Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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jueves, 24 de septiembre de 2009

El catenaccio del amor


-“Cuando paso por el puente Triana,
contigo vida mía, Triana,
contigo vida mía,
con mirarte solamente, Triana,
me muero de alegría”

(Manuel Pareja Obregón)





Bueno, bueno, bueno! Por petición popular, intervengo en un tema sobre el que a priori no pensaba hablar, pero los últimos acontecimientos me han hecho cambiar de opinión. Voy a hablar (y a opinar) sobre Triana, un conocido barrio de Sevilla sobre el que todo el mundo se siente con derecho a sentar cátedra, cuando pocos son los realmente oriundos de allí.

Será que el otro día la nombraron en Sálvame, pero el caso es que tengo ganitas de parafrasear a Jane Austen, en concreto el comienzo de su novela más famosa, y exclamar que “es una verdad universalmente reconocida que algo que aparece en el telediario de Antena 3 debe ser cierto”. Y el otro día allí se desayunaban con un hecho insólito: al parecer se ha puesto de moda que las parejas pongan candados en los barrotes del puente de Triana, una obra decimonónica de piedra y hierro que es Monumento Nacional. Las parejas ponen estos candados para sellar su amor, ¿motivo?: imitar lo que se hace en Roma en el Puente Milvio.


Esta moda o costumbre se ha generalizado a raíz de su aparición en las novelas del escritor Federico Moccia, si la pareja cierra el candado y tira la llave al río, ese amor nunca se romperá. Pero esto –que sin duda se ha disparado en Roma y otros lugares debido a los libros- no es nuevo. Ya se hacía hace años en el Ponte Vecchio de Florencia, yo lo he visto en farolas y puentes de Nápoles y estoy seguro que Fede Moccia lo sacó de la realidad. Hasta aquí todo bien: una extravagancia con tintes románticos que llama la atención por su popularidad.

La noticia subsidiaria viene cuando esto se hace en Sevilla, esa ciudad que tanto gusta de mirarse el ombligo y que, cual Narciso, corre el riesgo de morir ahogada en su propio ensimismamiento. Sevilla, la muy Noble, la muy Leal, la Ciudad de las Personas, la Ciudad del Deporte, la Ciudad de la Música, la Ciudad de la Movilidad Sostenible… menos mal que para contrarrestar todas estas patochadas del Alcalde existe en la otra orilla del Guadalquivir el barrio de Triana.


Pero hete aquí que los trianeros, antaño marineros, artistas, flamencos, toreros, buscavidas, ahora gente trabajadora pero siempre un poquito heterodoxa, no acaban de ver bien la dichosita costumbre de los candados, se van en este asunto de conservadores. Que si afea el patrimonio… que si es un injurión… que por qué van a tener que arraigar aquí las costumbres italianas… eso lo dicen los mismo que luego van a comer al restaurante San Marco de la calle Betis (un italiano del barrio).

Yo personalmente –como no vivo en Triana ni en Sevilla soy un observador imparcial- no veo dónde está el problema. ¿Sevilla no era la patria de las innovaciones? ¿De los tranvías, del metro, de las setas gigantes? Sinceramente me pregunto: ¿qué daño hacen los jodidos candados? Lo que más me ha chocado ha sido que en Sevilla es proverbial el ojo para el negocio del turismo, y en esto los sevillanos son maestros en inventar tradiciones postizas. A un pavo se le ocurre una tapa de chanquetes fritos, u otro espabilado pergeña mezclar el Seven Up con manzanilla, y ya son tradiciones de toda la vida, mi arma!

Por eso me sorprende tanto la oposición de los autóctonos (que ha salido en prensa, que ha movido al Ayuntamiento a retirar los candados del puente: cuando al Ayuntamiento de Sevilla le suda la polla lo que digan los ciudadanos), pese a que podríamos encontrarnos ante el nacimiento de una nueva “costumbre de toda la vida” en Sevilla. El sector de las ferreterías ya se estaba frotando las manos. Sevilla, la Ciudad del amor (“Y jugar a ser paloma que cruza Triana” –Arturo Pareja Obregón; “Me enamoraré de una niña de Triana” –Siempre Así; “Desde la India a Triana/ desde Triana a Sevilla” –Pata Negra;“El corazón que a Triana va, nunca volverá” –Papito Bosé…)


También me ha chocado un montón –no lo voy a negar- que varios amigos míos nacidos o residentes en Sevilla y Triana se hayan opuesto virulentamente al tema de los candados. Sobre todo porque es gente bastante moderna y progresista en un montón de temas estéticos y culturales. La verdad es que no logro entenderlo. ¿Que se trata de una chorrada? No os quepa la menor duda, pero aún no alcanzo a ver el perjuicio que ocasiona (como para secundar campañas anti-candado en Facebook), mientras que sí veo parte del beneficio: consolidación de Sevilla como destino de turismo romántico, enriquecimiento de las absurdas tradiciones de la ciudad, etc.

Por otra parte, considero positivo el hecho de que, por una vez, en Sevilla se haga algo inspirado por un libro que no sea la Biblia o Carmen de Merimé. Menos mal que tengo otro amigo que sí está a favor, lo veré pronto, y promete llevar candados en la mochila. Yo, ni tengo pareja ni voy a ir a Triana próximamente, pero le pediré que ponga uno en el puente por mí.

miércoles, 17 de junio de 2009

Canción de amor a una salagartija


(Que me perdone el maldito G.A. Bécquer, esté dónde esté)




Hace tiempo que venía queriendo escribir un post sobre San Francisco. ¡Qué bonita ciudad, eh, Porerror? Y además allí inventaron los pantalones vaqueros… No la ciudad, señora, sino el santo del siglo XIII que le da nombre. ¿Motivo? Salvo que no me ha dado por la pobreza ni por predicar el Evangelio, mi vida aquí en Cosica se asemeja cada vez más a la del santo de Asís. Todo el día entre animales. A los hermanos insectos y arácnidos que mencioné en el test del Facebook, a mis hermanos los perros, a los caballitos, a los ponis, a mis hermanos burros, a los leones del circo… he de añadir ahora una nueva compañera.


Obviamente, no os lo he contado todo sobre mi vida aquí: la realidad es que no vivo solo. Tengo una pretendía a la que conocí hace dos semanas. Espero que el buen Bohemio no se me ponga celosón, pero eso es así. Mi nueva compañera de piso se llama Diana, en homenaje a la mítica malvada de la serie V (personaje que, por cierto, Daniel Ruiz declaró musa del palotismo infantojuvenil). Digamos que ambas tienen la piel verde y que a las dos les puede pasar que les digan que son unas auténticas “lagartas”.

Paso a contaros cómo nos conocimos. Del salón en el ángulo oscuro, de su dueño tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo veíase a la criatura. Una bonita ¿lagartija? ¿salamanquesa? (mis colegas, aún menos zoólogos que yo, no se pusieron de acuerdo)….. optaré por llamarla salagartija, término híbrido que me aseguran es de uso frecuente en Sevilla, y que me agrada en demasía. La salagartija mostrose de primera hora un punto tímida, pero enseguidita cogió confianza. ¿Cómo te llamas? Diana, me contestó con esa voz de puta, de reptil, que me tiene el seso sorbido. ¿Estudias o trabajas? Estudio la manera de meterme en tu casa. Duras palabras, amigos, pero qué queréis, ella era una salagartija, yo un pobre inquilino con un caserón lleno de insectos, she wanted in, se llamaba Diana y ya estaba dentro.



Esto sucedió exactamente hace quince días, el martes 2 de junio (algunos lectores recordarán que se lo conté por MSN Messenger). Ha pasado poco tiempo, lo sé, pero a día de hoy Diana y yo somos inseparables. No me admira su correteo por la casa, aunque de dos semanas, me admiró su cariño mucho más: porque lo que hay en mí que vale algo, eso… ni lo ha podido sospechar! A veces Diana se esconde en el patio de luces para gastarme una bromita, y amaga con entrar por la ventana de mi dormitorio para desordenar mis ya de por sí revueltas noches cosiquesas. A veces hace como Dino el de Los Picapiedra, y sale a recibirme nada más me oye llegar del trabajo, contentísima, meneando la colita… bueno, eso no... lo confieso, creo que debería contaros algo.

¿Sabéis lo que nos decían en el colegio de que si a un bichito de estos se le cortaba la cola esta seguía viva serpenteando independientemente del cuerpo, el cual se regeneraba y la cola volvía a crecer? Pues es todo verdad. Resulta que un día mi Diana, que es tan juguetona, se acercó a darme una sorpresa al sofá donde yo estaba, y, en un mal gesto (absolutamente por error) le corté la cola de un escobazo. La cola sigue ahí en el patio, por si queréis verla, aunque ya no se mueve. Diana aquel día se molestó un poco y no quiso más mimos, pero a la mañana siguiente ya estaba remoloneando una vez más por entre las románticas bombonas de butano. Su colita era verde, y si en su fondo, como un punto de luz radia una idea, me parece en el cielo de la tarde una perdida estrella.


Pero cola o no cola ella sigue igual de juguetona, se pasea a sus anchas por la casa, como enseñoreándose, como tomando posesión de ella. Hoy ha habido una escena muy bonita con Diana, de pura ternura. Al llegar del trabajo no la he visto. Me he ido a cambiar (directamente ya vivo en bañador, amigos), he entrado a la cocina para poner en el microondas mi filete de panga y sus moscas, y al salir ella ha querido darme una sorpresa, que tanto le gustan. Yo he dado un respingo, de pura alegría, (aproximadamente el mismo que di anoche cuando, a las dos y media de la mañana me encontré al hermano pitbull, suelto, en una plaza de Cosica) y ella ha echado a correr por el salón en un sabroso “corre que te pillo”.

Qué batalla campal del amor, amigos, qué frenesí de lo físico! Hasta los muebles hemos tenido que cambiar de sitio. Por un segundo creí que la perdía, no sabía dónde andaría escondida. He ido a darle lo suyo y lo de su prima escoba en mano y es entonces cuando -otra vez del salón en un ángulo oscuro- ya la he visto. La he visto… la he visto y me ha mirado: hoy creo en Dios.

jueves, 21 de mayo de 2009

Últimas locuras: Los tests de Facebook


-“Me tuvieron muchos años rellenando cuestionarios”
(José Ignacio Lapido)




¡Bueno, bueno, bueno! Locurón… locurón. Ayer vi el post de un colega en su Muro de Facebook en el que decía: “Va en serio: a los amigos que hagan muchos tests los voy a ocultar”. Pues bien, amigo, nos vemos por ahí (no en Facebook), porque lo que es un servidor no se va a privar de seguir haciéndolos: ¡los tests son lo mejor de Facebook!

No: lo mejor de Facebook si te parece va a ser enterarte de que se ha casado una amiga del colegio a la que hace quince años que no ves. O que un colega tuyo cuelgue una foto de hace 10 años en la que sales tú borracho con cara de mongolo (y te etiqueten con tu nombre). O que te manden como regalo “virtual” una cajita de bombones virtuales. ¡NO! Lo mejor de, la crema de, lo máximo del Caralibro son sus bizarros y divertidísimos tests.


Yo empecé tímidamente: ¿Cuán británico eres? (Me salió Bloody British, el máximo, y por poco me suicido), ¿Qué filósofo griego eres? (Platón), ¿Qué filósofo alemán? (Heidegger), ¿Cuánto durarías vivo en una peli de miedo adolescente? (50%). Luego la cosa empezó a írseme de las manos. ¿Qué cubata eres? (Brandy-… en la vida, compadre), ¿Qué chuchería eres? (Platanito)… ¿estamos locos?

Clásicos son ya los de pelis tipo ¿Qué personaje de El Padrino eres? (Michael Corleone) –o ¿Qué personaje de El Señor de los Anillos?, que me niego a hacer-, o los históricos: ¿Qué escritor podría haberte creado como personaje? (Oscar Wilde), ¿Qué movimiento artístico eres? (Surrealismo), ¿Qué personaje histórico eres? (Sigmund Freud). También los hay pseudopsicológicos, aunque de estos soy menos amigo: ¿Cuál es tu tipo de inteligencia? (Verbal-lingüística), ¿Qué tipo de personalidad eres? (Reformista)... en verdad los que más molan son los que hacen gracia. Mientras más rebuscado mejor.


Mi favorito hasta ayer era ¿Qué enzima del Ciclo de Krebs eres?, y habéis de saber que a mí me salió la Aconitasa (whatever that means). Para qué preguntar ¿Qué color te define? o ¿Qué estación del año eres? pudiendo averiguar mejor ¿Qué clase de choni...? o ¿Qué frase de Carmen de Mairena eres? Y digo yo que si Facebook dice que soy Nuria Bermúdez, la choni con clase o no sé qué frase de la Mairena que incluye la palabra “coño”… tendrán razón, porque ellos han estudiado, ¿no? Casi siempre aciertan, por ejemplo, hice ¿Qué barrio de Miciudad eres? y me salió uno en el que he vivido durante 25 años.

¿Quién diseña estos tests? ¿Genios de la psicología? ¿Lumbreras de las revistas tipo Cosmopolitan? ¿Mesías de los Recursos Humanos? Más bien gente con tiempo libre, me temo. Yo mismo he diseñado un par de ellos, el último con gran éxito de crítica y público: ¿Qué bicho de la casa de Porerror en Cosica eres? Y te puede salir Hormiga roja cocinera, Hormiga shica de cuarto de baño, Abejorro que se cuela cuando ventilo, Mosca clásica de la hora de la siesta o Araña tímida de pasillo (que por cierto todavía no le ha salido a nadie).


Dos de los mejores que he rellenado últimamente son ¿Qué fuiste en una vida anterior? (una amiga se quejaba el otro día de que le había salido Un calcetín, pues xula, a mí me ha salido Un pretzel: no sé yo qué es peor) y ¿Qué cosas absurdas te gustan que tú no sabes y que gracias a este test sabrás?, con el emocionante resultado de Girar sobre ti mismo delante de la sección de pan de los hipers.

Pero ayer ya fue el acabose, cuando el Grillo Solitario (ya sabéis, el negrata, el peligroso, el mafioso…) se sacó de la manga el seminal test ¿Hasta qué punto eres una estatua verde? Con preguntas y respuestas que ni yo mismo las hubiera diseñado más certeras. Menos mal que me salió que era Una estatua color verde óxido sobre el techo de Notre Dame, porque si no dejo el blog y me dedico al punto de cruz…


lunes, 4 de mayo de 2009

Está bonita Sevilla, la jodía


“¿Qué sería de nosotros los astronautas si no nos dijeran los astrólogos o los astrónomos cómo son las cosas?”
-Alfredo Sánchez Monteseirín, alcalde de Sevilla







Una lectora clásica de Estatuas Verdes (que se identifique ella si quiere) deja un mensaje conmovedor en su perfil de Facebook, que reza tal que así. “Sevilla empieza a ser una ciudad en condiciones!” La verdad es que hoy tenía pensado escribir sobre otra cosa, pero también es verdad que he estado últimamente en Sevilla varias veces y ya tenía ganas de escribir alguna cosilla sobre lo que se está cociendo en la “muy noble, muy leal, muy etc” ciudad.

“Quien no ha visto Sevilla no ha visto maravilla”, dice un antiguo adagio favorito mío, y a tenor de lo que se está viendo últimamente, va a haber que darle la razón. Lo primero que hice cuando puse el pie en la capital andaluza fue preguntar en dónde estaba la calle Pilar Bardem, a la que insoslayablemente quería rendir tributo. Grande fue el chasco cuando se me informó de que la tal calle todavía no existe, aún no le cambian el nombre a otra que hay para ponérselo a la gran mujer. Transité por las pocas calles que quedan en Sevilla sin peatonalizar, y tengo que decir que la ciudad está preciosa.


Lamentablemente, todo lo que hay bonito en Sevilla tiene al menos 200 años de antigüedad, con lo que no parece de recibo atribuirle el mérito a la PSOE. Del buen tiempo y la luz primaveral, pues parece que tampoco. Confieso que la otra razón poderosa que me ha movido hoy a escribir este post es que en el anterior se ha dignado a dejar un comentario (muy certero) el actual alcalde de Sevilla. Signor Monteseirín es de siempre un ídolo mío, el calibre de sus ocurrencias daría para varias Celebrities: ¿soy el único que recuerda que en el año 2000 dijo que iba a convertir Sevilla en la Las Vegas de Europa? A lo mejor se estaba refiriendo al poblado chabolista de Las Vegas, que desde luego está ahí.

Caminando por Sevilla me siento un Melendi de la vida: me entero de que el centro de la ciudad lo gobierna Izquierda Unida, y me llama la atención que es el único distrito en que mi vida no corre constante peligro (hablaré de esto más tarde). Tampoco me voy a ir aquí de zumbón: la deresha gobernó Sevilla durante un par de mandatos hace una década y tampoco hizo nada por la ciudad. Pero soy injusto, el mérito de Signor Monteseirín no se lo da su filiación política sino que es algo innato, genético. Las únicas siglas que trazan los designios de Don Monte son ADN. Tamaño nivel de genialidad no se improvisa ni se estudia.


Monto en el Metro, flamante metro que hoy por hoy es un Centímetro pero que verdaderamente cuando esté acabado va a ser la bomba para esta ciudad. Me deslumbra la tupidísima red de carril bici, excavada a base de quitarle acera a los peatones, pero who’s counting? El sistema de préstamo de bicis tiene en Sevilla un éxito increíble. Incluso han colocado en ciertas intersecciones un sistema de semáforos que no se entiende nada, pero que queda precioso. Mis contactos sevillanos me urgen a que me saque el bono y también haga yo uso de esas bicicletas, pero pienso que total, para el tiempo que voy a estar en la ciudad del Guadalquivir…

Esa no es la razón de negarme, a vosotros os lo puedo contar. La razón es que no quiero convertirme en un ASESINO, como los centenares de biciclistas que transitan por las anteriormente-conocidas-como-aceras. Sufro diversos atentados mientras camino por Sevilla, los ciclistas me arrollan, y encima se enfadan (será porque no han acabado con mi vida). Hay que decir en su defensa que peatones y conductores hacen caso omiso de la nueva señalización del carril bici, acaso por falta de costumbre, pero no seré yo quien lo diga.


Después me llevan a varias plazas emblemáticas del centro (único distrito que parece libre de la tiranía de los ciclistas), recientemente peatonalizadas: admito que mola que no haya coches, pero su acabado deja bastante que desear. Sevilla-cateta, Sevilla-pueblo, Sevilla-ojete. Y no lo digo yo, lo dicen mis amigos arquitectos, y ellos han estudiado, ¿no? Me comentan también que el alcalde quiere peatonalizar la calle principal del barrio de la Pantoja y Fran Rivera, una de las vías comerciales de más éxito de la ciudad. Me parece bien, siempre y cuando también le cambie el nombre, claro.

Esta vez no me monto en el tranvía porque ya me monté en otra ocasión. Transita por una larga avenida recientemente peatonalizada también. Constato que en Sevilla hay FNAC: punto a favor. Veo la maravillosa Catedral, donde corren rumores de que el año que viene se casa una amiga del alma. Veo a los famosos gorrillas de los que siempre habla el telediario de Antena 3, veo con arrobo el termómetro de al lado de la Universidad donde siempre sacan en la tele que hace 45 grados en agosto, veo las ruinas aztecas…


En una palabra, amigos, todo maravilloso: como para quedarse a vivir.

domingo, 26 de abril de 2009

Reencuentros


Este ha sido para mí un fin de semana de ausencias y reencuentros. Ausencias por la gente importante que no ha estado a mi lado, algunos (ley de muerte) no podrán ya nunca estarlo. Otros por otras leyes, hay otras circunstancias: no os aburro. Me centro en los reencuentros.

Quisiera destacar a quien sí he visto, ha sido todo muy raro, como un sueño. No es cosa ahora de ponernos tristes, pero creo que la tarde del domingo y vosotros lectores me perdonaréis que incida un poco en la nostalgia. Amigos de la infancia –la más tierna- los compis de pupitre, rodilleras de pana, soldaditos de plástico verde de las Fuerzas Armadas alemanas, las risas, los bocatas… recuerdos comunes de profesores tonantes que no veían más allá de sus narices y pretendían controlar una clase de preadolescentes a base de pastillitas Juanola.

He visto a gente de esa época, y de un poquito más allá: la adolescencia. “Mis amigos de verdad”, los llamo en plan jocoso, en realidad tengo varios juegos de amigos de verdad, nunca me fallan. Lo cierto es que me han faltado pocos, aunque gente importante, pero ya habrá ocasión. A los que he visto los veo más o menos a menudo, no con tanta frecuencia como ellos o yo quisiéramos, pero pienso que con los tiempos que corren, mantener una (o dos) pandillas desde el insti es toda una hazaña.


Quedé también con un amigo antiguo, pero de los modernos: modernito. Es un buen compi de carrera al que la vida lleva por una vía paralela, debemos hacer auténticos esfuerzos por cruzarnos, mas siempre se consigue. Baste mirar a otros de aquella época de los que nunca sé nada, o un dato al año, para notar lo enorme de este logro.

También tuve ocasión de ver a gente con la que hablo mucho en estos medios: Messenger, blog, e-mail o por el Facebook, pero que en persona están -pese a vivir en mi misma ciudad- más lejos. He visto al amigo con el que quedo siempre, o bien a hacer deporte o a hacernos confidencias. He visto a esos amigos cuya principal forma de comunicación es quedar para comer (para algo está el gimnasio de Cosica), mejor dicho, para atracarse de comer. Otros son más de café, y de comprar discos, incluso los hay de bailoteo y gin-tonics.

He visto a mucha gente y doy las gracias, con algunos he hablado solo por teléfono, o me los he encontrado por la calle. A dos de mis mejores amigos (que veo poco) sé que los recuperaré esta semana. Y si por fin me da por acudir a esa famosa Feria de Sevilla, no han de faltarme otros amigos y conocidos cuya presencia allí es insoslayable. A todo el mundo gracias, las relaciones se van construyendo (y destruyendo) poquito a poco, de modo que conozco su importancia. Este fin de semana también he oído hablar de dos reuniones familiares y he sido testigo (cuasi partícipe) de otra muy bonita. Por eso sé lo que digo y lo que hablo, amigos, gracias: sois mi segunda familia.

martes, 20 de enero de 2009

Meet Jon Favreau


¿Conocéis a Jon Favreau? Pues tenéis trabajo, amigos, porque resulta que hay dos.

Esta mañana leo El País de ayer (a Cosica llega la prensa con un día de retraso, vous comprenez!) y me encuentro con un mini reportaje acerca de los discursos de Obama, que sin ser todavía históricos, ya le están granjeando mucha atención como orador. Para empezar, sus discursos han tenido una parte instrumental en la victoria electoral, durante toda la campaña, y en la noche de su victoria, Obama dejó a (casi) todo el mundo contento con lo que dijo.

Pienso que los americanos y el Mundo en general deben de estar contentos con un Presidente USA que cada vez que hable no suba el pan, para variar (tengo en mente ahora al Demonio, también llamado Bush hijo). Pero claro, cualquiera sabe que los políticos y las personalidades no escriben sus propios discursos y alocuciones, ni siquiera Fidel Castro (un inciso, ¿quién se los redactará a ese hombre? ¿Está dejando escapar Cuba un Premio Nobel de Literatura ahí?). El discurso de Navidad del Rey tampoco lo escribe el Rey, ni los del Príncipe, Zapatero, ministros, etc. Y Obama no iba a ser una excepción.

¿Quién se esconde, pues, tras Obama, el orador ilusionista y bien parecido? Leo en El País de ayer que a Obama le escribe los discursos Jon Favreau. ¿Cómo? ¿Jon Favreau? ¿El cineasta? ¿El actor de Friends –era el novio millonario de Monica- o Como en casa en ningún sitio (2008)? ¿El director de Iron Man (2008)? Por poco me da un patatus (así, sin tilde). Larga es la conexión entre cine y política en USA: presidente Reagan, gobernador Sorsenague, alcalde Clint Eastwood…. Ayer sin ir más lejos podíamos ver a Meryl Streep descotada o a Tom Hanks en el concierto-homenaje a Obama delante del Lincoln Memorial.


Pero la vida no podía ser tan bonita –ni tan bizarra-. Enseguida descubro que el Jon Favreau que le escribe a Obama los discursitos no es el mismo de las películas, es otro, pero no deja de ser una figura fascinante, de nuestro tiempo. Se trata de un chavalín de 27 años (repito: EL PAVO QUE LE ESCRIBE Y ESCRIBIRÁ LOS DISCURSOS AL PRESIDENTE USA ES UN CHAVAL DE 27 AÑOS). Un licenciado por una universidad jesuita, niño bonito que fue fichado por el equipo Obama en plan Cyrano de Bergerac. Aprendemos más cosas sobre él, escribe en los Starbucks, con un portátil (en la foto se le ve como el típico yanqui modelo “con camisa”) y es hiperfan de los videojuegos y el Facebook.

De hecho, el pavo tuvo problemas cuando Obama era enemigo de Hillary Clinton (ahora son coleguitas máximos: ella es la encargada de decirle dónde hay que tirar los misiles) porque unos amigos suyos colgaron en Facebook unas fotos suyas sin su consentimiento, y en una se veía a Jon Favreau cogiéndole la tetica a una figura de cartón de la Hillary. Tsk, tsk, tsk. Viene a reforzar la teoría de que hay que tener cuidadín con lo que nuestros amigos cuelgan en Facebook, ¿eh? He hablado de esto con varias personas en el último mes.


Leo en la noticia sobre Jon Favreau que estaba muy nervioso acerca del discurso de investidura de Obama, con todos los ojos del Mundo puestos sobre él. Recordemos, dice El País, “que en USA el discurso político tiene el rango de género literario”, y la verdad es que ahí están los discursos de F.D. Roosevelt, Kennedy o Martin Luther King, Jr. para atestiguarlo. También leo que (claro está) la noche electoral tenía escritos dos discursos, el que leyó Obama y otro de aceptación de la derrota. En el momento de escribir este post, el discurso de investidura de Obama ya ha sido pronunciado, pero yo no lo he podido ver ni escuchar. Mejor así, así escribo esto sin estar contaminado, yo me limito a augurarle lo mejor.


¿Cómo será eso de leer algo que ha escrito para ti otra persona? Debe sentirse uno con complejo de Monchito o Macario, ventriloquizado. En cualquier caso, prometo ponerme al día con este discurso de investidura en cuanto pueda, y prometo seguir atento a la carrera de este Jon Favreau. Y también a la del otro. ¿Qué oigo? ¿Iron Man 2 para el 2010? ¡Oroooooooooo!
 
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