Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

jueves, 26 de abril de 2012

Homenaje a Adolfito: ese visionario


-“El que te focka, el que te parte la boca.”
(El Tito MC)




Hoy quisiera homenajear a una personita muy especial. Un chiquitino al que vamos a rescatar tras un viaje en el tiempo. Mezclad en una licuadora una lata de refresco carbonatado, un sobre de polvos pica-pica y un mechón de pelo de Michael J. Fox y disponeos a viajar 22 años atrás en el tiempo: hasta 1990, cuando cursaba 7º de EGB. 7º de EGB era el equivalente a 1º de la ESO, solo que ahora “eso” marca el comienzo del instituto, los mismos niños pero ya en el insti, con cambio de etapa, etc., y en aquella época 7º constituía un auténtico mojón de pato, el Concejal de Cuenca de los cursos, un quiero-y-no-puedo porque todavía no eras el mayor del patio (siempre tenías a los de 8º poniéndote la pierna encima) y no habías entrado en ninguna maravillosa etapa nueva.

But I digress. De quien quería hablaros hoy era de un chavalón de mi clase, al que llamaremos Adolfito. Recordad, 7º de EGB: era el año en que se estudiaban por primera vez las ecuaciones, en que había que saberse el aparato digestivo de una paloma, y si mal no recuerdo en Sociales se daba la Edad Moderna, se aprendía a distinguir el Complemento Directo del Directo... Adolfito estaba en mi clase y en la de Harvest, era un repetidor, y por tanto un año mayor que nosotros. Era lo que en aquella época se conocía como “un mafia”. Él fumaba, se peleaba a hostias y probablemente ya hubiera cumplido los 14 años. Quién sabe si no se hubiese follado a algún burro utilizando un paquete de pipas como anticonceptivo. Decía “nabo” en lugar de “picha” y se le veía merodeando siempre con los (y las) de 8º, su “verdadera clase”.


Harvest y yo éramos niños muy buenecitos: obedientes, siempre hacíamos caso de lo que nos decían nuestros padres, y la mayor barrabasada que podíamos cometer era volcar un bote de témpera sobre una mesa y ser castigados sin ir al circo ese año. Por descontado que hacíamos a diario los deberes: TODOS LOS DEBERES TODOS LOS DÍAS. Y cuando faltábamos, estrictamente por estar enfermos, nos preocupábamos de llamar por el fijo (el único teléfono que existía) a algún amigo para saber qué se había hecho aquel día en clase. Tampoco éramos hijos o alumnos modelo, independientemente de las notas que se sacaran, el 90% de mi clase de entonces te podría contar la misma historia.

Pero Adolfito no. Él había repetido porque le quedaron un chorro de asignaturas, y paseaba su cuerpo por las aulas como quien vaga por ellas, estando sin estar, pasando de todo, como un personaje de una canción coetánea de Sabina, a quien por supuesto ninguno escuchábamos. Por tanto él no atendía en clase ni tomaba apuntes, antes bien, hacía todo lo humanamente posible por incordiar en clase, probablemente porque se aburría, sí, pero también porque gustaba de elevar el incordio a la categoría del Arte por el Arte.


Recuerdo una anécdota en concreto, que en mi joven cerebro tuvo un poder catártico. Veníamos de celebrar las fiestas de mi colegio, un par de días sin clase en los que se celebraban torneos deportivos, concursos culturales, festivales de variedades y verbenas de bailoteo light. Lo más esperado del año por nosotros, huelga decirlo. El día después de las fiestas teníamos deberes, claro, Harvest y yo y casi todos los traíamos hechos, pero nuestro profesor de Naturales (un farmacéutico al que muchos de mis lectores recordarán) sacó a la pizarra a Adolfito para preguntarle oralmente.

El niño, con todo el desparpajo contestó a las preguntas del profesor que no se lo sabía y a la absurda pregunta de por qué, que porque no había estudiado. Más preguntas absurdas de interrogatorio de profesor: “¿Por qué no has estudiado?” -“Porque eran las fiestas”. “Y para ti que es más importante, unas fiestas o estudiar y sacarte tu curso…?” Creo que no necesito revelaros lo que le contestó Adolfito. Aquello me causó piedad y terror, a partes iguales; era una trasgresión inimaginable en mi mundo de niño responsable.


He omitido un dato clave, acaso sin querer, acaso para ser tramposo. Adolfito era un niño “bien”, de familia con posibles. No sé qué habrá sido de él, si tengo que apostar diría que hoy día será un empresario de éxito, con patillas y copa de balón incorporadas. Posiblemente regente su propia empresa de transporte de melones. Al más negado de mi clase (le quedaban TODAS en TODAS las evaluaciones), también de familia bien, me lo encontré años después y me contó que era ejecutivo de una multinacional, tras haber estudiado en una universidad privada y haber ido a Estados Unidos. (Ya dijo el Arcipreste de Hita: “Aun el hombre necio y rudo labrador/ dineros le convierten en hidalgo doctor”.) No sería de extrañar que Adolfito hubiera corrido una suerte parecida a la del “ejecutivo”.

A diario me encuentro con mandrias que andan triunfando y con personas de éxito y valía que están en la puta calle. Anoche mismo me presentaron a una chica de mi edad con un expediente brillante, premios extraordinarios de Licenciatura y Doctorado, publicaciones y congresos a pares, con un libro publicado… que está en el paro. Adolfito fue en muchos sentidos un adelantado a su tiempo, un heraldo de la desidia que impera en las aulas actuales (más de la mitad de los alumnos actúan hoy como él lo hacía hace 22 años, me asegura Harvest) y de la puta picaresca española en su versión más negra, la que defrauda a Hacienda, la que se alegra de los males ajenos, la que medra por enchufismo y carece de escrúpulos y de talento.


Yo no puedo quejarme porque gracias a Dios estudié como un jabato y hoy tengo trabajo fijo. No puedo quejarme por mi situación, pero tengo ojos en la cara. Y mira por dónde, se me vienen a las mientes otros versitos de Sabina que caen ahora al pelo: “El más capullo de mi clase (¡que elemento!)/ llegó hasta el Parlamento (…) El superclase de mi clase (¡que pardillo!)/se pudre en el banquillo.” Si no habéis visto un vídeo de YouTube titulado “Generación Perdida” os animo a verlo. Yo sería el hermano mayor, pero también pertenezco a esa generación que se describe.

7 comentarios:

dominador comun dijo...

muy bueno che, creo que es algo que estamos pasando todo y como dice al final. "tengo ojos en la cara", esta bueno no olvidar eso.
te mando un abrazo y pasate por mi blog, estoy arrancando pero vamos con fuera.

Anónimo dijo...

Qué bueno. Qué buen ratito paso leyéndote.

Carmen Martín. dijo...

Genial post por error... y por desgracia demasiado cierto.

Anónimo dijo...

Decía "nabo" en lugar de "picha": genial.

Hasta cierto punto, hemos sido afortunados por haber podido observar la conformación de tales gérmenes (no entendido en sentido peyorativo, que conste, sino como la semilla de toda una grandísima evolución posterior).

Don CalcetínRelleno

Anónimo dijo...

Yo conozco a varios Adolfitos triunfadores porque si al descaro le unes atrevimiento, una "buena" familia detrás (o un partido político)carencia de escrúpulos y muuuucha jeta ¡ya está! triunfador habemus. Desde Cosica, un abrazo.
M.P.

Anónimo dijo...

LAMENTABLE CIERTO

Anónimo dijo...

Cómo se disfruta leyéndote, porerror.

Todo lo que dices tiene todo de verdad...antes los Adolfitos eran casos especiales, pero me da la sensación de que cada vez abundan más...será porque tienen la confianza de que a pesar de ello serán grandes triunfadores en la vida?! Será que les estamos inculcando esas ideas!?
un saludo

Silvia

 
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