Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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martes, 18 de agosto de 2009

Nuevo replanteamiento del canon Oro


(Dedicado al buen Nando, asceta escribano en París y proveedor de la nueva foto oficial del blog)





Soplan vientos de cambio, eso ya es cosa sabida. Desgraciadamente, se nos acumulan los Personajes Pupita pero no es menos cierto que también para poder ser Personaje Oro hay cola, como en las oficinas de empleo.

En esta ocasión, Estatuas Verdes viene a desfazer un tuerto (ya sabéis que esto lo escribe Cervantes), de manera que se eleva hoy a los altares áureos de la máxima dignidad personajil a un hombre que debería haber figurado en ellos desde primerísima hora. Si no lo hizo, no fue por falta de méritos, sino porque el mundo cruel del colorín y el famoseo a veces sepulta en la invisibilidad a las personas de valía por el simple hecho de no estar en el candelabro. Me estoy refiriendo, claro está, a Chiquito de la Calzada.

Él, que podía haber sido el protopersonaje Oro, ocupa ya por derecho propio su lugar, habiendo sido además el clarísimo ganador de la última encuesta en la que habéis votado (la de más éxito hasta ahora). No engaño a nadie si revelo que, independientemente del resultado de la encuesta, era Chiquito el llamado a estos honores. Pero veo que en esta ocasión tampoco me habéis fallado. Sobre Chiquito poco se puede añadir, quien no conozca su obra debería apresurarse a conocerla.


Me alegro de su presencia de nuevo en los medios: anuncios de Burger King, imitaciones en El Intermedio, trailer de Spanish Movie, entrevista en Buenafuente, programa de Juan y Medio…. Hace un par de meses, el buen Nota nos alertaba de este fenómeno en su blog, y lo hemos seguido muy de cerca. Sé que igual que ahora sale bastante mañana no saldrá, pero siempre lo tendremos presente.

Respecto a los otros candidatos… me alegra mucho ver que habéis votado a Robert Downey, Jr. Pronto tendremos ocasión de verlo en la peli de Guy Ritchie sobre Sherlock Holmes, una cinta que a juzgar por su trailer promete ser un maravilloso despropósito. En cuanto a Conchita, quedo a la espera de que lea Estatuas Verdes para hablar sobre ella. Muchas injurias he tenido que soportar este verano (anoche mismo, sin ir más lejos) por declarar en público que soy su fan: todas las aguanto con estoicismo.


Y si entra Chiquito, ¿quién deja de ser Personaje Oro? No ha sido una decisión fácil, amigos, es algo que me duele en el alma, y sé que va a causar sorpresa. Quito del Oro a una persona que, siendo de oro puro, últimamente no ha estado a la altura y por tanto merece un correctivo. Fernando Arrabal, David Trueba, Joaquín Reyes y Meryl Streep continúan tan férreos como siempre en la clasificación, entonces…… sí: es Elvis Costello. ¿El máximo personaje oro de Estatuas Verdes, Porerror (cito tus palabras)?

Así es, señora. Al buen Costello parece que últimamente se le ha ido la olla, como ya se anunció aquí, pero la gota que colmó el vaso ha sido su último y nuevo álbum, Secret, Profane & Sugarcane (2009), que es OTRA VEZ un disco de country. El mundo necesitaba otro disco country de Elvis Costello como La Ilíada necesita 100 versos más sobre Agamenón. Para colmo resulta que ahora el nota se va de gira con Jim Lauderdale (otro gurú country)… ¿quién le elige a este hombre las amistades? ¿Dónde quedó la época en que era colega de Paul McCartney?


De manera que la cosa queda así: Elvis Costello queda relevado como Personaje Oro hasta que componga, grabe y edite un disco pop-rock como Dios manda (y sólo él sabe). A todo esto, alguno se preguntará a qué venía poner en la encuesta y las fotos del blog a Megan Fox… no os falta razón, amigos, pero ¿a quién no le gusta un Imperio Romano del siglo primero?

martes, 23 de junio de 2009

Cosica año 1


-“Presiento que tu temporada en Cosica va a ser muy fructífera, en cuanto a literatura se refiere.”
(*Ana*, comentario en Estatuas Verdes. 11/07/08)





Que el Apocalipsis no anda lejos es otro axioma con el que hoy me gustaría empezar el post. Hay señales cumplidas más que suficientes: Chambao y Pitingo han dado un concierto juntos, la gente salta de los balcones, en los bares aparecen misteriosos flamenquines (rellenos de queso!!!! ¿dónde se ha visto?) del tamaño del brazo de Rafa Nadal, Elvis Costello ha sacado otro disco de country (“How many more times?”, que decían Led Zeppelin hace 40 años), Ramoncín es jurado de la nueva edición de OT

Por si esto fuera poco, los indicios parecen remitirnos a la conclusión de que yo me estoy acostumbrando a la vida rural. ¿Rural? Pero si tú no vives en el campo, cobarde! En la ciudad es donde le aseguro que no vivo, señora… Y he aquí lo que me trae al tema de hoy: día de San Juan, en el que según Canal Sur Radio la máxima tradición andaluza es meter tres patatas debajo de la cama, 24 de junio, se cumple un año de mi primera visita a Cosica. ¡Jirl! Si sabéis de lo que hablo, el recordado post “Retorno a Cosica” no fue sino la plasmación –entre el terror y la ironía- de mi segunda visita a Cosica: hence the title.


Hoy, exactamente un año después de la primera vez que vine, mi percepción del pueblo es completamente diferente, aunque tal vez haya que hacer caso a Fito Páez y concluir que “si algo ha cambiado, eso es nosotros”. Yo no soy el mismo que llegó a Cosica hace un año con un disco de La Costa Brava y un puñado de buenas intenciones debajo del brazo. Aquella primera visita me resultó tan bizarra que decidí no consignarla en el blog (un poco de avestrucismo también hubo, lo confieso: si no hablo de él, el pueblo desaparecerá). ¿Y qué tenía de malo Cosica, exactamente? La respuesta es “nada”, salvo que no era el sitio donde yo vivía y me había criado: o sea, “todo”.

Hoy Cosica sí es –para bien o para mal: hay una facción de mi familia que me sigue dando el pésame- el sitio donde vivo. Y ya lo dijo Antoñito Machado: “a mi trabajo acudo, con mi dinero pago el traje que me cubre y la mansión que habito”, al final va a resultar que le he cogido cariño a la cosa porque no me ha tocado más remedio que vivirla. El sábado pasado me decía el buen Truman: “Tú estás encantado en Cosica, mamón. Empezaste despotricando y ahora hablas todo con humor, te lo pasas pipa”. Correcto. Pero ojo, ojito, ojete: que esté contento y que me lo pase bien no significa que sea feliz. Aunque de eso, claro está, no tiene la culpa el pueblo.


Mi buena madre me comentaba el otro día también, desde el horror: “No te vayas a engolosinar con ese pueblo y te vayas a quedar allí a vivir, ¿eh?”. No sé de dónde ha sacado la idea, lo cierto es que cada fin de semana la visito y le voy con mil historias y anecdotuelas (que siempre intento que sean positivas) sobre mi vida aquí. Pero de ahí a concluir que tengo en mente “empatronarme”, creo que media bastante trecho! Eso de desplegar la suspicacia cada vez que hablo bien de Cosica parece ser que está de última moda. Tengo compinches de trabajo a los que diríase que se les pinza una vértebra cada vez que me oyen decir cosas buenas del pueblo, por ejemplo (y no son uno ni dos).

Como decía, yo no soy el mismo de hace un año: más viejo, más sabio, más conforme, más tolerante, más triste. Pero el pueblo tampoco es el mismo. Veo las fotos de hace varios meses y lo que antes no eran sino edificios al azar, “un blanco caserío”, cobra ahora sentido completo como una maldita estampa gestáltica: la calle Noséqué, la casa de Fulano, ahí vive Menganito, etc, etc… Lo que antes era un exiguo callejero inhóspito y lleno de perros sueltos se ha convertido en un exiguo callejero perfectamente familiar y lleno de perros sueltos, a los que al menos ya tengo cartografiados. La gente absurda a la que hubo que repartir collarines cuando yo llegué (cómo no girarían el cuello a mi paso) son ahora vecinos que me saludan. Y eso mola.


Cosica es mi Macondo, mi Yoknapatawpha, es como la España de Zapatero: ese territorio inexistente en el que nos refugiamos para soñar. Y ahora me voy de confesión: dada mi trayectoria personal, yo jugaba todas las papeletas para la lotería del amargamiento en este pueblo; me pasó en Inglaterra y me pasó en los USA, que me iba de fiesta a diario, compraba libros y discos por docenas y me reía a tope pero estaba a disgusto. Por esta razón (y dado que aquí ni siquiera hay librerías ni tiendas de discos) me había planteado a mí mismo como reto personal el no dejarme vencer por el desánimo, ponerle al mal tiempo buena cara y tratar de llevar una existencia agradable en Cosica. Y amigos, mamá, estatuas de bronce, señoras y señores: puedo decir con una sonrisa que lo he conseguido.

martes, 17 de marzo de 2009

We Are the Pram Town Injurieichon Society


Gran Bretaña, principios del siglo XXI. Una vez que Elvis Costello se hubo dado definitivamente a cantar música de cowboys y que Ray Davies también les cantaba a los cowboys (de Vietnam, eso sí…), ¿no había de quedar nadie que cronicara con sus letras el día a día de la clase media baja? ¿Y que lo hiciera con mala leche?

Os traigo unos candidatos: el grupo de pop-rock indie Kaiser Chiefs, solo os dejo con dos citas suyas:

1) Intento montarme en mi taxi, me ataca un hombre con chándal
2) -¿Qué quieres de cenar? -Quiero patatas fritas de bolsa

Cualquiera que conozca un poquito la realidad inglesa sabe que en frases así está radiografiada perfectamente la verdadera esencia del país. Problema: Kaiser Chiefs son un grupo excelente, pero como buen grupo de rock andan más preocupados por la melodía y el ritmo que por las letras (ya sabéis, ellos “Never Miss a Beat”).


Os traigo ahora al Costello de los pobres, Darren Hayman. El que fuera líder del grupo indie Hefner y que ahora se presenta acompañado por The Secondary Modern, me atrevería a decir que es el mejor letrista y compositor de canciones británico de los últimos diez años. Ríase usted de Jarvis Cocker y de Damon Albarn (de hecho, riámonos todos un ratito de ellos: JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA!!!!.... qué fatuos son… ¿Ya? Continuamos). Sus letras consiguen emocionar sin caer en ningún momento en la ñoñada, de hecho exhiben toda la mala leche, ironía y verdad de las de un Costello a mediados de los ochenta.


Para la antología queda el álbum de Hefner We Love the City (2000), con versos como “El amor no detiene ninguna guerra, no detiene el cáncer, pero detiene mi corazón” o “Nos reiremos el día que muera la Thatcher, aunque sabemos que no está bonito, cantaremos y bailaremos toda la noche” (en UK la Thatcher encarna lo mismo que aquí Aznar: el chivo expiatorio de todos los males). Hefner cortaron el bacalao lírico hasta mediados de la década, yo tuve la suerte de verlos en el año 2000 en Sheffield, no los conocía, y me impactaron como pocos grupos en directo, sobre todo por sus inteligentísimas letras.

Hace un par de años vi en Sevilla a Darren Hayman, venía en plan cantautor, estaba envejecido. La verdad es que no recuerdo si tocó alguna de Hefner, yo creo que sí, pero en cualquier caso presentó un repertorio en solitario muy digno y muy sólido. En aquel concierto pillé un single suyo y no volví a saber de él, hasta que hace unas semanas salió a la venta el nuevo disco de este hombre, y no es cualquier cosa, oiga.


Pram Town (2009) es un disco concepto que se subtitula como “Una ópera folk” y de él ha dicho la revista ROCKDELUX que es una mierda: conclusión, debe ser obra maestra. Me fascinaría comprobar si los que escriben las críticas en ROCKDELUX llegan de hecho a escuchar los discos de los que hablan, aquí comentan que Pram Town se trata sobre un barrio de Essex (¿????) de principios de los 50, cuando es una ciudad, y de los años 40. Me imagino que si el crítico (David Morán) hubiera entendido las letras el disco de Darren Hayman le habría gustado bastante más.

También supongo que el término “ópera folk” lo utiliza Hayman porque ya estaban pillados “ópera rock” y “ópera pop”. ¿Por qué no lo ha llamado “ópera jazz”, u “ópera organillo Casio? Tampoco importa tanto. Lo que fascina de este álbum, de verdad, es el concepto. ¿Cómo se puede tener la poca vergüenza de crear una “ópera” de lo que sea, un ambicioso disco conceptual sobre urbanismo grabándolo en el estudio de su casa en plan lo-fi? Atended, que he contado hasta catorce músicos y 32 instrumentos diferentes en los créditos del disco, tampoco es el nota en un sótano con guitarra acústica y harmónica, ¿eh? Y aún así, las canciones de Pram Town suenan intimistas, nada grandilocuentes, son viñetas sobre la vida suburbana de una supuesta “ciudad modelo” inglesa de postguerra (sobre esto, los arquitectos que leen Estatuas Verdes podrán ilustrarnos más) que con el paso de las décadas se convierte en un suburbio sin alma.


Los temas de las canciones son conmovedores por su simplicidad y efectividad: grabarle una cinta de varios a la tía que te gusta (“Compilation Cassette”), el proceso de formación de un núcleo urbano (“Our Favourite Motorway” –y le saca poesía, el cabrón, hasta al carril de aceleración!), inventarse el nombre de una tía y el modo de deletrearlo (“No Middle Name”), cotilleos de borrachera en una fiesta (“Fire Stairs”)… simplemente delicioso. Lo que me fascina, y el fenómeno del que me parece emana casi toda la fuerza artística de Pram Town, es la ironía que proviene de la tensión. Darren Hayman saber sacar algo bonito y emocionante de donde los demás solo veríamos edificios grises, autopistas anodinas y pintadas canis. Exhibe una cierta nostalgia de su Pram Town, pero eso tiene mucho mérito, porque no estamos hablando de un bucólico Village Green à la Ray Davies: esto es una mierda de cemento armado.


Vuelvo al principio: crónicas de una Inglaterra urbana, más o menos gris pero en la que puede surgir la poesía. “Pram Town” (Villacarritos de Bebé) fue al parecer el sobrenombre que el periódico sensacionalista Daily Mirror le puso a New Harlow Town, engendro urbanístico donde la tasa de natalidad del baby boom era reflejo del optimismo de postguerra (y ciudad natal de Mari Vicky Beckham). Hoy día, si se va en tren desde el aeropuerto de Stansted hasta el centro de Londres se pasa por la estación de Harlow Town. Habrá que fijarse la próxima vez por la ventanilla, pero mucho me temo que los mozos ya no les graban a las mozas cintas de varios, que las lesbianas no se quieren tanto como cuenta Darren Hayman y sobre todo, ya sí que no hay tantísimos cochecitos de niño como antes.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Elvis Costello: ¿Se le ha ido la olla?


La fiel lectora Orphangirl es una buena corresponsal de Estatuas Verdes. Siempre me nutre de noticias: que si la hermana pequeña de Beyoncé saca disco nuevo, que si Feist ha actuado en Barrio Sésamo

Ella sabe que un gurú personal mío es Elvis Costello, principal Personaje Oro de este blog, de modo que nunca me faltan en la bandeja de entrada del email correos acerca del cantante británico. Costello, ¿eh? Habría tanto que decir… Ya se comentó aquí su útimo lanzamiento discográfico, pero no ha sido lo único en lo que don Costello ha empleado su tiempo en este 2008.

Además de su fantástico Momofuku (2008), Costello ha participado haciendo duetos en Acid Tongue (2008), lo último de Jenny Lewis y Little Honey (2008), de la cantante country LucindaWilliams. No para ahí la cosa. Por mediación de Orphangirl leo la noticia de un programa televisivo que Elvis Costello va a presentar en USA. El espacio, de título Spectacle: Elvis Costello With… (en la cadena Sundance) es una especie de talk show musical. Me imagino que, a la maniera de los shows de Johnny Cash y Sonny & Cher, o como dice (con bastante mala leche) el blog Jenesaispop.com, estilo El séptimo de caballería de Papito.


En cada programa acudirá un invitado a hablar y actuar con Costello; en la nómina se espera a Rufus Wainwright, Elton John, James Taylor, The Police, Lou Reed, Tony Bennett, Kris Kristofferson, Norah Jones, Herbie Hancock, She & Him, Jenny Lewis (¿cómo no!), Diana Krall (¿CÓMO NO! –es su mujer) y otros menos obvios como Bill Clinton o Smokey Robinson (“el mejor poeta americano vivo”, según vuestro admirado Dylan). Por cierto que Jakob Dylan (el que no quería aprovecharse de la fama de su padre y se puso el mismo nombre artístico) acudirá también.

No contesto con esto, otro email de Orphangirl me sorprende con la participación de Costello en un especial navideño del cómico yanqui Stephen Colbert. En el clip, (en el que también aparece Feist, por cierto) el cantante se presta nada menos que a ser devorado por un oso (no os digo más que que sale difrazado de soldadito de juguete). ¿Costello showman? ¿Costello entertainer? ¿Costello ida de olla? Pues esperad a lo que viene ahora.



La semana pasada me envió el buen Fran G. Matute otra noticia relacionada con Elvis Costello, la cual ya conocía pero que había dado al olvido (afortunadamente). ¿Costello actor? ¿Costello ideeas geniaales? ¿COSTELLO SABUESO? Semejante antetítulo pudo leerse el día 19/11/08 en el diario El País. ¿A cuénto de qué?

Steve Nieve, histórico pianista del grupo de Elvis Costello, estrena en el Teatro Chatelet de París su ópera Welcome to the Voice (2007), en la que intervienen una serie de voces clásicas, Joe Summer (el hijo de Sting), el propio Sting y Elvis Costello, en el papel del “jefe de la policía” (de ahí lo de sabueso). Desde “Watching the detectives” no se vio nada igual, ¿eh? La ópera solo tuvo cinco representaciones (la última ayer), por eso -¡ay!- me quedé sin verla. Pero yo ya estoy comido solo con ver esas fotazas de Elvis C. ataviado de poli haciéndole pupita a Sting, que interpreta el papel del “joven obrero del metal”.


Devorado por un oso, poli de opereta, tocando el saxofón con Clinton en la tele… amigo Costello, ¿acaso se te ha ido la pelota? En estas reflexiones estaba cuando en una estantería perdida de casa de mi madre encontré uno de mis discos favoritos, que creía perdido. The Juliet Letters (1993), de Elvis Costello and The Brodsky Quartet, fue un regalo por mi 15 cumpleaños en cassette original, tanto me gustó que aquella tarde me tangué la clase de inglés por escucharlo. Años después lo compré en CD… hace tres días lo reencontré, y fue como reencontrase con un viejo amor. No voy a deciros cómo es el disco ni a qué suena… si tenéis alma, ya sé que lo buscaréis.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Finally Quique González


“Al arder la rama las estrellas ardieron también”.
-Quique González




Dado a la hipérbole, una vez más me presento ante vosotros. Pero lo que os digo ahora no es una exageración: he aquí el post que llevaba un año queriendo escribir, el que más ganas tenía de compartir con vosotros. No exagero si digo que fue uno de los motivos por los que me decidí a empezar un blog. Para compartir estas experiencias. Llevaba trece meses deseando volver a asistir a un concierto de Quique González, el cantautor eléctrico. Hubo un amago cancelado el pasado abril, creo, que me dejó con el mal sabor de boca de un conciertus interruptus. Pero ya ha vuelto a ocurrir.

¿Conocéis la sensación de acudir a un concierto y corear las letras de todas las canciones hasta quedaros roncos? ¿De que se os pongan los pelos de punta al escuchar tal o cual trozo “clave” de una letra? ¿De estar nervioso en la cola de entrada hora y media antes de empezar la actuación? Como un puto colegial, creo que La Casa Azul dieron con el símil definitivo: “Como un fan”.

Hace trece meses asistí a mi primer concierto de Quique González, había escuchado su último disco varias veces, me gustaba mucho. Pero era un concierto más. Entonces me senté en una butaca de aquel teatro, vi un escenario oscuro, solo iluminado por una lamparita de pie, escuché la canción “Y los conserjes de noche” y tuve una de las mayores epifanías musicales de toda mi vida. A día de hoy mi novia (autora de las fotos que veis) me lo dice admirada: “A ti este hombre te ha llegado, ¿eh?”. O: “Milagroso: subir al coche de Porerror en días diferentes y que tenga en el CD sonando al mismo artista”. Sí, que me ha llegado, sí, como solo me llegaran Los Beatles, Brian Wilson, Elvis Costello y Fito Páez. Dado a la hipérbole pero no estoy exagerando.


La verdad es que no os voy a intentar convencer de lo bueno que es o no es Quique González, como hago con otros artistas (anteayer mismo, Cooper). Solo pretendo contaros cómo me ha afectado a mí. Hoy no voy a decir “El XXXXX español”, “Suena como XXXXX” o “Lo mejor desde XXXXX”. ¿Para qué? Anoche tuve la inmensísima suerte de ver en concierto a uno de mis artistas favoritos, de verlo en segunda fila, de fundirme con la masa de peña que allí había al son de unas canciones que significan muchísimo para muchísima gente.

Anoche detrás de mí había una pareja de novios jovenzuelos, entre pijos y universitarios (el público medio de Quique) a la que sinceramente deseé faringitis crónica de por vida, tales fueron los desafinados berridos que vertieron en mi oído durante todo el concierto, igual que Claudio vertió el veneno en el oído del padre de Hamlet. Pero esta mañana pienso, ¿qué derecho tengo a censurar sus emociones? De acuerdo con que fueron un coñazo, pero me siento al 100% identificado con ellos. Yo también me encontraba transportado.


La ocasión reservaba más sorpresas agradables: yo esperaba un concierto fin de gira basado en el repertorio de su último disco Avería y redención #7 (2007) –como fue el del año pasado-, en estos nunca faltan canciones antiguas pero, claro, te tienes que mamar el disco nuevo entero. En este caso, sin embargo, se trataba de una gira “Décimo aniversario” con un repertorio moldeado por las peticiones de los fans en la web, algo a lo que Quique siempre ha sido muy aficionado. Hubo una canción inédita (la estupenda “La luna debajo del brazo”) y el resto estuvieron sacadas de sus siete álbumes, además de “Paloma”, versión del temazo de Andrés Calamaro.

¡Qué fantasía! Por allí desfilaron “Personal”, “Cuando éramos reyes”, “Se nos iba la vida”, “Y los conserjes de noche”, “Pájaros mojados”, “Avión en tierra”, “La ciudad del viento”, “Calles de Madrid”, “Kamikazes enamorados”, “Pequeño rock & roll”, “El campeón”, “Miss camiseta mojada”, “Salitre”, “Crece la hierba”, “Caminando en círculos”, “Hotel Los Ángeles”, “Rompeolas”, “Avería y redención”, “Hay partida”, “En el backstage”, “Palomas en la quinta”, “Me agarraste”, y la que abrió el concierto para frenesí colectivo: “Vidas cruzadas”. Creo que no me dejo ninguna, en cualquier caso solo quería dar una idea de los extensivo y variado del repertorio, que como siempre basculó entre el rock “americano” con raíces, la canción de autor acústica y el power pop (impresionante labor de guitarras a cargo de Javi Pedreira).


Después de la actuación, dos horas netas con dos bises de cuatro y tres canciones (Quique no es Van Morrison con un cronómetro de ajedrecista encima del piano, si sabéis lo que quiero decir), los fans tuvimos la oportunidad de entrar al backstage y saludar a los músicos. “Me encanta firmar vinilos” – me dijo Quique al ver mi copia de Avería y redención #7. El backstage, con su humilde empanada, sus blisters de jamón y queso, sus frutos secos, me recordó al testimonio Chanante de Axl Rose y su “panizo” o kikos de maíz gigantes.

Y en fin, que fui, vi, disfruté. Es lo que hacen los fans, ¿no? Hice cola, me desgañité, vi a un hombre tocar un piano que era el frontal de un Ford Capri (con faros encendidos y todo), le di la mano y, una vez en calma, me largué.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Replanteamiento del canon Oro

“Y eso que no está de moda es oro”





Vuelvo al mundo del blog tras mi accidente anual: el año pasado por estas fechas pisé una pelota de padel y tuve un esguince de tobillo, ayer me caí por las escaleras de “mi mansión” de Cosica. Gracias a Dios no me ha pasado nada, solo una molesta tendinitis en el brazo derecho que me impide conducir, escribir, coger peso, en definitiva, vivir.

Pero no podía diferir más la actualización o replanteamiento del Canon Oro. Ya sabéis que “oro” es mi palabra clave para dar la aprobación sobre algo. Tanto es así que una vez en Toledo me estaban enseñando unas pulseras de plata que me agradaron mucho, y exclamé “¡Oro!”, a lo que la amable dependienta me respondió: “No, caballero, esto es plata: el oro es lo amarillo” (Gracias, señora, no soy de Júpiter).

“Oro” son los personajes más admirados de Estatuas Verdes, lo son por su calidad y por el calado de su trabajo. O por el simple hecho de caerme bien, qué narices. Elvis Costello, a mi modesto entender el mejor rockero vivo, rockero por llamarle de alguna manera ya que su paleta musical no parece tener limitaciones. Este año sin ir más lejos ha facturado un discazo de agárrate y no te menees, amén de colaborar con sendos duetazos en los respectivos álbumes de Jenny Lewis y de Lucinda Williams.


Si entra un Personaje Oro nuevo es que sale otro, ya sabéis cómo funciona. Fernando Arrabal tampoco puede abandonar la lista. ¿Qué ha hecho últimamente? Este hombre con existir ya tiene suficientes méritos. Joaquín Reyes nos tiene un poco abandonados, a la espera estamos de la tercera temporada de Muchachada Nuí (¿comenzará con Cindy Lauper de presentadora, ya que ella fue la última “Celebrity”?), pero su estela pervive y está siendo copiada hasta la saciedad por humoristas y publicistas de toda España. En cuanto a David Trueba, esta primavera editó una novelaza gorda pero fácil de leer (y entretenida). Dicen por ahí que anda adaptando al cine la novela de Azcona (R.I.P.) Los muertos no se tocan, nene.


¿Saldrá acaso de la lista de Personajes Oro el antaño celebrado César Millán? La respuesta es . Los motivos son varios, y lamento si con esto se sentirán injuriados gente como el buen Fran G. Matute y ese amigo suyo con el que compra merchandising oficial del mejicano. Para empezar, en mayo pasado me mordió un puto perro, y ahí no valió ni calma, ni asertividad, ni líder de la manada, ni leches. Solo un dueño mongolo e incapaz de controlar a su animal y mi posterior dosis del toxoide antitetánico. ¿Son las enseñanzas de César Millán un fraude? Cuando queráis os enseño la cicatriz de mi mano izquierda.

Por otro lado, vemos que en Cuatro quitaron su programa, y luego lo han intentado poner a diario para sustituir aquel pizpireto Visto y oído, que al parecer no veía ni oía nadie. Los fines de semana en lugar de El encantador de perros, the real thing, nos han endilgado la versión inglesa llamada O el perro o yo. ¿Resultado? Perros más flacos, dueños más pálidos y cielos nublados, y una instructora perruna que perdió su carisma por el camino. En definitiva, César, macho, que estás en horas bajas.

¿Y quién ocupará su puesto? Bono el del PSOE no. Es una persona intachable (salvo cuando se condecoraba a sí mismo o fingía regalarle su propio reloj a los jubilados manchegos, pero eso es peccata minuta), lo que pasa es que ahora es consuegro del cantante Raphael y está a punto de ser abuelo: demasiadas responsabilidades. ¿Bono el de U2? Aparte de estar muy ocupado quedándose en la ONU para hacer merienda-cena y llamando por teléfono a Dios o a Barack Obama, seamos serios.


Diego Manrique, pese a ser cada día más sabio en la música y más lúcido en sus artículos periodísticos, veo que no ha cuajado en vuestra imaginación. Susanna Griso sí que ha cuajado en vuestras mentes (¡viciosillos!) pero eso de tener a Massiel como tertuliana… no sé yo: le resta enteros. La más votada por vosotros ha sido Meryl Streep, la gran Meryl. Dama del cine, doblemente oscarizada, cantante y bailarina por gracia de ABBA, en fin, que lo tiene todo. Os confieso que toda esta pantomima de la encuesta la monté para incluirla a ella, o sea que mola, no hay que manipular nada. Bienvenida pues, Meryl, a la lista de Personajes Oro, primera mujer que alcanza este honor.

martes, 14 de octubre de 2008

Tú a Londres y yo a Cosica


Sí, amigos. El viernes pasado quería haber publicado un post sobre una cosa que ya tenía medio escrita y que aparecerá próximamente en Estatuas Verdes pero entre pitos y flautas no me dio tiempo. Pensaba acabar el post advirtiendo que el domingo tampoco habría post porque este era un fin de semana largo, y yo iba a pasarlo a “un sitio que empieza por L y rima con Londres”, que diría Chris Peterson.

Como cantaba Petula Clark en Adiós, Mr. Chips (1969), “Londres es Londres”. También Wendy James nos dejó cantado aquello de “Londres es estupendo cuando llueve, todo el mundo refunfuñando y quejándose”, aunque en realidad eso se lo había escrito Elvis Costello, el que no quería ir a Chelsea (a pesar de haber visto la película). Don Costello es un erudito de Londres, en “London’s Brilliant Parade” nos recuerda “el bazar occidental al que solían llamar Oxford Street”, otros sitios de turisteo (Regent’s Park, Kensington, Camden Town) y también nombra zonas más castizas como Olympia, Hammersmith o Fulham Broadway.


Si de transitar por “las calles de Londres” se trata, Ralph McTell clavó su invitación en plan cantautor folkie, parece mentira que se esté refiriendo a la misma ciudad que cantaban The Clash, diciendo eso de que “Londres se hunde y yo vivo junto al río”. Ellos titularon todo un álbum London Calling (1979), también dijeron que “Londres arde” y nos hablaron de las “Pistolas de Brixton”. Aunque la violencia de los disturbios en Brixton quien mejor la retrató fue el poeta dub inglés/jamaicano Linton Kwesi Johnson.

Hablando de calles más conocidas, ¿cómo estaba aquel Gerry Rafferty con su tema “Baker Street”? Años después hubimos de comérnoslo como sintonía de un anuncio de tabaco Fortuna, con sus sempiternos solos de saxofón y todo. De Carnaby Street hablaron The Jam en su canción homónima, por no hablar de aquel “Dedicated Follower of Fashion” de los Kinks, sobre la moda en el West End. Se ve que les iba esta parte de la ciudad, porque en “Lola” hablan del “viejo Soho” y también le cantaron a “Denmark Street”. Por otro lado, le dedicaron un disco entero al norte de Londres (Muswell Hill, Holloway…)


Pero vamos, que si hay una canción que una a Londres con los Kinks ya sabemos todos que es “Waterloo Sunset”, sobre una estación de metro. El metro de Londres da mucho juego, que se lo digan a Paul Simon y su “Poem On an Underground Wall” o a los antes mencionados The Jam, que también le cantaron al hecho de estar en una estación de metro por la noche. Los Rolling Stones también la liaron parda en la capital inglesa, como en “Street Fighting Men”, en que proclamaban que el verano había llegado y era buen momento para pelearse en la “somnolienta ciudad de Londres”. Otras veces hablaron de Stepney o de Knightsbridge, y otro que habló de sitios londinenses pero de modo más pacífico fue el cantautor Donovan.

A este, como venía de Escocia, el tiempo en Londres debió parecerle maravilloso porque tildó a dos calles de “soleadas”: “Sunny Goodge Street” y “Sunny South Kensington”. ¿Cómo olvidar aquel temazo sobre Portobello Road que sonaba en La bruja novata (1971). Infinitamente mejor que el “Portobello Belle” de Mark Knopfler (al menos, menos muermo). ¿O aquella otra canción sobre las palomicas y la Catedral de San Pablo de Mary Poppins (1964)?

Se me podría ir la cabeza y continuar horas hablando de este tema: ahí estaba David Bowie recordando a las muchachitas que trabajaban en Bond Street, “Last Train to London” de la ELO, el tema “Berkeley Mews” de los Kinks, que se me olvidó antes, y en la última década “London” de los Pet Shop Boys (este último desde la perspectiva de los inmigrantes rusos), “London Loves” de Blur, “Mile End” de Pulp, “Greater London Radio” de Hefner… ¡basta!


Los últimos en sumarse al carro han sido Estelle con su “American Boy”, en el que muestra a Kanye West las delicias de Londres, Coldplay con “Violet Hill” (una calle cerca de Abbey Road, vía pública que por cierto dio título a un disco de los Beatles) y, como no, Duffy. En “Warwick Avenue” la galesa nos cita a la entrada de la estación de metro (otra vez el metro) de la línea Bakerloo de esta calle de la Zona 2...




Cuando Porerror despertó, seguía viviendo en Cosica.

martes, 30 de septiembre de 2008

Vuelve Nena Daconte


“Al anochecer, cuando llegaron a la frontera, Nena Daconte se dio cuenta de que el dedo con el anillo de bodas le seguía sangrando”.
-Gabriel García Márquez



Tenía ganas ya de que llegara el día 30 de septiembre porque hoy se pone a la venta el segundo disco de un excelente grupo de pop español: Nena Daconte. La historia de este grupo (en realidad un dúo) mola porque contiene un poquitín de justicia poética, ella (Mai Meneses) fue concursante de la segunda edición de OT, de donde salió expulsada a las primeras de cambio. Él (Kim Fanlo) también proviene de la órbita de OT, al parecer fue músico de estudio o de la gira. Además de compañeros profesionales, parece que eran pareja –lo que siempre añade cierto morbo-, o no, o sí, no se sabe.

Lo de la justicia poética viene porque esta chica Mai, que según la leyenda urbana iba para registradora de la propiedad, como cantautora no tuvo mucho éxito. Hay una especie de maldición para los concursantes de OT, ni los que ganan se comen nada. Excepciones: Bisbal, Chenoa y Bustamante, y ya es mucho decir. Los que se van pronto… ni hablamos. Pero hete aquí que un par de años después Mai Meneses –cuyo nombre era un chiste para indicar el fracaso: lo juro, lo escuché en la tele- volvió con su nuevo proyecto para tapar bocas y darle en la cabeza a todo el mundo.

“Idiota” molaba, y más todavía “En qué estrella estará”. El resto es historia, este tema fue número uno de Los 40 durante cinco semanas, lo escogieron como sintonía de la Vuelta Ciclista a España 2006, Nena Daconte ganó un premio Ondas y muchos otros… El disco He perdido los zapatos (2006) debió venderse bastante, máxime porque se reeditó, incluyendo un remix de “Idiota” a cargo de Carlos Jean y una versión del tema de Dylan “The Mighty Quinn (Quinn the Eskimo)”, que pudimos escuchar también en un anuncio de Codorniú.


De repente Nena Daconte fue un éxito, y se codeaban con La Oreja de Van Gogh y El Canto del Loco. Y aunque su éxito ha sido mainstream, el que ha sabido verlo ha encontrado en su música un puntillo indie la mar de interesante. Nunca olvidaré el día en que vi el monólogo de un cómico de Paramount Comedy con una camiseta que decía: “Me gustan los Strokes pero más Nena Daconte” (versión castiza del eslogan “Me gustan los Strokes pero más Franz Ferdinand”).

Nena Daconte podían fácilmente haber caído del lado indie de la red, y sonar en Radio 3, tocar en el ContemPOPránea… solo les falta un hervor indie. Pero no me estoy quejando. Me alegro de su éxito, y admiro su gusto musical. A Mai Meneses, cada vez que la entrevistan no se le cae Elvis Costello de la boca (el mayor Personaje Oro de Estatuas Verdes), y en su Myspace, el dúo cita como influencias aparte de a Costello, a Radiohead, Weezer, Ella Fitzgerald, Metallica, Daft Punk, Los Rodríguez, Antonio Vega y Kiss.


Como el disco nuevo sale hoy (se titula Retales de carnaval -2008), no lo he podido escuchar. Pero sí que me he puesto hasta la saciedad en YouTube el nuevo vídeo del single adelanto “Tenía tanto que darte”. La canción me parece un acierto, un temazo de pop redondo. De nuevo, montando a caballo entre el mainstream y el indie, son los hermanos pequeños de Amaral (esto es un elogio): me atrevería a llamarlo power pop. El vídeo tiene la cantidad justa de paranoias, parece digno de Beck (esto también es un elogio, malpensados). Si no la habéis escuchado –aunque ya está hasta en los politonos de Cuatro-, dadle una oportunidad.

Habrá que ver cómo está el disco nuevo, y ver por dónde sale musicalmente. En Estatuas Verdes nunca hablamos de lo que no conocemos, así que no puedo opinar. Pero ya digo, el single promete bastante, y si lo que he leído en Internet es cierto, ha sido número uno en ventas de singles en España. Y, en fin, a falta de que Nena Daconte suenen en Los conciertos de Radio 3 los escucharemos en Cadena 100, y como me mole el Retales de carnaval, capaz soy de mandarme estampar una camiseta en la que ponga: “Nena Daconte me gustan más que la cadera de Bob Dylan”.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Watchmen: La gran cosa (y II)


Vuelvo a la carga con Watchmen porque verdaderamente merece la pena. No sé si lo he dicho ya pero la lectura de este cómic ha cambiado incluso mi concepción del medio mismo de la historieta. Si formalmente el tebeo es una obra maestra no lo es menos en el plano del contenido. Sí, pero, ¿de qué trata? No pienso aquí dar ningún spoiler, pero sí voy a esbozar la temática. Superhéroes, eso seguro, pero si solo fuera eso…

La primera página de Watchmen es la mejor página de cómic que he leído en mi vida, tan fácil como eso. Muy deudora de la técnica cinematográfica, tiene la ventaja de que en ella se explica la misteriosa portada (¿qué coño es ese fondo amarillo con manchas negras y rojas?) Cuando me di cuenta de lo que era me di cuenta también de que no estaba leyendo un tebeito cualquiera. Otra característica de la primera página es que marca el tono de la historia, a ratos sombrío, a veces cómico, casi siempre descreído.

La “voz en off” (por llamarla así) nos abofetea con una soflama carca y ultraderechona que nos descoloca un poco, y no será la única voz que se haga escuchar. A lo largo de Watchmen encontramos ejemplos de muy diversas ideologías y corrientes filosóficas: objetivismo, fascismo, feminismo radical, movimiento gay, y las citas que salpimentan el cómic a modo de epígrafe u otro están tomadas de, por ejemplo, Bob Dylan, Elvis Costello, John Cale, la Biblia, Albert Einstein, William Blake (¡ese tigre!), Nietzsche, Carl Jung o P.B. Shelley. El título, sin ir más lejos (que en inglés quiere decir “Los vigilantes”) está sacado de una sátira de Juvenal.


Lejos de ser pesada, la lectura de Watchmen es puro entretenimiento, se trata de una historia más de suspense que otra cosa. Si hay filosofía –o más bien reflexión- es siempre en su justa medida, viniendo a cuento y enlazando con la trama. Nunca tuve la sensación de hallarme abrumado en un mar de citas culturetoides puestas ahí porque sí, si sabéis a lo que me refiero. Para colmo está el telón de fondo de la Historia, motor último de la historia de Watchmen. Hay referencias a la Historia/mitología griega y egipcia, y el simple hecho de que se desarrolle en unos años 80 paralelos hace que para nosotros ya sea una época muy pasada.

Supongo que en su día daba mucho morbo leer algo contemporáneo pero distinto (como si hoy se hace un cómic con la premisa de que los USA barrieron en Irak y Al Gore es el actual presidente), pero hoy el morbo está en que los 80 se nos fueron hace tiempo. Y en que la Guerra Fría para nosotros es una curiosidad, mientras que los personajes de Watchmen viven en el mismo mundo geopolítico que los de la peli Teléfono rojo: ¿Volamos hacia Moscú? (1964).

Se habló del fin de la Historia al superarse la época de los Bloques, al aparecer la amenaza que desembocó en el 11-S… en Watchmen también se abordan estos temas, solo que el tebeico fue escrito hace más de veinte años y, leído hoy día, acojona. A nosotros ya no nos asusta que Rusia vaya a dar un pepinazo (¿o sí?), pero hay por ahí amenazas peores. En Watchmen hay un personaje que se la pasa anunciando la llegada del Fin del Mundo, y no acaba uno por saber si anda loco o es el único que se ha enterado de la movida.


Ufffff… quería hablar de tantos temas a propósito de Watchmen: de política sexual, de psicología, de ciencia… no puede ser: LEEDLO. ¿Y la diversión, Porerror? ¿Y los superhéroes? Bueeeeno, tranquilos, que también salen mamporros, explosiones, naves voladoras, viajes espaciales, gente follando, peleas, alguien con el pene azul… como en cualquier tebeo de superhéroes. Solo que estos héroes son especialitos, algunos lo son -héroes- a pesar suyo (una lo es porque lo fue su madre; otro porque admiraba a alguien), y tienen problemas prosaicos.

No estoy hablando de Spiderman haciéndonos creer que está atormentado porque a su Tía May le pica la oreja, hablo de superhéroes con ganas de mear mientras salvan al mundo, gente que se da cuenta del ridículo que hace yendo por la calle en mallas, y así. De hecho, la incomodidad, las dudas sobre el papel de los superhéroes son unos de los temas centrales de Watchmen, por eso dije ayer que era un Quijote, porque al final acabas pensando “ya no puede haber más historias de superhéroes, son absurdas”.

De hecho, en Watchmen sale un superhéroe destinado a dejar en el paro a todos los demás, en realidad a toda la raza humana. Ha sido la primera vez en mi vida que al toparme con un personaje de ficción me he dicho “Menos mal que no existe en la realidad”. Es solo un cómic, ¿no?

lunes, 2 de junio de 2008

Momofuku, ¿mande?


Dejadme que por fin le dedique un post al mayor Personaje Oro de Estatuas Verdes. Elvis Costello, ecléctico talento –no en vano hoy Diego Manrique se refiere a él en El País- como “hiperdotado musical”- tiene nuevo disco. Su génesis parece una historia increíble, pero es cierta. Al parecer, la enorme Jenny Lewis (ex-actriz infantil, cantante en solitario y al frente de Rilo Kiley) pidió a Costello que fuera al estudio a colaborar con ella. Cuando llegó, Costello se encontró que allí estaban trabajando, además de Lewis, su novio el cantautor ultracool Jonathan Rice y su grupo de siempre (Pete Thomas, Steve Nieve). El artista inglés colaboró con Lewis, y al parecer dijo “ya que estoy aquí y también están mis músicos, vamos a hacer todos un elepé entero nuevo, ya si eso”. Y dicho y hecho: al parecer en menos de dos semanas estaba liquidado el asunto. Y es que mi Elvis (Costello) es así.

Esto lo leí hará un mes en el Rolling Stone americano (en el de aquí todavía no se han enterado de quién es Elvis Costello), cuando no se sabía mucho sobre el disco. La noticia en verdad era el título, sobre el que todo eran especulaciones. Momofuku (2008), amigos, al parecer en japonés quiere decir “melocotón de la suerte”. Pero por lo visto hay en Nueva York una cadena de restaurantes llamada así, megaexclusivos (hay que pedir cita con un año de antelación), y aun hay también una marca de tallarines instantáneos del mismo nombre. Costello lo zanja en la funda del disco: “El disco no tiene ninguna conexión con los restaurantes del mismo nombre pero Elvis Costello recomienda su comida”. De todas maneras, David Chang, dueño de la cadena ya advirtió que “aunque Costello haya titulado el disco por nosotros tendrá que esperar cola en el sistema de reservas como todo el mundo”.

Y ahora, a la música. Ya se sabe que Elvis Costello es el mayor talento musical de nuestra época, y el más ecléctico: lo mismo te compone un ballet clásico, que te graba un disco pop con un cuarteto de cuerda, que te hace otro de jazz con Bill Frisell, que otro de Lieder con Anne Sofie von Otter, que otro de rhythm & blues con Allen Toussaint, que otro de easy listening con Burt Bacharach… ah, y aparte de eso es rockero. Su anterior disco era un homenaje al rock americano, que igual miraba hacia los blancos (country rock, sección Gram Parsons y Emmylou Harris) que hacia los negros (Dan Penn, Chips Moman, Spooner Oldham… -ah, ¿que son blancos?).


El actual disco no sé cómo calificarlo: entiendo que para eso se inventó la palabra rock and roll, para indicar que había mezcla de estilos negros y blancucios. Momofuku despliega un exquisito gusto por las canciones que yo llamo “enfadadas”, esas en que Costello se lo echa todo en cara a su interlocutor. Su peculiar manera de cantar, con una voz que apenas le ha cambiado, no será muy ortodoxa pero sí que resulta tremendamente efectiva por lo conmovedora. Como siempre, a donde no le llega la garganta le llegan los quejíos de su voz rota. Pero no chilla. En los rocanroles es contundente pero en las baladas… ¡madre! Resulta conmovedor. Y el “supergrupo” que le hace los coros (Jenny Lewis, Jonathan Rice, Tennessee Thomas…), superior.

No ha de faltar quien califique este Momofuku como una obra de country rock, pero yo me voy a privar. Cierto es que a lo largo de los años Costello ha versionado a Johnny Cash (también ha escrito para él, como para Solomon Burke, por ejemplo), a Gram Parsons, a la Biblia en pasta. Ciertos son sus duetos con Emmylou Harris, George Jones, Lucinda Williams, y no sigo porque no me apetece mirar la Wikipedia ni mis libros. No menos cierto fue su álbum country Almost Blue (1981), aclamado como obra maestra pero del que no se vendió un pimiento. Aun así, Costello tiene el buen gusto en Momofuku de no caer en el country puro, sino de mantenerse en la llamada Americana.

Y eso a pesar de que comparte autoría en una canción nada menos que con Rosanne Cash y en otra con Loretta Lynn (“Pardon Me Madam, My Name Is Eve”, la mejor del disco). Si el disco fuese de country, probablemente en vez de Momofuku se hubiese titulado I Love Me Them Sweet Ol’ Georgia Peaches. Volviendo a los melocotoncios, en la portadita podemos apreciarlos apilados en su caja. En la portadita del álbum, claro.

En la del CD apenas se ve nada: yo creía que la imagen era una careta antigás. Pero leí que en un principio, ahora que vuelve el vinilo, Elvis Costello tenía decidio editar Momofuku solo en formatos de 12 pulgadas y en mp3. La compañía (Lost Highway) le debió decir: “Elvis, colega, tus ocurrencias son geniales, pero vamos a relajarnos y a editarlo también en CD a ver si así vendemos siquiera una escoba”. Yo, siguiendo al maestro, me lo he comprado en vinilo (elepé doble, la rehostia), que además incluye un código para poder realizar una descarga legal de todas las canciones en mp3. La carpeta es chulísima, y ahí es donde digo que se ve perfectamente el dibujito de los melocotones con la minúscula leyenda “Peaches”.


Soy consciente de que cuando escribo entradas tan específicas (Elvis Costello, ¿sabes?, un desconocido; a lo mejor os viene algo por “marido de Diana Krall”) corro el peligro de alienar a parte de la peña lectora. Pero hacedme caso, amantes de la música y gente con alma en general. Lo que yo os diga, Momofuku: melocotones en almíbar.

martes, 20 de mayo de 2008

Wayfarer



“Caminante no hay camino, sino estelas sobre el mar”.

-Antonio Machado




Ya lo decían grandes del calibre de Machado (Antonio) o Juan Pardo. Este último cantaba “yo… soy… un caminante perdido” en su temazo “La charanga” (1968). Así me sentí yo durante las vacaciones de Semana Santa, en que tragué más sol que todo junto. Fue entones cuando decidí que ya no iba a posponer más la compra de unas (buenas) gafas de sol. Desde entonces lo he pospuesto, claro, hasta ayer mismo que por fin me las merqué.

Últimamente he tenido varios fines de semana de mucho sol en playa y campo, y tengo que decir que lo he pasado bastante mal. Yo no sé si es que me estoy haciendo viejo y estoy desarrollando fotofobia, pero esto es así. El caso es que recordé que hace muchos meses en el programa de Boris hicieron un reportaje sobre unas míticas gafas de sol, el modelo Wayfarer de Ray-Ban. Resulta que este modelo ha alcanzado un estatus icónico gracias a su exposición a los medios en innumerables series de TV y películas, amén de su uso por todo tipo de estrellas, estrellitas y estrellonas.


Valga el ejemplo de Tom Cruise, quien las sacó en Risky Business (1983) y logró que las dichosas gafunis pasasen en un año de 18.000 a más de 300.000 ejemplares vendidos. Nadie sabe qué son las Wayfarer cuando le hablo de ellas; nadie las desconoce cuando se las enseño: he aquí un icono. Aunque estas gafas fueron creadas originalmente en 1953, no fue sino hasta su uso por Audrey Hepburn en aquel Desayuno con diamantes (1962) que se hicieron megafamosas.

Todos las llevaron: Marilyn, Audrey, Bob Dylan, John Lennon… la lista sería aburrida de lo larga y abultada. Y más importante aún: todos se fotografiaron llevándolas. Durante los años setenta cayeron en desgracia, tuvieron un repunte en los 80 (el efecto Risky Business) y volvieron a bajar durante la pasada década (se ve que la peña prefería gafas de sol más pasti, rollo Caiga Quien Caiga o así). Lo gracioso fue que al parecer desde hace unos pocos años ciertas árbitras de la moda (Chloë Sevigny, hermanas Olsen) las han vuelto a poner de fashion hasta el punto de que la casa Ray-Ban ha vuelto a apostar por el modelo, rediseñándolo y vendiéndolo como una imagen, algo más que unas gafas.

Y he aquí donde he picado yo, para que os voy a contar otra cosa. La razón principal de que me haya comprado unas Ray-Ban Wayfarer (negras, que yo no soy Audrey Hepburn ni Mary Kate-Ashley Olsen) es que me gusta su diseño: me parecen chulísimas. La segunda razón es que nunca pasan de moda. Al ser un diseño clásico, pueden no estar a la última, pero su elegancia está garantizada (tampoco estoy para ir comprándome un par de Ray-Ban nuevas cada temporada). La tercera razón, lo admito sin pudor, es la mitomanía.


Yo más que a Kim Novak, Roy Orbison o los Blues Brothers, a quien quisiera parecerme es a Elvis Costello, enorme gafista donde los haya (“y los hay”, que diría Boris Vian). Este personaje “Oro” también las lleva, ¿para que queremos más? También me pone el hecho de que uno de mis escritores favoritos, Bret Easton Ellis, las suele nombrar en varios de sus libros (¿le habrán pagado una mordida los de Ray-Ban?).

Este finde he estado con dos personas que las llevaban, me las he probado y he terminado por decidirme. Joder, el “extranjero” de Camus llegaba al extremo de matar a un tío porque le picaba el sol en los ojos… más vale tener buenas gafas como protección, ¿no? Hay otras gafas míticas; por ejemplo: cuando volvió a Filipinas, el General MacArthur llevaba puestas unas Ray-Ban Aviator (las clásicas gafas de piloto), pero yo soy más de las Wayfarer (que por cierto, significa “caminante”). No hay camino, etc, etc… pero gafas sí.

domingo, 17 de febrero de 2008

Gracias, Fito (y II)


“El tipo anda en el piso” –me dijo una compi argentina sobre Fito Páez en 2003. Le pedí que me lo tradujera y quería decir que estaba hecho polvo. Acababa de romper con Cecilia Roth y su peli Vidas privadas (2001) lo había dejado sin un chavo. Yo no sabía que semanas después de aquella conversación con mi amiga Fito sacaría su disco Naturaleza Sangre, donde cantaba al desamor, a la ruptura pero también al renacimiento de una nueva etapa, sirviéndose de los moldes pop-rock que en su día fraguaran los Beatles y los Rolling Stones (y un poquito también de la bossa nova).

El disco era algo nuevo, rompedor para Páez (no más grandilocuencia sino rock de guitarras –eléctricas y acústicas) pero no tuvo continuidad. Al año siguiente se editaron dos volúmenes en directo, y en 2005 Moda y pueblo, cuyas canciones eran versiones de temas antiguos -muchos ajenos- regrabadas con acompañamiento de cuerda. ¿Crisis creativa? Como a España no llegan noticias de Fito (desde que se enfadaron Sabina y él parece que el argentino está vetado), yo de todos estos lanzamientos me enteraba un año después, o directamente me encontraba con los discos en los estantes de las tiendas.


Ya conté cómo supe que habían salido El mundo cabe en una canción (2006) y Rodolfo (2007). Aquí tardé en encontrarlos, y resulta que en América han tenido un montón de éxito. Señores de la radio: ¿por qué siguen ustedes torturándonos con Maná y dejan de lado al disco ganador al Grammy Latino al “Mejor álbum vocal (solista)”? En 2007 este premio no recayó en Juanes ni en Julieta Venegas sino en Fito Páez. El mundo cabe supone una vuelta al Fito más ambicioso y grandilocuente, también Beatle pero aquí es más Magical Mystery Tour que Let It Be. Y la buena noticia es que funciona: se trata del mejor trabajo del artista en años. De hecho, me atrevería a decir que es el mejor desde Circo Beat (1994).

Fito no traiciona sus raíces: hay hasta un tema titulado “Sargent Maravilla”, que nos retrotrae al suboficial más famoso del rock, y no me estoy refiriendo al Sargento Mayor Barry Sadler (el de “La balada de los boinas verdes”). La canción que abre el disco y que se titula como él es la típica canción Páez expansiva, con estribillo pegadizo, arreglos enormes y vocación de libro de autoayuda (“aunque todo sea una farsa, el mundo cabe en una canción”). Luego están sus clásicas historias que oscilan entre el intimismo y el estudio de personajes: la chica sublime malograda por las drogas (“Entrance”), el paseo por las calles de su ciudad natal (“Caminando por Rosario”), la broma de los amigos que le metieron un travelo en su habitación de hotel (“Fue por amor”). Curiosa es “Rollinga o Miranda girl”, sobre una muchacha que encarna la dicotomía entre rock callejero (Rollinga, de Rolling Stones) y tecno-pop chochi (por Miranda!, el famoso friki-grupo argentino).

Vaya por delante que el uso de los adjetivos típico y clásico no es despectivo sino admirativo: sirve para constatar la solidez y fiabilidad de un artista que es el Toyota de los cantautores. Siempre me ha recordado Fito a otro Toyota musical, Elvis Costello. El clásico “Mariposa Tecknicolor” estaba modelado en “Oliver’s Army”, ambos cantantes despliegan una calidad literaria en sus textos muy superior a la media del rock, ambos han abordado el problema de las Malvinas en sus discos (cada uno desde el punto de vista de su país, los dos asqueados), Páez ha contado con el buen hacer de Pete Thomas (el sempiterno baterista de Costello), ninguno de los dos es –lo que se dice- guapo pero ambos van por el mundo como si fueran sex symbols


El parecido sigue cuando se escucha el que es (creo) el último trabajo de Páez hasta la fecha: Rodolfo (2007). Este disco está grabado solo con piano y voz, pero no en directo, hay un cuidado trabajo de estudio detrás (produce el propio músico). Si ya en Moda y pueblo algunos temas sonaban a The Juliet Letters (1993) -esa versión de “Naturaleza Sangre” por ejemplo-, aquí el paralelismo sería con el disco de Elvis Costello North (2003). Pop clasicista, aunque en el caso de Rodolfito Páez haya más sangre y más vísceras (Costello en North parecía que tenía la tensión baja). Impresionante la canción que abre el disco, “Si es amor”, auténtico tratado realista sobre el amor de pareja (“cuando vos querías un abrazo yo quería emborracharme con los flacos en el bar”). Impresionante también “Sofi fue una nena de papá”, relato en forma de canción sobre una joven encarcelada que celebra un amor lésbico. Al final nos enteramos que la chica está presa por haber matado a su padre, que abusaba sexualmente de ella, con lo que el título adquiere un nuevo y macabro significado.

Y, en fin, podría seguir; ese homenaje al rock argentino (Luis Alberto Spinetta, Lito Nebbia –el de Los Gatos-, Charly García) que escuchamos en el tema “Gracias”, otra de chica-frágil-convertida-en-drogadicta (“El verdadero amar”), y más… Todo esto configura el que posiblemente sea su mejor disco desde… ¿el anterior? Ay, Fito, como dices tú sobre tus maestros, está claro que [tus] músicas nos hacen brillar,/ [tus] músicas nos hacen cantar,/ [tus] músicas nos cuentan que algunas cosas están, están en su preciso lugar”.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Mi disco del año: Favourite Worst Nightmare


Arde Sheffield, arde Inglaterra, el mundo entero está en llamas. Llegan los Monos Árticos. Su música no es tan original. Esos riffs, esas referencias a correr delante de la policía, tienen un más que confirmado tufillo a The Clash. Al cantar exhiben un maleducado acento regional propio del punk. La mala leche que arrastran se la deben a los Smiths. Su actitud nos retrotrae a los Rolling Stones, su nivel de éxito a los Beatles. Y sin embargo…

Y sin embargo, por ejemplo, un pope de la radio española como es Diego Manrique dijo de ellos en El ambigú de Radio 3: “Por una vez, la nueva sensación de la música británica es precisamente eso, sen-sa-cio-nal”. Con menos de veinte años su primer disco batió records de ventas rápidas, sus primeros singles fueron número 1 en listas sin apenas promoción. Sobre todo el “boca a boca” y una publicidad internáutica tipo viral. Hace dos años ya se les presentaba como la Gran Esperanza Indie.

Pues bien, el 2008 está en puertas, y, volviendo la vista atrás podemos decir que la promesa se ha cumplido con creces. Esta primavera pasada los Arctic Monkeys dieron al mundo su segundo trabajo, el impecable Favourite Worst Nightmare. Este ha sido el disco de la confirmación, de despejar todas las dudas de que no nos encontrábamos ante un simple bluff. La crítica se ha deshecho en elogios, el New Musical Express, la web All Music Guide, las revistas Mojo, Billboard y Q le han dado todos como mínimo una nota de cuatro estrellas y media sobre cinco o un 9/10.

Personalmente, he elegido el Favourite Worst Nightmare como mi disco internacional del año (otro día diré el nacional) porque ningún otro disco me ha producido sensaciones ni siquiera parecidas. A lo mejor los ha habido más completos, mejor producidos, por supuesto que más bonitos, pero para mi gusto no más electrizantes. No voy a soltar aquí el topicazo de rock and roll en estado puro, pero lo cierto es que estas canciones tan cortas, tan energéticas, tan urgentes, representan lo mejor de la tradición, siendo como son lo último y lo más indie. Sus melodías son pegadizas, las guitarras suenan ruidosas pero precisas, los ritmos son bailables, la voz tiene el tono justo de chulería (vuelvo a The Clash, a Oasis, a los primeros Who), y las letras… merecen capítulo aparte.

Hasta quien no sepa inglés puede captar que hablan de rabia juvenil, de frustración, de ganas de comerse el mundo. Y además lo hacen de un modo humorístico pero sobrio y sorprendentemente gráfico (un ejemplo, de la canción “Brianstorm”: “No podemos quitar la vista de la combinación de camiseta y corbata/ ¡Hasta luego, innovador!”). Lo mismo te hablan de jugar a las grúas que dan premios en las ferias (“Teddy Picker”), que de ponerse un pasamontañas para cometer una fechoría (“Balaclava”). Tan pronto describen el amor entre una señora de mediana edad y un mozalbete (“Fluorescent Adolescent”) que te piden por favor que les partas la nariz (“Do Me a Favour”).

No me cabe duda de que estamos ante uno de los grupos de la década. Yo este año 2007 me quedo con el álbum de Arctic Monkeys, que además de provocar un terremoto mediático me ha hecho recordar las razones por las cuales me gusta la música en primer lugar: me han entrado ganas de saltar, cantar, bailar, morder, gritar… igual que me pasa con los Beatles, Elvis Costello o Nirvana.

 
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