Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

martes, 4 de octubre de 2011

Consider the Palm Tree


“Grande, lo que me pasó a mí cuando me saqué el carnet de conducir” –intervino Harvest-. “Me tocó examinarme del práctico en el barrio de Heliópolis, cerca del campo del Betis, y cuando doblé una esquina apareció por la acera el equipo entero, trotando. Corría el año 96 y el examinador, que resultó ser muy bético, se puso contentísimo. Mira a Finidi, ahí van haciendo footing, etc. Yo creo que por eso me aprobó a la primera.”

Tengo un amigo que es medio español medio británico: nacido aquí, es hijo de dos británicos pero se ha criado a caballo entre los dos sitios y cuando se hizo adulto prefirió venirse a España. Muchos de los lectores lo conocéis, me refiero al buen Jan Jo. Gracias a él, desde pequeñito estoy acostumbrado a que haya gente que cene por la tarde y viste con ropa de color morado. Gracias a él, el niño que fui abrió su mente y comprendió que no existe una única manera posible de hacer las cosas.


Sabido es que soy fan del F.C. Barcelona, y aunque el fútbol no me enloquece no le hago ascos a un partido en el campo. Pero llevaba mucho tiempo sin acudir a un terreno de juego, creo que desde la última vez que la Selección jugó en Miciudad. El detalle-obra-maestra del cuentito que os traigo radica en que mi amigo Jan Jo y su padre, todo un señor inglés, son ambos socios del Real Betis. Ese es el espíritu del beticismo, de la afición verdiblanca que tanto han cantado los medios, desde la “Abuela del Betis” al andoba del Tetra-Brik fúnebre, pasando por Lopera y la UVI (cuando Lopera era bueno, etc.)

Pues bien, me llama el buen Jan Jo y me invita a acompañarlo al fútbol con su padre, porque les sobra un carnet. Diecinueve años hacía que no pisaba un campo, pero el domingo pasado fui al Benito Villamarín (en Sevilla), a ver jugar al líder de 1ª División. Sí, ya lo sé: perdió el Betis: no quiero que hagáis chistes fáciles. Eso es a la postre lo de menos. Parafraseando el afamado cántico: “Girasol! Girasol! Girasol, girasol, girasol! Hemos venido a comer pipas… el resultado nos da igual.”


La verdad es que tenía harta curiosidad por conocer el nuevo Villamarín (se ha tirado 10 años llamándose Ruiz de Lopera, leo), el viejo lo conocí en la infancia. Me acerco a él por la Avenida de la Palmera (“la acolapsada”, me recuerda Jan Jo), a ese “platillo volante” (Lopera dixit) que impresionaría más si estuviese terminada la obra, las cosas como son. Así y todo, me siento un poco como el jodido Marcelo Scornik cuando de niño conoció el Estadio Azteca: “[M]e aplastó ver al gigante,/ de grande me volvió a pasar lo mismo,/ pero ya estaba duro mucho antes.”

Es una pena que la obra no se concluyera: el campo se ha quedado cojo. Pero visto el embrollo de trampas, intervenciones concursales y fábulas legales en que se encuentra inmerso el Betis, se comprende perfectamente que no se gaste un duro más en algo que a lo mejor no es prioritario. Lo que le falta en glamour y comodidades (inútil comparar el Villamarín con el campo de béisbol de los Cleveland Indians o el pabellón de baloncesto de la universidad de Chapel Hill, ni siquiera con el Bernabeu) este estadio lo suple con leyenda.


Me recorre un escalofrío cuando el speaker canta la alineación bética y cuando, poco después, suena una canción por los altavoces y los casi 37.000 aficionados la entonan mientras a su ritmo ostentan las bufandas y banderas verdiblancas que han traído (mis amigos ingleses, los primeros). En esos momentos, recuerdo a mis demás amigos béticos clásicos: el buen Josemari, a quien pongo un sms contándole dónde estoy y me contesta: “Joputa!”, Alejandro, socio que me han dicho se sienta por allí cerca pero hoy anda en un bautizo, y sobre todo Pablo, científico de oro que sé que está viendo el partido en directo desde Los Ángeles (allí son las 7 a.m.)

El Betis perdió contra el Levante (ahora va el 6º en la tabla, creo) pero a mí me dio igual porque me lo pasé pipa (o eso, o me comí un paquete de ídems saladas). Solo eché en falta poder cantar gol en el Villamarín, santificar la fiesta, que como me dijo el buen Jan Jo al acceder -domingo por la tarde- a la grada: “Esta es nuestra iglesia.”

7 comentarios:

Donsergioque dijo...

la cuadratura del círculo sería un Barsa-Betis en la ciudad condal

Anónimo dijo...

De lujo! Pero, por si las moscas, no vayas al próximo. Migue.

Anónimo dijo...

De pequeño jugaba que era una máquina (en la época de Benji y Oliver). Sin embargo, y aunque creo que soy igual de futbolero que tú, me diferencio en que jamás he ido a un campo -a una iglesia- porque nunca me ha llamado la atención ni he tenido amigos que me refregaran el asunto.

No descarto ir algún día e incluso puedo hacerme una idea de cómo sería: ver la inmensidad de espacio vacío, la pequeñez de la pelota, el ruido ambiental... pero pienso que hay que estar allí para vivir el momento. Don CalcetínRelleno.

Pachi dijo...

Quillo, tú y yo tenemos vidas casi paralelas en lo que respecta al fútbol.

He ido al campo del Betis tres veces en mi vida, creo (y dos fue para ir a ver, con mi tío y mis betiquérrimos primos, a España cuando el Villamarín era el estadio habitual de la selección hace ya siglos). La otra fue con mi padre para ver un Betis 3 - Celta 2 (creo recordar). La verdad es que no recuerdo por qué leches fuimos (mi padre odia el fútbol).

Y con el Barça, me pasa lo mismo (he leído tu post de hace dos años gracias al link).

La única diferencia importante es que, en BUP, tuve una época en la que me dio por comer en casa pizzas del "telepeich" los sábados mientras veía el partido de turno (aunque fuera un Zaragoza-Español). Le cogí gusto a la cosa. Gracias a Dios, se me pasó.

Total, que a mí no me gusta el fútbol (a excepción de cuando juega el Barça o gana el Betis).

PD. te cito: "A menudo me pasa que soy tan guasón que luego la peña no sabe si hablo en broma o en serio". Esto lo podría haber dicho yo perfectamente. Mis padres mi novia y algunos amigos me odian por ello. ¿A ti te pasa lo mismo, Porerror?

Anónimo dijo...

YO NO FUI A CLASE CON DELNIW PARA ESTO...

Natalia dijo...

Tras meses de dispersión, vuelvo al placer infinito de leer estatuas verdes con esta joyita, y lo hago mientras miro de reojo otra de mis joyas favoritas: Harry el Sucio. Viva el Betis manquepierda!!!

Riggy dijo...

Como fiel asistente al Vicente Calderón desde mi infancia, celebro la temática del post, aunque me hubieran gustado más impresiones sobre el ambiente vivido.

Por cierto que no sé cuál será la política de Jan Jo, pero cuando yo llevo a alguien nuevo al estadio y perdemos, no le vuelvo a invitar...

 
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