Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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miércoles, 23 de abril de 2008

Visita a la casa de Rafael (y III)


Lo segundo que me ha llamado la atención es la extrañeza de Alberti. Quiero decir que su obra le resulta cada vez menos familiar a los andaluces jóvenes de hoy. No pretendo hacer de Jeremías de la educación, pero esto es así. El mundo de Rafael, del muchacho fascinado por el Museo del Prado, del devoto fervoroso de Góngora, del respetar a sus mayores, del compromiso político, está cada vez más lejano. Gracias hay que dar, dirán algunos, porque los niños de ahora no tengan como él que aprender las letanías del comunismo, la república, el fascismo. Pero es que ni siquiera los ángeles (a los que él dedicó un libro entero) están de moda.

Me doy cuenta de que Alberti pertenece al mundo de lo que Carlos Monsiváis llama “las alusiones perdidas” y me entristezco. Me doy cuenta de que cada vez menos niños entenderán esas portadas de libros suyos en las que la bandera estadounidense ondea sobre todo el continente americano, o esos emblemas con una hoz y un martillo que aparecen en las de otros libros. ¿A qué se refiere cuando llega a Argentina y tilda al océano Atlántico de peligroso, “infestado de submarinos con sus cruces gamadas”? Ya no sé quiénes son esos señores que salen con Rafael en la foto. Hay uno muy repeinado, otro con boina, leen manifiestos y saludan con ¿puños cerrados? ¿Qué hace Alberti sentado en un camión blindado? ¿Y por qué se fue de España, dices?

Con suerte Alberti pasará a ser una foto pintarrajeada en un libro, de un señor con gorrilla de marinero y larga melena blanca. ¿Cómo le quedarían a este tío un par de bigotes?

Definitivamente, no podemos permitir que esto pase, sería una pena. Sería un éxito de la pobreza. Mientras voy repasando mentalmente mis poemas favoritos de Rafael Alberti (también soy un poco sentimental, y esto es así: hoy veo la casa y esta noche antes de acostarme seguro que cojo un libro suyo) pienso que él a mí no me da de comer, pero sí de vivir. Por eso le quiero dar las gracias, y lo mismo debería hacer todo al que le pase lo mismo. Esperemos que los escolares andaluces, españoles, de más sitios, puedan al menos decidir si lo quieren leer o no, señal de que lo conocen.

Mientras expreso este deseo, el gobierno autonómico de la región donde nacieron Séneca, Herrera, Góngora, Machado, Juan Ramón y medio 27, utiliza para el comentario de texto en sus exámenes públicos una canción del dúo gaditano Andy y Lucas (otra vez los nombres de pila). Con todo el respeto hacia estos muchachos de esforzado éxito, creo que habría que preguntarse como hacía su paisano hace 50 años, ¿qué cantan los poetas andaluces de ahora?

Oigo decir a un tío mío que incentiva a sus hijos adolescentes para que se aprendan poemas de memoria y los reciten. A lo mejor se empieza por ahí.
 
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