Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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miércoles, 29 de julio de 2009

Underdogs, o: El efecto sorpresa


“Cuando menos se espera, salta la liebre”. Esta máxima, que si yo aplicara en mi vida otro gallo me cantaría, y no que últimamente hago más el imbécil que hablo, esta máxima es más verdad que nunca en el festival ContemPOPránea. Yo al conciertismo iba a ver a mis vacas sagradas, gente que sabía lo que me iba a dar y eso fue exactamente lo que me dio, ya hablaré de ellos. Otros tenía que eran melones por catar, también hablaré de esos pero hoy voy a centrarme en los sorpresones agradables, las bombas-trampa del festival.

En inglés se conoce como underdog al candidato o contendiente a priori más flojo, el “no favorito”, para entendernos, que luego da el doble de gusto recordar su condición si es que gana y da la sorpresa. Esto es totalmente subjetivo, y en mi caso para el Contempo yo llevaba dos grupos a los que apenas conocía pero a los que tenía muchas ganas de ver: los británicos The Wedding Present y los suecos Lacrosse. Luego andaban por ahí los españoles Ellos, a los que conocía bien pero a los que tenía olvidados, y mi concepto ha cambiado radicalmente después de verlos en directo.


Ellos se definen como “pop cabrón”, lo cual no deja de ser una sandez, pero hace gracia si llevas ya varios tintos encima o peor. Su concierto era el último del viernes, ¿era necesario quedarse hasta las 5 de la mañana para verlos actuar? Era imprescindible, amigos. He aquí a un grupo clave del indie español, que pese a haber planteado su carrera como el culo son poseedores de un talento insoslayable. Han sacado tres discos en 9 años, y de los tres tiraron en el concierto, que solo puedo definir como un fiestón.

Cuando salió al escenario, el hijoputa de Guille Mostaza dijo “Os veo un poco dormidos, yo estoy superfresco: me acabo de levantar”. Nosotros llevábamos una jornada laboral de 8 horas viendo peña actuar, pero el pop hiperpegadizo de Ellos acabó por conquistarnos y levantarnos el ánimo. El Sr. Mostaza es una mezcla cañí entre un torero, Raphael y Jarvis Cocker, y a su lado está el inexpresivo Santi Capote, mudito, en plan Pet Shop Boys. Algunos temazos que desgranaron: “Tú primero”, “En tu lista”, “El anillo”, “Diferentes”, “No te enamores”, apoteósico “Lo dejas o lo tomas” y versión de Los Planetas (homenaje a Elefant Records): “Mi hermana pequeña”.


A The Wedding Present apenas los conocía, pese a ser un nombre fundamental del pop indie UK. Esperaba un concierto sólido y fue lo que obtuve, pero la sorpresa me vino del altísimo nivel de calidad de sus canciones y sus letras en particular. Realmente, escuchar a estos al lado de otros que actuaron en el festival era como ver jugar al fútbol a Pelé en sus tiempos y luego verme a mí. Mira que actuaron el sábado entre Russian Red y Sidonie, dos supuestos platos fuertes, por lo que para mí eran un grupo “tampón”, pero con su sonido se dedicaron a tapar bocas.

Yo no conocía sus canciones, no puedo deciros cuáles tocaron salvo una que recuerdo que anunciaron: “Silver Shorts”, pero fue todo canela. Será cuestión de hacerse fan y buscar sus discos. Ahora bien, aquella misma noche tras Sidonie y antes de Love of Lesbian (otro plato fuerte) actuaron unos chiquitos suecos que me dejaron con el boquino abierto: Lacrosse. Me pasa con el pop sueco que me da pereza, si lo escucho todo me parece precioso pero para mí es indistinguible, no le encuentro personalidad.


Pero esta gente, amigos… empezando por la cantante, que o está como una cabra o se había metido una tortilla de speed (no descarto que sean las dos cosas): qué poderío en el escenario, qué piruetas, qué mujer tan bailonga!!! Lejos del ñoñeo soporífero del pop de cámara, esta gente son preciosos, sí, pop-pop, pero su actitud en el escenario es la de unos punks. Hay que verlos para entenderlo. Yo tampoco conocía nada suyo y me cautivaron con sus temazos en un perfecto inglés, como “You Can’t Say No Forever”, “We Are Kids”, “No More Lovesongs”, “I See a Brightness” o “Excuses, Excuses”. También insistieron en que su canción “All the Little Things That You Do” tenía un toque flamenco (sería de Flandes, porque del otro…), y es que se ve que a esta peña sueca la mezcla de estilos no les asusta.

Para mí, Lacrosse fue la mejor sorpresa del Contempo, ya digo. Mañana hablaré de otros aspectos de este festival, en el que este año, pese a mi post del jueves pasado he detectado menos purismo y exquisitez que en otras ediciones y más gentuza de comportamiento vandálico. ¿O será que yo me estoy volviendo insoportable? Viva el POP!

martes, 17 de marzo de 2009

We Are the Pram Town Injurieichon Society


Gran Bretaña, principios del siglo XXI. Una vez que Elvis Costello se hubo dado definitivamente a cantar música de cowboys y que Ray Davies también les cantaba a los cowboys (de Vietnam, eso sí…), ¿no había de quedar nadie que cronicara con sus letras el día a día de la clase media baja? ¿Y que lo hiciera con mala leche?

Os traigo unos candidatos: el grupo de pop-rock indie Kaiser Chiefs, solo os dejo con dos citas suyas:

1) Intento montarme en mi taxi, me ataca un hombre con chándal
2) -¿Qué quieres de cenar? -Quiero patatas fritas de bolsa

Cualquiera que conozca un poquito la realidad inglesa sabe que en frases así está radiografiada perfectamente la verdadera esencia del país. Problema: Kaiser Chiefs son un grupo excelente, pero como buen grupo de rock andan más preocupados por la melodía y el ritmo que por las letras (ya sabéis, ellos “Never Miss a Beat”).


Os traigo ahora al Costello de los pobres, Darren Hayman. El que fuera líder del grupo indie Hefner y que ahora se presenta acompañado por The Secondary Modern, me atrevería a decir que es el mejor letrista y compositor de canciones británico de los últimos diez años. Ríase usted de Jarvis Cocker y de Damon Albarn (de hecho, riámonos todos un ratito de ellos: JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA!!!!.... qué fatuos son… ¿Ya? Continuamos). Sus letras consiguen emocionar sin caer en ningún momento en la ñoñada, de hecho exhiben toda la mala leche, ironía y verdad de las de un Costello a mediados de los ochenta.


Para la antología queda el álbum de Hefner We Love the City (2000), con versos como “El amor no detiene ninguna guerra, no detiene el cáncer, pero detiene mi corazón” o “Nos reiremos el día que muera la Thatcher, aunque sabemos que no está bonito, cantaremos y bailaremos toda la noche” (en UK la Thatcher encarna lo mismo que aquí Aznar: el chivo expiatorio de todos los males). Hefner cortaron el bacalao lírico hasta mediados de la década, yo tuve la suerte de verlos en el año 2000 en Sheffield, no los conocía, y me impactaron como pocos grupos en directo, sobre todo por sus inteligentísimas letras.

Hace un par de años vi en Sevilla a Darren Hayman, venía en plan cantautor, estaba envejecido. La verdad es que no recuerdo si tocó alguna de Hefner, yo creo que sí, pero en cualquier caso presentó un repertorio en solitario muy digno y muy sólido. En aquel concierto pillé un single suyo y no volví a saber de él, hasta que hace unas semanas salió a la venta el nuevo disco de este hombre, y no es cualquier cosa, oiga.


Pram Town (2009) es un disco concepto que se subtitula como “Una ópera folk” y de él ha dicho la revista ROCKDELUX que es una mierda: conclusión, debe ser obra maestra. Me fascinaría comprobar si los que escriben las críticas en ROCKDELUX llegan de hecho a escuchar los discos de los que hablan, aquí comentan que Pram Town se trata sobre un barrio de Essex (¿????) de principios de los 50, cuando es una ciudad, y de los años 40. Me imagino que si el crítico (David Morán) hubiera entendido las letras el disco de Darren Hayman le habría gustado bastante más.

También supongo que el término “ópera folk” lo utiliza Hayman porque ya estaban pillados “ópera rock” y “ópera pop”. ¿Por qué no lo ha llamado “ópera jazz”, u “ópera organillo Casio? Tampoco importa tanto. Lo que fascina de este álbum, de verdad, es el concepto. ¿Cómo se puede tener la poca vergüenza de crear una “ópera” de lo que sea, un ambicioso disco conceptual sobre urbanismo grabándolo en el estudio de su casa en plan lo-fi? Atended, que he contado hasta catorce músicos y 32 instrumentos diferentes en los créditos del disco, tampoco es el nota en un sótano con guitarra acústica y harmónica, ¿eh? Y aún así, las canciones de Pram Town suenan intimistas, nada grandilocuentes, son viñetas sobre la vida suburbana de una supuesta “ciudad modelo” inglesa de postguerra (sobre esto, los arquitectos que leen Estatuas Verdes podrán ilustrarnos más) que con el paso de las décadas se convierte en un suburbio sin alma.


Los temas de las canciones son conmovedores por su simplicidad y efectividad: grabarle una cinta de varios a la tía que te gusta (“Compilation Cassette”), el proceso de formación de un núcleo urbano (“Our Favourite Motorway” –y le saca poesía, el cabrón, hasta al carril de aceleración!), inventarse el nombre de una tía y el modo de deletrearlo (“No Middle Name”), cotilleos de borrachera en una fiesta (“Fire Stairs”)… simplemente delicioso. Lo que me fascina, y el fenómeno del que me parece emana casi toda la fuerza artística de Pram Town, es la ironía que proviene de la tensión. Darren Hayman saber sacar algo bonito y emocionante de donde los demás solo veríamos edificios grises, autopistas anodinas y pintadas canis. Exhibe una cierta nostalgia de su Pram Town, pero eso tiene mucho mérito, porque no estamos hablando de un bucólico Village Green à la Ray Davies: esto es una mierda de cemento armado.


Vuelvo al principio: crónicas de una Inglaterra urbana, más o menos gris pero en la que puede surgir la poesía. “Pram Town” (Villacarritos de Bebé) fue al parecer el sobrenombre que el periódico sensacionalista Daily Mirror le puso a New Harlow Town, engendro urbanístico donde la tasa de natalidad del baby boom era reflejo del optimismo de postguerra (y ciudad natal de Mari Vicky Beckham). Hoy día, si se va en tren desde el aeropuerto de Stansted hasta el centro de Londres se pasa por la estación de Harlow Town. Habrá que fijarse la próxima vez por la ventanilla, pero mucho me temo que los mozos ya no les graban a las mozas cintas de varios, que las lesbianas no se quieren tanto como cuenta Darren Hayman y sobre todo, ya sí que no hay tantísimos cochecitos de niño como antes.
 
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