Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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viernes, 12 de junio de 2009

Pablo, Pablo, Pablo, que mi Pablo...

-“Todos o casi todos bajo el influjo de Neruda…”
(Roberto Bolaño: Nocturno de Chile, 2000)




Mmmmm… hoy quiero hablaros de literatura pero no me apetece ponerme los ropajes de crítico literario y enredarme por esos vericuetos técnicos. No quiero aburrirme, y si me aburriese yo, ay!, vosotros tendríais al leerme el aburrimiento asegurado. No va a ser el caso (espero), no. Es verdad que voy a hablar de libros, de poesía para más señas, pero lo voy a hacer de manera relajada e impresionista. Voy a decir lo que me dé la gana, que de vez en cuando no veáis cómo entra.

Hoy quiero venir a hablar de Pablo Neruda, otro leitmotiv de este blog, pasan los meses y noto que su nombre se repite, que sale a flote muy a menudo, es una constante de Estatuas Verdes. Aunque solo fuera porque a él le debo el nombre y el “concepto” del blog, y ya sabéis que por ese motivo lo considero el padrino de este invento, y que la segunda de las “Tres postales” de cada mes siempre lo tiene a él por destinatario. Neruda, Neruda, Neruda… habría tanto que decir… y bajándome al plano personal me fascina que me fascine tanto. Un hombre tan comunista, tan ajeno a mí en muchos sentidos, y sin embargo todo eso me da igual: lo que prevalece aquí es el artista, un poeta humano como yo no he encontrado otro.


Hay que tener cuidadín con estos autores politizados (que “escriben al dictado”, como dice mi buena madre) porque en un momento dado se disfrazan de intelectuales para colártela doblada. Y está en su naturaleza, coño, después de todo ellos entienden la escritura o el arte en general como un acto comprometido, y por tanto un sacerdocio laico al servicio de su “causa”. Pero Neruda, el mamón hasta cuando ejerce de poeta comunista tiene gracia y dispensa perlas en forma de intuiciones certeras, cosa que no se puede decir de otros tan alegremente, por ejemplo Alberti (mal que me pese). Si no me creéis, leed su poema filocubano (sección Fidel Castro) “Reunión de la OEA”, acerca de esa Organización de Estados Americanos que vuelve a estar de actualidad informativa, precisamente por el tema de USA vs. Cuba.

Otros ejemplos de demagogia bien llevada, con mucha gracia, los encontramos en “No me lo pidan” (en el que Neruda defiende su derecho a ser un poeta comprometido, ya que como poeta y ser humano no puede permanecer al margen de los asuntos humanos, idea que ya avanzara 30 años antes en “Explico algunas cosas”, a propósito de la Guerra Civil española); y en su “Oda a la crítica” (buscadla recitada por el Sabina, que ya es el colmo del progresismo) donde el poeta pretende que su poesía es por y para el pueblo, ajena a los tejemanejes de los críticos literarios y sus celadas. Dámaso Alonso opinaba que la crítica literaria era a la poesía como una limpieza a una armadura antigua, que le quita la herrumbre y nos la muestra tal y como es, pero pienso que el buen hombre chocheaba cuando dijo esto.


Pero Neruda no es necesariamente un poeta politizado, su obra es tan vasta (y tan basta) que hay donde elegir. ¿Qué tal “Neruda, poeta del amor”? Para la antología y la autoflagelación de los adolescentes y de algunos que ya no lo somos tanto queda su librito Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924), escrito con apenas 20 años y un clásico instantáneo. Leed si no los poemas 12, 15 ó 20 y luego hablamos. ¿Qué tal “Neruda, exponente del surrealismo”? Está claro que una de sus obras mayores es Residencia en la tierra (1934): un libro de hastío, de desencanto (“Sucede que me canso de ser hombre: los pelos como escarpias, se me ponen al leerlo), en el que hay poemas tan alucinantes y esenciales como “Walking Around” o “Agua sexual”.

Claro que el Neruda más gordo (en todos los sentidos), fue el que acometió ese monumento titulado Canto general (1950), con vocación totalizadora de las Américas. A mí me aburre un poco (ahora que no nos oye nadie), pero resulta imposible negar la importancia de poemas como “Alturas de Macchu Picchu”. Más entretenidos y, en mi caso, sugerentes resultan otras obras de los años 50 como su serie de libros de odas (Odas elementales, 1954: “a la alcachofa”, “al pan”, “a la alegría”, “al cobre”, “al caldillo de congrio”…).


Y en este somero repaso asistemático por la obra de don Pablo no me puedo olvidar de un libro raro, de difícil catalogación en su trayectoria, absolutamente delicioso. Me estoy refiriendo a Estravagario (1958), de donde salen joyazas como “A callarse”, “Dulce siempre” o por supuesto “Las estatuas verdes sobre el techo de Notre Dame”. No es la primera vez que nombro aquí este libro: para mí leerlo es como el bálsamo de Fierabrás, lo cura todo. Es como beber un vaso largo de agua fría después de haber andado horas por una ciudad a 40 grados. Es como echarse pomada en un esguince del alma. ¿Me estaré volviendo cursi? Probaré la receta de Neruda: cobre! cobre! mineros, pescadores, panaderos, comunismo, antifascismo, yanquis fuera!

Ya superada la tentación de la ñoñería me recreo en la contemplación de todos los libritos de Neruda que poseo, con sus lomitos amarillos iguales de la editorial Debolsillo, que tan baratos y accesibles los tiene. Y me relamo también, pensando en las obras fundamentales de este hombre a las que todavía no les he hincado el diente: ¿qué sorpresas, qué placeres, qué desazones me aguardarán, por ejemplo, en Memorial de Isla Negra (1964) o Los versos del capitán (1952)? Sean los que sean los aguardo con impaciencia, tendré que administrarlos con mucho cuidado, y tenedlo por seguro: los iré desgranando con vosotros.

lunes, 20 de abril de 2009

Explico algunas cosas


“Cosica es una familia”
-Juanma, futuro alcalde de Cosica





Hoy le robo el título al buen Migue (otro bloguero perezoso), quien a su vez se lo robó a Pablo Neruda, el padrino de Estatuas Verdes. El buen Neruda dejó escritas unas memorias que por famoso título llevaban Confieso que he vivido (1974). ¿Me atreveré a hacer el chiste más manido de la historia y decir yo ahora aquí (a modo de homenaje) “Confieso que he bebido”? Pues ya lo acabo de decir, aunque en el título del post no me he atrevido a ponerlo para no resultar demasiado destroyer.

Por petición popular (y esta vez es verdad) vuelven las estatuas más famosas de la blogosfera. He recibido amenazas de varios tipos por parte de mis lectores, acerca del silencio de Porerror. Unos mensajes eran más o menos conciliadores, otros eran en plan “Escribe, cabrón!”, en fin, el motivo de llevar tantos días sin poner un post ha sido una mezcla de ocio y trabajo. La verdad es que durante la Semana Santa he estado por ahí, en un viaje que me ha dado materia para varios posts que ya irán apareciendo. Por ahora baste decir que he visto muuuuuuy de cerca las “estatuas verdes sobre el techo de Notre Dame” (Una emosión…. una cosa….. ya me entendéis…).


Luego, el curro me ha dado bastantes quebraderos de cabeza: ya sabéis, reuniones, burocracia, sandeces varias a las que ha habido que añadir la organización de un viaje de trabajo que el jueves pasado me llevó al extranjero, nada menos que a Gibraltar. Por cierto que, ¿os acordáis del documental frikanco aquel sobre la 2ª Guerra Mundial a cuyo rodaje asistí hace un año? Pues no veáis cómo están allí las tiendas vendiéndolo en DVD…

A medio camino entre el ocio y el neg-ocio se encuentra el pueblo de Cosica, como bien sabéis. ¡Porerror! ¿Cómo es que ya nunca hablas de Cosica? Pues a lo mejor es porque me he integrado aquí, señora, y ya no tengo nada jocoso ni gracioso que decir. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJJA!!!!!!!! ¿Se imagináis? Es solo que ya no hace frío, y ya el critiqueo ha perdido su encanto, porque estoy a gusto. Salvo que este fin de semana pasado el frío ha vuelto, y yo vuelvo a escribir del pueblo. Coincidiendo con las fiestas patronales, este viernes, sábado y domingo se ha obrado un auténtico mirlo blanco: me he quedado aquí, he renunciado a volverme a Miciudad.


Las fiestas de Cosica funcionan tal que así: un día se traen a la Virgen de una ermita cercana al pueblo, a la semana se celebra aquí gran procesión con gran jolgorio y a la siguiente se vuelven a llevar a la Virgen hasta el año que viene. Como en toda España, amigo. No lo pongo en duda, pero es que yo siempre he sido más de semáforo y paso de cebra que de romería en burro, señora. Pues este finde pasado ha sido el de la procesión y el jolgorio, un par de compis de trabajo tenían previsto quedarse y me han metido el veneno en el cuerpo. Entre mis amigos la convocatoria no ha tenido mucho éxito (por no decir ninguno), pero estos compañeros se han traído cada uno un pandillón.

Así que no nos ha faltado jolgorio, cante por flamenqueo, por carnavales o por rock alternativo, disquisiciones sobre Fernando Alonso o Stanley Kubrick, y hemos acabado con las existencias de ginebra Tanqueray del pueblo. Parecía que ginebra solo bebía yo… pero solo lo parecía. La carne de cochino negro (para vosotros, “cerdo ibérico”) me sale ahora por las orejas, y he comprobado con agrado que mis desvelos por Cosica y todo mi cariño han sido recompensados con creces. Numerosos clientes y proveedores del trabajo me han reconocido y saludado, con gesto de aprobación al comprobar cómo Porerror se había quedado a ver a su Virgen, ¡y nada menos que de chaqueta y corbata!


Como comprenderéis, fotos del finde no puedo poner (imaginaos si no: esto se convertiría en la nueva Taormina y perdería su encanto) pero si os digo los nombres Luis García Berlanga y Paco Martínez Soria creo que podéis haceros una idea bastante buena. Ah, Amanece que no es poco (1988) es otra película que vendría muy bien para entender estas fiestas, y también Blow (2001), ya que digamos que las “lonchas” más solicitadas en Cosica estos días no eran precisamente las de chopped

Mi única droga es la carne de cochino negro (bueno, y la ginebra), la fiesta era lo bastante divertida por sí sola, y tengo que admitir que me ha gustado mucho quedarme. He andado un poco estresado: ya sabéis, planchar una camisa, sacarle brillo a los zapatos “duros”, alternar con unos y con otros… nada más os doy el dato de que la procesión del domingo pasa ante la puerta de mi casa… demasiada responsabilidad. Por eso perdonad si en estos días alguno me habéis llamado y no os he cogido el teléfono.

Hoy, después del subidón de ayer, en que hay que admitir que había más gente de la que nuestro exiguo casco urbano podía admitir, Cosica volvía a parecer un pueblo fantasma. No he conseguido esta mañana ni que me pongan en un bar una tostada. Porque hoy, tras el fiestón de ayer, en Cosica era fiesta local y no se trabajaba. ¿O qué pensabais? ¡Hasta ahí podía haber llegado la broma!

jueves, 26 de febrero de 2009

Tres postales de febrero


Postal 1. Querido Antonio:

He sabido por la prensa que se cumplía el 70 aniversario de tu muerte. No me acordaba, la verdad; cuando era escolar me tenían al tanto de todas estas conmemoraciones, pero ya no está uno para esas cosas. Recuerdo que en 5º de EGB tuve que hacer un trabajo en grupo sobre tu vida y obra: se cumplía el 50 aniversario.

Te rindo hoy mis respetos, igual que esos que fueron el otro día a Colliure a verte a tu tumba (yo de ti no les escucharía, sospecho que te sacan en procesión para sus intereses políticos). Últimamente me he acordado mucho de tu poema “Las moscas”, ya se vuelven a ver moscas en
Cosica: señal inequívoca de que el invierno está derrotado.


Postal 2. Querido Pablo:

Parece que (también) hoy la cosa va de poetas. Quería contarte que estos días ando un poco triste (es un understatement: mi formación inglesa... ya sabes... aunque a ti lo inglés te cayera tan mal). Una de las pocas cosas que me han dado consuelo ha sido releer tu libro Estravagario (1958)... sonríes, claro, ya me sé por qué. En este libro se encuentra tu poema “Las estatuas verdes sobre el techo de Notre Dame”, que hoy en día resulta ser más verdad que nunca. Y otros muchos poemas, Pablo, fantástica terapia.

También han estado por ahí ayudándome John Donne, Siegfried Sassoon (con aquel poema dedicado a su hermano muerto en la batalla de Gallípoli), Richard Lovelace, el buen Cortázar... Querido Pablo, presiento que tendré que volver a menudo a esos versos tuyos que reivindican el azúcar y las alegrías.


Postal 3. Querido Dios:

No me voy a ir de ñoño, tranquilo: ya que te escribo, hagámoslo bien. En realidad esta postal es para decirte que no estoy enfadado contigo, estamos en paz. Y que aunque a diario parezca que no te tengo muy cerca, de ti nunca me alejo demasiado. También quería decirte que yo, como Fran G. Matute, hace poco he asistido a “una misa sorprendentemente coherente y reconfortante” (sospecho que es la misma). De ti no conviene alejarse demasiado.


Eso lo sabía bien Antonio Machado, a quien este mes le he escrito una postal. Tras una dolorosa pérdida Machado dejó escrito que, cuando vio la gracia de la rama verdecida de un olmo seco, su corazón esperaba “otro milagro de la primavera”. Bonitas palabras, sin duda dirigidas a ti, aunque fuera en plan deísta.

Adiós, Dios.

miércoles, 21 de enero de 2009

Descendencia


Hoy toca una entrada de ñoñadas, que no todo iba a ser cinismo y descreimiento en Estatuas Verdes. Lo tengo que contar, porque si no reviento: ayer por la tarde estaba disfrazándome de esquimal para ir al gimnasio cuando me llama una amiga y me dice, crípticamente, “Que sepas que a partir de ahora mis comentarios en Estatuas Verdes van a valer por dos”. ¿Euans? Amiga, ¿es que te has hecho catedrática y nos vas a culturetizar ahora a todos? “No, es que llevo a una persona dentro”. K.O.

Una amiga mía embarazada, esto no es el caso que conté en “¿Tu criatura?”, esto me coge muy de cerca. Es la primera. Tengo amigos casados, amigas a punto de casarse y primas que me han hecho tío. Pero la noticia del embarazo de esta amiga me ha llegado muy hondo, no sabría decir por qué. Quizás porque sabía las tremendas ganas de ser madre que esa mujer tenía. Y además que le pega, porque es como una madraza con las criaturas ajenas y no me cabe duda de que le ha de ir estupendamente con las propias.


La ternura de la maternidad adobada con un pelín de nostalgia. Hoy en el trabajo me sorprenden a la hora del café con una selección de canciones pop, baste decir que NO ERA MELENDI (que es lo que suena todos los días). Escucho extasiado “Tears In Heaven” de Eric Clapton, esa baladurria que no hace honor a los orígenes blues rock del guitarrista pero, ¿qué más da? La canción, que me sé de memoria, consigue emocionarme una vez más. Recuerdo que solía cantarla de adolescente con mis amigos, cuando nos íbamos a un parque a tocar la guitarra y a cantar.

Recuerdo también que el tema (o así se nos vendió al menos) lo compuso Clapton en recuerdo de su hijo Conor, que se mató con 4 años. Penosa historia, padres sin hijos, o dolores paternales. Me acuerdo también de Neil Young, que tiene un hijo discapacitado. Nunca lo ha ocultado pero tampoco lo ha utilizado como materia para sus canciones, que yo sepa. Padres con hijos problemáticos. La semana pasada venía en El País un reportaje sobre la tendencia entre muchos escritores con hijos discapacitados de exorcizar sus demonios a base de escribir sobre ellos. El caso más famoso, el del Premio Nobel de Literatura japonés Kenzaburo Oé; uno que nunca se apuntó a la tendencia, otro Premio Nobel: nuestro padrino Pablo Neruda.

Me gustó del reportaje que los varios escritores reseñados coincidían en que sus obras sobre sus hijos enfermos no eran pozos de melodrama ni buscaban la piedad del lector. Solo querían hacer literatura sobre un tema que les tocaba muy de cerca, pero tomando distancia objetiva.


Pero volvamos a temas agradables, madres con hijos, maternidades alegres. Como conté el otro día, vi la desafortunada película de Helen Hunt Cuando ella me encontró (2008). Más allá de ser fallida, la peli ofrece el retrato de varias mujeres en cuanto que madres: una madre adoptiva, una que dio a su hija en adopción, una mujer de 39 años desesperada por ser madre. Esta última quiere tener un hijo a toda costa, y con tal de conseguirlo llega a realizar actos incomprensibles para mí, actos que yo nunca entenderé pero que respeto profundamente. En el BUP tuve a una profesora de Física y Química que era lo más sieso y lo más borde del universo. La leyenda urbana era que la mujer se encontraba frustrada por no haber tenido hijos y sí varios abortos naturales.

En su momento, aquello me pareció un comentario cruel, por no decir machista, pero lo cierto es que la buena señora saltaba como una hiena cada vez que alguien le preguntaba si tenía o no chiquillos. Y cierto es también que al curso siguiente la mujer concibió, se preñó de y dio a luz a una criaturita, y que a partir de entonces aquella profa fue un dechado de dulzura y un encanto de persona.


¡Madres del Mundo, uníos!, y no estoy hablando del Movimiento Obrero. Enhorabuena de corazón a mi amiga, y no puedo acabar sin recordar con cariño a mi propia madre, que hace poquito ha cumplido años (no se dice cuántos). Mucho me ha aguantado y más me aguantará. Pero no es ese el aspecto de nuestra relación que quisiera destacar hoy. Digamos mejor: mucho me ha dado sin pedir nada a cambio. Mi madre.

domingo, 18 de enero de 2009

Tres postales de enero



Postal 1. Querida Helen Hunt:

Hoy he ido a ver tu primera película como directora: Cuando ella me encontró (2008), y me ha decepcionado. He pasado un ratito pasable, lo que en otras circunstancias ya sería decir mucho, pero no con tu película. Me siento semi-mal porque he insistido a varias personas además a que fueran a verla. Opiniones tibias, en el mejor de los casos. Pensaba que tu peli iba a ser divertida, una comedia (humana, como Mejor imposible -1997-) pero esto ha sido una especie de melodrama, no sé muy bien acerca de qué. A lo mejor el problema es que no soy una mujer de mediana edad, pero eso es una excusa floja, si la peli es buena debería molarle a todo el mundo.

El Wall Street Journal ha sido cruel con tu película, pero no se me ocurre mejor resumen que este cachito de su crítica: “Un bizarro potaje recocido que combina el estilo general de las telecomedias (los diálogos le ametrallan a uno como un martillo neumático) con una ridícula sucesión de complicaciones en la trama, además de preguntas solemnes sobre la identidad, la adopción y la naturaleza de la felicidad”. Duras palabras, excesivas, pero me temo que no del todo inciertas. Una lástima, Helen, a mí me caes bien; ni siquiera sacar a Salman Rushdie de ginecólogo en tu película la ha salvado.


Postal 2. Querido Pablo:

Hay días en que uno no está para nadie y otros en los que nos levantamos comunicativos. Como cuento a menudo, en Estatuas Verdes hay días en los que los temas se me acumulan, ideas desechadas, muchas veces en que podría escribir varios posts seguidos. Otros sin embargo, me cuesta escribir nada y no por falta de tema o anécdotas, sino más bien por cansancio. ¿Será el frío o será Cosica? ¿Será una rosa o será un clavel? Luego siempre acabo escribiendo, y la eterna pregunta de los blogueros: “¿Le importará esto a alguien?” La alegría viene cuando se entera uno de que sí importa.

En los últimos días y semanas he tenido varias satisfacciones en forma de comentarios de personas que no dejan comentarios en el blog, pero que cara a cara me han dicho que tal o cual entrada les había gustado o interesado. Sus comentarios, aunque no quede registro, también hacen Estatuas Verdes. En concreto, un amigo me animó: Tú sigue escribiendo sobre Kafka, aunque la gente comente más cuando escribas sobre el flan. O a lo mejor tienes que hacer una entrada que se titule “Kafka y el flan”. La acabaré haciendo, seguro (con tu permiso, Pablo).


Postal 3. Querido Dios:

¡No veas cómo estamos en el Mundo con las guerras entre judíos, musulmanes, y de entre ellos, los más hijosdeputa son los que las planean y dirigen! Hoy, entre el fragor de treguas en los telediarios, que si “alto el fuego” en Gaza (y las bombas por detrás, explotando casi en directo), el “turismo bélico” (hemos venido porque nos hacía ilusión conocer una guerra en vivo), salgo a la calle y voy a un cine que suelen frecuentar muchos de mis compatriotas de los que llevan pañuelitos palestinos. Yo también lo llevaba, Dios, cuando tenía 17 años, y porque me lo regalaron.

En ese cine del que te hablo he visto la última de Helen Hunt (te ahorro la crítica), y me ha llamado la atención lo presentísima que está la Religión en la vida de muchas personas. En concreto, la protagonista de la peli era judía, y se pasa media peli rezando y canturreando en hebreo. Para colmo, de ginecólogo hacía Salman Rushdie (le cogería gusto a los bebés cuando escribió Hijos de la medianoche, 1980), ya sabes, ese que anduvo tan perseguidísimo por algunos de tus hijos musulmanes más radis. Me sorprendo por esta presencia de la Religión en unas vidas yanquis del siglo XXI, también me pasó en Como en casa en ningún sitio (2008), peli en la que Dwight Yoakam hacía de pastor evangélico.

¿De qué me sorprendo? La Religión no ha desaparecido de nuestras vidas, como quieren hacernos creer aquí en España: es una fuerza muy importante para la mayoría de la población mundial. Y no solo en países tercermundistas o subdesarrollados. Fíjate si será importante que la peña se sigue matando en tu nombre: ¡ilusos! Pero eso lo sabes tú mejor que yo.

Adiós, Dios.

jueves, 1 de mayo de 2008

Tres postales de mayo


Postal 1. Querido Jack Lee:

Tú no me conoces, pero yo te odio. ¿La razón? Porque hace 31 ó 32 años escribiste una cancioncilla titulada “Hanging On the Telephone”, cuya melodía es más adhesiva que un buchito de Superglue. Yo ya la conocía, y me gustaba, pero el viernes pasado tuve la desgracia de ir al concierto de un grupo que tocó una versión, y desde entonces la puta melodía no deja de rondarme por la cabeza. Sé que la tocaste con tu grupo The Nerves y que luego se la “diste” a Blondie, que la convirtió en un éxito. He escuchado la versión de Blondie unos cinco mil millones de veces esta semana, en casa, en el coche, incluso he estado a punto de canturrearla en voz alta en el trabajo en momentos inconvenientes (estaba con unos clientes, tu comprends…).

Ayer no pude más y asalté a un amigo en su casa para que me prestara la versión de The Nerves, ¿no la tienes en CD? pues me dejas el vinilo, me da igual. Tú y tus compis de grupo (Paul Collins, Peter Case) sabéis lo adictivo que es el pop y la desgracia que supone ser un yonqui de la música. Estas cosas no se le hacen a un fan.

Cuídate.


Postal 2. Querido Pablo:

¿Por dónde andas? En el Parnaso ya sé que no, pero no me hagas creer que estás arrimando el hombro en un barco de pesca o extrayendo cobre en una mina con tus hermanos los obreros. ¿Sabes? Empecé un blog titulado como un poema tuyo y va estupendamente, últimamente se ve que soplan vientos favorables para la poesía. ¿Qué por qué estoy tan cursi? Porque hoy he estado charlando con una señora que me ha hablado de sus lecturas, y de cómo conoció en persona a Adonis (el poeta sirio, ya sabes) y a Seamus Heaney (sí, el Premio Nobel de Literatura, como tú), el que tradujo Beowulf al inglés actual. Sí, la gente sigue creyendo que Beowulf es una peli con Angelina Jolie en vez de un poema épico, por eso hacen falta tus estatuas de bronce, Pablo.

Un abrazo, y no te pases de comunista.


Postal 3. Querido Dios:

Con toda humildad me dirijo a ti. Si Bono (el de U2) y Arrabal han hablado contigo, ¿por qué yo no? (Vale, no hace falta que respondas). Hoy he estado en una Primera Comunión, y cada vez que asisto a un sacramento me da por reflexionar. ¿La gente lo hace por ti, por que sí o para que les den regalos? La única que lo ha entendido ha sido mi sobrina de 5 años, que ha preguntado: ¿Por qué tenemos todos que hacer la Primera Comunión? Hay más filosofía en esa pregunta que en mi libraco de COU.

A lo mejor es porque respeto mucho los sacramentos católicos, pero no puedo con esa gente que los recibe (o manda a sus hijos a recibirlos) y se la pasan cascando. Vaya con los curas, etc, etc, etc… ¿A usted la obliga alguien, señora? Ah, creía. (Afortunadamente no era el caso en la comunión a la que he ido hoy).

Por último quería contarte que para estar a la altura me he vestido con chaqueta y corbata, ya sabes, de patrono. Y me he cruzado por la calle con una manifa obrera del 1 de mayo. Eso sí que mola, ¿eh? ¿Quién es el radical aquí: ellos con sus banderitas republicanas o yo con mi corbata de seda camino de una iglesia?

Adiós, Dios.

lunes, 11 de febrero de 2008

Nuevo fin de semana poético

Vuelvo a las andadas con la poesía este fin de semana. En este caso, los autores que he leído son lo bastante conocidos como para que no tenga que ponerme a contaros quiénes son. Tal vez los libros que he leído sí que no estén entre los suyos más populares, de ahí que también me haya apetecido sacarlos en Estatuas Verdes.


ESTROFA 1: Neruda. Subyugado por la reciente escucha del poema “Oda a la crítica” recitado por el Sabina (he tenido que amenazar a un compañero de trabajo que me lo ponía cada vez que me montaba en su coche pero nunca me lo grababa), me decido a pillarme las Odas elementales (1954). Este libro no está entre los más comprometidos de Pablo Neruda, y sin embargo se abre con un poema (“El hombre invisible”) en el que el poeta chileno pretende ser la voz universal que canta la vida de las personas corrientes, los trabajadores, etc, frente a esos poetas antiguos que caían en el solipsismo y de los que él se ríe.

En Odas elementales, el comunismo campa por doquier, ¿eh? No vayamos a creernos otra cosa. Me encanta la “Oda a Leningrado”, con referencias a su empaque literario de Pushkin y Dostoievski (“los estudiantes locos/ que esperaban/ con un hacha en la mano/ a la puerta/ de una anciana”), a la Revolución de Octubre (“cuando en la escalinata/ del Palacio de Invierno,/ subió la Historia/ con los pies del pueblo”) y más tarde el asedio a manos de los nazis (casi tres años duró), en que la ciudad fue “torre invencible” o “flor inquebrantable”. Qué duda cabe que Neruda se deleita con estas cosas del socialismo, como cuando habla en su “Oda al cobre” de la principal riqueza de Chile, en términos tan elogiosos para los mineros.

Hay en estas odas también algunos poemas simpatiquísmos (no es un término muy científico para hablar de literatura pero me da igual), como esa “Oda a una castaña en el suelo” o la “Oda a la alcachofa”. También le dedica odas al pan, al tomate, al verano, al aire, a los poetas populares…. la verdad es que se agradece que no todo en Neruda sean grandilocuentes versos sobre el mar y los Andes, la crítica a Estados Unidos y las alturas de Macchu-Picchu. Siempre os cuento que no me gusta la literatura comprometida y al final resulta que leo mucha. Bueno, para criticar algo hay que conocerlo antes, ¿no? Pero lejos de mí criticar a don Pablo, un poco el patrón de este blog.


ESTROFA 2: Lorca. Cuidadín: hablar de Federico (por antonomasia) me da mucha pereza por el enorme mito folclórico que envuelve su figura. No aguanto al personaje, con su pianito y sus moñadas, su peinado relamido, ¡no puedo! (lo digo públicamente), pero su obra literaria… lo mejor que he leído en español (también lo digo, y al mismo volumen). En esta ocasión, me da por buscar su libro Canciones (1921-1924), publicado en 1927 (año en que también vieron la luz el Romancero gitano y el Poema del cante jondo –libritos de nada, ¿sabéis?). Oí hablar de este libro a Rafael Alberti en una conferencia que tengo suya en CD, y me impresionó que dijera que era un libro “de madurez”, sin ser de los más conocidos.

A lo mejor el que no lo conocía era yo, porque me encuentro entre sus páginas con algunos de los poemas más recordados, como ese sin título de “El lagarto está llorando./ La lagarta está llorando.”, o la “Canción tonta” (“Mamá./ Yo quiero ser de plata./Hijo,/tendrás mucho frío.”). Me siguen fascinando las poderosas imágenes de Lorca, en mi humilde opinión nunca igualadas en lengua española. Ahí queda esta de “Canción de jinete”: “Caballito frío./¡Qué perfume de flor de cuchillo!”, que está a la altura de aquel “río de leones” del Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez-Mejías o de la “vaga anatomía/ de pistolas inconcretas” del “Romance de la Guardia Civil española”.

Pues como esas, montones. ¡Ay, Lorquita! El tipo se las pinta solo en ese registro costumbrista o pseudo popularista que también encontramos en el Marinero en tierra (1924) de Alberti. Pienso que aquí radica gran parte del encanto de este libro: es falsamente naïf, cuando en realidad se trata de una lírica muy trabajada y con resultados profundos. Me apetece terminar esta entrada citando unos versos que yo sé que son muy del agrado de mi amigo Kike (el de Radio Alma, 101.9 FM). Pertenecen a la “Cancioncilla del primer deseo”, que dice así:

En la mañana verde,
quería ser corazón.
Corazón.

Y en la tarde madura
quería ser ruiseñor.
Ruiseñor.

(Alma,
ponte color naranja.
Alma,
ponte color de amor.)
 
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