Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

jueves, 28 de febrero de 2008

Cuesta


El título de la entrada de hoy no hace referencia a una elevación del terreno ni al señor presidente de “esta nuestra comunidad”, sino al hecho comprobado de que a veces, algo tan simple como levantarse por la mañana y empezar a funcionar requiere un esfuerzo considerable. O sea, que cuesta.

Los más ancianos de entre vosotros ya lo intuíamos cuando de chicos ponían en la tele Fama, y salía esa profesora de baile negra, Lydia Grant, diciendo “Pero la fama cuesta… y aquí os vais a jartar de sudar” (eso era Fama, y no el programa ese que ponen ahora en Cuatro con unos tipos ambiguos y unas tipas muy tetonas dando brincos). Lo que cuesta no es solo la fama, si fuera eso… lo malo es que lo que más cuesta es ser una persona normal.

Tengo amigos pagando hipotecas (no uno ni dos), y aquí ya entramos en otra acepción más pupita del verbo “costar”. Yo todavía no he alcanzado tamaño estado de gracia (aunque ayer me ofrecieron hasta dos casas a la venta por no-sé-cuántos-mil euros: debe ser efecto de la crisis inmobiliaria). Tengo amigos pagando coches -bueno, ¿a quién voy a engañar?, el mío todavía no está pagado del todo-, y por resumir diré que tengo amigos pasando todo tipo de fatiguitas.

Pero mi idea al escribir esto hoy no es hacer un balance de la desaceleración económica (vivan los políticos y sus eufemismos: cuando se muera alguien ¿qué dirán, que ha desnacido?). Para eso ya están los analistas, expertos y gurús, y a unas malas pues los propios políticos. Yo quería referirme a lo que cuestan las cosas, no es fácil vivir, perdonad que me ponga tan filosófico. A cambio, también quería hablar de las pequeñas compensaciones que hay en la vida.

Si a alguno de mis lectores no le gusta la poesía le advierto que mejor no siga leyendo. No porque yo pretenda que lo que sigue sea poético, sino porque directamente me voy a ir de cursi. Hablemos de las pequeñas cosas buenas del día a día. Son los soportes, son como andamios que nos van llevando para evitar que nos caigamos. Si alguien alguna vez anduvo con muletas ya podrá entenderme sin problemas.

Están los grandes soportes: creencias, fe religiosa, familia, pareja, AMOR (con mayúsculas), o lo que cada uno elija. Hasta el más ateo o el más cínico los tiene en su haber, incluso aunque se trate solo de la certeza de que Dios no existe y el regocijo de esperar la cara de tonto que se le va a quedar a Dios cuando uno suba al cielo y le informe de ello. ¿Tú que haces aquí? ¿No te has enterado de que no existes!

Pero luego están los pequeños andamios, los que nos hacen más viable el día a día, que en mi caso son la música, la literatura, el cine… aquí cabe todo lo del campo de las aficiones. Para este será el deporte, para aquel las pizzas con anchoas. Para el otro las sin anchoas, preferirá el de más allá pintar maquetas. Y no se trata de materialismo, ni de afanes triviales. Las cosas pequeñas –las que más ilusión nos hacen- cobran en nosotros una importante dimensión espiritual. De acuerdo con que nadie va a vivir de un hobby o de esperar que su equipo gane la liga, pero es innegable el bien que a esa persona le hace cada lunes encontrarse con un partido ganado.

En mi caso, ya lo he dicho, son los discos, los libros, las pelis, la TV, las noticias bizarras… todo lo que forma parte del universo de este blog. Y más de uno se andará preguntando ¿a qué viene este post? Vosotros dejadme, que yo sé por qué lo escribo. Hay días en que se tienen experiencias duras, cosas que te hacen enfrentarte con lo más triste de tu vida. Y menos mal que tenemos ayuditas para distraernos. Yo por ejemplo todas las tardes miro con ilusión si habéis dejado algún comentario en Estatuas Verdes.

Hay días en que no todo pueden ser risas, ji ji y ja ja. Y cuesta. ¡A fe mía que cuesta!

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Coincido contigo porerror. "Aquellas pequeñas cosas" como diría el titiritero de Serrat, son las que nos llenan y las que normalmente no se aprecian hasta que te faltan. Sin duda todo cuesta, todo. Pero yo me pregunto...si las cosas no costaran nada ¿que sería de los hombres y mujeres de este mundo? ¿seríamos más felices? ¿nos seguirían interesando las mismas cosas?

El Nota

GRILLO SOLITARIO dijo...

LO QUE PODRÍA CONTESTAR A ESTE POST ES TAN LARGO Y TAN CONTRADICTORIO, QUE SERÁ MEJOR PARA TODOS QUE ME LO AHORRE. ESO SÍ, HAY ALGO CON LO QUE NO ESTOY DE ACUERDO, O NO DEL TODO. Y VIENE A SER LA ÚLTIMA FRASE. TAMPOCO QUIERO SER CURSI Y/O POÉTICO, PERO PRÁCTICAMENTE TODO, ASÍ EN GENERAL, TIENE TELA DE GRACIA.

Ana dijo...

Para mí lo más desconcertante no es que las cosas "cuesten", sino que las que un día "cuestan" un mundo otro te hagan que todo sea más fácil. Me explico: la hipoteca cuesta ( y muuucho), pero soñé tantos días conseguir lo necesario para tener una...;el trabajo unos días "cuesta" y otros (la mayoría, menos mal)le da sentido a mi vida, me hace ser útil...;hay pequeños momentos en los que convivir "CUESTA" pero son un granito de arena en comparación con lo que significa despertarme a su lado...; a veces lo que cuesta es ser sincera y decirlo todo de una vez, y otras lo difícil es disimular un sentimiento inesperado...

En fin, que todo puede ser costoso si no tenemos un buen día. Pero como dice El Nota (por cierto ¡ánimo en la recta final!)¿Acaso valoraríamos las cosas buenas sin las "costosas"?

P.D.: po yo veo Fama, ea!

Sam dijo...

Hola, Porerror! Me ha encantado tu entrada tan ilustrativa de vida, glorias y desavenecias de niña Amy, verdad que es una pena? No sé si estoy preparada para perder a otro ídolo musical, me quedé muy traumatizada a los catorce años cuando perdimos a Kurt Cobain, así que espero que la niña salga del mal rollito,porque es una joya. Todo cuesta. Pero estoy contigo en que hay cosas que no cuestan nada y sin embargo nos alegran la vida, que es lo mas importante, como la ilusión de encontrar un comentario en tu blog, unas risas con un amigo, o que te sorprenda escondida entre edificios una enorme luna amarilla que te cagas...con solo pensarlo se me escapa una sonrisa. Hay que estar atentos de esas cosillas.

Fran G. Matute dijo...

Curiosa entrada.

Si sirve de consuelo, siempre he pensado que el ser humano da lo mejor de sí mismo en circunstancias adversas.

Anónimo dijo...

yo por ejemplo soy muy feliz ahora escuchando a "Korn", es una de las cosas que, pues eso,no me dan de comer ni llenan mis necesidades de amor pero que SIRVEN. En "Un mundo feliz" a la gente no le cuesta nada, todo lo que quieren lo tienen al alcance de la mano pero eso hace que no les sea necesaria la existencia de artistas, de literatura, de religión sin los cuales imposible es levantarse por la mañana.Por supuesto yo no quiero vivir en "un mundo feliz" aunque cuando pienso en las mañanas que me quedan todavía...

 
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