Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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sábado, 4 de julio de 2009

La Gran Ciudad


¿Habéis estado alguna vez en el campo, queridos lectores? Sí, ya sé lo que me vais a decir: que es un entorno absolutamente agobiante, sofocante, por usar un anglicismo. Que tanto verde y tanto árbol –tanta planta- por fuerza acaban por volverlo a uno loco, y no hablemos de los animales. La Hora Chanante nos enseñó que no hay que pegarles, pero ¿a quién le faltan ganas? Cuando me siento asfixiado por el entorno rural, absolutamente irrespirable y fatal para los nervios de cualquier persona, necesito evadirme, escaparme a la ciudad. Allí logro conectar con mis raíces auténticas, relajarme, llenarme de nuevo de vida, volver a ser yo.

“Una poquita de paso de cebra…!” –como suelo comentarles a mis conciudadanos cosiqueses que tienen la paciencia de escuchar. Y alguno hay hasta que me mira raro, ¿podéis creerlo? Hasta ahora, alejado del mundanal ruïdo, mi única esperanza era venir a Miciudad los fines de semana, por no hablar del vuelo directo Cosica-Londres, del que he hecho uso dos veces desde octubre pasado, y algún que otro compi de trabajo también. Pero hace tres meses, amigos, una nueva esperanza se abrió en mi horizonte rural, una nueva ciudad, la Gran Ciudad.



Sabéis lo que es una ciudad, ¿no? Son esos sitios donde patrulla la Policia Nacional en vez de la Guardia Civil, donde hay rotondas con estatuas y donde te puedes comer un kebab. La Gran Ciudad es la capital de la provincia de Nunca Jamás, a la que pertenece Cosica. Hasta abril pasado nunca me había dado por ir más que nada porque me daba pereza, pensaba que para llegarme a la Gran Ciudad me compensaba más venir a Miciudad, que está casi a la misma distancia (craso error!!). Pero en las últimas semanas, una serie de circunstancias fabulosas que sería aquí prolijo relatar me han hecho acudir allí media docena de veces, y he quedado encantado.

Un poco de historia: la Gran Ciudad es una población que pasa por ser de las más feas de España (al menos, esa es la fama en mi autonomía), algo totalmente injusto, como se verá a continuación. Mi contacto con ella había sido hasta ahora muy somero; su provincia la tengo muy trillada pero a la capital solo había ido de chico en contadas ocasiones, a la consulta de un tío oculista. Con la coña de que era tan fea siempre la dejé de lado, pero copón, no todo va a ser Praga ni Florencia. Acudo a la Gran Ciudad con ojos ilusionados de un Paquito Martínez Soria. Todo lo contemplo, lo aprendo y lo observo.



La Catedral, la Universidad, los centros comerciales, las ruinas aztecas… y sobre todo esos gloriosísimos pasos de cebra, tan blanquinegros, tan a rayitas. Además hay semáforos, y cientos de bares, hay pizzerías y antros de kebab, hay Springfield, hay Pull & Bear, hay librerías, amigos, FIGURAOS!!!!!!! En una de mis primeras visitas me llevo casi veinte libros de una tacada (hay que decir que costaban 2 ó 3 euros cada uno, eran de saldo). Hay mercerías, y zapaterías, y tiendas de chinos, hay gente anónima y malhumorada, hay estación de tren, y de autobús, hay campo de fútbol (no sé si de 1ª o de 2ª División), y en la Gran Ciudad uno puede comprarse un pijama, o sucumbir a la extorsión de un aparcacoches ilegal…

En la Gran Ciudad hay cine y hay teatro, hay conciertos de José Ignacio Lapido, Lori Meyers o The Wave Pictures, hay niñas guapas que te parten el corazón, hay quioscos de hamburguesas en las plazas, con plaquitas que especifican quién tiene el record de comer más perritos calientes en menos minutos, por ejemplo. Por eso cuando el otro día un amigo jerezano, compañero de exilio en Cosica, me propuso ir a pasar la tarde con él a la capital no tardé ni un segundo en decidirme. Paseamos, tomamos café en bares con camarero borde, miramos ropa, compramos libros, él se compró un desodorante, yo me compré una gorra, tuvimos que esperar en los semáforos para cruzar, nos tragamos el humo de los coches y el polvo de las obras…. Aquello era vida, amigos!


La Gran Ciudad no es tan fea como la pintan, aunque sea por los múltiples encantos que encierra. Un amigo me asegura que una de sus rotondas fue inaugurada por Pavarotti (dato crucial en mi universo friki), es verdad que su catedral no es la mejor de España pero, hey! nadie es perfecto. Me falta comprobar cómo es la noche Granciudadense, no he ido de copas ni he salido a bailar por ahí, es mi asignatura pendiente. Sé que volveré a ella, cuando lo verde me asfixie, cuando añore el sonido de las bocinas de los coches, cuando la flora y la fauna me pongan en jaque. Yo volveré a refugiarme en la ciudad.

martes, 23 de junio de 2009

Cosica año 1


-“Presiento que tu temporada en Cosica va a ser muy fructífera, en cuanto a literatura se refiere.”
(*Ana*, comentario en Estatuas Verdes. 11/07/08)





Que el Apocalipsis no anda lejos es otro axioma con el que hoy me gustaría empezar el post. Hay señales cumplidas más que suficientes: Chambao y Pitingo han dado un concierto juntos, la gente salta de los balcones, en los bares aparecen misteriosos flamenquines (rellenos de queso!!!! ¿dónde se ha visto?) del tamaño del brazo de Rafa Nadal, Elvis Costello ha sacado otro disco de country (“How many more times?”, que decían Led Zeppelin hace 40 años), Ramoncín es jurado de la nueva edición de OT

Por si esto fuera poco, los indicios parecen remitirnos a la conclusión de que yo me estoy acostumbrando a la vida rural. ¿Rural? Pero si tú no vives en el campo, cobarde! En la ciudad es donde le aseguro que no vivo, señora… Y he aquí lo que me trae al tema de hoy: día de San Juan, en el que según Canal Sur Radio la máxima tradición andaluza es meter tres patatas debajo de la cama, 24 de junio, se cumple un año de mi primera visita a Cosica. ¡Jirl! Si sabéis de lo que hablo, el recordado post “Retorno a Cosica” no fue sino la plasmación –entre el terror y la ironía- de mi segunda visita a Cosica: hence the title.


Hoy, exactamente un año después de la primera vez que vine, mi percepción del pueblo es completamente diferente, aunque tal vez haya que hacer caso a Fito Páez y concluir que “si algo ha cambiado, eso es nosotros”. Yo no soy el mismo que llegó a Cosica hace un año con un disco de La Costa Brava y un puñado de buenas intenciones debajo del brazo. Aquella primera visita me resultó tan bizarra que decidí no consignarla en el blog (un poco de avestrucismo también hubo, lo confieso: si no hablo de él, el pueblo desaparecerá). ¿Y qué tenía de malo Cosica, exactamente? La respuesta es “nada”, salvo que no era el sitio donde yo vivía y me había criado: o sea, “todo”.

Hoy Cosica sí es –para bien o para mal: hay una facción de mi familia que me sigue dando el pésame- el sitio donde vivo. Y ya lo dijo Antoñito Machado: “a mi trabajo acudo, con mi dinero pago el traje que me cubre y la mansión que habito”, al final va a resultar que le he cogido cariño a la cosa porque no me ha tocado más remedio que vivirla. El sábado pasado me decía el buen Truman: “Tú estás encantado en Cosica, mamón. Empezaste despotricando y ahora hablas todo con humor, te lo pasas pipa”. Correcto. Pero ojo, ojito, ojete: que esté contento y que me lo pase bien no significa que sea feliz. Aunque de eso, claro está, no tiene la culpa el pueblo.


Mi buena madre me comentaba el otro día también, desde el horror: “No te vayas a engolosinar con ese pueblo y te vayas a quedar allí a vivir, ¿eh?”. No sé de dónde ha sacado la idea, lo cierto es que cada fin de semana la visito y le voy con mil historias y anecdotuelas (que siempre intento que sean positivas) sobre mi vida aquí. Pero de ahí a concluir que tengo en mente “empatronarme”, creo que media bastante trecho! Eso de desplegar la suspicacia cada vez que hablo bien de Cosica parece ser que está de última moda. Tengo compinches de trabajo a los que diríase que se les pinza una vértebra cada vez que me oyen decir cosas buenas del pueblo, por ejemplo (y no son uno ni dos).

Como decía, yo no soy el mismo de hace un año: más viejo, más sabio, más conforme, más tolerante, más triste. Pero el pueblo tampoco es el mismo. Veo las fotos de hace varios meses y lo que antes no eran sino edificios al azar, “un blanco caserío”, cobra ahora sentido completo como una maldita estampa gestáltica: la calle Noséqué, la casa de Fulano, ahí vive Menganito, etc, etc… Lo que antes era un exiguo callejero inhóspito y lleno de perros sueltos se ha convertido en un exiguo callejero perfectamente familiar y lleno de perros sueltos, a los que al menos ya tengo cartografiados. La gente absurda a la que hubo que repartir collarines cuando yo llegué (cómo no girarían el cuello a mi paso) son ahora vecinos que me saludan. Y eso mola.


Cosica es mi Macondo, mi Yoknapatawpha, es como la España de Zapatero: ese territorio inexistente en el que nos refugiamos para soñar. Y ahora me voy de confesión: dada mi trayectoria personal, yo jugaba todas las papeletas para la lotería del amargamiento en este pueblo; me pasó en Inglaterra y me pasó en los USA, que me iba de fiesta a diario, compraba libros y discos por docenas y me reía a tope pero estaba a disgusto. Por esta razón (y dado que aquí ni siquiera hay librerías ni tiendas de discos) me había planteado a mí mismo como reto personal el no dejarme vencer por el desánimo, ponerle al mal tiempo buena cara y tratar de llevar una existencia agradable en Cosica. Y amigos, mamá, estatuas de bronce, señoras y señores: puedo decir con una sonrisa que lo he conseguido.

miércoles, 17 de junio de 2009

Canción de amor a una salagartija


(Que me perdone el maldito G.A. Bécquer, esté dónde esté)




Hace tiempo que venía queriendo escribir un post sobre San Francisco. ¡Qué bonita ciudad, eh, Porerror? Y además allí inventaron los pantalones vaqueros… No la ciudad, señora, sino el santo del siglo XIII que le da nombre. ¿Motivo? Salvo que no me ha dado por la pobreza ni por predicar el Evangelio, mi vida aquí en Cosica se asemeja cada vez más a la del santo de Asís. Todo el día entre animales. A los hermanos insectos y arácnidos que mencioné en el test del Facebook, a mis hermanos los perros, a los caballitos, a los ponis, a mis hermanos burros, a los leones del circo… he de añadir ahora una nueva compañera.


Obviamente, no os lo he contado todo sobre mi vida aquí: la realidad es que no vivo solo. Tengo una pretendía a la que conocí hace dos semanas. Espero que el buen Bohemio no se me ponga celosón, pero eso es así. Mi nueva compañera de piso se llama Diana, en homenaje a la mítica malvada de la serie V (personaje que, por cierto, Daniel Ruiz declaró musa del palotismo infantojuvenil). Digamos que ambas tienen la piel verde y que a las dos les puede pasar que les digan que son unas auténticas “lagartas”.

Paso a contaros cómo nos conocimos. Del salón en el ángulo oscuro, de su dueño tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo veíase a la criatura. Una bonita ¿lagartija? ¿salamanquesa? (mis colegas, aún menos zoólogos que yo, no se pusieron de acuerdo)….. optaré por llamarla salagartija, término híbrido que me aseguran es de uso frecuente en Sevilla, y que me agrada en demasía. La salagartija mostrose de primera hora un punto tímida, pero enseguidita cogió confianza. ¿Cómo te llamas? Diana, me contestó con esa voz de puta, de reptil, que me tiene el seso sorbido. ¿Estudias o trabajas? Estudio la manera de meterme en tu casa. Duras palabras, amigos, pero qué queréis, ella era una salagartija, yo un pobre inquilino con un caserón lleno de insectos, she wanted in, se llamaba Diana y ya estaba dentro.



Esto sucedió exactamente hace quince días, el martes 2 de junio (algunos lectores recordarán que se lo conté por MSN Messenger). Ha pasado poco tiempo, lo sé, pero a día de hoy Diana y yo somos inseparables. No me admira su correteo por la casa, aunque de dos semanas, me admiró su cariño mucho más: porque lo que hay en mí que vale algo, eso… ni lo ha podido sospechar! A veces Diana se esconde en el patio de luces para gastarme una bromita, y amaga con entrar por la ventana de mi dormitorio para desordenar mis ya de por sí revueltas noches cosiquesas. A veces hace como Dino el de Los Picapiedra, y sale a recibirme nada más me oye llegar del trabajo, contentísima, meneando la colita… bueno, eso no... lo confieso, creo que debería contaros algo.

¿Sabéis lo que nos decían en el colegio de que si a un bichito de estos se le cortaba la cola esta seguía viva serpenteando independientemente del cuerpo, el cual se regeneraba y la cola volvía a crecer? Pues es todo verdad. Resulta que un día mi Diana, que es tan juguetona, se acercó a darme una sorpresa al sofá donde yo estaba, y, en un mal gesto (absolutamente por error) le corté la cola de un escobazo. La cola sigue ahí en el patio, por si queréis verla, aunque ya no se mueve. Diana aquel día se molestó un poco y no quiso más mimos, pero a la mañana siguiente ya estaba remoloneando una vez más por entre las románticas bombonas de butano. Su colita era verde, y si en su fondo, como un punto de luz radia una idea, me parece en el cielo de la tarde una perdida estrella.


Pero cola o no cola ella sigue igual de juguetona, se pasea a sus anchas por la casa, como enseñoreándose, como tomando posesión de ella. Hoy ha habido una escena muy bonita con Diana, de pura ternura. Al llegar del trabajo no la he visto. Me he ido a cambiar (directamente ya vivo en bañador, amigos), he entrado a la cocina para poner en el microondas mi filete de panga y sus moscas, y al salir ella ha querido darme una sorpresa, que tanto le gustan. Yo he dado un respingo, de pura alegría, (aproximadamente el mismo que di anoche cuando, a las dos y media de la mañana me encontré al hermano pitbull, suelto, en una plaza de Cosica) y ella ha echado a correr por el salón en un sabroso “corre que te pillo”.

Qué batalla campal del amor, amigos, qué frenesí de lo físico! Hasta los muebles hemos tenido que cambiar de sitio. Por un segundo creí que la perdía, no sabía dónde andaría escondida. He ido a darle lo suyo y lo de su prima escoba en mano y es entonces cuando -otra vez del salón en un ángulo oscuro- ya la he visto. La he visto… la he visto y me ha mirado: hoy creo en Dios.

lunes, 1 de junio de 2009

Bohemio y yo


Dice un refrán que “En Cosica nunca caminarás solo”. Así dice un refrán que me acabo de inventar. Y debe ser cierto, porque yo lo he comprobado. ¿Son acaso las miradas alcahueteadoras las que te acompañan, Porerror? No, por cierto! Nunca ha de faltarte el ladrido de un simpático perrillo (como el que se enamoró de mí la noche del jueves, sin ir más lejos), un Patrol de la Guardia Civil, o el aliento de un cliente que te reconoce al final de una calle.

A diferencia de otros de mis compis aquí emigrados, yo apenas he tenido relación con mis vecinos (la poca, buena: salvo cuando están llamando por teléfono a mi casero para chivarse de mis supuestos incumplimientos de contrato), pero en las dos últimas semanas ha aumentado mi goce hasta límites insospechados, con la incorporación a mi calle de un importante nuevo vecino. Os doy una pista: anda a cuatro patas, come alfalfa, su nombre empieza por “b” y rima con “burro”.

Mi querido vecino es un ser amable y desinteresado: él tiene un tesoro de rebuznos extemporáneos en su interior y no se los guarda para sí, los brinda a todo el mundo en Cosica, a fin de compartirlos. Si tuviera que destacar un rasgo de su carácter este sería sin duda la generosidad (debido a lo anterior), pero tampoco podrían desdeñarse su jovialidad (¿a quién no le alegra un buen y sonoro rebuzno a cualquier hora del día -o de la noche?) y su preocupación por los demás.


En efecto: mi burro vecino no soporta la idea de que yo, al vivir solo, me quedara dormido y llegara tarde al trabajo por eso. Esta es la razón de que sus alegres rebuznos no se limiten a horas humanas sino que nunca falte ese que yo cariñosamente catalogo de “rebuzno-despertador”. El problemilla surge porque el borriquillo se piensa que yo entro a trabajar a las cinco y media de la madrugada -¡angelito!- todavía no sabe leer muy bien el reloj.

Mi querido vecino es un ser tímido y huidizo del reconocimiento, por eso me ha pedido aparecer en Estatuas Verdes bajo un seudónimo, como hago yo (tenemos tantas cosas en común, los dos…). Así, he dado en bautizar al buen pollino como “Bohemio”, nombre mítico que nada tiene que envidiar al de otras cabalgaduras míticas como “Bucéfalo”, “Babieca” o “Brunello”, y que para mí tiene incontables resonancias personales. Él es muy sabio: conoce bien todos los momentos del día, las épocas del año, sabe perfectamente cuándo me va a caer con más gracia uno de sus rebuznicos, y no se limita a despertarme despavorido, sino que lo mismo te ameniza una conversación por el móvil que te comenta un telediario de Antena 3 que te remezcla convenientemente un tema de Lady Gaga.


Bohemio es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos abejorros que se cuelan en mi salita de estar cuando ventilo. A veces lo imagino como el burrito de trapo de La ciencia del sueño (2006); otras, más recio, como el asnito aquel de esparto que adornaba las portadas del grupo Carter USM. Sueño con el día en que Bohemio y yo podamos salir a pasear juntos, sin complejos, por las calles de Cosica. Me estoy empezando a plantear seriamente el compartir piso con él el año que viene.



Sueño con un mundo feliz de bautizos de acémilas con anís de Rute, de vueltas a norias con cangilones infinitos, de inconmensurables burradas, sueño con esa viñeta del Belén en la que un borrico tira un cargamento de cacharros de cerámica para desesperación del alfarero, sueño con Peret, con Juan Ramón Jiménez y con Sancho Panza, sueño con todo eso y con más… hasta que salta el hijodeputa de Bohemio y me despierta de un rebuzno, que Dios lo bendiga.

jueves, 28 de mayo de 2009

Un día perfecto en Cosica


El buen Lou Reed lo cantó con la desgana que le caracterizaba: “No es más que un día perfecto, beber sangría en el parque, dar de comer a los animales en el zoo y luego una película también”. Pues así me sentí yo ayer más o menos, aunque ni bebí sangría en el parque (yo no hago esas cosas), ni alimenté a ningún animal (no quiero chistes) ni vi ninguna película. Pero tuve experiencias interesantes, algunas irrepetibles, eché unas risas de campeonato –de Europa- y me quedé ronco cantando.

¿Qué fuiste, Porerror, a un concierto? No señora, en todo caso a un recital de la Vida, con mayúsculas, que diría un cursi (nunca yo). Mi día empezó trabajando honradamente, que no hay cosa más bonita, salvo quizás ganar dinero honradamente sin trabajar. “Otro día, otro dólar”, reza un proverbio yanqui. Tras mi jornada, confirmé la noticia de que venía a verme a Cosica un amigo pelirrojo. Corrí a mi casa a adecentarla un poco (¿estáis familiarizados con la metáfora “ratones de pelusa”?), y tras fregonchear como la Ratita Presumida me dispuse a cocinar para mi amigo.



Mi colega llegó ya empezado el telediario de Antena 3, que a la sazón hablaba de no sé qué partido de fútbol que creo que había ayer. La comida estaba asquerosa: salada como los perros. Mis horas de esfuerzo (Mercadona mediante) a los fogones resultaron un estrepitoso fracaso, empiezo a preocuparme. “¿Cómo se te ocurre echarle sal Y AVECREM?” Yo qué sé, amigos, dejad de gritarme… A mi amigo al final lo que más le gustó fueron las esponjitas congeladas con chocolate negro del postre, y el Rioja que ingerimos en cantidades inmoderadas.

El café que íbamos a echar se convirtió en una sesión de pseudokaraoke de más de tres horas (jamás vi a mis vecinos tan contentos, pero, hey! yo al menos rebuzno en horas cristianas de sol, no como los simpáticos burritos-despertadores de mi calle). Desvariando llegamos a la conclusión de que la música es lo que más capacidad tiene para evocar los recuerdos, ni magdalenas (que dirían Proust y Daniel Ruiz) ni leche migada. Cantamos por Wilco, Jayhawks, Neil Young, Pearl Jam, Black Crowes, Black Sabbath, Bowie, Lori Meyers, Sidonie, La Habitación Roja… a Lou Reed lo llamamos pero estaba bebiendo sangría en el parque y no quiso venirse. Y luego llegamos a Maga, punto y aparte.


A eso de las ocho de la tarde mi amigo se tenía que ir, pero ya me estaba llamando uno de mis compis de trabajo cosiqueses, desde su piso, indignado. “¿No íbais a venir a mi casa a ver la previa del partido?” Oír esto y ponerme la camiseta blaugrana fue todo uno [Por cierto que aprovecho para desmentir esos rumores de que circulan por Facebook fotos mías con la camiseta del Barça leyendo El País. Cuando todo el globo sabe que yo solo leo el ABC, El Mundo y La Razón].

Lo que vino después… se me quedan cortos los sufijos aumentativos en vuestro idioma: locurón, aventurón, la flipada padre… PRETTY F**KING AMAZING! Mi dulce e inocente mente no estaba preparada para la inmensa ola de alegría y respeto que invadió el pueblo de Cosica cuando EL BARÇA SE ALZÓ CON SU TERCERA COPA DE EUROPA y TERCER TÍTULO DE LA TEMPORADA. He de confesar que durante el partido (que vimos en un bar que frecuentamos) llegué a tener las pulsaciones a 120. ¿Serían los caracoles? ¿El tinto con naranja? Todo se relajó cuando el buen Messi marcó ese golazo de cabeza suspendido en el aire, volando, “la cabeza de Dios” (Daily Mail dixit), que parecía directamente sacado de un partido de Oliver y Benji.


Tras el partido, el frenesí: caravana de decenas de vehículos pitando por las calles de Cosica, con banderas, bufandas, trompetas y gritos de desafuero, petardos y coheticos (delante de la Plaza de la Virgen, of course)… incluso he oído decir que un grupo de golfos se dedicó a hacer botellona en medio de la calle para celebrarlo (un miércoles, a esas horas…). Yo no sé mis compis y yo a qué hora acabaríamos: en el Canal Plus del bar hacía rato que estaban poniendo Shine a Light de Scorsese y los Rolling, mientras un amable señor con un megáfono se dedicaba a destrozar lo que quedaba de nuestros tímpanos con sus consignas pro-Barça y anti-Florentino. Os juro que por unos instantes barajé hacerme del Real Madrid.

Yo no sé a qué hora acabaríamos, pero mi maltrecho cerebro sí que lo ha sabido esta mañana cuando ha sonado el despertador a las siete en punto. Y ya me pregunto, recordando al buen Quique González, si “cada día puede ser un gran día, pero hay días más grandes todavía”, ¿qué sorpresas me deparará el destino hoy? ¿Acaso me haré fan de Miguel Bosé? ¿Empezaré a ver Cuatro?

“It’s such a perfect day…”

martes, 26 de mayo de 2009

"Estás más gordo"


Hoy me estaba partiendo el ojete mientras levantaba hierro en el gimnasio. Amiga burra que ahora rebuznas con desafuero al filo de la medianoche cosiquesa, ¿a que tú también te ríes? (Solo te pido que, en la medida de lo posible, te prives de dar rebuznos a partir de la una, más que nada por dormir y esas cosas… una mala costumbre que arrastro de mis años de vida urbana). Hoy me estaba riendo, con cada dolor que sentía en cada músculo que estaba trabajando. Hace meses que no me peso, y francamente, no me voy a pesar, pero los agujeritos del cinturón no mienten, y ayer gané otro…

Hay frases, amigos, que nunca en la historia de la Humanidad pueden quedar bien. Una de ellas es “Te estás quedando calvo”. ¿Cuándo convendrá esa frase? Decídmelo vosaltres si podéis. Otra, mi favorita, es “Estás más gordo”. Analicemos. Si un interlocutor te dice que estás más gordo solo caben dos posibilidades: A) que sea verdad, en cuyo caso, caben dos posibilidades: A1) que tú ya te hayas dado cuenta o A2) que tú no hayas reparado. Si A1), ¿qué beneficio se saca en refregártelo por la cara? El placer de ser un gran fisonomista, o una de esas personas que ganan premios en la barracas de feria acertando el peso exacto de un jamón. Si A2), a la persona que se lo haces ver te aseguro que no le vas a alegrar el día.



Vamos a ver, si tú no eres endocrino ni dietista, ni nutricionista, ni nutrólogo, ¿a qué viene hacer ese comentario? Máxime cuando tu opinión al respecto no ha sido requerida (“Oye, ¿cómo me ves, estoy más gordo?”), ¿no será que no tienes otra cosa de la que hablar y/o eres un tocahuevos fenomenal? Ya lo estoy viendo: “¡Guau! Amigo, gracias mil por hacerme ver que he engordado, ahora me siento mejor gracias a tus francas y acertadas palabras, que sin duda me han de servir de acicate para ponerme a perder inmediatamente estos kilillos de más que tú –oh, ser perspicaz- te has dado cuenta que he cogido”. I don’t think so!

Posibilidad B), que no sea verdad que la persona interpelada esté más gorda, que pese exactamente igual o incluso menos. Pero a ti te han visto raro, y en vez de decirte “¿Te has hecho algo en el pelo?”, “Te veo cambiado” o “¿Por qué ahora eres del Barça y bebes cerveza?”, te sueltan directamente lo de “Estás más gordo”, que es una pésima manera de afectar interés por la salud de la persona y el hecho de que se está pendiente de ella. Sobre todo si hace tiempo que no te veían. Pero tú, qué, ¿que llevabas una tabla con mi peso, cabrón?


Si me estrujo mucho el magín (¿y qué no haré por mis lectores?), puedo llegar con esfuerzo a conceptualizar dos situaciones hipotéticas en las cuales la aseveración “Estás más gordo” sería bien recibida. Caso 1) El sujeto es un superviviente de Auschwitz. Caso 2) El sujeto viene padeciendo de anorexia nerviosa. Como gracias a Dios ninguno de los dos es mi caso, figuraos mi estupor (realmente, no me sirve otro sustantivo) cuando el viernes pasado acudo con toda mi buena fe a una comida con antiguos compañeros de trabajo y uno de ellos me espeta a bocajarro: “Tú estás más gordo”. Y me deshago en explicaciones de todo tipo, da la puta casualidad de que no solo no estoy más gordo (¿más que cuando?) sino que peso menos y estoy más fuerte.

Y le cuento que sin ir más a lejos la tarde antes le di la vuelta a Cosica corriendo, a la hora de más sol, sorteando perros, cabras, ovejas, caballos, todoterrenos de la Guardia Civil y autocares de línea. Y que luego me inflé de hacer abdominales, y que llevo tiempo haciendo bla bla y bla bla…. todo para nada. Porque como a mí me encanta jalar, sabido es, ya ha quedado dictaminado por mi ex colega que lo que estoy es más gordo. Sin duda debido a que, claro, vivo en la sierra y allí me harto de comer todos los días buenas chacinas ibéricas. Claro que sí, amigo! ¿No es precioso cómo la gente se monta ella sola en su cabeza sus películas?


Visto lo visto, abandono cualquier tentativa de racionalidad o de explicarle, por ejemplo, que Cosica no está en ninguna sierra y que yo aquí como pollo a la plancha. Pero, ¿quién soy yo para robarle las ilusiones a este hombre, con lo que está disfrutando? De manera que lo tengo decidido: sí a todo, y al próximo que me encuentre y me vuelva a decir que estoy más gordo, sea o no verdad, le espetaré sin dudarlo: “Como una auténtica foca, oiga”.

jueves, 21 de mayo de 2009

Últimas locuras: Los tests de Facebook


-“Me tuvieron muchos años rellenando cuestionarios”
(José Ignacio Lapido)




¡Bueno, bueno, bueno! Locurón… locurón. Ayer vi el post de un colega en su Muro de Facebook en el que decía: “Va en serio: a los amigos que hagan muchos tests los voy a ocultar”. Pues bien, amigo, nos vemos por ahí (no en Facebook), porque lo que es un servidor no se va a privar de seguir haciéndolos: ¡los tests son lo mejor de Facebook!

No: lo mejor de Facebook si te parece va a ser enterarte de que se ha casado una amiga del colegio a la que hace quince años que no ves. O que un colega tuyo cuelgue una foto de hace 10 años en la que sales tú borracho con cara de mongolo (y te etiqueten con tu nombre). O que te manden como regalo “virtual” una cajita de bombones virtuales. ¡NO! Lo mejor de, la crema de, lo máximo del Caralibro son sus bizarros y divertidísimos tests.


Yo empecé tímidamente: ¿Cuán británico eres? (Me salió Bloody British, el máximo, y por poco me suicido), ¿Qué filósofo griego eres? (Platón), ¿Qué filósofo alemán? (Heidegger), ¿Cuánto durarías vivo en una peli de miedo adolescente? (50%). Luego la cosa empezó a írseme de las manos. ¿Qué cubata eres? (Brandy-… en la vida, compadre), ¿Qué chuchería eres? (Platanito)… ¿estamos locos?

Clásicos son ya los de pelis tipo ¿Qué personaje de El Padrino eres? (Michael Corleone) –o ¿Qué personaje de El Señor de los Anillos?, que me niego a hacer-, o los históricos: ¿Qué escritor podría haberte creado como personaje? (Oscar Wilde), ¿Qué movimiento artístico eres? (Surrealismo), ¿Qué personaje histórico eres? (Sigmund Freud). También los hay pseudopsicológicos, aunque de estos soy menos amigo: ¿Cuál es tu tipo de inteligencia? (Verbal-lingüística), ¿Qué tipo de personalidad eres? (Reformista)... en verdad los que más molan son los que hacen gracia. Mientras más rebuscado mejor.


Mi favorito hasta ayer era ¿Qué enzima del Ciclo de Krebs eres?, y habéis de saber que a mí me salió la Aconitasa (whatever that means). Para qué preguntar ¿Qué color te define? o ¿Qué estación del año eres? pudiendo averiguar mejor ¿Qué clase de choni...? o ¿Qué frase de Carmen de Mairena eres? Y digo yo que si Facebook dice que soy Nuria Bermúdez, la choni con clase o no sé qué frase de la Mairena que incluye la palabra “coño”… tendrán razón, porque ellos han estudiado, ¿no? Casi siempre aciertan, por ejemplo, hice ¿Qué barrio de Miciudad eres? y me salió uno en el que he vivido durante 25 años.

¿Quién diseña estos tests? ¿Genios de la psicología? ¿Lumbreras de las revistas tipo Cosmopolitan? ¿Mesías de los Recursos Humanos? Más bien gente con tiempo libre, me temo. Yo mismo he diseñado un par de ellos, el último con gran éxito de crítica y público: ¿Qué bicho de la casa de Porerror en Cosica eres? Y te puede salir Hormiga roja cocinera, Hormiga shica de cuarto de baño, Abejorro que se cuela cuando ventilo, Mosca clásica de la hora de la siesta o Araña tímida de pasillo (que por cierto todavía no le ha salido a nadie).


Dos de los mejores que he rellenado últimamente son ¿Qué fuiste en una vida anterior? (una amiga se quejaba el otro día de que le había salido Un calcetín, pues xula, a mí me ha salido Un pretzel: no sé yo qué es peor) y ¿Qué cosas absurdas te gustan que tú no sabes y que gracias a este test sabrás?, con el emocionante resultado de Girar sobre ti mismo delante de la sección de pan de los hipers.

Pero ayer ya fue el acabose, cuando el Grillo Solitario (ya sabéis, el negrata, el peligroso, el mafioso…) se sacó de la manga el seminal test ¿Hasta qué punto eres una estatua verde? Con preguntas y respuestas que ni yo mismo las hubiera diseñado más certeras. Menos mal que me salió que era Una estatua color verde óxido sobre el techo de Notre Dame, porque si no dejo el blog y me dedico al punto de cruz…


jueves, 14 de mayo de 2009

El Barcelona guanya el seu primer títol


Ayer por la tarde andaba tan sobrado que me iba a poner a escribir este post a las 5 de la tarde. Y lo iba a hacer, lo juro, pero resulta que ayer vinieron a visitarme a Cosica dos amigos del alma, y me dediqué a atenderlos. Les enseñé mi "mansión", que mi amigo Luis, experto en Bricomanía y Leroymerlismo, me aseguró que está hecha con las mejores calidades ("Porerror, estos enchufes son los mejores del mercado" -gracias).

Nos descojonamos viendo por YouTube el vídeo de El Tito Mc (estos dos colegas entienden de rap sevillano y bizarría a partes iguales), merendamos, intervinimos vía telefónica en un programa de radio de Bruselas (Kike, el otro amigo que me visitó, es uno de sus locutores), escuchamos los éxitos del artista local de Cosica... luego dimos un paseo andado por el pueblo: su casco antiguo, sus calles y plazas emblemáticas, su ayuntamiento, su iglesia, su campo de fútbol, su centro de salud, su instituto, sus bares, sus ruinas aztecas...

Porerror, ¿tú no ibas a hablar en este post del Barça? Es correcto, a eso iba. Como vinieron mis amigos, decidí ver el partido con ellos y esperar al resultado antes de publicar. Me enfundé mi flamante elástica blaugrana (cómo adopto la parla, ¿eh?), fuimos a nuestro bar de nuestros pecados... y a disfrutar. Dice otro amigo que vive aquí que "lo que la vida te da, Cosica te lo quita". Aunque dramática, me hace gracia la frase, y tiene algo de cierta. Cosica te cambia. "Quién te ha visto y quién te ve, Porerror" -decían mis amigos ayer entre caracoles chicos y pedacitos de adobo. En la vida me ha gustado ni interesado el fútbol, lo sabéis, pero en este pueblo me estoy aficionando. No ya al fútbol, en realidad, sino a ver jugar al Barça.


Esta mañana ha dicho Antonio García Barbeito en el programa de Carlos Herrera que todos tenemos derecho a ser de este Barça para por lo menos poder disfrutar con algo. Pues eso es lo que me está pasando a mí. Para mí ver un partido de fútbol era como para el perro de los Simpson oír hablar a Homer: bla bla bla, balón... bla bla bla, partido... bla bla bla... colegiado. Yo veo gente corriendo, al azar, dando patadas sobre fondo verde. De vez en cuando uno se cae, o entra el balón y todos (bueno, la mitad) de los pavos se abrazan. Todo sin sentido.

Viendo partidos del Barça esta temporada (desde enero a mayo puedo haber presenciado más partidos televisados que en mis otros 30 años de vida juntos), viendo jugar al Barça he comprendido en qué consiste ese juego grasiento y alocado que algunos llamáis fútbol. Se trata de ir avanzando por el campo (siempre hacia adelante), pasándose el balón sin que la toque el contrario hasta llegar cerca de la otra portería y marcar gol. Me lo han enseñado Messi, Eto'o, Xavi, Iniesta, Henry... así de simple.


Cuando escribí aquel post sobre Samanta Villar expresé mi intención (en plan de coña) de pasarme 21 días enganchado al fútbol. A menudo me pasa que soy tan guasón que luego la peña no sabe si hablo en broma o en serio, y muchísima gente me ha reclamado, ¿qué fue de los 21 días de fútbol? Que era una bromaaaa... Pero con la coñita, llevo ya una serie de partidos vistos y he aprendido un montón, ya controlo desde la infancia de Bojan hasta la trencita de Pinto. "O sea, que te interesa el Barça, no el fútbol". ¿Acaso no es lo mismo? Este año parece que sí.

Mis amigos se marcharon en el descanso, se perdieron lo mejor. Pero en el bar siguió quedando un ambientazo. No sé si es por la emigración andaluza a Cataluña de ida y vuelta, pero en Cosica me estoy encontrado con un número inusitado de culés. Al acabar el partido, varios de ellos atronaron el sueño de Cosica tirando cohetes. Anoche el Barcelona ganó su primer título de la temporada: seguiremos informando.

domingo, 26 de abril de 2009

Reencuentros


Este ha sido para mí un fin de semana de ausencias y reencuentros. Ausencias por la gente importante que no ha estado a mi lado, algunos (ley de muerte) no podrán ya nunca estarlo. Otros por otras leyes, hay otras circunstancias: no os aburro. Me centro en los reencuentros.

Quisiera destacar a quien sí he visto, ha sido todo muy raro, como un sueño. No es cosa ahora de ponernos tristes, pero creo que la tarde del domingo y vosotros lectores me perdonaréis que incida un poco en la nostalgia. Amigos de la infancia –la más tierna- los compis de pupitre, rodilleras de pana, soldaditos de plástico verde de las Fuerzas Armadas alemanas, las risas, los bocatas… recuerdos comunes de profesores tonantes que no veían más allá de sus narices y pretendían controlar una clase de preadolescentes a base de pastillitas Juanola.

He visto a gente de esa época, y de un poquito más allá: la adolescencia. “Mis amigos de verdad”, los llamo en plan jocoso, en realidad tengo varios juegos de amigos de verdad, nunca me fallan. Lo cierto es que me han faltado pocos, aunque gente importante, pero ya habrá ocasión. A los que he visto los veo más o menos a menudo, no con tanta frecuencia como ellos o yo quisiéramos, pero pienso que con los tiempos que corren, mantener una (o dos) pandillas desde el insti es toda una hazaña.


Quedé también con un amigo antiguo, pero de los modernos: modernito. Es un buen compi de carrera al que la vida lleva por una vía paralela, debemos hacer auténticos esfuerzos por cruzarnos, mas siempre se consigue. Baste mirar a otros de aquella época de los que nunca sé nada, o un dato al año, para notar lo enorme de este logro.

También tuve ocasión de ver a gente con la que hablo mucho en estos medios: Messenger, blog, e-mail o por el Facebook, pero que en persona están -pese a vivir en mi misma ciudad- más lejos. He visto al amigo con el que quedo siempre, o bien a hacer deporte o a hacernos confidencias. He visto a esos amigos cuya principal forma de comunicación es quedar para comer (para algo está el gimnasio de Cosica), mejor dicho, para atracarse de comer. Otros son más de café, y de comprar discos, incluso los hay de bailoteo y gin-tonics.

He visto a mucha gente y doy las gracias, con algunos he hablado solo por teléfono, o me los he encontrado por la calle. A dos de mis mejores amigos (que veo poco) sé que los recuperaré esta semana. Y si por fin me da por acudir a esa famosa Feria de Sevilla, no han de faltarme otros amigos y conocidos cuya presencia allí es insoslayable. A todo el mundo gracias, las relaciones se van construyendo (y destruyendo) poquito a poco, de modo que conozco su importancia. Este fin de semana también he oído hablar de dos reuniones familiares y he sido testigo (cuasi partícipe) de otra muy bonita. Por eso sé lo que digo y lo que hablo, amigos, gracias: sois mi segunda familia.

lunes, 20 de abril de 2009

Explico algunas cosas


“Cosica es una familia”
-Juanma, futuro alcalde de Cosica





Hoy le robo el título al buen Migue (otro bloguero perezoso), quien a su vez se lo robó a Pablo Neruda, el padrino de Estatuas Verdes. El buen Neruda dejó escritas unas memorias que por famoso título llevaban Confieso que he vivido (1974). ¿Me atreveré a hacer el chiste más manido de la historia y decir yo ahora aquí (a modo de homenaje) “Confieso que he bebido”? Pues ya lo acabo de decir, aunque en el título del post no me he atrevido a ponerlo para no resultar demasiado destroyer.

Por petición popular (y esta vez es verdad) vuelven las estatuas más famosas de la blogosfera. He recibido amenazas de varios tipos por parte de mis lectores, acerca del silencio de Porerror. Unos mensajes eran más o menos conciliadores, otros eran en plan “Escribe, cabrón!”, en fin, el motivo de llevar tantos días sin poner un post ha sido una mezcla de ocio y trabajo. La verdad es que durante la Semana Santa he estado por ahí, en un viaje que me ha dado materia para varios posts que ya irán apareciendo. Por ahora baste decir que he visto muuuuuuy de cerca las “estatuas verdes sobre el techo de Notre Dame” (Una emosión…. una cosa….. ya me entendéis…).


Luego, el curro me ha dado bastantes quebraderos de cabeza: ya sabéis, reuniones, burocracia, sandeces varias a las que ha habido que añadir la organización de un viaje de trabajo que el jueves pasado me llevó al extranjero, nada menos que a Gibraltar. Por cierto que, ¿os acordáis del documental frikanco aquel sobre la 2ª Guerra Mundial a cuyo rodaje asistí hace un año? Pues no veáis cómo están allí las tiendas vendiéndolo en DVD…

A medio camino entre el ocio y el neg-ocio se encuentra el pueblo de Cosica, como bien sabéis. ¡Porerror! ¿Cómo es que ya nunca hablas de Cosica? Pues a lo mejor es porque me he integrado aquí, señora, y ya no tengo nada jocoso ni gracioso que decir. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJJA!!!!!!!! ¿Se imagináis? Es solo que ya no hace frío, y ya el critiqueo ha perdido su encanto, porque estoy a gusto. Salvo que este fin de semana pasado el frío ha vuelto, y yo vuelvo a escribir del pueblo. Coincidiendo con las fiestas patronales, este viernes, sábado y domingo se ha obrado un auténtico mirlo blanco: me he quedado aquí, he renunciado a volverme a Miciudad.


Las fiestas de Cosica funcionan tal que así: un día se traen a la Virgen de una ermita cercana al pueblo, a la semana se celebra aquí gran procesión con gran jolgorio y a la siguiente se vuelven a llevar a la Virgen hasta el año que viene. Como en toda España, amigo. No lo pongo en duda, pero es que yo siempre he sido más de semáforo y paso de cebra que de romería en burro, señora. Pues este finde pasado ha sido el de la procesión y el jolgorio, un par de compis de trabajo tenían previsto quedarse y me han metido el veneno en el cuerpo. Entre mis amigos la convocatoria no ha tenido mucho éxito (por no decir ninguno), pero estos compañeros se han traído cada uno un pandillón.

Así que no nos ha faltado jolgorio, cante por flamenqueo, por carnavales o por rock alternativo, disquisiciones sobre Fernando Alonso o Stanley Kubrick, y hemos acabado con las existencias de ginebra Tanqueray del pueblo. Parecía que ginebra solo bebía yo… pero solo lo parecía. La carne de cochino negro (para vosotros, “cerdo ibérico”) me sale ahora por las orejas, y he comprobado con agrado que mis desvelos por Cosica y todo mi cariño han sido recompensados con creces. Numerosos clientes y proveedores del trabajo me han reconocido y saludado, con gesto de aprobación al comprobar cómo Porerror se había quedado a ver a su Virgen, ¡y nada menos que de chaqueta y corbata!


Como comprenderéis, fotos del finde no puedo poner (imaginaos si no: esto se convertiría en la nueva Taormina y perdería su encanto) pero si os digo los nombres Luis García Berlanga y Paco Martínez Soria creo que podéis haceros una idea bastante buena. Ah, Amanece que no es poco (1988) es otra película que vendría muy bien para entender estas fiestas, y también Blow (2001), ya que digamos que las “lonchas” más solicitadas en Cosica estos días no eran precisamente las de chopped

Mi única droga es la carne de cochino negro (bueno, y la ginebra), la fiesta era lo bastante divertida por sí sola, y tengo que admitir que me ha gustado mucho quedarme. He andado un poco estresado: ya sabéis, planchar una camisa, sacarle brillo a los zapatos “duros”, alternar con unos y con otros… nada más os doy el dato de que la procesión del domingo pasa ante la puerta de mi casa… demasiada responsabilidad. Por eso perdonad si en estos días alguno me habéis llamado y no os he cogido el teléfono.

Hoy, después del subidón de ayer, en que hay que admitir que había más gente de la que nuestro exiguo casco urbano podía admitir, Cosica volvía a parecer un pueblo fantasma. No he conseguido esta mañana ni que me pongan en un bar una tostada. Porque hoy, tras el fiestón de ayer, en Cosica era fiesta local y no se trabajaba. ¿O qué pensabais? ¡Hasta ahí podía haber llegado la broma!

miércoles, 18 de marzo de 2009

50.000, o: Estatuas apócrifas


“Iré penetrando a voces las verdes estatuas de la Malaria”
-Federico García Lorca




Llevaba unos meses pensando en lo que iba a hacer cuando Estatuas Verdes alcanzara la cifra de 50.000 visitas, esto sucedió el domingo, hoy ya hemos superado las 50.500. Y eso mola. Sé que los hits no corresponden exactamente con visitas, yo mismo por ejemplo entro en el blog tres o cuatro veces al día, pero eso no impide que esté contento y satisfecho por el número alcanzado. Lo que más prima sobre todo es el agradecimiento a mis fieles lectores, que cada día son más. Por cierto que me alegra que no hayáis dejado de escribir comentarios pese a que hace más de un mes que no os contesto. Prometo volver a hacerlo.

En realidad, pensé que sería interesante para mí como autor y para vosotros como destinatarios fallidos, hacer un recuento de todos los posts que no he publicado en Estatuas Verdes, pese a haber sido concebidos e incluso escritos en parte o en su totalidad. Son los inéditos de Estatuas Verdes o “Estatuas apócrifas”, como me ha gustado llamarlos.


La razones de que estas entradas no hayan visto la luz son muy diversas: en algunos casos, me surgió la idea, le di varias vueltas y acabé por abandonarla. Otras veces decidí dedicar un post a algo pero por lo que fuese la actualidad impuso otro tema más apetecible, quedando el primitivo desfasado. Hay temas de fondo que tengo ahí en la recámara y de los que me apetece hablar pero me da pereza ponerme a escribir. Creo que es por estos últimos por lo que hago este post, para que quede constancia de mi voluntad y antes o después obligarme a atacarlos.

Muchos posts que iban a quedar en el limbo de lo inédito al final sí que salieron para adelante, entre ellos están el de Meryl Streep, el de las bodas, los de Fito Páez o el del concierto de Quique González. El de las “telediarias” llevaba muchísimo tiempo en la nevera, y por fin salió el otro día (por cierto, que Silvia González, Eva Braña y Estel Llobet me han escrito en persona diciendo que les había gustado bastante).


Posiblemente el post más emblemático y retrasado de todos los que nunca he hecho sea uno (o más de uno) sobre la película de Chamalaman El bosque (2004), que considero una obra maestra en lo cultural sin parangón ahora mismo. Tengo otro por ahí pendiente sobre la Guerra de las Malvinas, a propósito de las pelis Iluminados por el fuego (Argentina, 2005) y La Guerra de las Malvinas (Gran Bretaña, 1992). Ambas pelis las tengo compradas en DVD y todavía no las he visto, pero todo se andará.


Otra serie mítica, conocida por algunos lectores, es la que pensaba dedicar al beat sesentero latinoamericano, hablando de grupos de pop-beat-garaje de Argentina, Uruguay, Portugal, Brasil, etc. Creo que esto da para más de un post, de manera que permaneced atentos mientras desempolvo mis vinilos, CDs y mp3s de los Sheiks, Shakers, Mockers, Gatos y demás. No sé si se lo he llegado a contar a alguien, pero también tenía en proyecto una serie titulada “Cuando los discos se hacían como churros”, en homenaje al pop de cadena de montaje salido de las factorías Motown de Detroit, Brill Building de Nueva York y los estudios de Los Ángeles. Hal Blaine, el famoso batería de estudio que participó en muchos de estos fregados, también merecería una entrada-homenaje para él solito.


El buen Susu me apremiaba hace poco para materializar otro de mis proyectos: comentar la canción de The Band “The Night They Drove Old Dixie Down” y la Guerra de Secesión americana. Prometo que lo haré, y esto más pronto que tarde. Y la paciente lectora lvtc sabe que le debo un post acerca de la serie británica de humor Black Books (2000-2004), que conozco gracias a ella (porque me regaló todas las temporadas en DVD).

Os aseguro que hay millones de temas que me rondan la cabeza, muchos de ellos relacionados con Cosica (¡ay, esa entrada hablando bien del pueblo!... a punto estuve) o con mi trabajo, pero que no quiero abordar para no comprometerme ni ofender a nadie. Tampoco hablo de todas y cada una de las pelis que veo, ni de los libros que me leo (un post sobre El lector, 1997, lo dejé a medio escribir), Estatuas Verdes no es una mera agenda cultural, amigos. Recuerdo esos cuentos de Borges en los que aparecen autores inventados de obras nunca escritas, e incluso el buen argentino tenía un libro hecho a base de prólogos apócrifos de libros inexistentes. Esperemos que todas estas ideas para posts de Estatuas Verdes no se queden simplemente en el limbo.

jueves, 12 de febrero de 2009

Los griegos tenían razón


“Y sé que sigo y sigo porque sigo”
(Pablo Neruda)




Lo estabais esperando. No lo neguéis, porque lo estabais esperando, leñe. Hoy por fin me he decidido a hablar de mi experiencia en el gimnasio. Esta semana he ido –como todas las semanas- mis tres diítas, solo tuve el parón de mi etapa enferma-invernal. En enero volví con fuerza a este gimnasio de Cosica, gimnasio de mis pecados, que cuesta 10 euros al mes.

Cuentan los más viejos del lugar que antaño (hace una década) el gym municipal de Cosica era un asunto turbio: un señor inmóvil, sentado junto a su perro, hacía las veces de encargado de unas instalaciones cutres y unas máquinas de ejercicios de más que dudosa utilidad. Pero en la actualidad la historia no podría ser más diferente: sin ser aquello el Gran Gimnasio de la Gran Cosa, ahora es mi pequeño gimnasio de Cosica. Bastante digno, bastante bien surtido de pesas y aparatos, según varios profesionales de la educación física que lo frecuentan. Baste decir que a él acuden gimnastas y deportistas de toda la comarca, incluido el pueblo de Valdepellizcos, que está a 17 kilómetros.

Yo no he sido nunca persona de gimnasio, digámoslo. Nunca en la vida me ha interesado. Cuando, con 18-19 años, a muchos de mis colegas les entró la fiebre de apuntarse a levantar hierro a mí la verdad es que el tema no me llamó la atención. En diversas ocasiones, el aburrimiento o la tristeza sí me han empujado a hacer deporte, incluso a acudir a algún que otro gimnasio. Pero nunca había tenido una experiencia tan continua e intensa como ahora. Nunca esperé ir al gimnasio a divertirme, y no lo hago (tampoco os voy a engañar): al contrario, sufro de cojones. El truco está en que compensa.


Pese a todo el sufrimiento físico y psicológico que el esfuerzo en el gimnasio me comporta, he de decir que luego mágicamente la cosa sí que compensa. Llamadlo “endorfinas”, “la huella deportiva” o como queráis. Hacer deporte te hace sentir bien, es correcto: los griegos tenían razón cuando dijeron aquello de “Mens sana in corpore sano”… ah, no! Que eso lo dijo Juvenal, que era romano. ¿Griegos, romanos? ¿A mí qué más me da, Cabesha? Lo que el buen Juvenal, el Barón de Coubertin y su puta madre se olvidaron de contarnos era que el deporte compensa a posteriori (muy a posteriori), porque mientras se practica es una auténtica tortura. O díganme ustedes qué placer encuentran en acabar derrotados, doloridos, sudados a más no poder y sin poder levantar ni las pestañas tras una sesión de machaque.

Mención aparte merece la fauna del gimnasio, yo no tengo un suficiente conocimiento taxonómico para establecer aquí categorías, pero hablando de ejemplares sueltos, ve uno cada cosa… La verdad es que en esto yo tenía bastante prevención, hay mucha leyenda negra. Cierto que hay unos cuantos personajes de agárrate y no te menees. Adictos al ejercicio, hipermusculados, vigoréxicos, desocupados, merodeadores… pero la inmensa mayoría de la peña que va es gente sana, amable, currantes, que luego van a echar un ratito por la tarde a su gimnasio. Gente muy normal. Incluso en Cosica contamos con un campeón de España de culturismo y os puedo asegurar que es la persona más llana, humilde y amistosa del mundo.


Hoy ha sido uno de esos raros días en que se alinean todos los planetas y he podido echar una horita y media de gimnasio que yo califico como “perfecta”. He tenido tiempo de sobra, he ido tranquilo pero sin pausa, charlando con compañeros y nuevos conocimientos que he trabado allí (alguna juerga nos hemos llegado a correr los del gimnasio en el pueblo, no os digo más). He hecho un par de circuitos de tren superior y otro par de piernas, con mis maquinurrias, mis pesas, mis series de repeticiones… mientras en la radio sonaban Alanis Morisette, La Oreja de Van Gogh o Coldplay. Después mis tablitas de abdominales, superiores e inferiores, para finalizar con 30 minutos sudando como un puerco en el treadmill, la cinta de correr, o no sé cómo se le dice en español.

No seré Sorsenague ni me pondré como una piedra, pero me siento bastante orgulloso de acudir allí tres veces en semana (más no, porque “exceso de comedia igual a tragedia”) y de echar mis buenos ratos. Y sobre todo, de no dejarme vencer por la pereza ni ninguna excusa para dejar de hacerlo. Como bien le contaba anteayer a un buen amigo, si llego a autoconvencerme de que me viene mal ir a un gimnasio que está a cuatro minutos andando de mi casa y que me cuesta na y menos… mal iríamos. Y vamos bien.

domingo, 8 de febrero de 2009

Hermana


“Soy la hermana pequeña de tu corazón...”
-Nosoträsh, “Punk Rock City”





Tengo una hermana que es idéntica a mí en todo sin parecerse en nada. No me voy de misterioso, simplemente lo que he dicho es una paradoja cuya resolución no soy capaz de explicar, si lo supiera os prometo que os lo contaría. Tengo una hermana que es la destinataria inconsciente de TODO lo que escribo y que jamás leerá ni una sola de mis líneas. No esperéis leer un comentario suyo a esta entrada del blog porque no lo va a dejar. Ella no sabe de la existencia de Estatuas Verdes, ni siquiera creo que maneje el concepto de “verde”.

Tengo una hermana que es tan igual a mí que se pasa el día tosiendo, igual que yo, y a base de nuestros espasmos musculares vamos tejiendo un morse secreto de complicidad, muy bonito, muy acompasado. No tengo ni idea de qué diablos es lo que decimos, del mensaje, pero no me cabe duda de que hay comunicación. Su mundo de ojos es la mejor estafeta de correos, sus sonrisas, cada vez más escasas pero nunca arbitrarias, tampoco es que sean mancas. Con esto ocurre como con el arte abstracto o algunos poemas: o te llega o no, o lo comprendes completamente desde el principio o ya te puedes sentar a esperar que alguien te lo explique. Pero nosotros nos entendemos.

Soy un escéptico de las nociones de “lenguaje no-verbal” (para mí es una contradictio in terminis), “comunicarse sin palabras”, etc. Solo mi hermana es el punto de agarre que me hace sospechar de vez en cuando que pueda haber algo de cierto en esas cosas. Lo digo porque –y no es ofuscación de hermano- sin hablar nosotros nos entendemos.


Tengo una hermana gracias a la cual he comprendido por fin, después de treinta años dando tumbos, la expresión “carne de mi carne” y la expresión también del amor más absoluto. Decían en la cursi-peli Love Story (1970) que “amar significa no tener que decir nunca Lo siento. Yo os digo ahora que amar significa no tener que decir nunca nada.

La violencia más fuerte que he sentido nunca sobre mí es tener que soportar la separación física de mi hermana. La vida ha sido amable conmigo, qué queréis. Ha sido tan generosa que no he pasado grandes calamidades, y de las medianas, solo unas pocas. He vivido fuera varios años, en el extranjero (voluntariamente, ya sabéis), y lo que más difícil me resultaba era no ver a mi hermana todos los días. Ahora que vivo en Cosica es más de lo mismo, pero cuando voy los fines de semana a Miciudad, a casa de mi madre, tampoco tengo asegurado el ver a mi hermanita.

Circunstancias de la vida hacen que solo me esté dado ver a mi hermana dos días de cada catorce, y creo que a eso nunca podré acostumbrarme. Este fin de semana, mi hermana no ha estado entre nosotros, por eso me he lanzado a escribirle este post, que nunca leerá, pero que quedará en los archivos como el inútil mensaje en una botella de un náufrago analfabeto. El post lo preside una foto de Julio Iglesias como homenaje, por la simple razón de que es el artista favorito de mi hermana. No es muy común en una persona de 27 años, ¿verdad? Mi hermana tampoco es nada común.

miércoles, 28 de enero de 2009

"Los bares están repletos"


“Bares, ¡qué lugares!”
-Gabinete Caligari




Ahora que la crisis ya ha cristalizado entre nosotros, la hemos asimilado, los gobiernos y otros organismos han tomado medidas y aun así parece que lo peor está por llegar, me gusta observar las reacciones de la gente. Hubo negación, hubo catastrofismo, ahora parece más bien que lo que se ha instalado es el fatalismo. Las cifras del paro no dejan de crecer, no solo en nuestro país, el Presi del gobierno acude a la tele (que no a las Cortes) a dar explicaciones y cada día me topo con alguien que hace la misma gracieta, la del título del disco de Supertramp: “¿Crisis? ¿Qué crisis?”

Es en estos momentos en que la gente recurre al humor para tomarse las cosas con filosofía, fijaos si no en la oportunista serie que Telecinco acaba de estrenar bajo el sospechoso título de A ver si llego. Un clásico, en estos casos, es decir: “Pues habrá crisis, pero los bares están llenos”. ¡Qué gran verdad, amigos! ¿Cuándo no han estado los bares llenos en España? Y yo no sé en vuestras ciudades, pero en la mía, están a rebosar. En Cosica los bares están vacíos porque todo el pueblo está vacío, pero eso es otro tema.


Recuerdo un absurdo texto de un absurdo libro de texto de español para americanos, de cuando daba clases en USA. El texto en cuestión explicaba lo animada que era la marchuqui patria, y decía cosas como “el ocio en Europa es más triste que un episodio de Heidi, y también que “en Madrid, en el tramo entre las calles Antón Martín y [no sé qué otra], hay más bares que en toda Noruega”. No sé si será verdad la estadística, pero ¿a que mola?

El Banco Santander dice que ha ganado 8.000 millones de euros en 2008 (el año de la crisis, sabéis, en el que la economía española ha estado menguando durante seis meses). El ex ministro Caldera propone en una entrevista que el Estado se quede con los bancos, pero mientras se deciden o no, los bancos ganan pelas. Muchas pelas. ¿Serán banqueros o bancarios todos los que abarrotan los bares? No me lo creo.

La revista El Jueves (que esta semana, para variar, le daba caña a Aznar: se podían haber modernizado y hablar de lo del espionaje en Madrid) también recogió hace poco la tópica frase de “los bares están llenos” a cuenta de la crisis. Yo mismo la medio utilicé en el post “¿Tu criatura?”-también hice la gracia de Supertramp-, y eso que entonces era mayo, no había crisis oficialmente. Entre tanto, nosotros seguimos yendo a bares, aunque sea a comer altramuces (o ese bar de Granada –ciudad de tapas gratis-, donde lo que te ponían eran pipas). La gente sigue hablando de bares y recomendando bares. Los de El Perro Lunar nos descubrían el otro día un par de ellos de Madrid, a mí un compi de trabajo me recomendó uno en Sevilla hace muy poco.


Aquí en Cosica hay varios bares, no os vayáis a creer. No hay Banco Santander (casualmente el más grande de Europa, casualmente mi banco) pero hay media docena de barecillos. Todos los jueves mis compis de trabajo y yo vamos a cenar a uno, ya el hombre no tiene ni que preguntarnos la comanda. Luego solemos ir a una bodeguita muy rockera, siempre te ponen algo de Creedence Clearwater Revival o Bob Marley, y los gin-tonics de marca cuestan 3 euros. Hay otro bar que es obligado para tomar café, y tengo un compi/amigo aquí que, por mero aburrimiento, cada día se va a desayunar a un bar diferente (más o menos por la misma razón por la que yo me estoy jamando todos los partidos de fútbol que echan por la tele).

Así que, amigos, hoy es miércoles y ya sabéis lo que eso significa: partidos de Copa del Rey, de modo que me voy a verlos… no sin antes pasarme por el bar de la esquina de mi calle para pillar unas baguettes cosiquesas que amortigüen la crisis (y el hambre).
 
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