Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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sábado, 30 de mayo de 2009

Territorios 2009: Sandwich de canela


Decía el buen Jardiel Poncela en el prólogo de una de sus obras, “Verán ustedes canela”. Pues anoche, en Sevila, en el festival Territorios, se vio canela: en rama y molida, a manos llenas. Ahora bien, también hubo espacio para los bostezos.

Acudo a Sevilla, la ciudad de los prodigios y los carriles bici, para ver el día rockero del festival Territorios. El cartel, simplificado, consistía en los grupos yanquis Wilco, The Jayhawks y los granadinos Lori Meyers. También actuaron otros, como Akron/Family, que sinceramente no me interesaban. También tocaban Cycle, ¿os acordáis? Sí, hombre! el gran fraude del indie español… Pero allí habíamos ido a ver lo que habíamos ido a ver. El entorno del concierto, muy bonico: el antiguo Monasterio de La Cartuja, con evidente regusto a EXPO’92. Tal vez por eso había en la puerta un nota con un tenderete vendiendo camisetas AUTÉNTICAS de Curro y de la EXPO. ¿Te compraste alguna, Porerror? ¿Lee usted Estatuas Verdes, señora?

Allí se dio cita lo mejor de la escena indie sevillana (y básicamente cualquiera que estuviera en Sevilla y le sobraran 25 euros); así, de memoria, pude reconocer a componentes de los grupos Maga, Sr. Chinarro, Southern Arts Society, Bombones, Úrsula, Gañafotes, Los Gustosos, Chencho Fernández y Smoking Kills, The Vagos, The Del-Shapiros, y a la actriz Teresa Hurtado.


Empezamos con Wilco: canelón!!! Confieso que yo iba un pelín prevenido a ver a la banda de Chicago, pensaba echar el concierto a beneficio de inventario, en fin, Wilco, ya sabéis… un gran nombre, podré contar que los vi de joven…. Gran error. Entre su veta country y sus veleidades experimentales, me daban un montón de miedo, pero no hubo nada de eso, lo que se vio anoche fue un conciertazo de rock puro y duro, rock alternativo, rock con ganas de no dejar a nadie indiferente: de emocionar. Y eso es Wilco, claro, me diréis, emocionar.

Sin ser fanático tengo todos sus discos (salvo el ultimísimo, que entoavía no ha salido), y pude reconocer temazos de varios de ellos. Curiosamente, abrieron con “Wilco (the Song)”, heraldo de su nuevo Wilco (the Album). No faltaron a la cita piezas de sus cuatro discos de estudio anteriores: “A Shot In the Arm”, “At Least That’s What You Said”, “Hate It Here”, “Impossible Germany”, “Walken”, “Radio Cure”, “I Am Trying to Break Your Heart”… y cerraron con “Spiders (Kidsmoke)”, frenesí saltarín entre el público. Yo sinceramente dudo que en Sevilla haya tantos fans de Wilco como gente hubo allí congregada anoche, dudo que haya la mitad de la mitad de la mitad. ¿Qué quiero decir? Que da igual que no fueras fan, Wilco son tan buenos y, sobre todo, dan un espectáculo en directo de tal calibre que mueven a la lágrima hasta a los corazones de piedra.


La voz de Jeff Tweedy en directo me pareció prodigiosa, moviéndose entre el country rock, el grunge, el rock indie y –atención- el R&B. Hubo un par de temas (creo que son del nuevo disco) en que me quedé absolutamente fascinado: en uno Wilco sonaban como un grupo de la Stax, en el otro fueron directamente Led Zeppelin. ¿Es que tú, después de llevar 13 años escuchándolos no sabías que Wico eran así de buenos, Porerror? Pues mira, no, porque también hay que admitir que en estudio, algunas de sus canciones resultan un pelín rollico. Además, que yo iba temiendo un recital de country alternativo, y lo que me encontré fue uno de rock alternativo, GRACIAS.

Después de la intensidad vocal, los teclados mágicos y la pirotecnia guitarrística de Wilco (el solo de “Impossible Germany”: ¿Error de Dios? Comente en 500 palabras), muy difícil lo tenían los Jayhawks de Minnesota para estar a la altura. Hablemos: sé que los Jayhawks son lo mejor desde el chicle, etc, etc, pero su vitola country me echa para atrás como el olor de la sopa de ajo a Drácula. Empecé a escucharlos hace solo seis meses, enganchado por sus dos álbumes menos country, el Sound of Lies (1997) y el Smile (2000). Los dos me encantan, son rock alternativo, son power pop, son la crema pura. Pero todos me advertían: “te han gustado porque para entonces ya se había marchado del grupo Mark Olson” (el supuesto orfebre cowboy de la banda).




Juro que no llevaba prejuicios contra Jayhawks, si acaso andaba predispuesto a favor, cuando saltan al escenario y entre sus fans acérrimos sonó un murmullo seguido de una exclamación: los Jayhawks venían con Mark Olson, que ha vuelto al grupo!!! “Uh-oh” –pensó servidor de ustedes, y no se equivocó. Entonces, yo no sé decir si su actuación fue buena o mala, solo sé decir que me resultó aburrida, y más comparándola con la predecesora de Wilco: plana, moña, sin lustre… Ni rastro de sus dos discos pop, aquello fue un frenesí de granero, corral y voces plañideras empastadas. Gary Louris (“el bueno de Jayhawks”) apenas brilló, y el repertorio a mí me aburrió, salvo “Blue” y su versión de “Bad Time”.

Los varios eruditos de Jayhawks que me acompañaban sí dieron el visto bueno al concierto (aunque hubo gente que, en señal de protesta por tanto country se dio la vuelta y le dio la espalda al grupo durante un buen rato), por ellos sé que sonaron “Take Me With You (When You Go)”, “Wichita”, y casi todo el Tomorrow the Green Grass (1995): aparte las dos del párrafo anterior, “I’d Run Away”, “Miss Williams’ Guitar”, “Two Hearts”, “Real Life”, “Over My Shoulder”, “See Him On the Street”… y también un tema inédito titulado, precisamente, “Tomorrow the Green Grass”.


Para mi desgracia, el concierto de Jayhawks se solapaba con el de Lori Meyers, pero claro, a los de Granada era la sexta vez que los veía en directo. Solo llegué a ver la recta final de su actuación, pero bastó para dejarme buen sabor de boca pop tras la atrocidad de los alt. country. Alcancé a ver “El gallo ventrílocuo”, “Dilema”, “Luces de neón”, “La pequeña muerte”, “Viaje de estudios” y “Alta fidelidad”, suficientérrimas para refrendar que, hoy por hoy, Lori Meyers conforman la aristocracia del espíritu indie. Conclusión: como diría mi madre, “tú es que siempre vas a los mejores conciertos, hijo, todo imprescindible y fundamental” –pues claro, si no no iría!

jueves, 28 de mayo de 2009

Un día perfecto en Cosica


El buen Lou Reed lo cantó con la desgana que le caracterizaba: “No es más que un día perfecto, beber sangría en el parque, dar de comer a los animales en el zoo y luego una película también”. Pues así me sentí yo ayer más o menos, aunque ni bebí sangría en el parque (yo no hago esas cosas), ni alimenté a ningún animal (no quiero chistes) ni vi ninguna película. Pero tuve experiencias interesantes, algunas irrepetibles, eché unas risas de campeonato –de Europa- y me quedé ronco cantando.

¿Qué fuiste, Porerror, a un concierto? No señora, en todo caso a un recital de la Vida, con mayúsculas, que diría un cursi (nunca yo). Mi día empezó trabajando honradamente, que no hay cosa más bonita, salvo quizás ganar dinero honradamente sin trabajar. “Otro día, otro dólar”, reza un proverbio yanqui. Tras mi jornada, confirmé la noticia de que venía a verme a Cosica un amigo pelirrojo. Corrí a mi casa a adecentarla un poco (¿estáis familiarizados con la metáfora “ratones de pelusa”?), y tras fregonchear como la Ratita Presumida me dispuse a cocinar para mi amigo.



Mi colega llegó ya empezado el telediario de Antena 3, que a la sazón hablaba de no sé qué partido de fútbol que creo que había ayer. La comida estaba asquerosa: salada como los perros. Mis horas de esfuerzo (Mercadona mediante) a los fogones resultaron un estrepitoso fracaso, empiezo a preocuparme. “¿Cómo se te ocurre echarle sal Y AVECREM?” Yo qué sé, amigos, dejad de gritarme… A mi amigo al final lo que más le gustó fueron las esponjitas congeladas con chocolate negro del postre, y el Rioja que ingerimos en cantidades inmoderadas.

El café que íbamos a echar se convirtió en una sesión de pseudokaraoke de más de tres horas (jamás vi a mis vecinos tan contentos, pero, hey! yo al menos rebuzno en horas cristianas de sol, no como los simpáticos burritos-despertadores de mi calle). Desvariando llegamos a la conclusión de que la música es lo que más capacidad tiene para evocar los recuerdos, ni magdalenas (que dirían Proust y Daniel Ruiz) ni leche migada. Cantamos por Wilco, Jayhawks, Neil Young, Pearl Jam, Black Crowes, Black Sabbath, Bowie, Lori Meyers, Sidonie, La Habitación Roja… a Lou Reed lo llamamos pero estaba bebiendo sangría en el parque y no quiso venirse. Y luego llegamos a Maga, punto y aparte.


A eso de las ocho de la tarde mi amigo se tenía que ir, pero ya me estaba llamando uno de mis compis de trabajo cosiqueses, desde su piso, indignado. “¿No íbais a venir a mi casa a ver la previa del partido?” Oír esto y ponerme la camiseta blaugrana fue todo uno [Por cierto que aprovecho para desmentir esos rumores de que circulan por Facebook fotos mías con la camiseta del Barça leyendo El País. Cuando todo el globo sabe que yo solo leo el ABC, El Mundo y La Razón].

Lo que vino después… se me quedan cortos los sufijos aumentativos en vuestro idioma: locurón, aventurón, la flipada padre… PRETTY F**KING AMAZING! Mi dulce e inocente mente no estaba preparada para la inmensa ola de alegría y respeto que invadió el pueblo de Cosica cuando EL BARÇA SE ALZÓ CON SU TERCERA COPA DE EUROPA y TERCER TÍTULO DE LA TEMPORADA. He de confesar que durante el partido (que vimos en un bar que frecuentamos) llegué a tener las pulsaciones a 120. ¿Serían los caracoles? ¿El tinto con naranja? Todo se relajó cuando el buen Messi marcó ese golazo de cabeza suspendido en el aire, volando, “la cabeza de Dios” (Daily Mail dixit), que parecía directamente sacado de un partido de Oliver y Benji.


Tras el partido, el frenesí: caravana de decenas de vehículos pitando por las calles de Cosica, con banderas, bufandas, trompetas y gritos de desafuero, petardos y coheticos (delante de la Plaza de la Virgen, of course)… incluso he oído decir que un grupo de golfos se dedicó a hacer botellona en medio de la calle para celebrarlo (un miércoles, a esas horas…). Yo no sé mis compis y yo a qué hora acabaríamos: en el Canal Plus del bar hacía rato que estaban poniendo Shine a Light de Scorsese y los Rolling, mientras un amable señor con un megáfono se dedicaba a destrozar lo que quedaba de nuestros tímpanos con sus consignas pro-Barça y anti-Florentino. Os juro que por unos instantes barajé hacerme del Real Madrid.

Yo no sé a qué hora acabaríamos, pero mi maltrecho cerebro sí que lo ha sabido esta mañana cuando ha sonado el despertador a las siete en punto. Y ya me pregunto, recordando al buen Quique González, si “cada día puede ser un gran día, pero hay días más grandes todavía”, ¿qué sorpresas me deparará el destino hoy? ¿Acaso me haré fan de Miguel Bosé? ¿Empezaré a ver Cuatro?

“It’s such a perfect day…”
 
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