Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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domingo, 20 de septiembre de 2009

Sesión de mermelada


Desayunando, degusto una exquisita mermelada inglesa de grosella negra (de la marca Duchy Originals, la del Príncipe Orejas) y me acuerdo de la curiosa expresión “jam session”. Sabéis que hace referencia a una reunión de músicos que tocan de manera “creativa”, sin partituras o un programa predeterminado. Aparte de que la palabra inglesa “jam” es muy rica, y además de mermelada quiere decir tocar música, bailar, y cosas así.

Sin ser tan pretencioso de darle categoría de jam session, la verdad es que ayer por la tarde me lo pasé muy bien, tuve la suerte de asistir a una relajada reunión en la que casi todos los presentes cantaban y/o tocaban al menos un instrumento. Había allí una guitarra, que se iban pasando tres personas, un violín, y cantando pues estaban tres que sabían y el resto, que hacíamos lo que podíamos. Y esto me lleva al tema del post de hoy, que es reivindicar una forma de diversión tan sencilla pero tan satisfactoria como pasar el rato cantando.


Para mí la música es lo más grande, ya lo sabéis. Me gustaría decir que es la Literatura o el Arte, pero estaría mintiendo. Nada me ha hecho sentir tantas, tan variadas y tan intensas cosas como la música: las canciones. Me encanta cantar, y eso que no sé, ni tengo buena voz, pero eso nunca me ha detenido. A base de imitar a mis artistas favoritos en la ducha y en el coche he podido desarrollar un limitado repertorio de temas con los que me defiendo (siempre contando con la benevolencia del público presente: si hay alcohol fluyendo ayuda mucho).

No toco ningún instrumento, con catorce años hice varios intentos fallidos con la guitarra pero no tuve constancia: me frustré pronto. Uno de los motivos es mi nulo sentido del ritmo, el otro que siempre he tenido amigos que sabían tocar bastante bien. Tampoco he militado nunca en un grupo, pero siempre he estado alrededor (me veía como el típico “colgado” de las sesiones de grabación, una especie de Mal Evans) y de vez en cuando me dejaban cantar algo en sus ensayos, o hacer coros. Pero no escribo este post –como ya he dicho- para glosar mi inexistente carrera musical, sino para reflexionar sobre lo divertida que es la música.


Las más de las veces, cuando un amigo sacaba una guitarra en una reunión, le pedía que tocara mis temas favoritos. No era de extrañar: todos escuchábamos la misma música compuesta a partes iguales por clásicos (Beatles, Stones, Kinks, Who, Simon & Garfunkel, Bowie, Led Zeppelin, Doors, Dylan, Hendrix…) y por himnos más o menos alternativos contemporáneos (Nirvana, Oasis, Green Day, Guns N’ Roses, Metallica, Weezer…). En lo español es muy socorrido todo lo ochentero (Duncan Dhu, Gabinete, Hombres G, Loquillo, Mecano… qué os voy a contar), por haberlo vivido en nuestra infancia. En mi pajolera vida, sin embargo, jamás he logrado que un amigo tocara nada de uno de mis grupos favoritos: los Spin Doctors.

Recuerdo mañanas de sábado cantando con mis amigos en una azotea del barrio (otra vez Mal Evans: espero no acabar mis días como él), yendo al colegio a ensayar en las aulas vacías. Recuerdo tardes de parque destrozando a Oasis o el Unplugged de Eric Clapton…, ir a casa de un colega a dejarme la garganta cantando Nirvana, o decirle “Saca “Wild Horses” ”, y en el tiempo que yo tardaba en llegar el tío la había sacado de oído (algo que, con diecisiete años, para mí equivalía a la magia). Recuerdo que alguien sacara una guitarra en una botellona y ponernos todos a cantar la última de Green Day…



Con el tiempo siempre que he visto a alguien con su guitarra en una reunión me he arrimado a él, me encanta acabar cantando, pero sobre todo me embelesa ver a gente que verdaderamente lo hace bien. En lo que os he contado de ayer había un nota con un talento increíble, que lo mismo te tocaba y cantaba “Dear Prudence” que “Space Oddity” que “God Only Knows” que “Tatuaje” que “Melodía de “Arrabal” que “Love of My Life”. Me dejó K.O. interpretando dos temas de Queen (“Stone Cold Crazy” y “Lily of the Valley”) que no se encuentran precisamente entre los más conocidos. Y la chica que tocaba el violín hizo que “Dumb” de Nirvana o “Hurricane” de Dylan (la parte de la letra que pudimos recordar) jamás sonaran tan mágicos.

¡Qué sensación tan agradable, amigos, cómo podría describírosla! Esto ya no es ni oro, ni canela, ni almíbar, es simplemente… MERMELADA!

lunes, 6 de octubre de 2008

Oasis: desentierran su alma


¡No veas cómo estamos con el último disco de Oasis! Este fin de semana han caído unos cuantos disquitos (hasta en una feria del coleccionismo he estado) pero no es eso de lo que os he venido a hablar. De todo lo que me he comprado lo que más ilusión me ha hecho es Dig Out Your Soul (2008), el nuevo de Oasis. Curiosamente lo compré el viernes 3 de octubre, cuando en el Reino Unido su fecha de salida era hoy. Esto sí que supone una novedad y un frenesí para mí: lejos quedan ya aquellos tiempos en que había que ir a Londres para comprarse estas cosas (ahora habrá que ir por otros motivos).

Tranquilos que no me voy a poner nostálgico en plan “añoranza de los 90”. Podría escribir los versos más tristes esta noche y decir, por ejemplo, que los dos mejores grupos de aquella década fueron Oasis y Nirvana. Pero eso ya lo dijo hace unos años Paco Pérez Brian, y tampoco es cuestión de plagiarlo. Podría decir también que Dig Out Your Soul es el mejor disco de Oasis desde (What’s the Story) Morning Glory? (1995) pero eso os lo dejo a vosotros.


La recepción crítica ha sido unánime. El éxito también le acompaña: “The Shock of the Lightning” es número 3 de singles en UK por detrás de Pink y Kings of Leon. La canción es un temazo en la línea de “Rock and Roll Star” (la primera de su primer disco) que no se me va de la cabeza desde que lo escuché por la radio en Palermo el 19 de agosto. El álbum entero se edita hoy, ya digo, y será número 1 seguro; en América será Top 10. A lo mejor esto os parece una chorrada pero para mí es muy significativo porque Oasis son uno de mis grupos más queridos, prácticamente el primer grupo del que me hice fan hasta el punto de querer tenerlo todo de ellos, comprarme los singles por las caras B, etc.

Y me alegro de que se mantengan en el candelabro, copón. ¿Pues no andan por ahí gente como U2, REM o Metallica que en la actualidad son irrelevantes pero que cada vez que sacan disco y hacen gira se forran de billetes? Tienen muchos fans y cada vez se les van sumando otros nuevos. Pues a Oasis les pasa igual. Aliviados de la presión de ser “la gran esperanza blanca” del indie británico, los nuevos Beatles o los salvadores del rock and roll –algo que indefectiblemente conducía a una desilusión artística con cada nuevo disco que sacaban-, se han convertido en el grupo de rock de referencia de Gran Bretaña, que no es decir poco.

Volviendo a Dig Out Your Soul, el álbum se escucha de manera muy agradable, por fin Oasis han dado con el “Huevo de Colón”: 11 canciones y 45 minutos. Todo lo demás sobraba, a lo mejor no han tomado tanta cocaína para grabar este disco. Noel Gallagher sigue siendo el alma del grupo, pero ya “solo” compone 6 de los 11 temas, los otros son de su hermano Liam, de Gem Archer (ex Heavy Stereo) y de Andy Bell (ex Ride y ex Hurricane #1). Noel canta cada vez mejor (o utiliza mejores efectos de estudio, lo que sea es bienvenido) y Liam, como bien leí en una revista inglesa en 1997, es “simplemente la voz más carismática de su generación”.


¿Y qué encontramos en este disco? Pues pop-rock británico de corte clasicista, tirando por un lado a los 60 (Beatles, Rolling Stones, Who, psicodelia) y por otro al “sonido Manchester” (Happy Mondays, Verve, Charlatans, Stone Roses). Lo de esta peña con los Beatles es ya mítico: Noel está obsesionado, en cierta ocasión dijo que los dos primeros discos de Oasis eran mejores que los dos primeros de los Beatles, lo cual es verdad pero no significa absolutamente nada. Yo nunca he visto que les haya plagiado, solo versionado un par de veces, pero la sombra de los de Liverpool es alargada. En Dig Out Your Soul he detectado un par de samples no declarados (“Dear Prudence” y “A Day in the Life”) y hay extractos de una entrevista a John Lennon.

Dice Stephen Thomas Erlewine –el crítico musical- que Dig Out Your Soul suena como debió haber sonado Be Here Now en 1997 si entonces a Oasis no se le hubiera ido la olla. Totalmente de acuerdo: es lo primero que pensé la primera vez que escuché el disco. Tampoco me voy a enrollar aquí glosando una obra que se entiende perfectamente por sí misma, solo hay que atreverse a escucharla. Al hacerlo me saltan al oído dos o tres potenciales singles más, “Falling Down”, “I’m Outta Time”, “Waiting for the Rapture”… luego está la psicodelia suave de “Soldier On”, la energía bailonga de “The Turning”, todas las canciones tienen algo. Discazo: no apto para gente con prejuicios.

lunes, 30 de junio de 2008

Comprar discos por la portada


[Exterior. Noche] Pensad en el festival de Glastonbury, EL festival. Pensad en que el cabeza de cartel, el rapero Jay-Z aparece en el escenario con una guitarra y unas gafonas de sol y se arranca a cantar “Wonderwall” de Oasis. ¿Mentalizáis la escena? Pues dejadla ahí.

[Interior. Día] La otra tarde estuve en esa tienda de discos de mi ciudad donde a veces te quieren vender y a veces no, en plan Alta fidelidad (1994 el libro; 2000 la peli). Reconozco que la cosa no deja de tener su morbo, y el otro día tocaba que sí. Me fijé en que habían bajado los precios de los CDs de segunda mano, y ya se sabe, con los discos pasa como con los ligues de las discotecas. Lo que rechazas a las once a las cuatro te parece un bellezón; el CD que por 8 euros resultaría un robo es la gran ganga por 3. ¿Quién se priva?

Mirando mirando encontré una serie de disquitos que me hicieron gracia, todos tenían en común el ser guitarreros, de grupos de los años ochenta/noventa y costar 3 ó 4 euros. ¿Quién se priva? Mis acompañantes no dejaban de darme caña por mis frikadas: “¿Por qué no te compras este single de la sintonía de Heidi? ¿O este otro de Los Payasos de la Tele?” Yo ni caso, aunque claro está iba pensando por dentro “No me interesa, ya tengo los LPs en vinilo”.

Entresaqué de los montones cinco discos, cinco perlitas perdidas de muy poco valor pero que para mí lo tuvieron. Empiezo por The Rockfords (2000) de The Rockfords. Desconocía a este grupo americano, pero por el folleto descubrí que en él militaba Mike McCready, el guitarra de Pearl Jam. Luego estaba Fireproof (1994) de That Petrol Emotion, ese grupo norirlandés descendientes de los Undertones que hacían esa especie de rock-pop-psicodélico de baile tan en boga en las islas durante los primeros nineties.

Siguió el Hydrophonic (1994) de los Soup Dragons, escoceses que también confundían las nociones de “rock and roll” y “música de baile” con escandalosos resultados. Luego Construction for the Modern Idiot (1993) de The Wonder Stuff, otros que tal bailaron (y tocaron la guitarra), pero esta vez desde Inglaterra. Y del último confieso que me cautivó el título: ¿Sí o Sí, Qué? (1994) de los americanos White Trash, rockeros más duretes de los que por supuesto no había oído hablar en mi vida.


Hubo un tiempo en que solo con ver la portada de un disco se podía saber de qué estilo o subgénero era la música contenida en su interior. De hecho, recuerdo una conferencia en la universidad por un profe de Historia del Arte analizando portadas de jazz de los años 50 y 60. Pensad en las típicas portaditas estilosas de John Coltrane, Herbie Hancock, Duke Ellington y demás. Pensad en las portadas típicas del rock and roll añejo, del soul, del hip-hop, del power pop. Pensad en las portadas de los álbumes de sevillanas, coño.


[Exterior. Noche] Volvemos a la escena del comienzo: un rapero americano cantando el mayor éxito que consagró a un grupo de pop-rock inglés, sobre el mismo escenario que los hizo realmente grandes. Lo que a lo mejor no sabíais es que la semana pasada Noel Gallagher (líder de Oasis) había dicho que no le parecía bien que un artista de hip-hop fuese cabeza de cartel en Glastonbury. O que Jay-Z cantó “Wonderwall” en plan cachondeo, burlándose del rockero. Son las cositas de la postmodernidad. Desde que Frank Zappa se mofó de los Beatles y parodió el Sgt. Pepper’s… (1967) con la portada del We’re Only in It for the Money (1968), ya uno no se puede fiar de los estilos de los discos solo con ver los diseños de portada.

[Interior. Día] Aquella tarde en la tienda estaba de turno el dependiente adecuado con el estado de ánimo adecuado. Compré los cinco discos porque me llamó la atención su portada, sí, pero antes le pedí al tipo que me dejara escuchar la primera canción de cada uno para cerciorarme de lo que me estaba llevando.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Oda al gin tonic



“El gin tonic ha salvado más vidas y mentes de gente inglesa que todos los doctores del país”
(Sir Winston Churchill)




Hoy un amigo me ha hecho una canallada. Me ha recordado el disco Definitely Maybe (1994) de Oasis, y no he tenido más remedio que ir corriendo a escucharlo. En él me he topado con esa enorme canción que es “Supersonic” (si hubiese estadísticas en las cuerdas vocales como las hay en el iTunes, esta saldría sin lugar a dudas entre mis “25 más cantadas”). En “Supersonic” se dice “I’m feeling supersonic, give me gin and tonic”, qué rima, señores, digna de… ¿Gloria Fuertes? Sospecho que los Oasis precisaban de algo más que de un cóctel de tónica y ginebra para ponerse supersónicos, pero valga el tributo lírico a tan humilde aunque noble bebida.

Menos popular que el ron o el whisky con coca-cola, el gin tonic es un combinado al que me doy cuenta de que se llega con la edad, el entendimiento y la prudencia. En otras palabras, es una bebida de gente con criterio. ¿Para puretas, dirán algunos? Pues llámame pureta y échame en un vaso grande un tercio de ginebra y dos de agua tónica, y ponle una rodajita de limón. Desde que bebo (con moderación siempre, ¿eh?) este néctar, jamás me he sentido mal, lo que no puedo decir con otras bebidas espirituosas. Yo era muy de vodka, llegué a tener una dirección de email que era algo así como “Stolichnaya con naranja” pero vi que mis amigos bebían gin tonic, me decidí a probarlo, y hasta ahora.

Mi marca favorita de ginebra es Tanqueray, muchos creen que es porque la nombra Amy Winehouse en su canción “You Know I’m No Good”, pero lo cierto es que la verdadera razón es que me la recomendó un primo de mi novia en su boda. La Bombay Sapphire tampoco es que esté mal, precisamente (hasta Carlos Herrera le dedicó un artículo en El Semanal), y últimamente exigencias del guión me han hecho probar la Gordon’s. Vilipendiado por ello (curiosamente, por gente que no bebe ginebra), constato que esta barata marca está bastante rica y no deja resaca.


La ginebra debe ser algo así como una medicina, lo sabía Curchill y ahí teníamos a esa Reina Madre británica, conservada en ginebra hasta sus últimos días. He leído también que en la época del Imperio Británico se utilizó como remedio contra la malaria (por la quinina del refresco, supongo), lo cual no dudo; de lo que dudo es de la efectividad de dicho remedio. Yo que soy tan de cosas británicas, he llegado tarde a esta bebida, solo superada en el corazón de los ingleses por la cerveza.

No sé qué glamour tendrá o dejará de tener, yo solo constato su presencia en el mundo de la literatura, la música pop, el cine. Valga el ejemplo de la citada canción de Oasis y otras como “El auténtico gin-tonic” de La Costa Brava o “Mi gin tonic” de Andrés Calamaro. Ahí queda para la posteridad la novela Finalmusik (2007), con ese personaje de la professoressa de Semiótica que lo mismo te mezclaba teorías literarias en un libro que un gin tonic cojonudo en el salón de su casa. ¿Pues no hay hasta alguien que tiene un blog llamado Gin Tonic Dream?

La ginebra puede tener pongamos 47º, pero si la servimos así, con su tónica, su limón y su hielo la cosa se queda en unos 11º, según me he documentado. Amigos, esto es prácticamente un vino. No me extraña que entren tan bien los condenados gin tonics. ¿Qué hay mejor que una buena charla entre amigos, relajada, escuchando disquitos y degustando (he aquí la palabra clave) unos gin tonics? Hombre, si además te sacan un Fotogramas o unos muñequitos G.I. Joe para entretenerte, mejor que mejor.


Ahora que todos los juguetacos de nuestra infancia vuelven a estar de moda, y lo más peregrino se considera cool, voy a acabar con una anécdota. El pasado verano, en el indie-festival ContemPOPránea, vi que los puestos del mercadillo vendían broches consistentes en un click de Playmobil con un imperdible a la espalda. Yo le arranqué a mi botella de Tanqueray su botoncito de plasticurrio ese que trae con la letra “T” como si fuera en lacre y me lo pegué a la camiseta. Pues os juro que más de un moderno me paró para felicitarme: “¡Qué chapa más chula!”, “¡Oh, dónde la has comprado?”. La estulticia humana no tiene límites, amigos; para una muestra de genialidad, sin embargo, véase un gin tonic bien servido.

jueves, 24 de enero de 2008

Estopa: ubi sunt?


Corría el año 1999, por aquel entonces éramos tan jóvenes e inexpertos. Íbamos a la universidad, no había mp3, no existía Vodafone (en España), nadie tenía ordenador portátil… En esa época conocimos a un nuevo grupo, sonaba distinto (para los que no nos habíamos criado escuchando a Los Chichos): era otra vuelta de tuerca sobre el concepto de flamenco rock, basándose en Veneno, Peret, Joaquín Sabina y Extremoduro… Recuerdo que eran dos hermanos que con su primer disco alcanzaron un éxito fenomenal: estoy hablando de Estopa.

Estopa desencadenaron una mini-revolución “canalla”, dejaron por ñoño al de Jarabe de Palo, y contaron con el beneplácito de los mencionados Sabina y Peret. Al socaire de Estopa florecieron (admitámoslo) gente como La Cabra Mecánica, Los Delinqüentes, Bebe o Melendi (no digo que los copiaran, ni mucho menos, solo que abrieron brecha). Su mezcla de rumba catalana y de rock callejero hizo las delicias de muchas personas, yo entre ellos. Su disco Estopa (1999) se vendió como auténticos churros (un millón de copias, señores) de él sonaron hasta cinco singles por la radio, hicieron gira por Hispanoamérica…

También pulularon por ahí (Internet, top manta, maquetas…) sus primeras grabaciones, en su mayoría temas que aparecieron luego en los dos primeros discos, pero en las demos tenían letras más explícitas en cuanto a drogas y a sexo. El del medio de los Chichos, por ejemplo, sabemos que le pidió al de Estopa “una canción de colores”; pues originalmente lo que le requería era “un caballo de colores”, y no precisamente para montarlo en el hipódromo de la Zarzuela…

Lo mejor de Estopa es que le podían gustar a todo el mundo: tenían mucha más clase que, digamos, Camela, y no eran tan marginales como Extremoduro. Incluso llegaron a tener eso que se llama “credibilidad indie”: recordemos que empezaron cortejando a la comunidad alternativa, yo por ejemplo la primera vez que los vi fue en el programa que emitía La 2 de Los conciertos de Radio 3. Por otro lado, eran hijos de emigrantes, venían de la fábrica de SEAT (¡anda que no lo han explotado!), y eso les daba mucho prestigio callejero.

Como tantos grupos antes, Estopa debieron en su día enfrentarse a un problemático segundo disco, lo que ocurrió en 2001. Destrangis tuvo una increíble repercusión mediática, su single adelanto sonó hasta en la sopa, y en fin, del álbum se despacharon 800.000 copias, lo que no es precisamente un fracaso. Pero algo había cambiado para siempre. Algunos fans lo notábamos, era algo que no se admitía abiertamente, uno decía que el disco era “muy bueno” con la boquita chica. ¿Repetición de la fórmula? ¿Agotamiento de ideas? ¿Reciclaje de temas que habían aparecido en las maquetas tres años antes? Con el tercero una terrible sombra se cernió sobre mi gusto por Estopa. Había que admitirlo: todas sus canciones eran iguales.

En principio no estoy en contra de aquellos artistas cuyas canciones son todas iguales: por ejemplo la Creedence Clearwater Revival, Oasis o Eminem, me encantan porque entiendo que dan con una fórmula que mola (a ellos y a su público) y realizan variaciones sobre un mismo tema. Pero claro, como dije al principio, la mayor baza de Estopa era su novedad, su frescura. El hecho de que sonaran como unos extremeños haciendo rumba, con sus cambios de ritmo, sus juegos de palabras (“Tengo un reloj que se para/ siempre que tú de mí te separas/ y anoche se paró a las dos/ las dos nos separó a los dos”). Clever, innit? En cuanto empezaron a repetirse, para mí y para muchos perdieron su encanto.

Y, bueno, no es mi intención aquí glosar la carrera de Estopa, que continúa, un poco más lenta pero imparable. Es solo que esta mañana he escuchado su nueva canción, “Cuando amanece”, adelanto de su próximo Allenrok, y ni me he dado cuenta de que era un tema nuevo hasta que lo ha dicho la locutora. Esta nueva es idéntica a “El del medio de los Chichos” y a “Malos bares”, “Ojos rojos”, etc, una fotocopia. Y entonces, he pensado en plan dramático, que dónde quedará el talento que Estopa exhibieron en su día. ¿Dónde aquellos Estopa? Ubi sunt?

sábado, 12 de enero de 2008

Los años 90: relación (si la hubiera) con la música actual


Planteo este título como una pregunta de examen. Supongo que es porque me retrotrae a mi época de BUP y COU (esas cosas que hacían antes los adolescentes para estudiar y aprender). Me veo a mí mismo en el patio del instituto leyendo un ejemplar del ROCKDELUX en el que se anuncia que “El Britpop ha muerto” (¿acaso dicha publicación llegó alguna vez a enterarse de que había nacido?). Veo a un amigo que tocaba la guitarra contarme emocionado que se había comprado el último CD-single de los Black Crowes…

¿Tuvieron lugar los noventa? ¿En serio? Poned ahora la radio, no ya la comercial, incluso Radio 3. En seguida os daréis cuenta de que en la música actual no queda ni rastro estilístico de la que se hacía hace quince años (aparte del hip-hop y la electrónica, pero yo aquí voy a hablar de pop y rock). En la actualidad, todo lo que no son cantautores y grupos con más o menos raíces parecen reminiscencias de los años ochenta. Talking Heads y The Clash son absoluta referencia, “rock con caderas”, por citar al nunca bien ponderado locutor Chema Rey.

Sin embargo, recuerdo que hace quince años no se podía dar un paso sin oír hablar sobre artistas como Guns n’ Roses, Nirvana, Pearl Jam, Garbage, Alanis Morissette, Lenny Kravitz, o sin escucharlos por la radio. Hubo muchas promesas incumplidas, muchos grupos que deslumbraron al inicio de sus carreras pero que efectivamente no llegaron a nada, entre ellos Ugly Kid Joe, Counting Crows, Crash Test Dummies, Collective Soul, The Presidents of The USA… Pena me da recordar en qué han quedado los que probablemente fueran mis favoritos de los noventa: Spin Doctors.

Hay otros como Crowded House, Oasis, Weezer, que han continuado a pesar de los altibajos, y que cosechan bastante éxito de ventas en álbumes pero que son absolutamente irrelevantes. Los más llamativos de estos, U2 y R.E.M., auténticos dueños de la década pasada. También están los líderes de Pulp (Jarvis Cocker), Suede (Brett Anderson) o Blur (Damon Albarn) que intentan resurgir con nuevos grupos y proyectos (Relaxed Muscle, The Tears y Gorillaz respectivamente, por nombrar solo algunos), pero que se han quedado viejos. Y si hablamos de solistas, gente que parecía que iban a cambiar el rumbo de la música popular… mirad a Björk o a Beck, hoy día convertidos en –como mucho- adorables chiflados.

Hay dos sonadas (perdón por el chiste) excepciones al fenómeno que estoy describiendo: Radiohead y Wilco, pero ambas tienen truco. A Wilco no los conocía nadie en los noventa (fuera de los más espabilados) y ahora casi tampoco, pero da lo mismo: hoy existen aproximadamente novecientos mil grupos norteamericanos de country alternativo que suenan igual. Y mientras tanto, ellos siguen haciendo discos buenísimos y preparándose para entrar en la leyenda. Radiohead alcanzaron el megaestrellato en los noventa, aunque en España no pasaran del “territorio indie (ahora le robo la frase a Julio Ruiz). Este grupo ha sabido como pocos, si no marcar tendencias sí adaptarse a ellas, y su sonido actual poco o nada tiene que ver con aquella especie de pseudo-grunge con el que comenzaron. Ahora, tras regalarlo por Internet, han lanzado su In Rainbows en los formatos tradicionales y esta semana están de número uno en ventas tanto en Gran Bretaña como en USA.

A veces pienso que la gente que está haciendo música ahora –y triunfando- no debió escuchar la radio de pequeñitos. O a lo mejor sí la escuchaban y la han rechazado por deprimente: “I feel stupid and contagious” (Nirvana), “I’m a loser, baby, so why don´t you kill me?” (Beck), “I’m a creep, I’m a weirdo” (Radiohead), “Sometimes I feel like I don’t have a partner…” (Red Hot Chili Peppers). Si se me permite designar a un poker de grupos de referencia actuales, ¿qué discos escuchaban los Strokes, White Stripes, Franz Ferdinand o Arctic Monkeys cuando volvían del colegio? Los de Nirvana no, desde luego. Ni los de Stone Roses. Es natural que las nuevas generaciones rechacen la música de sus padres, pero ¿también la de sus hermanos mayores?

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Mi disco del año: Favourite Worst Nightmare


Arde Sheffield, arde Inglaterra, el mundo entero está en llamas. Llegan los Monos Árticos. Su música no es tan original. Esos riffs, esas referencias a correr delante de la policía, tienen un más que confirmado tufillo a The Clash. Al cantar exhiben un maleducado acento regional propio del punk. La mala leche que arrastran se la deben a los Smiths. Su actitud nos retrotrae a los Rolling Stones, su nivel de éxito a los Beatles. Y sin embargo…

Y sin embargo, por ejemplo, un pope de la radio española como es Diego Manrique dijo de ellos en El ambigú de Radio 3: “Por una vez, la nueva sensación de la música británica es precisamente eso, sen-sa-cio-nal”. Con menos de veinte años su primer disco batió records de ventas rápidas, sus primeros singles fueron número 1 en listas sin apenas promoción. Sobre todo el “boca a boca” y una publicidad internáutica tipo viral. Hace dos años ya se les presentaba como la Gran Esperanza Indie.

Pues bien, el 2008 está en puertas, y, volviendo la vista atrás podemos decir que la promesa se ha cumplido con creces. Esta primavera pasada los Arctic Monkeys dieron al mundo su segundo trabajo, el impecable Favourite Worst Nightmare. Este ha sido el disco de la confirmación, de despejar todas las dudas de que no nos encontrábamos ante un simple bluff. La crítica se ha deshecho en elogios, el New Musical Express, la web All Music Guide, las revistas Mojo, Billboard y Q le han dado todos como mínimo una nota de cuatro estrellas y media sobre cinco o un 9/10.

Personalmente, he elegido el Favourite Worst Nightmare como mi disco internacional del año (otro día diré el nacional) porque ningún otro disco me ha producido sensaciones ni siquiera parecidas. A lo mejor los ha habido más completos, mejor producidos, por supuesto que más bonitos, pero para mi gusto no más electrizantes. No voy a soltar aquí el topicazo de rock and roll en estado puro, pero lo cierto es que estas canciones tan cortas, tan energéticas, tan urgentes, representan lo mejor de la tradición, siendo como son lo último y lo más indie. Sus melodías son pegadizas, las guitarras suenan ruidosas pero precisas, los ritmos son bailables, la voz tiene el tono justo de chulería (vuelvo a The Clash, a Oasis, a los primeros Who), y las letras… merecen capítulo aparte.

Hasta quien no sepa inglés puede captar que hablan de rabia juvenil, de frustración, de ganas de comerse el mundo. Y además lo hacen de un modo humorístico pero sobrio y sorprendentemente gráfico (un ejemplo, de la canción “Brianstorm”: “No podemos quitar la vista de la combinación de camiseta y corbata/ ¡Hasta luego, innovador!”). Lo mismo te hablan de jugar a las grúas que dan premios en las ferias (“Teddy Picker”), que de ponerse un pasamontañas para cometer una fechoría (“Balaclava”). Tan pronto describen el amor entre una señora de mediana edad y un mozalbete (“Fluorescent Adolescent”) que te piden por favor que les partas la nariz (“Do Me a Favour”).

No me cabe duda de que estamos ante uno de los grupos de la década. Yo este año 2007 me quedo con el álbum de Arctic Monkeys, que además de provocar un terremoto mediático me ha hecho recordar las razones por las cuales me gusta la música en primer lugar: me han entrado ganas de saltar, cantar, bailar, morder, gritar… igual que me pasa con los Beatles, Elvis Costello o Nirvana.

 
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