Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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miércoles, 29 de octubre de 2008

Política esaboría


“Política, no seas esaboría
-Carlos Cano



La referencia aquí al mítico (y aburrido) tema de Carlos Cano (R.I.P.) es porque la política española está por los suelos, amigos. Si ayer hablé de la yanqui, hoy hablo de la nuestra. Esto tiene menos talla intelectual que Torrebruno jugando a la Playstation. (Torrebruno R.I.P. también, of course!). ¿Dónde quedaron los políticos de antaño, serios, preparados, gente de sólida formación? ¿Qué se fizo Castelar, el orador? ¿Aquellos discursos de Azaña? ¿Ese Madariaga, erudito, novelista y “tonto en varios idiomas”, como bien apuntara Ortega y Gasset?

Si mis políticos no van a ser gente culta y bien formada, lo mínimo que les pido entonces es que sean graciosos. Pero es que ya ni eso, oiga. Como bien me ha dicho hoy un amigo: “Cómo estará la cosa de mala que en vez de hacer gracia los políticos ahora son los jueces”. Cuánta razón… Los políticos de hoy no son graciosos, señores: ¡NO! Estatuas Verdes acusa. ¿Zapatero? Da penita. ¿Rajoy? Da más penita aún. Pepiño Blanco da pupita directamente, y de Esperanza Aguirre se burlan muchos, pero no porque ella sea graciosa, precisamente. Las ministras del cupo (Vogue, Bibiana, Magdalena, Chacón) no tienen ni pizca de gracejo (las que daban juego, la de Cultura y la de Vivienda, las quitaron).

La nueva Directiva o Ejecutiva del PP parece sacada de una película de miedo y Aznar, por mucho que se empeñen todos los guionistas de Cuatro y La Sexta juntos, no es un señor gracioso: es soso. ¿Dónde buscaremos el humor, entonces? El nacionalismo, que por definición causa risa, era nuestro bastión clásico. Pero Ibarretxe da mucho miedo y los que hay ahora en CiU y el Bloque Galego tienen un perfil tan bajo que no llegan ni a actores de reparto. ¿Dónde quedó ese nacionalismo clásico y chocarrero? ¿Ese ajedrecista Sagaseta que se pasaba las sesiones parlamentarias en pie íntegras para protestar por la opresión de Canarias? ¿Ese Carod haciendo el mongo, ese Pujol bizqueando?


Mal que me pese reconocerlo, la época dorada del humor político en España fueron los 80, más aún, la era del Felipismo. El propio término (¿quién lo inventó, Mingote?) es un hallazgo lingüístico. Recuerdo haber hecho un mural sobre política en 3º o 4º de EGB y haber tenido que recortar las fotitos de todos los ministros para pegarlas en mi trabajo. Aquel Barrionuevo, joder, inefable Miguel Boyer, Solana, ¿por qué nos dejaste?, y no digamos Narcís Serra, con su piano y sus errores gramaticales, ¿y Fernando Morán? Él solo dio lugar a un género de chistes cortos. El Guerra como vicepresidente, eso sí que era canela, el mayor poeta de la Democracia (¿o era que leía a poetas?).

La Oposición en aquellos tiempos tampoco anduvo mal, ¿eh? Manuel Fraga de por sí es un espectáculo con solo abrir la boca: hoy día se le entiende menos que a Darth Vader comiendo polvorones, ¡pero es que ya era sí hace veinte años! Santiago Carrillo, con su peluca y su comunismo (entrañable), hasta de Adolfo Suárez me acuerdo (“el traidor”, como le llamaban los fachas). El fin de Fraga y el paso de AP a PP no fue fácil: ahí quedaron en el camino Jorge Vestringe o Hernández-Mancha, líderes del partido que solo sirvieron para que Pedrito Ruiz los imitara.

Hubo por aquella época solo una persona que brilló con luz propia y aquí no hay ironía: me refiero a Julio Anguita, un hombre que levantaba mucha admiración y respeto por su talante y su integridad. Sé de mucha gente que lo votaba a pesar de ser comunista, y también sé de otros no lo votaban exclusivamente por serlo. Anguita, hoy retirado, no ha tenido un digno sucesor en la siempre divertida extrema izquierda: ¿Llamazares? No me hagan reír. A Anguita muchos lo temían como adversario, hasta el punto de llegar a decir tonterías sobre él.


Y aquí quiero traer a la memoria un antológico artículo de Juan Manuel De Prada, de hace una pila de años. Por aquella época, Felipe González arremetía contra sus dos mayores contrincantes, diciendo “Aznar y Anguita es la misma mierda”. “Felipe: ese poeta” se titulaba el artículo, y es que he dejado para el final a la mayor figura de todas las de la política-humor. El que dio nombre a toda una era. Entró como un currante andaluz, guapete, con habla grasiosa, con chaqueta de pana, y salió como una especie de gurú internacional y bajo la sombra del terrorismo de Estado. Pero sin él y sus coetáneos ya nada ha vuelto a ser igual, por eso quiero acabar con el desgarrado grito que vi en una pintada cerca de mi casa hace ocho años: “FELIPE, VUELVE”.

miércoles, 16 de julio de 2008

Televisión: mondo bizarro



A menudo me pregunta la gente: “Porerror, ¿cómo puedes ver tanta tele?” Yo indefectiblemente les contesto: “¿Cómo podría NO verla?”

Y es que la tele, amigos, además de un entretenimiento de primer orden (lo siento, yo soy así, me divierte ver la tele, no soy como esa gente que te dicen que no tienen en su casa aparato de televisión y te miran raro de arriba a abajo) para mí supone una fuente inagotable de información cultural. Y de gratis. Ya se ha discutido aquí sobre la importancia actual de la cultura “baja” o “popular”, y se me antoja que en la tele hallamos su expresión más refinada. Nada ha educado (y democratizado, digámoslo) tanto a las masas como un buen anuncio de TV que te enseña a lo mejor a lavarte los dientes, a ponerte condón o a comprarte determinada marca de detergente.

Y ya del efecto “nivelador” (a la baja si queréis) de espacios como Gran Hermano ni hablamos: ¿cómo olvidar a esa Mercedes Milá en la primera edición del concurso asegurando que nos encontrábamos ante un experimento sociológico? Amigos, he ido a primeras comuniones donde la Sagrada Forma (vulgo hostia) tenía el tamaño aproximado de una rueda de molino, pero nunca he llegado a ver nada como lo que ese día la Milá soltó por esa boca. Luego resultó que la buena mujer tenía razón: aquello era de verdad un evento de mérito social digno de estudio; lo que nadie nos advirtió en aquel momento era que las cobayas del experimento éramos nosotros y no los “habitantes de la casa”.

Hoy me pasa el buen Grillo Solitario un link de mucho mérito sobre la televisión ¿antigua? No tan antigua. Pinchad el enlace, veréis que son barbaridades, la mayoría graciosas y musicales, que basan su comicidad en cosas que hoy nos parecerían horrendas. Y nos hacían gracia, y no pasaba nada. ¿O sí pasaba? Según el actual gobierno sí pasaba y por eso nos adentramos de lleno cada vez más en la corrección política. Esto no es solo cosa del gobierno, ¿eh? Hay muchísima gente que en la actualidad piensa así. Mi propósito no es otro que el de ofenderlos a todos: el resto, seguid leyendo.


La bizarría en grado sumo nos acecha agazapada desde cualquier canal de televisión, sea en abierto, la TDT, por cable o vía satélite. Nadie se salva de este atroz y fascinante gazpacho de imagen y sonido que, a falta de otra etiqueta, designamos mediante el aparato por el que nos es dado: televisión. ¿Os imagináis que a una pizza la llamásemos “jovenzuelo en moto”? Televisión puede ser una final de Wimbledon o de la Eurocopa, un concierto de Shakira, una misa, un reality de cantar, una peli de Ingmar Bergman, la vida de las gacelas o una operación a corazón abierto. Anteanoche y hoy, para mí, “televisión” han sido cosas muy grandes.

El lunes por la noche Antena 3 anunció a bombo y platillo el regreso de uno de sus concursetes, ¿Sabes más que un niño de primaria? Hasta ahí, todo normal. Zapeando compruebo que también echan Identity, bizarrísimo concurso que ejerce sobre mí el atractivo de la sugestión, lo confieso. Para evitar caer en su maléfico influjo opto por Niño de primaria, algo más neutro, y tras unos minutos no puedo por menos que fijarme en las gracejadas continuas de un concursante-caricato que al parecer tenía el firme propósito de quitarle el puesto a Ramón García al frente del espacio. Rara vez se contempló concursante más echao p’alante (cuando suelen ser tímidos y apocados, y en la tele el más lanzado trócase en cortadito).

Rara vez tal panoplia de chistazos, chascarrillos, histrionadas, frases ocurrentes… de la mano del concursante. Mi novia es testigo de que anonadado exploté: “El nota ese, ¿no será un actor? Es imposible que alguien se las dé tan de listo”. La traca final vino cuando, impelido por su esposa (otra Katherine Hepburn nata) suplicante a que se plantara, el pavo nos espetó al respetable una soflama sobre la necesaria (según él) rebelión de los maridos españoles frente a sus bravas mujeres. Y siguió concursando, con dos cojones españoles.

Aburrido del previsible espectáculo, me disponía a ver otro(s diez) capítulo(s) de Perdidos cuando la mano se posa en el mando, sale la TVE1 y a quién no veo en Identity concursando sino al mismo pavo de las gracejadas, haciendo exactamente los mismos chistes y con la mismita actitud tronchante… con el agravante de que en Identity no hay pupitre que ponga freno a su expresión corporal. Citando a Héroes del Silencio, “siempre es la misma función, el mismo espectador”. La comedia estaba servida al completo: ¡hasta la esposa prudente se hallaba en el plató dotando al maromo de apoyo psicológico (y de chistes cuando a este se le acababan, atended, ¡que hicieron el número cómico de hablar todo con la “p”, hapablarpa topodopo conpo lapa pepe!).


¿Cómo no voy a ver la tele? Si hoy, por ejemplo, he visto un documental –por lo demás, bastante interesante- sobre el underground sevillano (Underground: La ciudad del arco iris, 2003) en el que me he enterado de que Julio Matito, el carismático líder de Smash, llegó a grabar en 1974 un LP titulado PSOE, con dinero del partido (entonces clandestino), en el que cantaba entre otras cosas que había que matar a los burgueses con pistola. Y no, amigos, no era un programa de humor (lo sé porque también salía hablando gente respetable como Alfonso Guerra o radiotreseros como Diego Manrique –gurú de este blog- o Jesús Ordovás). La radio mola, pero a mí, qué queréis que os diga, dadme una buena tele y veréis cómo me entretengo yo solito.

jueves, 12 de junio de 2008

Miembras


Como bien decía Jaime Urrutia en una de sus canciones, “la vida te lo da”. A veces, a mí me lo da para Estatuas Verdes, desde luego. Cuando comencé este blog me propuse dos temas que no iba a tratar, el fútbol y la política. Ambas fronteras han caído, ya se ha hablado aquí de politiqueo y de fútbol, siempre en pequeñas dosis. Ayer la nueva ministra del nuevo Ministerio de Igualdad nos regaló una perla imposible de dejar pasar. Tras su cagada (errare humanum est, ¿eh?) la ministra ha seguido la doctrina del “sostenella y no enmendalla”, con lo cual ya sí que se ha ganado este post de tirona.

Aun a riesgo de que esto se parezca al Planeta Cúbico, vamos a entrar a analizar las palabras de la ministra. Ella se refirió, aparte de a “los ministros y las ministras” (clásicos y clásicas, ya) a “los miembros y las miembras de la comisión”. Que la palabra “miembra” no existe es algo que no creo necesario explicar aquí. Lo buenísimo del tema es que la ministra, como quiera que mucha gente –entre ellos los miembros y miembras de la RAE- le han afeado la conducta y le han corregido, en lugar de admitir su error o de tomarlo a la ligera jocosamente, ha perseverado en él de la forma más contumaz.

“La ignorancia es osada” dice el refrán popular. La ministra Bibiana Aído se ha embarcado en una especie de cruzada ortolingüística de índole feministoide, y ha dicho, sin un ápice de modestia, que si el tal palabro (y palabra) no existe, habría que inventarlo. Igual que dijo Voltaire sobre Dios. Y que si el término (y la términa) no aparece en el diccionario, pues es que el diccionario está mal y habría que ir pensando en cambiarlo. “Es que en Sudamérica se dice así” (¿Y nosotros estamos en Sudamérica, chocho?). “A lo mejor en el futuro vemos la palabra miembra en el diccionario” (Pues a lo mojó…). A mí, el hecho de que una palabra venga o no en el diccionario me da exactamente igual, la verdad, pero esta prepotencia lingüística no la veía servidor de ustedes desde las novelas de un tal George Orwell.

“La ministra se ha enfadado con la prensa”, cuenta el ABC hoy. La ministra está triste, ¿qué tendrá la ministresa? Los petardos se escapan por su boca de fresa. Cómo estará el patio que al jolgorio general y a la crítica seria o jocosa que se le ha hecho a esta mujer no solo se han sumado los derechonis habituales y la caverna periodística de la Derecha. No, no, no. El propio diario El País le dedicaba hoy un crítico editorial a las sandeces de la ministra y a su pataleta de género (gramatical).

Pero de entre todas las voces que se han alzado, yo escucho –cual Machado- solamente una. Valga la semicita machadiana, porque me estoy refiriendo al ex-presidente del gobierno y orador extraordinaire Don Alfonso Guerra. Este hombre, autor de perlas tales como que él era un descamisado o que la gente de Izquierdas no sabía utilizar la pala para el pescado (y mi favorita: “Cuando los socialistas salgamos del gobierno, a España no la va a reconocer ni la madre que la parió”). Pues el Guerra, que daría para un blog él solo y no hay aquí ni pizca de ironía, ha dicho que las declaraciones de la ministra que “son una pérdida de tiempo”.

Y el Guerra no se ha remontado al sexo de los ángeles ni a la filosofía de género, ha sido el único que ha hablado con cabeza y demostrando un ápice de conocimientos de lingüística. Ha dicho que “a la lengua hay que dejarla vivir sola (...) es un error garrafal tanto prohibir su uso como potenciar que se hable”. Y también que “la RAE no cambia nada sino que recoge lo que habla la gente. Que yo sepa, no se dice miembra en la sociedad española”. Y punto. En realidad, la palabra “miembra” tampoco es creación de la ministra Aído; ya hace más de un año, Juan Manuel de Prada (otro genio con el lenguaje) escribió en ABC un artículo cachondeándose del feminismo marxista, que se titulaba “La miembras viriles”.

Recuerdo que hace diez años, durante la carrera, me encontré a una compañera y actual lectora de este blog a la que vi trabajando en una biblioteca. Le pregunté qué estaba haciendo, y me contestó que un trabajo sobre el lenguaje sexista. Yo le respondí: “Qué suerte tienes, ese trabajo se escribe en doce segundos: El lenguaje sexista no existe, la que es sexista es la gente. Obras Consultadas….” Creo que a mi amiga no le hizo ni pizca de gracia mi ironía pero lejos de retractarme, diez años después estoy cada vez más convencido de lo que dije. Hoy por poco me mareo al leer el editorial de El País y encontrar que estaba al 100% de acuerdo con él. Y allí se decía, resumiendo, ministra, déjese usted de atender a payasadas y recuerde que en España las mujeres y los hombres a igual trabajo no cobran lo mismo. Eso sí es un escándalo. Eso sí que hay que cambiarlo.
 
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