Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

lunes, 12 de enero de 2009

Una poquita de Fry y Laurie


Fry, Stephen (Hampstead, Londres, 1957): actor, caricato, novelista, escritor, autor, humorista, cómico, bienhechor de la humanidad, amigo de Hugh Laurie, hombre de letras, inventor del chicle, actor, caricato y novelista británico. En España es conocido por sus apariciones en V de Vendetta, la saga de Harry Potter, la serie La Víbora Negra y las pelis Wilde o Los amigos de Peter. Ah, y también es el narrador de la serie de dibujos Pocoyo.

Laurie, Hugh (Oxford, 1959): actor, caricato, novelista, músico, cantante, humorista, cómico, actor aficionado, universitario, amigo de Stephen Fry, actor, caricato y novelista británico. En España es conocido por hacer el papel de House en la serie House, M.D. Pero sería injusto olvidar su trabajo durante más de veinte años: Stuart Little, Stuart Little 2, Los Borrowers, la serie La Víbora Negra y la peli Los amigos de Peter.



En el día de hoy traigo a relucir a Hugh Laurie y a Stephen Fry (a partir de ahora nos referiremos a él como “el gracioso de Fry y Laurie”). Porque ayer terminé de ver la serie completa de programas de humor que hicieron ambos para la BBC, llamada A Bit of Fry & Laurie (a partir de ahora nos referiremos a ella como “ABOFAL”). Casualmente ayer algunos amigos volvieron a insistirme sobre las bondades de la serie House, cuyo incomprensible (para mí) último episodio de la cuarta temporada vi el martes pasado. No voy a criticar la serie del doctor cojito y malalechoso porque no la he visto lo bastante, pero ya he conseguido quien me la pase pirateada, y entonces sí opinaré.

Lo que sí voy a hacer es hablar bien de la serie ABOFAL porque me parece lo mejor que ha dado Gran Bretaña desde que se les ocurrió destilar ginebra, digo… meter hojitas de té en agua hirviendo. El programa consta de cuatro temporadas (1989, 90, 91 y 94) y un especial de Navidad piloto de 1987. La edición completa en DVD que pillé también incluye la Cambridge Footlights Review (1982), una gamberrada para la BBC a cargo de un grupo de actores universitarios poco conocidos, entre ellos Fry, Laurie y Emma Thompson. He visto que en España se han editado, por separado, las dos primeras temporadas (lo cual encarece considerablemente el asunto), pero vendrán subtituladas en español, algo fundamental porque si no los sketches de la serie pueden resultar un pelín difíciles de seguir.


¿Y los sketches en sí? Herederos directos de los Monty Python, el humor de Fry & Laurie puede ser catalogado como intelectualoide y absurdo, o sea que si lo que os hacen gracia son chistes de culos y vulgaridades, absteneos. Salvo que esto dicho así no le hace para nada justicia a la serie, no se trata de una culturetada, pero para que nos entendamos, estamos ante una especie de Muchachada Nui inglesa de hace quince o veinte años (a lo mejor en el año 2029 el Follonero innova con un programa de sketches absurdos titulado, por ejemplo, Muchachada Nit).

La ruptura de las convenciones televisivas es una constante en el humor de Fry & Laurie, actores que en medio de un skecth abandonan un personaje y pasan a ser ellos mismos, personajes que de pronto se dirigen a la audiencia en casa, un espectador que interrumpe un skecth acusando a Fry & Laurie de haberle plagiado su idea. Y numerosísimos sketches que se complican de tal modo que uno dice “¿cómo diantres va a acabar esto?”, para que acto seguido Fry o Laurie digan “Querido televidente: este sketch se nos ha ido de las manos, si se te ocurre un final, llama al número de teléfono…”. Y muchas parodias de géneros televisivos: talk shows, concursos, series policíacas, culebrones.


Con todo, la mayoría del humor reside en el uso del lenguaje, y en los dobles sentidos o usos absurdos que Fry & Laurie confieren a palabras normales. Un ejemplo de esto

Laurie: “I had a daughter… Henrietta”
Fry: “Oh, did he?... did he? I’m sorry to hear that”.

Basado en la homofonía en inglés del nombre “Henrietta” y “Henry ate her”, con lo que el diálogo queda algo así como

Laurie: “Tuve una hija… Henry se la comió [Henrietta]
Fry: “¿Ah, si? Lo siento mucho”.

Bueno, no quiero frikizaros con chistes ingleses, solo presentaros esta serie que merece un montón la pena. Otro de sus puntos fuertes son las canciones con letra cómica a cargo de Hugh Laurie, que en la serie demuestra su pericia al piano o a la guitarra. Hay un rap amable”, un tema country, un blues, un jazz, una canción folk rock, varias heavy metal, una de jazz, otra de pop dulcilón… todas con letras grotescas. Mi favorita, la balada grunge: “Estoy enamorado de Steffi Graf”.


Al finalizar la serie entera (no todo es humor absurdo y diletante, en las últimas temporadas se politizan más y le dan caña a los gobiernos de derechas británicos) me quedo con la sensación de haber asistido a un evento cultural de primera. Ya en Jeeves and Wooster (1990-93: adaptación en 23 episodios de las novelas y cuentos de P.G. Wodehouse), protagonizada por Fry y Laurie, pude intuir la química de estos dos cómicos trabajando juntos, pero claro, en aquella serie tenían la fuerte restricción de ajustarse a unos personajes. En ABOFAL no hay límites, la gamberrada es continua, y el humor nos hace más inteligentes. Porque Fry y Laurie fueron a la universidad, y allí se vuelve uno listo, ¿no? No puedo pedirle más a la comedia. Soupy twist!

domingo, 11 de enero de 2009

El Follonero: ¿Genio o sinvergüenza? Sinvergüenza, sin duda


El pasado día 22, el del Gran Fraude de la Lotería, hubo una historia que me conmovió bastante. Se trataba de una señora, Maricarmen, que contaba que le había tocado el segundo premio del sorteo de Navidad pero había tenido la mala suerte de que había lavado el décimo premiado dentro del bolsillo de una bata, con lo que el papelito había quedado destrozado. Con los trocicos del décimo irreconocible, la buena señora acudió entre lágrimas a la administración de lotería contando su historia: “Ay!, ay!, ay! Era para mi hijo que está en el paro, su mujer está preñada, etc, etc…”. “No se preocupe usted, señora, que el Organismo de Loterías y etc, etc, se lo va a comprobar fetén y tendrá usted su dinerito”.

Digo que esta historia me conmovió porque en verdad fue para mí una catarsis: me dio terror y piedad. Y todo es porque en esa señora Maricarmen me vi a mí mismo (sin pechos y con 40 años menos, ya me entendéis), soy tan despistado, tan de dejarme billetes en bolsillos de pantalón, tan de irme de casa y dejarme las llaves dentro, que os juro que si algún improbable día me llega a tocar la lotería, probablemente perderé el décimo. Me sentí identificado con la tal señora, la compadecí (soy humano, gracias), y si en el párrafo anterior narré su caso con cierta sorna, es por lo que sigue.

Hoy descubro, entre el asco y el desprecio, que la historia de la señora Maricarmen es todo un montaje, una farsa perpetrada por el equipo del programa Salvados (La Sexta). Una bromita, todo: JA, Ja, ja. Jajota. El programa en cuestión es comandado por un tal Jordi Évole, más conocido por “el Follonero”, afamado caricato de dizque “humor inteligente”, cuya inteligencia es tal que a mí me cuesta llegar siquiera a empezar a atisbarla. ¡Jajota! A nadie le gusta quedar por tonto, pero cuando te hacen una broma, si caes, pues es de persona noble y lista reírse de la propia cagada. Pero, en el caso de esta bromita del Follonero… ¿con quién se ha quedado exactamente? ¿Con los que nos creímos la noticia? ¿Con los periodistas que la transmitieron? ¿Con toda España?


Yo tengo por costumbre fiarme de las noticias que veo/leo en prensa si vienen de medios fiables, valga la renfunflancia. Si Antena 3, TVE1, Cuatro, ABC, etc, me informan de que una señora está en tal o cual predicamento, ¿por qué voy a dudar? ¡Guau, don Follonero! Es usted un genio del humor, ¿eh? Crea una noticia falsa y los demás nos la creemos. ¿Quiénes son sus maestros de periodismo, Goebbels? ¿Stalin? Ya dio usted muestras de su genial humor e inteligencia superior cuando se dio a conocer en el programa de Buenafuente haciendo el papel de espectador “espontáneo” que la liaba parda (de ahí lo de “follonero”). No veía algo tan original desde… hace más de 25 años, cuando lo hicieron Los Morancos.

Ajeno a esta noticia del falso décimo (y ojito, porque no fue el único “infiltrado” del Follonero et al. en aquel día de la lotería: otros premiados bizarros también eran cosa suya), hace un par de semanas un buen amigo me decía: “El Follonero ese no tiene ni puta gracia, ¿no?” Y comentábamos que su modus operandi era crear noticias falsas para que estas se difundieran y luego descojonarse viéndolas con sus colegas. Todo muy de 3º de la ESO, como puede verse. Los reporteros graciosillos post-Caiga Quien Caiga al menos intentan estar donde ocurre la noticia, modificándola un poco si queréis (que si gafas al Rey, que si a tal o cual político lo ponen en un aprieto) pero este Follonero se las da de demiurgo de la actualidad.

Y debe resultar graciosisísimo, porque hasta nuestro bienamado presidente ZP se avino a sus patochadas, cuando en un mitin electoral llegó a nombrar sin venir a cuento a Javier Bardem solo con tal de caerle bien al Follonero, que se lo había pedido “como reto”. ¡Vaya! Tenemos un presidente con un par de cojones, ¿eh? No se achanta ante un cómico de segunda que le propone una chorrada.

Querido Follonero: yo te deseo lo mejor en la TV, y que yo no lo vea. Corre a mandarle a Lula una mulata con la camiseta de Ronaldinho, o lo que quiera en lo que emplees tu valioso tiempo mientras los demás trabajamos. Y enhorabuena a los premiados.

viernes, 9 de enero de 2009

Bienvenido al norte

“Vaya, tenemos dinero para construir embajadas en países donde no las quieren como Francia y, y Francia del Norte, y aquí en América, donde hacen falta, somos demasiado tacaños para construirlas”.
-Chris Peterson



Francia, ¿eh? Habría tanto que decir… yo siempre he sido un gran defensor de nuestro país vecino (rico), tenemos tantísimo que aprender de ellos… Estado centralizado, orgullo nacional, respeto por su lengua y cultura, escuela pública laica de calidad, el paté… No exagero si digo que todo el pensamiento posterior a la Segunda Guerra Mundial está muy teñido de nombres franceses: Roland Barthes, Foucault, Lacan, Derrida, Deleuze, Julia Kristeva o Jean Baudrillard, por poner solo algunos ejemplos. Y además, ellos inventaron la Democracia, ¿no?

Ahora, lo último que nos llega de Francia es una película titulada Bienvenido al norte (2008), una comedia que supuestamente es la gran cosa (la grand chose, vous comprenez). ¿Sus credenciales? Nada menos que ser la película más taquillera del cine francés (con más de 20 millones de entradas vendidas) y la segunda más vista de todos los tiempos, solo detrás de Titanic (1997). Está claro que en Francia ha sido un gran fenómeno, y un éxito en otros muchos países: Estatuas Verdes, por tanto, (siempre un paso por detrás de la actualidad) no podía quedarse ajeno a este acontecimiento cultural europeo.


Centrándonos en la peli en sí, digámoslo ya: es divertidísima y, a mi entender, buenísima. La historia es simple: un funcionario de correos del sur de Francia, cuyo matrimonio está en horas bajas, trata desesperadamente de obtener traslado a un puesto idílico en la Costa Azul. En lugar de eso, se ve enmarronado con un destino en un pequeño pueblo de la región Nord-Pas de Calais, la más septentrional de Francia. Esto no es un spoiler porque supone la premisa de la película. Luego siguen algunos enredos e historietas que no cuento para no reventarlos pero que avanzo que están muy inteligentemente contados, y sobre todo, que resultan muy graciosos.

Esta región Nord-Pas de Calais es el “norte” al que se refiere el título. El título original contiene un juego dialectal ya que es Bienvenue chez les Ch’tis, y es que ch’tis es el sobrenombre de los habitantes de la región, basándose en su manera de pronunciar. La pronunciación y el dialecto son fuentes constantes de comicidad en esta peli, yo he tenido la suerte de verla en francés pero sé demasiado poquito como para apreciar todos los chistes. Así y todo recomiendo verla en V.O. porque queda patente que los peculiares habitantes de Francia del norte “hablan raro”.


El norte, ¿eh? El mero concepto causa pavor a los confiados sureños, porque conjura imágenes estereotípicas de mal tiempo, frío extremo, carácter rudo, gañanismo, incultura, tosquedad y atraso en general (son casi belgas: no os digo nada). Excuso decir que la realidad que el protagonista se encuentra al llegar al “norte” es bien distinta de los prejuicios, aunque no deja de ser bastante peculiar. Como bien he leído en El País, Dany Boon, director, actor y coguionista de Bienvenido al norte, dice que “con unos personajes y unos gags solo no se hace una película: es necesario contar una historia”. En esta peli la hay, bastante bien narrada, y también alguna que otra trama menor a cargo de un elenco de excelentes personajes secundarios.

La peli ha sido un boom desmesurado en Francia, una ida de olla (estadísticamente la ha visto uno de cada tres franceses: salvo que haya frikis como yo que van al cine tres veces a ver la misma). Se trata de un claro caso de hype: ¿es acaso esta peli lo último en cine francés? Ni por asomo, pero sí que es una peli simpatiquísima y muy bien hecha, y me gusta mucho que de vez en cuando haya un éxito del cine europeo en plan The Full Monty (1997), La cena de los idiotas (1998) o Goodbye Lenin (2003).


Otra cosa que ha dicho Dany Boon es que pese a su marcado localismo y particularidades (que si tal región francesa, que si comen pan con queso para desayunar), Bienvenido al norte pretende ser una historia universal de “un hombre al que envían destinado a un sitio en el que no quiere estar”. Y esto, amigos (os lo dice alguien que vive en Cosica), hace que a más de uno se nos caigan dos lagrimones al verla. Aparte de reírnos.

jueves, 8 de enero de 2009

"Adriano ha llegado" (y II)


Dejando a un lado el dato enciclopédico sobre Adriano Celentano (aunque la última entrada no pretendía, ni de lejos, ser una exposición exhaustiva de su carrera), hoy quisiera centrarme en una suerte de autobiografía celentanesca, y contaros por qué la música de este hombre es tan importante para mí. En un comment al post anterior, la buena Karmen comentaba que actualmente en Italia Celentano es un dios, y pienso que no va desencaminada. Tened en cuenta que solo en 2008 este hombre ha sacado cinco singles de éxito, y doy fe de que cada vez que en Italia entré en una tienda de discos y pedía que me recomendaran algo bueno, el dependiente siempre pretendía venderme el último álbum de Adriano.

Mi primer acercamiento a sus canciones tuvo lugar a través del recopilatorio del que hablé ayer, que incluía creo recordar veinticuatro temas de los mejores, desde luego. Tendría yo doce o trece años, y durante años ese fue mi “canon celentanesco”, lo demás directamente no existía porque sería además imposible de conseguir. Con quince años un tío mío descubrió mi afición al cantante italiano y me prestó su single “Pitagora/A cosa sirve soffrire” (1960) que él guardaba como una auténtica joya. La verdad es que “Pitagora” es un originalísimo rock and roll que toma como base de su letra el teorema de Pitágoras y resulta bastante divertido. Si tenéis curiosidad buscadlo porque está en YouTube (lo cierto es que, a mi entender, cualquier canción rock que incluya la palabra “teorema” puede ser calificada automáticamente como obra maestra).


Ah, amigos, la adolescencia, ¡los años locos! Mi recién adquirida sensibilidad anglosajona me hizo descartar a mis viejos ídolos Antonio Machín, Aznavour, Mecano y por supuesto Celentano a favor de cosas como Simon & Garfunkel, Beatles, Queen o Rolling Stones. Para que os hagáis idea, hasta los 20 años no escuché nada que no fuera en inglés, me dio por ahí (una gran estupidez). Pero ¿a quién pretendía engañar? Cada vez que por H o por B sonaba en la radio o escuchaba donde fuese una canción de Adriano la verdad es que la apreciaba en lo que era, y ojo que este hombre tiene muchos temas ramplones (como Elvis) pero en su repertorio cuenta con al menos una docena de canciones que consiguen ponerme literalmente los pelos de punta, y ese nivel de emoción creo que no lo he experimentado con ningún otro artista, si acaso los Beatles.


Hace un par de años me encontraba escuchando en Radio 3 Flor de Pasión, el excelente programa del insufrible Juan De Pablos cuando un día le da por hacer un serial de toda la carrera de Adriano Celentano, exhaustivamente y en orden cronológico. Esto le llevó varios programas, claro, y excuso decir que yo no los pude escuchar todos, pero sí escuché lo suficiente como para darme cuenta de que tenía que profundizar en la discografía del artista. Yo tenía a Celentano por un Grande, pero pensaba que con un recopilatorio ya teníamos más que de sobra. Craso error. Con la de mierdas secas que compro y escucho a diario, pensé, ¿cómo es que nunca me ha dado por ponerme en serio a buscar los discos de este hombre?

Amazon.com fue la solución, e Internet mi fiel aliada para poner en orden la carrera de Celentano, del cual yo desconocía hasta el título de los LPs originales o un dato tan básico como de qué año era cada canción. Poco a poco me fui haciendo con todos sus álbumes entre 1966 y 1972. Lo anterior de su carrera lo he solventado con tres recopilatorios (hay demasiados singles y EPs, hubo un cambio de disquera… resulta un lío), y lo de después de 1972 francamente me da miedito. Pero si los Rolling Stones, los Kinks, Elvis y otros hicieron buena música en esos años, ¿por qué no va a ser bueno lo de Celentano? Antes o después esos discos irán cayendo.


Lo último que me he pillado ha sido Tutto Adriano 1958-1964 (2007), que pese al título no es todo lo que grabó en esos años para el sello Jolly pero sí una muy buena selección, sobre todo interesante por los singles, caras B y temas sueltos de EPs. Este verano en Italia me di un auténtico festín de música sesentera, y cayeron varios disquitos del buen Celentano. Entre ellos uno que la propia Amazon desistió de buscar y había dado por descatalogado pero que apareció en una tienda de un pueblo de Sicilia.

Uno de esos pedidos a Amazon, que realizó un lector cuyo nombre no revelaré pero diré para su oprobio que es fan de las ópticas, tardó tanto en llegar que a mí se me había olvidado. Al cabo de muchas semanas recibo al mediodía un críptico sms de mi amigo: “Adriano ha llegado”. Yo me quedé pasmado: enhorabuena, pero ¿quién es ese Adriano y a dónde dices que ha llegado? Claro que no era Adriano en persona quien había llegado (entre otras cosas, creo que cobra más de 6.000 euros solo por dejarse ver en un sarao), era su música, y desde entonces sus CDs me acompañan. Si no lo conocíais dadle una oportunidad y si ya sabíais quien era, cantad conmigo: “Azzurroooo, il pomeriggio è troppo azzurro e lungo per meeee…!”

martes, 6 de enero de 2009

"Adriano ha llegado" (I)


El 6 de enero de 1938, en el día de la Befana (la bruja que hace las veces de Reyes Magos en Italia), la cigüeña dejó en Milán un bebé llamado Adriano Celentano. Así empezaba un preciosísimo cómic-historia sobre el cantante italiano que ocupaba todas las caras de la funda de un LP doble que tenía mi padre, recopilatorio de Celentano desde 1959 hasta 1972 (entre nosotros: su época buena). Como hoy es 6 de enero, he querido conmemorar a este grandísimo artista.

Para mí hablar de Adriano Celentano es muy complicado, se mezclan demasiados sentimientos y no puedo expresarme con claridad. Es algo así como escribir sobre Fito Páez o sobre Londres, cosas que por cierto ya he intentado en Estatuas Verdes, y siempre me dejo llevar por la hipérbole. Ahí va una: Adriano Celentano es mi artista favorito. No es así, pero como si lo fuera. Vayamos por partes pues.


Supongo que este cantante/actor/showman/inventor del chicle italiano no necesita presentación, pero por si acaso démosle una pequeña. Su campo de excelencia es la canción, dejémoslo claro desde un principio, aunque ha hecho numerosas pelis flojas (también apareció en La dolce vita -1960- de Fellini, por cierto: cantando, claro). Sería un poco tramposo decir de Celentano que es “el Elvis italiano”, pero los paralelismos con el ídolo de Memphis son muchísimos. Elvis inventó el rock and roll, Adriano tampoco. Lo de las pelis malas ya lo he dicho, y además ambos tuvieron una etapa semioscura con el advenimiento del beat inglés (que volvió su pop comercial obsoleto) para renacer luego sobre 1968 convertidos en crooners, showmen y lo que hiciera falta.

Lo que sí voy a decir alto y claro es que Adriano Celentano es el primer artista original que dio Europa en toda la era rock. El primer rockero europeo auténtico, para entendernos. Ni siquiera en Gran Bretaña (no digamos Francia, Alemania o España) tuvo nadie la visión de apropiarse de los nuevos sonidos blanquinegros y de hacer algo original y nuevo con ellos, más allá de toscas versiones en inglés. Y eso que los cuatro primeros singles de Adriano (todos de 1958, amigos!) eran toscas versiones en inglés de hits de rock and roll de Little Richard, el propio Elvis o Fats Domino. Pero este hombre enseguida se dio cuenta de que era necesario adaptar el nuevo idioma “rock” a su cultura y ya desde 1959 se lanzó a hacer rock and roll del bueno compuesto en italiano.


Para ello se rodeó siempre de excelentes compositores y arreglistas, entre ellos Del Prete y Beretta, que le componían sus cancionazas. Luego con el tiempo, Celentano llegaría a darle su primera oportunidad a autores de talla como Paolo Conte o Don Backy. Ignoro qué grado de control artístico tuvo Celentano sobre sus grabaciones y discos editados pero sospecho que alguna mano en la elección del repertorio sí que tenía. Sus primeros números 1 y megaéxitos (“Il tuo bacio è come un rock”, “Impazzivo per te”, “24 mila baci”) son un prodigio de composición, arreglos e interpretación. Estaba claro que este hombre era una máquina de hacer dinero.

Pero Celentano no se limitó a copiar o “adaptar” un solo estilo de rock USA, también exploró otros estilos siempre comerciales y bailables pero siempre de manera honesta, como el rockabilly, el doo-wop, el chachachá, las baladas, el tango o el twist. Hacia 1964-65 el hombre tuvo un pequeño bajón en la calidad de sus temas, coincidiendo con el huracán Beatles y todo lo que conllevó. Él, que a lomos del huracán Elvis (por así decirlo) se llevó por delante a toda una generación de artistas orquestales y melodiosos, debía hacer frente a la realidad de que sus cancioncillas quedaban obsoletas frente al nuevo beat, pop-rock, folk rock y demás.


Adriano supo sobreponerse a las modas en incluso en 1968 le escribió una carta al “beat” (nombre con que él se refería a todo el pop sixties) diciendo que por su culpa los jóvenes no se lavaban, se drogaban, se escapaban de casa y olvidaban a Dios. Celentano, el rockero loco que en 1959 cantaba “yo soy rebelde en el vestir, en el pensar, en el amar a mi chica” era ahora un cómodo representante de la ideología conservadora. Pero su música no sufrió. Si queréis, le dio por hablar de ecología, de superpoblación, de drogas duras, de huelgas... en plan paternalista, pero todo venía envuelto en unas canciones tan pegadizas, tan bien escritas, con tantísima garra que se le perdona todo.

Y eso por no hablar de la mayor aportación de Celentano a mi panteón pop personal. Objetivamente, su contribución a la música popular es haber traído el rock a Europa (lo siento, no fueron Cliff Richard, Johnny Halliday ni el Dúo Dinámico) pero a mí por lo que más me gusta es por sus canciones de amor. No necesariamente baladas, él siempre sabía darles un toque entre granuja y caballero que –según un amigo mío que liga mucho- tan atractivo resulta a las tías. Y los tíos supongo que veían en él más que a un donjuan competidor a un buen colega, un prototipo de romanticismo con los pies en la tierra francamente apetecible de imitar. Porque la educación sentimental nos la han dado las canciones (y las películas), ¿no lo sabíais? Mañana seguiré ahondando en la historia de Adriano Celentano, en su relevancia en mi vida y se verá el porqué del título del post.

lunes, 5 de enero de 2009

Gafismo


Uno de mis más entrañables recuerdos de la infancia es estar en casa de mi difunta abuela escuchando relatar (y remedar) algunos sketches radiofónicos de humor del año catapún, protagonizados por el dúo cómico Tip y Top. Todos hemos conocido a Tip y Coll, cómo llenar un vaso de agua, dame la manita Pepeluí, etc, pero esto que os hablo es anterior, Tip (Luis Sánchez Polack) emparejado artísticamente con Joaquín Portillo, que se hacía llamar Top. Llegaron a aparecer juntos en alguna película (Tarde de toros, 1955) pero su fama les vino de sus actuaciones en radio. Solo una había oído en mi vida, bajada de Internet, hasta que hace unas semanas, mi madre encontró un disco que recopila aquellas grabaciones históricas de Tip y Top, sacadas de archivos e incluso de colecciones particulares.

Su humor estilo “España-años 50” puede sin ambages ser calificado de ingenuo, casi de ñoño. Pero no podemos caer en la tentación de juzgarlos según los estándares de ahora: sería como decir que las tablas medievales son una mierda porque los que las pintaron no dominaban la perspectiva. De cualquier manera sí que hay en el humor de Tip y Top (además de muchas gracias genuinas) una corriente subterránea de humor absurdo, surrealista, astracanada o como se lo quiera llamar, que entronca directamente con Miguel Mihura, Jardiel Poncela o la revista La Codorniz. Os animo a buscarlo, si no lo conocíais.


El sketch más celebrado por mi madre es uno titulado “En casa del ojero, gafita de palo”, que trata –cómo no- de una visita al oculista. Et voilà, amigos, este post no está dedicado a glosar la biografía artística de Tip y Top sino a hablar sobre el mundo de las gafas. Ópticos… habría tanto que decir. Pocos profesionales tan negociantes como ellos, la voracidad comercial de un óptico-optometrista no te la encuentras en un vendedor de coches o de ordenadores. Yo llevo gafas desde los 8 años y lentillas desde los 14, o sea que sé de lo que hablo.

El protagonista de uno de mis libros favoritos (Matadero-5 de Kurt Vonnegut, 1969) es optometrista y se llama Billy Pilgrim. Es una suerte de americano medio anodino, que encuentra la emoción en su vida participando en la 2ª Guerra Mundial primero y viajando en el tiempo con alienígenas luego. El óptico de mi barrio distaba mucho de ser Billy Pilgrim, y pienso que la emoción en su vida debe haber entrado gracias a las múltiples mansiones de oro macizo que debe haberse construido con lo que mi familia y yo le hemos pagado en concepto de monturas, cristales, lentillas, líquidos limpiadores, pastillas de conservación, lágrimas artificiales y la Biblia en pasta.



Los oftalmólogos me dan más respeto, al menos son médicos (o algo) pero los ópticos-optometristas… no sé, no sé. Para empezar desconfío de sus batas blancas. ¿Qué cojones de batas blancas os ponéis, ópticos! Será para no mancharos, ¿no? Cualquiera hoy en día ya se pone una bata blanca y se cree un científico: que se lo digan a los Hermanos Marx y su famosa escena de Un día en las carreras (1937) en la que pasaban consulta médica con batas que en realidad eran guardapolvos de un taller mecánico. Médicos con bata sí. Químicos con bata, guay. Farmacéuticos con bata blanca, en fin. Pero ¿ópticos?

Lo segundo que me hace desconfiar de ellos es su lenguaje secreto. Ya explicamos aquí que “existe una cosa que se llama lenguaje pero los ópticos parecen tener el suyo propio. Ellos llaman “una gafa” a unas gafas y “un lente” a una lente. Fascinante. Por no entrar en su jerga de cristales reducidos, materiales mineraloides y lentes de contacto tóricas y chiripitifláuticas (que, casualmente, siempre son más caras). Por algún motivo, la palabra “cristales” solo la utilizan a la hora de pasarte la factura.


Todo esto viene a cuento de que el viernes por la noche mis queridas gafas (“anticuadas, según mi optometrista: no tienen ni dos años) se rompieron espontáneamente. “Lo más normal”, según la óptica, pues señora, yo llevo 22 años con gafas de todos los colores y en la vida me había sucedido. Ah, pero –albricias- mi gafa todavía se encuentra en garantía. O sea, que si la quiero arreglada tan solo habré de abonar 65 euros o así. Que me ahorquen si lo entiendo. Según la dependienta-científica no me trae cuenta arreglarla, empero: mejor será hacerme una nueva. “O sea”, le contesto, “que a quien no le trae cuenta que se arreglen las gafas es a usted, no a mí”.

En las últimas semanas he tenido un par de incidentes con amigos borrachos que me cogían demasiado cariño y me daban unos abrazos que por poco me tiraban el gafismo al suelo, y en ambos casos me cogí monumentales cabreos. La peña presente nunca comprende mi reacción en estos casos, pero habéis de saber, queridos lectores, que unas gafitas mías cuestan más que una semana en Londres en régimen de alojamiento y desayuno. Las actuales no se han podido arreglar (no traía cuenta, vous comprenez), así que pasado mañana he pedido cita con el oftalmólogo para luego, receta en mano, dirigirme a un nuevo y maravilloso encuentro con los señores de la óptica. ¿Conseguirán hacer de mí un gafapasta de mierda? Ya os contaré.

domingo, 4 de enero de 2009

Me quito la careta: Lo mejor del 2008


Antes de nada, ¡Feliz Año a todos! Mirad, tenía pensado hacer una serie de posts en plan “lo mejor del año”, pero lo cierto es que se me ha echado el tiempo encima. Podría decir que es una perezona eso de las listas, que ya las hay por doquier, que a quién le interesan… la verdad es que a mí, mucho, y nunca desdeño la oportunidad de saber qué es lo que más les ha gustado a otros de un pasado año. Me refiero a productos culturales de masas, claro, en plan discos, películas o libros. Siempre es interesante conocer cosas. Y… sí, ¿por qué un año? “Lo mejor del año”. Suena tan arbitrario como cualquier otro periodo pero precisamente por eso resulta válido. A algo hay que agarrarse, ¿no?

Comiéndolo y bebiéndolo, hemos entrado en un año nuevo (me ha dado vergüenza escribir “sin comerlo ni beberlo”, sabéis) y creo que me voy a limitar a contar en un solo post mis cositas favoritas del 2008. En cierto modo, este año es distinto del pasado porque Estatuas Verdes empezó a finales de noviembre del 2007 y aquel año no escribí mucho pero este 2008 ya he ido desgranando mis preferencias, o sea que no creo que resulta muy sorprendente saber lo que más me ha gustado del año. ¿O sí?


Lo más importante para mí es –cómo no- el mejor disco del año. Y este honor le corresponde sin lugar a dudas a Vampire Weekend (2008), del grupo neoyorquino Vampire Weekend. Y en mi opinión, con diferencia, además. Tuve la suerte de enterarme de la existencia de este grupo y disco a través del buen Susu, del blog El Perro Lunar. La verdad es que en su día el grupo Vampire Weekend me cogió con el pie cambiado, como me han cogido Mumpsy o Explosions in the Sky (otros dos grupos indies que me han recomendado esta semana y que a lo mejor el año que viene están entre mis favoritos). Sea como fuere, Vampire Weekend se lleva la corona de laurel (verde).

Ha habido otros discazos este 2008, como los de Lightspeed Champion, The Last Shadow Puppets, Attic Lights o los hipermediáticos Fleet Foxes (al que yo he llegado tarde), la cosa ha estado muy reñida. No hagáis caso de los rumores que circulan por ahí diciendo que, no contento con tener el Vampire Weekend bajado gratis, procedí a comprármelo original en CD y en vinilo. El buen Susu daba a este disco la nota de un 8, yo no soy de dar notas numéricas, pero seguro que le daría más. En lo que sí coincido plenamente es en su percepción de que es “un disco que te puede sacar de apuros en una fiesta con amigos, poniendo a todos a menear el trasero”.


En cuanto a pelis, mi película del 2008 tiene que ser Viaje a Darjeeling (2007), decir lo contrario sería ir en contra de todo en lo que creo. Como cine, dejo que los críticos se explayen sobre otras obras maestras, pero como efecto provocado en mí… me impactó tanto que fui a verla tres veces en su día. Luego no la he querido ver otra vez por no cagarla, ni siquiera me la he pillado en DVD. Pero ahí queda. Otras dos que me han hecho emocionarme, reír y pensar a lo grande este año han sido Expiación (2007) y Tropic Thunder (2008), de las cuales no añado nada porque ya las alabé aquí en su momento.


¿Y de libros? Ja, ja, esto es más difícil porque apenas he leído libros editados en 2008, salvo la honrosa excepción del Saber perder de David Trueba, que ya recomendé. Así que aquí hago trampa, y yo mismo me invento la arbitraria regla de que con la literatura da igual el año (más bien es relevante la década o siglo), puesto que es un arte “menos de masas” que la música pop o el cine (esta noche vendrá un marxista a darme un tirón de orejas: seguro). Y lo mejor que he leído este año, lo más fresco y sorprendente pese a tener ya más de 20 años ha sido el cómic Watchmen (1986-87), del que también se habló aquí extensamente. No puedo dejar de mencionar que este 2008 ha sido literariamente hablando mi “Año Boris Vian, como el 2007 lo fue Roberto Bolaño. A ver por qué friki-autor de culto me da en el 2009.

Bueno, sigue Estatuas Verdes con fuerza en este año que acaba de empezar. Y que sepáis que si esta semana pasada no he escrito no ha sido por dejadez o vagancia, sino por estar todavía recuperándome del shock que me causó el ver el nuevo calendario “a lo cowboy de Ana Rosa y sus muchachos. Estáis avisados…
 
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