Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Milkito: What's the Story?


-“Buenas tardes. Soy Chevy Chase y usted no lo es.”
(Chevy Chase)




Bueno, bueno, bueno! Por una vez dejaré de lado mi habitual ecuanimidad para entrar de lleno a injuriar a un personaje querido y odiado por todos a partes iguales. Estoy hablando del inefable Milikito a.k.a. Emilio Aragón. Ser hijo de Miliki (credenciales que en cualquier otro asegurarían el Olimpo y el Parnaso, por lo menos) no le ha servido a Milikito para continuar con dignidad la honrosísima estirpe payasil de su padre, tío, etc. No, él no. Él ha dilapidado ese caudal de talento que forzosamente debe correr por sus venas para convertirse en una problemática figura: empresario voraz con careta de buen rollazo.

Creo que habrá unanimidad en valorar que la mejor etapa artística de Milikito fue aquella en la que ejerció de “mudo” en la gloriosísima troupe de Los Payasos de la Tele. A diferencia de esos hedonistas y mecanizados payasos que poblaban los circos del mundo hasta entonces, asustando a los niños con sus grotescas caras pintadas, Los Payasos de la Tele eran geniales: sin pintar, cercanos, risueños, cantaban, hacían creativos juegos de palabras y vestían una divertida camiseta roja idéntica a la que nos poníamos en mi colegio para hacer gimnasia.


Tengo entendido (si hay algún payaso entre los lectores que me corrija) que la figura del “mudo” es crucial en la carrera de tan digna profesión, y supone un periodo de aprendizaje obligatorio por el que todos deben pasar. Así, si un payaso es capaz de hacer reír solo con sus caricas y su comedia física, qué no logrará cuando se líe a soltar chistazos por esa bocaza. Desafortunadamente, el buen Milikito comenzó a hablar, y a cantar, y la camiseta roja de su clan pronto se le quedó pequeña.

La siempre nutritiva Wikipedia define a Emilio como “un actor, humorista, músico, director de orquesta, compositor, ex payaso y empresario audiovisual español, “presidente de la cadena de televisión La Sexta. Y tengo entendido que también inventó el chicle. ¿De payaso mudito a hombre del Renacimiento? Qu’est-ce que c’est cette vision? Ya en 1983 –había abandonado Los Payasos de la Tele dos años antes- Milikito dio muestras de un preclaro talento protagonizando y escribiendo el seminal show de sketches Ni en vivo ni en directo.


¿Quién no recuerda los sketches del dictador de “Menos samba y más traballar”, o al hombre que seguía sin desviarse la infinita línea blanca? ¿Quién no recuerda sus plagios de Chevy Chase o Bill Murray, que Emilio había visto y aprendido en los USA con el Saturday Night Live? El resto de los 80 la carrera del hombre fue un poco “lenta” pero los early nineties le vieron reinventarse como presentador televisivo en Saque bola (seminalérrimo programa de chistes de Canal Sur) o todos los formatos de VIP en Telecinco.

Durante estos años, el buen Milikito no descuidó su faceta musical, editando varios álbumes de notabilísimo éxito. Con su depurado look de gafotas, chaqueta sin corbata y playeras casual Milikito encarnó una suerte de versión ibérica de Huey Lewis, legándonos clásicos de la talla de “Te huelen los pies” o “Cuidado con Paloma, que me han dicho que es de goma”, equidistantes del power pop y la novelty song (sus mayores logros desde la sintonía de La aldea del arce, 1986).


Pero no sería hasta mediados de la pasada década en que Emilio Aragón Jr. alcanzaría el estatus de superestrella nacional, con su máximo logro artístico: el personaje del Dr. Nacho en la entrañable serie Médico de familia (1995-99). ¿Quién no vio el último episodio de la serie? ¿Quién no se palotizaba en esa época con Lydia Bosch? Baste decir que en su momento Médico de familia fue un referente moral de nuestra juventud, nuestra infancia y nuestra senectud, y que consiguió lo hasta entonces impensable: desalojar de nuestros corazones a la recién cancelada serie Farmacia de guardia (1991-95).

Desde entonces, Milikito se ha embarcado en un rosario de proyectos televisivos malogrados, series de mediocre calidad y discreto éxito, dirección de orquesta, composición de ballets, óperas y todo lo que se le ponga a tiro. En 2006 alcanzó el poder omnímodo al erigirse en presidente de La Sexta, en otras palabras, que el Gran Wyoming, Buenafuente, Patricia Conde y el Calvo de la Fórmula 1 (entre otras figuras) han de rendirle pleitesía.


Justo cuando empezábamos a olvidarnos de él, de sus lamentables actuaciones cinematográficas (que la piedad o el pudor me han dictado obviar aquí), justo cuando ya pensábamos en él como un inconcreto hombre en la sombra, va Milikito y se nos descuelga como director de cine. Y no cualquiera, oiga, sino con Pájaros de papel (2009), una ambiciosísima producción sobre cómicos de la posguerra que en el trailer me ha parecido un cruce entre El viaje a ninguna parte (1986) y El viaje a ninguna parte (1986). Además, en su elenco figuran dos de mis actores más execrados: Carmen Machi y Lluis Homar.

A falta de ver la peli, me despacho aquí a gusto injuriándola, no sea que luego resulte que es buena y todo, y me tenga que privar que hablar mal de ella. Aunque no creo que vaya a verla, sinceramente, prefiero quedarme en casa viendo La Sexta y escuchando mis vinilos de Los Payasos de la Tele. ¿Cómo están ustedeeeees!!!

domingo, 13 de diciembre de 2009

Estatuas Verdes encumbra a Pereza


“Estoy en el coche con Luis Ramiro. Él no sabe que voy cargado de chupa chups.” Podría ser el comienzo de una novela pero fue el sugerente mensaje que recibí el pasado viernes a las 9 de la noche, cuyo poder evocador me recordó al principio de Miedo y asco en Las Vegas (1971) de Hunter S. Thompson. (“Estábamos en algún lugar de Barstow, muy cerca del desierto, cuando empezaron a hacer efecto las drogas.”) El mensaje lo enviaba Migue, buen poeta, sobre un cantautor, poeta a su manera también. Yo no sabía que cuatro horas más tarde yo también iría en el mismo coche con los dos, y que en la radio estaría sonando Pereza.

Esta pandilla de amigos son hiperfans de Pereza, siempre que viajo con ellos ponen el disco. Aunque parezca increíble llevo meses barruntando el post de hoy, esperaba facturarlo hará unas semanas, tras verlos en directo, pero una desafortunada cadena de incidentes hizo que no pudiera ir al concierto. Mis amigos sí que fueron, y tengo entendido que estuvieron tan cerca de ellos como para comerles las bocas. El viernes por la noche dentro de aquel coche de madrugada hubo duras palabras dedicadas al grupo canalla de la Alameda de Osuna, mezcladas con elogios. ¿Qué está pasando con Pereza?


Es un hecho universalmente aceptado que todo lo que dice el telediario de Antena 3 es la pura verdad (¿cuántas veces será necesario que veamos a las estatuas vivientes de las Ramblas o la Plaza Mayor?). Hoy han dicho que Pereza son “el grupo del momento”, a cuenta de una actuación suya gratuita por sorpresa en la sala Moby Dick. El timing me ha hecho gracia, ya que precisamente el pasado viernes (seis horas antes de montarme en el coche donde se tarareaban sus temas) me había comprado Aviones (2009), su último disco, que hoy he puesto como Disco de la semana.

Esta tarde acudo a una de esas quedadas de café y guitarras y la anfitriona y guitarrista ha buscado mi complicidad para cantar por Pereza, nuestro común placer culpable. Si hace un tiempo se comentaba aquí la idoneidad o no de que nos guste Sting, ¿qué diremos de este dúo de melenudos? Pereza deben estar pasando por un buen momento (“Ahora que todo va tan bien, que hay dinero y agotamos el papel, que somos portada y de repente estamos buenos y el jefe nos invita a comer.”), pero cada paso que dan hacia el éxito los aleja un poco más de cualquier pretensión de credibilidad indie o de integridad rockera que albergaran.


No voy a discutir esto, sería demasiado largo, solo os digo que me creáis, que Pereza son cada vez más Hombres G y menos Rolling Stones, pero la Buena Nueva que os trae Estatuas Verdes es que eso no debe para nada significar un problema. ¿Que tienen éxito? Genial. ¿Que venden discos? Olé sus santos huevos. ¿Que cultivan una pseudoimagen de chicos malos? Más mamarracha va Alaska y nadie se mete con ella. Y lo que quiero decir con esto es que me gustan Pereza, independientemente de su credo o de su ética, porque ni ellos mismos se toman en realidad demasiado en serio: ese es el rock and roll a mi juicio, divertirse y ganar dinero, no suicidarse y sufrir.

Un ejemplo: Pereza son responsables de una de las frases más desvergonzadas de todo el pop español, a la altura de las peores rimas de Mecano u Hombres G. Está en la canción “Beatles” y dice: “En Barna todos tienen vespa” (escuchad el tema y os impactará más.) Cualquier otro artista sería merecedor del paredón, pero Pereza salen triunfantes por lo mismo que cuando dicen “Lo más rock and roll de por aquí” (“Lady Madrid”) porque están jugando a ser chicos malos y lo saben, y nos lo quieren hacer saber. Por eso no resultan ridículos, porque su máscara nunca llega a convertirse en una piel.


Luego podrán acompañar al Sabina y ponerse la guitarra en bandolera, compartir teclista con Quique González o hacer un dueto con Ariel Rot. A lo mejor mañana graban un tema con Miguel Bosé, si es que les apetece. Para callarnos la boca quedarán sus grabaciones, verdaderos esfuerzos por dignificar la mejor tradición del pop rock comercial español (Ronaldos, La Frontera, Rebeldes…), incorporando elementos de folk rock, guitarras estonianas, rock sureño o pop sesentero. Al que no me crea le invito a escuchar sus dos últimos álbumes, Aproximaciones (2007) y Aviones, y al que no le gusten que no mire.

El viernes pasado en el coche de mi amiga alguien vertió críticas acerca de las letras del grupo, dudas sobre de su autenticidad. Pero aunque enfáticas, quedaron soterradas por otras cuatro voces que cantábamos con gusto –también con un punto de guasa- los temas de Pereza, que para eso tenemos el disco.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Cuéntame otra vez qué Beatle era el bueno...


Cambiando de tema, hoy vamos a hablar de los Beatles. Lo fácil hubiera sido hacerlo hace tres días, habida cuenta de que hizo años (29) de que asesinaron a John Lennon. ¿Lo mataron el 8 o el 9 de diciembre, Porerror? Ja, ja, ¡buena pregunta, señora! Esa duda marcó mi preadolescencia. Lo que pasó fue que murió el 8 en USA, y aquí ya era día 9.


La siguiente y perentoria pregunta es esta: ¿qué Beatle era el bueno? (El mejor, se entiende). ¿Importa? No tanto, admito con rubor. Pero si estáis leyendo Estatuas Verdes es que os sobra el tiempo, y qué mejor manera de perderl..., de emplearlo que dirimiendo esta cuestión. ¿Qué Beatle era el bueno? Ringo no, en eso estamos de acuerdo. Pese a que objetivamente se demuestra que era el que más éxito tenía con las chavalas (en las pelis siempre le llegan a él más cartas de fans, y las pelis de los Beatles eran fidedignas, ¿no?).

Pese a que Marge Simpson pintara su retrato, o que fuera el favorito de Summer la de 500 días juntos (2009), es un hecho universalmente aceptado que Ringo Starr no fue el mejor Beatle. Y además le gustaba el country. Y protagonizó The Magic Christian (1969).


¿Fue George? Mmmm... existe una fuerte tentación de adjudicar a George, el Beatle tímido, la etiqueta de "tapado" del grupo, o de talento en la sombra. ¿En la sombra de qué? En la sombra del talentazo del tándem Lennon-McCartney, lo que automáticamente justificaría cualquier mediocridad por su parte. Digámoslo alto y claro: George está de moda. Se hacen discos tributo con sus canciones, se reedita su obra, se le versiona... yo mismo he sido visto llevando chapas de Harrison en noches de Pop y luna llena. ¿George, eh? Es innegable su aportación al grupo, su introducción de la filosofía y sensibilidad orientales que tan de moda estuvieron hace 40 años.

Sus piezas Beatle son exquisitas... a excepción de las que son un rollazo (que cada uno piense en una canción aburrida de George). Tal vez, y haciendo un ejercicio de frivolidad, podamos estirar la realidad como un chicle y aseverar que toda la obra de George, incluso la post-Beatle, queda salvada por el hecho de que tocaba el sitar en "Norwegian Wood". Y además era el Beatle al que mejor le sentaba la barba.


¿Paul acaso? Durante años no tuve ninguna duda, Paul era el Beatle ganador. Vale, no sería tan cool como John Lennon, no se empelotaría, no se casó en Gibraltar, no era pacifista... pero sus melodías son imbatibles, y es bien sabido que la música de Paul ha sido la mayor influencia individual sobre el género del power pop (seguida de cerca por la de Pete Townsend). Paul en los Beatles le dio un baño a John, ahí no transijo. Aunque ahora que no nos oye nadie admitiré que sus letras palidecen frente a las del gafotas. Paul en solitario ya es otra galaxia. Empezó de forma impecable y luego nos ha dejado un par de docenas de temas imperecederos pero no ha sabido conjugar su problemática faceta de apóstol del buen rollo con la de multimillonario.


¿John? Se empelotaba, hacía discos a base de peos y eructos, era pacifista, se casó en Gibraltar... ¿y qué? Si no fue a la cárcel en su momento por perpetrar "Revolution #9", no somos nosotros quiénes para juzgarlo. Su vida entre 1965 y 1980 me parece un catálogo continuo de payasadas, su muerte inflamó el mito pero por supuesto de esto último no tuvo la culpa el chaval. Y no transijo: en los Beatles, John le dio a Paul un buen baño (lo dejaremos en empate, then). ¿Y en solitario? Las canciones de John fueron menos bonicas que las de Paul McCartney pero hacían más daño, y por tanto para John es el trofeo de ganador.

A medida que va pasando el tiempo constato que la obra de John (en solitario) va resistiendo cada vez mejor el escrutinio, mientras que la de Paul se va desmoronando como un pastelón de azúcar. Huelga decir, en todo caso, que si los Beatles fueron lo que fueron es porque la suma de los cuatro daba algo mejor que 1+1+1+1. Conclusión: por más que me duela el admitirlo (me cae mejor McCartney), John era el Beatle bueno. A mí me ha costado 32 años darme cuenta, dejad de gritarme.

martes, 8 de diciembre de 2009

De jardines ajenos


En cierta ocasión, una persona muy especial me prestó un libro del buen Adolfo Bioy Casares titulado De jardines ajenos (1997). La obra –que en su momento no me impresionó demasiado, hay que decirlo- es una colección miscelánea de citas recogidas por el autor a lo largo de su vida, que por algún motivo le habían llamado la atención. La idea no es nada mala, pero sigo pensando que lo mejor que tiene ese libro es su título. Siempre un paso por detrás de los Grandes, llevaba tiempo pensando en componer un post que consistiera exclusivamente en citas de otros, a la manera de los epígrafes que suelo incluir.


Anoche, corto de cambio, intenté pagarle a un taxista de Miciudad con una moneda de 2 libras, lo que el buen hombre no apreció en absoluto. En el canto de dichas monedas puede leerse una cita de Newton que a su vez el grupo Oasis utilizaron para titular su cuarto disco. Esta coincidencia cósmica (además de otras que el pudor o la impaciencia me impiden referir aquí) fue lo que me decidió a daros este post hoy. Y cómo no, comienzo con la cita científico-monetario-britpopera:


“Si soy capaz de ver más allá que nadie, es sólo porque estoy de pie sobre los hombros de gigantes.” (Sir Isaac Newton)

“Tener el valor, sabiendo previamente que vas a ser derrotado, y salir a pelear: eso es la literatura.” (Roberto Bolaño)

“La sabiduría llega cuando no nos sirve para nada, no se puede evitar.” (Fito Páez)

“Era negado para el romanticismo, el flirteo civilizado. Era un seductor de casa de socorro.” (David Trueba)

“La vida es sólo lo que se hace.” (Pablo Neruda)

“Bienaventurados los que catan el fracaso porque reconocerán a sus amigos.” (J.M. Serrat)

“Justo cuando estaba empezando a sentirme bien, tú al teléfono.” (Chris Bell)

“Cría fama y échate a reír.” (Escuchado en un bar de La Palma del Condado, Huelva)

“La muerte y los gin-tonics nos igualan a todos.” (Kike)

“-¿Qué es lo que más os aterra de la pureza?
-La prisa –respondió Guillermo.”
(Umberto Eco)

“Quien no sabe lo que busca tal vez no sepa que lo ha encontrado.” (Luis Manuel Ruiz)

“Después soñé que soñaba.” (Antonio Machado)

“En un mundo podrío y sin ética a las personas sensibles sólo nos queda la estética.” (Ivà)

“¡Inyéctale veneno para que muera con dolor!” (Una amiga aconsejando a otra en un bar de copas)

“Tu corazón, cerrado por reformas, vagando va en la música sin querer contestarme.” (Luis García Montero)

“Las noticias de ayer son el papel para envolver pescado de mañana.” (Elvis Costello)

“Una clara conciencia de lo que ha perdido, es lo que le consuela.” (Jaime Gil de Biedma)

“Era el amanecer, las blindadas vanguardias del Tercer Reich entraban en Praga.” (J.L. Borges)

“Antes muerta que del Betis.” (Escuchado en un bar de tapas de Sevilla)

“Tu sexo es carne de aceituna de un olivo en la carretera.” (Quique González)

“Yo no soy una de esas ilustres amigas tuyas que la comen tan bien.” (Tulsa)

“Río esta vez sin argumento, sin atención apenas.” (Miguel Ángel Barea)

“El frío de la vida le helaba el corazón.” (Boris Vian)

“A veces me pregunto si de dónde, si de padre o de madre o cordillera, heredé los deberes minerales.” (Pablo Neruda)

viernes, 4 de diciembre de 2009

Jon Cryer es mi nuevo dios


Querido Jon:

Ayer acabé de ver La chica de rosa (1986), del admirado John Hughes. Últimamente estoy haciendo como en Las 1.001 noches, veo media peli, me acuesto y al día siguiente termino de ver esa y empiezo otra, que dejo a medias. No recordaba lo buena que era La chica de rosa (no la veía desde que nuestra profe de inglés nos la puso en 1º de BUP), decididamente se eleva de la media de toda la producción “teen” o institutera. Los problemas que aborda, el calado social y la angustia de los personajes no son los típicos de una comediota estándar de buen rollazo. No me extraña que esta peli se considere hoy día “culturamente significativa” (All Music Guide dixit).

Y qué decir de la banda sonora, a mitad de camino entre la new wave y el college rock ochentero, es una delicia. Además, me reconcilia con grupos tecnoides como OMD o New Order (el tecno-pop era bueno, ¿eh?). Pero tú y yo sabemos cuál es la canción de la película, se trata de “Try a Little Tenderness” de Otis Redding, de la que tú haces un cómico playback para llamar la atención de las chicas en esa imposible tienda de discos. Ay, buen Jon! (¿O debería decir Duck Man, que es el apodo de tu personaje?). Te pasas toda La chica de rosa ligando menos que las gatas del Vaticano, sufriendo en silencio las almorranas de tu amor por Molly Ringwald.


Eres el amigo fiel, el paño de lágrimas, el pagafantas que ella no se merecía. En su hora más decisiva haces el sacrificio supremo y la animas a que se vaya con otro, todo por verla feliz. Tú no eres como esos pijeras guaperas rubiales conquistadores que revolotean por el elitista instituto al que tu amiga y tú acudís becados porque provenís de un barrio pobre. Ellos visten con chaquetas de lino en tonos pastel, tú con estrafalarias chaquetas pseudomilitares, zapatos de cowboy y un tupé trasnochado. Pero tú y no ellos, amigo, eres el hombre admirable de la película (sobre todo en lo ético, ya que no en lo estético).

Menos mal que en el cine existe justicia poética y al final te acaba entrando una rubiaza que no te esperabas. Tú y yo sabemos que en la vida real estas cosas no ocurren, pero estamos en una peli de John Hughes, donde la gente soluciona las crisis escuchando a los Smiths, y sabemos también que la peli en última instancia es tuya, buen Duck Man.


Contemplando tu exigua carrera observo, Jon, tu otro papel secundario más sobresaliente: aquel de Bisojo en Hot Shots (1991), el piloto de combate cegato y bonachón relegado a labores de control aéreo debido a su visión defectuosa. Ahí también eres el amigo fiel, el capaz de sacrificarse por los demás. Otro buenazo. Pero esto es Hot Shots y en lugar de Psychedelic Furs suenan The Platters, y ya estamos hablando de otra pelicula.

Estos días leo que te estás forrando con esa sitcom que echa La 2 titulada Dos hombres y medio (2003- ). Confieso que no la veo tan a menudo como debiera debido al papel de tu hermano en la pantalla, el que fue tu colega en Hot Shots Charlie Sheen. Me carga su papel de ligón sabelotodo en esta serie, para eso ya teníamos a Joey de Friends (1994-2003), que ligaba aún más pero con su tontuna nos alegraba la vida. El personaje de Charlie Sheen es un antihéroe, todo le acaba saliendo mal pero no mola tanto porque iba de listillo. Leo que esta serie está cosechando exitazos de audiencia y premios, y que tú te estás forrando, Jon, bribón: te lo tenías merecido.


Es por eso que desde la admiración a tu trabajo hoy me he propuesto fundar una iglesia para poder seguirte como tú te mereces. La Primera Iglesia de Jon Cryer ha de ser una institución forzosamente irrisoria, donde valores como la amistad, el pagafantismo y la miopía ocupen un lugar destacado. Y la música de los Smiths. Aquí y ahora, yo me postulo humildemente como tu presbítero, Jon Cryer, como tu enviado en la Tierra, y me comprometo solemnemente a expandir por las cuatro partes del mundo tu Buena Noticia de humor patoso y bienintencionado.

Sabido es que hay ya trillones de iglesias de temáticas bien bizarras, como las de Elvis Presley, Star Wars o Maradona (pensándolo bien, he ido a coger tres ejemplos de causas nobilísimas y dignísimas de adoración). ¿Por qué no una Iglesia de Jon Cryer? Así sea.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Lo memorable en Scorsese


Leímos ayer que la película El cabo del miedo (1991) cosechó el lunes noche en La Sexta un desastroso resultado de audiencia: menos de un 5%. El dato me sorprende sobre todo porque parece que la peña siempre casca de la mierda que echan por la tele y para una vez que se emite un peliculón, no lo ve nadie. Quizás la solución al enigma sea que esta famosa peli de Scorsese ya la ha visto todo el mundo (claramente es una broma, ved si no lo que pasa cada vez que echan Pretty Woman o Lo que el viento se llevó).

Para bien o para mal, El cabo del miedo ha quedado en nuestro imaginario colectivo por parodias como las de Cruz y Raya o Los Simpson. Aquellas cosas de “Abogadoooo…” y el actor secundario Bob haciendo tríceps dentro de su celda. Echo la vista atrás y hay muchas cosas que recuerdo de las películas de Martin Scorsese, muchas escenas y personajes memorables. Repasando el catálogo me viene a la mente el De Niro tontaco de Malas calles (1973), también de Malas calles la escena de una pelea de bar al son de “Be My Baby” de las Ronettes.


Por no hablar de Taxi Driver (1976), De Niro comprando discos de Kris Kristofferson, posando con su pistola ante el espejo o en el cine guarro con Cybill Shepherd. Pienso en La última tentación de Cristo (1988) y es Jesús con la churra al aire recibiendo una paliza por orden de David Bowie o yaciendo con la Magdalena. Infiltrados (2006): un pavo al que le parten un cuadro en la cabeza mientras suena una de Badfinger. Bandas de Nueva York (2002): la canción de U2 y Daniel Day-Lewis repartiendo jarilla.

Veo Casino (1995) y veo un coche explotando y a los Rolling sonando. Y Sharon Stone. Uno de los nuestros (1990) es Joe Pesci poniéndole los huevos de corbata a Ray Liotta o matando a gente porque le replican. Toro salvaje (1980) es De Niro –otra vez- hablando delante de un espejo –otra vez- o volcándole una mesa a su mujer porque el filete no está a su gusto. De El cabo del miedo ya lo hemos dicho: el asesino fuera de sí (“Abogadoooo….”), su mirada roja deudora de la de Norman Bates. Sobre El último vals (1978) directamente no os digo nada: me viene a la memoria entera, de principio a fin.


La conclusión que saco es que todo lo que me resulta memorable del cine de Scorsese tiene que ver con violencia, sexo o música. También con personajes marginales: tarados, fuera de la ley o ambas cosas (otra vez violencia, en cualquier caso). Y música, mucha música. La conclusión que saco es que lo que me resulta memorable del cine de Scorsese es lo que me interesa o me sorprende.

Como antídoto a mi actual crisis de conciencia mi buena madre me propone ver La edad de la inocencia (1993), con las otrora sex symbols Winona Ryder y Michelle Pfeiffer y el otrora duro Daniel Day-Lewis. Es una película muy del gusto de mi madre (gran aficionada a las adaptaciones literarias de época: Jane Austen, las Brönte, E.M. Forster), absolutamente memorable para ella. Yo la veo y la encuentro correctísima, bien rodada, es la trasposición admirablemente recreada de una novela naturalista del mismo título de Edith Warton.


La peli, como digo, es más que correcta, pero se me antoja que lo mismo la podía haber rodado Martin Scorsese que James Ivory o Alan Smithee. Nada en ella me habla de las señas de identidad de Scorsese, nada se me pega a la memoria, mientras que ya habéis visto: otras veces las escenas y personajes del director italoamericano se han quedado adheridos a mi conciencia cual chicle fresco pisado. A mi madre en cambio le brillan los ojos con solo hablar de La edad de la inocencia: todo le resulta memorable, las vajillas, los trajes, el mobiliario, incluso determinados situaciones y usos sociales. A mí, de todo eso, la verdad es que nada me sorprende o me interesa.

Pienso entonces en las tres o cuatro cosas que hacen que el cine de Scorsese me agarre por los huevos, a) violencia, es inexistente en la peli, como no sea una muy sutil de índole psicológico, b) sexo, creo que la escena más caliente es cuando los protagonistas se cogen de la mano, c) música, ópera de Gounod y valses de Strauss, hardly my cup of tea, como dicen los ingleses. En cuanto a personajes marginales, ahí sí, bingo, pero la marginalidad de la Condesa Olenska es de risa comparada con las de Travis el taxi driver, Max Cady el presidiario filósofo o los mafiosos Tommy De Vito o el boxeador Jake LaMotta.

Recuerdo que J.L. Godard decía que para hacer una peli solo hacía falta tener una pistola y una chica. Ahora os digo yo que para que la peli sea de Scorsese hacen falta además, una bofetada y una buena canción de los Rolling Stones.

martes, 1 de diciembre de 2009

Me roban el abrigo


-“Hay más hijos de puta que botellines.”
(Dicho popular)




Ignorándolo casi todo acerca del Derecho y las leyes (lo único que conozco es el delito de Injurias a la Corona, que tan buenos ratos me hizo pasar durante la carrera, de cachondeo con mi amigo el leguleyo), siempre me creí la leyenda urbana de que en la turbulenta época de “El Oeste” americano (finales del siglo XIX) la posesión de un caballo resultaba tan vital para la supervivencia que el robo de tales animales estaba penado con la muerte.

Supongo que lo mismo sucederá en los países frioleros de la antigua URSS con el tema de las prendas de abrigo, allí donde la temperatura alcanza los -20 grados centígrados en menos que canta un cosaco. Sabido es que durante la Segunda Guerra Mundial hubo más bajas alemanas a causa del frío y enfermedades relacionadas que por la pólvora soviética (otra leyenda urbana que no me pienso parar a comprobar). Desde aquí mi humilde propuesta: traslademos esta pena a los que roban abrigos en Miciudad en noches como la del sábado pasado.


Interior, noche, un joven con barba en unos grandes almacenes.
-“Buenas, vaya poniéndome el abrigo más gordo que tengan!”
-“Caballero, este abrigo es para gente que vive en la Antártida, por lo menos.”
-“Justo ahí es donde yo vivo: vaya envolviéndomelo.”

Nos os cuento cuánto me costó el abriguito para que no os riáis de mí, pero digamos que era de marca, constaba de abrigo externo más forro polar y que se han dado casos de gente que rompió a sudar con sólo verme con él puesto.

El pasado sábado me apresté a salir con mis “amigos de verdad”, aficionados a las tapas y (modernamente) al rap. Yo, que en mi juventud estuve bastante al día de la escena hip hop, recibí con una mezcla de sorpresa y alegría su propuesta de acudir a un lejano polígono industrial a presenciar un concierto de tan afamado y urbano estilo. Concierto de rap en un mugriento polígono: me disfracé de B-boy con un par de camisetas, deportivas, vaqueros y una sudadera de capucha. Dudé si llevarme el abrigo: ¿me lo irían a robar alguno de esos rufianes aficionados al hip hop? Reflexioné que –al menos durante aquella velada- yo era uno más de ellos, y que a unas malas podía costearme el euro que cuesta el guardarropa.


El concierto fue memorable: notables de la escena local más un par de colabos de nombres a nivel nacional, mucho flow, mucho galleo, más de una frase irrisoria y todo el mundo con sudadera de capucha y gorra de béisbol (Cachis! Se me olvidó ese complemento, y tengo media docena…). Ninguno de los jovenzuelos allí presentes, con sus cervezas, sus drogas ilegales, sus movimientos absurdos de cabeza y de manos y sus sospechosos piercings causó ningún problema ni dio el mínimo atisbo de violencia. Al final del evento recogí del guardarropa mi abrigo intacto, como un campeón.

Como señores, cogemos un taxi hasta el “barrio cool” de Miciudad, vamos a un local de fama lésbica en el que lo único que se ven son pósters de Bowie y de Los Ramones. Pinchaba un DJ moña –celebridad local-, que nos deleitó con Pulp, Guns n’ Roses, R.E.M., Nirvana, The Clash, Rolling Stones, Radio Futura… todo a pedir de boca. El baile, la conversación y los gin tonics fluían a un ritmo adecuado. ¿Mi abrigo? Convenientemente apoyado en una mesa contigua, junto al de otras personas, siempre a la vista.

Juro que cada dos minutos le echaba un vistazo, Señoría! Termina la noche, nos cierran el bar, el DJ nos deleita con la última moñada y nos disponemos a marcharnos del local cuando -¡oh disgusto!- me encuentro con que algún desalmado, algún hijo de puta con piel de moderno-hippy de los que abarrotaban el bar me ha robado mi magnífico y querido abrigo. ¿Cómo así? El misterio: me había dado el cambiazo por una puta mierda de abrigo de titiritaña del mismo color y parecidas hechuras (sobre todo a dos metros de distancia, mal iluminado y con varias copas encima).


¡Canta, oh musa, la cólera de Porerror al descubrir que le han picado su abrigo, su segunda piel, el orgullo de Cosica, su Tesoro! Amigo hijo de puta infraser despreciable ladrón de abrigos ajenos, soy contrario a la pena de muerte pero sinceramente deseo que a partir de ahora te pasen cosas muy malas. Con gusto me tatuaría una cruz a la espalda, me pondría a hacer flexiones y dominadas, me peinaría con gomina y me metería en los bajos de tu coche para hacer de tu vida un infierno sobre este mundo. Aunque solo fuera para hacerte pagar por el frío que me hiciste pasar el domingo a las cinco de la mañana.

Ojalá se te seque la sangre y se te vuelvan los miembros de barro, ojalá que mi abrigo (cual el traje negro de Spiderman) se apodere de ti y te haga la vida imposible. Ojalá que al contacto con mi abrigo, tu piel se chamusque, se te caiga a tiras y Grefusa la comercialice como un nuevo snack de cortezas de cerdo en los bares de los institutos. Ojalá no vuelvas a tener una noche tranquila de sueño en toda tu puta vida, y se te aparezca Freddie Kruger y te obligue a cruzar el Polo Sur en bolas y tirando de un trineo. Ojalá te pase todo eso y más, centuplicado, sabandija inmunda, robaabrigos, rata desalmada, hijo, nieto, bisnieto y tataranieto de seres despreciables. Ojalá.
 
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