
-Nosoträsh, “Punk Rock City”
Tengo una hermana que es tan igual a mí que se pasa el día tosiendo, igual que yo, y a base de nuestros espasmos musculares vamos tejiendo un morse secreto de complicidad, muy bonito, muy acompasado. No tengo ni idea de qué diablos es lo que decimos, del mensaje, pero no me cabe duda de que hay comunicación. Su mundo de ojos es la mejor estafeta de correos, sus sonrisas, cada vez más escasas pero nunca arbitrarias, tampoco es que sean mancas. Con esto ocurre como con el arte abstracto o algunos poemas: o te llega o no, o lo comprendes completamente desde el principio o ya te puedes sentar a esperar que alguien te lo explique. Pero nosotros nos entendemos.
Soy un escéptico de las nociones de “lenguaje no-verbal” (para mí es una contradictio in terminis), “comunicarse sin palabras”, etc. Solo mi hermana es el punto de agarre que me hace sospechar de vez en cuando que pueda haber algo de cierto en esas cosas. Lo digo porque –y no es ofuscación de hermano- sin hablar nosotros nos entendemos.

Tengo una hermana gracias a la cual he comprendido por fin, después de treinta años dando tumbos, la expresión “carne de mi carne” y la expresión también del amor más absoluto. Decían en la cursi-peli Love Story (1970) que “amar significa no tener que decir nunca Lo siento”. Yo os digo ahora que amar significa no tener que decir nunca nada.
La violencia más fuerte que he sentido nunca sobre mí es tener que soportar la separación física de mi hermana. La vida ha sido amable conmigo, qué queréis. Ha sido tan generosa que no he pasado grandes calamidades, y de las medianas, solo unas pocas. He vivido fuera varios años, en el extranjero (voluntariamente, ya sabéis), y lo que más difícil me resultaba era no ver a mi hermana todos los días. Ahora que vivo en Cosica es más de lo mismo, pero cuando voy los fines de semana a Miciudad, a casa de mi madre, tampoco tengo asegurado el ver a mi hermanita.
Circunstancias de la vida hacen que solo me esté dado ver a mi hermana dos días de cada catorce, y creo que a eso nunca podré acostumbrarme. Este fin de semana, mi hermana no ha estado entre nosotros, por eso me he lanzado a escribirle este post, que nunca leerá, pero que quedará en los archivos como el inútil mensaje en una botella de un náufrago analfabeto. El post lo preside una foto de Julio Iglesias como homenaje, por la simple razón de que es el artista favorito de mi hermana. No es muy común en una persona de 27 años, ¿verdad? Mi hermana tampoco es nada común.


