Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Tropic Thunder: Incorrección política


Señores, vengo de ver Tropic Thunder (2008), la esperadísima (por mí) nueva película de Ben Stiller. Veredicto: es la auténtica risión. No recuerdo haberme reído más viendo una película, no sé, tal vez desde Viaje a Darjeeling (2007), y tal vez aquello fuera más de sonrisilla y carcajeo mediano. Con Tropic Thunder… baste citar a un amigo que ha salido del cine diciendo “Me duele el pecho de tanto reírme”.

Y no es para menos. Mucho se ha hablado en Estatuas Verdes de las comedias, y la verdad es que Ben Stiller capta el espíritu de esta época, como ya demostrara con Zoolander (2001), otro desgüeve de principio a fin. Como actor, la carrera de Ben Stiller es tal que sería tedioso ahora glosarla. Como director se está cubriendo de gloria cómica. Pero he aquí el primer caveat o advertencia: si usted es persona biempensante o fácilmente ofendible tal vez no le hará gracia Tropic Thunder. Antes bien, le parecerá grosera, zafia, irresponsable, dañina.

La peli es de humor que podríamos calificar de “sal gorda” pero también hay que decir que resulta de todo menos descerebrada. Y es que se trata de una parodia del cine bélico, también una sátira del star system hollywoodiense, pero va más allá. Tal y como yo lo veo su mayor mérito consiste en denunciar la mentalidad de una sociedad demasiado “políticamente correcta” burlándose de todo. Y recurre al humor más ofensivo, pero siempre con la pretensión de hacer pasar al espectador un buen rato (en otras palabras: no es mal gusto por el mal gusto).


Temas tabú de la sociedad actual -sobre todo la yanqui- son aquí puestos en solfa: la etnicidad, la orientación sexual, las drogas, el falocentrismo, el heroísmo/patriotismo de las guerras, el culto amoral al dinero… Hay chistes de negros, de chinorris, de maricones, de retrasados mentales, de culos… pero te da la sensación de que detrás de todo eso están personas inteligentísimas que simplemente han decidido reírse y pasarlo bien. ¿Hay algo de malo en ello? Ahora se dice “Siempre que no hagan daño a nadie…”. Me temo que Tropic Thunder va a ofender a más de uno, pero entonces yo aplicaría otro dicho: “Quien se pica ajos come”.

La historia de la peli es simple: durante el desastroso rodaje de una película sobre Vietnam, un variopinto grupo de actores son abandonados a su suerte en la jungla y deben enfrentarse a una guerrilla de verdad. Hay la típica estrella de cine de acción –ahora en declive- (Ben Stiller), el rapero negro metido a actor, el cómico gordo que lucha por hacer un papel serio (Jack Black), el jovencito de estrella ascendente… y lo mejor de la peli. El papel de Robert Downey, Jr.: Kirk Lazarus, multipremiado actor australiano que encarna al Sargento Osiris, un soldado negro.

Desgraciadamente no he podido ver Tropic Thunder en inglés, con lo que me he perdido el juego de acentos con el australiano haciendo de negro, metiéndose en el papel, y toda la pléyade de barbaridades y palabrotas que se dicen, sobre todo a cargo de Jack Black y de Tom Cruise. ¿Ha dicho Tom Cruise? Sí, señora, aparece un Tom Cruise engordado cuyo papel no desvelo pero es muy cómico y en USA le traído muchísimo éxito de crítica y público. Jack Black, favorito de Estatuas Verdes, no brilla todo lo que podría. Digamos que su personaje empieza a destacar tarde, pero hay que tener en cuenta que esta película es un poco coral.


Downey, Jr. ha incurrido en el gran tabú de, siendo blanco, pintarse de negro para hacer de negro (lo que en inglés se llama blackface) algo que se considera el súmmum de la injuria al bello pueblo afroamericano. En realidad él hace de un blanco que se somete a este proceso para hacer la peli, en plan De Niro engordando y adelgazando para Toro Salvaje (1980). Con la corrección política nunca se puede acertar, siempre va a salir alguien (colectivo o minoría) tocando las narices acusándote precisamente de haberle tocado las narices: ¿pues no ha habido negros en USA que han denunciado que Huckleberry Finn (1885) de Mark Twain sea lectura obligatoria en los colegios, cuando fue uno de los libros que más criticó la esclavitud?

Si lo más políticamente incorrecto de la peli es el supuesto racismo, lo más gamberro es el retrato de un retrasado mental que hace el personaje de Ben Stiller (el actor Tugg Speedman), al interpretar a “Jack el simple”. Soy de la opinión de que si no somos capaces de reírnos de todo, la cosa va mal. Lo fácil aquí era hacer parodias de pelis de Vietnam conocidas, y están todas: Acorralado (1982), Rambo (1985), Apocalypse Now (1979), Platoon (1986), la banda sonora con los Temptations, la Creedence, los Rolling Stones, Buffalo Springfield, Steppenwolf…, diálogos grandilocuentes… Lo que mola es que en Tropic Thunder al disparate se le suma otro disparate todavía mayor, de manera que la peli se hace inmune a una supuesta censura. Los autores son conscientes de que están perpetrando una barbaridad. Y, amigos, qué queréis que os diga: ya iba haciendo falta.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Homenaje a Bisojo


Homenaje a Bisojo es decir homenaje a un grande. Probablemente la entrada más friki hasta ahora de las que llevamos en Estatuas Verdes, pero –he aquí la sorpresa- no se me ha ocurrido a mí sino que la idea me ha llegado por petición popular (más de una persona). Los caminos del frikismo son inescrutables.

Todo empezó en un restaurante de Taormina, frente a un pez espada siciliano. Las paredes del local estaban repletas de las fotos de famosos que habían comido allí, entre la nómina Tarantino, Woody Allen, Robert Duvall, Eddie Murphy, Jamiroquai… y una famosa actriz italiana llamada… ??? Exacto: el síndrome de “El malo de Willy Fog”. Datos de la pava: actuaba en Hot Shots (1991) & Hot Shots 2 (1993) y en Rain Man (1988). Imposible acordarse, hicieron falta dos días de infierno mental y un sms a España para recordar cómo se llamaba: Valeria Golino.

Yo me acordaba muy bien de ella (menos de su nombre): de las escenas de Hot Shots en que parodiaba a Michelle Pfeiffer en Los fabulosos Baker Boys (1989), a Kim Basinger en Nueve semanas y media (1986), a Dama en La dama y el vagabundo (1955)… y recordándola a ella se nos vino a la cabeza qué enormísima película fue Hot Shots (la uno y la dos), cómo es que eso no se ha reivindicado más. Mi análisis al borde de la madrugada me lleva a pensar que el mundo ha girado y la ha dejado atrás (parafraseando la canción de Weezer). Simplemente que su tipo de humor ya no funciona hoy día.


Hot Shots es tan buena –es una obra maestra del humor- que sus gags hacen gracia aun vista hoy, pero el tipo de chistes y situaciones que hacían reír hace 15 años ya no es el que impera ahora. Es una parodia dirigida por Jim Abrahams que hace sangre de muchas pelis, pero sobre todo de Top Gun (1986). Pasa lo mismo con Aterriza como puedas (1980), Top Secret (1984) -las dos también de Abrahams- y este tipo de pelis, hoy nos parecen ingenuas (aunque nos partamos el ojete viéndolas), igual que nos parece ingenuo el humor de Sucedió una noche (1934).

En Hot Shots Valeria Golino hacía mucha gracia, Charlie Sheen estaba sobrado, Lloyd Bridges para qué contaros y el petimetre Cary Elwes (el de La princesa prometida -1987- o Las locas locas aventuras de Robin Hood -1993) también tenía momentos memorables. Pero si en aquella peli había una estrella este era el personaje de Bisojo: auténtica creación. A Bisojo (alias de Jim Pfaffenbach) lo interpretaba Jon Cryer, que alcanzó la fama en La chica de rosa (1986) y ahora está precisamente junto a Charlie Sheen en la telecomedia Dos hombres y medio (2003-).

“Bisojo” es el apodo de un piloto que ve menos que un gato de escayola, con unas gafotas que ya ya. Lo bueno es que el nota no se da cuenta, y todavía se apena cuando lo relevan como piloto de combate. En Hot Shots hacían mofa de los típicos apodos chulescos de los pilotos yanquis (en plan “Maverick”, el de Top Gun), uno era Bisojo, otro había llamado Fiambre (adivinad quién la palma en la peli). En versión original, Bisojo se llamaba “Wash Out”, lo que equivale a “pérdida de control a los mandos de un vehículo”: como veis, un nombre muy apropiado para un piloto cegarruto. Pero Bisojo mola más.


Y sobre todo que es hilarante. ¿Por qué? Hay que ver al tipo para entenderlo. Mi novia, desplegando una crueldad cuasi-japonesa, me animaba el otro día a realizar un post-estudio sobre la figura de “El bizco” en las comedias americanas, y ciertamente no faltarían ejemplos. Pero Bisojo es algo más, es un personaje superentrañable que mueve a la hilaridad más allá de su defecto físico. Él mismo abraza su condición, rechaza operarse de la vista (una multi-opti-pupiloptomía: aunque es verdad que dice que se niega porque habrían de intervenirle por el recto). Es un valiente. Como amigo no tiene rival: se hace pasar por un compañero para evitar que al otro le caiga un paquete.

Aquella noche en Sicilia, el vino y el recuerdo de Bisojo hizo que a más de uno se nos aflojara la risa tonta. Su espíritu me ha acompañado durante más de un mes hasta que anoche volví a ver Hot Shots. Ignoro si a partir de ahora me dejará en paz o si, cual padre de Hamlet, exigirá de mí venganza, que reivindique el espíritu de la comedia ochentera.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Cuenta cuervos...


¡Uuuuuuuuhhhhhhh! Niños, hubo un tiempo mágico llamado “los años 90” en el que toda la música era buena, menos la de Dover. En aquellos tiempos había grupos de guitarras que eran famosos, sin necesidad de que ninguno de sus componentes sonriera nunca. 1994: recuerdo estar en el Virgin Megastore de Miciudad escuchando “Mr. Jones” y decirle a un colega, muy musical, “¿No conoces a esta gente?”. “Yo soy más del programa de Ramón Trecet” –me contestó.

Recuerdo que durante el mismo año 94 mis compañeros de clase me llamaban excitados si en alguna emisora de radio estaban echando una entrevista a Adam Duritz, esa especie de cantautorzuelo eléctrico con gafas y rastas, de quien se decía que imitaba a Van Morrison. Yo entonces no había escuchado a Van Morrison (pensaba que sería primo de Jim), luego lo he escuchado bastante mucho y la imitación no la veo por ningún sitio (por “imitadores de Van Morrison” solo me viene “Mick Jagger en los 70”).

Sí, amigos, estoy hablando de Counting Crows, aquel grupo californiano que debutó con August and Everything After (1993), discazo producido por T-Bone Burnett que vendió seis millones de copias, los catapultó al estrellato y luego… Como bien recuerda el folleto interior de un recopilatorio de 2003, diez años antes los Counting Crows vendían más discos que Nirvana o Guns N’ Roses, por citar solo a dos compañeros del sello discográfico Geffen. Pero cada nuevo disco suyo (el segundo: Recovering the Satellites, se demoró hasta otoño de 1996) vendió cada vez menos que el anterior.


¿Fracaso? ¿Lento declive? El citado folleto comenta que, nada más lejos, lo que Counting Crows hicieron fue huir del estrellato, cimentando una sólida carrera basada en la honestidad y la insobornabilidad artística, lo que les alejó de los números uno pero les ganó el respeto de la crítica y unos fans incondicionales (aunque fueran menos). Sus modelos, R.E.M., Bruce Springsteen y –otra vez-Van Morrison. Y Dylan, al que tanto admiraban que durante un tiempo dejaron de tocar su exitazo “Mr. Jones” en directo, solo para joder al público que había ido a verles.

Lo cierto es que cuando salió “A Long December”, el primer single de Recovering the Satellites, a mí no me impresionó mucho, tal vez porque por aquella época servidor andaba inmerso en la vorágine britpop, adorando a Oasis, Blur, Elastica, Supergrass o Teenage Fanclub. Y les perdí la pista a Counting Crows. Resurgieron con otro hit ¿inesperado?, un número uno en singles sacado de la BSO de Shrek 2 (2004), el irresistible “Accidentally in Love”. Les perdí la pista, hasta el sábado, que –llevado por la nostalgia -me pillé el recopilatorio del que hablo: Films About Ghosts (2003).

El cuentito que se monta el pavo que redacta lo del folleto está muy bien, casi me lo creo entero. Creámonoslo en un 75%, mejor. Se dice que Counting Crows evitó la comercialidad, y como prueba nunca editaron “Mr. Jones” como sencillo. Pues sería en USA, oiga, porque yo me compré ese single en marzo de 1994. Como insobornables que fueron, se negaron a recortar la duración de un tema para la radio (“Mrs. Potter’s Lullaby”), pero luego no le hicieron ascos a ceder otra canción para un anuncio de Coca-Cola (“American Girls”).


¡Pues claro que sí! Hay que vender, leches. Bromas aparte, y admitiendo que el único clásico que facturaron esta gente fue su disco de debut, tras escuchar el recopilatorio me encuentro con la agradable sorpresa de un grupo increíblemente bueno. Sin paliativos. Antes que toda esa peña con las que se les ha comparado, a mí Counting Crows me recuerdan automáticamente a The Band, por la riqueza y variedad de estilos que controlan; van del rock con raíces al power pop, del rhythm & blues al country-rock, del cantautorismo al rock alternativo. Y van con autoridad, con facilidad y con brillantez.

Verdaderamente esta gente merece que se les dé otra oportunidad. Yo de momento me he propuesto hacerme con todos sus discos, porque seguro que sus album tracks son tan buenos o mejores que sus singles. El talento de Adam Duritz necesita ser reivindicado, aunque es cierto que la crítica nunca les ha dado la espalda. Como producto de una época bien pueden estar pasados, pero vayamos más allá y veámoslos como lo que son: un grupazo de rock. Y punto.

martes, 23 de septiembre de 2008

Preñadismo, o: Deconstruyendo a Apatow


Hoy vengo a hablaros de una comedia que he visto en DVD, comedia = risa = Ja, Jo, JAJOTA. Por si no lo sabíais. Siento empezar así, pero ya me entenderéis. Y lo malo es que la película me ha gustado.

Espoleado por un comentario del buen Fran G. Matute, me doy cuenta de que no había visto ninguna película de Judd Apatow, este supuesto nuevo renovador de la comediota juveniloide. El máximo logro de este hombre y de las producciones que se están haciendo bajo su ala es el de hacer reír (gracias) y concitar el aplauso unánime de la crítica seria –o al menos cool-, en el sentido de que sus pelis están siendo consideradas objetos indies como pudieron serlo en su día las de Steven Soderbergh.

Este hombre es una especie de factótum cinematográfico, siendo a la vez director, productor y guionista. ¿De qué pelis estoy hablando? Por ejemplo Virgen a los 40 (2005) o Lío embarazoso (2007), en las que hizo las tres cosas, y luego ha escrito Zohan: Licencia para peinar (2008) y producido El reportero (2004), Pasado de vueltas (2006) o Supersalidos (2007). Otro de sus talentos más fascinantes es el de encontrar gracioso a Will Ferrell, hazaña que tiene verdadero mérito.

Supersalidos –que no he visto- llegó a España aclamada como la nueva vuelta de tuerca a la comedia descerebrada, el equivalente 2000 a lo que en los 80 fue Porky’s (1982) y en los 90 American Pie (1999). A falta de verla y comprobar tan interesante aseveración, es de constatar que la recepción crítica ha sido impresionante (IMDB le da 7,9 sobre 10; Rotten Tomatoes un 87%). Al éxito de Supersalidos le precedió en USA el año pasado otro bombazo, Lío embarazoso (Knocked Up), y el otro día mire usted por donde pillé esta última baratita en el FNAC de Miciudad (a ver si os ibais a creer que los fines de semana también me quedo en Cosica).

Puse la peli el domingo y, la verdad, no sabía bien que esperar. ¿Sería una comedia alocada y tronchante en plan hermanos Farrelly cuando eran graciosos? ¿Sería algo más sofisticado en plan Kevin Smith cuando era gracioso? La historia es simple: un pavo impresentable (vago, porreta, desempleado) deja preñada a una pava que en condiciones normales no le daría ni la hora (potente, lista, profesional de éxito). El cómo y por qué ocurre el embarazo no lo cuento para no aguar la fiesta (aunque no hace falta ser Sherlock Holmes), baste decir que la peli te la va colando doblada de un modo que hace que todo parezca sorprendentemente natural.


La premisa, con no ser el invento de la pólvora, tiene cierta gracia, sobre todo en lo que a reivindicar que los losers pueden ligar con tías buenas se refiere (¡ah, la magia del cine!). El resto de la peli resulta diría que ligeramente gracioso, vale, muy gracioso, si no se nos hubiese vendido esta cinta como “la gran cosa”. ¿Comedia delirante? A lo mejor porque el protagonista y sus compis de casa se la pasan fumando en un bong. Los diálogos están muy bien, pero lo que se nos presentaba como una comedia rompedora no deja de ser la historia de amor más convencional del mundo. Lo del embarazo, en fin, nada que no hayamos visto en Juno (2007) o Nueve meses (1995).

De hecho, Juno sí que tenía un puntito de riesgo, y por muy ñoña que fuese al final, no dejaba de ser semivaliente. Pero Lío embarazoso… lo siento, no me la trago. Me ha gustado, una comedia más, pero nada del otro jueves, la verdad. No quiero destripar la trama, pero baste decir que todo lo guay que pueda tener es más propio de un episodio de la serie Cómo conocí a vuestra madre (2005-?) que de un American Pie. Más John Hughes que John Landis, por decirlo de otra manera. Esto, en sí, no es malo, pero lo que más me fascina es que un producto supuestamente rompedor acabe siendo un exponente más de la mentalidad conservadora.


Decían los apóstoles de la Deconstrucción (Derrida, Paul de Man) que todas las ideas llevan dentro –sin quererlo- su contrario, de manera implícita. De hecho, “deconstruir” no significa hacer una tortilla de gazpacho sino aplicar un método mediante el cual se desenmascaran estas contradicciones, de modo que las dicotomías (hombre/mujer, bueno/malo, natural/cultural, etc) se revelan falsas. Con Lío embarazoso podemos encontrar un buen ejemplo de esto: una historia que se anuncia anticonvencional (embarazos extramatrimoniales, drogas, hedonismo, sexo sin amor) acaba siendo un típico canto a lo de siempre (matrimonios felices, familias, paternidad responsable, vida sana).

La sorpresa


¡Cómo mola una sorpresa bien dada! Qué bien entra. Hay gente que no sabe dar sorpresas, suelen ser los mismos incapaces de guardar un secreto. Yo mismo soy bastante malo sorprendiendo a otros, la verdad es que como me haya currado algo que sepa que a otra persona le va a hacer mucha ilusión o simplemente basta que me haya enterado de que hay algo por ahí… lo paso fatal hasta que llega el momento preciso. Llamadlo impaciencia si queréis.

Hay sorpresas chapuzi, la verdad, esta semana hemos tenido dos ejemplos desenmascarados por el programa Sé lo que hicisteis… Una era del programa Territorio Comanche de Telemadrid, presentado por Cristina Tárrega, y consistía en que había un pavo escondido detrás de la mesa de la presentadora. El nota estaba ahí, agazapado, y figuraba que en un momento dado surgía de la nada. Pero ni la Tárrega ni su invitada se inmutaban demasiado cuando salía el tío: el visionado con detalle del programa revelaba que al “escondido” se le veía perfectamente desde minutos antes de aparecer.

La otra sorpresa fallida era mejor por ser más chusca: se trataba de que el programa Gran Hermano, en su décima edición, había previsto que Ismael –ganador de la mítica primera- se infiltrara en la casa de Guadalix de la Sierra. Lo iba a hacer caracterizado de otro personaje, con gafas de culo-botella, pelo largo negro a lo Bardem y otros afeites enmascaradores. La idea era hacerse pasar por un tal Paco, supuesto concursante, tomarles el pelo a todos y al final revelar su identidad en una apoteosis de fantasía y sorpresismo. Como bien dijo Patricia Conde, “horas para pensar la idea, horas de maquillaje y ocho segundos duró la sorpresa”.


En efecto, nada más entrar Ismael/Paco en la casa, una de las concursantes va y le espeta: “Anda, pero si tú eres el Pisha, ¿de qué vas disfrazado?”. Apoteosis, pero del descojone. Y, ¿a qué viene esta paranoia de las sorpresas, Porerror? Pues viene, señora, a que esta noche yo he sido el incauto destinatario de una fantastiquísima sorpresa.

Hoy ya tenía pensado -y semiescrito en mi cabeza- un post diferente, sobre otra temática, pero como dicen en los telediarios, la actualidad manda y el curso de los acontecimientos ha sido otro. Pues como iba diciendo, esta tarde salgo de mi casa y voy, por decir un sitio, al gimnasio, y no me llevo móvil ni nada porque para qué, quién necesita un teléfono móvil en Cosica y menos a las siete de la tarde y menos en un día de lluvia. Vuelvo a mi casa de noche ya, la noche en Cosica es oscura (algún día os hablaré de ella), me había equivocado de camino. Mira que el pueblo es chico, pero para mí su callejero es todavía tan complejo como el de la antigua Nápoles. Durante unos minutos me pierdo (y andar “unos minutos” en Cosica puede significar acabar en un cercado de ovejas), voy empanado, pensando en mis cosas y escuchando a Rockpile en el iPod.


Llego a mi casa sosegada y a lo lejos en la calle húmeda distingo tres figuras, no hay duda, están en la puerta de mi casa, y lo primero que pienso es “ya está aquí la de la inmobiliaria para tocarme las narices, o un comité de vecinos reivindicativos con alguna fábula”. ¿Me habré dejado un grifo abierto? ¿Se habrán comido las hormiguitas de mi cocina a alguno de sus insomnes y ladradores perros? Pero no, cuál no será mi sopresa al acercarme y distinguir que quienes me estaban esperando eran mi novia y un matrimonio amigo.

Solo alcanzo a decir “hostia”, y me quedo sin palabras. ¡Se habían plantado en Cosica viniendo en coche desde Miciudad! Lo máximo. Me habían alegrado la noche, el día, la semana, el mes, ¡yo qué sé! Les hago entrar y entablamos animada charla, hacemos una cena, risoteamos, mis amigos cuentan de su vida en Méjico, comentamos su reciente boda… Y de la alegría de ver a mi novia ni hablo. Al final, se tienen que ir, no consigo convencerlos de quedarse a pasar la noche. Pero no importa mucho. La alegría ya me la han dado, la sorpresa había sido perpetrada con éxito.

Ojalá os caigan muchas como esas a vosotros, lectores, ya veréis lo bien que se queda uno.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Semos todos


Muchos grandes tuvieron problemas con Hacienda: Arancha Sánchez Vicario, Robin Hood, PG Wodehouse, Ray Davies, Pedrito Ruiz… Humildemente, hoy me sumo a esta lista de egregios. ¿Motivo? Mis tribulaciones con el fisco, que a continuación paso a relataros.

Yo no le llego ni a la suela del zapato a los personajes mencionados, pero por algún motivo, la Agencia Tributaria española la ha tomado conmigo y le ha dado por perseguirme. Muchos profesionales del gremio (entre ellos, varios inspectores de Hacienda) me comentan siempre que sería tan facilísimo recaudar trillones de las antiguas pesetas más de lo que actualmente se recauda. Bastaría con ponerse. Pero como bien me dijo otra persona, a Hacienda no le compensa pagarle el sueldo a un tío para que te persiga.

Porque van a sacar cuatro duros. Pero al parecer, hay montones de empresas y particulares de los que facturan dinerales, que defraudan lo indefraudable y que son dejados medio tranquilos. ¿Mantenimiento del status quo?


Yo solo soy un miserable asalariado, que cobra por hora menos de un tercio de lo que te lleva un mecánico del coche, y además tengo las cuentas muy claritas: ni propiedades, ni terrenos, ni dinero invertido. Bueno, pues no sé bien por qué arte de birlibirloque los señores del fisco se la pasan asaeteándome a cartitas y tocándome las narices. Y lo más bonito es que, tras el susto, el disgusto, el trastorno, la reunión del papeleo, la pérdida de horas de trabajo y todo lo que haga falta, acaban dándome la razón.

“Uy, perdón, era un error nuestro: jí, jí, jí, jí…” Este verano llego yo tan pancho de un estupendo viajito relajante y me encuentro en el buzón otra cartaza de Hacienda, que si requerimiento, que si patatín y patatán… que si no será usted enviado a galeras… Adiós relax y adiós tranquilidad otorgada por las vacaciones. No me extraña que en los tebeos de Mortadelo y Filemón presentar la Declaración del IRPF fuese pintado como un trauma, o que los Beatles cantaran “Taxman” (F. Ibáñez y George Harrison, otros grandes damnificados por el tema).


Luego, mis dos Ángeles de la Guarda de los impuestos (un familiar Inspector de Hacienda y un amigo asesor fiscal) siempre me sacan del apuro. Ya digo, todo se soluciona sin problema, porque yo no defraudo y lo hago todo bien, pero el disgusto que me llevo es siempre morrocotudo. Joder, en Estados Unidos presenté la Declaración de la Renta durante dos ejercicios y no tuve ningún tipo de problema. Pero aquí… ¿tendré que mudarme a Andorra para que me dejen en paz?

Para acabar no me remonto a los Beatles ni a Cheap Trick (que también cantaron aquello de “Taxman, Mr. Thief”). Decía Mecano en un tema suyo, “y en el año que viene, a ver si en vez de un millón pueden ser dos”. Yo simplemente quiero decir, “señores del fisco, en el año que viene a ver si en vez de tocarme las narices a mí otra vez se las tocáis a otro”. Porque Hacienda somos todos. ¿O sí?

jueves, 18 de septiembre de 2008

Watchmen: La gran cosa (y II)


Vuelvo a la carga con Watchmen porque verdaderamente merece la pena. No sé si lo he dicho ya pero la lectura de este cómic ha cambiado incluso mi concepción del medio mismo de la historieta. Si formalmente el tebeo es una obra maestra no lo es menos en el plano del contenido. Sí, pero, ¿de qué trata? No pienso aquí dar ningún spoiler, pero sí voy a esbozar la temática. Superhéroes, eso seguro, pero si solo fuera eso…

La primera página de Watchmen es la mejor página de cómic que he leído en mi vida, tan fácil como eso. Muy deudora de la técnica cinematográfica, tiene la ventaja de que en ella se explica la misteriosa portada (¿qué coño es ese fondo amarillo con manchas negras y rojas?) Cuando me di cuenta de lo que era me di cuenta también de que no estaba leyendo un tebeito cualquiera. Otra característica de la primera página es que marca el tono de la historia, a ratos sombrío, a veces cómico, casi siempre descreído.

La “voz en off” (por llamarla así) nos abofetea con una soflama carca y ultraderechona que nos descoloca un poco, y no será la única voz que se haga escuchar. A lo largo de Watchmen encontramos ejemplos de muy diversas ideologías y corrientes filosóficas: objetivismo, fascismo, feminismo radical, movimiento gay, y las citas que salpimentan el cómic a modo de epígrafe u otro están tomadas de, por ejemplo, Bob Dylan, Elvis Costello, John Cale, la Biblia, Albert Einstein, William Blake (¡ese tigre!), Nietzsche, Carl Jung o P.B. Shelley. El título, sin ir más lejos (que en inglés quiere decir “Los vigilantes”) está sacado de una sátira de Juvenal.


Lejos de ser pesada, la lectura de Watchmen es puro entretenimiento, se trata de una historia más de suspense que otra cosa. Si hay filosofía –o más bien reflexión- es siempre en su justa medida, viniendo a cuento y enlazando con la trama. Nunca tuve la sensación de hallarme abrumado en un mar de citas culturetoides puestas ahí porque sí, si sabéis a lo que me refiero. Para colmo está el telón de fondo de la Historia, motor último de la historia de Watchmen. Hay referencias a la Historia/mitología griega y egipcia, y el simple hecho de que se desarrolle en unos años 80 paralelos hace que para nosotros ya sea una época muy pasada.

Supongo que en su día daba mucho morbo leer algo contemporáneo pero distinto (como si hoy se hace un cómic con la premisa de que los USA barrieron en Irak y Al Gore es el actual presidente), pero hoy el morbo está en que los 80 se nos fueron hace tiempo. Y en que la Guerra Fría para nosotros es una curiosidad, mientras que los personajes de Watchmen viven en el mismo mundo geopolítico que los de la peli Teléfono rojo: ¿Volamos hacia Moscú? (1964).

Se habló del fin de la Historia al superarse la época de los Bloques, al aparecer la amenaza que desembocó en el 11-S… en Watchmen también se abordan estos temas, solo que el tebeico fue escrito hace más de veinte años y, leído hoy día, acojona. A nosotros ya no nos asusta que Rusia vaya a dar un pepinazo (¿o sí?), pero hay por ahí amenazas peores. En Watchmen hay un personaje que se la pasa anunciando la llegada del Fin del Mundo, y no acaba uno por saber si anda loco o es el único que se ha enterado de la movida.


Ufffff… quería hablar de tantos temas a propósito de Watchmen: de política sexual, de psicología, de ciencia… no puede ser: LEEDLO. ¿Y la diversión, Porerror? ¿Y los superhéroes? Bueeeeno, tranquilos, que también salen mamporros, explosiones, naves voladoras, viajes espaciales, gente follando, peleas, alguien con el pene azul… como en cualquier tebeo de superhéroes. Solo que estos héroes son especialitos, algunos lo son -héroes- a pesar suyo (una lo es porque lo fue su madre; otro porque admiraba a alguien), y tienen problemas prosaicos.

No estoy hablando de Spiderman haciéndonos creer que está atormentado porque a su Tía May le pica la oreja, hablo de superhéroes con ganas de mear mientras salvan al mundo, gente que se da cuenta del ridículo que hace yendo por la calle en mallas, y así. De hecho, la incomodidad, las dudas sobre el papel de los superhéroes son unos de los temas centrales de Watchmen, por eso dije ayer que era un Quijote, porque al final acabas pensando “ya no puede haber más historias de superhéroes, son absurdas”.

De hecho, en Watchmen sale un superhéroe destinado a dejar en el paro a todos los demás, en realidad a toda la raza humana. Ha sido la primera vez en mi vida que al toparme con un personaje de ficción me he dicho “Menos mal que no existe en la realidad”. Es solo un cómic, ¿no?
 
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