
Como argumento de autoridad, le digo a mi colega, “Pero tío, ¿qué dices? ¡Si esa letra figura hasta en el libro Palabra de rock, es una de las mejores de Jaime Urrutia!” Entonces caigo en la cuenta de que todavía no he hablado de este libro en Estatuas Verdes. Palabra de rock: Antología de letristas españoles (2008) es una obra editada por Silvia Grijalba , escritora, estudiosa de la poesía rock y autora de canciones ella misma. Recuerdo que leí sobre la aparición del libro y me interesó: me lo compré enseguida.
La prensa decía que Palabra de rock venía a paliar la criminal ausencia de obras de este tipo en España, y estoy completamente de acuerdo. Como bien dice la editora, “la letra de canción es un género en sí mismo” (muy desatendido en España, por cierto), y por tanto no debe confundirse con otros géneros literarios con los que está emparentada, como el relato breve y la poesía (algo que ya se dijo en este blog). También decía en su prólogo Silvia Grijalba que dictaminar “si Dylan es mejor poeta que Gamoneda” es un debate estéril y chorra. A cada uno lo suyo, y aunque haya permeabilidad (Borges escribió tangos, Luis Alberto de Cuenca letras para La Orquesta Mondragón y Jim Morrison poesía seria… ji, ji, ji…) ambos mundos no son lo mismo.
Hasta aquí las coincidencias con la editora/antóloga del libro. Supongo que cualquier fan de la música rock podría perfectamente realizar su propia selección de lo que considera “los mejores textos de canciones de rock españolas” (la acotación es importante, porque el criterio deja fuera a Serrat, Sabina, Calamaro, Spinetta o Manolo García). El truco está en que la selección que aquí nos presenta doña Silvia Grijalba a mí personalmente me parece un despropósito. Lo bueno que tiene es que está razonada (justificada, diría yo), no es arbitraria, pero a mí no me vale. Pero claro, el libro lo ha hecho ella y no yo.
Resultaría tedioso listar la nómina de “letristas” (the preferred nomenclature, no “autores”, “compositores” o “poetas”) del libro, pero citaré algunos ejemplos para ilustrar mi caso. Aparecen indiscutibles como Kiko Veneno (¿era rockero?), Robe Iniesta (el de Extremoduro) o Santiago Auserón (de Radio Futura, Juan Perro y más). El problema es que las canciones antologadas no me parecen ni las mejores ni las más representativas, de acuerdo con los criterios literarios explicitados por la editora. Ejemplo: aparecen nada menos que dos temas del último disco de Kiko Veneno (El hombre invisible, 2005) y ninguno de los álbumes Veneno (1977) o Échate un cantecito (1992).

De la nueva hornada tenemos a nombres tan dispares como Nacho Vegas, Astrud o Pauline en la Playa (no es coña). No hay canciones de Nosoträsh, La Costa Brava, la buena vida o Los Planetas (aceptamos “barco”). Entiendo que esto no es un combate de preferencias (¿por qué Chucho sí y Sr. Chinarro no?, etc), cada cual tendrá las suyas, pero no dejan de ser fascinantes determinadas presencias y ausencias en una antología que –diga lo que diga- al final da a las letras de canciones el tratamiento estándar de los poemas.
Lo que para mí constituye un escándalo de juzgado de guardia es la hipertrofia de canciones de la “Movida” antologadas en el libro. ¿De verdad fue un fenómeno de tal calado cultural? Aun concediendo la importancia de ciertas canciones en el imaginario colectivo de ciertas personas, Palabra de rock deja en la calle a Nacho Canut, Carlos Berlanga o Vainica Doble, pero sí abre las puertas a “figuras” como Sabino Méndez (el letrista de Loquillo), Fernando Márquez (Kaka de Luxe, La Mode), Poch (Derribos Arias, Ejecutivos Agresivos). El caso de este Poch ya raya en la ida de cabeza: doña Grijalba lo califica de “genio en general” (ahí queda eso).
En fin, para qué voy a decir más… también están por ahí el de Siniestro Total, el Bunbury… yo, qué queréis, al lado de todos estos Almodóvar y McNamara (que no salen) eran Góngora y Quevedo, literariamente hablando. Y aun así recomiendo el libro, por lo menos lo alabo por su valentía y por haber intentado hacer una cata en un terreno que, repito, en España estaba virgen. Y yo de mayor quiero ser Silvia Grijalba.