Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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lunes, 20 de abril de 2009

Explico algunas cosas


“Cosica es una familia”
-Juanma, futuro alcalde de Cosica





Hoy le robo el título al buen Migue (otro bloguero perezoso), quien a su vez se lo robó a Pablo Neruda, el padrino de Estatuas Verdes. El buen Neruda dejó escritas unas memorias que por famoso título llevaban Confieso que he vivido (1974). ¿Me atreveré a hacer el chiste más manido de la historia y decir yo ahora aquí (a modo de homenaje) “Confieso que he bebido”? Pues ya lo acabo de decir, aunque en el título del post no me he atrevido a ponerlo para no resultar demasiado destroyer.

Por petición popular (y esta vez es verdad) vuelven las estatuas más famosas de la blogosfera. He recibido amenazas de varios tipos por parte de mis lectores, acerca del silencio de Porerror. Unos mensajes eran más o menos conciliadores, otros eran en plan “Escribe, cabrón!”, en fin, el motivo de llevar tantos días sin poner un post ha sido una mezcla de ocio y trabajo. La verdad es que durante la Semana Santa he estado por ahí, en un viaje que me ha dado materia para varios posts que ya irán apareciendo. Por ahora baste decir que he visto muuuuuuy de cerca las “estatuas verdes sobre el techo de Notre Dame” (Una emosión…. una cosa….. ya me entendéis…).


Luego, el curro me ha dado bastantes quebraderos de cabeza: ya sabéis, reuniones, burocracia, sandeces varias a las que ha habido que añadir la organización de un viaje de trabajo que el jueves pasado me llevó al extranjero, nada menos que a Gibraltar. Por cierto que, ¿os acordáis del documental frikanco aquel sobre la 2ª Guerra Mundial a cuyo rodaje asistí hace un año? Pues no veáis cómo están allí las tiendas vendiéndolo en DVD…

A medio camino entre el ocio y el neg-ocio se encuentra el pueblo de Cosica, como bien sabéis. ¡Porerror! ¿Cómo es que ya nunca hablas de Cosica? Pues a lo mejor es porque me he integrado aquí, señora, y ya no tengo nada jocoso ni gracioso que decir. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJJA!!!!!!!! ¿Se imagináis? Es solo que ya no hace frío, y ya el critiqueo ha perdido su encanto, porque estoy a gusto. Salvo que este fin de semana pasado el frío ha vuelto, y yo vuelvo a escribir del pueblo. Coincidiendo con las fiestas patronales, este viernes, sábado y domingo se ha obrado un auténtico mirlo blanco: me he quedado aquí, he renunciado a volverme a Miciudad.


Las fiestas de Cosica funcionan tal que así: un día se traen a la Virgen de una ermita cercana al pueblo, a la semana se celebra aquí gran procesión con gran jolgorio y a la siguiente se vuelven a llevar a la Virgen hasta el año que viene. Como en toda España, amigo. No lo pongo en duda, pero es que yo siempre he sido más de semáforo y paso de cebra que de romería en burro, señora. Pues este finde pasado ha sido el de la procesión y el jolgorio, un par de compis de trabajo tenían previsto quedarse y me han metido el veneno en el cuerpo. Entre mis amigos la convocatoria no ha tenido mucho éxito (por no decir ninguno), pero estos compañeros se han traído cada uno un pandillón.

Así que no nos ha faltado jolgorio, cante por flamenqueo, por carnavales o por rock alternativo, disquisiciones sobre Fernando Alonso o Stanley Kubrick, y hemos acabado con las existencias de ginebra Tanqueray del pueblo. Parecía que ginebra solo bebía yo… pero solo lo parecía. La carne de cochino negro (para vosotros, “cerdo ibérico”) me sale ahora por las orejas, y he comprobado con agrado que mis desvelos por Cosica y todo mi cariño han sido recompensados con creces. Numerosos clientes y proveedores del trabajo me han reconocido y saludado, con gesto de aprobación al comprobar cómo Porerror se había quedado a ver a su Virgen, ¡y nada menos que de chaqueta y corbata!


Como comprenderéis, fotos del finde no puedo poner (imaginaos si no: esto se convertiría en la nueva Taormina y perdería su encanto) pero si os digo los nombres Luis García Berlanga y Paco Martínez Soria creo que podéis haceros una idea bastante buena. Ah, Amanece que no es poco (1988) es otra película que vendría muy bien para entender estas fiestas, y también Blow (2001), ya que digamos que las “lonchas” más solicitadas en Cosica estos días no eran precisamente las de chopped

Mi única droga es la carne de cochino negro (bueno, y la ginebra), la fiesta era lo bastante divertida por sí sola, y tengo que admitir que me ha gustado mucho quedarme. He andado un poco estresado: ya sabéis, planchar una camisa, sacarle brillo a los zapatos “duros”, alternar con unos y con otros… nada más os doy el dato de que la procesión del domingo pasa ante la puerta de mi casa… demasiada responsabilidad. Por eso perdonad si en estos días alguno me habéis llamado y no os he cogido el teléfono.

Hoy, después del subidón de ayer, en que hay que admitir que había más gente de la que nuestro exiguo casco urbano podía admitir, Cosica volvía a parecer un pueblo fantasma. No he conseguido esta mañana ni que me pongan en un bar una tostada. Porque hoy, tras el fiestón de ayer, en Cosica era fiesta local y no se trabajaba. ¿O qué pensabais? ¡Hasta ahí podía haber llegado la broma!

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Barceló: el burlador que fizo el paño


“Yo so çiego, o vos desnuyo ides”.
-Don Juan Manuel




Agradecido y emocionado, como decía Lina Morgan en la canción, por vuestra cálida respuesta de ayer, regreso a esto de dar el callo con el post diario. Y hoy lo hago con ganas porque voy a tratar un tema que cuando llegó a mis oídos juré que no iba a hablar de él aquí. Pero como soy tan jodidamente influenciable, y más por la prensa, al final la presión mediática ha podido más. Me estoy refiriendo a la novena maravilla del mundo, lo mejor desde el chicle de canela, amigos: la cúpula que Miquel Barceló ha perpetrado en la sede de la ONU en Ginebra.

La hemos pagado usted y yo, al menos en parte, y eso parece que nos da un cierto derecho a opinar. No voy a entrar en la polémica politicoide de la financiación, eso me da igual. No me da igual, pero no es el objeto de este post. Hoy me apetece hacer un poquito de demagogia a costa del arte moderno. ¿Habéis visto la obra? El OBRÓN, diría más bien. Pues pienso que se explica sola. A menos que seamos Dámaso Alonso, no debemos caer en la tentación de explicar las obras de arte como si estuviésemos interpretándolas con una clave cifrada.



Pero ahora viene Miquel Barceló y se pone a explicarnos que su “criatura” es un mar-cueva (¡Acabáramos!): una absoluta unión de contrarios surgida de unas experiencias alucinatorias que el hombre tuvo con espejismos en el desierto. Vaya por delante que admiro muchísimo a Miquel Barceló (prefiero a su hermano, el del ron, pero eso es otro tema). Y lo admiro no por su obra, que me parece espantosa, sino por ser capaz de cobrar 20 millones de lerus por decorar un techo a gotelé.

“La Capilla Sixtina del siglo XXI” no sé, ahora, la mayor socaliña de dinero desde el que inventó lo de echar moneditas en las fuentes. He estado investigando y veo que el litro de Titanlux ronda los 25-30 euros. Este pavo ha usado 35 toneladas de pintura, teniendo en cuenta el peso específico (1l no pesa 1 kg) y haciendo una cuenta penca pero generosa, la broma ha costado unos 150.000 €. Pongamos el doble. Pongamos diez veces el doble, entre andamios, gafas de protección y lo que sea. ¿A cuánto podría ascender la cosa, a 3 millones de euros? El truco está en que “la mano de obra” del artista sale entonces por 17 millones de euros, no está mal, ¿eh? Se cotiza bien el chaval.


Ahora es el momento de que todos penséis: “¡Qué ingenuo, Porerror! El valor del arte es incalculable”. El valor, que no el precio, que se calcula diariamente en millones de transacciones. Leí por ahí que la demagogia residía en pensar que molaba más Van Gogh muriéndose de hambre que Barceló embolsándose estos trillones por su sublime creación. No podría estar más en desacuerdo: a mí me mola mucho más lo de Barceló, en eso estriba su genialidad: ¡qué cojones, es mi ídolo!

Ay, Miquel, truhán… a mí me da la impresión de que tú lo que estás es haciendo méritos para que te saquen de “Celebrity” en la tercera temporada de Muchachada Nuí.

Antes de que me tachéis de indocumentado os contaré que no soy de los que suelen despreciar el arte contemporáneo (sobre todo el abstracto) con un “Eso lo pinta igual mi sobrino de seis años”. Mis artes favoritos son el medieval y el del siglo XX y dos de los pintores que más admiro son Jackson Pollock y Mark Rothko: no cabe mayores autores de “mamarrachos” en el sentido convencional.



“Doctores tiene la Iglesia” del Arte para dar su dictamen sobre si la cúpula esa es una obra de mérito o no. Según Carlos Herrera, nosotros no lo vamos a ver, pero dentro de 50 años aquello se valorará como la Gran Cosa (y lo decía sin ironía, ¿eh? creo que andaba mareado). Yo desde mi ignorancia pienso que aquí encontramos un clarísimo caso de “El traje nuevo del emperador”. Conocéis el cuento, ¿no? Hasta Sinéad O’Connor sacó un single con ese título (no siempre estaba rompiendo fotos del Papa). Creo que se trata de una historia oriental recopilada por Hans Christian Andersen, aunque yo prefiero las versiones patrias, como El retablo de las maravillas de Cervantes o el exemplo de El Conde Lucanor (siglo XIV) “De lo que contesçió a un rey con los burladores que fizieron el paño”.

Se supone que, quien no ve la maravilla del retablo o la exquisitez del traje nuevo del emperador es un cornudo, un malnacido, un judío converso o un hideputa. En el cuento de Don Juan Manuel, solo un negro (un paria, sin nada que perder) tiene los huevos de desenmascarar que el rey no lleva ropa… ¿será Barack Obama el destinado a denunciar que la cúpula de Barceló es una puta mierda?

miércoles, 28 de mayo de 2008

Oda al gin tonic



“El gin tonic ha salvado más vidas y mentes de gente inglesa que todos los doctores del país”
(Sir Winston Churchill)




Hoy un amigo me ha hecho una canallada. Me ha recordado el disco Definitely Maybe (1994) de Oasis, y no he tenido más remedio que ir corriendo a escucharlo. En él me he topado con esa enorme canción que es “Supersonic” (si hubiese estadísticas en las cuerdas vocales como las hay en el iTunes, esta saldría sin lugar a dudas entre mis “25 más cantadas”). En “Supersonic” se dice “I’m feeling supersonic, give me gin and tonic”, qué rima, señores, digna de… ¿Gloria Fuertes? Sospecho que los Oasis precisaban de algo más que de un cóctel de tónica y ginebra para ponerse supersónicos, pero valga el tributo lírico a tan humilde aunque noble bebida.

Menos popular que el ron o el whisky con coca-cola, el gin tonic es un combinado al que me doy cuenta de que se llega con la edad, el entendimiento y la prudencia. En otras palabras, es una bebida de gente con criterio. ¿Para puretas, dirán algunos? Pues llámame pureta y échame en un vaso grande un tercio de ginebra y dos de agua tónica, y ponle una rodajita de limón. Desde que bebo (con moderación siempre, ¿eh?) este néctar, jamás me he sentido mal, lo que no puedo decir con otras bebidas espirituosas. Yo era muy de vodka, llegué a tener una dirección de email que era algo así como “Stolichnaya con naranja” pero vi que mis amigos bebían gin tonic, me decidí a probarlo, y hasta ahora.

Mi marca favorita de ginebra es Tanqueray, muchos creen que es porque la nombra Amy Winehouse en su canción “You Know I’m No Good”, pero lo cierto es que la verdadera razón es que me la recomendó un primo de mi novia en su boda. La Bombay Sapphire tampoco es que esté mal, precisamente (hasta Carlos Herrera le dedicó un artículo en El Semanal), y últimamente exigencias del guión me han hecho probar la Gordon’s. Vilipendiado por ello (curiosamente, por gente que no bebe ginebra), constato que esta barata marca está bastante rica y no deja resaca.


La ginebra debe ser algo así como una medicina, lo sabía Curchill y ahí teníamos a esa Reina Madre británica, conservada en ginebra hasta sus últimos días. He leído también que en la época del Imperio Británico se utilizó como remedio contra la malaria (por la quinina del refresco, supongo), lo cual no dudo; de lo que dudo es de la efectividad de dicho remedio. Yo que soy tan de cosas británicas, he llegado tarde a esta bebida, solo superada en el corazón de los ingleses por la cerveza.

No sé qué glamour tendrá o dejará de tener, yo solo constato su presencia en el mundo de la literatura, la música pop, el cine. Valga el ejemplo de la citada canción de Oasis y otras como “El auténtico gin-tonic” de La Costa Brava o “Mi gin tonic” de Andrés Calamaro. Ahí queda para la posteridad la novela Finalmusik (2007), con ese personaje de la professoressa de Semiótica que lo mismo te mezclaba teorías literarias en un libro que un gin tonic cojonudo en el salón de su casa. ¿Pues no hay hasta alguien que tiene un blog llamado Gin Tonic Dream?

La ginebra puede tener pongamos 47º, pero si la servimos así, con su tónica, su limón y su hielo la cosa se queda en unos 11º, según me he documentado. Amigos, esto es prácticamente un vino. No me extraña que entren tan bien los condenados gin tonics. ¿Qué hay mejor que una buena charla entre amigos, relajada, escuchando disquitos y degustando (he aquí la palabra clave) unos gin tonics? Hombre, si además te sacan un Fotogramas o unos muñequitos G.I. Joe para entretenerte, mejor que mejor.


Ahora que todos los juguetacos de nuestra infancia vuelven a estar de moda, y lo más peregrino se considera cool, voy a acabar con una anécdota. El pasado verano, en el indie-festival ContemPOPránea, vi que los puestos del mercadillo vendían broches consistentes en un click de Playmobil con un imperdible a la espalda. Yo le arranqué a mi botella de Tanqueray su botoncito de plasticurrio ese que trae con la letra “T” como si fuera en lacre y me lo pegué a la camiseta. Pues os juro que más de un moderno me paró para felicitarme: “¡Qué chapa más chula!”, “¡Oh, dónde la has comprado?”. La estulticia humana no tiene límites, amigos; para una muestra de genialidad, sin embargo, véase un gin tonic bien servido.
 
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