Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

lunes, 8 de abril de 2013

Comunicación telefónica con MIGUEL, novio de Miriam


“¿Es el enemigo? Que cuándo van a atacar…” El teléfono, amigos, qué grandes alegrías nos ha dado durante un par de siglos. Ayer tarde me entero en uno de esos concursos de Antena 3 que ni la esposa ni la madre de Alexander Graham Bell escuchaban un pimiento (“oían un pimiento”, para los no andaluces). Pero el teléfono: ¡qué gran invento! Aquellas facturas terroríficas con llamadas locales… aquellas conversaciones adolescentes con ligues o amigos, desde un teléfono fijo sito en todo el centro del salón familiar… ¡sabiendo por las películas que en los USA los hijos de familia tenían un supletorio dentro de su propio cuarto…
Si no has tenido que buscar “supletorio” en el DRAE probablemente seas de mi misma generación (Yo fuí a la E.G.B., etc): fuimos a las EGB y ya en la carrera vimos Gran Hermano, como parte de un experimento sociológico que salió esperpénticamente mal. Ahora Gran Hermano va –me entero- por su edición nº 14, y aunque ya no lo veo pues me provoca pereza y sonrojo (creo que hice un post hace un par de años), confieso que me hallo galvanizado por una trivial anécdota acaecida este año, de la que he sido testigo por casualidad. O por obligación. Últimamente soy incapaz de encender la tele sin que aparezca en la pantalla el rostro esmorecido de una chiquilla rubia de bote llorando a moco tendido. Un cintillo explicativo me informa de que la escena fascinante a la que estoy asistiendo tiene por título “Comunicación telefónica con MIGUEL, novio de Miriam”.


Miriam es la llorona, ya hemos adelantado algo: la mejor “llorona” desde aquella que cantuviera Chavela Vargas. Y como vosotros tampoco veis GH 14, yo os explico el drama. ¿Qué congoja, duca o tortura ha llevado a Miriam a deformar su juvenil rostro con tales expresiones de llanto? ¿Qué zozobras trágicas alberga su corazón?, ¡¿QUIÉN?!... ¿Quién es el hijoputa que hace llorar así a la criatura? Llamo a Harvest pero como él tampoco ve GH le encargo que investigue entre su dilecto alumnado, y averiguamos que la ubicua plañidera catódica no es parte humillada ni ofendida; antes bien, ella le ha puesto los cornacos a su novio de fuera, Mike: “MIGUEL” para los cintillos. Y ambos están ventilando los trapos sucios en una llamada telefónica a la tele.

De manera que: Miriam, la rubia de las lágrimas, suelta lágrimas como puños de mono (es el nombre de un nudo marinero, malpensados) porque, confrontada con su propia zorrería, se ha visto expuesta como una mujer mala delante de toda la España que ve ese programa. Ese programa al que ella ha acudido voluntariamente y en el que concursa –tras un arduo proceso de selección (creo que le midieron las tetas)- para ofrecerse por TV. Que su novio MIGUEL le ha echado en cara que una persona que se comporta así (= frotarle la cara interior de los muslos a un tal Igor) no puede ser la mujer de su vida. “Una guarretería impresionante”, en palabras de Josema, alumno de 14 años. Otros alumnos confirman lo que me temía: que entre Miriam e Igor, hay untamiento y ayuntamiento (carnal). Y que la chiquilla estaba prometida para casarse.
 

Por eso llora Miriam: por eso las pantallas, todas las pantallas del mundo nos devuelven su imagen chiquitita con sus ojos manando líquido. Por eso Miriam es como ese personaje del cuento de Italo Calvino cuyo rostro se multiplicaba en fotos de fotos de fotos, en todas llorando todas las lágrimas de su cuerpo (como dicen los franceses). Por eso destilan sus ojos la savia de la pena, y se aferra al mantra de GH, del que hasta yo me acuerdo: “¡Es que fuera no se ve todo, cari! ¡Es que tú no has visto cómo son las cosas aquí dentro!” Sentencia MIGUEL –foto fija con crestita, voz en off- “Precisamente lo he visto todo: lo ha visto toda España”. Los alumnos de Harvest son inmisericordes: “El Igor solo quiere a la Miriam pa lo que la quiere”. No caigas en ese profundo error, Miriam!!! Se te ha hecho el chocho Pepsi-Cola con un mozo que no te respeta, que solo te quiere para palotizarse debajo de un edredón en la tele… un cuento tan antiguo como el mundo.

Y del otro lado de la pantalla (¿o debería decir espejo?) nosotros. Asistiendo con piedad y terror a una depuración de nuestras almas: es como ver la lavadora centrifugando pero con la diferencia de que el cerebro entiende lo que hay dentro, aquí no se mezclan los colores. Miriam, desde su pantallita minúscula de Guadalix de la Sierra, se ha convertido en Mike TV, aquel personaje de Roald Dahl que a fuerza de ver la tele se desintegró dentro de ella. Es la imagen de Bruce Willis acariciada por las manazas (iba a decir “manitas”: ja ja!) de Liv Tyler en Armaggedon (1998). Es Thom Yorke ahogándose dentro de la pecera del vídeo de “No excuses”“No Surprises”: la dolorosa bajo parabólica, la mujer que llora en público por todos nuestros pecados privados en esta Pascua de Resurrección.


Dice el Papa Francisco que los cristianos no pueden estar tristes, pues algo así nos pasa a los lectores de Estatuas Verdes, sigan el credo que sigan. Miriam llora para que nosotros nos descojonemos, somos Ignatius J. Reilly indignados y fascinados a la vez por las groserías que nos ofrece la tele. A lo mejor he distorsionado los particulares de la llamada de Miriam y MIGUEL, qué más da. Son un enxiemplo. Los detalles dan igual, y pasarán: me quedo con el icono porque su llanto es eterno. Mientras tanto, desde el lejano planeta Tierra, nosotros asistimos al drama de la última llamada telefónica de E.T. cómodamente atontados, y sólo podemos decir –con Pink Floyd-: “Hello! Is there anybody in there…?”

 

martes, 2 de abril de 2013

Papismo, o: El tema del Papa ahora os lo explico yo si eso


“Viva la pa-pa-pappa/ col po-po-po-po-po-po-pomodoro...”
(Rita Pavone)




Si hay algo que caracteriza a Estatuas Verdes, es que somos fans de la Santa Sede. Esto, que por algún motivo puede que nunca haya salido a relucir aquí en cinco años, es algo que los que me conocen en persona saben bien. Al igual que muchos españoles se profesan “no monárquicos sino juancarlistas” (dando a entender que no comulgan con la institución pero sí con la persona), en Estatuas Verdes somos al contrario: monárquicos, aunque no de Juan Carlos. Y papistas, independientemente de quien ocupe el trono de San Pedro.
Como decía un tuitero, en mis 35 años de vida he conocido a más papas que presidentes de la Junta de Andalucía. Hecho asombroso que se explica por los breves pontificados de Juan Pablo I y Benedicto XVI. Acerca del último papa poco tengo que decir: su nombre dio mucho juego con lo de “equis uve palito”, se le acusó de nazi, de inquisidor (como a todos los papas, vaya) y parece ser que era un teólogo de talla. Esto último lo digo por referencias, aunque prometo ponerme al día con su obra La infancia de Jesús (2012), que amablemente me regalaron los buenos Grillo y Malele, y del que solo he leído el prólogo. Pero no me negaréis que cualquiera que haga decir a la prensa que “no hay que poner mula ni buey en el Belén” o que “los Reyes Magos eran andaluces” no es un G.R.A.N.D.E.

Aunque para G.R.A.N.D.E., su antecesor Juan Pablo II, al que vi de lejos una vez que estuvo en Miciudad (tampoco soy de JMJ ajierro, eh?). Parodiado en pelis de Leslie Nielsen, en la serie Búscate la vida, objeto de un pasodoble de Antonio Martínez Ares y de un cuarteto de El Libi de Cádiz… semejante currículum bastaría para encumbrar a cualquiera a la gloria eterna (no hablo de los altares, que eso va por buen camino, y si no que se lo pregunten al ninot que han colocado en Sevilla en la capilla de La Estrella). Pero hubo más, rimas con su nombre (“te quiere todo el mundo”), sevillanas “del adiós”, reñirle a Ernesto Cardenal, decir que no existen ni el cielo ni el infierno ni el purgatorio… verdaderamente, el legado de este hombre no tiene parangón.
Guasas aparte, mi fascinación por el papado la descompongo en una triple vertiente: una seria, otra cómica y otra más bizarra. Atentos, porque a lo mejor no son las que os esperáis. Lo serio es que soy católico, y por ese motivo me interesa el papa. Ni soy su esclavo ni sigo sus tuits a diario ni sus opiniones dictan mi vida pero me gusta estar informado –en general- de lo que hace y dice, aunque sea para disentir. Considero que los que más deben criticar la labor del papa son los que le hacen caso, o sea los católicos, ya que a ellos se dirigen los mensajes que lanza. Me fascina empero que quienes más pendientes parecen estar de las papadas sean sus enemigos, pero esto –a poco que se escarbe- es tan fácil de explicar… diré más luego.


Sobre lo cómico del papa y su pompa creo que tampoco es necesario hacer mucho hincapié: los ejemplos que he dado acerca de los “personajes” Juan Pablo II y Benedicto XVI hablan por sí solo. Como figuras de poder y autoridad, los papas y la institución que representan son automáticamente blanco legítimo de burla y parodia. Creo que hay algo de gracioso, estéticamente hablando en esos hombres con esos blancos ropajes, zapatos rojos, etc. En pleno siglo XXI (y en el XX, vamos). Será jefe de estado, pero también lo es un rey y ya ninguno lleva cetro, corona o manto de armiño como atributos. La moda religiosa ha sido comentada cáusticamente por ejemplo en el cine, desde Fellini a Almodóvar. También me parece que la avanzada edad de los papas (no dudo en que tengan que ser así) se presta a la chanza desde el punto y hora en que se crea una tensión entre los conceptos: líder-jefe de estado-poder y vejez-decrepitud. Sé que esto es cruel decirlo explícitamente, pero a ver quién tiene cojones de negarlo.
Tampoco ayuda que en lengua española la palabra “papa” sea homónima con otras papas, las de Solanum tuberosum, las que nos comemos fritas, aliñás, con tomate, bravas, etc. Que “papa” sea una manera de referirse al progenitor masculino en determinados ámbitos. O que la “papada” sea una innoble y grasienta parte de nuestra anatomía y la de algunos animales (el adjetivo “ibérica” detrás tampoco ayuda). Aunque tal vez con esto ya nos estemos adentrando en el terreno de lo bizarro. Así es: el halo de misterio y secretismo que rodea a la elección de los papas, su campo semántico: el cónclave, las votaciones, el camarlengo, los papables, esas fumatas, por Dios, que están pidiendo a gritos que se hagan chistes sobre ellas!!! Toda la parafernalia del pasado que acompaña al Vaticano, un estado que es en sí un anacronismo, por no decir la moderna: el Papamóvil (el mejor -móvil desde el de Batman...) es algo que por fuerza debe resultar fascinante, y más aún a los que no son católicos. Por no hablar de que parece que los más preocupados en que las mujeres sean sacerdotes o en usar condón son los ateos, supongo que será porque quieren acabar con el catolicismo.

 
No es de extrañar: la primera misa del nuevo papa Francisco la retransmitió “la BBC de Londres” (por citar a Hugo Chávez), cosa que no hizo ni TVE 1. Hace mes y pico mi novia se sorprendía del seguimiento mediático que tenían en el Reino Unido las noticias sobre la elección del nuevo papa, y es que en UK no hay cosa que fascine más que el Papa de Roma, con la posible excepción de Hitler (los malos mola, ya se sabe). Por si esto fuera poco, las referencias al pontificado se acumulan en el pop español: Def Con Dos, la F.R.A.C., Ismael Serrano (“Ah, no! Que ese decía Papá)...
A medio camino entre el beato y el diputado de IU soy crítico con la Iglesia, tengo ilusión porque sospecho que el nuevo papa argentino va a darnos grandes tardes en sus tres vertientes: “Habemus pampa”, etc. Porque hablará en español, ya ha trascendido su sociedad a un club de fútbol, etc. Pero los gestos que lleva hechos de momento me son muy agradables. Que el papa es malo, etc. podemos leerlo en la revista El Jueves. Que es gracioso, ya os lo he dicho yo. A ver qué hace ahora él..

miércoles, 13 de marzo de 2013

Mis comedias románticas anuales


Cada vez que voy a una boda me pongo tonto. Ya lo expliqué aquí y aquí, lo que me gusta una boda, y el pasado viernes tuve otra (una de las cinco previstas para este año; continuamos para bingo). Esto enlaza con mi gusto por las comedias románticas, cada vez que voy a una boda me creo que estoy dentro de una de ellas, y así no es de extrañar que las pelis de bodas sean uno de mis subsubgéneros favoritos.

Pasan los días y no escribo posts, mi vida ha cambiado tanto, mi cabeza ha cambiado tanto, pero hoy quería aprovechar la oportunidad de comentar aquí dos pelis que he visto recientemente, muy distintas, pero con un montón de rasgos en común. Se trata de Si fuera fácil (2012) y El lado bueno de las cosas (2012), supuestas ¿comedias? ¿románticas? no del todo convencionales (para empezar no son de bodas). La primera es de Judd Apatow, el de Lío embarazoso (2007), quien estuvo a punto de ser nombrado Personaje Oro de este blog. Rey de la comedia gamberra y de los dibujos de pollas, en esta ocasión Apatow nos viene con una historia mucho más madura, de un matrimonio en el que los dos cumplen 40 años la misma semana (tienen dos hijas) y se enfrentan a una crisis vital y de pareja. Pero con toques de humor, claro.

La otra, que es de David O. Russell (el de Extrañas coincidencias, 2004, y más) viene avalada por el Oscar a la Mejor Actriz que ha ganado Jennifer Lawrence, en su mejor papel desde Mística en X-Men: primera generación (2011). También salen Bradley Cooper (el guaperas de Resacón en Las Vegas, 2009), Robert De Niro, Chris Tucker y un excelente elenco de secundarios que son la verdadera savia de la peli. Lo mismo ocurre en Si fuera fácil, al dúo protagónico (Paul Rudd y Leslie Mann) lo arropa el trabajo de Albert Brooks, Jason Segal, Chris O’Dowd, Megan Fox o John Lithgow, y es cierto para ambas pelis que muchas de las mejores situaciones y las mejores líneas de diálogo se las debemos a los personajes secundarios.

La historia de Si fuera fácil es simple, ya la he esbozado, la de El lado bueno de las cosas también lo es: un chiflado sale de un manicomio sin estar curado e intenta por todos los medios reconstruir un matrimonio difunto, mientras vive en el seno de una peculiar familia suburbana. Por el camino, conoce a una chavala también chifladilla y ambos llegan a ayudarse el uno al otro de la manera más improbable posible. Pero con toques de humor, claro. Como veis, ninguna de las dos sinopsis coincide con el esquema habitual de “chico conoce chica” o “chico mete el rabo en tarta de manzana que había hecho su madre”, no. Estas Si fuera fácil y El lado bueno de las cosas son pelis de relaciones del siglo XXI: con un toque dado. Yo las encuadro junto a 500 días juntos (2009) y Happythankyoumoreplease (2011) –sin ser tan buenas como aquellas- dentro de esas historias actuales de amor tan problemático. Porque la vida actual es problemática, y eso tal vez se esté reflejando en las historias que cuenta el cine interesante de Hollywood.

Así es: historias de familias rotas y otras recompuestas, de difíciles relaciones paternofiliales, de gente tocada por divorcios, de insatisfacción, de estrecheces económicas en la tierra de la abundancia… puro reflejo de la crisis de valores que está adobando esa otra bonita crisis económica en la que llevamos casi un lustro inmersos. Encuentro otras similitudes entre las pelis de O. Russell y Apatow (más allá de tener traducciones imposibles en sus títulos): obsesión por la forma física (ciclismo, gimnasia y footing para intentar no envejecer y/o seguir resultando atractivo), trivialización del sexo (furcias de la talla de Megan Fox o Jennifer Lawrence, que esconden necesidades económicas o desequilibrios emocionales), disfuncionales relaciones con los progenitores (padres chiflados, ausentes o neuróticos e hijos traumatizados), el poder redentor de la música (el prota de Si fuera fácil dirige un discográfico mientras que los de El lado bueno de las cosas ensayan para un concurso de baile), y todo presidido por una ética y una estética muy tecnológicas, muy 2.0: en ambas pelis figuran prominentemente los dispositivos de la marca Apple, y más allá del product placement creo que verdaderamente se trata del signo de los tiempos.

Podría continuar comparando las dos películas, pero no quiero aburriros, prefiero urgiros a verlas. Quiero sin embargo finalizar con un paralelismo, o mejor un quiasmo, que he detectado en ambas cintas: su excesivo metraje y falta de concisión en algunos momentos del guión. No es que no haya en estas pelis puntos cómicos que funcionan como una maquinaria precisa, o diálogos brillantes o situaciones muy románticas, es que también hay un poquito de morralla y escenas que, francamente, podían habernos ahorrado porque no aportan tanto y lastran lo que de otro modo podrían haber sido dos películas como sendos tiros. Considero que tanto a El lado bueno de las cosas como a Si fuera fácil les sobra un cuarto de hora o veinte minutillos, y es que, como dice mi novia, las pelis de ahora parece que no son nada si no duran más de dos horas.

Curiosamente, la parte “rollo” de Si fuera fácil está al final, porque la peli empieza con un ritmazo estupendo, mientras que en El lado bueno de las cosas ocurre a la inversa (de modo que, buena Rukia, acaba de verla), lo cual siempre te deja con mejor sabor de boca pero pone a prueba tu paciencia en los comienzos. Aún así, hecha esta salvedad recomiendo las dos películas, sobre todo El lado bueno de las cosas, aunque deba admitir que con Si fuera fácil me reí más (tal vez por resultarme más cercanos sus temas).

A todo esto, Porerror… y la boda del viernes? Pues cojonuda, señora. Todo lo que le diga es poco. Ahora los novios andan por Nueva York y cuentan que también les parece haberse metido dentro de una película.

miércoles, 23 de enero de 2013

Tarantino lo vuelve a hacer. "Lo qué?" Léalo y lo verá, señora.





-“Dyango Reinhardt quiere que te apuntes a su quinteto.
 -¿Quién es ese?- pregunto.” 
(Román Piña Valls)



Justo cuando pensábamos que el mejor producto cultural asociado a la palabra “Dyango” que íbamos a conocer en nuestras vidas era la canción “Por ese hombre” (dueto con Pimpinela: es decir: trieto), llega el Tito Tarantonio y nos deja sin aliento con su última barrabasada: Django desencadenado (2012). Conocido es el afán de Tarantino por vampirizar (sub)géneros cinematográficos basura y/o que solo le gustan a él y a 4 frikis y convertirlos en piezas de cine mainstream con una calidad más que notable, cuando no directamente en obras maestras. Sí, ya sé lo que estáis pensando: “4 frikis…”, pues no me incluyo entre ellos, o sea que tiene todavía más mérito y sus pelis me deslumbran todavía aún más incluso.


Tras el blaxploitation, las pelis de kung fú, las de coches de carreras y las bélicas de serie Z, ahora le toca el turno al peor género posible: el spaghetti western. Ya el western de por sí es un género infumable: el más pedante, pretencioso, falsamente divertido y vano. El spaghetti western… me quedo con los espaguetis, la verdad. Por eso tiene tanto mérito que Django desencadenado sea una película tan cojonuda, tan entretenida, sombras moviéndose al ritmo de música sobre una sábana blanca, y todo hecho con materiales de derribo, como esos cocineros que te apañan un plato de cojones con las sobras del día anterior. De hace varias décadas, en el caso de Tarantino.



La historia es simple: un cazarrecompensas alemán que –por algún motivo- se encuentra en el salvaje oeste libera a un esclavo negro a cambio de que le ayude a identificar a unos negreros fugitivos para cobrar la recompensa por sus cabezas. De esta colaboración surge –por algún motivo- una amistad entre el negro y el alemán, ambos se asocian y es entonces el alemán quien ayudará al negro a liberar a su esposa, también esclava, de una plantación propiedad de un cruel caballero sureño. El elenco es maravilloso: Christoph Waltz, Kerry Washington, Samuel L. Jackson, Don Johnson, Franco Nero, Jonah Hill, Leonardo DiCaprio (en su primer papel como hombre adulto)… y –ejem!- Jamie Foxxxxxxx, un rapero/actor al que odio pero que debo admitir en esta peli da el do de pecho (y no lo digo porque aparezca sin camisa…).


Estéticamente, Django Unchained bebe de las películas del oeste setenteras, excesivas, de vivos colores, de esas con banda sonora italiana y paisajes almerienses. El efecto “Frankenstein” de amalgama de elementos (tipografía de títulos de crédito, reciclaje de canciones o nombres de personajes) era algo muy presente en su anterior Malditos bastardos (2009), una peli que considero superior, pero es que la temática de aquella es insuperable. Con los mimbres que tenía, esta de Django es la mejor peli posible para Tarantino, y no faltan sus otras marcas de la casa: ensalada de tiros (aderezada con abundante kétchup), diálogos exasperantes que desembocan en escenas de violencia, ángulos de cámara rrarros, los pies de la chica, humor en momentos inapropiados, truquitos narrativos, sadismo, motes absurdos para algunos personajes…



Con el tema de los diálogos estoy un pelín cabreado porque no me ha quedado más remedio que verla doblada. En Miciudad –por algún motivo- no la exhiben en V.O., con lo cual nos perdemos el acento sureño de DiCaprio (lo disfrutaremos en El gran Gatsby, 2013, de Baz Luhrmann? Shshshshshshs…!!!) y las hablas negras de… todos los personajes negros, que en español hablan como si fueran paletos imposibles. Antes del estreno, el buen Fran G. Matute ya dio la clave: “Django. La ‘D’ significa ‘doblada’”. Gracias! No quiero ser esnob, etc, etc, pero sospecho que si, pese a sus dos horas y tres cuarto de metraje, la película no me aburrió un solo instante e hizo mis delicias (y pese a Jamie Foxxxxxxxx), qué no la hubiera disfrutado de haberla podido verla en inglés.


Mi conclusión es que vayáis a verla sea en la lengua que sea (ahora me estoy acordando de que hay partes en alemán, y de varias cositas que dicen los negros, ay!!!), porque sin ser un obrón maestro redondo, la peli es magnífica. Y divertidísima, pese a contar con algunas escenas de extrema violencia. El nivel de sadismo de esta peli se encuentra a caballo (nunca mejor dicho) entre Reservoir Dogs (1992) y Malditos bastardos, diría, o sea que medio-alto. Pero Tarantino todo lo hace tan risible y tan kétchup que da la risa (contaría un par de escenas claves pero no quiero espoilear, para quien la haya visto solo diré “Lara Lee” y “dinamita”). Al salir de ver los Bastardos, el buen Kike anunció: “Por fin una película de nazis fiel a la verdad histórica!”, y yo ahora lo parafraseo diciendo: “Por fin una película del oeste divertida!” Y cuál es el truco, aparte de ser de Quentin Tarantino? Que no es del oeste, claro: es del sur... (Ya, ya ya, ya…).

martes, 1 de enero de 2013

No tengo ganas de verte cocinar. De nada.


(Dedicado al buen Primo Antonio, entusiasta lector de los que soplan bajo las alas de este blog)




Ya lo cantaban nuestros admirados Hombres G: “Por eso no, no, no, no te quiero ver” y García Lorca: “¡Que no quiero verla!” Hay cositas que no queremos ni debemos ver, al menos obligatoriamente. Usted quiere presenciar una operación de quirófano? Me consta que hay gente que se las pone en YouTube, sobre todo si les van a hacer a ellos la misma, para informarse/espeluznarse. Pero es voluntario, lo mismo que un parto, algo que a mí no me parece terrible pero hay gente que al verlo se desmaya. Acaso es usted de los que mira por detrás los tapices? De los que abre los ordenadores para ver cómo son por dentro? Salvo que se sea profesional, eso es lo raro, la verdad. Incluso aquellos simpáticos relojes de pulsera Swatch transparentes que enseñaban las tripas no pasaron de ser una novelty, porque una cosa así se puede contemplar un minuto y hace gracia, pero… de verdad se la quiere usted pasar mirando ruedecillas y engranajes si no está viendo una película de Chaplin?

Las cosas tienen dos partes, a saber: la de dentro y la de fuera. Y la de dentro (o de detrás) no se ve, gracias. Pero Estatuas Verdes, siempre a la vanguardia de la chorrada lleva unos meses constatando con preocupación una turbadorísima tendencia: los restoranes con cocina a la vista de la clientela. “Ja, ja, ja, ja! Qué buena idea!” …O no.

Ya sé lo que me vais a decir: “Se llama show cooking”. Sí, sí, sí, ya lo sé, señora: yo también veo el telediario de Antena 3. Y también sé que una cosa es que en un momento determinado –como novelería- pueda tener cierta gracia ver cómo preparan tal o cual plato, o ver cómo te fríen a la plancha lo que sea pero por lo general, cuando la comida llega a mi mesa me suele gustar que ya esté terminada, mucha gracias. Igual que me pongo un traje o me leo un libro y no soy el jodido Funes el Memorioso, no necesito imaginar ni mucho menos ver cómo se ha cultivado el algodón, se ha hilado la tela, se han cortado los patrones, se ha cosido la sisa, etc. o lo mismo para el símil del libro, que ahora no me apetece completar, pues de igual manera digo que cuando me llega una elaboración a mi puesto de comensal no quiero saber cómo ha sido elaborada.

Y si lo quisiera, ya me enteraría de la receta, o buscaría en internet las técnicas culinarias, o vería un programa de cocina en la tele, que son cojonudos y me encantan, con la posible excepción de que no estoy yo allí delante sentado esperando a que Arguiñano termine para zampármelo. Si Dios permitió que en la evolución natural la cocina y el comedor sean dos habitaciones diferenciadas, por mucho open concept, cocina americana y el programa ese de Divinity donde derriban paredes a la hora de la siesta, qué infame bromista urdió la idea de que a los clientes de un bar o restorán les apetecía ver cómo les preparaban las cosas? Sin duda, uno que no vio el episodio de Chris Peterson en el que nuestro chico se hacía Inspector de Sanidad y se le caían los ojos al suelo…

Porque una cocina no es bonita, amigos. Y lo sabéis. No es vuestra madre pelando guisantes con cariño, o un calvo venezolano preparando con sumo cariño una brunoise, como en la tele. La gente en las cocinas de verdad saca las cosas de tupperwares trasparentes, echa las salsas desde esos infames biberones que los de mi generación asociamos al kétchup y la mostaza de feria y cuando emplatan algo, lo hacen con la prisa, desgana y poca gracia de quien está trabajando, que es precisamente –oh, sorpresa- lo que están haciendo los que cocinan en bares y restaurantes a los que usted acude como cliente.

Los llamados “gastrobares” están haciendo mucho daño, digámoslo ya. Su sola existencia ha provocado cataclísmicos cambios en nuestra forma de consumir el papeo. Ahí están si no para atestiguarlo los famosos platos cuadrados o esos recurrentes debates en la radio local sevillana acerca de la “muerte de la tapa”. A algún genio debió de ocurrírsele que, si ver a cocineros orientales preparando un wok con energía o enrollando sushi mola (y ha podido molar exclusivamente por lo exótico, no nos engañemos), lo mismo molaría ver untar una tosta de paté. Pero no. Asistir a un flambeado mola, amigos, pero ver cómo un bigardo que a lo mejor no lleva las manos todo lo limpias que nos gustaría coge verde de un tupperware y nos la echa en un bol para luego regarlo con un biberón de vinagreta, pues no me apetece contemplarlo en directo a dos metros de mí, gracias.

Llamadme nazi (de hecho, lo hacéis a diario) pero este año me ha llegado a ocurrir que fui a un restorán a comer en el trabajo, me pedí salmorejo, uno de mis platos favoritos, imposible de hacer mal, y como estaba sentado enfilado con la puerta (abierta) de la cocina pude ver cómo la cocinera, con sus santos cojones, me llenaba el plato con un cucharón gigante ahondando en una tarrina de dos litros de salmorejo prefabricado. 9 euros vale el menú del día en ese sitio. Recientemente también, en un por otra parte excelente gastrobar de Miciudad, de esos de platos cuadrados de pizarra, vi –por estar la cocina al aire, detrás de la barra- cómo el cocinero recogía de la mesa unas migas de tartar de salmón que se le habían caído en la mesa en el trasvase del tupperware al plato cuadrado, y las ponía en el plato, oiga, con asaz desparpajo (“Nadie me ha visto” –vous comprenez, salvo que tu cocina no tiene paredes, chulo, parece que la ha diseñado Hillary, la decoradora del canal Divinity).

Y no es que uno sea un ingenuo y piense que en las cocinas de los bares y restoranes reina la paz como en las canciones de los Payasos de la Tele, ni que las gastrotapas las preparen los ángeles mientras los cocineros levitan (como en un jodido cuadro de Murillo); veo el programa del Chef Chicote (Respec’!) y me doy cuenta de cómo rula la cosa. Pero precisamente por eso, amigos restauradores, gastrofamilia, es que me gusta la fantasía y la alegría de que me traigan a la mesa o barra una cosita rica donde antes no había nada, es parte del encanto, que se rompe si tengo que ver a vuestras cocineras con zuecos de goma y el dedito amarillo de nicotina. Mantengamos la ilusión, no? Será todo mucho más agradable: los Reyes Magos, el Ratoncito Pérez, la extra de Navidad, las cocinas armoniosas y creativas: hay cosas que no existen pero da calorcito creer en ellas. De modo que acabo este post sobre la cocina de los locales como el clásico acababa su poema:  “¡Yo no quiero verla!”

 

martes, 18 de diciembre de 2012

Segunda Edad de Plata del pop morralla


Hasta los más instruidos de entre vosotros me consta que andáis revolucionados con el tema del Apocalipsis maya; sabéis que a mí eso me suda el ojjj… porque me parece una ordinariez. Todavía si fuera maya-tolteca… Pero es cierto que la peña anda motivada con el temita, y no hace falta que la NASA venga a desmentirlo, es que los lectores de Estatuas Verdes hace tiempo sabemos leer las señales del Fin del Mundo sin (casi) inmutarnos. Pudiera achacarse a dicho fin de los tiempos el éxito de un programa como La Voz en Telecinco, o la proliferación de éxitos de pop bailable y sencillote pero altamente satisfactorios que satura el espacio audiovisual últimamente.
Soy un nazi de la música, dejad de gritarme. Me gustan los Beatles, el power-pop, el doo-wop, los Beach Boys, etc, pero hasta yo sé que hay que trabajar una migajita la música pegadiza y fácil porque es lo que suena en la radio, lo que ponen en los bares y en las fiestas. En otras palabras, sé que no puede uno pretender ir a una boda y que en la barra libre el DJ pinche a los Beatles, los Stones, los Kinks, David Bowie, Elvis Presley, Antonio Machín o Pulp. Mola la musicota onda Europa FM, y en las últimas semanas, una esforzada escucha de esta emisora y del programa Top 20 Downloads de MTV me ha hecho caer en la cuenta de que nos encontramos ante una maravillosa ola de éxitos basura como no recuerdo en más de una década. Y he puesto música en bodas.


Los G.R.A.N.D.E.S. del pop meloso se han puesto de acuerdo para sacar exitazo este otoño: ahí va en cabeza Pitbull, con su “Don’t Stop the Party” (obvio las colaboraciones y los feat., que eso daría para capítulo aparte), Juan Magán que no deja de proporcionarnos alpiste, David Guetta contraataca con temazo nuevo: “She-Wolf”, por la banda se destaca Robbie Williams con su espectacular número uno “Candy”, Ke$ha y su “Die Young” prometen darnos tardes gloriosas de cubateo estas navidades, Will.i.am –el talentoso de Black Eyed Peas- se sale de la pelleja con “This Is Love” y ahora saca una colabo con Britney Spears, quien a su vez ha cortado el bacalao este año consagrándose como la mujer mejor pagada del showbizz.
Sigo. Carly Rae Jepsen aún triunfa con su “Call Me Maybe”, Taylor Swift ha dado el sorpasso con su adolescente “We’re Never Ever Getting Back Together”, por no hablar del adelanto del  nuevo álbum de Enrique Iglesias “Finally Found You” o del último llenapistas del imprescindible Flo Rida: “Whistle”. A Jennifer López parece que le han dado cuerda, con o sin Pitbull sigue arrimando candela con su “Dance Again”, “Papi” y otra que ahora no me acuerdo y no me apetece mirar (desde el respeto). Y Bruno Mars y su nuevo “Locked Out of Heaven”? A Nicky Minaj y su “Starships” también le queda partido, lo mismo que al “Drive By” de Train o al “Stereo Hearts” de Gym Class Heroes.


Podría seguir, pero me entra jaqueca, tal es la avalancha de temazos imposibles de no bailar, y como miremos atrás dos años la cabeza nos explotaría estudiando la cantidad de canciones de Shakira, Juan Magán, David Guetta, Jennifer López, Paulina Rubio o Pitbull que nos hemos zampado. Todo me gusta excepto Jason De Rulo, porque a mí no me gusta el pollo (como al del chiste). Ante tamaña playlist no es posible negar la evidencia: nos encontramos sin lugar a dudas ante una Edad de Plata del pop basura. Ah, y “Gagnam Style” tampoco me gusta. De nada.
Y por qué “edad de plata”, Porerror? No sería –acaso- mejor decir edad de oro, con la ventaja añadida de que es el oro el metal precioso señero de Estatuas Verdes? Pues señora, pongo plata porque me da la gana, porque el símbolo químico de la plata es Ag, porque en inglés se dice silver, porque plata rima con Afrika Bambaataa, porque puedo… hacen falta más razones?

 

martes, 20 de noviembre de 2012

Hay que ver lo que gusta en España una gorrilla de obrero, cojones!!!


A estas edades, uno tiene que cuidarse más, y lo mismo que las resacas son más peligrosas y que debemos consumir menos colesterol, grasas o lo que sea, se hace palmaria la necesidad de proteger nuestros paladares audiovisuales frente a la ingente cantidad de atentados que se nos lanzan desde las ondas, y por una vez no me estoy refiriendo al Follonero. Por si acaso –y hablando de todo un poco-, mejor no os cuento lo que he comido y bebido durante este fin de semana.

Pero vayamos al tema que te quema. Entre documentales sobre desahucios y películas sobre vampiros, constato en la tele española una tendencia firme, no diré preocupante pero a lo mejor vosotros sí lo queréis decir. Al lorito con las series “de época”, en las que los protagonistas lucen (cómo no, las cosas se hacen bien o qué?) ropajes “de época”. De qué época? Ahí está el truco, señora! La cosa es que no sea la de ahora. Parafraseando a nuestro admirado Elvis Costello, “no sé qué época será, pero estoy seguro de que la mía no”.

 
Es un hecho universalmente aceptado que los productos audiovisuales deben estar decorosamente ambientados, y no me refiero a que no se vean tetas (desde el respeto al busto femenino), decoro es que las cosas sean como deben de ser. Usted estuvo en la época romana para decir que Gladiator (1999) estaba de puta madre ambientada? Ya ya ya: shshshshshsh!!!! Pero nos lo tendremos que creer, y en alguna ocasión he dejado caer por aquí ejemplos de obras cuya época ni usted ni yo hemos vivido de primera mano pero que nos la hemos creído por digna (la última, la peli del Garci).
 
Entonces, a qué viene este rollo, cuál es el problema? El problema es que al parecer la moda audiovisual, cuyo origen quiero cifrar arbitrariamente en Downton Abbey (2010- ), es que ahora triunfan las series de época, de principios de siglo XX, o finales del XIX, o vaya usted a saber. Amar en tiempos revueltos (2005-2012 ), for example, no trataba de la Guerra Civil? (Cómo no?). Entonces, por qué la última vez que la vi salía Franco junto a Eisenhower? A lo mejor ya va por el baño de Fraga en Palomares… (Ahora me acuerdo que un amigo mío solía hacer la broma de que llegaría el momento en que el eje cronológico de Amar en… alcanzaría el momento en que empezó Cuéntame, serie de 2001-2012, ambientada en 1968, y ambas series implotarían).

 
Por ahí han campado o campan Bandolera (2011- ), El secreto de Puente Viejo (2011- ), Tierra de lobos (2010- ), La señora (2008-2010), 14 de abril. La República (2011- ) o Gran Hotel (2011- ), todo con tal de que las hembras luzcan encajes, moños y sobre todo…. que los varones se pongan gorrilla. Digo “varones” y “hembras” porque estoy hablando de otras épocas, estamos…? Esa gorrilla de obrero o campesino, esa gorrilla que se aplasta sobre el cráneo, que en inglés se llama flat cap y es símbolo en Gran Bretaña del norte minero y astillero, esa gorra que no duda en trocarse marinera en los carnavales de Cádiz, como imprscindible atributo de las comparsas con trasfondo social… otrora símbolo de pertenencia a la clase trabajadora, por no decir “baja”, frente a los sombreros que llevaban los señoritos. Era otra época, durante los siglos XIX y XX, antes de que se impusiera la moda conocida como “sinsombrerismo”.
 
En estos tiempos revueltos (lo digo por la economía, la política, el Betis…), asistimos a grandes prodigios televisivos. La semana pasada, en la presentación de una novela, me entero de que termina en TVE 1 Amar en tiempos revueltos, pero pasa a Antena 3 bajo la denominación de Amar es para siempre (2012- ), y por si esto fuera poco ayer en TVE 1 veo antes de El tiempo (inequívoco espacio para los publirreportajes de autobombo) un publirreportaje de autobombo de la añorada serie La señora. Significa esto que van a reponer La señora? Nos encontramos ante un nuevo Verano azul (1981)?

 
Alguien me susurra entre la emoción y el miedo: “Vuelve La señora, una temporada nueva”. Entonces por qué he visto en los anuncios a Adriana Ugarte, si al final moría? [SPOILER ALERT]. Vuelve y no vuelve: vuelven a ponerla repetida, acaso aprovechando el actual tirón de Rodolfo Sancho, del que también fui cumplidamente informado por unas féminas el jueves pasado. Pero tú dijiste que La señora molaba, Porerror! Ya, ya, ya, ya: shshshshshshsh…
 
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