Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Vietnam le daba pena a Nixon


¡Intelijencia, dame, el nombre exacto de las cosas!
-Juan Ramón Jiménez




Vietnam le daba pena a Nixon, amigos, le dolía Vietnam como a Unamuno le dolía España. De entre todas las noticias con las que me he desayunado hoy, entre los datos del paro, no sé qué accidente y el F.R.Í.O. (¡Qué gran noticia, eh?), la información que más me ha impactado ha sido una que se refería a unos documentos desclasificados de la Inteligencia USA.

"Intelijencia, dame", dijo JRJiménez, y en este caso la Inteligencia nos ha dado la sorpresa de que al presidente USA Richard Nixon (1969-74) le causaba dolor mantener abierta la herida de una guerra que nunca se llegó a declarar. Y todos sabemos que, tras el "empate" de Corea, del que no se quieren acordar (por algo se conoce como "la guerra olvidada"), Vietnam ha pasado a la Historia como la primera guerra que perdieron los Estados Unidos. Una guerra que supuso un baldón para los boyantes USA de los años 60-70, "líderes del Mundo Libre", origen de todo lo cool y moderno de esas décadas excepto los Beatles.


Recordemos también que a Nixon lo echaron de presidente por embustero (el único al que le ha ocurrido), ¿serían estas declaraciones sobre la Guerra de Vietnam solo una gran mentira? Veo en el telediario imágenes de archivo de Nixon departiendo con Henry Kissinger (su Secretario de Estado) y me corre un escalofrío por la espalda. Entre Nixon y Kissinger tenemos a dos de los mayores canallas del Siglo XX, responsables del golpe de estado de Pinochet en Chile, y de los de Uruguay y Argentina, además de la Operación Cóndor. Todos los presidentes norteamericanos (al menos desde Franklin D. Roosevelt) han sido unos sinvergüenzas, y han mentido como bellacos en materia de espionaje y relaciones exteriores. El buen FDRoosevelt comenzó un servicio de espionaje del tebeo, con colegas suyos, proceso que perfeccionó Nixon hasta el maquiavelismo dedicándose a espiar a sus adversarios políticos (Watergate, etc).

Y a pesar de lo tremebundo del personaje, quiero rastrear un aliento de verdad en las amargas palabras de Nixon acerca de Vietnam. No digo que me las crea, digo que quiero creérmelas. Verdaderamente, ¿por qué no? Recuerdo que de chico, con 8 ó 9 años, me impresionó muchísimo una tira de Mafalda en la que uno de la pandilla se acercaba a Mafalda y a Manolito y cantaba las bondades de una cadena de supermercados. Al escuchar esto, Manolito se sumía en la tristeza (suponemos que los supermercados estarían quitando negocio al colmado de su padre) y Mafalda, conmovida, le decía al otro: "¡Sshh! No nombres Vietnam delante de Nixon". Que a Nixon le causaba un trauma la Guerra de Vietnam, es bastante plausible. Era más bien un grano en el culo.


Siempre he visto la de Vietnam -otra de mis "guerras favoritas"- como la guera de LBJohnson, o en todo caso de Kennedy. Ahí estaba el cántico jipi-pacifista: "LBJ, ¿a cuántos bebés has matado hoy?" A JFKenedy nos lo han vendido como un gran pacifista y un hombre íntegro, cuando era un drogadicto y un putero, y la Guerra de Vietnam la empezó él. Richard Nixon se encontró con esta guerra como una herencia, verdad que él sabía dónde se metía, pero al entrar al cargo su objetivo no era otro que el de concluirla. Concluirla ganando, se supone.

Pero parece que solamente escuchando canciones de la Creedence y haciendo barbacoas no se gana una guerra, y a partir de la Ofensiva del Tet (enero-septiembre de 1968) ya quedó bien claro que si los USA querían ganar en Vietnam deberían emplear una fuerza militar muchísimo mayor: poner toda la carne en el asador, por seguir con las barbacoas. Finales de los 60 no eran los años 40, y los progre-comunistas del Vietcong no eran Hitler: problema. Si a esto le sumamos que andaban por ahí Jane Fonda y otros dando por culo con el pacifismo, se comprende que la opinión pública norteamericana y mundial en general no estuvieran tan dispuestos a admitir asesinatos de civiles, torturas, bombardeos masivos y un gasto enorme con tal de ganar una guerra que no se entendía muy bien.


Militarmente, a los USA no les dejaron ganar la guerra (que la podían haber ganado) pero es que las guerras no se ganan solo en el plano militar, sino también en el diplomático, económico, social y moral. Ahora los documentos desclasificados dicen que el Pentágono suplicaba a Nixon "mano dura" y un mayor compromiso en Irak, digo en Vietnam, y que Nixon no se encontraba cómodo con esa postura. De ahí que se inventara ese camelo suyo de la "vietnamización" de la guerra, traducción: "esto no hay quien lo gane, así que ya si eso nosotros nos retiramos y ustedes los vietnamitas vayan arreglando el desaguisado que les dejamos".

La realidad de Vietnam fue compleja y nos ha llegado metahistoriada en la ficción por obras de mérito como Platoon (1986) de O. Stone, los libros de Tim O'Brien o la serie de TV Camino del infierno (1987-90). La realidad de Vietnam fue compleja, y un aspecto más de su complejidad fue el hecho -ahora revelado por documentos históricos- de que a Nixon le daba pena. Que le daba pena. ¿A usted no le daría?

martes, 2 de diciembre de 2008

La mafia de los libros


Ya se habló aquí sobre la guerra de los libros, hoy le toca a la mafia. Es lo propio de estas cosas desagradables y sangrientas, que en papel pueden quedar todo lo desagradable que usted quiera, pero al menos se pueden racionalizar. La mafia de los libros viene a cuento de dos libros sobre el tema que me he leído este año, dos libros muy diferentes sobre dos mafias muy diferentes.

Uno es una novela, ¿Quién es Lou Sciortino? (2005, traducción 2008) de Ottavio Cappellani, periodista metido a escritor. El otro es el conocido reportaje Gomorra (2006, 2007) del también periodista metido a escritor Roberto Saviano. Sabido es que Gomorra (cuya adaptación cinematográfica ya se criticó aquí) versa sobre la Camorra napolitana, es una radiografía cruda, por usar uno de esos lugares comunes me tanto me complacen. Una denuncia, con nombre y apellidos, que ha motivado que su autor ahora viva permanentemente amenazado. ¿Quién es Lou Sciortino? en cambio se trata de una novela sobre la mafia siciliana, la Cosa Nostra (y sus conexiones con la mafia USA), que se vale de una trama y nombres supuestos.


Aparte del género literario, en estos dos libros nos encontramos con dos organizaciones criminales muy dispares. La Cosa Nostra siciliana, amiga de la extorsión, de poner bombazos, creadora de silencios. En la novela de Cappellani se nos presenta sin embargo envuelta en el folklore siciliano: la horchata de almendras, las frutas de mazapán, las boinas… La Camorra me da más miedo porque no se presenta como una organización criminal al margen del poder oficial, sino que pretende –cual virus- expandirse y penetrar en todas las estructuras del poder, para suplantarlas. En vez de bombas, kalashnikovs, en lugar de extorsiones, eficiencia comercial y financiera. El silencio conseguido no como omertà sino como una aquiescencia fatalista a un destino que es imposible cambiar.

Nos la han vendido como lo último en literatura pulp, pero la trama de ¿Quién es Lou Sciortino? es un poco flojoide: escenas llamativas de violencia, sexo y mafia recicladas de pelis de Coppola, Scorsese y, ejem, Tarantino. El estilo tampoco es muy allá, en plan “Esa zorra te agarra la polla tan fuerte que luego hay que llamar a la Policía Judicial para que te la devuelva”. Vamos, que Rubén Darío no es. Al final, nos quedamos con una novelita entretenida, escrita creo que con un ojo en la pantalla cinematográfica, pero llena de tópicos.


Gomorra libro (lamento caer en lo de siempre, pero es así) es infinitamente mejor que la película. Otra forma de verlo sería decir que ambas no tienen nada que ver. Gomorra peli es al libro lo que sería si se filmara una peli sobre la vida de una familia de parados a partir de los datos de la encuesta de población activa. El libro NO es una novela -digámoslo ya-más bien de ser algo sería un ensayo. Las pequeñas escenas autobiográficas tienen, a mi juicio, mal encaje en el cuerpo del libro pero supongo que el autor ha querido dejar aquí algo de su impronta personal antes que limitarse a hacer un mero tratado sociológico. Aun así, el retrato de la Camorra que se presenta está exento de folklore (aunque no falten menciones al D10S Maradona o a la mozzarella de búfala), es el retrato de una organización desapasionada (y por lo tanto despiadada), con su propia lógica interna, omnipresente.

Y responsable o copartícipe en todas las actividades del crimen organizado del Mundo, desde la ETA hasta las mafias chinas, pasando por conexiones americanas o africanas. El Sistema de la Camorra todo lo toca y todo lo trastoca: droga, usura, el ladrillo, tráfico de armas, prostitución, redes de inmigración, manufactura de ropa, juego, holdings empresariales, sector de la alimentación… hasta llegar a impregnar –según el libro- al 50% de todos los negocios legales de la región de Nápoles.


Lo que más me fascina de las historias de mafiosos es la hipocresía, la violencia extemporánea y el valor supremo de la lealtad al clan. Esas típicas escenas en las que dos se abrazan, uno le dice a otro “Todo está perdonado, compadre” y al darse la vuelta le pega tres tiros. O esas emboscadas que en un momento dado te mandan a “dormir con los peces”. Ejemplos de esto y de la típica “guerra entre familias rivales” los encontramos a punta pala en ambos libros: más dramatizados en Lou Sciortino y más terroríficos (por lo cotidiano) en Gomorra.

Los nuevos mafiosos del siglo XXI parecen ser hombres de negocios, con carrera universitaria (siempre dije que estudiar no podía traer nada bueno), alejados del arquetipo clásico del mangante-chulo de barrio. Su estética se asemeja a la de los gángsters de la gran pantalla, en lugar de ocurrir lo contrario: la realidad imita al arte y los mafiosos imitan a Scarface o a los Corleone. Esto queda muy claro en los dos libros: los mafiosos de Lou Sciortino son productores de cine, los de Gomorra se visten como Brandon Lee en El Cuervo (1994) o se hacen construir mansiones a imagen de la de Tony Montana.


Tal vez ya sea hora de que la literatura y el cine les hagan justicia a estos nuevos gángsters, y queden superados los estereotipos de la trilogía de El Padrino (1972-74-90). Mi dictamen: ¿Quién es Lou Sciortino?, regu tirando a bien; Gomorra, bien tirando a regu. Si queréis pasar un buen rato leed a Cappellani. Si queréis espeluznaros con un testimonio comprometido, leed a Roberto Saviano. Si queréis literatura de calidad, id a buscarla en otro lado.

lunes, 1 de diciembre de 2008

De profesión, sus reuniones


El buen Aznar (cómico residente de los grupos Prisa y Mediapro) nos dejó verdaderamente una píldora de humor. Fue cuando, interrogado acerca de no sé qué milonga, el ex presidente respondió: “Estamos… trabajando… en… ellooou”. La prensa se cebó diciendo que había contestado con “acento tejano” (que me lo expliquen), lo que ocurrió es que contestó con acento ridículo.

Pero a su desafortunada manera, Aznar sí que nos dejó una perla de sabiduría: cuando no hay nada hecho, cuando ni siquiera sabemos de qué nos están hablando, he aquí otra fórmula mágica: “Estamos trabajando en ello”. Es el equivalente profesional al recurso adolescente de “Estoy en ello” (traducción: “El examen, ni me lo he empezado a mirar”). “Estar trabajando en algo” es un recurso maravilloso para no hacer nada y continuar no haciéndolo, y en ninguna parte florecen estos recursos de una manera más bonita que en las REUNIONES DE TRABAJO.


¡Qué bonitas son las reuniones de trabajo! Ya se habló en Estatuas Verdes sobre el trabajo en grupo, y quedó constancia de que hay muchos lectores que son fans de este método de trabajo. Dios os lo conserve muchos años, y bendiga vuestras reuniones. Yo, mientras tanto, estaré en mi mesa trabajando de verdad. Mi trabajo, por naturaleza, tiene una vertiente solitaria pero otra igual de importante de cooperación. Luego encima legislación, regulaciones internas, instrucciones “de arriba”, informes… van empantanando todo hasta el punto de convertir la labor en cosa imposible, de puro enmerdado.

Y entre todas estas zarandajas destacan por méritos propios las reuniones de trabajo. Recuerdo haber visto una vez en el despacho de un compañero un cartel jocoso en el que se veía a unos trajeados alrededor de una mesa bajo el eslogan: “REÚNASE: LA MEJOR MANERA DE NO TRABAJAR (SIN SENTIRSE CULPABLE)”. ¡Madre, las reuniones de trabajo! Qué importantes. La de cosas que se solucionan, la de ideeas geniaales que fluyen.


¿Os habéis fijado que en todas las reuniones siempre hay dos personajes fijos? Alguien que acude “a cuerpo gentil”, sin boli, sin papeles, sin agenda… era el típico o la típica que durante la carrera iba a clase y no tomaba apuntes. El otro tipo es la persona que se pasa la reunión íntegra escribiendo, no sabemos qué. Pudiera parecer que lo que hace es tomar notas de la reunión, levantando acta o similar. Pero no. En cuanto el que tiene la palabra bebe agua observamos al “escribano” y comprobamos que sigue escribiendo a tope, sin darse respiro. Y luego están esas sonrisillas… claramente esta persona sigue el dictado de su espíritu, no el de los compis oradores.

Las dinámicas de grupo juegan un papel muy importante en estas reuniones de trabajo. Mis reuniones favoritas son aquellas que han de culminar en una votación. Cuán fácil resulta manipular a la peña e influir en su opinión para obtener el resultado deseable (y si no sale, se dice “Creo que la propuesta no se ha entendido, repitamos la votación”). Y luego revestirlo todo de legalidad democrática, hasta ahí podríamos llegar. Otro “clásico” de las reuniones son las propuestas de los compañeros. ¡La de Dios! Sí, sí, Fulánez, vaya usted haciendo su propuestita que ya si eso mientras tanto voy yo echando aquí una cabezada. Otro regalo, los “informes de arriba”. Que levante la mano el que no haya bostezado nunca durante la lectura en voz alta de uno de estos informes.


Hace dos semanas mi carrera de chupatintas alcanzó una cota jamás por mí soñada. Había tenido otras veces que asistir a tres reuniones seguidas, de 4 a 8 de la tarde. Había tenido una vez que asistir a una sola reunión de cuatro horas y media de duración. Pero en mi corazoncito, igual que la Virgen María guardaba y meditaba las cositas que los pastorcillos le traían al Niño Jesús, hubo una tarde de reuniones que siempre quedará grabada. Hace dos semanas –oh, prodigio- tuve la fortuna de asistir a dos reuniones seguidas formando parte de una -¿lo diré?-, de una… de una… S.U.B.C.O.M.I.S.I.Ó.N. Subcomisión, según Chris Peterson, “son esas reuniones donde se comen unos bocadillos enormes” (chiste debido a que en USA la palabra “sub” quiere decir bocadillo de más de 30 cm).

Mi subcomisión no trató de comida entre dos panes sino de cosas mucho más maravillosas. Esta tarde he tenido el inmenso placer de asistir activamente a otra maravillosa y utilísima reunión de casi dos horas de duración. Y hemos debatido sobre cosas importantísimas, y había un andoba sin lápiz ni papeles, y había otro con una sonrisilla escribiendo compulsivamente. Dicen que este último se parecía a mí, y dicen que estaba abstraído, garrapateando un post para su blog.




domingo, 30 de noviembre de 2008

Cuanto de solaz


Bueno, bueno, bueno. Salvando el hecho nada desdeñable de que DANIEL CRAIG NO ES JAMES BOND, anteayer fui a ver la 22ª peli de la saga de 007, por título Quantum of Solace (2008). Vaya por delante que me gustó mucho, pero como soy Bondófilo quisiera hacer un poco de análisis para comprobar hasta qué punto resulta satisfactoria. A partir del cuarto párrafo voy a poner muchos spoilers, no revelo los giros de la peli, pero sí voy a decir qué aparece en ella y qué no. Si no la has visto, la quieres ver y no te gusta que te avancen nada, estás avisado. Luego puedes leer sin peligro el último párrafo.

Empecé diciendo que Daniel Craig NO es James Bond. Correcto. Sean Connery fue James Bond, Roger Moore fue James Bond (a la fuerza…), Timothy Dalton fue James Bond, Pierce Brosnan fue James Bond. George Lazenby no nos dio tiempo a darnos cuenta si lo era o no. Daniel Craig no es James Bond (para empezar, hasta un tonto sabe que James Bond no es rubio): será un señor muy malencarado, será no dudo que muy atractivo sexualmente, será un gañán, incluso será muy eficaz en estos papeles violentos que interpreta… pero James Bond no es.


Pese a no ser James Bond, hace de él en la nueva entrega de la saga Bourne, digo 007. Paso a hacerle el test a Quantum of Solace para ver cómo sale parada en cuanto que peli de Bond.

Título sacado de una obra de Ian Fleming: Correcto, sacado de un relato corto de 1960 y además, como manda la tradición, la historia y los personajes no tienen nada que ver con la “Quantum of Solace” original.

Trama incomprensible: Justo en el centro de la diana! Sería tedioso citar aquí el número de medios de comunicación en los que he leído que la trama de Quantum of Solace se entiende menos que Darth Vader comiendo polvorones. Pero vamos, que no es necesario leerlo en ninguna parte: a esta conclusión pude llegar yo solito.


Escenarios exóticos/chulos: Siena, Haití, Bregenz (Austria), el Lago Garda, Bolivia (La Paz y el desierto), Rusia, sí, esta prueba la supera con creces.

Vehículos: Bien es verdad que sale un Aston Martin, con lo que eso está cubierto, pero la peli adolece de un contrato de product placement con la marca Ford. Muchos Fords, todos nuevísimos, en países del Tercer Mundo. No cuela. Y otra cosa: ¿James Bond a bordo de un Ford Ka? I don’t think so! En cuanto a otros vehículos… un avión DC3, un helicóptero Bell UH-1 “Huey”, un caza Aermacchi SF.260, sin duda espectaculares para una peli de… hace cuarenta años!

Tecnología: Mucha tecnología, onda Bourne, y eso es un problema porque deberíamos estar hablando al revés, que Bourne usa tecnología “onda 007”. Que si pantallas táctiles, que si conexiones a Internet instantáneas, que si móviles chiripitifláuticos… el problema es que todo eso lo usan otros, al pobre James Bond no le dan más que dos puños rudos. Ni siquiera sale Q, cojones. Eso sí, los malos hacen un uso espectacular de la tecnología en la escena de la ópera.


Villanos: Los malos de Bond siempre son teatrales, ideeas geniaales, o perturbados. En este caso, Dominic Greene es un malo que está muy a la altura, una creación de maldad y locura que me ha parecido lo mejor de la película. Nada de histrionadas, nada de planes megalómanos: este es un malo de camisa desabrochada y por eso da más miedo. El resto de villanos, de opereta: Elvis (secuaz de Dominic Greene que parece “Sandro de la Bienale” de El Gran Lebowsky), un tal General Medrano y el Guillén Cuervo, no os digo ná.

Chicas Bond: Hablemos, este Bond moja menos que el mercurio, y eso es preocupante. Aquí solo folla una vez, y no con la tía principal. ¡Injuria! Las chicas Bond sí están a la altura, Camille/Olga Kurylenko: obra maestra (en serio, incluso actúa bien) y la pava que hace de Strawberry Fields, una pena que solo salga tres minutos y medio.


Identidad Bond: Solo a la mitad de la peli, cuando veía que Judi Dench se dirigía al personaje de Daniel Craig llamándole “Bond”, caí en la cuenta de que estaba viendo una peli de 007. Bond gañán, Bond de baja estofa, Bond cani… ¡uf! Será muy democrático, pero, ¿dónde quedó aquel agente secreto que desayunaba mermelada Tiptree? En toda la peli no se dice lo de “Mi nombre es Bond, James Bond”. ¡Qué postmoderno, eh? Gracias, venimos a ver ESO. ¿O te creías que veníamos por el guión? Tampoco sale el martini “agitado, no removido”, ahora Bond bebe no sé qué mariconadas… en fin.

Música y títulos de crédito: Pese a haber leído que la secuencia de los títulos iniciales no estaba a la altura, no es cierto: son todo lo que deben ser y están muy bien. También hay tiro a través de un cañón estriado. Sobre la música, diré que es caca, interpretada por el cansino Jack White y una tal Alicia Keys. La canción tenía que haberla hecho Amy Winehouse, y punto. Otra tradición que rompe esta peli es la del miniepisodio previo a los créditos, en este caso lo previo es la directa continuación de Casino Royale (2006), pero eso no supone ningún problema, al revés: es de lo mejor de la peli.


Valoración global: La película me ha gustado mucho, pese a no ser lo que se espera de una de James Bond. Casino Royale tampoco lo era y me satisfizo al 99%, esta menos. Aun así, la recomiendo, pero sabiendo lo que se va a ver. Si la pudierais ver en V.O. pienso que sería mejor. Yo la vi doblada y, además de perderme las voces de Judi Dench, Daniel Craig (casi mejor) Guillermo Del Toro y Alfonso Cuarón, hube de sufrir el bufonesco doblaje pseudofranchute de Mathieu Amalric (el malo) y el ridículo pastiche ruso-¿italiano? de Olga Kurylenko, que en el original actúa con acento boliviano, dicen. Bueno, y al final de los créditos finales lo de siempre: JAMES BOND VOLVERÁ. Pues eso: que vuelva, por favor.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Cosica: Estado de la cuestión


Hoy voy a dejaros con un post gamberro para el fin de semana. ¿Ha llegado ya el momento de hablar bien de Cosica? ¿Así están las cosas? ¡¡¡Mamá, estoy loco!!!

Mi percepción de Cosica viene irremediablemente mediatizada por la temperatura del aire en sus calles. Ayer mismo una compañera de trabajo le preguntaba a otro compi que si en su casa de Cosica no tenía tal o cuál electrodoméstico. El pobre hombre negó con la cabeza y espetó: “En mi casa lo único que tenemos es un frío de dos pares de cojones”. Amén, illo, con el corazón te digo que tú en verdad eres mi hermano.

Y vaya usted a quejarse del frío de Cosica a los lugareños… le mirarán como a un bicho raro y le pondrán mala cara por injuriar vilmente a su bella patria. “Pues aquí hará exactamente el mismo frío que en Tuciudad por estas fechas”. Uy, señoraaa… ¡mis santas narices! Eso me demuestra que usted no ha vivido JAMÁS en Miciudad. Y, siento defraudarla, como bien rememorábamos ayer otra compi de trabajo que también vivió en Inglaterra y yo, en UK hará un frío del caganse, pero disponen de un invento mágico que en Cosica no soñaran. Se llama “central heating”, creo que no tiene traducción al español.


Pero en Cosica, de noche todo cambia (hace aún más frío). Famosos son los fandangos cuya letra dice así:

Cosica, la ciudad que nunca duerme,
con sus burros y sus rebuznos,
con sus perros y sus caballos,
y a las siete la mañana
ya están cantando los gallos


pero no es del ruido de lo que he venido a hablaros. Decía que por la noche, al irse el sol, el frío cosiqués alcanza proporciones épicas. Os lo dice alguien que hoy se ha despertado a las cinco y media de la madrugada (con pijama de invierno, camiseta interior, DOS edredones nórdicos, habitación caldeada por radiador), que hoy se ha despertado a esa hora, digo, de puritito frrrío.


En estos casos, la única manera de combatir al enemigo es atrincherarse en una casa con otros compañeros sufridores, encender una chimenea, un brasero y una estufa de resistencias, comer las papas de bolsa favoritas del Rey (Lay’s sabor jamón) y trasegar cerveza, tinto de Rioja, Frangelico, ron Legendario, el alcohol de las heridas. Y sacar una guitarra, y escribir coplas chorras, y contar anécdotas del trabajo, y de los respectivos lugares de origen, enseñarse fotos de la familia o las novias… como soldados en una trinchera de Stalingrado.


Entonces, solo entonces (‘tonces), es posible que, a eso de las tres y pico de la madrugada se le escape a uno un comentario favorable hacia Cosica, se le ablande el corazón. Y se hará el trago menos amargo, y así, reconfortado –y cagándose de frío- podrá acostarse uno y afrontar al día siguiente (a las cuatro horas) una nueva jornada laboral. Pero como al día siguiente ya es viernes, pues gano yo, y al partir le doy a todo volumen en el CD de mi coche a la canción “Ain’t It Fun” de los Dead Boys. Pero esta vez gano yo, porque voy cantando mentalmente solo, para vencer a los estreptococos, y dejo que por esta vez sea Stiv Bators quien se deje la garganta.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Elvis Costello: ¿Se le ha ido la olla?


La fiel lectora Orphangirl es una buena corresponsal de Estatuas Verdes. Siempre me nutre de noticias: que si la hermana pequeña de Beyoncé saca disco nuevo, que si Feist ha actuado en Barrio Sésamo

Ella sabe que un gurú personal mío es Elvis Costello, principal Personaje Oro de este blog, de modo que nunca me faltan en la bandeja de entrada del email correos acerca del cantante británico. Costello, ¿eh? Habría tanto que decir… Ya se comentó aquí su útimo lanzamiento discográfico, pero no ha sido lo único en lo que don Costello ha empleado su tiempo en este 2008.

Además de su fantástico Momofuku (2008), Costello ha participado haciendo duetos en Acid Tongue (2008), lo último de Jenny Lewis y Little Honey (2008), de la cantante country LucindaWilliams. No para ahí la cosa. Por mediación de Orphangirl leo la noticia de un programa televisivo que Elvis Costello va a presentar en USA. El espacio, de título Spectacle: Elvis Costello With… (en la cadena Sundance) es una especie de talk show musical. Me imagino que, a la maniera de los shows de Johnny Cash y Sonny & Cher, o como dice (con bastante mala leche) el blog Jenesaispop.com, estilo El séptimo de caballería de Papito.


En cada programa acudirá un invitado a hablar y actuar con Costello; en la nómina se espera a Rufus Wainwright, Elton John, James Taylor, The Police, Lou Reed, Tony Bennett, Kris Kristofferson, Norah Jones, Herbie Hancock, She & Him, Jenny Lewis (¿cómo no!), Diana Krall (¿CÓMO NO! –es su mujer) y otros menos obvios como Bill Clinton o Smokey Robinson (“el mejor poeta americano vivo”, según vuestro admirado Dylan). Por cierto que Jakob Dylan (el que no quería aprovecharse de la fama de su padre y se puso el mismo nombre artístico) acudirá también.

No contesto con esto, otro email de Orphangirl me sorprende con la participación de Costello en un especial navideño del cómico yanqui Stephen Colbert. En el clip, (en el que también aparece Feist, por cierto) el cantante se presta nada menos que a ser devorado por un oso (no os digo más que que sale difrazado de soldadito de juguete). ¿Costello showman? ¿Costello entertainer? ¿Costello ida de olla? Pues esperad a lo que viene ahora.



La semana pasada me envió el buen Fran G. Matute otra noticia relacionada con Elvis Costello, la cual ya conocía pero que había dado al olvido (afortunadamente). ¿Costello actor? ¿Costello ideeas geniaales? ¿COSTELLO SABUESO? Semejante antetítulo pudo leerse el día 19/11/08 en el diario El País. ¿A cuénto de qué?

Steve Nieve, histórico pianista del grupo de Elvis Costello, estrena en el Teatro Chatelet de París su ópera Welcome to the Voice (2007), en la que intervienen una serie de voces clásicas, Joe Summer (el hijo de Sting), el propio Sting y Elvis Costello, en el papel del “jefe de la policía” (de ahí lo de sabueso). Desde “Watching the detectives” no se vio nada igual, ¿eh? La ópera solo tuvo cinco representaciones (la última ayer), por eso -¡ay!- me quedé sin verla. Pero yo ya estoy comido solo con ver esas fotazas de Elvis C. ataviado de poli haciéndole pupita a Sting, que interpreta el papel del “joven obrero del metal”.


Devorado por un oso, poli de opereta, tocando el saxofón con Clinton en la tele… amigo Costello, ¿acaso se te ha ido la pelota? En estas reflexiones estaba cuando en una estantería perdida de casa de mi madre encontré uno de mis discos favoritos, que creía perdido. The Juliet Letters (1993), de Elvis Costello and The Brodsky Quartet, fue un regalo por mi 15 cumpleaños en cassette original, tanto me gustó que aquella tarde me tangué la clase de inglés por escucharlo. Años después lo compré en CD… hace tres días lo reencontré, y fue como reencontrase con un viejo amor. No voy a deciros cómo es el disco ni a qué suena… si tenéis alma, ya sé que lo buscaréis.

martes, 25 de noviembre de 2008

Oda al donut


A esta horita ya de la tarde vamos a quitarnos la careta de una vez por todas y proclamar a los cuatro vientos un secreto a voces. No, no me estoy refiriendo al divorcio de Felipe González ni al hecho de que haya tongo en el Premio Planeta. Quiero dejar mi garganta, atormentada por los estreptococos, gritando que EL DONUT ES EL MAYOR INVENTO DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD.

Y os lo dice uno que no merienda, desde chico me acostumbré a no merendar. De todas maneras, si consultara a un nutrólogo fijo que me diría que para merendar me tomara dos mandarinas, o sea que ni caso. El donut es el mayor invento de la Humanidad, lo que pasa es que engorda y por eso está feo decirlo. Está hecho de grasaza animal, de chocolate, de crema, de azúcar… de cosas ricas que engordan. Lo primero que necesitamos para hablar de algo es delimitar el objeto de estudio. ¿Qué es un donut?


Una de las muchas cosas que he aprendido viendo la tele es que en Madrid y por ahí les llaman “bollos” a los pastelitos de bollería industrial: palmeras, cuñas, caracolas, xuxos, cañas… ¿Se encuentra el donut en esta categoría? ¡INJURIA! El donut, el buen donut, es una obra de arte, un poema que se nos ha dado para mancharnos los dedos pecando. Etimológicamente, la palabra donut es una bárbara simplificación yanqui de la palabra inglesa doughnut, que significa literalmente “pella de masa”. Todavía recuerdo cómo se rió de mí la profesora particular de inglés –graduada en Cambridge- cuando me vio escribir la palabra doughnut de aquella forma: donut. ¡Perdón, Vanessa, por seguir los absurdos dictados USA!


Para mis torpes ojos de niño español criado en los 80, un donut era esa especie de engendro o rosquilla que la empresa Donuts facturaba y factura para consumo estupefaciente y masivo en los colegios. Alguien debería hacer un estudio entre la relación de la comida basura y la música indie en España: Sr. Chinarro trabajando para Donuts, el de La Casa Azul para Nesquik… conozco a cantautores que pierden la cabeza por la bollería industrial. Volviendo al tema, es cierto, como es lamentable que en España durante muchos años se ha identificado “donut” con el nefando producto con un agujero en medio. Afortunadamente, la cosa ya está cambiando.

Incluso una miserable franquicia como Dunkin’ Donuts ha hecho bastante por hacernos ver la luz. Vayan allí, despáchense media docena y luego me cuentan. Yo me convertí al mundo del donut en USA, hay que admitirlo. Al igual que las hamburguesas y tantas otras cosas, el donut es un pequeño prodigio que si se hace bien cae dentro de la categoría de lo sublime; si se hace mal es simplemente asqueroso. Una vez más, los mejores donuts son los “artesanales”, realizados en pastelerías u obradores, de los que afortunadamente cada vez se ven más en nuestras ciudades. Allí en USA, hasta marcas mastodónticas como Krispy-Kreme o Entemann’s son capaces de facturar industrialmente delicias con las que aquí solo podemos soñar.


Pero cada vez es más y más posible comer buenos donuts en España. Yo apenas los pruebo, pero me complazco hablando de ellos, como esos ex fumadores que dicen a sus interlocutores, “fume usted, fume, que me da alegría verlo”. Pues a mí me pasa igual: me puedo comer cuatro o cinco donuts al año, pero me alegro pensando en que mis lectores los engullen a pares. Y ¡claro! que hay donuts con un agujero en medio, pero los mejores son redonditos, es un principio de física elemental. Si son macizos pueden estar rellenos de –oh, maravilla- chocolate, crema pastelera, nata, merengue, crema de café, mermelada de fresa, naranja, mora, frambuesa, grosella, arándanos rojos, compota de manzana, pera, plátano, dulce de leche…

Por fuera, ya lo sabéis, no me hagáis repetirlo, ¡No! Que no quiero verlo, como “La sangre derramada” que cantaba Lorca. Por fuera el donut puede ir a las bravas (sin nada), cubierto de chocolate, de azúcar, de canela, de café… También los hay de devil’s food (bizcocho de chocolate), angel food (bizcocho de claras de huevo)… ¡basta! No quiero verlos, ni pensar en ellos, pero quien pillara uno, ¿eh?


 
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