Vivencias polimórficas de un treintañero perplejo.

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domingo, 17 de febrero de 2008

Gracias, Fito (y II)


“El tipo anda en el piso” –me dijo una compi argentina sobre Fito Páez en 2003. Le pedí que me lo tradujera y quería decir que estaba hecho polvo. Acababa de romper con Cecilia Roth y su peli Vidas privadas (2001) lo había dejado sin un chavo. Yo no sabía que semanas después de aquella conversación con mi amiga Fito sacaría su disco Naturaleza Sangre, donde cantaba al desamor, a la ruptura pero también al renacimiento de una nueva etapa, sirviéndose de los moldes pop-rock que en su día fraguaran los Beatles y los Rolling Stones (y un poquito también de la bossa nova).

El disco era algo nuevo, rompedor para Páez (no más grandilocuencia sino rock de guitarras –eléctricas y acústicas) pero no tuvo continuidad. Al año siguiente se editaron dos volúmenes en directo, y en 2005 Moda y pueblo, cuyas canciones eran versiones de temas antiguos -muchos ajenos- regrabadas con acompañamiento de cuerda. ¿Crisis creativa? Como a España no llegan noticias de Fito (desde que se enfadaron Sabina y él parece que el argentino está vetado), yo de todos estos lanzamientos me enteraba un año después, o directamente me encontraba con los discos en los estantes de las tiendas.


Ya conté cómo supe que habían salido El mundo cabe en una canción (2006) y Rodolfo (2007). Aquí tardé en encontrarlos, y resulta que en América han tenido un montón de éxito. Señores de la radio: ¿por qué siguen ustedes torturándonos con Maná y dejan de lado al disco ganador al Grammy Latino al “Mejor álbum vocal (solista)”? En 2007 este premio no recayó en Juanes ni en Julieta Venegas sino en Fito Páez. El mundo cabe supone una vuelta al Fito más ambicioso y grandilocuente, también Beatle pero aquí es más Magical Mystery Tour que Let It Be. Y la buena noticia es que funciona: se trata del mejor trabajo del artista en años. De hecho, me atrevería a decir que es el mejor desde Circo Beat (1994).

Fito no traiciona sus raíces: hay hasta un tema titulado “Sargent Maravilla”, que nos retrotrae al suboficial más famoso del rock, y no me estoy refiriendo al Sargento Mayor Barry Sadler (el de “La balada de los boinas verdes”). La canción que abre el disco y que se titula como él es la típica canción Páez expansiva, con estribillo pegadizo, arreglos enormes y vocación de libro de autoayuda (“aunque todo sea una farsa, el mundo cabe en una canción”). Luego están sus clásicas historias que oscilan entre el intimismo y el estudio de personajes: la chica sublime malograda por las drogas (“Entrance”), el paseo por las calles de su ciudad natal (“Caminando por Rosario”), la broma de los amigos que le metieron un travelo en su habitación de hotel (“Fue por amor”). Curiosa es “Rollinga o Miranda girl”, sobre una muchacha que encarna la dicotomía entre rock callejero (Rollinga, de Rolling Stones) y tecno-pop chochi (por Miranda!, el famoso friki-grupo argentino).

Vaya por delante que el uso de los adjetivos típico y clásico no es despectivo sino admirativo: sirve para constatar la solidez y fiabilidad de un artista que es el Toyota de los cantautores. Siempre me ha recordado Fito a otro Toyota musical, Elvis Costello. El clásico “Mariposa Tecknicolor” estaba modelado en “Oliver’s Army”, ambos cantantes despliegan una calidad literaria en sus textos muy superior a la media del rock, ambos han abordado el problema de las Malvinas en sus discos (cada uno desde el punto de vista de su país, los dos asqueados), Páez ha contado con el buen hacer de Pete Thomas (el sempiterno baterista de Costello), ninguno de los dos es –lo que se dice- guapo pero ambos van por el mundo como si fueran sex symbols


El parecido sigue cuando se escucha el que es (creo) el último trabajo de Páez hasta la fecha: Rodolfo (2007). Este disco está grabado solo con piano y voz, pero no en directo, hay un cuidado trabajo de estudio detrás (produce el propio músico). Si ya en Moda y pueblo algunos temas sonaban a The Juliet Letters (1993) -esa versión de “Naturaleza Sangre” por ejemplo-, aquí el paralelismo sería con el disco de Elvis Costello North (2003). Pop clasicista, aunque en el caso de Rodolfito Páez haya más sangre y más vísceras (Costello en North parecía que tenía la tensión baja). Impresionante la canción que abre el disco, “Si es amor”, auténtico tratado realista sobre el amor de pareja (“cuando vos querías un abrazo yo quería emborracharme con los flacos en el bar”). Impresionante también “Sofi fue una nena de papá”, relato en forma de canción sobre una joven encarcelada que celebra un amor lésbico. Al final nos enteramos que la chica está presa por haber matado a su padre, que abusaba sexualmente de ella, con lo que el título adquiere un nuevo y macabro significado.

Y, en fin, podría seguir; ese homenaje al rock argentino (Luis Alberto Spinetta, Lito Nebbia –el de Los Gatos-, Charly García) que escuchamos en el tema “Gracias”, otra de chica-frágil-convertida-en-drogadicta (“El verdadero amar”), y más… Todo esto configura el que posiblemente sea su mejor disco desde… ¿el anterior? Ay, Fito, como dices tú sobre tus maestros, está claro que [tus] músicas nos hacen brillar,/ [tus] músicas nos hacen cantar,/ [tus] músicas nos cuentan que algunas cosas están, están en su preciso lugar”.

jueves, 14 de febrero de 2008

Gracias, Fito (I)


Hay veces que las cosas se van juntando y coinciden como las piezas de un puzzle. Mis amigos lo saben, me pasa constantemente, y es entonces cuando pienso que se trata de una señal para ponerlas en el blog. Desde el mismo día en que empecé Estatuas Verdes vengo queriendo hablaros sobre uno de mis artistas musicales favoritos, el argentino Fito Páez. Nunca me decidía, pero entonces me llama mi padre para contarme que hoy se va de viaje a Buenos Aires, y me pregunta si quiero que me traiga algo. Mmmmmh… difícil pregunta para alguien que, como yo, escucha en su mp3 a Borges y a Cortázar recitando y sale a hacer footing con una camiseta de rayas blancas y azules en la que pone “10. Maradona”. Y eso sin contar con que ahora mismito me estoy leyendo una novela argentina de la que pronto os hablaré aquí.

Pero rápidamente me repongo de mi sorpresa y le encargo Moda y pueblo, un disco de Fito Páez de 2005 que he buscado por todas partes y siempre se me ha dicho que no está editado en España. Ya me pasó hará dos meses que, investigando por Internet sobre el que en mi cabeza era “el último disco de Fito Páez”, me encuentro con que el pájaro ha editado desde entonces nada menos que otros dos: El mundo cabe en una canción (2006) y Rodolfo (2007). Me ha costado encontrarlos, pero ya obran ambos en mi poder. Además, la semana pasada escucho el primer disco de Quique González, donde viene un tema titulado “Fito”, que el cantautor español dedica a Páez para agradecerle que sea tan buen cronista de los sentimientos.

No puedo de ninguna manera ser imparcial a la hora de hablar de Fito Páez, la música de este hombre me gusta tantísimo y me ha ayudado (incluso en el sentido terapéutico) de tal manera en los peores momentos de mi vida que me es imposible disociar mi opinión crítica sobre ella de mis vivencias personales. Con deciros que, cuando me copiaron en CD uno de sus álbumes hace ya años, en lugar del título y el nombre del artista pinté una gran cruz y escribí “Primeros auxilios”. Y me hace gracia recordar cómo lo conocí: fue de pura carambola. Fue que le pedí a una amiga de mi prima que me grabara el disco de Juan Antonio Canta (¿Os acordáis? El de “un limón, y medio limón…”), y como sobraba espacio en la cara B pues ella se empeñó en colocarme ahí una selección de sus canciones favoritas de Fito Páez.

¡Benditas cintas de 90! ¿Sabéis esas avispas que les inyectan sus huevos a otros insectos para que con el tiempo eclosionen y se alimenten de sus entrañas para acabar saliendo a la superficie? Pues ese efecto tuvo en mí escuchar aquella media cinta de Fito Páez, canciones que de entrada no me impresionaron demasiado, pero que al cabo de un par de años se habían hecho imprescindibles en mi vida. Mucha gente que me conoce –incluso amigos íntimos- no sabe cuán importante ha sido y es en mi vida la música de Fito Páez, pero es que es algo tan mío, tan personal que no lo suelo ir pregonando. Y es que siempre hay tiempo para que la gente le eche barro a una cosa que uno tiene muy cercana a su corazón.

Con el tiempo he ido entrando más y más en el mundo del cantante, y comprendiendo sus referencias culturales, aparte de la obvia barrera del idioma (recordemos que se trata de un argentino). Me he dado cuenta de que este hombre es un autor muy culto, de hecho se me antoja en persona un puntín pedante, pero no es su persona sino su música lo que me atañe. En sus canciones, aparte de mentar constantemente a los Beatles (con los que tiene “un pacto de amor”, parafraseando el verso de Neruda) y a los Rolling Stones, también aparecen menciones a, por ejemplo, Chico Buarque, el tango, autores como Emily Brontë o Roberto Arlt y muchas cosas de cine: Gena Rowlands, Gilda... Con todo, lo que más abunda en sus temas son referencias al callejero de Buenos Aires (Palermo, Caballito, Belgrano…) y de Rosario, su ciudad natal.

El tema de la literatura y el cine en Páez es muy interesante, su manera de escribir algunas canciones las convierte en pequeños poemas narrativos o incluso cuentos. Esto ya lo hace como nadie un, digamos, Ray Davies, pero lo que Páez aporta es un punto de vista o una voz narrativa diferentes, propias de la literatura. También suele utilizar a menudo la técnica del “flujo de consciencia”, lo que unido a una peculiar secuenciación de los hechos, las elipsis, los cambios de escena, debe muchísimo a la novela (post)moderna y a su hermano bastardo el cine. Me consta que Fito Páez escribe, y sé que dirigió una película, que creo que le arruinó. Por de pronto estuvo casado con la actriz argentina Cecilia Roth (a quien dedicó preciosas canciones) y, si os fijáis atentamente, podréis verle en Todo sobre mi madre (1999).

Y bueno, como en este post solo he hablado de mis impresiones, dejo para otro la crítica de sus últimos discazos. Me despido tomando prestadas las palabras que le dirigió Quique González: “Gracias, Fito, por decir exactamente lo que vi”.
 
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