Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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lunes, 10 de marzo de 2008

Adictos a Amy


¡No veas cómo estamos con Amy Winehouse! Conduzco de noche escuchando su CD Back to Black (2006) a todo trapo y me invade una sensación indescriptible de subidona. Cada canción es como un vaso de agua cuando tienes sed, Amy interpreta (en el más amplio sentido) variados papeles y todos los borda: yonqui impenitente (“Rehab”), adúltera con baja autoestima (“You Know I’m No Good”), viuda desgarrada (“Back to Black”), despechada (“Tears Dry on their Own”), abnegada esposa de militar (“Some Unholy War”)… así el disco entero. La escucho y vuelvo a la Motown, al soul sureño, a Aretha soltando lo más grande por esa boca en los estudios de la Atlantic allá por 1967…

Pero no soy yo solo. La semana pasada nos desayunamos con la noticia de que el Back to Black estaba back on top, número uno de la lista británica ¡y también de la española! Me comentan que el insistente uso del tema “Rehab” en el programa de Cuatro Fama ha tenido mucho que ver, bienvenido sea. La gente está como loca con esa canción, como si fuera nueva, teniendo como tiene año y medio ya. Continúan los signos. El otro día anduve en FNAC y había una parroquia hipnotizada delante de un monitor en el que estaban poniendo el concierto en DVD de Amy I Told I Was Trouble (2007). El disco Frank (2003) también se está vendiendo en España como churros.

Tengo una amiga que la semana pasada se compró los (hasta ahora) dos discos de esta mujer, y ahora es la megafan. Otros compañeros de trabajo ya me han pedido que se los grabe, y es que –como dirían los periodistas- esta chica levanta pasiones. Pero ojito, niña Amy será más o menos atractiva (cada vez menos, la pobre, está hecha una pena) pero con lo que más conquista es con su voz. Esto la gente sin alma no lo puede comprender, y como muestra va una anécdota.

El viernes vino en El País un reportaje oportunista sobre “drogas y rock and roll” (Pete Doherty, Keith Richards y los sospechosos habituales) ilustrado con una gran foto de Amy Winehouse sobre el escenario. Yo tuve a bien recortarla y la he puesto de adorno en mi puesto de trabajo. Bueno, pues no tardaron ni una hora un comité de compañeros en venir a buscarme sosteniendo otra foto del periódico, pero de la neumática Beyoncé. Clamaban “¡Vuelve del lado oscuroooo! ¿Cómo pones a ese adefesio existiendo Beyoncé?” Vamos a ver, lo mío con Amy Winehouse es estrictamente musical, ¿estamos?

Con Amy me acuesto, con Amy me levanto, la Virgen María y el Espíritu Santo. Hace tres semanas salí de juerga. Estuve de botellona en el piso de un colega: escuchamos el Back to Black. Fuimos a un bar y nos lo pusieron dos veces seguidas. Nos montamos en el coche de una amiga camino de casa y nos plantifica… ¡el Back to Black en mp3! Y yo encantado, ¿eh? No lo digo en plan pesadilla sino que me alegro de que para variar pueda ir de fiestuki y me guste la música (como el disco solo dura 38 minutejos entra muy bien).

Amy forever! Ganó 5 de los 6 Grammys a los que estaba nominada, su nombre se baraja para el tema central de la próxima peli de James Bond, ha reeditado el Back to Black con temas extras (entre ellos “Addicted” –un título muy suyo, ¿no?), ha versionado a The Zutons, Sam Cooke, The Teddybears, y más relevantemente a gente como Toots & the Maytals o Clement Dodd. Precisamente la dirección reggae de estas últimas canciones hace pensar que su nuevo álbum vaya a tirar para Jamaica igual que el primero tiró para el jazz y el segundo para el soul de Memphis y Detroit.


…Y si estáis hasta el moño de la Winehouse, meted en YouTube “amy winehouse look”, que os saldrá un peluquero de la agencia Ford explicando cómo haceros su famoso peinado.

jueves, 28 de febrero de 2008

Cuesta


El título de la entrada de hoy no hace referencia a una elevación del terreno ni al señor presidente de “esta nuestra comunidad”, sino al hecho comprobado de que a veces, algo tan simple como levantarse por la mañana y empezar a funcionar requiere un esfuerzo considerable. O sea, que cuesta.

Los más ancianos de entre vosotros ya lo intuíamos cuando de chicos ponían en la tele Fama, y salía esa profesora de baile negra, Lydia Grant, diciendo “Pero la fama cuesta… y aquí os vais a jartar de sudar” (eso era Fama, y no el programa ese que ponen ahora en Cuatro con unos tipos ambiguos y unas tipas muy tetonas dando brincos). Lo que cuesta no es solo la fama, si fuera eso… lo malo es que lo que más cuesta es ser una persona normal.

Tengo amigos pagando hipotecas (no uno ni dos), y aquí ya entramos en otra acepción más pupita del verbo “costar”. Yo todavía no he alcanzado tamaño estado de gracia (aunque ayer me ofrecieron hasta dos casas a la venta por no-sé-cuántos-mil euros: debe ser efecto de la crisis inmobiliaria). Tengo amigos pagando coches -bueno, ¿a quién voy a engañar?, el mío todavía no está pagado del todo-, y por resumir diré que tengo amigos pasando todo tipo de fatiguitas.

Pero mi idea al escribir esto hoy no es hacer un balance de la desaceleración económica (vivan los políticos y sus eufemismos: cuando se muera alguien ¿qué dirán, que ha desnacido?). Para eso ya están los analistas, expertos y gurús, y a unas malas pues los propios políticos. Yo quería referirme a lo que cuestan las cosas, no es fácil vivir, perdonad que me ponga tan filosófico. A cambio, también quería hablar de las pequeñas compensaciones que hay en la vida.

Si a alguno de mis lectores no le gusta la poesía le advierto que mejor no siga leyendo. No porque yo pretenda que lo que sigue sea poético, sino porque directamente me voy a ir de cursi. Hablemos de las pequeñas cosas buenas del día a día. Son los soportes, son como andamios que nos van llevando para evitar que nos caigamos. Si alguien alguna vez anduvo con muletas ya podrá entenderme sin problemas.

Están los grandes soportes: creencias, fe religiosa, familia, pareja, AMOR (con mayúsculas), o lo que cada uno elija. Hasta el más ateo o el más cínico los tiene en su haber, incluso aunque se trate solo de la certeza de que Dios no existe y el regocijo de esperar la cara de tonto que se le va a quedar a Dios cuando uno suba al cielo y le informe de ello. ¿Tú que haces aquí? ¿No te has enterado de que no existes!

Pero luego están los pequeños andamios, los que nos hacen más viable el día a día, que en mi caso son la música, la literatura, el cine… aquí cabe todo lo del campo de las aficiones. Para este será el deporte, para aquel las pizzas con anchoas. Para el otro las sin anchoas, preferirá el de más allá pintar maquetas. Y no se trata de materialismo, ni de afanes triviales. Las cosas pequeñas –las que más ilusión nos hacen- cobran en nosotros una importante dimensión espiritual. De acuerdo con que nadie va a vivir de un hobby o de esperar que su equipo gane la liga, pero es innegable el bien que a esa persona le hace cada lunes encontrarse con un partido ganado.

En mi caso, ya lo he dicho, son los discos, los libros, las pelis, la TV, las noticias bizarras… todo lo que forma parte del universo de este blog. Y más de uno se andará preguntando ¿a qué viene este post? Vosotros dejadme, que yo sé por qué lo escribo. Hay días en que se tienen experiencias duras, cosas que te hacen enfrentarte con lo más triste de tu vida. Y menos mal que tenemos ayuditas para distraernos. Yo por ejemplo todas las tardes miro con ilusión si habéis dejado algún comentario en Estatuas Verdes.

Hay días en que no todo pueden ser risas, ji ji y ja ja. Y cuesta. ¡A fe mía que cuesta!
 
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