
Sin motivo aparente, vuelvo a la carga con la comparación de dos bonitas islas. Una de ellas es un país independiente desde hace menos de sesenta años, y ni siquiera la isla entera. La otra forma parte de un país mayor, de unos 140 años de antigüedad como tal. Hablemos.
Bandera. La de Irlanda es una copia de la de Italia, que a su vez fue calcada de la de Francia. Su simbolismo (el verde católico y el naranja protestante unidos -¿separados?- por el blanco de la paz) le hace ganar enteros. La de Sicilia, un triángulo rojo y otro amarillo sobre el que campa la Trinacria, emblema de la isla que simboliza su condición de bañada por tres mares diferentes (el Mediterráneo, el Tirreno y el Jónico: o sea, el Mediterráneo). Sin embargo, la Trinacria es una divertida figura con tres piernas, lo que concede a Sicilia la victoria en este apartado por un mínimo margen.

Geografía. Empate en población: poco más de cinco millones de almas en ambos casos. Irlanda es casi cuatro veces mayor que Sicilia, punto ahí, pero si hablamos de clima… Sicilia tiene clima Mediterráneo, muchísimo calor y pocas lluvias. Irlanda el Atlántico: lluvias, lluvias, nubes y fresquete. ¿Empate? No, claro, preferimos pasar calor.
Idioma. En Sicilia se habla una particular variedad de italiano, que es decir que se habla latín. En Irlanda se habla inglés (también dialectal) y una divertida lengua celta en la que el gobierno se empeña en poner todos los letreros: el gaélico irlandés. Por supuesto, el italiano es infinitamente superior al inglés, pero el hecho de tener Irlanda otra lengua minoritaria hace que en esta área declaremos el empate.

Gastronomía. Bebidas de referencia de Irlanda: la Guinness y el whisky. Ídem de Sicilia: horchata de almendra y vino de Marsala. Personalmente prefiero las sicilianas, pero las estadísticas les dan la razón abrumadoramente a los colegas irlandeses. Desayuno típico siciliano: brioches migados en granizada y bollería rebozada rellena de nocilla; desayuno irlandés: huevos, salchichas, bacon, tomate, champiñones, varios tipos de morcilla… Irlanda gana por goleada.
Para el resto de comida Irlanda nos ofrece su ternera, sus patatas, sus pies, sus scones (bollitos) y Sicilia su pez espada, sus pistachos, sus bocadillos de helado, su pasta (con berenjenas, con calabacines, con sardinas, con tinta de calamar), sus croquetas de arroz, sus cannoli (dulces típicos). Ni que decir tiene que punto para Sicilia.

Historia. Pueblos que han invadido Sicilia: cartagineses, griegos, romanos, bárbaros germanos, bizantinos, árabes, normandos, aragoneses, Borbones, liberales de Garibaldi, ejército Aliado (2ª Guerra Mundial). Pueblos que han invadido Irlanda: celtas, vikingos, normandos, ingleses, ingleses e ingleses otra vez. Simplificando a los normandos del siglo XII, nos queda que Sicilia ha sido invadida más veces y por gente más interesante. Y eso que haber sufrido el yugo inglés puntúa doble.
Sociedad. La Mafia y el IRA se simplifican y se cancelan mutuamente, a cuál más hijos de puta.

Cultura. Empate en religión, la favorita de ambas islas es la católica. Irlanda además presenta a varios santos de gran peso como San Patricio, San Borondón o San Kevin. Los santos sicilianos (como Santa Ágata o Santa Rosalía) son un poco de segunda fila, pero es de admirar que cada pueblo siciliano suela tener dos patrones, mejor que uno.
En cuanto a las artes… en Irlanda estuvieron los vikingos y en Sicilia los griegos y los romanos, lo cual ya debiera de por sí zanjar el debate. Está claro que el patrimonio siciliano (al que hay que sumar las obras de arte sículo-normando y barroco) deja en brajas cualquier aportación irlandesa. Sin embargo, parafraseando a El Nota de El Gran Lebowsky, la carrera artística de Sicilia ha ido “un poco lenta últimamente”, mientras que durante los últimos ochenta años los irlandeses se han esforzado muchísimo por dejar huella de su cultura nacional (inventada, como todas).

Literatura. Aquí la pluma debe rendirse sin dudarlo del lado irlandés. Pese a contar en su nómina con sinvergüenzas como James Joyce y terroristas asesinos como Brendan Behan, la literatura irlandesa ha dado al mundo media docena de nombres universales. En realidad, solo con Oscar Wilde bastaría para callar a cualquiera, pero a este debemos sumar a G. B. Shaw, a Jonathan Swift, a W. B. Yeats y a Samuel Beckett. Y a Bram Stoker, el autor de Drácula (1897). Sicilia también ha dado alguna lumbrera, como Luigi Pirandello o G. Tomasi di Lampedusa, pero no olvidemos que los sicilianos son responsables de infligir en el mundo gran parte de la ópera del siglo XIX. Novela de referencia irlandesa: Ulises (1922); ídem siciliana: El Gatopardo (1958). Gol del honor para Sicilia.
No sé, me sale un empate, ¿qué pensáis? A ver si va a resultar que, después de todo, Irlanda y Sicilia van a ser la misma cosa… si doblamos el mapa, claro.
Bandera. La de Irlanda es una copia de la de Italia, que a su vez fue calcada de la de Francia. Su simbolismo (el verde católico y el naranja protestante unidos -¿separados?- por el blanco de la paz) le hace ganar enteros. La de Sicilia, un triángulo rojo y otro amarillo sobre el que campa la Trinacria, emblema de la isla que simboliza su condición de bañada por tres mares diferentes (el Mediterráneo, el Tirreno y el Jónico: o sea, el Mediterráneo). Sin embargo, la Trinacria es una divertida figura con tres piernas, lo que concede a Sicilia la victoria en este apartado por un mínimo margen.

Geografía. Empate en población: poco más de cinco millones de almas en ambos casos. Irlanda es casi cuatro veces mayor que Sicilia, punto ahí, pero si hablamos de clima… Sicilia tiene clima Mediterráneo, muchísimo calor y pocas lluvias. Irlanda el Atlántico: lluvias, lluvias, nubes y fresquete. ¿Empate? No, claro, preferimos pasar calor.
Idioma. En Sicilia se habla una particular variedad de italiano, que es decir que se habla latín. En Irlanda se habla inglés (también dialectal) y una divertida lengua celta en la que el gobierno se empeña en poner todos los letreros: el gaélico irlandés. Por supuesto, el italiano es infinitamente superior al inglés, pero el hecho de tener Irlanda otra lengua minoritaria hace que en esta área declaremos el empate.

Gastronomía. Bebidas de referencia de Irlanda: la Guinness y el whisky. Ídem de Sicilia: horchata de almendra y vino de Marsala. Personalmente prefiero las sicilianas, pero las estadísticas les dan la razón abrumadoramente a los colegas irlandeses. Desayuno típico siciliano: brioches migados en granizada y bollería rebozada rellena de nocilla; desayuno irlandés: huevos, salchichas, bacon, tomate, champiñones, varios tipos de morcilla… Irlanda gana por goleada.
Para el resto de comida Irlanda nos ofrece su ternera, sus patatas, sus pies, sus scones (bollitos) y Sicilia su pez espada, sus pistachos, sus bocadillos de helado, su pasta (con berenjenas, con calabacines, con sardinas, con tinta de calamar), sus croquetas de arroz, sus cannoli (dulces típicos). Ni que decir tiene que punto para Sicilia.

Historia. Pueblos que han invadido Sicilia: cartagineses, griegos, romanos, bárbaros germanos, bizantinos, árabes, normandos, aragoneses, Borbones, liberales de Garibaldi, ejército Aliado (2ª Guerra Mundial). Pueblos que han invadido Irlanda: celtas, vikingos, normandos, ingleses, ingleses e ingleses otra vez. Simplificando a los normandos del siglo XII, nos queda que Sicilia ha sido invadida más veces y por gente más interesante. Y eso que haber sufrido el yugo inglés puntúa doble.
Sociedad. La Mafia y el IRA se simplifican y se cancelan mutuamente, a cuál más hijos de puta.

Cultura. Empate en religión, la favorita de ambas islas es la católica. Irlanda además presenta a varios santos de gran peso como San Patricio, San Borondón o San Kevin. Los santos sicilianos (como Santa Ágata o Santa Rosalía) son un poco de segunda fila, pero es de admirar que cada pueblo siciliano suela tener dos patrones, mejor que uno.
En cuanto a las artes… en Irlanda estuvieron los vikingos y en Sicilia los griegos y los romanos, lo cual ya debiera de por sí zanjar el debate. Está claro que el patrimonio siciliano (al que hay que sumar las obras de arte sículo-normando y barroco) deja en brajas cualquier aportación irlandesa. Sin embargo, parafraseando a El Nota de El Gran Lebowsky, la carrera artística de Sicilia ha ido “un poco lenta últimamente”, mientras que durante los últimos ochenta años los irlandeses se han esforzado muchísimo por dejar huella de su cultura nacional (inventada, como todas).

Literatura. Aquí la pluma debe rendirse sin dudarlo del lado irlandés. Pese a contar en su nómina con sinvergüenzas como James Joyce y terroristas asesinos como Brendan Behan, la literatura irlandesa ha dado al mundo media docena de nombres universales. En realidad, solo con Oscar Wilde bastaría para callar a cualquiera, pero a este debemos sumar a G. B. Shaw, a Jonathan Swift, a W. B. Yeats y a Samuel Beckett. Y a Bram Stoker, el autor de Drácula (1897). Sicilia también ha dado alguna lumbrera, como Luigi Pirandello o G. Tomasi di Lampedusa, pero no olvidemos que los sicilianos son responsables de infligir en el mundo gran parte de la ópera del siglo XIX. Novela de referencia irlandesa: Ulises (1922); ídem siciliana: El Gatopardo (1958). Gol del honor para Sicilia.
No sé, me sale un empate, ¿qué pensáis? A ver si va a resultar que, después de todo, Irlanda y Sicilia van a ser la misma cosa… si doblamos el mapa, claro.




















