Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

Mostrando entradas con la etiqueta Mary Poppins. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mary Poppins. Mostrar todas las entradas

martes, 14 de octubre de 2008

Tú a Londres y yo a Cosica


Sí, amigos. El viernes pasado quería haber publicado un post sobre una cosa que ya tenía medio escrita y que aparecerá próximamente en Estatuas Verdes pero entre pitos y flautas no me dio tiempo. Pensaba acabar el post advirtiendo que el domingo tampoco habría post porque este era un fin de semana largo, y yo iba a pasarlo a “un sitio que empieza por L y rima con Londres”, que diría Chris Peterson.

Como cantaba Petula Clark en Adiós, Mr. Chips (1969), “Londres es Londres”. También Wendy James nos dejó cantado aquello de “Londres es estupendo cuando llueve, todo el mundo refunfuñando y quejándose”, aunque en realidad eso se lo había escrito Elvis Costello, el que no quería ir a Chelsea (a pesar de haber visto la película). Don Costello es un erudito de Londres, en “London’s Brilliant Parade” nos recuerda “el bazar occidental al que solían llamar Oxford Street”, otros sitios de turisteo (Regent’s Park, Kensington, Camden Town) y también nombra zonas más castizas como Olympia, Hammersmith o Fulham Broadway.


Si de transitar por “las calles de Londres” se trata, Ralph McTell clavó su invitación en plan cantautor folkie, parece mentira que se esté refiriendo a la misma ciudad que cantaban The Clash, diciendo eso de que “Londres se hunde y yo vivo junto al río”. Ellos titularon todo un álbum London Calling (1979), también dijeron que “Londres arde” y nos hablaron de las “Pistolas de Brixton”. Aunque la violencia de los disturbios en Brixton quien mejor la retrató fue el poeta dub inglés/jamaicano Linton Kwesi Johnson.

Hablando de calles más conocidas, ¿cómo estaba aquel Gerry Rafferty con su tema “Baker Street”? Años después hubimos de comérnoslo como sintonía de un anuncio de tabaco Fortuna, con sus sempiternos solos de saxofón y todo. De Carnaby Street hablaron The Jam en su canción homónima, por no hablar de aquel “Dedicated Follower of Fashion” de los Kinks, sobre la moda en el West End. Se ve que les iba esta parte de la ciudad, porque en “Lola” hablan del “viejo Soho” y también le cantaron a “Denmark Street”. Por otro lado, le dedicaron un disco entero al norte de Londres (Muswell Hill, Holloway…)


Pero vamos, que si hay una canción que una a Londres con los Kinks ya sabemos todos que es “Waterloo Sunset”, sobre una estación de metro. El metro de Londres da mucho juego, que se lo digan a Paul Simon y su “Poem On an Underground Wall” o a los antes mencionados The Jam, que también le cantaron al hecho de estar en una estación de metro por la noche. Los Rolling Stones también la liaron parda en la capital inglesa, como en “Street Fighting Men”, en que proclamaban que el verano había llegado y era buen momento para pelearse en la “somnolienta ciudad de Londres”. Otras veces hablaron de Stepney o de Knightsbridge, y otro que habló de sitios londinenses pero de modo más pacífico fue el cantautor Donovan.

A este, como venía de Escocia, el tiempo en Londres debió parecerle maravilloso porque tildó a dos calles de “soleadas”: “Sunny Goodge Street” y “Sunny South Kensington”. ¿Cómo olvidar aquel temazo sobre Portobello Road que sonaba en La bruja novata (1971). Infinitamente mejor que el “Portobello Belle” de Mark Knopfler (al menos, menos muermo). ¿O aquella otra canción sobre las palomicas y la Catedral de San Pablo de Mary Poppins (1964)?

Se me podría ir la cabeza y continuar horas hablando de este tema: ahí estaba David Bowie recordando a las muchachitas que trabajaban en Bond Street, “Last Train to London” de la ELO, el tema “Berkeley Mews” de los Kinks, que se me olvidó antes, y en la última década “London” de los Pet Shop Boys (este último desde la perspectiva de los inmigrantes rusos), “London Loves” de Blur, “Mile End” de Pulp, “Greater London Radio” de Hefner… ¡basta!


Los últimos en sumarse al carro han sido Estelle con su “American Boy”, en el que muestra a Kanye West las delicias de Londres, Coldplay con “Violet Hill” (una calle cerca de Abbey Road, vía pública que por cierto dio título a un disco de los Beatles) y, como no, Duffy. En “Warwick Avenue” la galesa nos cita a la entrada de la estación de metro (otra vez el metro) de la línea Bakerloo de esta calle de la Zona 2...




Cuando Porerror despertó, seguía viviendo en Cosica.

martes, 29 de abril de 2008

Intocable


Hay días en que todo cuesta, ya lo dijimos. Pero también hay días en los que se produce el efecto contrario: se va sobre una nube. Ya pueden llover carretas y carretones, que a nosotros nos da igual, no nos afecta. En realidad nos encontramos protegidos por un halo que será diferente para cada persona pero todos tendrán algo en común, el hacernos intocables.

Vas flotando, como si no fuera contigo, y la vida se desarrolla fuera de esas ventanillas que son nuestros ojos. Igual que Monterroso viajaba en tren y veía una vaca, una vaquita, allá a lo lejos, nosotros vemos pasar la vida entera pero no nos afecta. Las cosas nos pasan por encima, si acaso nos despeinan el flequillo un poquitito, dejándonoslo como el de Tintín. Y no es necesario que los demás lo sepan, es una cuestión propia. Nadie sabrá de esa llamita –o llamota- que inflama nuestros interiores y nos hace inmunes a los problemas.

Ya pueden llover carretas, digo, ya nos puede venir el jefe o la jefa con sus historias, o algún compañero con una minucia de querella. Ya nos podemos encontrar en el buzón una cartita del banco, Hacienda o el Ayuntamiento, de esas que normalmente harían que anduviésemos con la barriga floja. Ya nos podemos quedar sin leche o sin papel higiénico, o tal vez se nos corte el agua calentita en medio de una ducha.

Los demás nos mirarán sorprendidos (eso si nos miran) o lo más probable es que ni siquiera reparen en nosotros. No sabrán de nuestra inmunidad, alguno habrá que –insolente- trate de tocarnos. Pero no. Hoy no. Hoy somos intocables. Tampoco podemos culpar a la gente por no saber lo que nos pasa, lo que sería imperdonable es que lo olvidásemos nosotros.

Puede que nos hayan dado una beca con la que llevábamos soñando años, o que hayamos aprobado el carnet de conducir. A lo mejor por fin nos ha comido la boca esa persona o nos hemos librado de la mili. Quizás una revista haya publicado poemas nuestros, o simplemente nos ha salido un crucigrama por primera vez. ¡Qué más dará!

Y es que no me estoy refiriendo a la causa de nuestra alegría, sino a su efecto, a la sensación. Esa que nos acompaña y nos hace fuertes, libres, mejores.

Desgraciadamente la sensación no dura –no puede durar mucho- porque tampoco sabríamos gestionarla más de 24 o 48 horas. Cuando se va, dejándonos un regustillo dulce de bienestar, a mí me gusta pensar que es como Mary Poppins: que una vez realizada su labor debe partir para hacer felices a otras personas. De todas maneras, podemos estar seguros de que ya vendrán otros días iguales, volveremos a ser intocables.
 
click here to download hit counter code
free hit counter