Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

martes, 15 de septiembre de 2009

El sueño de la digestión produce monstruos


-“Lo que distingue a la alta cultura de la cultura de masas es la forma de resolver o no el conflicto de los personajes y la trama”.
(Umberto Eco)

-“¿Somos humanos, o somos…?”
(The Killers)





Parafraseando al pintor español más premiado (Francisco de Goya), “el sueño de la digestión produce monstruos”. Esta tarde, sin ir más lejos, servidor de ustedes estaba echado en el sofá dormitando la siesta, digiriendo mis frugales puré y filetito de pollo, cuando ha sido arrancado de los brazos de Morfeo por una brutal charlotada del destino. Sí, amigos, soñando estaba con rascacielos y pasos de cebra cuando, entre el runrún de fondo, escucho a Kiko de Gran Hermano 3 (egregio tertuliano de Sálvame, el programa de Telecinco que andaba puesto) exclamar lo siguiente:

“Jane Austen fue una destacada novelista británica, que vivió durante el período de la regencia, es decir entre la época georgiana y la victoriana”.

La palabra “papagayo” se coló en mis sueños, probablemente en aquel instante estuviese soñando que estaba cruzando descalzo el paso de cebra de Abbey Road. La frase pronunciada por Kiko GH3 (tomada literalmente de la socorrida Wikipedia) no debería causar más extrañeza que si hubiera dicho “El agua hierve a 100 grados”, pero como tantas otras veces, el contexto es lo importante. Así y todo, cuasi impertérrito, mi obtusa mente alejó el pensamiento de que en el programa Sálvame se estuviese debatiendo sobre literatura inglesa, y me di la vuelta en el sofá. “Menos mal que no he almorzado potaje de garbanzos, como ayer” –debí pensar.


En estas estaba cuando mi oído y mi cerebro registran a Jorge Javier Vázquez decir las palabras “Jaime Gil de Biedma” y acto seguido “Pandémica y celeste”. Entonces me incorporé como si tuviera un resorte en el culo. No daba crédito. ¿Una digestión demasiado pesada? ¿Me estaba jugando mi cerebro una mala pasada, mezclando con la morralla televisiva la imagen de la antología Cátedra de Gil de Biedma que ayer mismo recordaba haber visto en la estantería del salón de Cosica?

“Sé que no lo soñé” –cantaba hace unos veinte años el perjudicado Joaquín Sabina a propósito de sus amoríos playeros. Apenas me terminaba de despertar cuando veo y escucho a Kiko GH3, acompañado de una dudosa iluminación, destrozar el susodicho poema del maravilloso vate catalán:

¿Por qué no es la impaciencia del buscador de orgasmos?/
quien me tira del cuerpo hacia otros cuerpos/
a ser
posiblemente jóvenes...” [sic]



Su dicción de infante de Primaria motivó que hasta al mismísimo JJV le saliera su vena (uy, perdón!) de seño regañona: ¡No, no, y no, Kiko! Lee bien: es “Porque”, no “por qué”. Cuando en un programa del corazón ocurre una escena como la que acabo de describir –atroz transacción poética entre un presentador maledicente y un ex concursante de Gran Hermano ventajista- no me cabe la menor duda de que la sociedad que genera y da cobijo a estos engendros está muy, pero que muy enferma.

Recuperando el hilo de Sálvame, me entero de que el buen JJV ha sacado a colación “Pandémica y celeste” para apoyar un argumento suyo acerca de los amores (y las encamadas) fugaces. En otras palabras, que follar mucho y promiscuamente también es buscar el amor verdadero. Lo dice Gil de Biedma, un poeta, y ellos entienden sobre el amor, ¿no? Decía el grupo Astrud (ahora de nuevo en el candelabro indie) que resultaba pupita “escuchar a Gil de Biedma/ leído por Carod-Rovira”. Pues bien, Manolo y Genís, ¿qué sentiremos al escucharlo leído por el impresentable Kiko GH3 en el programa de Jorge Javier? Al lado de esto, cualquier referencia de Gil de Biedma a prostíbulos o noches locas de farra suena a internado de ursulinas.


No estoy en contra de que en la tele se hable de poesía, ni me considero un esnob elitista de la cultura. Lo de que sí estoy en contra es de que a un mono le den una máquina de escribir y se ponga a teclear al azar, no sea que en una de estas vaya y escriba El Quijote, o una novela de Jane Austen.

-Volver (2000) es una antología del poeta catalán del grupo de los 50 Jaime Gil de Biedma, editada por Cátedra-Letras Hispánicas.

-Sálvame Diario es un espacio televisivo conducido por el licenciado en Filología Hispánica catalán Jorge Javier Vázquez, que Telecinco emite de lunes a viernes entre 15:45 y 19:00.

De vosotros depende, amigos. Yo, como veis, de momento le ando poniendo una vela a Dios y otra al Diablo.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Habitación de hotel de Edward Hopper


(Dedicado a mi madre, que me estará escuchando)





El cuadro se llama Hotel Room o Habitación de hotel, lo pintó el norteamericano Edward Hopper en 1931. Seguro que lo habéis visto, está en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. El cuadro se llama Hotel Room y ahora preside el salón de mi casa en Cosica.

Antes estaba en el dormitorio de una casa de la que he tenido que salir corriendo, sin mirar atrás, no como esa niña de ese otro cuadro norteamericano que huye de su casa y en el último momento se vuelve. La escena del cuadro de Hopper os la describo para acompañar mi razonamiento, no porque no la podáis ver: se trata de una mujer sola (¿abatida?), sentada en la fría cama de un hotel anónimo. De fondo un equipaje femenino de entreguerras (tacones, sombrerito); ella está en paños menores, leyendo o ensimismada pensando en algo que acaba de leer. O releer.

Podría ser una modelo de Julio Romero de Torres durante un descanso, solo que esta mujer está más triste, parece, y además es rubita o pelirroja. El cuadro –ya se sabe- denota una tremenda sensación de soledad o de tristeza. ¿Qué pone en el papel maldito? A veces juego a fantasear que lo averiguo, puede ser una carta con una mala noticia, puede ser la factura de unos gastos que ella no puede afrontar. Tal vez sea la carta en la que su amante, novio o marido le comunica que la abandona, tal vez sea la carta en la que le comunican que su marido se acaba de suicidar.


Por el crash del 29, se entiende. Quizás sea solo un telegrama con malas noticias cotidianas, pero me inclino a pensar que es algo gordo: su propia carta de despido (otra vez, la Crisis) o el certificado de defunción de su hija más querida. Y pese a todo, ella está plácida, ajena al torbellino que a buen seguro se desarrolla de puertas para afuera en la ciudad, ese otro planeta.

Anoche mismo tuve una discusión con una feminista rampante, quien sin lugar a dudas me criticaría por insinuar (o afirmar abiertamente) la fragilidad o desvalimiento de la mujer del cuadro. ¿Es que acaso una mujer sola no puede ser un síntoma de fuerza, de libertad, de poder? Lo siento, amiga feminista: en este cuadro no. Ya he apuntado la posibilidad de que sea una mujer trabajadora, lo cual no es poco en la convulsa época en la que Hopper lo pintó. La mujer de la Habitación de hotel es una persona incompleta, le pese a quien le pese: y sospecho que en este caso a ella le está pesando más que a nadie.


Hoy el cuadro Hotel Room de Hopper preside el salón de mi casa en Cosica, por una carambola, por pura casualidad (ya he explicado que es un rebote). Salvo que servidor que esto escribe cada día que pasa cree menos en las casualidades, y ahora mismo, en esta negra y absurda y lluviosa y mierdosa noche cosiquesa cree ver en la estampa enmarcada un profundo simbolismo. Este es un cuadro muy poderoso: ¿quién no se ha sentido identificado, en algún momento de su vida, con ella, con la mujer de la pintura? ¿Quién no se ha visto solo, en la noche negra, justo en medio de una estruendosa pelea de perros?

¿Quién no ha sabido que al llegar a “casa” solo le espera a uno una Habitación de hotel?

viernes, 11 de septiembre de 2009

"El caos reina"


“El zorro pareció muy intrigado:
-¿En otro planeta?
-Sí.”

(Antoine de Saint-Exupéry, El Principito)





Como si de la última (y aburrida) película de Judd Apatow se tratara, [Hazme reír, 2009], le he concedido al buen Fran G. Matute diez días de ventaja por si quería hablar de este tema. Pero como no lo ha hecho, me veo en la obligación moral de intervenir: el mundo tiene derecho a conocer. Pasemos el mal trago cuanto antes: en la última (y aburrida) película de Lars Von Trier aparece un zorro parlante.

¿Puede alguien que haya visto la peli explicarme la función o significado de esa escena? No, no puede. Era una preguntilla medio retórica, pero yo la contesto. Y desde luego que no era una súplica: no soy tan ingenuo. El zorro parlante ha sido uno de los mayores atractivos de esta peli, no se habla de otra cosa. Hace un par de días, el blog de Fran Nixon se hacía eco de una entrevista al nota-que-dobló-al-zorro-que-habla-en-la-película-de-Lars-Von-Trier. ¿Zorromanía?


No sé si recordáis aquel sketch de Muchachada Nui, el testimonio del cineasta danés Lars Von Trier. Amén de muchas mamarrachadas y espantajerías, había una escena clave que se me quedó grabada en la retina y que no puedo por menos que traer ahora a colación: el tipo se subía a una grúa, se sacaba la churra y gritaba a los cuatro vientos: “¡Lars Von Trier se mea en el mundo!” Pues bien, amigos, con esta su última peli, Anticristo (2009), se ha hecho realidad el delirio paródico de Joaquín Reyes.

Al parecer, en la versión original (que tuve la desgracia de ver), quien pone la voz al cánido es el propio Von Trier. Gracias por tan alto honor, señorito….!!! Pocas veces he sentido que un creador me estaba tomando el pelo con tanta certeza como en la escena del zorro parlante, y os lo dice alguien que es amante del arte contemporáneo (prometo post al respecto).


“Receloso” sería un eufemismo para describir mi estado de ánimo ante esta polémica peli de Anticristo cuando se estrenó. Recuerdo los carteles de promoción en el metro londinense: eran completamente negros, como sugiriendo que el contenido de la cinta es tan brutal y escandaloso que no se podía mostrar. Fantochada como poco! De acuerdo que el jigo de Charlotte Gainsbourg no es especialmente estético, pero vamos, que la peli la podían haber promocionado con la foto de una cabaña, o una bellota, y no hubiese pasado absolutamente nada.

Por eso cuando un amigo me convenció para verla, necesitó tirar de sus más persuasivas armas para convencerme. “Sale gente follando y animales hablando” –me dijo a modo de golosina. Y son verdad las dos cosas, amigos. Pese a todo, y a que mi amigo no me engañó, tal vez la gente follando y el zorro hablando sean dos de las cosas que precisamente más le sobran a esta bendita película (y muchas otras cosillas que no revelo para no destripárosla: yo la dejaría en 11 minutos, y dura hora y tres cuartos, con que, figuraos).


¿Y qué dice el buen zorrito, Porerror? Ah, señora, son palabras de tal calibre y tanta importancia que no me atrevo a repetirlas. Baste decir que están en consonancia con el despropósito general que es la película. ¿Dónde están los defensores de los zorros cuando se les necesita? ¿Por qué no se ha querellado el zorro que hacía de Robin Hood en la peli Disney de 1973? ¿Por qué no han puesto el grito en el cielo los laboristas ingleses, los mismos que prohibieron la tradicional caza del zorro? ¿Dónde el zorro de El Principito, ubi Catherine Zeta-Jones (la novia de El Zorro)? ¿Qué opina de este injurión Megan Fox?

Cuando despertó, el zorro todavía estaba allí. Y hablaba.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Lecturas veraniegas (III): Benegas


Sabéis que hay varios tipos de novelas policíacas (o “policiales”, como decía el buen Borges), y yo nunca he sido particularmente fan de ninguno de ellos. Hay novelas detectivescas, más o menos de salón en plan Agatha Christie, hay esas en que es imposible averiguar la solución porque el autor se guarda datos (en plan Sherlock Holmes: todas se resuelven gracias a un antiguo coronel en la India, cuya existencia desconocían los lectores). Luego están las llamadas novelas negras, en las que da igual en verdad quién sea el malo, ya que el placer se deriva de otras cosillas.

Hay otro tipo, llamadas “novelas de procedimiento policial”, en las que lo importante es ver cómo trabaja la bofia, onda interrogatorios, recogida de pruebas, órdenes de registro, forenses, autopsias… En palabras de uno de los maestros del subgénero, el sueco Henning Mankell, “[p]ara un observador ajeno, aquel trabajo probablemente sería aburrido y agotador” (Asesinos sin rostro, 1990). Hoy quiero hablaros de un libro muy gracioso que me acabo de leer, se llama Benegas (2009) y el autor es Francisco José Jurado.



A priori, se trata de una típica y tópica novela de procedimiento policial, de hecho, la frase publicitaria de la portada es espantosa: “El inspector Benegas, de la Brigada de Homicidios de Córdoba, tiene trabajo por delante. Las ratas han salido de las cloacas”. Sin embargo, el libro guarda un par de giros que lo hacen más que meritorio. Sin destriparlo no puedo contaros nada, claro, pero tendréis que confiar en mí.

Llamar “novela” a Benegas a lo mejor es una inexactitud, ya que el libro se encuentra dividido en varios capítulos o casos prácticamente independientes. Tampoco se trata de una colección de relatos al uso, ya que las secciones del libro acaban por –más o menos- encajar, si no como un puzzle al menos sí como una macedonia de frutas. Me quedo con novela, pues, dado que en esta postmodernidad, ya se sabe: todo vale. Y el libro exhibe varias de las características de la obra literaria postmoderna, sobre todo la metaficción.


El estilo del libro es ligero y fácil de leer, no se trata de una obra demasiado ambiciosa literariamente, pero desde luego que tampoco puede ser categorizada como un simple best-seller. En ocasiones, sin embargo, la narración denota un leve barroquismo, sobre todo cuando abunda en ambientes barriobajeros. En esos momentos, Francisco José Jurado me recordó a un Montero Glez que hubiese obtenido el título de la Secundaria.

Una capa extra de morbo-interés en mi caso es que el trabajo del detective Benegas (que da título al libro) y su equipo tenga como telón de fondo la ciudad de Córdoba. Los poderes fácticos de la ciudad aparecen bosquejados (sin ser esto una sátira ni un roman à clé), el potentado Rafael Gómez Sánchez “Sandokan” (aquí el “Pirata”), Cajasur (aquí Banco Meridional), el ayuntamiento comunista… Los casos versan sobre temas de bastante interés o actualidad: memoria histórica de la posguerra, corrupción en la universidad, el ruin mundillo de los premios literarios… y están narrados de manera ágil y competente, bien que un pelín predecible.


Según la contraportada del libro, “Benegas no es un sabueso al uso”, cuando a mí me ha parecido que eso es exactamente lo que es. Ya sabéis, poli veterano, con mala leche y una fina intuición, que lucha contra la burocracia, su mujer le acaba de dejar… y rodeado por un equipo más o menos de repertorio: la joven atractiva y eficiente, el tímido empollón, el friki, el poli pasota pero con instinto… de hecho, Benegas y su equipo me han divertido porque me han parecido una versión meridional a 40º a la sombra del Kurt Wallander de Mankell y su gélida comisaría sueca.

En definitiva, aunque este no es el tipo de lecturas que frecuento, recomiendo Benegas a todo el mundo, seguro que hará las delicias de los fans del género policiaco, y los demás, pues echamos un buen ratazo de lectura amena imaginando que por una vez, Córdoba es Los Ángeles.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Beatles Again


“-¿Cuál será mi porcentaje?
-El 90 para mí y el 10 para usted… el mismo que los Beatles!
-Y ellos son ricos, ¿no?”

(Búscate la vida)





En este justo instante en el que vosotros estáis leyendo esto, el mundo está conteniendo la respiración. ¿Motivo? Hoy día 9 del 9 del 09 los todopoderosos Beatles reeditan toda su discografía (una vez más) con no sé bien qué mejoras. Mejor dicho: a los todopoderosos Beatles les reeditan… “Vuelve el cuarteto de Liverpool” –reza el hiperbólico titular de la página de inicio de MSN. Hiperbólico porque, en la imagen que acompaña al titular sobre el “cuarteto”, yo solo veo a DOS Beatles. ¿Estamos ante una agrupación del Carnaval de Cádiz?

Chistes macabros aparte, ya sabéis quiénes son los Beatles, ¿no? Los que inventaron el pop. En este justo instante en el que yo estoy escribiendo esto, TVE1 está emitiendo un anuncio sobre las susodichas reediciones de los Beatles. ¿En qué consisten? La verdad es que no me he enterado bien. Si lo hubiera hecho, a lo mejor el post no me quedaba tan gracioso. Hoy me dice un amigo que le ha dicho a él otro –un audiófilo- que es un contradiós remasterizar lo que originariamente estaban pensados como discos de vinilo en mono: doctores tiene la Iglesia, y la Iglesia del Pop diríase que más que ninguna otra.


Según el crítico Stephen Thomas Erlewine, la reedición en mono sí que merece la pena, al parecer es lo mejor desde el chicle, y resulta que escuchándola uno disfruta a los Beatles como no lo ha hecho en más de 30 años. ¿De verdad? Digo, no quiero ser cateto, pero lo cierto es que dudo mucho que estas refitolerías (caso de que caigan en mis manos –aún no sé muy bien si voy a comprarlas) varien en algo sustancial mi percepción y disfrute de la música de los Beatles. Que suenen mejor no lo dudo, que la profundidad de la nueva mezcla mono de “Lady Madonna” sea la releche es algo que no puedo ni siquiera calibrar, pero…

¿Conseguirán estas absurdas reediciones que por fin nos guste escuchar “Revolution 9”? ¿Harán que no nos saltemos los temas de Ringo? ¿Va a resultar ahora que vamos a descubrir un Sgt. Pepper’s nuevo, diferente? ¿Nos va a salir a todos bigote al escuchar “Strawberry Fields”? Desconfió de estas lindezas. Cierto es que los fans de los Beatles –los auténticos fans, los casual listeners son el resto de la humanidad- son unos frikancos güenos: si no no se explica que vengan pagando lo que se pedía por las ediciones en CD del catálogo Beatle hasta ahora disponibles (las de 1987, las que usted y yo tenemos, señora).


Cierto es que el fan de verdad se da cuenta de que las palmadas de “She Loves You” suenan más altas en esta o aquella versión, pero no es menos cierto que los Beatles fueron, son y serán la mayor jodida máquina de hacer dinero que ha visto el Universo. En el primer párrafo me permití burlarme del afán crematístico de los, ejem, dos de Liverpool, no es el primer post que escribo sobre bizarros lanzamientos Beatle. Sin embargo, pensar que esto de exprimir la gallina de los huevos de oro es una tendencia nueva es pecar de ingenuo o de ignorante.

Los Beatles siempre han sido una auténtica caja registradora, y yo he sido el primero en ponerme a la cola para entregarles mis cuartos, ¿eh? Sea en CD, vinilo, cassette, o en forma de VHS, DVD, pegatinas, pins, chapas, postales, jarritas, muñequicos, museo Beatle en Liverpool, camisetas, posters…. Se les perdonaba todo porque su música es la más maravillosa que he escuchado nunca, y, al paso que voy, que nunca voy a escuchar.


Pero me da mucha pena cada vez que se hace evidente cuán sacaperras son los Beatles y los administradores de su legado. Es como que la magia se rompe, es como si uno estuviera con una chica y de pronto se acordara de que la ha pagado. Estas reediciones son para mí, amigos, como descubrir que el Mago de Oz es un insignificante hombrecillo con un megáfono. Que la música pop es una industria lo sabemos pero, joder, ¿era necesario hacerlo tan evidente? La respuesta está no en el viento, como decía el antaño idealista y hoy pesetero Dylan, sino en el videojuego The Beatles Rock Band, disponible desde hoy para PlayStation 3, Wii y Xbox 360

lunes, 7 de septiembre de 2009

GH11: Bizarría en grado extremo



-“Yo tengo unas braguitas Calvin Klein y son más monas que to las cosas”
(Saray, concursante de Gran Hermano 11)





Al principio de la novela de Umberto Eco El nombre de la rosa (1982), un anciano Adso de Melk apenas acertaba a recordar las espantosas cosas que les habían sido dadas a contemplar con sus viejos, cansados y pecadores ojos. El Siglo, ya se sabe, que es muy tentador. Esta noche vuelvo de entre una bruma mezcla de estupefacción y bochorno ajeno para escribiros un post. Soy vuestro enviado especial en el infierno: yo me adentro en el corazón de las Tinieblas para que vosotros no tengáis que hollarlo.

“El infierno son los otros”, dejó dicho el fantoche de Sartre. En este caso concreto, el Infierno es un programa de televisión: Gran Hermano 11. Servidor es fan de la telebasura, de hecho me considero un auténtico connoisseur, pero tal vez por ser tan purista ya con la edad se me está poniendo la boquita muy fina. Telebasura, sí, pero con clase. Los hermanos Matamoros dizque peleando cual pareja de novios sacada de una obra de los Quintero, tiene un pase. Jimmy Arnau yendo en silla de ruedas a hablar con Jorge Javier, canela pura. Pero lo que estoy viendo ahora en la presentación de esta nueva edición de Gran Hermano es tan atroz que no tiene nombre.


No tiene Teología ni Geometría, que diría el clásico, es un atentado, no ya al buen gusto, sino a toda nuestra percepción del mundo. ¿Se trata de otra señal del Apocalipsis? Un botón de muestra, extraído del vídeo-presentación de una concursante al azar. Rubia bajita y tetona, gallega cual vaca. Ella tiene mucho pecho (lo cual en sí no es ni malo ni bueno) y atención amigos porque lo quiere enseñar. “Saray. 27 años: binguera”. Trabajo en un bingo de El Ferrol, vendiendo cartones y cantando los números. Me apasionan el fútbol y los coches tuning. Estoy soltera y entera para quien yo quiera. Por donde paso, siempre arraso. A los nueve años fui Mamachicho (sic) y hace dos quedé tercera en Miss Eurocopa (ambos méritos acompañados de sendas evidencias audiovisuales).

Soy hija única pero no soy caprichosa ni mimosa (esto lo escuchamos en off mientras le vemos prácticamente comerse la boca con su ultramaquillada me-resisto-a-envejecer-y-además-hoy-ha-venido-Telecinco-a-casa mamá). Nada intrínsecamente malo ni censurable en el currículum de esta chica, salvo que está saliendo en la cadena líder de audiencia del país, y usted, señora, y yo (y millones de españoles) la estamos viendo. En mi caso, desde la fascinación atónita.


El elenco lo completan una serie de beldades meridionales (“¿Os habéis dado cuenta? ¡Somos todos del sur!” -¿por qué será, amiga?) que no desentonarían en un videoclip de El Tito MC. Por ejemplo, una gimnasta rusa de 19 años, una malagueña con padre de Bombay (“Tengo descendencia india”, anuncia ufana a la vez que nos confirma su desconocimiento del léxico)… Hay incluso un minusválido para dar la nota de color (espero sinceramente que no la del morbo).

Y toda esta ceremonia de la confusión, conducida (valga el oxímoron) por la siempre inclasificable Mercedes Milá, sobre la que no tengo ni fuerzas para escribir esta noche.

Si me dieran un euro cada vez que me he encontrado por la calle a un ex concursante de GH… tendría cuatro euros. La primera edición del concurso la seguí como el que más: experimento sociológico, etc. Incluso recuerdo estar enganchado, y verlo religiosamente todos los miércoles junto a mi amiga yanqui. Aquella primera vez la cosa tenía cierta gracia, todo resultaba novedoso, los concursantes eran entrañables… Luego las ediciones se fueron sucediendo, y –como siempre pasa- incluso los ganadores fueron cada vez más anónimos. Últimamente, sé que han tenido que recurrir a gimmicks cada vez más bizarros, meter a los habitantes de la casa junto a animales de granja (incluida una capea), hacerles pasar penurias…



Un primo hermano trabajó en la producción de GH1 y 2, y aunque siempre discreto, dejaba insinuar muchos chanchullos… Fue él quien me anunció, en el 2001, que mientras hubiese ingresos publicitarios, por miserables que fueran, habría Gran Hermano. Y que veríamos evolucionar el perfil de los concursantes hasta hacerse cada vez más homogéneo: jóvenes musculitos y jacas petonas, bastante atractivos y con follabilidad entre sí (buscando atraer la audiencia joven, la más consumista, se entiende).

Hastiado por tamañas barbaridades, aparto la vista del programa, cambio de tercio. Pero –voyeur impenitente- no puedo resistirme a mirar una vez más, pasadas dos horas. En la pantalla, el logo de Telecinco y un par de jembras en biquini pavoneándose ante los desnudos y tatuados torsos de sus compañeros de casa de Guadalix de la Sierra. El concurso no lleva ni dos horas y ya están semidesnudos en el jacuzzi. La guerra ha comenzado: ay, si George Orwell levantara la cabeza!!!

jueves, 3 de septiembre de 2009

El Cuadro


“Después de esto, vi que había una multitud tan grande que nadie la habría podido contar. Eran gentes de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas. Permanecían de pie delante del trono y delante del Cordero”
(Apocalipsis de San Juan: 7.9)




Os voy a dar una primicia: existe una técnica artística consistente en coger tablas de madera y mancharlas con pinturas a base de aceite para recrear el mundo. Os doy otra: la gente que pinta se llaman pintores, los ha habido en todas las épocas, de hecho, se puede estudiar su evolución de manera histórica: hay miles de ellos. Hay miles de pintores que pintaban tablas, lienzos, frescos….. y luego estaban los hermanos Van Eyck.

Al espacio más o menos confinado que se recubre (o no, modernamente) de pintura se le llama cuadro. Al políptico que representa la Adoración del Cordero Místico de los Van Eyck yo lo llamo simplemente el Cuadro. Veréis, el Cuadro (que no tiene título, unos lo llaman El Cordero Místico, otros el Altar de Gante o el Políptico de San Bavón –en alusión a la catedral donde se encuentra) es mi obra de arte favorita de todos los tiempos. Con diferencia.


Soy un flipado de la Edad Media, y la Edad Media flamenca es otra galaxia (ellos iban siglos por delante). El arte medieval me encanta porque además de ser bonico servía para algo, muy comúnmente para rezar, y esa idea me parece cojonuda. Los pintores primitivos flamencos son mis favoritos: su técnica al óleo, el rico detallismo de sus interiores domésticos (en que reflejan las calidades de telas, joyas, muebles, etc…) y exteriores, ora urbanos ora rurales, con sus edificios, su vegetación… ¿qué queréis que os diga? Es lo más bonito que he visto nunca (y me dejo los retratos, que también son la repanocha).

El Cuadro es un políptico (muchas tablas, además tiene dos lados: abierto y cerrado) pintado en 1432 por Jan y Hubert Van Eyck (sobre todo Jan, la verdad) que representa en 24 tablas un pasaje del Apocalipsis pero es mucho más: su rico simbolismo y complejo programa iconográfico dan para una explicación en audioguía de más de tres cuartos de hora. Pero yo no soy experto en arte, solo aficionado, y mi intención con este post no es explicar el Cuadro, sino llamar la atención sobre él.


El devenir histórico del Cuadro ha sido también flipante. Normalmente se mostraba cerrado, abriéndose solo en ocasiones muy solemnes. En el siglo XIX el puritanismo hizo que las tablas originales de Adán y Eva (que los representan en porretas) fueran sustituidas por unas copias en que nuestros primeros padres tenían las partes pudendas completamente cubiertas de vello, cual jodidos osos. Los nazis lo robaron durante la ocupación, con el propósito de exponerlo en un delirante Museo de Arte Ario que jamás se llegó a materializar. El Cuadro se recuperó, pero hubo otros robos, y una de las tablas menores se ha perdido para siempre, lo que nos queda es una copia.

Como he dicho antes, el Cuadro se encuentra en la ciudad belga de Gante, y yo cada vez que voy a Bélgica no perdono una visita para contemplarlo extasiado. He tenido la suerte de hacerlo cuatro veces en doce años, y pido a Dios que esta última (latest) vez –hace dos semanas- no sea la última (last). Los turistas se arremolinan en la sala o capilla donde se expone: detrás de una cabina de grueso cristal de seguridad. Al observarlos observar el Cuadro, nunca puedo olvidarme de las palabras de San Juan: “Vi que había una multitud tan grande que nadie la habría podido contar. Eran gentes de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas. Permanecían de pie delante del trono y delante del Cordero. Así sea.
 
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