) despotricando en la radio contra la sucia música imperialista yanqui para que el locutor lo pusiera acto seguido versionando a The Byrds.

3. Los modernos con su (pen)último complemento de adorno: un
click de Famobil pegado con un imperdible.

4. El pavo con la camiseta que decía “Ninguna de vosotras es más guapa que Amélie”.

5. La emisión en directo del programa Disco Grande de
Radio 3 (ver n.2). A una chavala se le cayó un altavoz en toda la chorla y Julio Ruiz ni se inmutó (“Me eshtabash diciendo, Jota…”).

6. El tipo que iba a la piscina municipal vistiendo únicamente bañador y corbata (como dirían los Arctic Monkeys, “¡Hasta luego, innovador!”).

7. La estampa de toda la Modernidad ahíta de Cruzcampo y paella bajo el toldo de un chiringuito, eso sí, con Los Planetas sonando de fondo.

8. La reacción de 4.000 personas cuando el DJ ContemPOPráneo pinchó “No hay nada más triste que lo tuyo” de Hidrogenesse (con su inmortal frase “no hay nada más triste que los caballitos poni”).

9. El nota del stand de la compañía Elefant Records diciéndole al de al lado “¡Qué coñazo este grupo, no?” durante la actuación de Los Planetas.

10. Deluxe arrancándose por Juan y Junior con su emocionante versión de “Tres días”.

Y alguno dirá, “Porerror, si tan risible te resulta ese mundillo poppy, ¿cómo es que te dejas ver por allí?” Buena pregunta, igual que había quien decía que compraba el Playboy por los reportajes, os diré que yo voy a estos festivales “por la música”. Y en esta semana de homenajes terminaré como empecé (en el título), parafraseando al grupo La Costa Brava: adoro a los indies de mi país.

jueves, 17 de julio de 2008

Yo te maldigo, trikini

Fig.1: Asín, no.

Triste, triste, triste, amigos. Ahora mismo se están revolviendo en sus respectivas tumbas culturales Brian Hyland (el de “amarillo era el biquini”), Brigitte Bardot, Ursula Andress, Raquel Welch, Phoebe Cates y los Hombres G (los de Historia del bikini, 1992). Un verano más, los medios de comunicación nos la intentan colar doblada. “Sí, sí, la última moda: el trikini”. Yo no sé a qué playa irán Matías Prats o Lorenzo Milá, pero en las que yo frecuento afortunadamente todavía no se ha visto ninguno.

¿Que no quiere usted enseñar carne? Me parece perfecto. Póngase un bañador normal, tipo maillot, o lo que sea. Pero señores periodistas y diseñadores de moda, no nos vengan con la fantasía de que el trikini es la prenda de moda porque además resulta supercómoda y supersexy. Sobre lo primero no tengo opinión, pero lo intuyo. Aparte que ríase usted de la que con un trikini de esos pretenda conseguir un bronceado uniforme. Sobre lo segundo…

Digámoslo ya y digámoslo bien alto. EL TRIKINI NO MOLA. No les mola a los tíos, por lo menos. Debió inventarlo algún ciego (con todo el respeto) o algún espabilado tratante de telas que no sabía qué hacer con los excedentes. El trikini, amigos, pertenece a esa categoría de prendas “pupita” o antilíbido como son los zapatos tipo bailarina o las bragas color carne de la abuelita. ¡NO! Unamos nuestras voces en un “no” rotundo a esta atrocidad que algunos llaman vanguardia.

A veces me gusta imaginar el momento genial de la invención del trikini. Me imagino a algún lumbreras de la moda pensando “Mmmmm… si el bikini resulta tan atractivo y seductor porque deja al aire gran parte de la epidermis, ¡mejorémoslo tapando la zona del ombligo!” ¿Sabéis si existe un Premio Nobel de la Moda de Baño?

Fig.2: Asín, sí.

Pobre Paquito Martínez Soria, ¡con lo que él disfrutaba en sus películas diciendo eso de “mozas en biquinini”! Toda esta tradición barrida de un plumazo. La revista Sports Illustrated, a la quiebra. El enano en bikini que hace de reportero en South Park… tampoco serviría ya. Si los granujas de la prensa se saliesen con la suya… Es curioso que hasta la Wikipedia advierta sobre el maldito trikini: “Aunque se promociona en los medios de comunicación como una prenda de moda, no es un prenda demasiado habitual”. ¿Hace falta añadir algo más?

Todo este post y esta indignación me han venido a la cabeza después de esta tarde. Dos amigas me han invitado a ir a sus respectivas piscinas el lunes por la tarde, y –por hacerme el gracioso- les he dicho que me daba mucha vergüenza que me vieran en biquini. Entonces he recordado cómo hará un mes iba por la calle con estas mismas amigas y en el escaparate de una tienda vimos ese engendro apodado trikini. Mis amigas tampoco son partidarias, vaya por delante este voto de calidad femenino.

Lo único guay del trikini es la palabra, derivada espuria de biquini (o bikini). Ya sabéis que el término bikini surgió, como la prenda moderna, en 1946 a raíz de las pruebas nucleares que los yanquis llevaron a cabo en el Atolón de Bikini, una de las Islas Marshall. Se suponía que la conmoción sociocultural (y el palotismo) que iba a producir la nueva prenda era comparable al de las explosiones nucleares. Con el tiempo alguien debió pensar que había una conexión entre la sílaba “bi”, el prefijo “bi-” y el hecho de que el susodicho fuese un bañador de dos piezas. Curioso, ¿no? De ahí “trikini”, “monokini” y lo que queramos.

Yo te maldigo, trikini. Personalmente, dedicaré toda mis energías a una empresa tan absurda y fútil como la cruzada contra el bañador de tres piezas (ni siquiera son tres de verdad, si es que es estúpido hasta el concepto). Parafraseando lo que Winston Churchill (ese cínico Premio Nobel de Literatura) les dijo a los alemanes, “te combatiré en las playas”. Nunca alguien se indignó tanto por tan poca tela.

miércoles, 16 de julio de 2008

Televisión: mondo bizarro



A menudo me pregunta la gente: “Porerror, ¿cómo puedes ver tanta tele?” Yo indefectiblemente les contesto: “¿Cómo podría NO verla?”

Y es que la tele, amigos, además de un entretenimiento de primer orden (lo siento, yo soy así, me divierte ver la tele, no soy como esa gente que te dicen que no tienen en su casa aparato de televisión y te miran raro de arriba a abajo) para mí supone una fuente inagotable de información cultural. Y de gratis. Ya se ha discutido aquí sobre la importancia actual de la cultura “baja” o “popular”, y se me antoja que en la tele hallamos su expresión más refinada. Nada ha educado (y democratizado, digámoslo) tanto a las masas como un buen anuncio de TV que te enseña a lo mejor a lavarte los dientes, a ponerte condón o a comprarte determinada marca de detergente.

Y ya del efecto “nivelador” (a la baja si queréis) de espacios como Gran Hermano ni hablamos: ¿cómo olvidar a esa Mercedes Milá en la primera edición del concurso asegurando que nos encontrábamos ante un experimento sociológico? Amigos, he ido a primeras comuniones donde la Sagrada Forma (vulgo hostia) tenía el tamaño aproximado de una rueda de molino, pero nunca he llegado a ver nada como lo que ese día la Milá soltó por esa boca. Luego resultó que la buena mujer tenía razón: aquello era de verdad un evento de mérito social digno de estudio; lo que nadie nos advirtió en aquel momento era que las cobayas del experimento éramos nosotros y no los “habitantes de la casa”.

Hoy me pasa el buen Grillo Solitario un link de mucho mérito sobre la televisión ¿antigua? No tan antigua. Pinchad el enlace, veréis que son barbaridades, la mayoría graciosas y musicales, que basan su comicidad en cosas que hoy nos parecerían horrendas. Y nos hacían gracia, y no pasaba nada. ¿O sí pasaba? Según el actual gobierno sí pasaba y por eso nos adentramos de lleno cada vez más en la corrección política. Esto no es solo cosa del gobierno, ¿eh? Hay muchísima gente que en la actualidad piensa así. Mi propósito no es otro que el de ofenderlos a todos: el resto, seguid leyendo.


La bizarría en grado sumo nos acecha agazapada desde cualquier canal de televisión, sea en abierto, la TDT, por cable o vía satélite. Nadie se salva de este atroz y fascinante gazpacho de imagen y sonido que, a falta de otra etiqueta, designamos mediante el aparato por el que nos es dado: televisión. ¿Os imagináis que a una pizza la llamásemos “jovenzuelo en moto”? Televisión puede ser una final de Wimbledon o de la Eurocopa, un concierto de Shakira, una misa, un reality de cantar, una peli de Ingmar Bergman, la vida de las gacelas o una operación a corazón abierto. Anteanoche y hoy, para mí, “televisión” han sido cosas muy grandes.

El lunes por la noche Antena 3 anunció a bombo y platillo el regreso de uno de sus concursetes, ¿Sabes más que un niño de primaria? Hasta ahí, todo normal. Zapeando compruebo que también echan Identity, bizarrísimo concurso que ejerce sobre mí el atractivo de la sugestión, lo confieso. Para evitar caer en su maléfico influjo opto por Niño de primaria, algo más neutro, y tras unos minutos no puedo por menos que fijarme en las gracejadas continuas de un concursante-caricato que al parecer tenía el firme propósito de quitarle el puesto a Ramón García al frente del espacio. Rara vez se contempló concursante más echao p’alante (cuando suelen ser tímidos y apocados, y en la tele el más lanzado trócase en cortadito).

Rara vez tal panoplia de chistazos, chascarrillos, histrionadas, frases ocurrentes… de la mano del concursante. Mi novia es testigo de que anonadado exploté: “El nota ese, ¿no será un actor? Es imposible que alguien se las dé tan de listo”. La traca final vino cuando, impelido por su esposa (otra Katherine Hepburn nata) suplicante a que se plantara, el pavo nos espetó al respetable una soflama sobre la necesaria (según él) rebelión de los maridos españoles frente a sus bravas mujeres. Y siguió concursando, con dos cojones españoles.

Aburrido del previsible espectáculo, me disponía a ver otro(s diez) capítulo(s) de Perdidos cuando la mano se posa en el mando, sale la TVE1 y a quién no veo en Identity concursando sino al mismo pavo de las gracejadas, haciendo exactamente los mismos chistes y con la mismita actitud tronchante… con el agravante de que en Identity no hay pupitre que ponga freno a su expresión corporal. Citando a Héroes del Silencio, “siempre es la misma función, el mismo espectador”. La comedia estaba servida al completo: ¡hasta la esposa prudente se hallaba en el plató dotando al maromo de apoyo psicológico (y de chistes cuando a este se le acababan, atended, ¡que hicieron el número cómico de hablar todo con la “p”, hapablarpa topodopo conpo lapa pepe!).


¿Cómo no voy a ver la tele? Si hoy, por ejemplo, he visto un documental –por lo demás, bastante interesante- sobre el underground sevillano (Underground: La ciudad del arco iris, 2003) en el que me he enterado de que Julio Matito, el carismático líder de Smash, llegó a grabar en 1974 un LP titulado PSOE, con dinero del partido (entonces clandestino), en el que cantaba entre otras cosas que había que matar a los burgueses con pistola. Y no, amigos, no era un programa de humor (lo sé porque también salía hablando gente respetable como Alfonso Guerra o radiotreseros como Diego Manrique –gurú de este blog- o Jesús Ordovás). La radio mola, pero a mí, qué queréis que os diga, dadme una buena tele y veréis cómo me entretengo yo solito.

martes, 15 de julio de 2008

Todo el mundo estaba haciendo kung fu


A veces tengo pesadillas tras las que me despierto sudoroso y (por homenajear a Chris Peterson) cubierto de microinsectos. En mis sueños veo episodios de Hong Kong Phooey, esa aburridísima serie de dibujos de Hannah-Barbera que se realizó entre 1974 y 1976 y que algunas televisiones insisten en reponer. Ver la serie tenía aproximadamente la misma gracia que contemplar durante media hora un vaso de agua, con el agravante de las molestísimas voces del doblaje no recuerdo si mejicano o sudamericano en general que nos teníamos que tragar (vaya por delante que soy un amante de la cultura hispanoamericana: no de la yanqui reciclada south of the border).

No viví los primeros setenta, una época tan contradictoria en lo que a cultura popular se refiere, que nos ha legado joyas como el glam rock o el cine de Scorsese/Coppola y espantos como la moda del kung fu. Hong Kong Phooey el pobre solo era un producto de exploitation de un fenómeno que ya de por sí era de exploitation: las pelis de chinos. En 1974 Bruce Lee (ese chino nacido en San Francisco y fallecido en Hong Kong) puso pie en pared con Operación Dragón, película que marcó una época en las fantasías de la juventud de medio mundo. No menos seminal resultó la serie televisiva Kung Fu (1972-1975, con su secuela entre 1993 y 1997), starring David Carradine. Esta serie pasará a la historia, como mínimo, por habernos dado el término “Pequeño Saltamontes” para referirse a un aprendiz y por haber dado a Chiquito de la Calzada la expresión “andar más que kongfú”.

Por lo visto a todo el mundo le dio por hacer kung fu, y sus academias prosperaron como setas. Yo, que soy más de los ochenta (como The Coca-Cola Company se encarga de recordarme en sus nuevos anuncios), recuerdo algo parecido en esa fiebre del karate que a todo el mundo le entró al ver la inmortal película Karate Kid (1984). De la popularización del kung fu debió sacar Carl Douglas (un jamaicano afincado en Londres) la idea para su bizarro tema (disco? funky? reggae? pop?) “Kung Fu Fighting”, número uno a ambos lados del atlántico precisamente en 1974. Al parecer el pavo necesitaba una cara-B, la escribió en diez minutos… lo de siempre: al final exitazo y más de 9 millones de singles vendidos. Luego esta canción ha devenido en clásico merced a aparecer en chorrocientas películas y a sus incontables versiones, desde Carlos Jean a Tom Jones, pasando por Jive Bunny & The Mastermixers.


La última de estas versiones nos la ha traído en bandeja el enorme Jack Black, para la banda sonora de la película de animación Kung Fu Panda (2008). El sábado por la noche vi Kill Bill Vol.II (2004) -starring David Carradine- de Tarantonio, y aun a riesgo de sufrir una sobredosis de artes marciales, el domingo acudí a ver Kung Fu Panda. La verdad es que fui tranquilo, a los Señores del Cine de mi ciudad se les ha ocurrido la genialoide idea de programar en V.O. ciertas pelis no tan alternativas (no solo de Kim Ki-duk vive el espectador), y gracias a eso pude ver en inglés una peli de dibujos con las voces de Jack Black, Dustin Hoffman, Angelina Jolie, Lucy Liu y Jackie Chan, entre otros.

La historia de la peli es simple: un oso panda gordo e inútil es un emocionado del kung fu, y en estas en su pueblo debe elegirse a un místico guerrero kung fu que deberá cumplir un destino milenario y salvar a toda la población. ¿Adivináis quién es el “Elegido”? La trama es lo de menos, aquí lo que importa como siempre son los puntos cómicos y un poquitín la moraleja final. Los golpes de humor vienen casi todos de la inadecuación física del personaje protagonista a la rigurosa disciplina de un arte marcial como el kung fu. No en vano –leemos en Wikipedia- “kung fu” significa en chino “logro mediante un gran esfuerzo” (y no exclusivamente en artes marciales). El entrenamiento del panda es lo más gracioso, tanto que se me queda corto. La peli en sí en cortita, lo cual tampoco es malo porque te deja con buen sabor de boca.

En cierto sentido me encantó la película, porque el protagonista comienza siendo un panda gordo, inútil, que no sabe nada de kung fu para convertirse en un panda gordo, inútil, que sabe un poquito de kung fu. Nada del cuento del Patito Feo aquí, nada de moralejas de que hay que adelgazar o que “la belleza está en el interior”. La única moraleja es creer en uno mismo, y pienso que eso nunca es un mal consejo.

lunes, 14 de julio de 2008

Sergio Algora (1969-2008), in memoriam


En Estatuas Verdes estamos de luto. El motivo es la desaparición de una persona a la que no conocía de cerca pero con la que sí tuve ocasión de conversar. Me refiero a Sergio Algora (1969-2008). Falleció el pasado 9 de julio, yo solo me enteré el viernes por la noche, y cuando me lo dijeron no me lo podía creer.

“Ha muerto el de El Niño Gusano”. “¿Pero qué dices, insensato?” –me entraron ganas de contestar. Pero aunque no quería creérmelo, en el fondo sabía que era verdad. Una persona tan joven, de 39 años. Nos hemos enterado por el blog de Fran Fernández (su compi en La Costa Brava) de que andaba mal del corazón. Nada de lo que escriba podrá siquiera acercarse a expresar la importancia de las canciones de este hombre en mi gusto por la música en español. Me gustaría plagiar uno de los obituarios que hemos leído en estos días, que decía: “Ha muerto Sergio Algora. Harían falta muchos más”.

No quedan ni dos semanas para el festival Contempopránea 2008, yo ya estoy preparando el equipaje. Parece que fue ayer cuando vi a Sergio en el Contempopránea 2007 actuando con La Costa Brava. Cuando terminó, se bajó del escenario para ver el concierto de Sr. Chinarro y estuvo allí, entre el público, entre nosotros. Parece que fue anteayer cuando en febrero de 1999 lo vi en la gira “Tráteme de usted” al frente de El Niño Gusano. Al día siguiente yo tenía un examen de la carrera, siempre pensé que la música de El Niño Gusano me ayudó a aprobarlo con Matricula de Honor.


Cuatro años antes leía acerca de este extraño grupo en la Gaceta Universitaria (¿os acordáis?). En 1996 escuché por primera vez “Pon tu mente al sol” y pensé que nada sería igual en el pop español. Años después está claro que pocos grupos han resultado tan influyentes en el indie patrio (Family si acaso, y los soporíferos Planetas). Reconozco que no llegué a escuchar al grupo Muy Poca Gente, que Sergio montó tras la disolución de los Gusanos. Pero La Costa Brava… son punto y aparte.

No he querido hacer un obituario al uso de Sergio Algora. Si no lo conocíais, o si queréis conocer el título de sus libros (prosa, poesía y teatro) hay miles de sitios donde podéis consultar. Para mí Sergio es el tipo que escribía esas canciones surrealistas, esas letras tan raras que tanto nos hacían pensar. Lo recuerdo acodado en una barra firmándome un CD de La Costa Brava y contándome que en poco tiempo Grabaciones en el Mar iba a reeditar sus tres primeros trabajos. Lo recuerdo desgañitándose encima de un escenario cantando “ya tengo listo un traje nuevo para mi corazón”.


Sergio ya no está con nosotros, se ha ido al cielo a enseñarle a Jesucristo a cantar “La Marsellesa”. Dice Fran Fernández en su blog que Sergio solía bromear con que eran soldados en el Desembarco de Normandía. ¡Qué metáfora tan certera! Tú eras el capitán, Sergio, el que nos gritaba que nos quería masticar. Gracias a ti sabemos que “somos verdaderos gigantes” y que “cada segundo es una primera vez”. Nos has dejado el regalo más bonito: tus palabras envueltas en música. Descanse en paz.
 
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