Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Generación M


Amigos, sabido es que la letra M tiene mucho prestigio. Ahí están si no M, el jefe de James Bond, el cantante francés –M-, la canción “M” de Los Piratas, su uso como símbolo del prefijo “mega”, el número 1000 romano, el famoso hotel EME de Sevilla, M, el vampiro de Düsseldorf… para atestiguarlo. Pero también es sabido que nuestra querida decimotercera letra del abecedario (sobre todo en mayúscula) es sinónimo de una mierda gorda.

En el ámbito anglosajón hace tiempo ya que se habla de la Generación Z (y no me refiero a los tan de moda ahora zombies), después de las Y y X de rigor. La X fue tal vez la Generación que más ha capturado la imaginación mediática aquí en España, merced tal vez al afamado libro de Douglas Coupland Generación X (1991), a productos culturales como el grunge o la peli Bocados de realidad (1994) y a un par de reportajes bien colados en su momento en El País de las tentaciones. Otras “generaciones” parece que no han cuajado tanto (el mismo Coupland trató de hacernos comulgar hace dos años con la A, dando ya la Z por pasada, como hizo Kurt Vonnegut), pero el tema del apelativo no es en realidad tan importante.


Yo, amigos, hasta ahora no sabía a qué Generación pertenecía, a la X no, desde luego, aunque la prensa y la publicidad me lo inculcaran. Servidor en 1991 estaba en 7º y 8º de EGB, escuchaba a Mecano en vez de a Nirvana y si llevaba camisas de cuadros no era desde luego por hacer una revolución cultural. Además, en Seattle dicen que llueve 200 días al año y en Miciudad no para de hacer sol. “Ayer llovió!”. Gracias, por el dato, señora: puede usted volver a su sitio.

Pero hoy me ha dado por pensar, tal vez debido a una conjunción casual de elementos, que mi generación bien podría ser intitulada como Generación M, al menos en España, habida cuenta de una serie de razones que trataré de exponer. Es un hecho que no admite discusión que somos la primera generación en la historia de España que hubo de rendir respeto a sus mayores y que no puede esperar el mismo trato de los niños pequeños. Yo llamaba “usted” a todos los adultos y aún lo hago con los desconocidos y no digamos los ancianos. Bien, pues hoy el tuteo se ha impuesto de forma falsamente democrática, como si todos fuésemos camaradas milicianos o yo no sé qué cojones, y ya no puede uno esperar que le traten de “usted” en ningún lado.


El miércoles pasado, en clase de francés, la profe abroncaba a dos compañeros por haber representado un dialoguito sito en una agencia de viajes ficticia y haberse tuteado empleado y cliente. “No lo hagáis nunca, porque eso en Francia está muy mal visto”. “Y aquí”-pensé yo, para inmediatamente darme cuenta de que es muy probable que ella no lo perciba así. Que mi profe vea que aquí camareros tutean a ancianos, dependientes a clientas, funcionarios al Lucero del Alba y así sucesivamente. Y en clase… yo cuando entraba un profesor me ponía de pie, y siempre me dirigía a ellos (en el cole, en el instituto, en la universidad) de “usted”. Hoy en día me cuenta Harvest que eso es impensable.

No basta con no esperar ese trato, es que aún hay gente que se te rebota y te mira raro si les tratas de “usted” para marcar distancias, como si fueras un clasista, un antiguo o un aristócrata venido a menos. Se me dirá que esto del “usted” (y las formas verbales de “usted”) es una tontería: riquísimo, gracias. Pero si lo era, por qué hube yo de tener ese miramiento con mis mayores? El tratamiento es lo de menos, yo me refiero a la educación, la cortesía, a ceder un asiento en el transporte público, a sujetar una puerta, a retener un ascensor, a llevarle las bolsas a una señora… si todo eso es una tontería, por qué mi generación tenía que hacerlo a la espera de llegar con la edad a esa posición de respeto... solo para descubrir que en realidad lo que tiene que hacer es comerse una M?


Muy a menudo se escucha ahora en los medios españoles que la generación actual va a ser la primera que va a tener que vivir en peores condiciones materiales que la de sus padres. Cuántas veces no habremos escuchado de boca de nuestros mayores que no teníamos derecho a quejarnos porque… en el pueblo se cocinaba con leña? … para tener agua potable había que andar no sé cuántos kilómetros? … la ropa se heredaba de los hermanos?, etc, etc. Parece claro que en España antes éramos pobres y en el plazo de cincuenta años hemos pasado de haber un solo teléfono en el pueblo a tener cada niño un portátil regalado por el Gobierno (niños que -además- ya no viven en pueblos, para empezar).

Pues bien, ahora resulta que no éramos tan ricos como nos habían hecho pensar (porque el dinero público, en contra de lo que decía la Ministra Calvo Poyato, sí es de alguien: nuestro) y que todo lo que recibíamos “gratis”, sean prestaciones, infraestructuras, mejora de condiciones laborales y salariales, servicios sociales, en realidad no lo vamos a poder seguir manteniendo. Por las razones que sean, la culpa la podemos analizar otro día, lo único cierto es que, como dijo en la radio Fernando Trías de Bes, “No se trata de lo que es justo o injusto, sino de lo que nos podemos permitir”. Cuántas veces no escuchamos estos días en los medios la dichosa frase de “Se acabó la fiesta”. Ah, pero había una fiesta? O sea, que trabajar y pagar impuestos con una nómina era estar de fiesta? Haberme avisao!


Lo único cierto es que nos va a tocar tragar cosas muy desagradables en el futuro, que la manguera de merengue se ha trocado en un cañón de mierda que nos está salpicando a todos. Que esas familias de clase media de asalariados que en el curso de una vida acumulaban un piso para cada hijo van a ser cada vez más raras (bueno, a mí eso tampoco me ha tocado, eh?).

Probablemente, los niños de hoy y de mañana se críen acostumbrados a que la Sanidad no es gratis, encima sean muy maleducados y a sus padres ya no les importe. Ellos usarán el teléfono móvil en clase y serán mileuristas, pero escribirán su propio guión, porque están despreciando el legado cultural de sus mayores. Pero a los de nuestra generación, los que tuvimos que atenernos a las reglas que otros habían escrito, nos la han colado doblada, amigos.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Amén amigo ¿Dónde han quedado el respeto y las buenas formas?... Abogo por volver a implantarlos para con los mayores, que como bien dices, ello no significa ser clasista ni nada por el estilo... Y los padres deberían ser los primeros en cambiar esta involución absurda.

CHMA

Pachi dijo...

Verdades como puños.

Peter Parker dijo...

Después de leer esta entrada ya no me siento un ingrato con mis padres.

Desde hace tiempo pienso que nuestros padres, involuntariamente, nos han engañado; propagando esa mentira social de estudia mucho y busca un trabajo que todo saldrá bien. Y no es así.

Me quedo con tu frase de que la nueva generación escribirá su propio guión. Suerte que tienen.

 
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