Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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miércoles, 25 de marzo de 2009

Marisol, sol, sol...


¡Qué os gusta! Sé que muchos lo estabais esperando. ¿Cómo iban a echar por la tele una biopic sobre Marisol y tú no comentarla, Porerror? Es correcto, señora. Ayer concluyó en Antena 3 (¿dónde si no?) la miniserie o TV movie sobre la vida de Marisol, emitida el lunes 23 y el martes 24. ¿El veredicto? Notable bajo. Pero vayamos por partes.

La vida de Marisol se nos presenta de manera episódica a base de viñetas, el hilo conductor parece ser De Marisol a Pepa Flores, como el título del libro en que está libremente inspirada. La peli la dirigió Manuel Palacios y a la niña la interpretan tres actrices en sus tres edades: Marisol niña (Ana Mena), Marisol adolescente (Elsa Pinilla) y Marisol adulta/Pepa Flores (Teresa Hurtado de Ory). El elenco lo completan Roberto Álvarez (Ana y los siete), Remedios Cervantes (Miss España 1986) o Rafael Amargo (Carnaval de Gran Canaria 2007).

La historia es simple y por todos conocida: una niña malagueña muy salerosa es descubierta en Madrid y a su familia se le propone convertirla en una all-singing, all-dancing actriz infantil prodigio. Resultado: éxito total y la niña se convierte en la gallina de los huevos de oro para los Goyanes, la familia de acogida. Don Manuel Goyanes es su severo y pesetero representante, Carlitos Goyanes el hijo pollo pera, palotizado hermanastro de la estrella, que acabó siendo su primer marido.


Marisol, icono teen del Franquismo (enorme la escena en que la niña imita al Caudillo), luego salió rana y se hizo supercomunista. Pero eso no sale en la serie, eso pertenece a una turbulenta vida posterior que solo se insinúa al final, cuando comienza su relación con el bailaor rojo Antonio Gades. Esta miniserie se centra en los traumas de la infancia y en la lucha de Marisol, criada entre algodones (no siempre dulces), por tomar las riendas de su vida y su carrera y por alcanzar la felicidad personal. Esto me ha resultado muy interesante y pienso que en esta obra se han realizado verdaderos esfuerzos por pintarnos a Marisol como una persona, más allá del personaje, sobre todo a partir de su adolescencia.

Lo que, a mi juicio, lastra esta miniserie es su carácter excesivamente episódico. Parece que la historia está narrada “a pellizcos”, se dan saltos enormes en el tiempo, se desarrollan ante nuestros ojos una serie de “cuadros” o “escenas” que no se sabe muy bien a qué vienen. (Las bicicletas son para el verano -1986- también es así, pero todo aparece en escena por un motivo). Quiero decir que, en una obra que tanto comprime y resume, si te muestran algo es porque debe ser muy relevante o porque hace avanzar la trama. Aquí Marisol canta, se mira al espejo, llora o se baña en una piscina, ¿y?... y simplemente van pasando los años. Si la tesis era que Marisol fue víctima de explotación infantil, eso está bien reflejado, pero creo que el tema era más bien la lucha de una personalidad por salir y por librarse del rígido corsé afectivo y contractual que la oprimía. La idea se entiende pero no está todo lo bien contada que debiera (seguro que la tijera ha hecho estragos en la sala de montaje).


La interpretación de las “Marisoles” es bastante buena. Sin parecerse nada entre ellas, las tres tienen un notable parecido físico con su modelo original. La debutante niña Ana Mena, muy bien con el repipismo y las histrionadas de la Marisol que recordamos en las pelis de Luis Lucia como Un rayo de luz (1960) o Ha llegado un ángel (1961). Elsa Pinilla (sí, la de Al salir de clase, la de Tess) hace de adolescente, la etapa menos representada. Ella lo hace bien, y además debe superar el trago de una Marisol encamándose con su compañero de reparto Antonio “El Bailarín”. El prodigio aquí nos lo ha dado Teresa Hurtado de Ory (Astronautas, No me pidas que te bese porque te besaré), con su interesantísima interpretación de una Pepa Flores obsesionada por la maternidad y asumiendo nuevos retos: plantar cara, casarse, desligarse del género ñoño en lo artístico, follisquear, hacerse fotos en porreta…

He aquí la Marisol más madura, compleja e interesante. La que se obsesiona hasta la histeria con ser madre, la que sufre un aborto natural, la que padece el rechazo y el desprecio de su marido el Goyanes, la que se lanza al “adulterio” (una vez separada: el divorcio no existía) con su nuevo amor Antonio Gades, quien finalmente le daría los tres retoños que ella tanto ansiaba. Una lástima que los dictados de las audiencias y la lógica del feroz mercadeo televisivo hayan hecho que esta historia tan rica y compleja se tenga que contar de manera poco cuidada. Todo montado a trozos, a pellizcos, un final que sabe a poco…


La serie no nos descubre la pólvora, ya sabíamos que Marisol fue una niña prodigio trocada en sex-symbol, una estupenda cantante, una actriz regulera…, pero ayuda a poner en orden tantas impresiones como hay sobre el personaje. Como ella misma dice: “Las películas me han dado una vida pero me han quitado otra”. Da mucho que pensar. La actual Pepa Flores no se deja ver en el “candelabro”, opino que hace bien (el bloguero Nico Rey la llama “la J.D. Salinger coplera”). Pero la pregunta es: ¿fue tan mágico todo aquello o se exagera con la nostalgia y el paso del tiempo? Diréis lo que queráis sobre Marisol, pero al menos nos supo arrancar una sonrisa, muchas veces a costa de la suya.
 
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