
¡No veas cómo estamos con Amy Winehouse! Conduzco de noche escuchando su CD Back to Black (2006) a todo trapo y me invade una sensación indescriptible de subidona. Cada canción es como un vaso de agua cuando tienes sed, Amy interpreta (en el más amplio sentido) variados papeles y todos los borda: yonqui impenitente (“Rehab”), adúltera con baja autoestima (“You Know I’m No Good”), viuda desgarrada (“Back to Black”), despechada (“Tears Dry on their Own”), abnegada esposa de militar (“Some Unholy War”)… así el disco entero. La escucho y vuelvo a la Motown, al soul sureño, a Aretha soltando lo más grande por esa boca en los estudios de la Atlantic allá por 1967…
Pero no soy yo solo. La semana pasada nos desayunamos con la noticia de que el Back to Black estaba back on top, número uno de la lista británica ¡y también de la española! Me comentan que el insistente uso del tema “Rehab” en el programa de Cuatro Fama ha tenido mucho que ver, bienvenido sea. La gente está como loca con esa canción, como si fuera nueva, teniendo como tiene año y medio ya. Continúan los signos. El otro día anduve en FNAC y había una parroquia hipnotizada delante de un monitor en el que estaban poniendo el concierto en DVD de Amy I Told I Was Trouble (2007). El disco Frank (2003) también se está vendiendo en España como churros.
Tengo una amiga que la semana pasada se compró los (hasta ahora) dos discos de esta mujer, y ahora es la megafan. Otros compañeros de trabajo ya me han pedido que se los grabe, y es que –como dirían los periodistas- esta chica levanta pasiones. Pero ojito, niña Amy será más o menos atractiva (cada vez menos, la pobre, está hecha una pena) pero con lo que más conquista es con su voz. Esto la gente sin alma no lo puede comprender, y como muestra va una anécdota.
El viernes vino en El País un reportaje oportunista sobre “drogas y rock and roll” (Pete Doherty, Keith Richards y los sospechosos habituales) ilustrado con una gran foto de Amy Winehouse sobre el escenario. Yo tuve a bien recortarla y la he puesto de adorno en mi puesto de trabajo. Bueno, pues no tardaron ni una hora un comité de compañeros en venir a buscarme sosteniendo otra foto del periódico, pero de la neumática Beyoncé. Clamaban “¡Vuelve del lado oscuroooo! ¿Cómo pones a ese adefesio existiendo Beyoncé?” Vamos a ver, lo mío con Amy Winehouse es estrictamente musical, ¿estamos?
Con Amy me acuesto, con Amy me levanto, la Virgen María y el Espíritu Santo. Hace tres semanas salí de juerga. Estuve de botellona en el piso de un colega: escuchamos el Back to Black. Fuimos a un bar y nos lo pusieron dos veces seguidas. Nos montamos en el coche de una amiga camino de casa y nos plantifica… ¡el Back to Black en mp3! Y yo encantado, ¿eh? No lo digo en plan pesadilla sino que me alegro de que para variar pueda ir de fiestuki y me guste la música (como el disco solo dura 38 minutejos entra muy bien).
Pero no soy yo solo. La semana pasada nos desayunamos con la noticia de que el Back to Black estaba back on top, número uno de la lista británica ¡y también de la española! Me comentan que el insistente uso del tema “Rehab” en el programa de Cuatro Fama ha tenido mucho que ver, bienvenido sea. La gente está como loca con esa canción, como si fuera nueva, teniendo como tiene año y medio ya. Continúan los signos. El otro día anduve en FNAC y había una parroquia hipnotizada delante de un monitor en el que estaban poniendo el concierto en DVD de Amy I Told I Was Trouble (2007). El disco Frank (2003) también se está vendiendo en España como churros.
Tengo una amiga que la semana pasada se compró los (hasta ahora) dos discos de esta mujer, y ahora es la megafan. Otros compañeros de trabajo ya me han pedido que se los grabe, y es que –como dirían los periodistas- esta chica levanta pasiones. Pero ojito, niña Amy será más o menos atractiva (cada vez menos, la pobre, está hecha una pena) pero con lo que más conquista es con su voz. Esto la gente sin alma no lo puede comprender, y como muestra va una anécdota.
El viernes vino en El País un reportaje oportunista sobre “drogas y rock and roll” (Pete Doherty, Keith Richards y los sospechosos habituales) ilustrado con una gran foto de Amy Winehouse sobre el escenario. Yo tuve a bien recortarla y la he puesto de adorno en mi puesto de trabajo. Bueno, pues no tardaron ni una hora un comité de compañeros en venir a buscarme sosteniendo otra foto del periódico, pero de la neumática Beyoncé. Clamaban “¡Vuelve del lado oscuroooo! ¿Cómo pones a ese adefesio existiendo Beyoncé?” Vamos a ver, lo mío con Amy Winehouse es estrictamente musical, ¿estamos?
Con Amy me acuesto, con Amy me levanto, la Virgen María y el Espíritu Santo. Hace tres semanas salí de juerga. Estuve de botellona en el piso de un colega: escuchamos el Back to Black. Fuimos a un bar y nos lo pusieron dos veces seguidas. Nos montamos en el coche de una amiga camino de casa y nos plantifica… ¡el Back to Black en mp3! Y yo encantado, ¿eh? No lo digo en plan pesadilla sino que me alegro de que para variar pueda ir de fiestuki y me guste la música (como el disco solo dura 38 minutejos entra muy bien).
Amy forever! Ganó 5 de los 6 Grammys a los que estaba nominada, su nombre se baraja para el tema central de la próxima peli de James Bond, ha reeditado el Back to Black con temas extras (entre ellos “Addicted” –un título muy suyo, ¿no?), ha versionado a The Zutons, Sam Cooke, The Teddybears, y más relevantemente a gente como Toots & the Maytals o Clement Dodd. Precisamente la dirección reggae de estas últimas canciones hace pensar que su nuevo álbum vaya a tirar para Jamaica igual que el primero tiró para el jazz y el segundo para el soul de Memphis y Detroit.
…Y si estáis hasta el moño de la Winehouse, meted en YouTube “amy winehouse look”, que os saldrá un peluquero de la agencia Ford explicando cómo haceros su famoso peinado.