Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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domingo, 22 de marzo de 2009

Pop de masas


“Sin ti ya no podré escuchar a La Buena Vida más”
-La Oreja de Van Gogh






¿No es curioso cómo se van reforzando ciertas conexiones en mi cabeza? Ayer fue otro día de “carne” y “compra de discos”, de pop y hamburguesas, aunque sé que hay por ahí gente queriendo hacerme daño que estará dispuesta a afirmar que ayer fui visto saliendo de un restaurante vegetariano. Esta vez fue en Miciudad, pero no es para glosar mi sábado de excesos para lo que se escribe este post. ¿No será para hablar otra vez de “pop”, no, Porerror? Mmmmm…. Claro que no, señora!

El señor javiel, nuevo lector, dejaba el otro día un comentario interesante en la entrada de Aída. Decía que a él tampoco le hacía gracia la serie, que él era “más de La Hora Chanante” (¿no lo somos todos?). Decía que había una línea, à la Walter de El gran Lebowski (1998), una línea que no se puede cruzar: o eres de Aída o de La Hora Chanante, o te gusta La Oreja de Van Gogh o Los Planetas. Pienso que por impresionista o imprecisa que esta distinción resulte, todo el mundo puede comprenderla perfectamente, y sentirse identificado. No sé si El señor javiel otorga además a esta dicotomía una carga valorativa (es decir, que elegir un extremo supone ser superior al otro extremo), yo no lo hago, aunque no niego que considere ciertos productos culturales de masas de más calidad que otros.


Pero claro, nunca es lo mismo decir “Alejandro Sanz o Bob Dylan que “mortadela con aceitunas o jamón ibérico de bellota”, donde parece que la cuestión de la calidad y la preferencia son más objetivas. Para colmo, el problema viene cuando no se quiere tener que elegir: a mí me gusta La Oreja de Van Gogh y también Los Planetas, igual que muchos chanantes estoy seguro que disfrutarán con Aída. Y este es un trauma que arrastro desde mi adolescencia: si quieres tener buen gusto y criterio, ¿debes rechazar ciertos productos por chabacanos o subestándar? Ayer mismo me pasó, fui a una tienda de discos regentada por un coleccionista de gusto exquisito, y al salir, mi amigo me bromeó: “Cuando el nota ha visto el vinilo de Duncan Dhu se le habrá caído la imagen que tenía de ti por llevarte a Tommy Keene, The Smithereens, Adam Schmidt…”

Mi colega había dado en el clavo, pero me da coraje que sea así. ¿Por qué voy a tener que decir que Duncan Dhu, La Granja o Gabinete Caligari sean malos o indignos si a mí me parecen lo mismo que los grupos extranjeros encumbrados: power pop y pop-rock nuevaolero tardío? No hablo de que me guste el disco de Dinio o el de Lucas Grijander (que también, pero eso es otro debate), hablo de cosas muy parecidas a las que no se les da el mismo trato. Otro ejemplo lo encuentro en el grupo español Pereza. Denostados hasta la afonía por los modernos, ellos han cultivado una imagen pseudoauténtica, con sus tatuajes, su pose pasota y sus riffs copiados de los Stones.


Pereza son carne de Los 40 Principales, las pijas de Miciudad cantan a coro “Princesas” por las calles comerciales, etc, etc, etc. Y sin embargo, los de Pereza se codean con la escena indie, y los artistas indies los cortejan porque se necesitan mutuamente. Así lo atestiguan sus duetos con Quique González o Christina Rosenvinge, con Iván Ferreiro o Sidonie (cuyo injerto entre “Fascinado” y “Niña de papá” fue calificado por Chema Rey el de Radio 3 como “un encuentro en la cumbre canalla del pop español”). Lo mismo ocurre con Amaral, y al revés también se cumple: Los Planetas no suenan ya en Los 40 porque no pueden, no porque no lo hayan intentado.

Yo de adolescente trataba de “aprender” sobre música y de forjarme un criterio escuchando a los Yardbirds, a los Who y a Serrat y me daba coraje a mí mismo que me gustara tantísimo TAMBIÉN la música de Mariah Carey, Jarabe de Palo o Guns N’ Roses. Esto me causó zozobra durante varios años, os juro que ocultaba mis gustos en uno u otro sentido según el auditorio: para no pasar por friki o por chabacano, alternativamente. ¡Y pensar que esto me ocurría en plena era del postmodernismo y el “todo vale”!


Al final, esta paradoja se resuelve (como todas) superándola. Lo gracioso es que esto no se trata de “alta” vs. “baja” cultura: toda la música pop y la tele es “baja” cultura. Fue escuchando el programa de Diego Manrique, El ambigú, también en Radio 3, como me di cuenta de que tener prejuicios sobre la música era una soberana gilipollez. Manrique lo mismo te ponía un disco de Gershwin que de Celia Cruz que de Led Zeppelin que de Kiko Veneno… ¡en el mismo programa! Igual daba Radiohead que Brad Mehldau, todo es música. Vale, esta idea es “el huevo de Colón” pero para mí fue una epifanía, y os aseguro que no hay por ahí tanta gente dispuesta a aceptarla. Y Diego Manrique no es precisamente una persona sin criterio o que no entienda de música: él toca todos los palos porque los conoce y aprecia en su justa medida, y todos los valora.


Gracias a Diego y a que me liberó del trauma, el otro día estuve escuchando –con la cabeza bien alta- un CD de varios con Pereza, Conchita, El Canto del Loco (“ese canto del loco”, como diría el obispo de Ávila), Amaral, La Oreja de Van Gogh y demás… titulado Pop de masas (por inspiración de mi novia). Y volveré a escuchar a Nena Daconte, que escuchan a Elvis Costello, así como escucharé a Russian Red, que a su vez va por ahí versionando a Cindy Lauper. Todo son canciones. Y toda esta gente sabe de música, ¿no?

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Replanteamiento del canon Oro

“Y eso que no está de moda es oro”





Vuelvo al mundo del blog tras mi accidente anual: el año pasado por estas fechas pisé una pelota de padel y tuve un esguince de tobillo, ayer me caí por las escaleras de “mi mansión” de Cosica. Gracias a Dios no me ha pasado nada, solo una molesta tendinitis en el brazo derecho que me impide conducir, escribir, coger peso, en definitiva, vivir.

Pero no podía diferir más la actualización o replanteamiento del Canon Oro. Ya sabéis que “oro” es mi palabra clave para dar la aprobación sobre algo. Tanto es así que una vez en Toledo me estaban enseñando unas pulseras de plata que me agradaron mucho, y exclamé “¡Oro!”, a lo que la amable dependienta me respondió: “No, caballero, esto es plata: el oro es lo amarillo” (Gracias, señora, no soy de Júpiter).

“Oro” son los personajes más admirados de Estatuas Verdes, lo son por su calidad y por el calado de su trabajo. O por el simple hecho de caerme bien, qué narices. Elvis Costello, a mi modesto entender el mejor rockero vivo, rockero por llamarle de alguna manera ya que su paleta musical no parece tener limitaciones. Este año sin ir más lejos ha facturado un discazo de agárrate y no te menees, amén de colaborar con sendos duetazos en los respectivos álbumes de Jenny Lewis y de Lucinda Williams.


Si entra un Personaje Oro nuevo es que sale otro, ya sabéis cómo funciona. Fernando Arrabal tampoco puede abandonar la lista. ¿Qué ha hecho últimamente? Este hombre con existir ya tiene suficientes méritos. Joaquín Reyes nos tiene un poco abandonados, a la espera estamos de la tercera temporada de Muchachada Nuí (¿comenzará con Cindy Lauper de presentadora, ya que ella fue la última “Celebrity”?), pero su estela pervive y está siendo copiada hasta la saciedad por humoristas y publicistas de toda España. En cuanto a David Trueba, esta primavera editó una novelaza gorda pero fácil de leer (y entretenida). Dicen por ahí que anda adaptando al cine la novela de Azcona (R.I.P.) Los muertos no se tocan, nene.


¿Saldrá acaso de la lista de Personajes Oro el antaño celebrado César Millán? La respuesta es . Los motivos son varios, y lamento si con esto se sentirán injuriados gente como el buen Fran G. Matute y ese amigo suyo con el que compra merchandising oficial del mejicano. Para empezar, en mayo pasado me mordió un puto perro, y ahí no valió ni calma, ni asertividad, ni líder de la manada, ni leches. Solo un dueño mongolo e incapaz de controlar a su animal y mi posterior dosis del toxoide antitetánico. ¿Son las enseñanzas de César Millán un fraude? Cuando queráis os enseño la cicatriz de mi mano izquierda.

Por otro lado, vemos que en Cuatro quitaron su programa, y luego lo han intentado poner a diario para sustituir aquel pizpireto Visto y oído, que al parecer no veía ni oía nadie. Los fines de semana en lugar de El encantador de perros, the real thing, nos han endilgado la versión inglesa llamada O el perro o yo. ¿Resultado? Perros más flacos, dueños más pálidos y cielos nublados, y una instructora perruna que perdió su carisma por el camino. En definitiva, César, macho, que estás en horas bajas.

¿Y quién ocupará su puesto? Bono el del PSOE no. Es una persona intachable (salvo cuando se condecoraba a sí mismo o fingía regalarle su propio reloj a los jubilados manchegos, pero eso es peccata minuta), lo que pasa es que ahora es consuegro del cantante Raphael y está a punto de ser abuelo: demasiadas responsabilidades. ¿Bono el de U2? Aparte de estar muy ocupado quedándose en la ONU para hacer merienda-cena y llamando por teléfono a Dios o a Barack Obama, seamos serios.


Diego Manrique, pese a ser cada día más sabio en la música y más lúcido en sus artículos periodísticos, veo que no ha cuajado en vuestra imaginación. Susanna Griso sí que ha cuajado en vuestras mentes (¡viciosillos!) pero eso de tener a Massiel como tertuliana… no sé yo: le resta enteros. La más votada por vosotros ha sido Meryl Streep, la gran Meryl. Dama del cine, doblemente oscarizada, cantante y bailarina por gracia de ABBA, en fin, que lo tiene todo. Os confieso que toda esta pantomima de la encuesta la monté para incluirla a ella, o sea que mola, no hay que manipular nada. Bienvenida pues, Meryl, a la lista de Personajes Oro, primera mujer que alcanza este honor.

miércoles, 16 de julio de 2008

Televisión: mondo bizarro



A menudo me pregunta la gente: “Porerror, ¿cómo puedes ver tanta tele?” Yo indefectiblemente les contesto: “¿Cómo podría NO verla?”

Y es que la tele, amigos, además de un entretenimiento de primer orden (lo siento, yo soy así, me divierte ver la tele, no soy como esa gente que te dicen que no tienen en su casa aparato de televisión y te miran raro de arriba a abajo) para mí supone una fuente inagotable de información cultural. Y de gratis. Ya se ha discutido aquí sobre la importancia actual de la cultura “baja” o “popular”, y se me antoja que en la tele hallamos su expresión más refinada. Nada ha educado (y democratizado, digámoslo) tanto a las masas como un buen anuncio de TV que te enseña a lo mejor a lavarte los dientes, a ponerte condón o a comprarte determinada marca de detergente.

Y ya del efecto “nivelador” (a la baja si queréis) de espacios como Gran Hermano ni hablamos: ¿cómo olvidar a esa Mercedes Milá en la primera edición del concurso asegurando que nos encontrábamos ante un experimento sociológico? Amigos, he ido a primeras comuniones donde la Sagrada Forma (vulgo hostia) tenía el tamaño aproximado de una rueda de molino, pero nunca he llegado a ver nada como lo que ese día la Milá soltó por esa boca. Luego resultó que la buena mujer tenía razón: aquello era de verdad un evento de mérito social digno de estudio; lo que nadie nos advirtió en aquel momento era que las cobayas del experimento éramos nosotros y no los “habitantes de la casa”.

Hoy me pasa el buen Grillo Solitario un link de mucho mérito sobre la televisión ¿antigua? No tan antigua. Pinchad el enlace, veréis que son barbaridades, la mayoría graciosas y musicales, que basan su comicidad en cosas que hoy nos parecerían horrendas. Y nos hacían gracia, y no pasaba nada. ¿O sí pasaba? Según el actual gobierno sí pasaba y por eso nos adentramos de lleno cada vez más en la corrección política. Esto no es solo cosa del gobierno, ¿eh? Hay muchísima gente que en la actualidad piensa así. Mi propósito no es otro que el de ofenderlos a todos: el resto, seguid leyendo.


La bizarría en grado sumo nos acecha agazapada desde cualquier canal de televisión, sea en abierto, la TDT, por cable o vía satélite. Nadie se salva de este atroz y fascinante gazpacho de imagen y sonido que, a falta de otra etiqueta, designamos mediante el aparato por el que nos es dado: televisión. ¿Os imagináis que a una pizza la llamásemos “jovenzuelo en moto”? Televisión puede ser una final de Wimbledon o de la Eurocopa, un concierto de Shakira, una misa, un reality de cantar, una peli de Ingmar Bergman, la vida de las gacelas o una operación a corazón abierto. Anteanoche y hoy, para mí, “televisión” han sido cosas muy grandes.

El lunes por la noche Antena 3 anunció a bombo y platillo el regreso de uno de sus concursetes, ¿Sabes más que un niño de primaria? Hasta ahí, todo normal. Zapeando compruebo que también echan Identity, bizarrísimo concurso que ejerce sobre mí el atractivo de la sugestión, lo confieso. Para evitar caer en su maléfico influjo opto por Niño de primaria, algo más neutro, y tras unos minutos no puedo por menos que fijarme en las gracejadas continuas de un concursante-caricato que al parecer tenía el firme propósito de quitarle el puesto a Ramón García al frente del espacio. Rara vez se contempló concursante más echao p’alante (cuando suelen ser tímidos y apocados, y en la tele el más lanzado trócase en cortadito).

Rara vez tal panoplia de chistazos, chascarrillos, histrionadas, frases ocurrentes… de la mano del concursante. Mi novia es testigo de que anonadado exploté: “El nota ese, ¿no será un actor? Es imposible que alguien se las dé tan de listo”. La traca final vino cuando, impelido por su esposa (otra Katherine Hepburn nata) suplicante a que se plantara, el pavo nos espetó al respetable una soflama sobre la necesaria (según él) rebelión de los maridos españoles frente a sus bravas mujeres. Y siguió concursando, con dos cojones españoles.

Aburrido del previsible espectáculo, me disponía a ver otro(s diez) capítulo(s) de Perdidos cuando la mano se posa en el mando, sale la TVE1 y a quién no veo en Identity concursando sino al mismo pavo de las gracejadas, haciendo exactamente los mismos chistes y con la mismita actitud tronchante… con el agravante de que en Identity no hay pupitre que ponga freno a su expresión corporal. Citando a Héroes del Silencio, “siempre es la misma función, el mismo espectador”. La comedia estaba servida al completo: ¡hasta la esposa prudente se hallaba en el plató dotando al maromo de apoyo psicológico (y de chistes cuando a este se le acababan, atended, ¡que hicieron el número cómico de hablar todo con la “p”, hapablarpa topodopo conpo lapa pepe!).


¿Cómo no voy a ver la tele? Si hoy, por ejemplo, he visto un documental –por lo demás, bastante interesante- sobre el underground sevillano (Underground: La ciudad del arco iris, 2003) en el que me he enterado de que Julio Matito, el carismático líder de Smash, llegó a grabar en 1974 un LP titulado PSOE, con dinero del partido (entonces clandestino), en el que cantaba entre otras cosas que había que matar a los burgueses con pistola. Y no, amigos, no era un programa de humor (lo sé porque también salía hablando gente respetable como Alfonso Guerra o radiotreseros como Diego Manrique –gurú de este blog- o Jesús Ordovás). La radio mola, pero a mí, qué queréis que os diga, dadme una buena tele y veréis cómo me entretengo yo solito.

lunes, 2 de junio de 2008

Momofuku, ¿mande?


Dejadme que por fin le dedique un post al mayor Personaje Oro de Estatuas Verdes. Elvis Costello, ecléctico talento –no en vano hoy Diego Manrique se refiere a él en El País- como “hiperdotado musical”- tiene nuevo disco. Su génesis parece una historia increíble, pero es cierta. Al parecer, la enorme Jenny Lewis (ex-actriz infantil, cantante en solitario y al frente de Rilo Kiley) pidió a Costello que fuera al estudio a colaborar con ella. Cuando llegó, Costello se encontró que allí estaban trabajando, además de Lewis, su novio el cantautor ultracool Jonathan Rice y su grupo de siempre (Pete Thomas, Steve Nieve). El artista inglés colaboró con Lewis, y al parecer dijo “ya que estoy aquí y también están mis músicos, vamos a hacer todos un elepé entero nuevo, ya si eso”. Y dicho y hecho: al parecer en menos de dos semanas estaba liquidado el asunto. Y es que mi Elvis (Costello) es así.

Esto lo leí hará un mes en el Rolling Stone americano (en el de aquí todavía no se han enterado de quién es Elvis Costello), cuando no se sabía mucho sobre el disco. La noticia en verdad era el título, sobre el que todo eran especulaciones. Momofuku (2008), amigos, al parecer en japonés quiere decir “melocotón de la suerte”. Pero por lo visto hay en Nueva York una cadena de restaurantes llamada así, megaexclusivos (hay que pedir cita con un año de antelación), y aun hay también una marca de tallarines instantáneos del mismo nombre. Costello lo zanja en la funda del disco: “El disco no tiene ninguna conexión con los restaurantes del mismo nombre pero Elvis Costello recomienda su comida”. De todas maneras, David Chang, dueño de la cadena ya advirtió que “aunque Costello haya titulado el disco por nosotros tendrá que esperar cola en el sistema de reservas como todo el mundo”.

Y ahora, a la música. Ya se sabe que Elvis Costello es el mayor talento musical de nuestra época, y el más ecléctico: lo mismo te compone un ballet clásico, que te graba un disco pop con un cuarteto de cuerda, que te hace otro de jazz con Bill Frisell, que otro de Lieder con Anne Sofie von Otter, que otro de rhythm & blues con Allen Toussaint, que otro de easy listening con Burt Bacharach… ah, y aparte de eso es rockero. Su anterior disco era un homenaje al rock americano, que igual miraba hacia los blancos (country rock, sección Gram Parsons y Emmylou Harris) que hacia los negros (Dan Penn, Chips Moman, Spooner Oldham… -ah, ¿que son blancos?).


El actual disco no sé cómo calificarlo: entiendo que para eso se inventó la palabra rock and roll, para indicar que había mezcla de estilos negros y blancucios. Momofuku despliega un exquisito gusto por las canciones que yo llamo “enfadadas”, esas en que Costello se lo echa todo en cara a su interlocutor. Su peculiar manera de cantar, con una voz que apenas le ha cambiado, no será muy ortodoxa pero sí que resulta tremendamente efectiva por lo conmovedora. Como siempre, a donde no le llega la garganta le llegan los quejíos de su voz rota. Pero no chilla. En los rocanroles es contundente pero en las baladas… ¡madre! Resulta conmovedor. Y el “supergrupo” que le hace los coros (Jenny Lewis, Jonathan Rice, Tennessee Thomas…), superior.

No ha de faltar quien califique este Momofuku como una obra de country rock, pero yo me voy a privar. Cierto es que a lo largo de los años Costello ha versionado a Johnny Cash (también ha escrito para él, como para Solomon Burke, por ejemplo), a Gram Parsons, a la Biblia en pasta. Ciertos son sus duetos con Emmylou Harris, George Jones, Lucinda Williams, y no sigo porque no me apetece mirar la Wikipedia ni mis libros. No menos cierto fue su álbum country Almost Blue (1981), aclamado como obra maestra pero del que no se vendió un pimiento. Aun así, Costello tiene el buen gusto en Momofuku de no caer en el country puro, sino de mantenerse en la llamada Americana.

Y eso a pesar de que comparte autoría en una canción nada menos que con Rosanne Cash y en otra con Loretta Lynn (“Pardon Me Madam, My Name Is Eve”, la mejor del disco). Si el disco fuese de country, probablemente en vez de Momofuku se hubiese titulado I Love Me Them Sweet Ol’ Georgia Peaches. Volviendo a los melocotoncios, en la portadita podemos apreciarlos apilados en su caja. En la portadita del álbum, claro.

En la del CD apenas se ve nada: yo creía que la imagen era una careta antigás. Pero leí que en un principio, ahora que vuelve el vinilo, Elvis Costello tenía decidio editar Momofuku solo en formatos de 12 pulgadas y en mp3. La compañía (Lost Highway) le debió decir: “Elvis, colega, tus ocurrencias son geniales, pero vamos a relajarnos y a editarlo también en CD a ver si así vendemos siquiera una escoba”. Yo, siguiendo al maestro, me lo he comprado en vinilo (elepé doble, la rehostia), que además incluye un código para poder realizar una descarga legal de todas las canciones en mp3. La carpeta es chulísima, y ahí es donde digo que se ve perfectamente el dibujito de los melocotones con la minúscula leyenda “Peaches”.


Soy consciente de que cuando escribo entradas tan específicas (Elvis Costello, ¿sabes?, un desconocido; a lo mejor os viene algo por “marido de Diana Krall”) corro el peligro de alienar a parte de la peña lectora. Pero hacedme caso, amantes de la música y gente con alma en general. Lo que yo os diga, Momofuku: melocotones en almíbar.

lunes, 12 de mayo de 2008

Se cargan Radio 3


Señores, se van a cargar Radio 3. Con la coña del ERE (Expediente de Regulación de Empleo) de RTVE, el año pasado se le dio un buen hachazo a algunos de los mejores espacios radiofónicos de esta singular cadena, algunos de los más acrisolados. Así, nos dijeron adiós El Bulevar de Chema Rey y el Diario Pop de Jesús Ordovás. No concibo mi afición a la música (alternativa) actual, a la música indie, sin estos dos programas. Supongo que no resultaban interesantes.

Año 1995, otoño de C.O.U. Exterior de instituto, día.
-Me gustan Oasis, Blur, Elastica, Supergrass, Sleeper, Wannadies, Spin Doctors, Pearl Jam…
-¿Y no escuchas
De cuatro a tres?

Así empezó mi idilio con esta emisora, cuando un compi me recomendó un programa en el que sonaban todos esos grupos que a mí me gustaban, sobre los que leía en Internet y en el New Musical Express que me compraba de importación a precio de oro pero que nunca sonaban en Los 40 ni en Cadena 100. De cuatro a tres, presentado por Paco Pérez-Brian, lo echaban los sábados y domingos de cuatro a seis de la tarde, y fue responsable de que los fines de semana no hiciera los deberes. Recuerdo haber llamado al programa y haber hablado con el locutor para pedirle alguna cara B de Oasis, o el nuevo single de Northern Uproar, sobre el que había leído pero que ni siquiera sabía cómo sonaba.

Luego descubrí el programa Pioneros, el cual consistía en el huevo de Colón: un jipi recitaba la traducción de grandes letras de la historia del rock, mientras sonaban las canciones de fondo. Cuando leían la letra entera ponían la canción de nuevo para que se escuchase bien. Así me di cuenta de lo buenísimas que eran las canciones de Bob Dylan, Lou Reed, los Doors o Leonard Cohen. Corrí a comprarme el disco Highway 61 Revisited (1965) de Dylan tras escuchar la traducción del tema “Tombstone Blues” (“El blues de la lápida”).

Estos años, ahora que la Movida (un día le dedicaré un post para desenmascararla) queda lejana, Radio 3 se había convertido en el refugio pecatorum de toda la música alternativa española, y no olvidemos que en ella sonaban, además de Los Planetas, Astrud o Nacho Vegas, gente como Amaral, Los Piratas, Bunbury, Estopa y Manolo García. No solo había espacio para la música pop-rock, también tenía la cosa su programa de cine (cuyo nombre no recuerdo), de blues (Tren 3), músicas del mundo (Diálogos 3, con el Trecet), música folklórica (Trébede), de jazz o lo que se terciase (Discópolis).

Yo tuve una época que escuchaba Radio 3 durante casi todo el día (mientras estudiaba), empezaba por la mañana con la repetición de Peligrosamente Juntas (de 7 a 8), luego Música es… 3 (de 8 a 10), Siglo 21 (10 a 12), El Bulevar (12 a 1), El Ambigú (1 a 2) y Discópolis (2 a 3). Luego por la tarde, hasta las 5 había un programa de cine, a las 5 el Diario Pop, a las 6 El Ambigú (se lo cambiaron de hora al enorme Diego Manrique) y a las 7 La Ciudad Invisible. Y capaz era luego de plantarme a la una de la madrugada a escuchar Flor de Pasión (con el locutor erudito/insoportable Juan De Pablos) y su cóctel de música sixties, surf, pop, doo-wop, soul, etc… hasta quedarme dormido.

Hoy leo en El País la noticia de una reforma radical de la programación y el personal de Radio 3 con el objetivo de “acercarse a otros públicos”. Traducción: carpetazo a Diálogos 3 de Ramón Trecet, Disco Grande de Julio Ruiz (aquellos sábados y domingos de 4 a 6 de la tarde… incluido ver el programa en directo en el Festival ContemPOPránea) o Discópolis de José Miguel López. A cambio, habrá nuevos programas con Constantino Romero, Andy Chango o Manel Fuentes (nadie ha imitado al Rey como él: de hecho, nadie ha imitado al Rey). Una pena. Está claro que se trata de nombres populares que esperan supongo conseguir más audiencia, pero a costa de cambiar la emisora y reformarla hasta que no la reconozca ni la madre que la parió. Ni el chico que la escuchó.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Mi disco del año: Favourite Worst Nightmare


Arde Sheffield, arde Inglaterra, el mundo entero está en llamas. Llegan los Monos Árticos. Su música no es tan original. Esos riffs, esas referencias a correr delante de la policía, tienen un más que confirmado tufillo a The Clash. Al cantar exhiben un maleducado acento regional propio del punk. La mala leche que arrastran se la deben a los Smiths. Su actitud nos retrotrae a los Rolling Stones, su nivel de éxito a los Beatles. Y sin embargo…

Y sin embargo, por ejemplo, un pope de la radio española como es Diego Manrique dijo de ellos en El ambigú de Radio 3: “Por una vez, la nueva sensación de la música británica es precisamente eso, sen-sa-cio-nal”. Con menos de veinte años su primer disco batió records de ventas rápidas, sus primeros singles fueron número 1 en listas sin apenas promoción. Sobre todo el “boca a boca” y una publicidad internáutica tipo viral. Hace dos años ya se les presentaba como la Gran Esperanza Indie.

Pues bien, el 2008 está en puertas, y, volviendo la vista atrás podemos decir que la promesa se ha cumplido con creces. Esta primavera pasada los Arctic Monkeys dieron al mundo su segundo trabajo, el impecable Favourite Worst Nightmare. Este ha sido el disco de la confirmación, de despejar todas las dudas de que no nos encontrábamos ante un simple bluff. La crítica se ha deshecho en elogios, el New Musical Express, la web All Music Guide, las revistas Mojo, Billboard y Q le han dado todos como mínimo una nota de cuatro estrellas y media sobre cinco o un 9/10.

Personalmente, he elegido el Favourite Worst Nightmare como mi disco internacional del año (otro día diré el nacional) porque ningún otro disco me ha producido sensaciones ni siquiera parecidas. A lo mejor los ha habido más completos, mejor producidos, por supuesto que más bonitos, pero para mi gusto no más electrizantes. No voy a soltar aquí el topicazo de rock and roll en estado puro, pero lo cierto es que estas canciones tan cortas, tan energéticas, tan urgentes, representan lo mejor de la tradición, siendo como son lo último y lo más indie. Sus melodías son pegadizas, las guitarras suenan ruidosas pero precisas, los ritmos son bailables, la voz tiene el tono justo de chulería (vuelvo a The Clash, a Oasis, a los primeros Who), y las letras… merecen capítulo aparte.

Hasta quien no sepa inglés puede captar que hablan de rabia juvenil, de frustración, de ganas de comerse el mundo. Y además lo hacen de un modo humorístico pero sobrio y sorprendentemente gráfico (un ejemplo, de la canción “Brianstorm”: “No podemos quitar la vista de la combinación de camiseta y corbata/ ¡Hasta luego, innovador!”). Lo mismo te hablan de jugar a las grúas que dan premios en las ferias (“Teddy Picker”), que de ponerse un pasamontañas para cometer una fechoría (“Balaclava”). Tan pronto describen el amor entre una señora de mediana edad y un mozalbete (“Fluorescent Adolescent”) que te piden por favor que les partas la nariz (“Do Me a Favour”).

No me cabe duda de que estamos ante uno de los grupos de la década. Yo este año 2007 me quedo con el álbum de Arctic Monkeys, que además de provocar un terremoto mediático me ha hecho recordar las razones por las cuales me gusta la música en primer lugar: me han entrado ganas de saltar, cantar, bailar, morder, gritar… igual que me pasa con los Beatles, Elvis Costello o Nirvana.

 
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